Daniel Salgar Antolínez




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fecha de publicación21.10.2016
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Daniel Salgar Antolínez

Maestría en Asuntos Internacionales

Seguridad en América Latina

Profesor Jairo Libreros

La seguridad ciudadana, prerrequisito del desarrollo humano

El Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014, llamado Seguridad Ciudadana con rostro humano: diagnóstico y propuestas para América Latina, ofrece una perspectiva amplia sobre la inseguridad ciudadana en América Latina, las principales manifestaciones de la inseguridad en la región, la relación entre seguridad y desarrollo humano, la responsabilidad estatal en proveer seguridad como un bien público y algunas recomendaciones para garantizar a los ciudadanos una vida más segura y digna. Esta reseña no pretende más que hacer un recorrido por los conceptos fundamentales que componen dicho documento.

Entre los conceptos fundamentales están el de desarrollo humano y el de seguridad ciudadana. El desarrollo humano va mucho más allá de la seguridad e incorpora variables como el acceso a la justicia, al trabajo, la participación política y la equitativa distribución de recursos y bienes. En suma, todo lo necesario para que la persona humana goce de una vida libre y digna.

Un prerrequisito para alcanzar ese desarrollo humano es la seguridad ciudadana. Sin elementos tan básicos como la protección de la vida, de la integridad física y material de las personas, es imposible pensar en el desarrollo de una vida digna. La seguridad ciudadana, como explica el documento, no es igual a la seguridad humana a pesar de que puede entenderse dentro del concepto de seguridad humana. Ambas se diferencian fundamentalmente en el tipo de amenazas que contemplan. Mientras la seguridad humana incluye dentro de su abanico de amenazas “los desastres ambientales, guerras, conflictos comunitarios, inseguridad alimentaria, violencia política, amenazas a la salud y delitos”, la seguridad ciudadana contempla un espectro mucho más limitado: el delito y la violencia.  

A continuación exploraré esas dos manifestaciones de la inseguridad ciudadana (el delito y la violencia) y luego el aspecto objetivo y subjetivo de la seguridad ciudadana. Con esto se pretende abarcar dos rasgos fundamentales para entender dicho fenómeno.

El delito y la violencia

La definición del delito en el informe es tomada de Tilly (2003), quien asegura que el término se “refiere al conjunto de conductas clasificadas como ilegales o contrarias a la ley y a la norma jurídica vigente en un Estado y que, como tales, están sujetas a castigo o sanción por parte de las autoridades correspondientes”. El delito es en muchos casos no violento, por ejemplo el hurto o la corrupción en sus diferentes formas. Por lo tanto, el delito puede ser siempre una señal de inseguridad, aunque no necesariamente una manifestación de la violencia. Según el informe, el robo es la modalidad de delito que más afecta a los latinoamericanos y se ha triplicado en los últimos 25 años. Otros delitos comunes, aunque no tan frecuentes en la región, son los relacionados a organizaciones al margen de la ley, particularmente la extorsión y el secuestro.

La violencia es un concepto mucho más difícil de definir. Hay concepciones sociológicas que estudian este fenómeno más allá de la violencia física, como la violencia simbólica o estructural. Esas interpretaciones, dice el informe, no son menos importantes y deberían ser abordadas en cualquier estrategia integral de seguridad ciudadana. No obstante, el informe se enfoca en la concepción de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que define violencia como “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”.

Dentro de la violencia está la violencia letal, es decir, las muertes generadas por homicidios. Uno de los principales objetivos de la seguridad ciudadana es disminuir la violencia letal. Este es un gran reto en América Latina, si se tiene en cuenta que en 11 de los 18 países de la región analizados en el informe, la tasa de homicidios es superior a los 10 homicidios por cada 100 mil habitantes. Esto quiere decir que en 11 países, en los que está incluído Colombia, existe una epidemia de violencia, de acuerdo al estándar de la OMS. El informe indica que América Latina es la única región del mundo donde la violencia letal aumentó entre el 2000 y el 2010. En esa década murieron más de un millón de personas en Latinoamérica y el Caribe por causa de la violencia criminal.

La aparente paradoja latinoamericana consiste en que el delito y la violencia han aumentado en la región en la última década, a pesar de que hay ciertas mejoras en indicadores económicos, se ha reducido parcialmente la desigualdad y la pobreza, hay mayores oportunidades laborales, crecimiento económico, acceso a la educación, etc. Es decir, mientras los índices de desarrollo humano suben, la seguridad ciudadana empeora. Pero esta paradoja es sólo aparente. Una de las principales tesis del informe consiste en que el cambio en los factores socioeconómicos no tiene una correlación directa con la violencia. Disminuir la pobreza, la desigualdad o el desempleo puede mejorar el ambiente socioeconómico y generar mejores oportunidades para las personas, pero no tiene un efecto directo en la disminución de la violencia.

