Tipos de dislexia según diferentes autores




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En este caso, la dislexia posee una disortografía asociada.

10.2.1 Historia clínica


Francisco Luis es un niño de 12 años y 10 meses de edad, que acude a consulta demandada por sus padres y orientados por los tutores del colegio, para estudio de las causas de su bajo rendimiento escolar. El chico ya ha sido estudiado por otros dos especialistas, un logopeda y el psicólogo del colegio, que, según refiere la madre, no se ponen de acuerdo respecto al origen del problema, ya que el logopeda afirma que el chico sufre dislexia y el psicólogo rechaza este diagnóstico, ya que en su opinión, a Francisco Luis “se le ha hecho una bola en la cabeza y va retrasado porque no entiende lo que lee, ya que no tiene base”.

Por la forma de expresarse la madre, que según reconoce es casi analfabeta, entendemos que la palabra dislexia le ha causado mucho impacto y cree que puede tratarse de una enfermedad cerebral (sobretodo desde que una profesora de su hijo, al comentarle el asunto, le sugirió con toda su buena intención- que llevara a Francisco Luis a Salud Mental, por lo que está muy interesada en averiguar “la verdad de una vez”).

Su tutora, que le da clases de apoyo en el colegio, lo describe como un alumno “muy lento y despistado”, al que le cuesta mucho esfuerzo progresar, muy deficiente en la lectura y la ortografía, pero bueno en cálculo y que requiere mucha atención individualizada. Sobre su conducta, refiere que se hace continuamente la víctima de los profesores cuando éstos le reprochan su bajo rendimiento o sus faltas de disciplina, que no suelen ser graves.

La madre dice que es un niño “desidioso”, despistado, que se “hace el tonto” con facilidad para eludir responsabilidades, muy tranquilo y, sobretodo, muy llorón en cuanto se le reprende por algo y que los castigos no le motivan nada. Su gran pasión es la caza y disfruta, incluso, mucho más con su padre y sus amigos (por dicha afición) que con otros niños de su edad, aunque su conducta social con los iguales parece adecuada.

El embarazo fue a término y el parto prolongado (unas 12-13 horas), precisando ayuda de ventosas. No presenta otros antecedentes médicos de interés. Según la madre, el desarrollo motor y del lenguaje fue normal, aunque no es capaz de precisar fechas de los estadios evolutivos logrados. Controló la caca hacia los dos años y presentó enuresis nocturna hasta los ocho o nueve años. También comenta que es hábil con las manos, pero no le gusta vestirse solo, así que, aún pudiendo hacerlo, ella tiene que ayudarle habitualmente, y que se desorienta con facilidad.

Recientemente han contratado a una profesora particular para que le ayude en casa con las tareas, además de la tutora de apoyo que tiene en el colegio.

Francisco Luis coopera desde un primer momento en la exploración, pero impresiona como un niño apático y lento de respuesta con dominancia lateral izquierda. Presenta un sobrepeso notable para su corta talla (63 kilos), que presumiblemente es la causa de la artralgia de rodillas que sufre hace ya tiempo.

10.2.2. Comentario

Cuando se trata de un problema relacionado con un bajo rendimiento escolar, se debe tener siempre en cuenta para el diagnóstico diferencial determinadas situaciones orientativas: escolarización deficiente, retraso mental, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, conductas disociales y trastornos específicos del desarrollo o del aprendizaje.

En este caso, podemos descartar las cuatro primeras causas, ya que Francisco Luis disfruta de una escolarización adecuada, su inteligencia es normal y no presenta conducta hiperactiva ni disocial. La posible dispraxia a la que alude su madre es sólo aparente y se explica por la desidia del niño y porque parece seguir la máxima de conseguir el máximo beneficio con el mínimo de esfuerzo. Además, también se descarta la presencia de un trastorno neurológico y de déficit visual o auditivo no corregido. Así pues, el diagnóstico parece orientarse hacia un trastorno específico del desarrollo, ya que tanto del testimonio de la tutora como del de la propia madre se desprende que el principal problema de este chico radica en la lectura y la ortografía.

