La enfermería signada de muchas aristas para su desarrollo profesional pretende no solo saberse pilar en las estructuras sanitarias, sino que debe cada día más




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fórmula de mayoría absoluta también comparte para la asignación del cargo la exigencia de más de la mitad de los votos (usualmente sobre los válidos y positivos). Para conseguir este propósito, si ninguno de los partidos políticos o candidatos obtiene una mayoría absoluta en la elección, esta votación es considerada insuficiente (ballotage) y se contempla una segunda competencia o doble vuelta en la que sólo pueden competir los postulantes ubicados en los dos primeros puestos o bien todos aquellos que hayan superado un porcentaje de votos preestablecido. 

Los detalles sobre la forma en que se lleva a cabo la segunda vuelta varían de un caso a otro. El método más común es el de una contienda directa entre los dos candidatos que hayan obtenido la mayor cantidad de votos en la primera ronda; de esta forma, se asegura que, al haber sólo dos contendientes, el ganador obtenga una mayoría absoluta de los votos válidos emitidos en la segunda vuelta.

Un método alternativo, el de pluralidad/mayoría de doble ronda, se utiliza para las elecciones legislativas en Francia, país comúnmente asociado con el sistema de ballotage. En estas elecciones, cualquier candidato que haya recibido en la primera ronda un porcentaje superior a 12.5% de los votos puede contender en la segunda ronda. Luego, el candidato que obtiene el mayor número de votos en la segunda vuelta es declarado electo, sin importar si obtuvo o no una mayoría absoluta.

A diferencia de la doble vuelta directa entre los dos candidatos más votados, esta variante del sistema no es realmente mayoritaria, porque puede haber más de dos candidatos contendiendo en la segunda ronda y no necesariamente el ganador obtendrá la mayoría absoluta.

La fórmula de mayoría absoluta reconoce su antecedente más lejano en las votaciones sucesivas practicadas por la Iglesia católica romana para decidir sus autoridades. Actualmente, es utilizado para elegir las legislaturas nacionales de 23 países y es el método más común a nivel mundial para la elección directa de los presidentes. Lo utilizan Francia y algunos países que fueron sus dependencias territoriales, o que han estado históricamente influenciados por este país.

En lo que concierne a elecciones para cargos legislativos, el sistema de doble vuelta es usado por la República Centro Africana, Congo (Brazaville), Gabón, Malí, Mauritania y Togo en la región del África Subsahariana Francófona; por Egipto, en África del Norte, y por Islas Comoros, Haití, Irán, Kiribati y Vietnam, así como por algunos de las ex repúblicas soviéticas (Azerbaiján, Belarús, Kirguistán, Turkmenistán y Uzbekistán). Otros países como Georgia, Kazajstán y Tayikistán lo aplican para elegir representantes a nivel de distritos uninominales como parte de su sistema electoral mixto.

Entre las ventajas con las que cuenta este sistema de doble vuelta se pueden mencionar, en primer lugar, que le brinda a los electores una segunda oportunidad para votar por el candidato de su preferencia, e incluso de cambiar de opinión entre una ronda y otra.

Además, alienta la integración de intereses diversos en torno a una candidatura exitosa en la primera ronda de cara a la segunda, por lo que fomenta la realización de negociaciones y acuerdos entre partidos y candidatos. Esto le permite a los partidos, y al mismo electorado, el reaccionar frente a los cambios que ocurren en la arena política entre la primera y la segunda ronda de la votación.
Por último, atenúa el problema del voto dividido, situación común en varios sistemas con fórmulas mayoritarias donde dos partidos o candidatos similares se dividen el voto de su electorado común, lo que abre la posibilidad de que triunfe un candidato menos popular. Asimismo, debido a que los electores no tienen que ordenar a los candidatos para expresar su segunda selección, este sistema se adapta mejor a países en donde el analfabetismo es más generalizado que los sistemas que aplican numeración preferencial, como los de voto alternativo o voto único transferible.
Entre sus desventajas, en cambio, se destaca el hecho de que este sistema de doble vuelta ejerce una considerable presión sobre el organismo electoral, en tanto le exige organizar una segunda ronda electoral muy poco tiempo después de la primera, aumentando significativamente tanto el costo global del proceso electoral como el tiempo que transcurre entre la celebración de la elección y la declaración de los resultados. Esto puede provocar inestabilidad e incertidumbre. Asimismo, le impone una carga adicional al elector y, en ocasiones, se registra un marcado descenso de la participación electoral entre la primera y la segunda vuelta.
El sistema de doble vuelta comparte muchas de las desventajas de los sistemas de mayoría simple. Diversos estudios han mostrado que en Francia, se producen los resultados menos proporcionales de las democracias occidentales, y que el sistema tiende a fragmentar los sistemas de partidos en las nuevas democracias.
Por último, uno de los problemas más serios que comporta la aplicación de un sistema de doble vuelta se vincula con sus implicaciones en sociedades profundamente divididas2.

