Investigación es comunicación (# 10,11,12)




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¿CÓMO COMUNICARSE

CON LOS CAMPESINOS?

Pierre de Zutter

Editorial Horizonte, Lima, 1980 y 1986

INDICE

Ficha de orientación

Introducción

CAPITULO I ¿ES IMPORTANTE LA COMUNICACION?

Incomunicación y fracasos (# 1,2,3)

El ejemplo de las irrigaciones (# 4,5)

El ejemplo de los servicios básicos (# 6,7)

El ejemplo de la capacitación (# 8)

La búsqueda de soluciones (# 9)

Investigación es comunicación (# 10,11,12)

Participación es comunicación (# 13)

La comunicación, sangre de la sociedad (# 14,15)

La comunicación en el desarrollo rural (# 16,17)

CAPITULO II LAS DOS DIMENSIONES DE LA COMUNICACION

Las raíces del verbo "comunicar" (# 18)

Dos concepciones de la sociedad y la humanidad (# 19,20)

Comunicación como transmisión: ¿publicidad y remodelación del hombre? (# 21,22,23)

Comunicación como diálogo e intercambio: errores y limitaciones (# 24,25)

Los comunicadores como intermediarios y propagandistas de medios (# 26,27)

Una cuestión de actitud (# 28)

CAPITULO III LOS MEDIOS DE COMUNICACION VERSUS LA COMUNICACION INTERPERSONAL

Los problemas de la comunicación interpersonal (# 29)

La "pedagogía audiovisual" del CEPAC (# 30)

Las contradicciones del modelo CEPAC (# 31,32)

La prioridad inconsciente de la comunicación interpersonal (# 33,34,35)

Modas y deformaciones (# 36,37)

El ejemplo de la radio y las historietas (# 38,39,40)

Los "medios" como ayudas pedagógicas (# 41,42)

¿Cómo escoger el "medio" más adecuado? (# 43,44,45)

Capacitar en comunicación (# 46)

El "técnico" y la "emoción social" (# 47,48,49)

Partir de la realidad o de las metas institucionales? (# 50,51,52)

Volver a la comunicación interpersonal (# 53)

CAPITULO IV ¿COMO DESARROLLAR LA COMUNICACION EN EL CAMPO?

Un problema de "medios" y equipos? (# 54,55,56)

La dinámica de comunicación en la base (# 57,58)

Sistematizar experiencias (# 59)

El Proyecto de Comunicación Rural de Honduras (# 60,61)

Objetivos, estrategia y metodología (# 62)

Retrasos y limitaciones (# 63)

Capacitación de los promotores e investigaciones (# 64,65)

Coordinación con Educación Extraescolar (# 66)

La motivación campesina (# 67)

Desmitificación de lo impreso (# 68,69)

Llegan los periódicos (# 70)

¿Forma o contenido? (# 71)

Recolección de noticias, colaboración institucional y distribución (# 72,73,74,75)

Las formas tradicionales de expresión (# 76)

Los talleres de comunicación (# 77,78,79)

Definición de los talleres (# 80)

Un balance del proyecto (# 81,82,83)

Balance de los periódicos regionales (# 84,85)

Capacidad de expresión y de crítica (# 86)

La actitud de las instituciones (# 87,88)

El apoyo al desarrollo (# 89)

Planificación de proyectos de comunicación (# 90)

Lo mejor versus lo tradicional y rudimentario (# 90)

La validez de una metodología (# 92,93)

¿Analfabetismo versus comunicación escrita? (# 94)

Algunas interrogantes (# 95,96)

CAPITULO V ¿COMO USAR LOS MEDIOS DE COMUNICACION?