Las distintas pruebas administradas durante la exploración confirman dicha hipótesis, ya que en test viso-motor de Bender, Francisco Luis obtiene unos resultados dentro de la normalidad, aunque la ejecución es lenta e insegura (borra varias veces) y comete algunos errores impropios para su edad. En el test de Goodenough obtiene una edad mental de 11 años, con buena ejecución y aportando muchos detalles. En el test de cálculo también obtiene resultados dentro de la normalidad.

Pero en los test de lectura fracasa notablemente. Así, obtiene un nivel de lectura de entre 7 años y medio a ocho años tanto para un nivel de primaria como para secundaria. Además, durante la ejecución de esta prueba se observaron falsos arranques y vacilaciones, pérdida de ritmo, omisiones y distorsiones, así como lentitud. Por otra parte, confunde a menudo algunas letras, especialmente la p con la b, y desconoce algunos términos que ya debería dominar para su edad, como por ejemplo la palabra acunar (de cuna) y su significado. En la prueba de lectura de primaria es capaz de recordar lo que ha leído y elaborar conclusiones, pero es incapaz de hacer esto mismo en la prueba de lectura de secundaria. Curiosamente, en las pruebas de escritura obtiene unos resultados muy aceptables, pues para nivel de primaria puntúa con una edad mental de 11 años y para nivel de secundaria puntúa con una edad de 10 años.

El mejor modo de evaluar el rendimiento de la lectura es la aplicación individualizada de test de ejecución y comprensión de lectura. La naturaleza exacta del problema depende del nivel esperado de la misma, así como del lenguaje y de la escritura. Sin embargo, en las fases tempranas del aprendizaje de la escritura alfabética pueden presentarse dificultades para recitar el alfabeto (problema que también presentaba Francisco Luis), para hacer rimas simples, para dominar correctamente las letras, y para analizar y categorizar los sonidos (pese a disponer de una agudeza auditiva normal).

También es frecuente, en las etapas finales de la infancia, que las dificultades ortográficas sean incluso más importantes que las de la lectura. Es característico el hecho de que las dificultades ortográficas impliquen a menudo errores fonéticos y parece que, tanto los problemas de lectura como los ortográficos, pueden ser en parte, consecuencia, de un deterioro de la capacidad de análisis fonológico. En cualquier caso, se conoce mal la naturaleza y la frecuencia de los problemas ortográficos de niños que leen en lenguas no fonéticas, así como los tipos de errores en la escritura no alfabética.

Normalmente los trastornos específicos del desarrollo de la lectura son precedidos por trastornos del habla o del lenguaje. En otros casos, los niños pueden haber pasado las etapas del desarrollo del lenguaje a la edad normal, pero también haber tenido dificultades en el procesamiento en el proceso auditivo. En ciertos casos, puede haberse presentado también problemas para el procesamiento visual (discriminación de letras para la memoria auditiva secuencial y para diferenciación auditiva).

Sin embargo, todos estos problemas son frecuentes en niños que están empezando a aprender y, por tanto, no suelen tener una relación causal directa con los de la lectura. También son frecuentes los trastornos de atención (como sucede en este caso), que a menudo se acompaña de hiperquinesia e impulsividad (rasgos que sin embargo, como ya se dijo, no presentaba Francisco Luis). La forma exacta de las dificultades de desarrollo en el periodo de preescolar varía considerablemente de un niño a otro y también en cuanto a su gravedad. Sin embargo, aunque no siempre, suelen estar presentes problemas de este tipo.

Por último, recordemos que también se observan con frecuencia durante el periodo escolar problemas emocionales o conductuales concomitantes. Los primeros son más frecuentes durante los primeros años de la escolarización, pero los trastornos disociales y los síndromes hiperquinéticos son los que se presentan con mayor frecuencia en la segunda infancia y en la adolescencia. En estos casos, se observa a menudo una baja autoestima y problemas de adaptación escolar, así como en las relaciones de los compañeros, pero Francisco Luis tampoco presentaba en sus antecedentes problemas de este tipo.