Por su parte, las fórmulas proporcionales tienen como objetivo principal garantizar un reparto equitativo de las bancas entre quienes compiten (por lo que una denominación más apropiada, pero menos familiar, es la de fórmulas distributivas). Este tipo de fórmulas concibe a la representación en los órganos de gobierno colegiados como una muestra o espejo del electorado y, por lo tanto, busca un equilibrio entre los votos obtenidos y los escaños asignados.

Así y todo, para todos los sistemas electorales, en la práctica, un equilibrio perfecto entre ambos es irrealizable y ninguna fórmula proporcional está libre de producir cierta distorsión entre sufragios logrados y bancas distribuidas. 

Existen dos grandes variantes de estas fórmulas: el voto único transferible y la representación proporcional por lista

Los principios fundamentales del sistema de voto único transferible (VUT, por sus siglas, o, en inglés, STV, single transferable vote) fueron inventados de manera independiente en el siglo XIX por Thomas Hare en el Reino Unido y por Carl Andræ, en Dinamarca.

Por mucho tiempo ha sido considerado por expertos en ciencia política como uno de los sistemas electorales más atractivos, aunque su uso para efectos de elecciones legislativas se ha limitado a unos pocos casos, como en la República de Irlanda, desde 1921, Malta, desde 1947, y Estonia, por única vez, en 1990.

También se aplica en Australia para las elecciones de las asambleas legislativas de Tasmania, de la Capital del Territorio y del Senado Federal, y en Irlanda del Norte, para elecciones locales, y fue el sistema adoptado para la Asamblea Ciudadana de Columbia Británica.

Este sistema se aplica a candidaturas individuales en una boleta común y mediante la cual los votantes indican sus preferencias por los postulantes con números sucesivos hasta agotar la cantidad de bancas a elegir en el distrito.  

El procedimiento contempla la existencia de un cociente o cuota necesaria para conseguir un escaño, calculado en función del número total de votos y la cantidad de cargos en juego. En un primer paso, sólo se cuentan las primeras preferencias y el o los candidatos que obtienen tantos sufragios (o más) que esta cuota resulta/n electo/s.  

En segundo lugar, los votos conseguidos por los electos y los que han expresado una sola preferencia se eliminan del cómputo. En una tercera operación, las segundas preferencias de los votos sobrantes de los ya elegidos se distribuyen a los demás candidatos que todavía no lo han sido, los cuales pueden resultar electos si alcanzan el cociente. Y así, el procedimiento se repite hasta completar el reparto de todos los cargos en pugna.  

En caso de que tras alguna de estas operaciones no se produzca la asignación de una banca, el postulante con menos votos es eliminado del cómputo y sus preferencias son transferidas a los demás. A través de este complejo escrutinio, el VUT logra una proporcionalidad entre candidatos, pero no necesariamente entre partidos políticos. 

Entre las ventajas que se le imputan a este sistema de voto único transferible se encuentra el de ser el más sofisticado de todos los sistemas electorales, al permitir optar entre partidos y entre candidatos al interior de los partidos. El resultado final conserva un alto grado de proporcionalidad y el hecho de que en la mayoría de los ejemplos actuales de VUT los distritos plurinominales sean relativamente pequeños significa que se mantiene un vínculo geográfico entre el elector y su representante.

Además, los electores pueden influir en la composición de las coaliciones postelectorales (como ocurrió en la República de Irlanda), y el sistema brinda incentivos para la búsqueda de acuerdos interpartidistas mediante el intercambio recíproco de preferencias. El sistema de VUT también ofrece una mayor oportunidad, si se lo compara con los sistemas de representación proporcional por lista, para elegir a candidatos independientes, ya que los electores pueden optar más entre candidatos que entre partidos3.

