Una evaluación del Movimiento Evangélico de Ex-Gays basado en




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Verdaderamente, ¿hay personas ex-gays?

Una evaluación del Movimiento Evangélico de Ex-Gays basado en

la experiencia del autor como ex-gay1 y los testimonios de los dirigentes del movimiento ex-gay

por Stephen Parelli, ThB, MDiv

Director Ejecutivo, Otras Ovejas
Corrían lágrimas por mis mejillas cuando caminaba a ese encuentro. Por vez primera en mi vida creía que había encontrado a quien me ayudaría lidiar con mis sentimientos homosexuales. Llegué muy puntualmente a esa primera de las tres reuniones obligatorias para el ingreso al grupo de autoayuda de gays y lesbianas para dejar de ser homosexuales. Cuando finalizó esa primera reunión el coordinador me eximió de asistir a las otras dos pues estaba aceptado. ¿Por qué me eximió? Desde hacía años yo practicaba la norma de disciplina espiritual que ese coordinador aplicaba, quien, por lo tanto, consideró que estaba más que calificado espiritualmente.2 Nada sorprendente ya que, después de todo, era un pastor bautista al inicio de sus cuarenta años.

Además de las reuniones con el grupo de ex-gay, tuve sesiones telefónicas con el terapeuta Joseph Nicolosi3 durante nueve meses (Nicolosi estaba en California y yo estaba en Nueva Jersey).4 Nicolosi es uno de los fundadores de la discutida Asociación Nacional de Investigación y Terapia de la Homosexualidad (National Association for Research & Therapy of Homosexuality, NARTH). 5 Siguiendo su consejo, me vinculé e hice miembro de New Warriors (Nuevo Guerreros), una organización internacional heterosexual que guía y reúne grupos de varones en la aplicación de métodos terapéuticos dinámicos para sanar heridas emocionales.6 En dos oportunidades asistí una conferencia regional en el nordeste de EEUU de Exodus (una organización internacional ex-gay). Casi diariamente y durante horas, me reuní con pacientes de Joseph Nicolosi. Hice amistades nuevas con los pastores de la zona, a tres de los cuales revelé la lucha con mis impulsos homosexuales.7 Me entrené diariamente en el gimnasio, muchas veces hasta dos veces al día, y tomé lecciones de tenis.8 Y por si esto fuera poco, leí, medité y apliqué todo el material ex-gay que podía obtener.
"Llegarás a ser el muchacho estrella de la terapia reparadora y los ministerios ex-gay", decía mi terapeuta. Al contrario, nueve años después me pregunto, "puede uno realmente dejar de ser homosexual" y respondo, "creo que no".
A continuación manifiesto mi evaluación personal del ministerio evangélico ex-gay tal como lo experimenté y llegué a comprenderlo. En total, formulo ocho observaciones.
Primero, las raíces de los ministerios ex-gays son las normas culturales tradicionales más que la exégesis bíblica auténtica y las ciencias sociales actuales.
A mediados de la década de 1970, los ministerios evangélicos ex-gay fueron la reacción refleja de las personas de fe religiosa a la explosión de la cultura gay en la sociedad anglosajona norteamericana. El movimiento y los ministerios ex-gay fueron presentados como la misión de rescate para salvar homosexuales ignorando o desconociendo dos áreas esenciales: (a) la exégesis bíblica9 y (b) la psicología y la sociología de la homosexualidad. Faltos de una auténtica exégesis, los ministerios ex-gay citaron desatinadamente cualesquiera texto bíblico que apoyase sus puntos de vista. Y en lugar de considerar la investigación sociológica actual, reprodujeron mitos y estereotipos vulgares sobre las personas gays.10
Segundo, su uso de la psicología es selectivo e irónicamente domina demasiado en un movimiento religioso que rechaza las tesis modernas sobre la homosexualidad.
En contraste al uso simplista de los textos bíblicos como Génesis 19, para establecer y sostener su razón de ser y promoverse a sí mismo como medio para "cambiar" y "curar", el movimiento depende y está íntimamente relacionado con la difusión de los principios de la terapia reparadora a través de conferencias, folletos y entusiastas colaboradores como James Dobson (un líder evangélico en los EEUU de mucha influencia). Su uso distorsionado de la psicología asociado a una exégesis inaceptable de los textos bíblicos manifiesta los prejuicios culturales del movimiento. El uso acrítico de la Escritura por el movimiento en tanto que al mismo tiempo exponen detalladamente los elementos de la terapia reparadora o de conversión demuestran una hipocresía religiosa, sobre todo cuando los evangélicos se enorgullecen de sus exégesis como estudiosos de la Biblia.
Tercero, en tanto que, públicamente, el movimiento promete "cambio" y "cura", sus dirigentes admiten, fácilmente, que estos cambios son sólo de la conducta externa.

