Más lluvias y “desastres naturales”




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El Cambio Climático en Bolivia


Foto: Rubén Darío Azogue
Reportaje: Alaín Muñoz

Fotos: Rubén Darío Azogue
Habrán más lluvias y "desastres naturales" en Bolivia como consecuencia del Cambio Climático. Disminuirá la cantidad de alimentos y agua disponible. Surgirán nuevas enfermedades, reaparecerán las que estaban controladas, y otras se extenderán hasta zonas donde nunca antes hubo. Muchos tipos de bosque cambiarán drásticamente, algunos desaparecerán completamente, otros se reducirán y aún habrá bosques que se extenderán mucho más de lo actual.
En el país existe el gubernamental Programa Nacional de Cambio Climático. Durante 15 años trabajó sin cambios en su personal, y pasó casi desapercibido por la opinión pública. Pero hay bastantes e interesantes avances que proveen una muy buena base teórica y práctica. Los proyectos ya ejecutados se cuentan por decenas y algunos son ejemplos mundiales. Además hay toda una rica gama de experiencias de alianzas para afrontar el Cambio Climático. También una serie de percepciones sorprendentes.
Más lluvias y “desastres naturales”
Foto: Rubén Darío Azogue

Probablemente las lluvias casi se dupliquen en Bolivia, creciendo hasta un 80%, debido al Cambio Climático según el MAGICC/SCENGEN, un modelo computarizado que simula el comportamiento de la atmósfera.
En el informe “Promoción de la Adaptación Social para el Cambio Climático a través del Conocimiento, la Experimentación y el Aprendizaje en Red en Bolivia”, se reportan casos de “eventos climáticos extremos”, que la población llama “desastres naturales”.
Uno de ellos fue la sequía en tierras bajas e inundaciones en zonas montañosas en 1982 y 1983, que afectó a un millón y medio personas, más del 10% de la población del país. En 1988 hubo inundaciones que incomunicaron líneas férreas en grandes regiones.
“El Niño” del 2000 provocó sequías e inundaciones que afectaron a 26.000 familias; el 2001 una tormenta de granizo durante 50 minutos dejó 70 personas muertas y 100 heridas en Viacha y La Paz; en 2004 una nevada de doce horas continuas dañó severamente la ganadería e infraestructura turística del sur de Potosí.
Sólo el evento 1982 y 1983, provocado por “El Niño”, causó pérdidas por más de 1.300 millones de dólares americanos, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Oficina de Coordinación de las Naciones Unidas para el Socorro en Caso de desastres (UNDRO), y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
La agricultura perdió casi 1.175 millones de dólares con ese evento. El transporte tuvo pérdidas por más de 160 millones en infraestructura caminera; los sectores sociales perdieron casi 40 millones de dólares en viviendas y enseres, lo que provocó migraciones masivas a las ciudades más desarrolladas del país (La Paz, Cochabamba, y Santa Cruz).




Las pérdidas por desastres en Bolivia entre 1970 y 1991 alcanzaron el 21% del Producto Interno Bruto, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo. Pero podría crecer drásticamente, porque “los eventos climáticos extremos serán cada vez más intensos y también cada vez más frecuentes”, afirma el IPCC, siglas en inglés del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, compuesto por 2.000 científicos de 100 diferentes países, que ganaron del Premio Nóbel de la Paz 2007. Foto: http://news.bbc.co.uk
Sólo 3 de cada 20 municipios en Bolivia se hallan en grado bajo de vulnerabilidad a eventos adversos o “desastres naturales” (14%). Ocho de cada 20 están en rango medio (41%) y 6 de cada 20 están en un grado alto de vulnerabilidad (31,2%). Lo mas grave son otros 3 municipios de cada 20 (13,8%), que son vulnerables en un grado muy alto, revela el “Atlas de Amenazas, Vulnerabilidades y Riesgos de Bolivia”, elaborado por OXFAM de Gran Bretaña y la Fundación para el Desarrollo Participativo Comunitario – FUNDEPCO de Bolivia.
Faltarán alimentos