Por otro lado, sus detractores critican este sistema porque el voto preferencial es poco conocido en muchas sociedades y demanda, como mínimo, cierto grado de alfabetización y de conocimientos matemáticos.

Del mismo modo, las operaciones requeridas para realizar el conteo son muy complejas, lo que a veces es percibido como un inconveniente4. Este sistema requiere de un re-cálculo continuo de los valores excedentes que han de ser transferidos. En virtud de lo anterior, los votos tienen que ser contados en centros de escrutinio y no directamente en el sitio de la votación.

Cuando la integridad de la elección es un aspecto relevante del proceso electoral, el conteo de los votos en los sitios de votación puede convertirse en una exigencia para asegurar la legitimidad de la votación y, por lo tanto, puede ser necesario seleccionar el sistema electoral de manera consecuente.

Otra de sus desventajas es que este sistema, a diferencia del sistema de representación proporcional por listas, puede generar tendencias hacia la fragmentación al interior de los partidos políticos, ya que sus miembros no sólo compiten por el voto con sus adversarios sino también entre ellos. Esto puede promover, en ocasiones, cierto clientelismo político.

Por último, este sistema puede propiciar que un partido que haya obtenido la mayoría simple de los votos emitidos obtenga menos escaños que sus rivales5.

Sin embargo, muchas de estas críticas han mostrado ser poco problemáticas en la práctica. Las elecciones bajo un sistema de voto único transferible en la República de Irlanda, Malta y Tasmania han tendido a producir gobiernos legítimos y relativamente estables, conformados por uno o dos grandes partidos.

Por su parte, las fórmulas proporcionales por lista (list PR system, en el mundo anglosajón especializado, o RP en español) no suponen la existencia de una boleta común, sino una variedad de boletas separadas correspondientes a distintos partidos políticos con un grupo de postulantes vinculados.

En su acepción más simple, la RP por listas implica que cada partido político presenta una lista de candidatos en cada uno de los distritos electorales pluripersonales o plurinominales. Los electores votan por los partidos y éstos reciben un número de escaños proporcional a su volumen de votación en el distrito electoral. Los candidatos ganadores son tomados de las listas de acuerdo con el orden en el que aparecen anotados.

Dentro de estas fórmulas proporcionales por lista usualmente se diferencian dos grupos: las de resto mayor y las del promedio mayor. La fórmula seleccionada suele tener un efecto marginal, aunque en ocasiones crítico, sobre los resultados de las elecciones bajo un sistema de representación proporcional6.

Las fórmulas de resto mayor se caracterizan porque la distribución de las bancas se realiza en dos etapas: en la primera, se establece una cuota electoral para determinar cuántos votos debe obtener cada lista para obtener un escaño, y, en la segunda, se asignan esas bancas según la cantidad de veces que cada lista alcanza esa cuota.  

En cambio, las de promedio mayor se distinguen porque para la asignación de bancas dividen el número de votos obtenidos por cada lista por una serie de divisores y, luego, distribuyen los cargos según los más altos cocientes resultantes hasta repartir todos los puestos en juego. Las fórmulas de resto mayor son utilizadas menos frecuentemente que las de promedio mayor.

Dentro de cada una existen distintas variantes que deben su denominación al nombre de sus creadores; así, entre las primeras se encuentran la de Hare, la de Hagenbach-Bischoff y la de Imperiali, y en las segundas, la de D’Hondt7 y la de Saint Laguë.  

Históricamente, las fórmulas proporcionales de lista aparecieron con posterioridad a las mayoritarias, alentadas por la emergencia de una concepción de la representación basada en la organización colectiva o en el grupo de pertenencia antes que en un determinado territorio, propia de electorados más complejos y movilizados.  

En los albores del siglo XX, en la Europa continental, la adopción de la proporcionalidad como principio de adjudicación de las bancas parlamentarias se convirtió en uno de los principales reclamos de los flamantes y vigorosos partidos políticos de la clase trabajadora: los sistemas mayoritarios con doble vuelta, heredados del régime censitaire, constituían barreras casi infranqueables para el ingreso de estas organizaciones en las asambleas representativas nacionales. Esta reivindicación adquirió todavía más fuerza allí donde existían sociedades divididas en el plano lingüístico y religioso.

