Origen del universo, de la vida, de las especies y el hombre




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fecha de publicación21.02.2016
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REFLEXIONES FILOSOFICAS ADLER A. DIONISIO VARA.

ORIGEN DEL UNIVERSO, DE LA VIDA, DE LAS ESPECIES Y EL HOMBRE.

Hace cuatro mil millones de años la Tierra era una bola incandescente con la superficie apenas cubierta por una leve costra continuamente destrozada por la frecuente caída de los meteoritos. El caos continúo provocado por constantes erupciones volcánicas, geíseres y bombardeo de meteoritos y rayos cósmicos, se encontraban presentes todos los elementos necesarios para la vida.

En los lugares donde la corteza terrestre se había solidificado y enfriado algo se producían precipitaciones de lluvia formando charcas y lagos de un líquido que no era agua precisamente, sino una mezcla de agua, amoníaco, metano, ácidos y sales en suspensión. Más adelante se unieron a esta atmósfera gases como monóxido y dióxido de carbono y nitrógeno. Todo ello, con el continuo aporte de energía por parte del sol y la temperatura interna del planeta, se producían reacciones químicas que generaban moléculas de un cierto grado de complejidad como formaldehido, ácido prúsico, glicinas y alcoholes.

Poco después ya no teníamos un caldo de átomos, sino un caldo de moléculas de bastante complejidad. Los sucesivos hervores, las erupciones volcánicas, las descargas eléctricas de los rayos bombardeando ese caldo de moléculas hicieron que de vez en cuando muchas de estas moléculas fueran destruidas pero también hizo que se formaran, por azar, algunas moléculas más complejas.

El aporte energético era tan grande que las sustancias simples tendían a reagruparse con tanta o más rapidez que las complejas en destruirse, por eso a lo largo de millones de años las condiciones fueron cada vez de mayor proporción (sustancias complejas).

El azar producía nuevas moléculas, millones de combinaciones cada día en todo el planeta, las moléculas más inestables eran destruidas con rapidez, las más estables perduraban por más tiempo, las más simples eran usadas en nuevos experimentos, uno tras otro, día tras día, año tras año, milenio tras milenio. Pero por muy complejas que fueran esas moléculas seguían siendo moléculas inertes, hubieron de pasar cientos de millones de años de experimentos para que por azar surgiera una molécula capaz de auto replicarse.

Durante casi mil millones de años se había preparado un complejo caldo de cultivo y en ese caldo aquella primera molécula auto replicante tuvo alimento y energía suficientes para reproducirse durante cientos de generaciones, hasta cubrir la totalidad de la extensión de los mares. Con la que se configuro una molécula capaz de tomar otras moléculas más pequeñas de su entorno para auto replicarse. Apenas necesitó unos cientos de generaciones, quizás menos de un mes, para extenderse por todas las zonas del planeta donde pudiera encontrar alimento y energía.

Cuando las moléculas tenían cierta ventaja, tendía a reproducirse más, por eso las moléculas aprovechaban mejor alguna característica de su entorno; las que eran más fuertes o estables, o que se reproducían con más eficiencia acababan sustituyendo a las más simples y frágiles. Así fue como comenzó la evolución de las especies, aunque sólo había una única molécula (aún no ser vivo) evolucionando.

Más tarde, surgió una molécula capaz de rodearse de una membrana dando lugar a la primera célula procariota. Cuando uno de aquellos trillones de experimentos tuvo éxito apareció la primera célula procariota, más parecida a una bacteria que a una célula de las que componen nuestros cuerpos, ya un ser vivo capaz de reaccionar a su entorno, protegerse de condiciones adversas, alimentarse y reproducirse.

En aquella época algunas células eran más capaces de sobrevivir en unos que en otros lo cual llevó a la primera especialización de la vida, distintos hábitads y distintas células pintando el primer cuadro de vida en la Tierra. Había células capaces de tomar determinados compuestos y convertirlos en aminoácidos. Otras podían usar la energía del sol para fabricar azúcares. Otras células, en fin, podían ensamblar los aminoácidos para fabricar proteínas.

La actividad de cada célula era inconsciente y caótica, pero lo que hacía cada una era dirigirse a los lugares donde podía sobrevivir mejor. Los desechos de unas podían servir de alimento a las otras, era inevitable que al cabo de poco tiempo surgieran agrupaciones de dos o más células procariotas para formar una colonia con mayor posibilidad de supervivencia que las que tenían cada una por separado.

