G. Bibliografía Guía de trabajo y autoevaluación




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Congregación de los Sagrados Corazones

Curso de Formadores

de América Latina

Módulo 2

Espiritualidad de la

Vida Religiosa:

los votos

Eduardo Pérez-Cotapos L. ss.cc.

1998

Índice
Presentación general del módulo
I. Unidad : Los votos religiosos: consagración a Dios para el servicio de los hermanos

1. La vida religiosa como consagración a Dios

2. Nuestra Regla de vida

3. Nuestras Constituciones (hermanos)

4. Nuestras Constituciones (hermanas)

5. Anexos:

a. Patrick Bradley Nuestra vocación y misión SS.CC. a la luz de nuestras nuevas Constituciones (20 Octubre 1992)

b. José Ma Arnaiz y José Ma Guerrero Testigos de libertad

c. Santiago Ma González Disponibles para la misión

d. Camilo Maccise Vocación profética del religioso

e. Eduardo Pironio La misión profética en la Iglesia y su expresión en la VR

f. Jacques Berthelet Votos y misión

g. Bibliografía

Guía de trabajo y autoevaluación
II. Castidad en el celibato

1. Asuntos introductorios

a. Nota terminológica

b. La castidad en el celibato

2. El celibato en la Sagrada Escritura

a. Consideraciones previas de carácter general

b. La situación del AT

c. Las enseñanzas de Jesús

1. Mateo 22,23-33 // Marcos 12,18-27 // Lucas 20,27-40

2. Mateo 19,3-12

3. Lucas 18,29-30 y 14,26-27

d. El ejemplo de Jesús

e. El testimonio de algunos apóstoles

f. Breve reflexión final

3. Nuestra experiencia de la castidad vivida en el celibato

a. Sentimientos frente al celibato del joven que se plantea la vocación

1. Motivaciones positivas

2. Temores, dificultades, inseguridades, interrogantes

b. Planteándose el tema en sus grandes aspectos vivenciales

c. Para vivir bien la castidad en el celibato

1. Cuidar la maduración de la persona entera

2. Madurez afectiva

3. Cultivar una honda experiencia de Dios

d. Un celibato que colora toda nuestra vida

4. Anexos

a. Regla de vida n 102 - 115

b. Constituciones n 18 - 22 y Estatutos n 3 (Hermanos)

c. Constituciones n 14-19 (Hermanas)

d. Patrick Bradley Nuestra vocación y misión SS.CC. a la luz de nuestras nuevas Constituciones (20 Octubre 1992)

e. Decálogo de la madurez personal

en vistas de la vivencia de la castidad en el celibato

f. Pablo Fontaine Retiro sobre el celibato

g. Anneliese Meis Descubrimiento de lo femenino y lo masculino

h. Hacia una sana integración de la afectividad y sexualidad

en la totalidad de la persona

i. Bibliografía

Guía de trabajo y autoevaluación
III. Vivir la pobreza de Jesús

1. La amplia realidad de la pobreza

a. La pobreza: multiforme pero siempre concreta.

b. La pobreza es un mal y la riqueza un peligro mortal.

c. Las repercusiones religiosas de la pobreza.

d. La pobreza de Jesús.

2. El voto de pobreza

a. Acotando la temática.

b. El voto en nuestras Constituciones - Hermanos.

c. El voto en nuestras Constituciones - Hermanas.

d. En torno a nuestra vivencia del voto de pobreza.

e. Buscando sintetizar el sentido del voto.

3. Anexos

a. Regla de Vida nos 89 - 101

b. Patrick Bradley Nuestra vocación y misión SS.CC. a la luz de nuestras nuevas Constituciones

c. En torno a la experiencia psicológica del poseer

d. M. Navarro La experiencia del dinero en la VR: perspectiva psicológica

e. Pablo Fontaine Sobre la Pobreza. Carta a los novicios

f. Pablo Fontaine Los pobres y nosotros. Carta a los novicios

g. E. Pérez-Cotapos Redescubrimiento del Dios defensor de los pobres

h. José Ma Arnaiz Aporte y presencia de la VR en el mundo del trabajo

i. Ricardo Antoncich Renuncia y libertad por pobreza

j. Bibliografía

Guía de trabajo y autoevaluación
IV. Unidad : El voto de obediencia: un camino de libertad

1. Introducción

2. La experiencia humana de obediencia

a. La obediencia filial

b. La obediencia militar

c. La obediencia en la institución escolar

d. La obediencia a la norma social

e. La obediencia laboral

f. En síntesis

3. La obediencia en la Biblia y la obediencia de Jesús

4. El voto de obediencia

a. Acotando la problemática

b. El voto en la Regla de vida

c. El voto en nuestras Constituciones (hermanos)

d. El voto en nuestras Constituciones (hermanas)

e. Nuestra vivencia del voto de obediencia

f. La corrección fraterna: un importante aspecto de la obediencia religiosa

g. En síntesis

5. Anexos

a. Cristián Llona La obediencia religiosa: camino de libertad

b. Patrick Bradley Nuestra vocación y misión SS.CC.