En el presente, las fórmulas de representación proporcional con voto por listas partidarias son las más difundidas en todo el mundo; por ejemplo, están presentes en casi toda Europa (por ejemplo, en Bélgica, España, Holanda y Suecia) y en un importante número de países de América Latina (entre ellos, Argentina, Costa Rica y Uruguay). 

Una de las ventajas que se le atribuye generalmente a los sistemas de representación proporcional por listas es que hacen más probable la elección de representantes de grupos o culturas minoritarias. Cuando el comportamiento electoral se da conforme a las divisiones sociales y culturales de la sociedad, los sistemas de listas ayudan a asegurar que, a nivel legislativo, se incluyan tanto a miembros de los grupos mayoritarios como de los minoritarios8. Esto se debe a que los partidos pueden ser incentivados por el sistema a integrar listas balanceadas de candidatos capaces de atraer el interés del más amplio espectro de electores.

Del mismo modo, este sistema de representación proporcional por listas hace más probable la elección de mujeres y es mucho más accesible para ellas que los sistemas mayoritarios. En esencia, los partidos están en condiciones de utilizar las listas para promover el ascenso de las mujeres9 en el plano político y proporcionar a los electores la posibilidad de elegirlas como representantes, al mismo tiempo que pueden seguir basando su selección sobre asuntos políticos distintos al de género.

En cuanto a sus desventajas, se pueden considerar las siguientes como las más conocidas, a saber:

● Una débil vinculación entre los legisladores elegidos y su base electoral. Cuando se aplica el sistema de RP por listas y los escaños son adjudicados en un sólo distrito a nivel nacional (Namibia o Israel), el sistema es objeto de críticas por destruir los vínculos entre los electores y sus representantes. Cuando las listas son cerradas, los electores no tienen la oportunidad de determinar la identidad de las personas que los van a representar, no existe un representante claramente identificado con su distrito, ciudad o localidad y, por lo tanto, tampoco tienen la posibilidad de rechazarlo cuando consideran que no está ejerciendo su cargo de manera adecuada.

● Más aún, en algunos países en desarrollo en los cuales la sociedad está compuesta principalmente por población rural, la identificación de los electores con su región o zona de residencia es considerablemente más fuerte que su identificación con cualquier grupo o partido político. Estas críticas, sin embargo, pueden estar más relacionadas con las distinciones que se pueden establecer entre sistemas en que los electores votan por partidos y los sistemas en que votan por candidatos.

● Otra crítica se refiere a la excesiva concentración del poder en manos de los dirigentes nacionales del partido, especialmente en sistemas de listas cerradas. La posición de un candidato en las listas de partido y, por lo tanto, sus expectativas de éxito, dependen de los términos de su relación con los jefes del partido, no con el electorado, que pasa a ocupar un lugar de segunda importancia.

● Por último, la necesidad de que existan ciertos partidos o grupos políticos. Esto hace particularmente difícil aplicar un sistema de representación proporcional por listas en sociedades que no cuentan con partidos, o bien en aquellas otras sociedades en las que los grupos cuentan con estructuras muy débiles o embrionarias, como ocurre en muchos de los pequeños países del Pacífico.

En último término, también se deben mencionar las fórmulas mixtas y sus consiguientes modalidades.

Las fórmulas mixtas tratan de combinar los atributos positivos de los sistemas mayoritarios y de los sistemas de representación proporcional. En un sistema mixto, coexisten dos sistemas electorales que utilizan fórmulas diferentes. Los electores votan y contribuyen a la elección de los representantes bajo ambos sistemas. Uno de ellos es el sistema de mayoría, generalmente un sistema de distrito uninominal, y el otro es uno de representación proporcional por listas.

Por su parte, existen dos modalidades de sistemas mixtos. Cuando los resultados de los dos tipos de elección están vinculados, la asignación de escaños a nivel de representación proporcional depende de lo que suceda con los escaños de los distritos de mayoría y sirve para compensar cualquier desproporción que ocurra con éstos, al sistema se le conoce como representación proporcional personalizada (RPP).