De toda aquella producción de células extrañas e inviables, las que no tenían posibilidades de supervivencia eran destruidas de inmediato, pero de vez en cuando surgía una combinación que tenía más posibilidades de supervivencia que sus congéneres. Estas células competían con ventaja contra sus antecesoras más simples y en pocas generaciones eran capaces de acabar con su anterior supremacía.
La teoría del BIG BANG o gran explosión, supone que entre 12.000 y 15.000 millones de años, toda la materia del Universo estaba concentrada en una zona extraordinariamente pequeña del espacio, y explotó. La materia salió impulsada con gran energía en todas las direcciones. Los choques y un cierto desorden hicieron que la materia se agrupara y se concentrase más en algunos lugares del espacio, y se formaron las primeras estrellas y las primeras galaxias. Desde entonces, el universo continúa en constante movimiento y evolución.




La teoría inflacionaria de Alan Guth intenta explicar los primeros instantes del Universo. Se basa en estudios sobre campos gravitatorios fortísimos, como los que hay cerca de un agujero negro.
Supone que una fuerza única se dividió en las cuatro que ahora conocemos, produciendo el origen al Universo.

El empuje inicial duró un tiempo inapreciable, pero fue tan violenta que, a pesar de que la atracción de la gravedad frena las galaxias, el Universo crece. No se puede imaginar el Big Bang como la explosión de un punto de materia en el vacío, porque en este punto se concentraban toda la materia, la energía, el espacio y el tiempo. No había ni "fuera" ni "antes".




La Teoría del Estado Estacionario. Muchos consideran que el universo es una entidad que no tiene principio ni fin. No tiene principio porque no comenzó con una gran explosión ni se colapsará, en un futuro lejano, para volver a nacer. La teoría que se opone a la tesis de un universo evolucionario es conocida como "teoría del estado estacionario" o "de creación continua" y surge a principios del siglo XX. Dicho principio establece, en primer lugar, que el universo no tiene un génesis ni un final, ya que la materia interestelar siempre ha existido. En segundo término, sostiene que el aspecto general del universo, no sólo es idéntico en el espacio, sino también en el tiempo.




La Teoría del Universo Pulsante. Nuestro universo sería el último de muchos surgidos en el pasado, luego de sucesivas explosiones y contracciones (pulsaciones). El momento en que el universo se desploma sobre sí mismo atraído por su propia gravedad es conocido como "Big Crunch" en el ambiente científico. El Big Crunch marcaría el fin de nuestro universo y el nacimiento de otro nuevo, tras el subsiguiente Big Bang que lo forme.
El origen del universo1

Albert Einstein formuló la relatividad general en 1915 y la aplicó al estudio del universo en su conjunto en 1917. Su teoría proponía un universo cambiante; introdujo en sus fórmulas una «constante cosmológica» con el fin de obtener un universo estático: más tarde dijo que había sido el peor error de su vida.

Willem de Sitter en 1916-1917 y Alfred Friedmann en 1922-1924 desarrollaron la teoría de Einstein en el marco de un universo dinámico, idea que resultó corroborada cuando, en 1929, Edwin Hubble formuló la ley que lleva su nombre, según la cual el universo está en expansión y las galaxias se apartan unas de otras con una velocidad que es proporcional a su distancia mutua.

En 1927, Georges Lemaître propuso la teoría del «átomo primitivo», que, después de ser reformulada por Georges Gamow en 1948, es conocida como teoría del big bang o «gran explosión». Según esta teoría, hace unos 15.000 millones de años toda la materia y energía del universo, concentrada en condiciones de enorme densidad y temperatura, experimentó una expansión que, seguida de una sucesiva disminución de temperatura y de concentraciones locales, produjo una radiación. La detección de esa radiación fósil en 1964 por Arno Penzias y Robert Wilson produjo la aceptación de la teoría.

El modelo de la gran explosión contiene aspectos problemáticos. Desde 1981, algunos de ellos se solucionaron gracias a la «teoría de la inflación» propuesta por Alan Guth, según la cual el universo, en los primeros momentos de su existencia y durante un lapso de tiempo muy pequeño, habría experimentado una enorme expansión.

En 1992, las observaciones del satélite COBE («Cosmic Background Explorer») sobre la radiación de fondo pusieron de manifiesto la existencia de fluctuaciones en el universo primitivo, lo cual explicaría la distribución irregular de la materia, necesaria para que se produjeran las condensaciones locales que han dado lugar a las estrellas y planetas.

Un artículo de 1994 dedicado a exponer la situación concluía con las siguientes palabras: Ignoramos por qué hubo una gran explosión o qué pudo haber antes. No sabemos si nuestro universo tiene parientes –otras regiones en expansión muy alejadas. No entendemos por qué las constantes fundamentales de la naturaleza tienen los valores que tienen. La teoría de la gran explosión está respaldada por abundantes indicios: explica la radiación cósmica de fondo, la concentración de elementos ligeros y la expansión de Hubble. Por tanto, es seguro que cualquier nueva cosmología incluirá el modelo de la gran explosión2.
El origen de la vida.