a la luz de nuestras nuevas Constituciones

c. Carlos Palmés Fundamentos de la obediencia religiosa

d. José Ma Arnaiz El superior al servicio del Evangelio

e. José Ma Guerrero Autoridad: un servicio de caridad desde la caridad

f. Bibliografía

Guía de trabajo y autoevaluación

Pauta de Evaluación General


Presentación general

del módulo

Siguiendo la organización global de este programa de formación, este segundo módulo se vincula directamente al primero. En él señalábamos un marco global para entender la VR; en este queremos abordar una de las expresiones privilegiadas de nuestra VR, como son los votos religiosos. Como es obvio, este tratamiento de los votos se apoya en la visión global anteriormente señalada y la presupone conocida. Es un camino de hacer concreta y viva.
El módulo está estructurado en cuatro unidades, algo desiguales en su extensión. La vinculación entre ellas es bastante evidente:
1. Los votos religiosos: consagración a Dios para el servicio a los hermanos.

2 - 3 : Un nuevo tipo de vida: los votos de castidad y pobreza.

2. Castidad en el celibato

3. Vivir la pobreza de Jesús

4. El voto de obediencia: un camino de libertad.
Cada una de estas unidades aborda la problemática que le es específica. En el tratamiento de los votos he intentado recoger elementos que vienen de la experiencia de vida, de la Sagrada Escritura, de la reflexión teológica y de nuestra propia tradición congregacionista. A continuación de una presentación básica de las problemáticas se adjuntan una serie de textos a modo de anexos, que están destinados a complementar, enriqueces y matizar algunos aspectos de la presentación básica. Ellos son parte integrante de la presentación del tema. Después se adjunta una bibliografía de fácil acceso, pero a mi entender de calidad, que puede orientar en torno a una profundización de las temáticas propuestas. Al final de cada unidad va la pauta para la autoevaluación. Al término de todo el módulo se encuentra la pauta de evaluación general, con las indicaciones para ser remitida al término del trabajo.
Centrarse en los votos ha sido una opción difícil de asumir, ya que implica dejar de lado otras dimensiones que también son importantes. Los votos tienen una centralidad teológica y vivencial sobre la cual no me creo necesario insistir en este momento; espero, además, que el la lectura del módulo refuerce esta impresión. Pero hay otras dimensiones de la VR que hemos dejado de lado, no porque sean poco importantes, sino porque no hay suficiente espacio para entrar adecuadamente en ellas. Se trata de dimensiones que, por otra parte, por lo general reciben un tratamiento más frecuente en diversos ámbitos. Me refiero en concreto, y siguiendo el esquema de nuestros documentos orientadores a:
1. Dimensión apostólica de la VR:

Regla de vida nos 21 - 31

Constituciones (hermanos) nos 40 - 43 y Estatutos nos 10

Constituciones (hermanas) nos 57 - 66 y Estatutos nos 21 - 23
2. Dimensión comunitaria de la VR:

Regla de vida nos 32 - 53

Constituciones (hermanos) nos 44 - 49 y Estatutos nos 11 - 14

Constituciones (hermanas) nos 49 - 56 y Estatutos nos 16 - 20
3. Dimensión orante de la VR:

Regla de vida nos 54 - 69

Constituciones (hermanos) nos 50 - 59 y Estatutos nos 15 - 21

Constituciones (hermanas) nos 40 - 48 y Estatutos nos 11 - 15
4. Dimensión internacional de nuestra VR:

Regla de vida no 53

Constituciones (hermanos) nos 60 - 65 y Estatutos nos 22 - 28

Constituciones (hermanas) : no está expresamente tratado en un número, pero sí está muy presente en el espíritu global del texto.

Al tratar los votos, es conveniente no olvidar estas dimensiones, que constituyen en la vida de cada religioso y religiosa una sola unidad con la vivencia de los votos. En los documentos congregacionistas que he reseñado se puede encontrar una adecuada síntesis de estas temáticas. La opción por concentrarse en un tratamiento más amplio de los votos no es un asunto arbitrario. Se debe a dos grandes tipos de razones. En primer lugar, a que los votos apuntan al corazón de aquello que debe ser el religioso/a como testigo vital y transparente de Dios; los votos son los que deben ir modelando el ser de cada religioso/a, y es esto lo que más se espera de nosotros hoy día. En segundo lugar, me he centrado en ellos ya que tengo la convicción, recibida de la vida misma, que la adecuada vivencia de los votos es actualmente muy desafiante y compleja. Y por lo mismo, que en un proceso de formación a la VR es indispensable dedicarles un espacio de atención muy amplio y cuidado; tanto en lo que se refiere a la presentación del sentido de los votos, como en lo que respecta a las repercusiones existenciales de ellos en la vida de cada joven formando/a.