El movimiento ex-gay desencamina a las personas inexpertas con las palabras y frases gráficas tales como "ex-gay", "cambio", “cura” y "salir de la homosexualidad". El movimiento promueve esta imagen de "cambio" en las cubiertas de sus libros, circulares y comunicados. Sin embargo, el examen detallado de las publicaciones del movimiento revela matices en los significados. "Cambio" y "cura" hacen referencia a la conducta y estilo de vida, jamás a la orientación sexual. "Salir de la homosexualidad" es entrar a una tierra sexual deshabitada, no a la heterosexualidad. Y "ex-gay" es un proceso vitalicio más que un cambio radical en el núcleo interno.11

En su mayoría, los testimonios de "cambio" de ex-gay caen en una de dos categorías. Algunos de esos testimonios informan tan indiferentemente sobre sus preferencias homosexuales antes del cambio que, sin duda, su orientación está en el punto medio de la escala de Kinsey e inclinada, más bien, al extremo heterosexual del continuo.12 El "cambio" experimentado por estos ex-gays radica en la opción por su orientación heterosexual dominante sobre su menos dominante orientación homosexual.
En contraste a estos aspectos de la primera categoría, la mayoría de los ex-gays dan testimonio de "cambios" en la conducta o el estilo de vida, no de un cambio en su orientación homosexual. Y el hecho en cuestión es este: Los dirigentes del movimiento insisten repetidamente, en sus escritos y conferencias, que "cambio" es un proceso de toda la vida y que, incluso casado, el ex-gay sentirá, una y otra vez, fuertes deseos por relaciones homosexuales.13
Cuarto, el movimiento afirma un punto de vista estereotipado de los roles de género varón/mujer y considera que la homosexualidad es, en parte, el resultado del fracaso individual para adoptar el propio género.
El énfasis del movimiento ex-gay en la terapia reparadora y en los roles de género varón/mujer tradicionales14 cierran la posibilidad de preguntar "¿Quién vino primero, el huevo o la gallina?". Según el movimiento ex-gay, el muchacho que fracasa en adoptar los rasgos e intereses masculinos aceptados está rechazando su masculinidad y fracasará, por su propia falta y por defecto, en los vínculos con sus pares y los modelos de rol masculino. A su vez, debido a la falta de conexión masculina, erotizará homosexualmente ese deseo por el varón durante su adolescencia, lo que lo llevará a actos homosexuales.
Este esquema teórico del muchacho que rechaza la masculinidad y la sociedad masculina deja de preguntar lo obvio: ¿Fue el muchacho quien rechazó la definición culturalmente "correcta" de masculinidad de la sociedad o fue la sociedad la que rechazó al muchacho por su estilo de masculinidad culturalmente "incorrecto"? En otras palabras, ¿el muchacho rechazó la masculinidad prescrita por la sociedad eligiendo lo que la sociedad consideraba inapropiado?, o ¿el muchacho sólo siguió sus intereses aunque eran antagónicos a las normas prescritas por la sociedad? El movimiento ex-gay opta por la primera sin considerar la segunda. El movimiento jamás hace la más obvia de las preguntas, "¿Quién rechaza a quién?" Quizá sean los intereses "poco masculinos" del muchacho los que provocan la intolerancia de la sociedad y su rechazo.15
Este es el punto y cualquiera puede observar los datos: (1) el muchacho y sus intereses y emprendimientos "poco masculinos"; (2) los roles de género prescritos por la sociedad; y (3) el muchacho en un lugar fuera del círculo de la aprobación social. No obstante, cuando interpretamos los datos debemos tener en cuenta sus premisas y tendencias para que las conclusiones sean consistentes. El movimiento evangélico ex-gay nos ha informado cuáles son sus tendencias.16 No es de sorprender, entonces, que la interpretación que hace el movimiento ex-gay de esos datos indique que la homosexualidad se desarrolla, en parte, debido al rechazo de la masculinidad y de los roles de género masculinos. Por otra parte, los datos podrían fácilmente interpretarse que las normas de la sociedad son rígidas e implacables, manteniendo sus roles de género masculino/femenino como absolutos y que el muchacho no rechazó la masculinidad ni los modelos de rol masculino sino que la sociedad intolerante e ignorante no lo perdonó y lo rechazó y marginó. El movimiento ex-gay deja de explorar esta interpretación alternativa.