Se calcula que la edad de la Tierra es de unos 4.500 millones de años. Los fósiles más antiguos se remontan a unos 3.800 millones de años. Se supone que los vivientes primitivos surgieron en el intervalo entre esas dos fechas.

Existen varias teorías sobre el origen de la vida en la Tierra. Una de las primeras fue la propuesta por Alexander Oparin en 1922: la vida habría surgido en el agua de los océanos. Oparin amplió posteriormente sus explicaciones que se encuentran relacionadas con los coacervados y estimuló. En un famoso experimento realizado en 1953 en Chicago, Stanley Miller simuló las condiciones de la atmósfera primitiva (amoníaco, metano, hidrógeno y vapor de agua, activados por descargas eléctricas) y obtuvo algunos aminoácidos, que son los ladrillos con que se construyen las proteínas. Sin embargo, las dificultades siguen siendo grandes. La vida que existe ahora en la Tierra se basa en la interacción mutua entre ácidos nucleicos (DNA y RNA) y proteínas; pero los ácidos nucleicos son necesarios para fabricar proteínas, y viceversa. Además, esas macromoléculas poseen una enorme complejidad, lo que hace difícil pensar que se originasen de modo espontáneo.

A finales de la década de 1960, Carl R. Woese, Francis Crick y Leslie E. Orgel propusieron lo que ahora se conoce como teoría del «mundo del RNA», según la cual la vida primitiva se basaba en el RNA3. Se supone que este ácido nucleico poseía dos propiedades de las que ahora carece: se podría autorreplicar sin necesidad de proteínas, y podría catalizar la síntesis de proteínas. Se han obtenido datos que avalan esa hipótesis, tal como la existencia de ribozimas o enzimas hechas de RNA, pero existen dificultades: no se sabe cómo se replicaba el RNA en la ausencia de proteínas, y queda por explicar la formación del RNA mismo, que posee una gran complejidad.

La propuesta más radical es la de A. Graham Cairns-Smith, quien propuso que el primer sistema con capacidad de replicarse era inorgánico y se basaba sobre cristales de arcilla4. Otra propuesta sitúa el origen de la vida en fuentes hidrotermales en los fondos marinos.

Juan Oró, Fred Hoyle y Chandra Wickramansinghe han vuelto a proponer la antigua idea de la panspermia: existiría vida, o compuestos precursores de la vida, en otras regiones del espacio, y habrían llegado a la Tierra, por ejemplo por medio de choques de meteoritos. En ese caso, quedaría sin explicar cómo ha surgido la vida en otras partes del espacio.

Christian de Duve, premio Nobel por sus trabajos sobre la célula, opina que, dadas las características del mundo físico-químico en el que vivimos, la aparición de la vida mediante procesos naturales era inevitable.
El origen de las especies.

Darwin propuso en 1859 que la selección natural, que actuaría sobre variaciones hereditarias, es el principal motor de la evolución, pero nada sabía sobre la naturaleza de esas variaciones. A partir de los trabajos de Gregor Mendel, publicados en 1866 y redescubiertos en 1900, la genética se convirtió en parte esencial de la teoría evolutiva. La incorporación de la genética al darwinismo condujo, en 1940, a la formulación del neo-darwinismo o «teoría sintética» de la evolución, que sigue considerando que la selección natural es el factor principal de la evolución.

Una objeción típica al neodarwinismo es que no explica la «macroevolución», o sea, el origen de nuevas especies o tipos de vivientes. El darwinismo insiste en el gradualismo y afirma que los grandes cambios son el resultado de la acumulación de muchos cambios pequeños.

Stephen Jay Gould y Niles Eldredge, sostienen que la evolución no es gradual, sino que funciona a saltos: existirían grandes períodos de estabilidad interrumpidos por intervalos muy breves en los que tendrían lugar cambios evolutivos grandes y bruscos. Gould y Eldredge afirman que su teoría está de acuerdo con las grandes discontinuidades que manifiesta el registro fósil, en el que no se encuentran eslabones intermedios. El equilibrio puntuado de Gould y Eldredge propone explicaciones que no son darwinistas pero son evolucionistas.

La teoría del «neutralismo» de Motoo Kimura, propuso su teoría a partir de 19675 afirma que la mayoría de las mutaciones genéticas que proporcionan el material para la evolución no tienen nada que ver con ventajas ni desventajas, y que, por tanto, la selección natural no ocupa el lugar principal que le atribuyen los darwinistas: los cambios evolutivos se deberían a la «deriva genética» de mutaciones genéticas que serían equivalentes desde el punto de vista de la selección natural.

Es interesante mencionar, en este contexto, la importancia de la «duplicación génica», o sea, la existencia de copias de un mismo gen. Esto permite que los genes «liberados» estén disponibles para experimentar cambios que pueden resultar importantes en nuevas circunstancias futuras.
El origen del hombre.

