Tipos de dislexia según diferentes autores




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Factores genéticos

Algunas definiciones sugieren que la dislexia está determinada hereditariamente, por lo que se han requerido pruebas sobre la influencia genética que los respaldaran.

De hecho, en escritos como los de Hinshelwood (1900) y Orton (1937); una alta incidencia de dislexias entre hermanos, padres y otros familiares de los niños disléxicos.

En estudios más recientes Naidoo (1972) ha descrito una gran incidencia de trastornos de lectura y escritura entre los familiares de niños con retraso en el deletreo. Llega a mencionar la existencia de una incidencia de los trastornos de lectura del 40% en las familias en las que hay niños con retraso específico, frente a una incidencia del 25% entre los afectados por un retraso general.

No obstante, todos estos estudios son orientativos, ya que muchos de ellos carecían de grupos de control. Además, la mayoría solo proporciona datos anecdóticos o información relatada por los padres, sin poner realmente a prueba las destrezas de los padres y de los hermanos.

Según Goldbert y Schiffman (1972) hay cuatro grandes áreas en las que sería necesario obtener pruebas para sugerir una causa genética para la dislexia:

  • Estudios de genealogía y estudios familiares (Hallgreen en 1950 tras numerosos estudios generacionales, concluyó que existía un modelo de herencia “dominante” en la dislexia)

  • Estudios con hermanos gemelos

  • Persistencia del trastorno disléxico durante toda la vida

  • Anormalidades bioquímicas o cromosómicas

Sladen (1970) utilizó los datos propios del estudio de Hallgreen y sugirió que había una dominancia variable en la herencia masculina, y un modelo de herencia recesivo para el sexo femenino.

Algunos estudios se han propuesto medir concretamente la magnitud del riesgo familiar de dislexia. Otras investigaciones, se han propuesto esclarecer si esta familiaridad indica la transmisión genética o no (heredabilidad), esto es, en qué proporción las diferencias individuales en lectura pueden deberse a los genes. Concretamente LaBuda y DeFries (1988) evaluaron la importancia de los factores genéticos en el desarrollo de las dificultades lectoras, realizando un análisis de regresión múltiple de los datos de 150 pares de gemelos, de los que al menos uno manifestaba dificultades lectoras. Los resultados indicaron que aproximadamente el 40 % del déficit observado en estos sujetos era debido a factores genéticos, el 35% a factores ambientales y el 25% era debido a la varianza individual o de error. Otros investigadores, posteriormente, han analizado la heredabilidad de algunas sub-habilidades de la lectura en gemelos, encontrando una heredabilidad significativa para la competencia fonológica ( lectura de no palabras), pero no para la habilidad ortográfica.

Por otra parte, diversos estudios de genética molecular se han dirigido a la identificación diferencial de marcadores de ADN. Las versiones de un marcador, al igual que las de un gen se llaman alelos. De forma que, dado que presentamos dos alelos de cada cromosoma, la investigación con hermanos gemelos idénticos ( comparten ambos alelos de un marcador) y no idénticos ( comparten la mitad de los alelos de un marcador) resulta fundamental para delimitar la localización de un gen o genes implicado en la dislexia.

Hay pruebas de que la dislexia persiste en la edad adulta (Rawson 1986, Yule 1974 y Hagin 1964), y también algunos investigadores han prestado atención a los correlatos bioquímicos de la dislexia. Por ejemplo, Hughes (1976) sugiere una alta tasa metabólica en la dislexia, debida a unos elevados niveles de tiroxina. Wilsher (1979) describe algunos resultados interesantes en relación al funcionamiento de los hemisferios y unos posibles correlatos bioquímicos, relacionados con el Piracetam, que facilita el aprendizaje verbal en los disléxicos.

Finucci (1978) propuso una serie de conclusiones respecto a la relación entre genética y dislexia:

  • Las dificultades de la dislexia aparecen de una manera no aleatoria en las familias

  • El rendimiento de la lectura y deletreo es más bajo en la familia más inmediata de los que presentan dificultades disléxicas.

  • Hay un alto grado de concordancia de dislexia entre los gemelos monocigóticos, frente a los dicigóticos. Esto último es el argumento principal para sostener la importancia del factor genético.

No obstante, lo que no está claro es el modelo concreto de transmisión. Ciertamente no parece ser un modelo de herencia mendeliana simple. La evidencia sugiere una predisposición genética multifactorial, e implica algún tipo de heredabilidad genética.