Quinto, la honestidad de los integrantes, a menudo, está ausente en la dinámica de los encuentros de ex-gay.
Recuerdo cuán sorprendido me sentí cuando, en los encuentros semanales del grupo de ex-gay en New Jersey, caí en la cuenta que sus miembros ocultaban sus recaídas.17 Había convenido encontrarme con un integrante del grupo una hora antes de la reunión quien llegó casi media hora tarde. Estaba abrumado de culpa pues había estado buscando sexo. Me lo confesó con lágrimas en los ojos preguntándome si Dios podría llegar a aceptarlo algún día.
Durante el encuentro de esa tarde, el coordinador del grupo preguntó si alguno había tenido recaídas en la semana. Estaba seguro que mi amigo respondería. No dijo nada, ni una sola palabra. Esa tarde advertí que las expectativas "religiosas" del movimiento ex-gay predominaban sobre las realidades y honestidad de los individuos presentes pues compartir las recaídas era admitir la derrota o el fracaso espiritual. Aún así, se suponía que era un lugar seguro para ser honesto. Mi experiencia fue muy distinta.
Tras encontrarme con José, quien sería mi pareja, y acompañarlo a los grupos de autoayuda seculares a los que asistía, experimenté por vez primera honestidad entre los integrantes de un grupo.18 José asistía a grupos de los doce pasos vinculados al sexo en Manhattan, procurando manejar adecuadamente su conflicto. También asistía al grupo evangélico ex-gay buscando una perspectiva cristiana de recuperación. Pronto supe porque prefería los grupos seculares. En ellos había honestidad y seguridad porque no se permitían comentarios, ni a favor ni en contra de lo que uno dijera.19 La honestidad y la franqueza que presencié en los grupos seculares y la energía positiva que irradiaba, subrayaban la ineptitud e inoperancia del intercambio silencioso de los integrantes de los grupos evangélicos ex-gay a los que estaba asistiendo.