Cuando los dos componentes se aplican por separado y no guardan ninguna relación para efectos de la adjudicación de escaños, se denomina un sistema paralelo (SP). Mientras que el primero (RPP) generalmente produce resultados proporcionales, es probable que el segundo (SP) produzca resultados en los que el grado de proporcionalidad se ubique en algún punto entre un sistema de mayoría y uno de representación proporcional.

Bajo los sistemas de representación proporcional personalizada, los escaños de RP sirven para compensar cualquier desproporcionalidad producida por los resultados en distritos uninominales10.

El sistema de representación proporcional personalizada es utilizado en Albania, Alemania, Bolivia, Hungría, Lesotho, México, Nueva Zelanda y Venezuela. Salvo en Hungría, en todos los otros países los escaños a nivel uninominal son asignados por el principio de mayoría simple.

Hungría utiliza el sistema de doble ronda. En Venezuela, hay 100 escaños de mayoría simple o relativa, mientras que el resto son escaños de RP mediante listas nacionales y escaños compensatorios. En México, hay 200 escaños de RP para compensar los desequilibrios en los resultados de los 300 distritos uninominales, que generalmente son altos. El sistema electoral aplicado en Lesotho, después de que superó su situación de conflictos internos, comprende 80 escaños de mayoría y 40 compensatorios.

Aunque los sistemas de RPP están diseñados para producir resultados proporcionales, es posible que la desproporción en los distritos uninominales sea tan alta que los escaños de RP no la puedan compensar totalmente. Es más probable que esto suceda cuando los distritos se conforman a nivel regional o provincial y no a nivel nacional. Para enfrentar esta situación, se puede lograr una mayor proporcionalidad si se incrementa ligeramente el tamaño de la legislatura: a los escaños adicionales que se crean para estos efectos se les denomina mandatos excedentes o Überhangsmandaten11.

Entre sus ventajas, al tiempo que conserva los beneficios de proporcionalidad característicos de los sistemas de representación proporcional, un sistema de RPP también asegura que los representantes elegidos estén vinculados con determinados distritos geográficos. Sin embargo, cuando los electores disponen de dos votos (uno para la lista de partido y otro para su representante local) no siempre comprenden que el voto para el representante local es menos importante que el otro para determinar la distribución global de escaños a nivel legislativo.

Además, el sistema de RPP puede crear dos clases de legisladores: uno, responsable y comprometido ante el electorado de una determinada demarcación, y otro, sin nexos geográficos específicos, comprometido con la dirigencia partidista. Esto puede tener implicaciones para la cohesión de los diferentes grupos de representantes elegidos por un partido.

Por su parte, los sistemas paralelos también utilizan tanto componentes de los sistemas de representación proporcional como de los de mayoría, aunque, a diferencia de los sistemas de RPP, el componente de RP no compensa ninguna desproporcionalidad de los distritos de mayoría.

En un sistema paralelo12, igual que en uno de RPP, cada elector puede recibir una sola papeleta, en la que puede emitir su voto tanto para un candidato como para su partido (como ocurre en Corea del Sur), o dos papeletas distintas, una para votar por el escaño de mayoría y otra para los escaños de RP (como sucede, por ejemplo, en Japón, Lituania y Tailandia).

En cuanto a sus ventajas, en términos del grado de proporcionalidad, los sistemas paralelos usualmente arrojan resultados que se ubican en un punto medio entre los sistemas puros de mayoría y los de representación proporcional. Una ventaja es que, cuando hay suficientes escaños de RP, los partidos pequeños que no han tenido mucho éxito en las elecciones por mayoría pueden verse compensados en la distribución de escaños de RP. Además, en teoría, un sistema paralelo debe fragmentar menos un sistema de partidos que un sistema puro de RP.

Por su parte, en lo que se refiere a las desventajas, como ocurre con los sistemas de RPP, es probable que se creen dos clases de representantes. Además, los sistemas paralelos no aseguran ningún tipo de proporcionalidad global y algunos partidos pueden verse privados de representación a pesar de haber captado un buen número de votos. Los sistemas paralelos también pueden ser un tanto complejos y crear confusión entre los electores acerca de su naturaleza y operación.

Barrera o Umbral de exclusión (Piso Electoral)

Todos los sistemas electorales tienen umbrales de representación, esto es, un nivel mínimo de apoyo que el partido necesita para obtener representación.