El informe presenta otros factores que sí tienen correlación directa con la violencia, como el porte de armas de fuego, el tráfico de drogas y el consumo de alcohol. A estos tres últimos se les llama “facilitadores del delito y la violencia”. Esos facilitadores no son, sin embargo, la única explicación del aumento de la violencia y el delito. El informe encuentra las causas en múltiples dimensiones, tales como la falta de calidad del crecimiento y del empleo, o una insuficiente movilidad social, que en un contexto de crecimiento económico basado en el consumo genera el “delito aspiracional” –la manera de adquirir bienes y servicios por vías no legales-. Otra dimensión es la social, en donde se incluye los cambios en la estructura de la familia, la deserción escolar o el acelerado crecimiento urbano que “erosiona la vida social”. Y por último estaría la débil institucionalidad del Estado y sus pocas capacidades para enfrentar la inseguridad ciudadana; aquí se incluye la falta de fortalecimiento y profesionalismo de la policía, los aparatos de justicia, los centros penitenciarios o los Ministerios Públicos.

De lo anterior se desprende que el mejoramiento de la seguridad ciudadana no debe entenderse como el simple abordaje de los facilitadores del delito y la violencia para reducir esos dos fenómenos. Como dice el informe, el mejoramiento debe comprenderse dentro de una estrategia integral, enmarcada en el desarrollo humano, para llevar bienestar y una vida digna a las personas. La agenda de seguridad es parte de la agenda de desarrollo. El gran reto para América Latina es mejorar la seguridad ciudadana para alcanzar de manera más completa el desarrollo humano en la región.

Seguridad ciudadana objetiva y subjetiva

Como el aspecto objetivo de la seguridad ciudadana se tomará la ya mencionada medición que se puede hacer de esta con el estándar de la OMS, según la cual cualquier tasa mayor a 10 homicidios por cada 100 mil habitantes puede ser tomada como una epidemia de violencia. La tasa de homicidios es un factor objetivo para determinar si determinado lugar es o no violento.

Pero la seguridad ciudadana tiene también una cara subjetiva, relacionada con el aspecto percibido de la seguridad. Este, si bien puede ser un parámetro sesgado, no es un asunto secundario: a menudo las decisiones que toman las personas están motivadas más por su percepción de la seguridad que por su conocimiento de la seguridad objetiva. La percepción sobre la seguridad tiene un impacto en el bienestar de las personas y en el ejercicio de derechos fundamentales como la movilidad. Es común, en varias capitales de Latinoamérica, que por temor a ser objeto de un delito las personas prefieran quedarse en sus casas después de ciertas horas, independientemente de cuál sea el estándar objetivo de la seguridad en su ciudad. América Latina, dice el informe, es la región que tiene la percepción de seguridad más baja en el mundo. Es la región donde los ciudadanos más se sienten inseguros.

Lo anterior lo confirma el informe con cifras. Según el documento, cinco de cada diez latinoamericanos perciben que la seguridad en su país se ha deteriorado. Más de un 65% han dejado de salir de noche por la inseguridad y 13% (74.8 millones de personas aproximadamente) reportó haber sentido la necesidad de cambiar su residencia por temor a ser víctima de un delito. La percepción, entonces, impacta directamente en la calidad de vida de los ciudadanos.

En la formación de esa percepción tienen particular importancia la cobertura de los medios de comunicación, así como los relatos ciudadanos sobre la inseguridad o la falta de confianza entre los ciudadanos y frente a las instituciones. El papel de los medios es a mi entender un factor fundamental en la formación del temor generalizado en la sociedad. En Colombia, el propio presidente ha pedido públicamente a los medios ser más cuidadosos con el cubrimiento de la seguridad ciudadana. A menudo, en los noticieros de mayor rating se muestran imágenes tomadas de cámaras de seguridad sobre hechos delictivos. Esto es mucho más común en los noticieros que las noticias que muestran estudios con cifras objetivas sobre el delito o la violencia letal. La reproducción de estas imágenes genera una percepción muy baja sobre la seguridad ciudadana, a pesar de que la realidad objetiva pueda ser distinta.

 

 

 

 

PNUD. (2013). Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014. Seguridad Ciudadana con rostro humano: diagnóstico y propuestas para América Latina. Nueva York: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

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