Sexto, el movimiento ex-gay evangélico proclama éxitos carentes de sustento. 20
"Durante años presenciamos la transformación de muchas vidas y participamos del entusiasmo de infinidad de personas que lograron la victoria y ganaron una nueva libertad. Creemos que Jesucristo fue quien curó y realizó los milagros y vimos muchos de esos milagros de cambio entre nosotros". ¿Tremenda afirmación, no?
HOPE, el grupo de apoyo ex-gay de la Iglesia Bautista Calvary de Manhattan en la ciudad de Nueva York, hace esta proclama en su sitio.21 Pero ninguno de los elementos del sitio sustenta esa afirmación. Asistí a ese grupo con mi pareja José durante ocho meses en 1997, dos años y medio después de su formación. Jamás su dirigente nos presentó o contó de alguien que hubiese participado y fuese ejemplo de "cambio entre nosotros".
Años más tarde, por el contrario, encontré en un bar gay a alguien que asistía a las reuniones de ex-gay de HOPE que dijo que no asistiría más al grupo. En otra oportunidad, también en un bar gay, topé con un integrante de HOPE que me contó que necesitaba la compañía de personas gay. Otro integrante casado de HOPE me informó que estaba en proceso de divorcio. Un cuarto integrante de HOPE me manifestó sus vacilaciones entre aceptar su homosexualidad o casarse con una mujer para resolver su soledad. Por cierto, estas son inconcluyentes a los fines de la efectividad de HOPE pues hace tres años que perdimos contacto con estas personas y carecemos de experiencia con la mayoría de quienes recurrieron a HOPE desde 1993 hasta el presente, 2006. Nuestro testimonio es fragmentario y carente de método científico. Y ahí esta el punto. ¿Ha comprobado HOPE debidamente sus "milagros" y "cambios"? De acuerdo a su sitio, aún no. El sitio no reporta ningunos datos que comprueban sus afirmaciones. José y yo jamás participamos de ninguna investigación promovida por HOPE. Como ya dijimos, tampoco quien dirigía al grupo nos informó de algún integrante que fuese ejemplo de "cambio".22
Recuerdo al docente y amigo personal que, cuando di a conocer mi orientación homosexual, me informó, con afectuosa preocupación, que le habían dicho que un cristiano homosexual había sido "curado" inmediatamente por un ministerio carismático. Dudé de su información y dejé su oficina preguntándome por qué carecíamos de otros datos sobre esa persona que los que había dado días después de la que era llamada su liberación: ¿quién era, dónde vivía, cómo sabía que había cambiado, de qué modo había cambiado, cuál era la prueba, continúa cambiado?23
¿Cuál es la prueba del cambio? Tres años de abstinencia sexual. ¿Qué le parece? A fines de la década de 1990, asistí a una conferencia regional en el estado de Massachusetts de ex-gays de Exodus. Los organizadores de la conferencia anunciaron la oportunidad de tomar una foto de todos los "ex-gays" que habían sido "sanados". La fotografía del grupo sería colocado en los más importantes diarios de Estados Unidos como una "vitrina" de individuos que habían sido "liberados" de la homosexualidad. El único criterio para estar en la foto era que los participantes tenían que tener tres años sin cualquier tipo de actividad sexual con otra persona del mismo sexo. Eso fue todo. Nuevamente me pregunté: ¿porqué tres años?, ¿por qué no cuatro o dos? ¿Es la abstinencia la prueba de fuego? ¿Qué es la prueba decisiva? ¿No debiera ser un cambio en la orientación sexual? ¿"Ser liberado" de la homosexualidad no debe significar ser heterosexual?, esto es, ¿ser tan atraído por las mujeres como lo era por los varones? Pero la prueba era la abstinencia. Me fue imposible advertir "auténtica publicidad" en promocionar la fotografía de este grupo como "liberados" de la homosexualidad.24
Séptimo, un "realineamiento de la voluntad"25 y la práctica regular de la oración, la lectura de la Biblia, la asistencia al culto,26 la responsabilidad ante otros27 y más28 son tareas esenciales a observar religiosamente en el proceso inacabable de la superación.
Tras aprender en las reuniones de los grupos ex-gay que la respuesta básica para resolver la identidad homosexual estaba en las elecciones personales diarias surgidas en la relación con Jesucristo, me di cuenta que lo había estado haciendo durante treinta años de todo corazón sin ningún resultado.
