La sustentabilidad, paradigma emergente




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La sustentabilidad, paradigma emergente
Rafael López Rangel*

y Varinia López Vargas**
Consideraciones iniciales
Tenemos que empezar estas reflexiones con el reconocimiento de que el concepto de desarrollo sustentable forma parte de un conjunto de transformaciones de las disciplinas de las ciencias sociales y, en nuestro caso, de las que se ocupan de los procesos urbanos.
A partir de que la idea del desarrollo sustentable saltó al escenario con pretensiones de paradigma mayor (1987),1 se ha venido suscitando una extensa polémica en torno a éste.
En los extremos se encuentran, por un lado, quienes los consideran una pieza clave para enfrentar los actuales problemas que ha suscitado el desarrollo convencional y, por otro, quienes son totalmente escépticos en cuanto a su eficacia. Naturalmente, entre ambos polos, se encuentra una amplia gama de posiciones, siendo la más adecuada para la realidad de nuestros países y según nuestro interés en el mejoramiento de la calidad de vida de la población, aquellas que interpretan e incluso construyen el concepto en este sentido, diferenciándose de las teorías y prácticas que hablan de una sustentabilidad funcional a los procesos de acumulación moderna y, en consecuencia, globalizante de capital y de conservación del status de dominación internacional.
Una muestra reciente de esta polémica es los acontecido en la Cumbre de la Tierra de Johannesburgo (agosto-septiembre 2002) en la cual se propuso la toma de medidas radicales contra la contaminación ante la renuencia y final negativa de los Estados unidos, cuyo gobierno se ha negado persistentemente a firmar el protocolo de Kyoto y cuyos globalizados procesos productivos son de los más contaminantes del planeta. Fue ampliamente sabido que los exiguos resultados de esa reunión – la cual fue buena medida financiada por grandes empresas- originaron una desilusión de características mundiales con respecto a las posibilidades de la sustentabilidad, apenas a una distancia de tres lustros de haber sido puesta en el foro internacional.
Es evidente para nosotros, en primer lugar, que la oposición de los grandes intereses económicos hacia la sustentabilidad, indican la potencialidad de este concepto para mostrar qué tipo de intereses están implicados en la problemática ambiental. Pero también queda claro que la misión emancipatoria, vinculada a concitar esfuerzos y acciones para la mejoría constate de la calidad de vida de la población, no puede quedar a cargo de la sola atención al medio ambiente, sino que tiene que darse de una manera integral, debe asumirse tomando en cuenta la problemática social en su conjunto. En este caso, hablaríamos de sustentabilidad integral.
Ya más específicamente en el caso nuestro, que nos movemos en el ámbito del conocimiento y las prácticas de los procesos urbanos y edificatorios, consideramos importante implicarnos en esa polémica, ya que después de un lapso de dudas –sobre todo acerca de su carácter ideológico, sin duda ambivalente- estamos llegando a la conclusión de que el manejo de la sustentabilidad puede contribuir al conocimiento de las causas del descenso de la mencionada calidad de vida, especialmente sufrida por millones de personas que habitan en las ciudades en las cuales se han aplicado por décadas planes y programas de desarrollo de corte convencional.

Asimismo, hemos estado poniendo a prueba el aumento de la eficacia del nuevo concepto cuando lo consideramos de manera integral, es decir, cuando rebasamos su connotación ecológica para tomar en cuenta el conjunto de procesos (económico-productivos, culturales, ideológicos, tecnológicos, etc.) que intervienen en la determinación de las condiciones de existencia de la población y en el propio concepto de desarrollo. Pero, y sobre todo, cuado probamos su eficacia en los asentamientos humanos latinoamericanos.
Naturalmente esta estrategia nos ha estado llevando a vincular el desarrollo sustentable con otras concepciones que o son emergentes o han transformado su significado original o convencional. Es el caso de las ideas de proyecto urbano, restauración ecológica, y de manera muy especial de los planteamientos de la epistemología constructivista o genética. Más adelante abundaremos en esta cuestión.