¿Cómo encargar la preparación de un mensaje? (# 97,98)

Una "metodología de encargo" (# 99,100,101,102)

Influencias de una pedagogía medieval (# 103)

Las "recetas" y el maniqueísmo (# 104,105)

La seriedad y la obsesión por "decirlo todo" (#106,107,108)

Aprender un manejo abierto de las ayudas (# 109,110,111)

El ejemplo de un montaje diapositivo en el Perú (# 12)

Contar una historia (# 103)

Conclusiones para el debate (# 114,115)

El mensaje central: lo de menos (# 116)

El Programa de Educación Extraescolar de Honduras (# 117)

El problema de comunicación en la educación (# 118)

Opción a favor de la metodología participativa (# 119)

La Biblioteca Básica del Campesino (# 120)

Retos: ¿abierto o cerrado? (# 121)

¿Técnico o educativo? (# 122)

¿Alcance regional o nacional? (# 123)

Unidad y continuidad (#124)

Primera opción: forma de relatos (# 125)

La actitud crítica y los técnicos (# 126)

Reforzar el estilo "testimonio" (# 127)

Segunda opción: un universo ficticio-real (# 128)

Un universo que pueda salirse de los libros (# 129)

Entre el texto y el dibujo (# 130)

¿Exito o fracaso? (# 131)

Primer libro: "Me llamo Rubén Morán" (# 132)

Estilo, vocabulario e incentivos a la reflexión (# 133)

Segundo libro: "Los proyectos de Atiapa" (# 134)

Tercer libro: "Los problemas de Esteban Duarte" (# 135)

Otros libros (# 136)

CAPITULO VI ¿COMO PREPARAR MENSAJES CON UNA METODOLOGIA PARTICIPATIVA?

Diálogo en una comunidad (# 137)

De la consulta a la participación (# 138,139,140,141)

De nuevo la Biblioteca Básica del Campesino (# 142)

Cinco etapas (# 143)

Motivación y selección de grupos campesinos (# 144)

Reuniones grabadas (# 145)

Confrontación campesinos-técnico (# 146)

Guión, redacción y dibujo (# 147)

De la realidad a la trama (# 148)

La evaluación (# 149)

El caso de la historieta (# 150)

Entusiasmo y dificultades para el guión (# 151)

La parte gráfica (# 152)

El libro sobre hortalizas (# 153)

Un grupo que fracasa (# 154)

La creatividad de Veracruz (# 155)

Bloqueo para la trama (# 156)

El libro sobre maíz (# 157)

Un trato con los campesinos (# 158,159)

La actitud de los animadores (# 160)

La composición de los grupos campesinos (# 161,162)

Inhibición y recelos (# 163,164)

Una formación para esta metodología (# 165,166)

El rol del silencio (# 167)

El aporte del animador (# 168,169,170)

Las dificultades de la confrontación (# 171,172,173)

¿Hacer guiones con metodología participativa? (# 174,175)

¿Redactar con los campesinos? (# 176)

El apasionante dibujo campesino (# 177,178)

Nuevas formas de codificación (# 179)

El vacío de las evaluaciones (# 180)

Problemas de infraestructura (# 181,182)

¿Una metodología de aprovechamiento? (183)

CAPITULO VII HACIA POLITICAS NACIONALES DE COMUNICACION RURAL

Lo "grande" mata a lo "chico" (# 184,185,186,187)

Del empirismo a verdaderas políticas (# 188,189,190)

Primera prioridad: la comunicación en la base(#191,192,193)

Segunda prioridad: diálogo campesinos-instituciones (#194)

Formar el personal de campo (# 195,196,197)

Tercera prioridad: mejorar los mensajes (# 198)

Coordinar instituciones (# 199,200)

Una fórmula mixta (# 201,202)

Un organismo central para investigación, capacitación y evaluación (# 203,204,205)

Sin apremios, ni "doctos" (# 206)

Epílogo

FICHA DE ORIENTACION

TEMA

Funciones de la comunicación en el desarrollo rural y en la capacitación de los campesinos. Algunos errores más comunes de enfoque y de metodología en el manejo de la comunicación rural. Alternativas metodológicas y en especial metodología participativa.

