El orden agrícola mundial y la sustentabilidad tecnológica




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6. TERCERA CONCLUSIÓN: OPORTUNIDADES DE UNA POLÍTICA DEMOCRÁTICA DE BIODIVERSIDAD.
Tal como demuestran las decisiones de los tribunales en los últimos años, para nada se ha aclarado todavía cómo se desarrollarán los diferentes terrenos de conflictos. El ejemplo del árbol de Neem en la India, en el que las reivindicaciones de patente por parte de una empresa multinacional estadounidense fueron rechazadas por el Registro Europeo de Patentes, muestra que existen ciertos márgenes de maniobra. Desde hace años, es creciente la crítica sobre las formas dominantes de apropiación de la biodiversidad. Especialmente con el concepto de la biopiratería se logró convertir la apropiación ilegal e ilegítima del acervo de recursos fitogenéticos y del conocimiento ancestral relacionado con su utilización en un tema político.45

En los años venideros, seguramente aumentará la importancia de la noción de los “comunes” (commons), lo que aquí se refiere al acervo natural público o comunitário y que se contrapone conceptual y prácticamente a los intereses relacionados con la privatización de la naturaleza.46 A mi modo de ver, es este un tema amplio para futuros debates. La mirada al Foro Social Mundial muestra que muchos conflictos giran en torno a la privatización de los variados sectores de la vida. Sin embargo, aquí hay una tendencia a invocar al estado para la protección de los “comunes”– siendo el mismo un actor central en la privatización de la naturaleza. Mientras que la diversidad biológica es declarada como “bienes comunales” o como un “bien público mundial” – lo cual, en la política práctica, se traduce en la creación de parques nacionales o regiones ecológicas – a pesar de ello se procede a la privatización de las partes económicamente rentables de la misma. Esto último, efectivamente, no se contrapone a la expansión de la superficie de áreas de protección medioambiental.47

En cuanto a la política internacional, los contratos internacionales “más débiles”, tales como la CBD o el Contrato sobre Semillas de la FAO están estableciendo unas reglas obligatorias como derecho internacional con el fin de fortalecer a los intereses de los actores más débiles tanto frente a las empresas transnacionales como frente a los institutos de investigación y gobiernos del Norte. Unos principios importantes son aquí los derechos de los/as campesinos/as (farmers’ rights) - los que adquieren un estatus de obligatoriedad como derecho internacional con la firma del Contrato sobre Semillas – y el Artículo 8(j) de la CBD que fija los derechos de los pueblos indígenas respecto a su conocimiento y sus recursos.

A nivel internacional, se están abriendo posibilidades para un desarrollo democrático donde las contradicciones entre los contenidos de los diferentes acuerdos se han vuelto evidentes y pueden ser aprovechadas. Por ello, muchas campañas tienen bastante razón cuando proclaman la resistencia contra el patentado de los recursos fitogenéticos como uno de sus objetivos principales, pues las patentes vulneran muchas disposiciones de la CBD y de la FAO.

Además de todo eso, hace falta una comprensión más amplia de las contradicciones y los conflictos. Resulta funesto si los problemas de regulación son malinterpretados únicamente como disputas entre los/las expertos/as con lo cual la dimensión de los problemas mencionados se recorta en forma tecnocrática. Detrás de algunos aspectos técnicos, aparentemente neutrales, se esconden una amplitud de intereses contrapuestos y de unas complejas relaciones de poder. Sin tomarlos en cuenta no es posible evaluar, adecuadamente, cualquier manejo y solución de un problema.

Pero, durante los últimos años, se ha esclarecido el hecho de que la politización y la resistencia contra la apropiación ilícita de los recursos fitogenéticos y del conocimiento ancestral relacionado con su utilización es importante a nivel local y nacional y, además, frecuentemente resultan ser más exitosas que las que actúan a nível internacional. No obstante, estos enfrentamientos requieren que, paralelamente, se debilite el marco político internacional, es decir, la dinámica de la privatización de la naturaleza. Así se explica el lugar destacado que el concepto de la desglobalización, de Walden Bello,48 tiene en los movimientos críticos con la globalización capitalista – puesto que sintetiza, justamente, el enfoque de debilitar las instituciones neoliberales internacionales.