Foto: Rubén Darío Azogue


Las estimaciones mundiales indican que la agricultura se reducirá un promedio del 7% si no se preparan respuestas adecuadas a los impactos del Cambio Climático. Pero dependiendo de la vulnerabilidad de cada lugar, las pérdidas reales podrían ser mayores. En algunos estudios se anticipa incluso pérdidas totales si no se ayuda al sector a adaptarse a los efectos del Cambio Climático, indica el Programa Nacional de Cambio Climático – PNCC, la repartición gubernamental responsable del tema.
Sólo el evento de “El Niño” de 1982 y 1983, afectó a 380.000 Km2, casi dos quintas partes del país. Pero el daño fue desigual, pues las tierras altas fueron afectadas en un 90%, los valles en un 70% y las tierras bajas en un 10%.
Los reportes de los Comités de Emergencia mencionan casos extremos de agricultores que tuvieron pérdidas totales de cosecha y hasta de cuatro quintas partes. Al año siguiente la superficie cultivada de 9 productos disminuyó casi la mitad, pasando de casi 18.000 hectáreas a un poco más de 10.000 en los cultivos de avena, cebada, haba, quinua, camote, oca, papa, cebolla y maíz.
La ganadería tuvo pérdidas por falta de agua, incremento de infertilidad y pérdida de peso por falta de alimento. Se perdió casi un tercio de las ovejas, unos tres millones y medio de animales. También en los camélidos hubo pérdidas de casi un tercio, representado por casi 645.000 llamas y 110.500 alpacas.

Se perdió un tercio las ovejas y camélidos del país por “El Niño” durante 1982 y 1983
Al margen de lo que vendrá por el Cambio Climático, hay que considerar que actualmente el área agrícola sufre acelerados procesos de degradación que ya están produciendo una brecha alimentaria del orden de 450 Kilocalorías, según el Sistema Nacional de Información en Seguridad Alimentaria y Alerta Temprana.
Además, el PNCC considera que podría aumentar las plagas agrícolas, provocando altos daños económicos, producidos por organismos patógenos que lograrían adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. También se puede esperar la reducción de cabezas de ganado por inundaciones o por falta de agua y de alimento durante la estación seca, porque las lluvias se concentrarán en pocos meses del año.
Crecerá la aridez y “migrarán” los sistemas agrícolas
Foto: Rubén Darío Azogue

La aridez podría casi duplicarse, especialmente en las zonas montañosas del Sudoeste del país y también en el chaco del Sudeste, si la temperatura subiera 1,5º centígrados, disminuyeran las lluvias un 15% en los valles y el altiplano, y subieran un 15% en los llanos. La estimación corresponde al análisis del Índice de Aridez, realizado por el PNCC siguiendo la metodología propuesta por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Al subir la temperatura y cambiar las lluvias, las áreas agrícolas dejarían de ser aptas para los cultivos que producen, pero podrían albergar otros nuevos, originándose una especie de desplazamiento o “migración” de sistemas agrícolas, indica el Tercer Reporte de Evaluación del IPCC.
Ese informe también señala que las zonas medias y altas podrían aumentar su productividad, según los cultivos, temperaturas y el tiempo en que llueva en cada localidad. En cambio en los trópicos, es muy probable que baje el rendimiento y que la producción resulte muy afectada, porque predomina la agricultura al secano, algunos cultivos están en el máximo de tolerancia a temperaturas altas, y por los eventos climáticos extremos, como las inundaciones que inhabilitan grandes áreas de cultivo.