OBJETIVO

Provocar una reflexión y, si es posible, un debate sobre las prácticas tradicionales de las instituciones de promoción y desarrollo rural en el campo de la comunicación. Proponer elementos para una alternativa de trabajo con estímulo a la comunicación interpersonal y a la metodología participativa.

PUBLICO

1.-

Empleados de instituciones públicas y privadas vinculadas a la problemática rural. Tanto en el nivel directivo como en el nivel de ejecución (especialistas en elaboración de materiales; personal de campo)

2.-

Dirigentes de organizaciones populares que busquen nuevas alternativas de comunicación

3.-

Especialistas en comunicación.

FORMAS DE USO

Análisis y consulta individual. Reflexión y discusión de grupos.

AUTOR :

Pierre de Zutter (Francia, 1949). Periodista especializado en problemática rural (1971-76; Perú). Consultor en comunicación para organismos internacionales (1978-79).

INTRODUCCION

Durante cinco años trabajé en el Perú como periodista especializado sobre todo en los problemas del campo. Recorrí todo el país estableciendo contactos con comunidades, empresas agrarias, técnicos, funcionarios, grupos de toda clase. Casi siempre, aparte de algunos sitios conocidos y de relativamente fácil acceso, me encontré con una verdadera ansia de la gente por aprovechar la presencia de alguien que, por fin, podría dar a conocer sus problemas y su realidad. Durante cinco años traté de cumplir el encargo: escribía lo que veía, escuchaba y observaba; agregaba mis propias conclusiones y opiniones; defendía mil y una causas. Con esta labor pude contribuir a la solución de numerosos problemas, lo que me facilitó más contactos que me permitieron simultáneamente más informaciones y más lectores. Como periodista me sentía plenamente realizado.

En 1976 dejé el periodismo y analicé mi experiencia. Había estado escribiendo por los campesinos, en nombre de ellos, en lugar de ellos. Indudablemente había ayudado a muchos, sirviendo de intermediario entre ellos y los gobernantes, entre ellos y distintos estratos de la población urbana. Pero me preguntaba si ellos mismos me habían leído. Era poco probable. No eran apropiados ni el medio en el que trabajaba (un diario nacional), ni la forma que utilizaba (editoriales). Por otra parte, como no abundaban los periodistas rurales en el país, gente con ganas de meterse a todas partes, era de suponer que fueran pocos -o ninguno- los que continuaran el trabajo. Pero ¿y los propios campesinos? ¿No les habría servido mi experiencia de cinco años? La respuesta parecía totalmente negativa; me había convertido en un intermediario sólo sustituible por otro intermediario de mis mismas características. Los campesinos seguirían dependiendo de la buena voluntad, o del entusiasmo, o de la manipulación de alguna persona con interés especial en el campo. En cuanto a mí, no había dejado nada detrás de mí, sino algunas páginas y algunos recuerdos.

Sin embargo pude comprobar reiteradas veces que el trabajo que hacía era importante, que respondía a una necesidad. Entonces ¿qué había fallado? Tuve que reconocer que me había complacido profesionalmente a costa de los campesinos más que en favor de ellos. Les había sido útil pero ellos habían sido mucho más útiles para mí. Yo había aprendido mucho en mis contactos con ellos, hasta el punto de ser considerado como un periodista especialista en problemas campesinos. Y ellos ¿qué habían aprendido de mí? Muy poco porque en ningún momento había compartido con ellos mi experiencia de periodista. Ellos aportaban la materia bruta, la noticia, y yo, el especialista, me reservaba el derecho de procesarla, modificarla y presentarla.

A partir de esa certeza concebí la necesidad de reorientar mi trabajo. Me había dado cuenta de la gran importancia que podía tener la comunicación para el desarrollo rural, para el mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo de los campesinos. También había visto los males que acarrea la incomunicación en la que está recluido el campo. Si quería favorecer al mundo rural, no podía limitarme a ser un intermediario insustituible, tenía que aprender a estimular en los mismos campesinos su propia capacidad de comunicación y compartir con ellos los conocimientos que había adquirido en la materia. Decidí convertirme de periodista en comunicador.