Un desarrollo democrático de las relaciones societales con la naturaleza requiere también otras racionalidades y experiencias, que las que están prevaleciendo hasta hoy día: el del poderío sobre la naturaleza y su expoliación. Con ello, no se quiere diseñar una imagen romántica de la naturaleza; más bien se trata de cuestiones de autodeterminación, disponibilidad, control y de una negociación y decisión democráticas de cómo la naturaleza debe ser apropiada hoy y en el futuro. Consecuentemente, una apropiación democrática de la naturaleza, la cual no implica un carácter de dominio sobre ella, también debe poner en entredicho las múltiples formas de opresión y dominación social.

Las posibilidades para una política democrática de biodiversidad se vislumbrarán cuando el fondo de los conflictos esté lo suficientemente esclarecido. La condición básica para cualquier política democrática consiste en que los actores afectados reconozcan la envergadura de los problemas y, sólo así, podrán articular adecuadamente sus intereses. A ello se añaden los derechos participativos (los derechos reclamables judicialmente van más allá de las posibilidades, en general vagas, de una mera participación) y la posibilidad realista de poder reclamar verdaderamente estos derechos o de poder negarse a unos procesos indeseables. Es por ello que, el reclamo en pro de un desarrollo democrático, se refiere únicamente a los mecanismos formales de decisión, mediante los cuales se toman las decisiones y se imponen las respectivas regulaciones. Tal requerimiento atañe a las probabilidades efectivas para que sean escuchados los propósitos promovidos por los diversos grupos de interés y para que éstos puedan, en la medida adecuada, participar en las decisiones sobre qué regulaciones estructuran las propias circunstancias vitales.

Para los movimientos sociales, las organizaciones no-gubernamentales y los/las intelectuales críticos/as, esto significaría desarrollar un contrapoder y debilitar las relaciones y estructuras de poder existentes – y esto en todos los niveles y no sólo – tal como se sugiere frecuentemente – a nivel local. Para ello, hacen falta no solo procesos de autoorganización, sino unos puntos de vista independientes frente a las interpretaciones dominantes de los problemas existentes, igual que frente a las propuestas presentadas para solucionarlos. A nivel internacional, esto pasa desde el lado de la crítica cuando sean integradas las experiencias específicas nacionales y locales.

Condición indispensable para ello – y de allí que los esfuerzos de la Fundación Böll adquieren tanta importancia – es que haya no sólo un intercambio sobre las diferentes experiencias y el desarrollo de objetivos y estrategias comunes (lo cual siempre implica que los diferentes sectores reconozcan los conflictos y los intenten solucionar en forma solidaria), sino el análisis de las condiciones generales y concretas de actuación, quiere decir, cómo se transforman las relaciones sociales en la naturaleza bajo las condiciones de la globalización neoliberal, y cómo se expresan estos procesos, concretamente en el ámbito de la política internacional de biodiversidad o en México mismo. Nunca es algo abstracto tener que decidir donde y cómo tienen lugar las transformaciones, qué intereses y fuerzas se implican y actúan localmente. Otras contribuciones a esta publicación amplían esto mediante una gran cantidad de ejemplos concretos. Si el presente texto contribuye, en este sentido, a que algunas de las temáticas complejas presentadas vayan aclarándose para los/las lectores, entonces el trabajo valió la pena.

Notas:

1 JÄNICKE, Martin. Die Rolle des Nationalstaats in der globalen Umweltpolitik. En Aus Politik und Zeitgeschichte 27. 2003, 6-11

2 BRAND, Ulrich y GÖRG, Christoph. Globalización sustentable? Desarrollo sustentable como pegamento para el motón de cristales trizados del neoliberalismo. En Chiapas, no. 15. México. 2003, 67-95; y en Ambiente & Sociedade 6(1), Sao Paulo, Brasil. 2003, 45-72.

