Tipos de dislexia según diferentes autores




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1.3.4 Individuos de 12 años en adelante.

  • Dificultad en la comprensión lectora y realización de una escritura desordenada que puede llegar a ser incomprensible; y su consecuente rechazo hacia ellas.

  • Presencia frecuente de errores gramaticales y ortográficos, en ocasiones permanencia de las omisiones, alteraciones y adiciones de la etapa anterior.

  • Dificultad para planificar y para redactar relatos y composiciones escritas en general.

  • Dificultad para el aprendizaje de lenguas extranjeras.

  • Dificultad en la percepción del lenguaje, como seguir instrucciones

  • Baja auto-estima que puede conllevar una aparición de conductas agresivas o inhibitorias; e incluso enfermedades como la depresión.

1.3.4 Adolescencia y vida adulta

  • Inhibición por su falta de memoria, por una desfalleciente concentración, y por un gran déficit atención.

  • Dificultad para hacerse entender tanto oral como en forma escrita

  • Desaparición en ocasiones, de expectativas de futuro, es decir, deseo de triunfar y de dirigir su vida, negándose a encargarse de sí mismo

  • Falta de autoconfianza que le lleva a una búsqueda continua de aprobación y de figuras paternas que ofrezcan

  • Reacciones agresivas hacia su trastorno de la comunicación que puede provocar una oposición a la familia, a la escuela, y, más tarde a la sociedad.

En un número muy reducido de ocasiones, la desesperación producida por el trastorno puede llevar a conductas autodestructivas como el suicido.


  1. Justificación

La dislexia es un trastorno muy común sí, pero debido a que su diagnóstico es complicado; muchas veces no es detectado a tiempo, no se reconoce o es confundido con otro.

En numerosas ocasiones, los niños con este problema llegan a la escuela y al tener dificultades de aprendizaje, los profesores les tachan de vagos, de irresponsables o de deficientes, llegando a desentenderse de ellos casi por completo. Esta situación conlleva que el alumno se sienta cada vez más incomprendido y frustrado por sus continuos fracasos, su autoestima disminuye y pueda empezar a presentar conductas disruptivas o apáticas. El papel del logopeda debe ser coordinarse con el resto de personas que rodean al niño para ayudarle y motivarle para que se quiera superarse y busque conseguir dar lo mejor de sí mismo día a día.

El porqué he elegido este tema es muy simple, porque creo que las personas con dislexia merecen una oportunidad mayor que la que ahora mismo muchos de ellos están recibiendo.

Cuando empecé a investigar este tema buscaba ayudar a individuos que muchas veces se sienten incomprendidos y frustrados por su falta de logros, pero que además se sienten perdidos porque no saben qué les ocurre. Tras conocer a varias personas con este problema, personas inteligentes que simplemente poseían un pequeño problema que no les dejaba desarrollarse al máximo, comprendí que lo que necesitaban era que alguien les apoyase y les tendiese su mano. Conocer varios casos cercanos y ver su sufrimiento, me hizo comprender que debía aprender lo máximo posible sobre el tema, porque quizá yo pudiera ayudarles aunque fuese un poco, a mejorar.

Hubiese sido mucho más fácil tratar un trastorno que fuera muy fácil de diagnosticar, en el que hubiese numerosos estudios que me facilitaran todo lo necesario para poder prevenirlo, diagnosticarlo y tratarlo; pero eso no tenía tanto valor para mí como saber que si indago un poco más cada día podré ayudar, o por lo menos intentarlo, a aquellas personas que con una inteligencia normal o incluso superior a la normal, se sienten totalmente perdidas.

El problema que presenta la dislexia, es que existen numerosas clases diferentes con distintos síntomas, y que pueden aparecer durante el desarrollo o tras un problema neurológico. Esto hace que sea complicada de diagnosticar y que su seguimiento necesite adaptarse mucho al sujeto para poder lograr una reeducación con éxito.

Cuando empecé a interesarme por este tema, me di cuenta de la poca información que tenemos las personas de a pié acerca de este trastorno. En el mejor de los casos, se puede saber que conlleva problemas de lateralidad y que estos individuos tienen grandes dificultades para leer. Pero eso es sólo la punta del iceberg, ya que además de los síntomas que cada tipo de dislexia posee, suele aparecer asociada a otros tipos de trastorno como la disgrafía o la discalculia, que pueden disfrazara a la dislexia y hacer muy complicada su detección.