Esto lleva a considerar la herencia genética, frente a los trastornos provocados por el entorno. Hay muchas maneras en las que el genotipo puede dar lugar a un fenotipo determinado, y esto es algo que depende de la interacción herencia y ambiente. El que se exprese o no un fenotipo, es decir, que el niño tenga de hecho un trastorno en la escritura y el deletreo, dependerá de sus interacciones ambientales. Sin embargo, a pesar de que un genotipo de dislexia siempre conduzca a un problema de aprendizaje, éste puede ser superado por un método de enseñanza apropiado, de ahí la importancia de una buena educación para solventar los problemas del niño.

      1. Diferencias sexuales

Son numerosas las pruebas que ponen de manifiesto que la dislexia es mucho más común entre los niños que entre las niñas. Por ejemplo, Crtchley (1967) señala que en la población de alumnos con dislexia, el porcentaje de niños alcanza el 66%.

Goldberg y Schiffman proponen las siguientes razones para explicar estas diferencias en función del sexo:

  • El mayor grado de maduración evolutiva de las niñas a la edad de 6 años

  • Mayor incidencia de traumas cerebrales en los varones

  • La mayor motivación de las niñas en las situaciones de aprendizaje

  • La aparición de conflictos emocionales secundarias en los varones

Respecto a las explicaciones de índole sociológico y ambiental, parece obvio pensar que, a pesar de las leyes y el enfoque de nuestro tiempo sobre la igualdad de oportunidades, aún es posible que los padres y los profesores se preocupen más cuando es un niño el que fracasa en la lectura, y la escritura. ¿Quizás los profesores advierten en mayor grado dificultades en los niños? ¿Podría ser que los padres consideren que es más importante que los niños aprendan a leer, escribir y deletrear dado que deben alcanza una cualificación de cara a la obtención futura de un trabajo, mientras que las niñas “deben casarse”?. Es difícil valorar este tipo de nociones de manera sistemática. Dependen mucho de las normas, las expectativas y las actitudes del entorno social al que pertenece el individuo sobre el comportamiento de cada sexo.

Otras explicaciones se encaminan hacia aspectos relacionados con los fenómenos de interacción social. Desde esta perspectiva, cabe citar el trabajo de Moseley(1972) en el que encontró que los niños estaban más interesados en la aprobación de sus compañeros que en complacer a sus profesores. También los de Kellmer-Pringle (1966) que sugieren que los niños quizás estén menos interesados en la lectura que las niñas, ya que, en su opinión, los esquemas de lectura tienden estar orientados “al hogar”, mientras que los intereses de los niños se centran en el “mundo exterior”.

Es mucho más plausible acudir a una explicación basada en las diferencias cognitivas entre sexos, como resultado de la maduración y el desarrollo. Es más, las niñas maduran mucho antes que los niños, de ahí que quizá tengan una mayor madurez para la lectura o una tendencia evolutiva en ese sentido.

Más relevante parece ser la interrelación entre la destreza verbal y, posiblemente, las aptitudes viso-espaciales en los dos sexos. Una diferencia muy estudiada, es que las niñas son muy superiores a los niños en cuanto a la aptitud verbal en la edad escolar. El lenguaje oral se desarrolla antes, así como las habilidades auditivas.

    1. Perspectiva neurológica

El nivel neurológico de explicación se refiere a la manera en que el cerebro procesa la información y cómo se diferencian los disléxicos en este campo. La organización neuropsicológica es la base en la que se asienta el funcionamiento cognitivo, que es el aspecto al que se le presta más atención por ser directamente observable en pruebas de lectura y en trabajos de observación en laboratorios.

Otro modo de clasificar las explicaciones de la alteración disléxica es entendiéndola como una deficiencia neurológica, una alteración de la memoria a corto plazo o de codificación o como un problema lingüístico.

La dislexia adquirida suele ser resultado de una aparición de problemas de lectura en adultos previamente alfabetizados, que han sufrido lesiones neurológicas. En cambio, la dislexia evolutiva no parece estar originada por una lesión cerebral. Un estudio reciente realizado por Kinsbourne (1973) describe el sinergismo en disléxicos; esto es, un reflejo motor que tiene lugar tras un momento previo. Por ejemplo, pueden presentar problemas para dejar caer un lápiz después de agarrarlo. Esta es la razón por la que sugiere que puede existir un retraso neuro-evolutivo.

      1. Estudios con encefalograma

Se han producido diversos estudios sobre variaciones del electroencefalograma (E.E.G.), si bien no parecen metodológicamente muy correctos y no se sabe si hay en realidad una base neurológica diferenciadora de los disléxicos.