La barrera, piso o umbral electoral, es un número mínimo de votos establecido para que un candidato o partido político pueda acceder al reparto de cargos. El objetivo de la barrera electoral es el de excluir en la distribución de bancas a los partidos minoritarios, y evitar así que una excesiva fragmentación de la representación política presente en el órgano de gobierno a elegir pueda afectar la gobernabilidad.

De este modo, la barrera electoral promueve un efecto no proporcional sobre el resultado del comicio: cuanto más elevada, mayor será el número de votos excluidos del acceso a la representación y, por tanto, más distorsionada la distribución de las bancas en competencia. 

Los efectos de las barreras electorales dependen de una serie de factores, tales como, entre otros, la magnitud de los distritos electorales, el número de partidos políticos que compiten y la fórmula electoral. Sin embargo, en general, las barreras electorales suelen ser divididas por los especialistas en bajas y altas

La gran mayoría de los estudiosos consideran que las fijadas entre el 1% y el 3% de los votos emitidos son útiles para prevenir una desmesurada proliferación de partidos con representación parlamentaria, sin que por ello se afecte en forma desmedida la proporcionalidad del resultado de la votación. Tales pisos son considerados como prácticamente inocuos y, por lo tanto, bajos.  

Por el contrario, cuando los umbrales electorales se establecen en el 5% de los votos emitidos o por encima de este valor, son catalogados como altos, puesto que constituyen un obstáculo prácticamente infranqueable para los partidos políticos minoritarios. Estas barreras altas provocan una significativa reducción del número de partidos políticos representados en el órgano de gobierno en comparación con aquellos que han obtenido votos en la elección popular. 

La existencia de un umbral electoral no significa que todo partido político que lo supera puede efectivamente conseguir un escaño. Además del número de sufragios obtenidos, existen muchos otros factores que influyen sobre el reparto de cargos. Por ello, se distingue habitualmente entre una barrera legal (el umbral fijado por la normativa electoral) y una barrera efectiva (el piso de votos que efectivamente son necesarios para lograr acceder a la asignación de escaños).  

Entre los factores más importantes para establecer tal diferencia se encuentra la magnitud del distrito en que se aplica el umbral. De hecho, aún sin barrera legal, el tamaño de la circunscripción equivale a una barrera efectiva (Taagepera y Shugart, 1989). Cuanto más baja es la magnitud del distrito, más alta es la barrera efectiva, mientras que cuanto más aumenta la dimensión de la circunscripción, el umbral efectivo se convierte en menos relevante. 

En Alemania, Nueva Zelanda y Rusia, por ejemplo, existe un umbral del 5%, por lo que los partidos que no logran alcanzar este porcentaje no tienen derecho a participar en la asignación de escaños de las listas de RP. Este dispositivo tuvo sus orígenes en el deseo de Alemania por limitar la elección de grupos extremistas, y fue diseñado para evitar que partidos demasiado pequeños obtuvieran representación.  

Sin embargo, tanto en Alemania como en Nueva Zelanda existe una puerta trasera para que un partido minoritario obtenga escaños de las listas. En el caso de Nueva Zelanda, un partido debe ganar por lo menos un escaño de mayoría y, en el caso de Alemania, tres escaños para poder superar los requerimientos del umbral. En Rusia, en 1995, no había rutas de puerta trasera y casi la mitad de los votos de lista de partido fueron desperdiciados. 

Por su parte, los umbrales legales varían entre el 0.67%, en Holanda, y el 10%, en Turquía. Los partidos que no obtienen este porcentaje de la votación son excluidos. La existencia de un umbral formal tiende a incrementar el nivel general de desproporcionalidad, ya que se desperdician los votos emitidos por aquellos partidos que, sin ese umbral, habrían logrado representación.

En Polonia, en 1993, aún con un umbral relativamente bajo del 5%, más del 34% de los votos fueron emitidos a partidos que no cruzaron el umbral. Pero en muchos otros casos los umbrales tienen un efecto limitado en los resultados generales y, por tanto, algunos expertos electorales los ven como complicaciones innecesarias y arbitrarias de las reglas electorales que es preferible evitar. 

A partir de este punto, nos concentraremos en los atributos de segundo término de los sistemas electorales, como ser la estructura de la boleta o lista de votación y la posibilidad de unir listas o apparentement (Lijphart, 1995; Mackenzie, 1962; Nohlen, 1981, 1994; Rae, 1977; Sartori, 1994; Taagepera y Shugart, 1989). 