Cabe decir que nos interesa la polémica mencionada en función del interés para encontrar un planteamiento que tenga contenidos sociales emancipatorios, lo cual nos lleva al atractivo ámbito de las utopías posibles de la denominada posmodernidad, sobre todo de aquellas que constituyen los más recientes eslabones de una cadena que se inicia con los paradigmas de materialismo histórico, la filosofía de la praxis, la construcción de la Teoría crítica de la sociedad o Escuela de Franckfort, hasta la Nueva teoría crítica de la sociedad, representada por J[urgen Habermas, junto al pensamiento de Alain Touraine, Pierre Bordieu y otros.2
Por su parte, y como veremos más adelante, se ha estado planteando en varios ámbitos disciplinares que nos encontramos en una fecunda etapa de “rebasamiento cognoscitivo” de un enorme conjunto de concepciones y de prácticas, incluidas las referidas a los procesos urbano-regionales e incluso edificatorios.3 Asimismo, existe ya el reconocimiento de que la superación de las formas convencionales de conocimiento, se debe a la emergencia de problemas que, o son nuevos, o no habían sido advertidos, o se han agravado de tal modo, como los ambientales o los causados por el aumento de la pobreza y el aniquilamiento –como los ecocidios y genocidios de Afganistán y las estrategias aberrantes “antiterroristas”-, o bien, como los producidos por los acelerados avances de la tecnología y la informática, de distinta valoración a los primeramente mencionados.
Examinemos ahora algunos criterios significativos acerca del desarrollo sustentable.
El desarrollo sustentable como uno de los nuevos paradigmas en la crítica social a la modernidad. La ubicación del desarrollo sustentable en los recientes planteamientos sociológicos y filosóficos.

Castells, Habermas, Gidenns, François Tomas
Manuel Castells, en su monumental obra La Era de la Información, ubica al desarrollo sostenible, dentro de lo que llama – siguiendo a Petra Kelly-4 “El reverdecimiento del yo: el movimiento ecologista”. Afirma que este movimiento, el del último cuarto del siglo XX, “se ha ganado un lugar destacado en el escenario la aventura humana.”
Castells trata de encontrar el sentido ideológico y político del ecologismo y en consecuencia de los que plantean el desarrollo sustentable (que traduce como “sostenible”). También, como sucede con nosotros, inquiere acerca de su carácter emancipador. En este aspecto, guarda una cautela que se expresa en la búsqueda analítica de las teorías y las prácticas de los movimientos ecologistas, establece una tipología de éstos – basada, según el mismo aclara, en la que plantea Alain Touraine para los movimientos sociales en general-, y finalmente reconoce su gran influencia contemporánea como parte de estos movimientos.
En el esquela de tipologías de los movimientos ecologistas, Castells plantea que la sostenibilidad como objetivo, es planteada por aquellos que se proponen “salvar al planeta” (de la destrucción ecológica), cuya identidad sería la de los “ecoguerreros internacionalistas”, y cuyos adversarios son el “industrialismo, la tecnocracia y el patriarcado”. El movimiento de Greenpeace es el representativo de este caso.”5
Aunque Castells reconoce diferencias, es indudable que de acuerdo a sus planteamientos tiene bases camunes. En primer lugar, este autor afirma que ve a la ecología “desde la sociología”, y establece una distinción entre ecología y medioambientalismo. Establece:
“Por ecología, en mi planteamiento sociológico, entiendo una serie de creencias, teorías y proyectos que consideran a la humanidad un componente de un ecosistema más amplio y desean mantener el equilibrio del sistema en una perspectiva dinámica y evolucionista.!