Tras el análisis del caso, cabe concluir que los resultados son compatibles con la presencia de un trastorno del aprendizaje de la lectura, sin descartar disortografía asociada, pues aunque no comete faltas en los dictados el mismo Francisco lo atribuye a que el dictado del texto es más lento que en el colegio y que allí se pone más nervioso. No debe olvidarse que el bajísimo nivel cultural de los padres y su falta de apoyo en las tareas del niño en casa, ha condicionado, en gran medida, el desarrollo del problema.

10.2.3. Diagnostico CIE-10:

1. Trastorno específico de la lectura, dislexia (F81.0)

2. Trastorno especifico de la ortografía, de sospecha (F81.1)

10.2.4. Otros trastornos aceptados

  • Retraso específico de la lectura

  • Dislexia del desarrollo

  • Retraso específico de la ortografía


11. Conclusiones

La dislexia se encuentra incluida dentro de los trastornos de aprendizaje. Una definición de trastorno de aprendizaje la da Defior Citoler (1996) en la que expresa que “un trastorno del aprendizaje es un retraso, desorden o un desarrollo retrasado en uno o más de los procesos de habla, lenguaje, lectura, escritura, aritmética u otras materias escolares como resultado de un hándicap psicológico causado por una posible disfunción cerebral y/o trastornos emocionales o de conducta. No es el resultado de retraso mental, de deprivación sensorial o de factores culturales o instruccionales.”

La dislexia al igual que el resto de trastornos de aprendizaje, dura toda la vida, pero si se les proporciona la ayuda adecuada, los niños pueden tener éxito en la escuela y triunfar en la vida. Suele detectarse en el período escolar si se trata de un trastorno ocurrido durante el desarrollo del niño, o, en cualquier etapa de la vida si se debe a una lesión cerebral.

La persona con dislexia posee un CI normal, por lo que sus problemas no son debidos a una deficiencia mental.

Según Khami (1992), la dislexia es un trastorno del desarrollo del lenguaje cuya característica definitoria es una dificultad en el procesamiento fonológico de la información durante toda la vida. Esta dificultad implica la codificación, recuperación y uso de códigos fonológicos en la memoria y también déficits en la conciencia fonológica y en la producción del habla. Una característica importante de este trastorno son las deficiencias en el lenguaje oral y escrito.

El trastorno de la dislexia ha existido desde siempre pero no es hasta 1872 cuando el profesor Berlin, empieza a utilizar ese término como sinónimo de “ceguera para las palabras”. Utilizó este término para clasificar a individuos que perdían la capacidad de leer y escribir tras una lesión cerebral. No fue hasta 1917, cuando Hinshelwood definió la ceguera para las palabras como un defecto congénito que se presentaba en niños sin ninguna lesión o anomalías cerebrales y que se caracterizaba por una incapacidad para aprender a leer.

Después de los estudios de Orton (1925 y 1937), en los que utilizó el término “strephosymbolia” (indicando un problema de lateralización defectuosa del lenguaje); el estudio de la dislexia llegó a ser compartido por médicos, psicólogos, sociólogos, educadores y logopedas; los cuales, descubrieron el origen multifactorial de la dislexia incluyendo los factores ambientales, como por ejemplo, el método educativo utilizado.

Actualmente, una definición que muestra las tendencias actuales, es la de Lyon (1995). Para él, “La dislexia es un trastorno específico, de base lingüística de origen constitucional, caracterizado por dificultades en la decodificación de palabras aisladas, generalmente producidas por un procesamiento fonológico inadecuado. Estas dificultades no guardan relación con la edad, ni con otras habilidades cognitivas o académicas; tampoco son el resultado de un trastorno general de desarrollo o de un defecto sensorial. La dislexia se manifiesta por dificultades de diversa gravedad en diferentes formas de lenguaje, incluyendo a menudo, además de los problemas de lectura, un problema notorio en el aprendizaje de la capacidad de escribir y deletrear”.