3 Es preferible usar este término y no las expresiones de alta connotación ideológica como “países desarrollados” o “países en desarrollo”. El “Sur Político” significa una posición de países relativamente más débiles en la política global, admitiendo, por supuesto, ciertas diferencias, por ejemplo, las que existen entre Brasil y El Salvador. Como “periférica” se denomina una posición económica, pero también política y cultural, dependiente dentro del sistema mundial capitalista.

4 La FAO indica que existen alrededor de seis millones de muestras almacenadas ex situ, un 10 por ciento de las cuales se guardan en los bancos genéticos del Grupo Consultativo sobre la Investigación Internacional de Agricultura CGIAR (Consultative Group on International Agricultural Research) y el resto en bancos genéticos regionales y nacionales, públicos y privados (la mayoría en doce países, entre ellos Brasil, China, Rusia e India, pero también los EE.UU. de América, Japón, Alemania y Gran Bretaña). Véase FAO. The State of the World´s Plant Genetic Resources for Food and Agriculture. 1996, 55.

5 Con el concepto “relaciones societales en la naturaleza” (en alemán: gesellschaftliche Naturverhältnisse) se quiere superar la oposición entre la “sociedad” y la “naturaleza” cuya existencia objetiva se suele suponer. El concepto engloba la totalidad de los procesos con los que las sociedades organizan y regulan su reproducción en la naturaleza, o sea, desde la procreación y la sexualidad, hasta la energía, la movilidad o la alimentación. Estas relaciones tienen tanto una dimensión material como una dimensión simbólico-lingüística. Por un lado, pueden ser modeladas políticamente; y, por otro lado, en gran medida llevan el cuño de las relaciones de poder, los intereses y las características estructurales de las sociedades capitalistas. Además, se están transformando con el tiempo. Véase GÖRG, Christoph. Die Regulation der biologischen Vielfalt und die Krise gesellschaftlicher Naturverhältnisse. En FLITNER, Michael/GÖRG, Christoph/HEINS, Volker (comp.). Konfliktfeld Natur. Biologische Ressourcen und globale Politik. Opladen: Leske+Budrich. 1998, 39-61.

7 Los términos “Fordismo” y “Postfordismo” designan diferentes fases de la societización burguéscapitalista. El Fordismo define la fase histórica entre los años 1950 y 1970, en los que – sobre todo, en los países del Centro, pero también en los países de la Periferia – se registraron enormes incrementos de productividad, debido a las nuevas técnicas de producción, la innovada organización empresarial y unos modos de vida más racionalizados. El Estado de Bienestar y de Distribución y, a nível internacional, la división del mundo en dos bloques y un mercado mundial en plenas funciones, incluídas sus instituciones políticas, aseguraron estas transformaciones, que, por cierto lapso de tiempo, transcurrieron con pocos procesos de crisis.

8 Véase CROSBY. The Columbian Exchange. Biological and Cultural Consequences of 1492. Westport/Ct. 1972. También véase KLOPPENBURG, Jack. Seeds and Sovereignty. The Use and Control of Plant Genetic Resources. Durham und London, 1998.

9 Véase HAUDE, Detlev. Von Agrikultur zur Agroindustrie. En Peripherie, No. 28. 1987, 51-86.

10 Otro aspecto, que no se trata aquí, es el aumento descomunal del comercio internacional con productos agrarios. Así, por ejemplo, la exportación de maíz proveniente de los EE.UU. se multiplicó por veinte entre 1950 y 1980. KLOPPENBURG, Jack. Op. Cit. p. 120.

11 Los IARC se dedicaron, cada uno, a determinados cultivos y regiones. El primero de estos centros fue fundado, en el año 1959, en México (para el maíz y el trigo); luego siguió en el año 1960, el centro en las Filipinas (para el arroz); en 1967, el de Colombia; en 1968, el de Nigeria (ambos para plantas tropicales); en 1971, el de Perú (para la patata); y otros, durante los años 70. KLOPPENBURG, Jack. Seeds and Sovereignty. The Use and Control of Plant Genetic Resources. Durham und London. 1988, 157.