Desde la publicación de la teoría de Darwin, la atención se centró, sobre todo, en la explicación biológica del origen del hombre. Comenzó la búsqueda de eslabones intermedios entre el hombre y otros primates, que ha conducido a la clasificación habitual de los precursores del hombre: los australopitecos africanos (entre 4,5 y 2 millones de años), seguidos del homo habilis (desde 2,3 a 1,5 millones de años), el homo erectus (se habla también de homo ergaster, entre 2 y 1 millones de años, en África, y de homo erectus en Asia), y las diversas variedades de homo sapiens.

De acuerdo con la biología molecular, el supuesto antecesor común de chimpancés y humanos se situaría entre hace 5 y 6 millones de años, mucho más recientemente de la estimación anterior que se remontaba a unos 20 millones de años. Se estima probable que el linaje de ese antecesor común ya se había separado del de los gorilas6.

El origen del hombre ha tenido especial resonancia mediante el estudio del DNA mitocondrial, que se transmite por vía materna. Según algunos biólogos moleculares, todos los seres humanos actuales descienden de una mujer que vivió entre hace 100.000 y 200.000 años en África y que ha recibido el significativo título de «Eva mitocondrial».

El modelo de «continuidad regional» sostiene que la especie, muy primitiva, H. erectus (incluido H. ergaster) no es más que una variante antigua de H. sapiens; defiende, además, que en los últimos dos millones de años de historia de nuestra estirpe se produjo una corriente de poblaciones entrelazadas de esta especie que evolucionaron en todas las regiones del Viejo Mundo, cada una de las cuales se adaptó a las condiciones locales, aunque todas se hallaban firmemente vinculadas entre sí por intercambio genético.

En cambio, el modelo del «origen africano reciente» sostiene que, hace unos 100.000 años, un nuevo tipo de ser humano, originado en África, habría sustituido completamente a las especies anteriores: El modelo alternativo, que encaja mucho mejor con lo que conocemos del proceso evolutivo en general, propone que todas las poblaciones humanas modernas descienden de una misma población ancestral que surgió hace entre 150.000 y 100.000 años. En cuanto a la época más reciente, parece que, desde hace unos 30.000 años, sólo permaneció el hombre moderno actual, aunque coexistiera, durante miles de años, con otros tipos humanos ancestrales (como el hombre de Neanderthal). No existe unanimidad sobre el origen de los diferentes grupos humanos que existen en la actualidad.

http://www.monografias.com/trabajos34/origen-universo/origen-universo.shtml

http://www.maslibertad.net/religion/ideario/elorigen.htm

Aristóteles, Física, II, 8, 198 b 23-32 (edición de Guillermo R. de Echandía, Gredos, Madrid 1995, pp. 162-163).

Ver los cuatro artículos que se presentan bajo el título: “Informe especial: revolución en la cosmología”, Investigación y ciencia, nº 270, marzo 1999, pp. 7-37.

Cfr. John Horgan, “Tendencias en evolución. En el principio…”, Investigación y ciencia, nº 175, abril 1991, pp. 80-90.

G. Ledyard Stebbins y Francisco J. Ayala, “La evolución del darwinismo”, Investigación y ciencia, nº 108, septiembre 1985, p. 49.

Cfr. Stuart A. Kauffman, The Origins of Order. Self-Organisation and Selection in Evolution, Oxford University Press, New York 1993.

Allan C. Wilson y Rebecca L. Cann, “Origen africano reciente de los humanos”, Invstigación y ciencia, nº 189, junio 1992, pp. 8-13.

Alan G. Thorne y Milford H. Wolpoff, “Evolución multirregional de los humanos”, Investigación y ciencia, nº 189, junio 1992, pp. 14-20.

Ian Tattersall. “De África ¿una… y otra vez?”, Investigación y ciencia, nº 249, junio 1997, p. 28.

1 Los temas: el origen del universo, de la vida, de las especies y el hombre es tomado del texto: encuentra. com, ttp://encuentra.com/evolucionismo_/evolucion_fe_y_teologia10184/ y resumido por Adler A. Dionisio Vara.


2 P. James E. Peebles, David N. Schramm, Edwin L. Turner y Richard G. Kron, “Evolución del universo”, Investigación y ciencia, nº 219, diciembre 1994, p. 19.

3 Leslie E. Orgel, “Origen de la vida sobre la Tierra”, Investigación y ciencia, nº 219, diciembre 1994, pp. 46-53.

4 A. G. Cairns-Smith, “Los primeros organismos”, Investigación y ciencia, nº 108, septiembre 1985, pp. 54-67.

5 Motoo Kimura, “Teoría neutralista de la evolución molecular”, Investigación y ciencia, nº 40, enero 1980, pp. 46-55.

6 Meave Leakey y Alan Walker, “Antiguos fósiles de homínidos en África”, Investigación y ciencia, nº 251, agosto 1997, p. 75.

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