Caminar con Jesús es, en esencia, lo que significa ser evangélico.29 Los grupos ex-gay evangélicos han llegado a ser una experiencia de la derecha religiosa norteamericana para probar que el cristianismo, según lo definen los evangélicos, sí funciona.30 Y, en lugar de ajustar su punto de vista bíblico que los actos homosexuales son pecados,31 la comunidad evangélica se convirtió en una celosa propulsora de la idea que "vivir en Cristo" es la respuesta a la homosexualidad.
Yo, durante mi adolescencia, influido por la piedad evangélica y, aunque parezca extraño, impulsado por mis deseos homosexuales, implementé dos horas de meditación devocional.32 Este enfoque en el "otro mundo" fue todo lo que pude hallar para satisfacer mis necesidades en el mundo real. Era un adolescente homosexual que necesitaba un amigo que lo escuchase, entendiese y ayudase. Hay que tomar en cuenta que era a fines de la década de 1960. ¿A quién, sino a Jesús, podía recurrir?
Mi teología calvinista estaba asociada a mi fe evangélica adolescente. Había aprendido bien que “una vez salvo, siempre salvo” y que "nada podía separarme del amor de Cristo", ni siquiera mis impulsos y actos homosexuales.33
De ese modo, encapsulado en ese amor incondicional como un adolescente cristiano evangélico gay de los últimos años de la década de 1960, que carecía con quien hablar sobre su orientación homosexual, hice lo obvio, uniendo mi fe evangélica y mi teología calvinista a mis "tentaciones" homosexuales para otorgarles sentido, como lo haría el movimiento ex-gay aún por conocer. Mi "vida en Cristo" evangélica probaría ser la respuesta, pensaba, de manera que apliqué mi fe a todos los aspectos de mi vida durante los siguientes treinta años.
No obstante, mis treinta años de "vida en Cristo" terminaron en un fracaso total. Descubrí que tenía una necesidad que Cristo no podría satisfacer personalmente. Incapaz de articularlo en ese momento, había advertido inconscientemente que Cristo me había creado con necesidades de relación humana que nunca fue su intención satisfacer personalmente sino mediante otros medios. Durante tres años, me levanté diariamente con el alma deshecha e inmediatamente dejaba mi casa calladamente a emprender mi caminata de oración. Cualesquiera fuesen mis pensamientos y meditaciones, repetía continuamente, entre incesantes lágrimas, esta oración: "¡Señor, envíame brazos masculinos amorosos que me abrasen. ¡No puedo esperar hasta el día que te vea, Jesús, y tu me abrases!" Necesitaba el toque físico masculino no sexual que ni siquiera la presencia espiritual de Jesús alcanzaba a cumplir.
Ningún cristiano heterosexual propugna una teología de la "vida en Cristo" que signifique unilateralmente un celibato universal para todos los heterosexuales. Aún así, es el cristiano heterosexual que rechaza el examen de las Escrituras a la luz contemporánea, quien difunde la falacia de que la "vida en Cristo" es lo único que necesita el homosexual soltero para una vida plena y satisfactoria. Mis treinta años de experiencia evangélica "en Cristo" me probaron todo lo contrario.
Recuerdo la charla, a mediados de la década de 1990, de una lesbiana cristiana "ex-gay" en la conferencia regional del nordeste de Exodus sobre la negación de sí mismo hallado en unos de los textos en la Carta a los Romanos con una exégesis admirable. Era una oradora tan formidable como si fuese la conferencista de un seminario bíblico. Pero cuando escuchaba me aturdió advertir que no había un concepto que ella había descubierto que yo no había escuchado y aplicado por más de veinte años desde mis días en el seminario. En tanto no dudaba de su sinceridad, determinación o su teología de "morir en Cristo", cuestionaba su testimonio personal en este sentido: ¿Cuál sería su propuesta dentro de treinta años? Percibía que su experiencia "en Cristo" como nueva "ex-gay" estaba siendo planteada a nosotros prematuramente como modelo o norma. Existe, frecuentemente, un mundo de diferencia entre la creencia y la realidad que sólo el tiempo puede probar.
A propósito, tras la entrevista inicial para integrarme a mi primer grupo ex-gay y escuchar mi testimonio que había "caminado con Jesús" durante toda mi vida, el coordinador recomendó, inmediatamente, que iniciase terapia reparadora con el terapeuta Joseph Nicolosi. Ignoro si era la norma común pero fue como un soplo de aire fresco. "Caminar con Jesús" durante treinta años había fracasado en domar mis ansias homosexuales. "Quizá la terapia reparadora pueda hacerlo" pensé, y me aferré a esa esperanza.
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