12 KLOPPENBURG, Jack. Op. Cit. p. 159.

13 Sobre la función de la FAO durante el Fordismo, véase FLINTER, Michel. Räuber, Sammler und Gelehrte. Die politischen Interessen an pflanzengenetischen Ressourcen. Frankfurt und New York. 1995, 148.

14 Véase DOMOTO, Akiko. Women and the Convention on Biological Diversity. En KRATTIGER, Anatole. et al. (comp.): Widening Perspectives on Biodiversity. Gland und Genf: UICN. 1994, 219-224.

15 La UPOV, que tiene su sede en Ginebra, forma un importante punto orientador en las negociaciones internacionales cuando se trata de fortalecer los derechos de los cultivadores “modernos” de semillas (y el correspondiente debilitamiento de los/las campesinos/as) con respecto al trato jurídico que se da a los recursos fitogenéticos. Véase el análsis extensivo de SEILER, Achim. TRIPS und die Patentierung lebender Materie – Handlungsmöglichkeiten für die Dritte Welt. En Wechselwirkung, No. 88. 1998, 50-57. Sobre la crítica a el UPOV, véase GRAIN. UPOV on the War Path. En Seedling, 16, No. 2. 1999, 2-10.

16 Véase WOLFF, Karsten. ISSAA – Das Richtige im Falschen. Biotechnologietransfer zwischen Anspruch und Wirklichkeit. En UTE et al. (comp.) Sprenger. 1996, 45-52.

17 Véase FAO (The State of Worlds Plant Genetic Resources for Food and Agriculture). FAO Rom. 1996, 19.

18 Véase la obra básica de FRANKEL, Otto y BENNET, Erna (comp.). Genetic Resources in Plants – their Exploration and Conservation (International Biological Programme Handbook No. 11). Oxford. 1970.

19 Véase MOONEY, Pat. Saat-Multis und Welthunger. Wie die Konzerne die Nahrungsschätze der Welt plündern. Reinbek, Rowohlt. 1981.

20 Sobre los últimos véase el clásico “Silent Spring” de CARSON, Rachel. Der stumme Frühling. München, DTV. 1962.

21 Véase BORIS, Dieter y STERR, Albert. Foxtrott in Mexiko. Demokratisierung oder Neopopulismus?. Köln, Neuer ISP-Verlag. 2002, 183.

22 John Warnock, cita un estudio que aclara bien la diferencia. En los EE.UU., en una hectárea de tierra se cosecha unas 7 toneladas de maíz, en México es 1,7 t; para cosechar una tonelada de frijoles en los EE.UU. se requieren 4,8 horas de trabajo, en México 50,6 horas de trabajo. Véase WARNOCK, John. The Other Mexico. The North American Triangle Completed. Black Rose Books. Montréal. 1995, 191.

Sin embargo, Oxfam apunta hacia la circunstancia importante que el problema principal de los pequeños productores de México consiste en el enorme poder de las corporaciones compradoras y, no sólo, en la alta productividad de las explotaciones agrarias estadounidenses. OXFAM. Comercio con Justicia para las Américas. Agricultura, Inversiones y Propiedad Intelectual, tres razones para decir no al ALCA. Oxfam Briefing Paper, January. 2003, 9.

23 A comienzos de los años 90, ya era la tercera parte de su consumo interno; véase CALDERON, Jorge. El TLC y el desarrollo rural. Ed. CEMO. Mexiko-Stadt. 1992, 80.

24 El concepto de las “biotecnologías” nuevas o avanzadas no es nada claro. En el ámbito que interesa aquí, se trata de la intervención en los factores hereditarios mediante la recombinación de la cadena de ADN; otros métodos importantes son la clonación o la fusión de células. Véase FLITNER, Michael.
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