Foto: Informe CEPAL, 2007

El Niño”, por ejemplo, provoca lluvias y temperaturas superiores a lo normal en la Amazonía, produciendo grandes inundaciones en ciudades como Trinidad y Cobija. Contrariamente, en la región Chaco del Sudeste y en los Andes del Sudoeste, “El Niño” origina lluvias menores a lo normal que coinciden con sequías moderadas, causando significativas pérdidas en la producción agropecuaria, según la CEPAL.
Más papa y soya, pero menos fruta
Habrá casos en que el Cambio Climático podría favorecer algunos cultivos como la papa, por ejemplo. En modelos de simulación computarizada de Cambio Climático, la papa aumentaría su rendimiento entre el 30 y el 60%, si se le aporta riego adicional de entre 50 a 180 milímetros, durante la fase de formación del tubérculo, según el investigador agrónomo Torrico.
Otro efecto simulado encontrado por el mismo investigador es la posibilidad de cultivar variedades dulces de papa (Solanum tuberosum), con cierta resistencia a las heladas, en zonas donde actualmente sólo es posible cultivar variedades amargas (Solanum juczepsukii), si el aumento local de la temperatura llegara a ser mayor a los dos grados centígrados.
La soya también podría incrementar su rendimiento, si en los cultivos hubiera lluvias o riego adicional de más del 20% del actual. Esto compensaría el aumento de la temperatura y el carbono acumulado en la atmósfera fertilizaría la soya, informa el PNCC.
Se puede esperar una reducción notable de la producción de frutas, porque la mayoría requiere cierta cantidad continua de horas de frío, que no se completarían por el aumento de la temperatura. A esa conclusión llegó el PNCC después de comparar las horas/frio actuales de 8 regiones productoras de frutas con las que se alcanzarían si la temperatura aumentara 1,5 grados centígrados por el Cambio Climático.
Todas las localidades reducirían su cantidad de horas/frío, pero algunas disminuirían más de la mitad, como Chorocona que pasaría de 680 horas/frío actuales a 320 y Luribay que de 520 se reducirían a 250. En otras disminuye menos de la mitad como Arani que bajaría de 695 a 390 horas/ frio y Cochabamba de 825 a 480. Las reducciones menos drásticas serían las de Sucre con 750 horas/frio actuales que disminuirían a 470, San Benito que de 1260 bajaría a 930, Culpina de 1530 a 1250, y Chinoli con una reducción de 1495 a 1192.

Foto: Rubén Darío Azogue

Los estudios del PNCC sobre las frutas señalan que las más afectadas por la falta de horas/frio continuas serán la manzana, la pera y el durazno. También indican que se propagarán enfermedades de hongos por el aumento de temperatura.
Además del desabastecimiento de alimentos, los daños a la agricultura tendrán gran repercusión social, porque más de la mitad de la población económicamente activa del país trabaja en este rubro, tanto para el abastecimiento del mercado interno como para la exportación.
Problemas de salud por el Cambio Climático
Habrá efectos directos, como heridos y fallecidos por derrumbes, sequías, inundaciones, deslaves, heladas y otros fenómenos climáticos extremos. Estos también ocasionan epidemias, malnutrición y deshidratación, por las dificultades en la disponibilidad de agua y alimentos, cuando ocurren.
Los efectos indirectos serán el aumento de enfermedades transmitidas por vectores, como los insectos o las ratas, el surgimiento de enfermedades desaparecidas o controladas, y el desarrollo de nuevas enfermedades.

Foto: PNCC

Más lluvias e inundaciones aumentan los casos de cólera, dengue, diarreas, fiebre amarilla, fiebre tifoidea, hepatitis, malaria, y enfermedades parasitarias intestinales como la elefantiasis o filariasis linfática, y la fasciola hepática, una infección parasitaria de animales herbívoros que se adquiere al comer vegetales.
Las poblaciones asentadas en las fronteras actuales de zonas endémicas de malaria, dengue, fiebre amarilla y otras, presentarán mayor número de casos, e incluso de muertes, si no reciben atención primaria eficaz.
La malaria dejará de ser “tropical”
La Malaria se manifiesta entre noviembre y marzo, coincidiendo con el periodo de lluvias abundantes, altas temperaturas y gran humedad. Ha reaparecido en extensas zonas en las que ya no había, y se han presentado brotes en áreas que por su clima y altitud no permitían su desarrollo. Es el caso de brote de malaria no importada, presentada en 1998 en la comunidad Tuntutnami, situada casi a 3.000 metros sobre el nivel del mar, reportado por el Consejo de Salud Rural Andino, en la zona de Carabuco, departamento de la Paz.