Estas líneas iniciales no pueden evitar un indispensable tono muy personal para presentar la verdadera intención de este libro. No soy un teórico de la comunicación. Nunca estudié comunicación y difícilmente podría referirme a las innumerables tesis que han sido propuestas para interpretar el fenómeno de la comunicación y para orientarla hacia uno u otro rumbo. Este libro es exclusivamente el producto de una experiencia de trabajo bastante fértil y aleccionadora, en relación con el campo latinoamericano.

El lector no debe, pues, esperar encontrar aquí los conceptos académicos, el rigor universitario en el manejo de las palabras, ni las tradicionales referencias a autores y publicaciones. Mis argumentos parten de la realidad y no de teorías; mi vocabulario trata de ser el más común (de ahí cierta ambigüedad: cuando hablo por ejemplo de "educación medieval", no me refiero concretamente a la educación practicada en la Edad Media, sino a la educación atrasada, vetusta, de acuerdo al sentido popular que se da a la palabra "medieval"); mi estilo se acerca más al relato de vivencias que a la defensa de posiciones científicas.

Lo que sí podrá hallar el lector es un análisis basado en una realidad conocida y una reflexión sustentada en dicho análisis, un esfuerzo por descubrir las causas, consecuencias y alternativas a tantos problemas que se confrontan a diario en el trabajo de promoción y capacitación en el campo. Este libro va esencialmente dirigido a quienes tienen directamente a su cargo una labor de este tipo. Por eso se intenta reseñar aquí una forma de enfocar la experiencia propia y una metodología para acometer el trabajo. Probablemente se podrán sacar muchas más enseñanzas de dicha experiencia, elaborar sistemas y teorías, ofrecer modelos. Pero una de las cosas más importantes que he podido aprender en estos años es que podremos avanzar mucho mejor y mucho más rápido, ayudando a la gente con práctica de trabajo en el terreno a sistematizar y profundizar su experiencia, en lugar de sólo alimentar las investigaciones teóricas. Este libro quiere entonces servir de incentivo para todos aquellos que, teniendo acumulada toda una historia de trabajo, quieran recorrer el camino, interpretando y criticando lo que hicieron y conocieron.

Tampoco se trata de dejar este esfuerzo únicamente librado a iniciativas personales. Todos vivimos de nuestro trabajo. Si las instituciones que nos emplean no entienden la importancia de esta tarea de reflexión y sistematización, ¿dónde y cuándo encontraremos los medios y el tiempo para un análisis serio? Por mi parte, tuve la suerte de poder tomar algunos meses de libertad para dedicarme a preparar este libro. Si los responsables de instituciones llegan a pensar que los capítulos que siguen son una real ayuda, espero que consideren en sus programaciones el tiempo necesario para analizar y ver lo más importante de sus propias experiencias, con el aporte de todos los interesados, con el personal de campo.

Existen probablemente mucho trabajos aleccionadores que no considero aquí. En un primer momento tuve intención de recopilar la mayor parte de experiencias latinoamericanas para presentar un balance y unas alternativas de mayor envergadura. Pero dejé esta posibilidad: más que presentar un sesudo tratado sobre comunicación, creo más positivo ofrecer el testimonio de mi recorrido personal y mis propias conclusiones, para tratar de impulsar un proceso de reflexión y debate entre los actores directos de tantos esfuerzos de promoción y capacitación campesina. Si bien muchas de mis conclusiones y observaciones se apoyan también en otras experiencias, me he limitado aquí a usar exclusivamente ejemplos que pueda manejar personalmente. Con una excepción: en el capítulo 3 hablo de la capacitación audiovisual realizada por el CEPAC del Perú, aun cuando no participé en ella. (Mis fuentes son la documentación, informes y evaluaciones que me proporcionó el mismo CEPAC, algunas entrevistas con personal que trabajó en el mismo y con usufructuarios de los servicios de este Centro). Esta excepción se debe a que muchas veces me encontré en mi trabajo con planteamientos como los del CEPAC y he querido usar, a título demostrativo, el ejemplo de uno de los "modelos" más recientes y más de moda en América Latina.