Quizás, lo que más me llamó la atención sobre este tema desde un principio, era que podía aparecer la dislexia tras un problema neurológico, como por ejemplo, haber tenido un accidente. Siempre había creído que la dislexia se presentaba únicamente desde el nacimiento, que era un trastorno del desarrollo que acompañaba al individuo durante toda su vida. No podía imaginarme que pudiese pasarle a cualquier persona por sufrir en un momento de su vida una lesión cerebral. Esas personas, muchas de ellas adultos, que en la mayoría de los casos, ya han adquirido la habilidad de leer y escribir, las pierde de un día para otro; ¿cómo se sentirían?, ¿podría ocurrirle a cualquier persona cercana a mi?, ¿quién les ayuda?...

Esas preguntas me hicieron por fin decidirme por ahondar en este tema. Porque quizás yo podría ayudarles, devolverles la sonrisa y la confianza en sí mismos. Siempre he sido demasiado empática, por lo que si veo que alguien sufre, necesito apoyarle y tenderle mi mano. No quiero que estén tristes, quiero que sean felices, que sientan que pueden hacer lo mismo que antes, quiero que vuelvan a disfrutar de un buen libro o del placer de leer un cuento a sus hijos o ayudarles con los deberes del colegio…

Por todas las razones expuestas con anterioridad decidí escoger este tema para mi tesina, recopilar mucha información de diferentes fuentes que me ayudasen a entender el problema desde diferentes puntos de vista, y con ello, aumentar mis recursos para combatir la dislexia.

  1. Introducción histórica de la dislexia



    1. Principios (hasta 1900)

El término dislexia se utilizó en primer lugar para describir diversas formas de dislexia adquirida, y como tal, ha sido objeto de estudio al menos durante los últimos cien años.

Kussmaul (1877) utilizó el término alexia (ceguera para las palabras), para distinguir un tipo especial de trastorno del habla, o afasia, motivada por alguna lesión localizada en el hemisferio izquierdo o dominante para el control cerebral del habla.

La dislexia como término fue introducido por el profesor Berlín (1872), oftalmólogo de la Universidad de Stuttgart en Alemania, como alternativa a “ceguera de las palabras”. Con él, trataba de describir a un grupo de pacientes que mostraban una gran dificultad para la lectura como consecuencia de un daño neurológico ( dislexia adquirida).

Dejerine (1871), tras el examen post-morten de pacientes con dislexia, encontró que “siempre hay una lesión muy atrás en la región temporal posterior del hemisferio izquierdo, donde entran en contigüidad los lóbulos occipitales y parietales”. También demostró que la pérdida de comprensión de la lectura y escritura, dependía de una lesión unilateral izquierda, por lo que en un principio, la dislexia fue entendida como un trastorno neurológico.

Charcot (1887) definió alexia como la capacidad de la pérdida total de la capacidad de leer.

Bateman (1890) definió alexia o dislexia como una forma de amnesia verbal en la que el paciente ha perdido la memoria del significado convencional de los símbolos gráficos.

Hinshelwood el 21 de diciembre de 1895, publicó un artículo en la revista “The Lancet” sobre la memoria visual y la ceguera de las palabras. En el libro titulado “Congenital Word-Blindness” (1917), definió la ceguera para las palabras como un defecto congénito que se presentaba en niños sin ninguna lesión o anomalías cerebrales y que se caracterizaba por una incapacidad para aprender a leer. Señalaba que se trataba del resultado de un defecto en el desarrollo de la función cerebral asociada con la memoria visual de palabras, letras o cifras. Insistió además, en que no era producto de algún defecto orgánico, y que la inteligencia general era normal o superior a lo normal.

Morgan (1896) y Kerr (1897) aportaron pruebas adicionales sobre casos de niños inteligentes que eran incapaces de aprender a leer. Morgan, describió el caso de un chico inteligente de 14 años que era incapaz de aprender a leer. Su artículo, publicado en la Revista Médica Británica el 7 de noviembre de 1896, se considera como uno de los primeros informes sobre ceguera de palabras congénita. En este sentido, Morgan es reconocido por muchos autores como el padre de la dislexia moderna. Kerr, Secretario Médico de Salud de la ciudad de Bradford, había hecho mención de un niño con ceguera de palabras que podía deletrear letras en un ensayo premiado con la Medalla Howard de la Real Sociedad de Estadística en junio de 1896, unos meses antes que Morgan. Sin embargo, el ensayo de Kerr, publicado en 1897, estaba enfocado en el tema de la higiene escolar, y sólo mencionaba la ceguera de palabras brevemente, mientras que el artículo de Morgan se dedicaba a este tema en exclusividad.