I

Los votos religiosos:

consagración a Dios

para el servicio de los hermanos


Esta primera unidad intenta presentar, de modo sencillo y con el apoyo de algunos textos de diversos autores, las principales temáticas en torno al sentido general de los votos. Sin entrar en los asuntos más precisos sobre la temática de consagración, busca aludir al horizonte sobre el cual situar el tratamiento de cada voto en particular, lo que viene en las unidades siguientes.

1. La vida religiosa como consagración a Dios.

2. Nuestra Regla de vida.

3. Nuestras Constituciones (hermanos).

4. Nuestras Constituciones (hermanas).

5. Anexos.


En la primera unidad de este módulo presentaremos de modo muy genérico el sentido fundamental de los votos religiosos. Se trata de trazar un cierto horizonte mental y teológico, que permita luego trabajar en forma detallada cada uno de los votos. Esta es una problemática compleja, con algunos matices que necesitarían ser trabajados con bastante hondura y sutileza. Por lo mismo, acá no pretendo entrar en un tratamiento acabado de esta temática, sino tan sólo proponer el horizonte que necesitamos para abordar los votos.
1. La vida religiosa como consagración a Dios. La VR en su conjunto encuentra una expresión privilegiada en los votos religiosos. En estos los/as religiosos/as se consagran a Dios con todo lo que son, en un tipo de compromiso de fe que transforma su existencia entera. Simplificando mucho las cosas, se puede decir que en los votos hay una múltiple referencia, especialmente a los cinco niveles siguientes:

— en primer lugar, son una entrega confiada de toda la vida a Dios, en seguimiento de Jesús. Los votos se entienden en lo más radical sólo por el tipo de pertenencia a Dios que ellos establecen. Los votos tienen una referencia intrínseca a Jesús, y por medio de Él al Padre en el ES.

— los votos son una forma de consagrarse por entero al servicio de la misión. Son un modo especialmente intenso de hacerse disponibles para testimoniar vitalmente el Reino. Los votos adquieren así una dimensión misionera, en su sentido más hondo.

— los votos hacen de los religiosos y religiosas un grupo humano que está llamado a cumplir una misión dentro y fuera de la Iglesia, que suele denominarse adecuadamente con la expresión misión profética de la VR.

— los votos son vividos desde el seno de una comunidad fraterna. Y estos mismos votos hacen que entre los religiosos y religiosas se establezca un tipo de relaciones que resultaría imposible sin la vivencia de los mismos. Los votos poseen una esencial dimensión comunitaria.

— mediante la profesión de los votos religiosos la persona se compromete libremente a vivir un estilo de vida que constituye para él el camino de su realización personal plena, según los criterios evangélicos. Poseen así un significativo matiz antropológico.
Toda esta temática se acostumbra expresarla con el lenguaje de la «consagración». Se trata de un término tradicional y plenamente válido, pero que sin embargo se presta a algunas ambigüedades de comprensión. Se hace indispensable, por lo tanto, llegar a una buena comprensión del sentido teológico exacto de esta terminología. Me apoyo en un reconocido autor para aclarar la terminología:

«Es preciso, ante todo, situar la reflexión teológica sobre la consagración en su verdadero contexto. Sólo así puede resultar lógica e inteligible. Sería, por el contrario, verdaderamente peligroso y de graves consecuencias pensar o dar a entender que la consagración es una realidad autónoma, independiente, con pleno sentido en sí misma, que exige una comprensión del todo particular, desvinculada de las otras realidades cristianas. Ahora bien, el marco referencial que permite situar adecuadamente el tema de la consagración – sobre todo de la consagración religiosa – es la sequela Christi: el seguimiento evangélico de Jesucristo. Cristo llama personalmente a vivir con él y con los otros seguidores suyos, para vivir como él, compartiendo y prolongando su misión evangelizadora.