En un estudio reciente (1996) del instituto neurológico de Montevideo, se afirma que los disléxicos presentan alteraciones concretas del ritmo alfa, con áreas de baja reactividad. Así, según este estudio habría una correlación entre cada subtipo de dislexia que considera y la topografía de la actividad cortical encontrada: La que denomina dislexia viso-espacial, presenta áreas de las descritas en el hemisferio derecha, mientras que la dislexia de tipo analítico, secuencial y fonológico presenta la alteración en el hemisferio izquierdo.

Tras la comparación de los diferentes estudios sobre la etiología neurológica de la dislexia, Thomson deduce que lo más respaldado empíricamente es un inicial retraso madurativo que lleva a un mal aprendizaje por una mala estrategia y que luego se convierte en un problema. Esta dificultad no afectaría a todo el hemisferio, sino a las tareas referidas a la conexión específica entre sonido y símbolo escrito.

      1. Dominancia y lateralidad

Orton (1937) estaba sorprendido por la gran cantidad de inversiones, imágenes en espejo y trastornos de orientación que había entre los disléxicos. Sugirió que este tipo de errores de lectura estaba relacionado con una dominancia incompleta, cuya prueba era la falta de lateralización y la ambidestreza. Aseguraba que las huellas memorísticas, se almacenaban tanto en el hemisferio izquierdo como en el derecho, disponiéndose en forma de imagen en espejo en cada uno respecto al otro. Por ejemplo, la palabra “sol” se almacenaba como “los” en el hemisferio izquierdo. En los individuos disléxicos, que no tienen una dominancia hemisférica bien establecida para el lenguaje, a veces de accedería al hemisferio izquierdo, pero con la misma frecuencia que se podía acceder al derecho. De este modo podía leerse “los” por “sol”.

Los estudios coinciden en señalar que el hemisferio izquierdo está especializado en el procesamiento lingüístico, así como en el procesamiento analítico, lógico y secuencial o serial de la información. El hemisferio derecho está más relacionado con actividades de tipo espacial, como la percepción de la profundidad y de la forma.

Sobre esta especialización se han basado varias teorías explicativas de la dislexia:

  • La falta de dominancia cerebral, es decir, ausencia de especialización en el lenguaje y de ahí surgirían los problemas. También hay que incluir las teorías que no proponen una carencia absoluta de dominancia, sino que la dominancia cerebral para el lenguaje no está bien establecida en los disléxicos.



  • El retraso madurativo, déficit o disfunción en la especialización del hemisferio izquierdo para el procesamiento del lenguaje. A veces también aparece ligado a un retraso en las habilidades perceptivas, motoras y lingüísticas relacionadas con la lectura, la escritura y el deletreo



  • Presencia de interferencias en el funcionamiento del hemisferio izquierdo por parte del derecho, es decir, la existencia de una organización cerebral que favorece al hemisferio derecho a expensas del izquierdo.



  • La disociación, la falta de integración debida a un procesamiento diferente del material auditivo y el material visual en los diferentes hemisferios.

La idea de una posible deficiencia del hemisferio izquierdo, descansa en una relativa especialización de éste frente al derecho. El hemisferio izquierdo está implicado en aspectos relacionados con la producción serial de sonidos, con la fluidez del habla y con la amplitud de dígitos, mientras que el hemisferio derecho lo está en tareas de diseño de cubos y de orientación de figuras, según Gordon (1980). Este autor, presenta pruebas de que los disléxicos y sus familiares realizan mejor este tipo de tareas, propias del hemisferio derecho.

Obrzat (1979) sugiere que si el hemisferio derecho es el responsable de la discriminación de formas y de la memorización de imágenes visuales, que son después transferidas al hemisferio izquierdo, el cual, traduce las percepciones particulares en representaciones habladas. Afirma que los disléxicos disfonéticos no pueden analizar ni combinar palabras debido a un déficit en el hemisferio izquierdo, pero que los disléxicos diseidéticos sufren algún problema en el hemisferio derecho, y no pueden realizar las tareas de discriminación de formas.

El tema de la lateralidad se suele asociar a la dislexia. Las dificultades de lateralización pueden hacer difícil aprender bien la lectura por las letras que se diferencian por su orientación lateral. De los estudios realizados parece que alguna forma de lateralidad mixta o cruzada parece asociada a la dislexia, especialmente en los que sufren problemas clínicos. Lo más probable parece ser que la lateralidad cruzada genere en algunos casos confusión direccional, dificultades de barrido visual y puede afectar a la integración hemisférica.

Sin embargo no está comprobado que el entrenamiento en dominancia juegue un papel importante en el desarrollo del funcionamiento cognitivo. Parece mejor adaptar el método de aprendizaje a las posibilidades del niño que cambiar al niño para que aprenda de una determinada manera.
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