En cambio, el medioambientalismo es para el sociólogo español, la práctica –o las prácticas- a favor de la ecología:
“Dado el éxito y la legitimidad de la etiqueta ecologista, otras causas menos populares se envuelven en nuevas ideologías para llamar la atención. Y, en efecto, algunos de los grupos de conservación de la naturaleza del movimiento ecologista, cada vez recelan más de un enfoque tan amplio que pueda desviar al movimiento de sus verdaderos objetivos. Después de todo, los sindicatos han luchado por la legislación sobre salud laboral desde comienzos de la industrialización, y la pobreza es, y era, un tema importante, por derecho propio, sin tener que pintar de verde su oscuridad siniestra. (Castells, 2000:158).
Abundando en este planteamiento de Castells, y reiterando en lo que hemos asentado desde un principio, diremos que, en rigor, éste es un “talón de Aquiles” del concepto, sobre todo cuando es visto solamente, y en general, como la preservación de la naturaleza, considerada como recurso para la acumulación de capital, tanto a nivel nacional como internacional.
No obstante, lo que está pasando en el ecologismo va más allá de las tácticas. El planteamiento ecológico de la vida, de la economía y de las “instituciones de la sociedad, destaca el carácter holístico de todas las formas de la materia y de todo el procesamiento de la información.”
Así pues, cuanto más sabemos, más percibimos las posibilidades de nuestra tecnología y más nos damos cuenta de la gigantesca y peligrosa brecha que existe entre el incremento de nuestras capacidades productivas y nuestra organización social primitiva, inconsciente y, en definitiva, destructiva.
Empero, Castells, “reivindica” al movimiento ecologista al colocarlo como parte de los “proyectos alternativos”:
“Pero si quiere decir que las conexiones embriónicas entre los movimientos populares y la movilización de orientación simbólica en nombre de la justicia medioambiental lleva la marca de los proyectos alternativos. Estos proyectos esbozan una superación de los movimientos sociales agotados de la sociedad industrial, para reanudar, en formas históricas apropiadas, la antigua dialéctica entre denominación y resistencia, entre Realpolitik y utopía, entre cinismo y esperanza.”
Ahora bien, los otros proyectos alternativos para Castells son: los movimientos en defensa del género, sobre todo el feminista. Queremos destacar, una significativa aseveración de Castells, al final, que avala a a la idea de sustentabilidad por su referencia a la solidaridad intergeneracional une el sano egoísmo con el pensamiento sistémico en una perspectiva evolucionista” (Castells, 2000:151).

Por su parte, Jürgen Habermas, en su monumental obra Teoría de la Acción Comunicativa, si bien no habla de manera explícita de desarrollo sustentable, fija su atención en el movimiento ecologista y lo ubica dentro de los “nuevos conflictos… que surgen en los puntos de sutura entre sistema y mundo de la vida”.6 Como veremos, en su brillante y novedosa argumentación de esos nuevos conflictos y “potenciales de protesta”, implica elementos que manejan la idea de sustentabilidad:
“En las sociedades avanzadas de Occidente se han desarrollado durante los dos últimos decenios conflictos que en muchos aspectos se desvían de los patrones que caracterizan al conflicto en torno a la distribución, institucionalizado por el estado social. Ya no se desencadenan en los ámbitos de la reproducción material, ya no quedan canalizados a través de partidos y asociaciones y tampoco pueden apaciguarse en formas de recompensa conformes al sistema.”
Ahora bien, ¿Cuáles son en su conjunto esos conflictos? Habermas dice, en primer lugar:
“Los nuevos conflictos surgen más bien en los ámbitos de la reproducción cultural, la integración social y socialización; se dirimen en forma de protestas subinstitucionales, y en todo caso, extraparlamentarias; y en los déficits subyacentes a esos conflictos se refleja una cosificación de ámbitos de acción estructurados comunicativamente a la que ya no se puede hacer frente a través de los medios dinero y poder. No se trata primariamente de compensaciones que pueda ofrecer el Estado social, sino de la defensa y restauración de las formas de vida amenazada o de la implantación de nuevas formas de vida.”