A pesar de mi decisión de escribir en base a mi experiencia personal, este libro elude sistemáticamente el tono del testimonio individual. ¿Por qué? Mi afán no es dar a conocer tal o cual proyecto o realización sino provocar la reflexión y el debate. He renunciado entonces a un estilo más ameno, más descriptivo; descarté una estructura de tipo cronológico para ordenar mis explicaciones alrededor de las ideas y no de los hechos. De ahí que resulte quizás un texto a veces demasiado denso y difícil, pero donde espero que cada párrafo sea una incitación al análisis y a la discusión. Y para facilitar tales análisis y discusión, recurrí a un sistema poco usual de numeración de los párrafos. Cada párrafo (o grupo de párrafos) lleva un número; no existe ninguna jerarquización entre ellos; no se trata de un informe administrativo ni de una tesis universitaria; estos números están destinados a ayudar al lector o al grupo de debate para relacionar temas o ejemplos afines que van siendo tocados en diversos momentos del libro. Por ello, al final de cada párrafo (y cada vez que ha sido posible) se señalan los números de aquellos párrafos que concuerden con él y pueden servir a entenderlo o ampliarlo.

Este sistema de numeración corresponde a otra preocupación: ofrecer a cada lector la posibilidad de manejar este libro según su propio ritmo y de acuerdo a sus propios intereses. No es indispensable que se comience por el primer capítulo para terminar con el último. Cada quien puede empezar donde mejor le convenga y seguir en el orden que prefiera: los números al final de cada párrafo le indicarán dónde encontrar las referencias presentes en otros capítulos y que le pueden hacer falta para comprender un planteamiento o un ejemplo.

Sólo me queda enfatizar mi propio interés en el debate propuesto aquí y mi deseo de participar en él, profundizando una reflexión que me parece vital para todos los esfuerzos de desarrollo integral del campo. Por ello propongo a quienes tengan experiencias, que contradigan, refuercen o complementen la mía, me las hagan conocer a la dirección de la editorial de este libro para iniciar un intercambio que puede ser muy productivo.

Lima, enero de 1980.

CAPITULO I

¿ES IMPORTANTE LA COMUNICACION?

INCOMUNICACION Y FRACASOS

#1

"Primero necesitamos tierra, créditos, comida, casa, salud, educación. Después veremos eso de la comunicación", dicen a veces los campesinos. Y las instituciones contestan a su vez: "Hay mucho que hacer ahora para realizar todas nuestras actividades y llevar a cabo los importantes proyectos que desarrollarán el campo y el país en general. La comunicación y otras cosas por el estilo vendrán por añadidura". Así las cosas, la comunicación aparece en América Latina como un lujo reservado a los países de mayor nivel económico, o en todo caso a las zonas urbanas. El mundo rural, tan "atrasado", tiene otras prioridades. Venir a insistir ahora sobre la importancia de un mucho mayor esfuerzo de comunicación corre entonces el riesgo de ser interpretado como la tradicional obsesión de un especialista en una materia que se preocupa por defender y ampliar su especialidad.

Sin embargo, la comunicación es uno de los pilares de todo desarrollo. Por sí sola no soluciona las contradicciones y conflictos sociales, económicos, culturales o políticos. Pero no hay ningún tipo de fórmula o sistema que sea eficaz sin una adecuada comunicación. Y se puede afirmar que su ausencia o mal manejo es una de las causas ( no la única por supuesto) de tantos fracasos o semi-fracasos en innumerables proyectos de desarrollo, educación y capacitación rural. ¿Cómo explicarnos mejor?