  • Estructura de la Boleta o Lista de Votación

En las elecciones organizadas con sistemas de listas en distritos plurinominales, la competencia por los votos se desarrolla no ya entre candidatos individuales sino entre boletas de postulantes patrocinadas por diversos partidos, las cuales pueden presentar diferentes estructuras: lista cerrada y bloqueada, lista cerrada y desbloqueada y lista abierta. Cada una de estas variables otorga al elector un margen de acción distinto a la hora de emitir su sufragio. 

Frente a una boleta con estructura cerrada y bloqueada13, el votante manifiesta su apoyo a una lista, pero no puede introducir reemplazos en los candidatos que figuran en ella, ni tampoco modificaciones en el orden en que los mismos están ubicados. Es decir, no tiene posibilidad de determinar quién será el representante de su partido. Las listas cerradas, por tanto, también son insensibles a cambios repentinos14.

En cambio, con la lista cerrada y desbloqueada el elector expresa su voluntad a favor de una boleta partidaria, pero puede alterar el orden en el cual los candidatos han sido presentados por el partido político. Según lo establezca la legislación electoral, el votante puede modificar la sucesión o colocación de todos los postulantes de la lista, de algunos o sólo de uno. Este tipo de lista admite diferentes maneras de cambiar el orden de los candidatos: por la positiva, mediante la señalización de una preferencia, o por la negativa, a través de tachas

De este modo, con una estructura de boletas de votación cerradas y desbloqueadas, la competencia se desarrolla tanto entre partidos políticos como entre candidatos de un mismo partido. Sin embargo, como la mayoría de los electores orientan su voto más en función de los partidos que de los candidatos, la opción de votar por un determinado candidato tiene con frecuencia un efecto limitado15.

Por último, la lista abierta o panachage (Suiza y Luxemburgo) permite que el votante pueda alterar tanto el orden como el nombre de los candidatos que figuran en ella, incorporando inclusive postulantes de otros partidos y, en definitiva, confeccionar su propia boleta.  

Entre los sistemas electorales para las asambleas nacionales, las listas partidarias cerradas y bloqueadas constituyen la regla, mientras que existen algunos pocos casos con boletas cerradas y desbloqueadas, siendo el panachage la excepción. 

  • Posibilidad de unir listas o  Apparentement

Un umbral elevado puede efectivamente servir para discriminar a los partidos pequeños; por cierto, en algunos casos éste es su propósito expreso. Empero, en muchas ocasiones se considera indeseable cualquier dispositivo intrínseco de discriminación en contra de los partidos pequeños, particularmente cuando existen varios con una base de apoyo similar que se dividen los votos de ese electorado y, consecuentemente, quedan por debajo del umbral requerido, en tanto que si actuaran como un frente común podrían tener suficientes votos combinados para obtener algunos escaños a nivel legislativo.

Para sortear este problema, algunos países otorgan una habilitación formal para que distintos partidos políticos que organizan sus propias campañas proselitistas y que se presentan en forma dividida en una elección, puedan aliarse y, en una primera o inicial distribución de bancas, computar los votos obtenidos por las boletas separadas de cada una de ellas como si fueran correspondientes a una sola lista (y, en el caso de obtener cargos, éstos se repartirán luego entre los distintos integrantes de la coalición electoral). 

Esta posibilidad de unir listas, presente en algunos sistemas con fórmula proporcional por lista, constituye una importante ayuda para los partidos políticos pequeños, generalmente perjudicados en la operación de conversión de votos a bancas.

Así, el apparentement o stembusaccoord en otros contextos, limita el efecto reductor de un sistema electoral, pero también, al remover las desventajas de una organización de poco tamaño, alienta las posibilidades para la emergencia de nuevas formaciones políticas (Lijphart, 1994: 134-135). 

Este atributo es característico de algunos sistemas de representación proporcional por listas en Europa Continental, en América Latina (como en Uruguay, en donde los partidos agrupados son llamados lemas) y en Israel. Sin embargo, es una rareza dentro de los sistemas de RP en África y en Asia, y fue suprimido en Indonesia, en 1999, después de que algunos partidos pequeños descubrieron que, aunque su cartel obtuvo representación, ellos como partidos perdieron escaños.
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