Enseguida, apoyado en importante investigadores, especifica aún más en la caracterización de los “nuevos conflictos” (que los sitúa en lo que se ha llamado ni más ni menos que “la revolución silenciosa”). Nos interesa señalar la mención de la calidad de vida entre éstos, ya que nos remite a los actuales pronunciamientos sobre la preocupación por el medio ambiente y el desarrollo sustentable.7 Y remata: “En una palabra: los nuevos conflictos se desencadenan no en torno a problemas de distribución, sino en torno a cuestiones relativas a la gramática de las formas de la vida”.
Una vez que el pensador alemán reconoce las dificultades para la clasificación de los 2actuales potenciales de protesta y repliegue”, distingue el siguiente conjunto, basado en experiencias de la República Federal Alemana:
“(…) un movimiento antinuclear movimiento ecologista; movimiento pacifista (que incluye el tema del conflicto Norte-Sur), movimiento de iniciativas ciudadanas; movimiento alternativo que comprende tanto a los crackers y proyectos de vida alternativa en el marco de las grandes urbes como a las comunas agrícolas); minorías (ancianos, homosexuales, minusválidos, etc.); grupos para religiosos y sectas juveniles; fundamentalismos religiosos; movimientos de protesta contra los impuestos, protesta escolar de las asociaciones de padres, resistencias contra las reformas modernistas. De importancia internacional, son además, los movimientos autonómicos, que luchan por la autonomía regional, lingüística, cultural y a veces también por la autonomía confesional.
Problemas de los “verdes”. Los efectos de la gran industria sobre el equilibrio ecológico, la drástica disminución de los recursos naturales no regenerables y la evolución demográfica, plantean graves problemas sobre todo a las sociedades industrialmente desarrolladas; pero estos desafíos, son, en principio, abstractos y exigen soluciones técnicas y económicas que a su vez han de planificarse globalmente y llevarse a efecto con medios administrativos.”
Continúa con un párrafo, altamente significativo para nosotros, ya que hace una mención directa a los problemas urbanos:
“Lo que provoca la protesta es más bien la intensiva destrucción del entorno urbano, los destrozos urbanísticos, la industrialización y la contaminación del paisaje, las secuelas médicas de las condiciones de vida moderna, los efectos secundarios de la industria farmacéutica, etc., es decir, evolucionan de forma notoria atentan contra las bases orgánicas del mundo de la vida, y que, como contraste, nos hacen drásticamente conscientes de que existen unos criterios de habitabilidad, de que la no satisfacción de las necesidades estéticas de fondo tiene unos límites que son irrebasables. (Habermas, 1989:559)
Otro de los constructores de las nuevas teorías de la sociedad, Anthony Gidenns, dentro de una visión sistémica interiorizada, reconoce en las preguntas y demandas ambientalistas parte de la emergente problemática social, aunque mantiene una distancia del concepto de desarrollo sostenible. Es el sentido que tienen sus pares de preocupaciones (ver tesis de doctorado o “identidad del yo” y los críticos de La tercera vía”).8
De acuerdo a los críticos de La tercera vía, esta propuesta no plantea una estrategia eficaz para abordar las cuestiones ecológicas, salvo su reconocimiento nominal. Al aceptar la globalización, la política de la tercer Vía consiente de las consecuencias destructivas para el medioambiente del desarrollo económico mundial. Gidenns responde a estas críticas y fija su posición frente al movimiento ecologista y el “desarrollo sostenible”.
Plantea A. Gidenns que la política de la tercera Vía considera que el debate sobre la globalización se encuentra estrechamente ligado a las cuestiones y problemas ecológicos y que por tanto, éstos son “fundamentales para las nuevas inquietudes políticas”. Al mismo tiempo plantea que los problemas ecológicos a los que se enfrenta el mundo son tan difíciles como los que supone la desigualdad.
La dificultad estriba, en gran medida, a la vaguedad de los criterios en pro de la ecología y de lo que el llama el
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