La verdadera consagración no arranca, pues, de una iniciativa del hombre, sino de una llamada personal, de una vocación, es decir, de la iniciativa de Dios en Jesucristo. Y consiste, esencialmente, en un verdadero parecido, en una real conformación y configuración con Cristo en una dimensión de su misterio. Vivir como Cristo es compartir su misma vida, sus riesgos y esperanzas, sus preocupaciones, su proyecto existencial, sus actitudes vitales y totales y vivir por sus mismos intereses. Vivir como Cristo es configurarse con el Consagrado. Por eso, precisamente, es una verdadera y auténtica consagración, en el sentido más riguroso y preciso de la palabra. Y, hablando de la vida religiosa, es configurarse realmente con Cristo en esas tres dimensiones constitutivas de su modo histórico de vivir para los demás, es decir, para Dios y para los hombres.
Ya desde el principio de esta reflexión teológica hay que advertir que Cristo es, por definición, el Consagrado – con artículo, en singular y con mayúscula –. Esto significa exactamente la palabra Mesías o Cristo: el Ungido. Cristo es la personificación de la consagración o la consagración personificada, porque él resume, condensa y agota en sí mismo toda verdadera consagración, como agota y concentra en su Persona toda la filiación divina, siendo el Hijo de Dios. De igual modo que nadie es o puede ser hijo de Dios sino en el único Hijo que Dios tiene, por una real participación de su única filiación, así tampoco nadie puede ser y estar consagrado sino en la consagración sustantiva de Cristo, y en la medida en que participa de ella por una verdadera configuración personal. Por eso, la consagración, en sentido propio y hablando en lenguaje cristiano – es decir, en la más rigurosa teología – debe entenderse siempre en referencia explícita, inmediatamente y hasta exclusiva a Cristo. Los demás modos, modelos y contenidos de consagración, anteriores o posteriores a él, propiamente no nos sirven para determinar la esencia de la consagración. A lo más, nos ayudan de forma negativa, en cuanto que revelan lo que no es la verdadera consagración cristiana y religiosa.

En cambio, siempre que se dé una auténtica configuración, un real parecido con Cristo en una dimensión esencial de su misterio, se da una real y verdadera consagración. De modo que es éste el criterio decisivo para saber cuándo existe consagración en sentido propio y formal, en sentido teológico, y en qué consiste esencialmente. ......
De forma descriptiva, se puede decir que consagrar, por parte de Dios, es: tomar plena posesión, reservarse especialmente, invadir y penetrar con la propia santidad, admitir a la intimidad personal, relacionar profundamente consigo mismo, transformar por dentro, renovar interiormente y, sobre todo, configurar a alguien con Jesucristo, que es el Consagrado. Por parte del hombre, consagrar o consagrarse es: entregar o entregarse a Dios, dejarse poseer libremente por él, acoger activamente la acción santificadora de Dios, consentir en esa acción, darse a él sin reservas, en respuesta a la previa autodonación de Dios y bajo el impulso de su gracia.
Hay que recordar que ningún valor personal que se entrega a Dios, o del que Dios toma especial posesión, queda destruido. Al contrario, queda mejorado y ennoblecido, porque se salva en Dios mucho mejor que en sí mismo. Así, por ejemplo, sacrificar o consagrar a Dios nuestra libertad o nuestro amor, lejos de ser una negación, es una verdadera afirmación de esos mismos valores humanos. Convertir nuestra libertad y nuestro amor en propiedad inmediata y total de Dios es la mejor manera de salvarlos en cuanto amor y en cuanto libertad. Dejarse poseer por Dios es la suprema manera de ser libres y de amar, ya que Dios crea y fortalece nuestra libertad y nuestro amor en la misma medida en que nos dejamos poseer por él.



La consagración supone donación y renuncia, entrega y separación. Pero la separación y la renuncia no tienen nunca sentido por sí mismas, ni pueden ser objeto inmediato de una opción o de un compromiso. Sólo se entienden en función de la donación y de la entrega. Se ordenan intrínsecamente a la total donación y dedicación a Dios. Guardan una relación de medio a fin. En la consagración, la entrega es lo absoluto; y la renuncia lo relativo. La consagración es una elección y una predilección, que no se definen por lo que uno deja, sino por lo que uno elige y prefiere: por el bien mayor al que se subordinan gozosamente los otros bienes. Recordemos las parábolas del tesoro escondido en el campo y de la perla preciosa (cf. Mt 13,44-45), que cautivan a quien los descubre y le mueven a vender todo lo demás para adquirir ese tesoro y esa joya.
Consagrase a Dios implica renunciar a la propia suficiencia y autonomía, para encontrar en Dios y en la plena y filial dependencia de él, una mayor autonomía, suficiencia y libertad. Por la consagración somos de verdad teónomos. La teonomía es la forma suprema de libertad. Aunque sería mejor hablar de cristonomía, porque es Cristo el que se ha convertido en ley, principio y garantía de nuestra libertad, siendo y estando más íntimo a nosotros que nosotros mismos.
En sentido teológico y teologal, el sujeto activo del verbo consagrar es Dios y sólo Dios. Únicamente él es el principio y agente de toda verdadera santificación y de toda real configuración con Cristo.»()
Este mismo tipo de terminología y de horizonte teológico es el que se encuentra presente en la los documentos magisteriales recientes de la Iglesia. Un buen ejemplo es el siguiente número de Vita consecrata:
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