Foto: Rubén Darío Azogue



Enfermedades tropicales se extienden donde nunca antes hubo
También se reportó Malaria resistente a los medicamentos habituales, lo que llevaría a utilizar medicamentos más complejos, encareciendo los costos. En diez años se triplicaron los casos de Malaria desde 1987, cuando se presentaron menos de 25 mil, hasta 1996 cuando se llegó casi a 65 mil casos. Los Índices Parasitarios Anuales municipales demuestran que las zonas más vulnerables a la Malaria son las tierras bajas del país, y se pronostica que ésta se incremente aún más por el Cambio Climático.
El Índice de Bultó, que explica los impactos climáticos en las enfermedades, muestra que la Malaria está muy ligada al comportamiento del clima en los 90 días anteriores a su aparición. Por esa razón, el clima puede utilizarse como sistema de alerta temprana, ya que provee señales confiables para la presentación de nuevos casos, brotes e incluso epidemias. Esto podría ayudar al sistema salud a prevenir daños y minimizar costos.
Con el Cambio Climático, la Malaria se intensificarían y variaría su patrón estacional, presentando 3 picos anuales. El primer pico sería en enero, el segundo ocurriría como ahora entre abril y mayo, mientras que el tercero, habitualmente de octubre y noviembre, se adelantaría para agosto y septiembre.
Su incidencia se incrementaría del 12% al 20%, y la situación futura sería mucho más grave, si la mayoría de los casos son del tipo falciparum, porque incrementaría la mortalidad, debido a la letalidad ese tipo de Malaria. El aumento considerable de casos de en zonas tradicionales sería aún de mayor importancia en áreas nuevas, por la escasa inmunidad desarrollada por los habitantes de las nuevas regiones afectadas.
Otras enfermedades

Foto: Rubén Darío Azogue

Las diarreas aumentarán y ya son la 2ª causa de mortalidad infantil
La Leishmaniasis incide más en meses secos, entre junio y septiembre, coincidiendo con altas temperaturas por menor nubosidad, lo que favorece la proliferación del transmisor y la incubación en los seres humanos, según el estudio “Vulneración y Adaptación de la Salud Humana ante los Efectos del Cambio Climático en Bolivia”.
El aumento de la temperatura incrementará los casos de Leishmaniasis, acentuándose en agosto, mes que registraría los mayores efectos, de acuerdo a las proyecciones del estudio. Al igual que la Malaria, la Leishmaniasis variaría su estacionalidad y tendencia, por efecto del Cambio Climático.
Las epidemias de Dengue se presentan entre enero y mayo, cuando las lluvias favorecen la proliferación los mosquitos del género Aedes, que la transmite. Se presenta en brotes aislados relacionados con la estación lluviosa, humedad relativa y temperaturas elevadas que experimentan las zonas bajas y cálidas del país entre noviembre y abril. Se encontró una correlación entre los brotes y fenómenos climáticos, especialmente con la intensidad de El Niño.
Las Encuestas Nacionales de Demografía y Salud muestran elevadas cifras de enfermedad y mortalidad en la niñez boliviana por Enfermedades Diarreicas Agudas (EDAs) e Infecciones Respiratorias Agudas (IRAs). Con el Cambio Climático se intensificarán las temperaturas extremas, y la incidencia de IRAs sería mucho mayor.

Foto: Rubén Darío Azogue

Las EDAs son la segunda causa de mortalidad en niños menores de 5 años, y tradicionalmente se relacionó las EDAs virales con el frío del invierno; y al contrario, las elevadas temperaturas, lluvias y humedad de verano se relacionan con EDAs de origen bacteriano.
Las EDAs bacterianas predominarán en municipios de zonas bajas durante las épocas lluviosas, cálidas y de transición. En cambio, las EDAs virales predominarán en los meses fríos o de transición invierno, en municipios más altos con clima influido por la Cordillera de los Andes.
En general, la magnitud de las epidemias vinculadas con el Cambio Climático es incalculable. Pero puede darnos una idea repasar lo acontecido con la del Cólera, iniciada en Perú en 1991 y que se prolongó hasta 1997. Tuvo 1,3 millones de casos, 12 mil defunciones, y su máxima dispersión se relacionó con el ciclo de El Niño. Requirió más de 200 millones de dólares para controlarla, y décadas de mejoría constante en el abastecimiento de agua, el control de alimentos, el manejo adecuado de aguas servidas, la eliminación sanitaria de excrementos, y el desarrollo de prácticas saludables, según la OPS.
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