En cuanto a la etiología de la dislexia se encuentran diferentes perspectivas:

  • Biológica: el origen de la dislexia es genético, debido a factores hereditarios. Los estudios de diferencias sexuales indican que se encuentra más comúnmente en varones.

  • Neurológica: el origen de la dislexia se encuentra en una deficiencia neurológica, una alteración de la memoria a corto plazo o de codificación o como un problema lingüístico.

  • Cognitiva: el origen de la dislexia se encuentra en Déficits perceptivos y motores, en la secuenciación, en la memoria, en el procesamiento verbal, y/o en el procesamiento fonológico

La clasificación de la dislexia ha sido debatida durante muchos años, por lo que cada autor ha realizado una clasificación propia diferente en torno a los criterios que ha creído más apropiados.

Como una clasificación general se podría realizar una basada en su origen. Esta clasificación sería la siguiente:

    1. Adquirida: aparición de problemas de lectura en adultos previamente alfabetizados, que han sufrido lesiones neurológicas

    2. Evolutiva: la dislexia aparecen en la adquisición inicial de la lectura, cuyos síntomas desaparecen con la maduración del niño.

    3. Especifica del desarrollo: la dislexia se manifiesta como una dificultad para aprender a leer a pesar de una enseñanza convencional, de una inteligencia normal y de la oportunidad sociocultural. No desaparece con la maduración del niño

En cuanto a las relaciones sociales de los individuos con dislexia, se encuentran unas características comunes en todas las etapas de su vida.

Los niños con trastornos sufren (sienten un gran malestar), como consecuencia de sus dificultades para relacionarse con los demás. Suelen parecer a ojos de los demás, antipáticos, maleducados, agresivos, apáticos, etc. por lo que no suelen ser muy “populares” entre sus iguales y el resto de las personas que les rodean.

Estas situaciones pueden provocar en el individuo, reacciones emocionales, ansiedad, rigidez, frustración, compulsiones, agresividad, aislamiento, tristeza, hostilidad, apatía… y por supuesto una falta de confianza y autoestima.

La familia del individuo (sobre todo los padres, en el caso de niños y adolescentes) tiene un papel vital en la reeducación de la persona demostrando interés por sus progresos, motivándoles para que busquen su superación personal, empatizar con ellos y teniéndoles paciencia y comprensión, etc. Los familiares deben coordinarse con el personal educativo y terapéutico que rodean al niño, para conseguir los mejores resultados posibles, y así continuar el trabajo realizado por el terapeuta en casa.

La dislexia puede no aparecer en sujetos de riesgo, o conseguir una menor y suavizada aparición de sus síntomas, si se realizan ejercicios de prevención. Existen una serie de ejercicios que si se realizan en los primeros años de vida del individuo, previenen la aparición de la dislexia como tal. Estos pueden ser:

  1. Ejercicios de respiración y relajación

  2. Ejercicios del esquema corporal

  3. Ejercicios sensorio perceptivos y motrices

  4. Ejercicios de coordinación viso motriz

  5. Ejercicios espacio temporales

  6. Ejercicios de atención y memoria

  7. Ejercicios de lateralidad

  8. Ejercicios de lectoescritura

  9. Ejercicios de lenguaje

Si se piensa que un niño puede ser disléxico, al realizar un diagnóstico adecuado, se podrán buscar las causas de este trastorno y ofrecer los métodos terapéuticos y de tratamientos específicos adecuados. El diagnóstico implica un proceso de valoración médica, psicológica y pedagógica, que concluirá con un informe sobre. A la hora de realizar el diagnóstico se ha de prestar mucha atención para no realizar una valoración, debido a que la dislexia podría camuflarse al ir asociada a otros trastornos como son la disortografía o la paralexia.

Por último, se realizaría el tratamiento o reeducación. Éste busca ayudar al sujeto a corregir los problemas que originan los síntomas de la dislexia, y favorecer el aprendizaje escolar y el desarrollo global de la persona.
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