3.2 Etapa media (1900-1970)

Orton (1925 y 1937) estudió a unos 3000 niños con problemas de lectura, escritura, y lenguaje, sorprendiéndose de los errores latero-espaciales cometidos en la escritura y del gran número de casos de dominancia bilateral de ojo y pie y mano. Utilizó el término “strephosymbolia”, que significa literalmente “símbolos torcidos”; e indicó que el origen de este problema era una lateralización defectuosa del lenguaje. Propuso una teoría relacionada con los componentes neurológicos de la dislexia, en cuanto a la forma en que las imágenes podían invertirse, alterar los órdenes, y “torcerse” por la competencia entre los almacenes de información existentes en cada uno de los hemisferios cerebrales. Lo que postulaba en realidad, era toda una cadena de deficiencias en el desarrollo. Entre ellas se encontraban:

  • La sordera evolutiva para las palabras, que se manifiesta porque los niños tienen dificultades para reconocer las palabras habladas, presentan también retrasos y distorsiones del habla, aunque su capacidad auditiva sea perfectamente normal.

  • Afasia motora evolutiva, caracterizada por desarrollo lento y trastornos del habla con buena comprensión de las palabras habladas.

  • Tartamudez infantil “autentica”, en la cual se presentan espasmos musculares, apraxias evolutivas con una torpeza anormal y una disgrafía evolutiva con especiales dificultades para leer y escribir.

Después de Orton, el estudio de la dislexia pasó de ser exclusivo de médicos, en especial, oftalmólogos y neurólogos, a ser compartido por psicólogos, sociólogos, educadores y logopedas; los cuales, incluyeron los factores ambientales que contribuyen en la aparición de la dislexia, como por ejemplo, el método educativo utilizado.

Cyril Burt fue el primer psicólogo educativo que realzó el concepto dislexia como un fenómeno multifactorial.

De la clasificación médica de la discapacidad en un grupo aislado, se pasó a una visión más realista, de una continuidad en la habilidad de leer, con los disléxicos en el extremo bajo de la distribución, una idea originalmente defendida, en el campo de la inteligencia, por psicólogos como Monroe y Backus (1937), Meyer (1943), Norgaard y Torpe (1943), Robison (1947), Larsen (1947), Tordrup (1953), y Gates (1955), Larsen (1947), Tordrup (1953), y Gates (1955).

En cambio, otros, como Sjögren (1932), Hermann (1959), Jaederholm, Pearson, Roberts (1945), Smith, Strömgren (1938), han argumentado en contra de esta continuidad, describiendo un montículo en la parte baja de la distribución de los cocientes intelectuales, sugiriendo una naturaleza patológica diferente para los sujetos que se encuentran en la zona de este montículo de la distribución, y que en el caso de la habilidad para leer correspondería a los disléxicos (Hallgren, 1950; Critchley, 1964). A pesar de sus diferencias de opinión, todos coincidían en que la persona con dislexia podía recuperarse.

Gates (1941), sugirió que 3 de cada 4 disléxicos tenían síntomas de problemas emocionales, aunque estos problemas eran causados en su mayoría por las dificultades de aprendizaje de la lectura.

Fernald (1943) escribió un libro sobre procedimientos de enseñanza para los disléxicos que incluía la enseñanza de la fonética.

Anna Gillingham y Bessie Stillman (1946) escribieron un libro de técnicas de mejoramiento para disléxicos, llamado “Remedial Training for Children with Special Disability in Reading, Spelling and Penmanship”.

Phyllis Blanchar separó las dificultades de lectura en dos categorías:

  • De origen neurótico: los problemas emocionales precedían a las dificultades de lectura

  • De origen no-neurótico.

Durante los años 50 y 60 hubo un intento, liderado por el doctor R. D. Rabinovitch (1968), de identificar las posibles reacciones neuróticas de los disléxicos en especial, y en general de todos aquellos con dificultades para aprender a escribir.

Mag-dalen Vernon (1957) defendió el origen multifactorial de la dislexia, reconociendo grupos con problemas visuales, auditivos, o de razonamiento abstracto.

Silver y Hagin (1960), sugirieron el término de discapacidad de lectura específica, como forma de unificar los criterios de diagnósticos.

Ya desde los años 60 hubo intentos de crear subgrupos de disléxicos, generalmente en categorías de carácter etiológico, como auditiva y visual (Myklebust & Johnson, 1962)

3.3 Etapa moderna (de 1970 a la actualidad)

En 1972, el Departamento de Educación y Ciencia sobre niños con dificultades especificas de lectura, realizó el Informe Tizard, que describía al pequeño grupo de niños con dificultades de lectura, de escritura, de deletreo, y de matemáticas.

El Informe Bullock (1975) también comentó los problemas de los disléxicos e incluyó, como un factor importante, el lenguaje. El Informe Warnock (1978) consideró que los niños disléxicos necesitaban educación especial. El Informe de Tansley y Panckhurst (1981) sugirió el uso de la expresión dificultades específicas de aprendizaje para describir este grupo de niños con riesgos.

Mattingly (1972) señaló que un buen conocimiento fonológico, demostrado por ejemplo en pruebas de segmentación fonológica, es esencial para aprender a leer correctamente.

Naidoo (1972) observó que los disléxicos tenían problemas de memoria, en concreto con la capacidad de almacenamiento, dando a entender que los disléxicos podían tener otros problemas asociados.

Yule (1973) a partir de un estudio de seguimiento de los niños de 10 años de la Isla de Wight, identificó que los niños con dificultades específicas de lectura estaban 6 meses por detrás de los niños con retraso lector general, tanto en deletreo como en lectura. Es decir, los niños menos inteligentes hacían mayores progresos en el área del lenguaje escrito a pesar de que ambos grupos estuviesen en un principio, en el mismo nivel de retraso.

Luria (1974) sugirió que las dificultades observadas en pruebas que requieren nombrar objetos afectan negativamente a la habilidad de expresarse verbalmente, y que habilidades como la lectura, la escritura y el habla son aspectos de una misma actividad.

Boder (1976) creó los conceptos de disfonéticos y diseidéticos y grupo mixto.

Yule y Rutter (1976-1978) argumentaban que el retraso lector específico debía ser descrito como tal, y no como dislexia.

Martha Denckla sugirió que el mayor subgrupo (más de la mitad de los disléxicos) tenía dificultades de lenguaje a la hora de nombrar objetos, y ciertas características motoras particulares

Macdonald Critchley (1978), sugirió el término de dislexia específica del desarrollo, caracterizada por dificultades fonológicas. Dio mucha importancia a la distinción de los disléxicos, que consideraba como un grupo compacto, del resto de personas con problemas de lectura.

También era defensor del origen genético, de la dislexia. Sugiere una definición más amplia de la dislexia: “La dislexia evolutiva es un trastorno de aprendizaje que se manifiesta inicialmente por una dificultad para aprender a leer, y posteriormente por un deletreo errático y una falta de capacidad para manipular el lenguaje escrito, no el oral. Es un problema cognitivo, y que suele estar determinado genéticamente. No se debe a un retraso intelectual, ni a falta de oportunidades socioculturales, ni a factores emocional, ni a un defecto estructural conocido del cerebro. Probablemente es una manifestación de un defecto de maduración especifico, que tiende a atenuarse con el crecimiento, pudiendo el niño mejorar de un modo considerable, especialmente cuando recibe ayuda adecuada desde los primeros momentos”. (1978, p.149).

Eisenberg (1978) admitió que se podía ofrecer una definición negativa de la dislexia, y que realmente tenía utilidad hacerlo. Citaba sus propias definiciones (1976 pp.33-4): “Operacionalmente, la incapacidad para la lectura puede definirse como un impedimento para a prender a leer con una destreza normal, a pesar de haber recibido una instrucción convencional, de tener un hogar culturalmente adecuado, una motivación apropiada, sistemas sensoriales intactos, inteligencia normal y no presentar defectos neurológicos importantes”.

Tallal (1980) propuso su teoría de una deficiencia en la velocidad de procesamiento de la información en general, pues observó que la lentitud en el procesamiento auditivo de las palabras y sonidos estaba relacionada con dificultades de lenguaje.

Pavlidis (1981) en 14 niños disléxicos sostienen que las dificultades de lectura características de la dislexia pueden ser consecuencia de movimientos anormales de los ojos.

Frith (1981), explicó que los estudios dirigidos a la categoría de dificultad específica de lectura es importante, porque han demostrado que dicha dificultad difiere de lo que sería un retraso general, en base a consideraciones estadísticas, etiológicas y educativas. Esto difiere con aquellos autores que contemplan las dificultades específicas de lectura como fenómenos equivalentes a la dislexia.

Señala además que la persistencia en el tiempo y la ausencia de respuesta de métodos convencionales de enseñanza, es decir, ausencia de criterios de para distinguir el fracaso lector específico en general.

Gershwin y Behan (1982) pusieron en relieve que se relacionaba la dislexia con el uso de la mano o el ojo izquierdo y que se presentaba con mayor frecuencia en varones.

Maryanne Wolf (1979, 1984) describió la estrecha relación entre la habilidad de leer y la rapidez en nombrar objetos. Los disléxicos tienen dificultades encontrando las palabras adecuadas y en hacerlo con rapidez. En 1986, descubrió que la rapidez en nombrar objetos es un precursor, no es un resultado, de las dificultades de lectura.

Thomson (1984), señaló que los disléxicos tienen problemas de memoria, en especial una capacidad de almacenamiento más pequeña que los lectores normales

Seymour (1986) añadió que los disléxicos exhiben dificultades muy diversas, expresando su posible división en subgrupos. Sugirió la división de disléxicos en 3 subgrupos: semánticos, fonológicos, y visuales. Explicó que la mayoría tienen problemas con el sistema fonológico, lo que provoca que sean más lentos o cometan más errores en pruebas de lectura de palabras poco comunes o inventadas.

Richard Wagner y Torgesen (1987) añadieron que el conocimiento fonológico es esencial para un aprendizaje correcto de la lectura

En 1987 se crea la European Dyslexia Association.

Durante los años 90, Frank Manis, ha avanzado en el conocimiento de diversos subgrupos de dislexia de desarrollo, y ha colaborado con sus colegas en los modelos conexionistas para reinterpretar la dislexia a la luz de estas nuevas ideas, como también han hecho Plaut, VanOrden y Pennington.

En estos años, y gracias a los avances en neurobiología, también se ha vivido un relanzamiento de las teorías visuales de la dislexia, especialmente por los descubrimientos de deficiencias en el sistema visual magnocelular de los disléxicos (Lovegrove, Martin, y Slaghuis, 1986) que podrían provocar dificultades de lectura (Livingstone, Rosen, Drislane, y Galaburda, 1991; Galaburda y Livingstone, 1993).

En la Universidad de Yale, EEUU, el matrimonio Shaywitz y sus colaboradores han estudiado detalladamente el problema de la clasificación correcta de la dislexia.

Pennington, un psicólogo clínico de la Universidad de Denver, EEUU, también ha contribuido a mejorar la nosológica de los disléxicos. Además, ha confirmado muchas teorías, ya clásicas de la dislexia, como las deficiencias fonológicas, que según él, perduran toda la vida, así como el hecho de que la lectura está más relacionada con el habla que con la visión.

La dislexia es actualmente un campo de estudio interdisciplinar, que abarca disciplinas como la educación y la neurobiología.

Una definición moderna de la dislexia son las del World Federation of Neurology, la de la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-10), o la del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders IV.

Una definición que expresa la mentalidad actual es la siguiente, publicada por Lyon (1995) en la revista “Annals of Dyslexia": “La dislexia es un trastorno específico, de base lingüística de origen constitucional, caracterizado por dificultades en la decodificación de palabras aisladas, generalmente producidas por un procesamiento fonológico inadecuado. Estas dificultades no guardan relación con la edad, ni con otras habilidades cognitivas o académicas; tampoco son el resultado de un trastorno general de desarrollo o de un defecto sensorial. La dislexia se manifiesta por dificultades de diversa gravedad en diferentes formas de lenguaje, incluyendo a menudo, además de los problemas de lectura, un problema notorio en el aprendizaje de la capacidad de escribir y deletrear”.

  1. Etiología de la dislexia



    1. Introducción

La discusión sobre el origen de la dislexia aún sigue vigente. Por ello, en este apartado se exponen diversas teorías referidas a su etiología.

Siguiendo escritos de diferentes autores se puede concluir que las explicaciones se agrupan principalmente en tres áreas o perspectivas: biológica o hereditaria; neurológica y de tipo cognitivo.

Son varios los autores tales como Hirsch, Jansky y Langford, que sugieren que hay una demora en la tasa de adquisición de ciertas habilidades evolutivas. Por ejemplo, Satz y sus colaboradores juzgan la existencia de una relación entre el retraso en el desarrollo del hemisferio izquierdo y la lectura. Desde este tipo de modelo se sugiere que o existe un retraso en el funcionamiento cortical en ese hemisferio, que impediría la especialización temprana para las funciones lingüísticas, y por tanto, daría lugar a problemas con el lenguaje escrito; o bien un retraso en las capacidades perceptivas y motoras, lo que daría lugar a que el niño no estuviera “maduro” para aprender el lenguaje escrito en sus primeras etapas.

    1. Perspectiva biológica

A comienzos de siglo, dominaba en la Psicología, la visión ambientalista de las diferencias en habilidades cognitivas. Pero, hace ya tiempo que los psicólogos optaron por una visión más equilibrada entre factores ambientalistas y biológicos en el desarrollo de las funciones cognitivas, otorgándole a la herencia gran importancia en la configuración de la inteligencia.
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