#2

Tomemos el problema al revés. ¿Quién podrá negar que en la actualidad las relaciones entre el campo y la ciudad, entre el Estado y los campesinos, entre las instituciones (públicas y privadas) y los campesinos, entre los partidos políticos y la gran masa campesina, se caracterizan fundamentalmente por la incomunicación? ¿Qué siente la persona que llega por primera vez a determinada zona campesina? La desconfianza. ¿Qué siente el citadino al entrar en una comunidad, el agente institucional o el militante político al participar en una reunión campesina? La incomprensión. ¿Qué siente el campesino que viene a ciudad a vivir o a hacer alguna gestión? El rechazo y el desprecio, cuando no el odio. Todos estos recelos y enfrentamientos son producto de las notorias diferencias entre un mundo y otro, pero se agigantan con la barrera de la incomunicación que separa a ambos.

#3

¿Por qué fracasan tantos proyectos y esfuerzos de desarrollo rural? Entre otras muchas cosas, porque nunca existe un verdadero diálogo entre los responsables y ejecutores de los proyectos por un lado y por otra parte con los campesinos supuestos beneficiarios de los mismos. Y esto lleva a los primeros a tratar de imponer sus soluciones y recetas a lo que ellos suponen son las necesidades de los campesinos, mientras estos últimos adoptan una actitud negativa o pasiva, rota de vez en cuando por la promesa de un beneficio inmediato. Los fracasos se deben también muchas veces a que la comunicación se establece solamente entre los promotores de afuera y cada campesino individualmente. Al no haber comunicación y debate entre el mismo grupo campesino interesado en el proyecto, éste no puede ser asumido colectivamente por lo que sus posibilidades de éxito disminuyen.

EL EJEMPLO DE LAS IRRIGACIONES

#4

Tomemos el caso de las inversiones productivas que hacen las instituciones en el campo. Un ejemplo clásico es el de las irrigaciones. Existe una preocupación generalizada en Latinoamérica frente al fracaso de las irrigaciones. Estas exigen financiamientos astronómicos, pero muchos gobiernos se ven obligados a realizarlos por razones de presiones políticas nacionales o regionales: emprender una irrigación anhelada durante decenios como "la salvación" de una zona es granjearse en gran medida la adhesión de la población local. Sin embargo los planes de colonización de tierras y rentabilidad de las mismas no llegan nunca a respetarse, hasta el punto que, con apenas un 50 por ciento de su cumplimiento, es considerado como un gran éxito. ¿Por qué? Es cierto que a veces se cometen errores estrictamente técnicos, en el cálculo del abastecimiento de agua, en la construcción de canales de riego en terrenos que no sirven, etc. Pero el problema principal de la mayor parte de las irrigaciones es que los llamados beneficiarios de las mismas no aprovechan al máximo el agua disponible y no se preocupan por el mantenimiento de la infraestructura. Otra vez ¿por qué? Porque estos beneficiarios de la obra (planificada y ejecutada por otros) no entienden el conjunto de proyectos, sus implicancias y necesidades; no lo han asimilado, no están motivados ni tratan de ver más allá de sus propios intereses inmediatos. Están incomunicados con respecto al proyecto, como infraestructura de riego y servicios adicionales de crédito, provisión de insumos, etc.

#5

Por el contrario, ¿qué pasa con las irrigaciones cuya concepción, planificación y ejecución son realizadas a iniciativa de los mismos grupos interesados (sean comunidades o asociaciones de pequeños y medianos productores), bajo su propio control y con su participación? Esas irrigaciones gozan generalmente de una mucho mejor situación (cuando el grupo no es manipulado por un cacique local), porque se conocen y discuten los problemas que surgen, las alternativas de mejoramiento, las mejores fórmulas de distribución y aprovechamiento de agua, las formas de conseguir los otros elementos necesarios al éxito del proyecto. Es decir, gracias a un mejor manejo de la comunicación. La circulación de la información, la motivación de los participantes, el diálogo y el debate alrededor de la problemática de la irrigación permiten al grupo como tal responsabilizarse realmente por la obra, asumirla y sacarla adelante.

EL EJEMPLO DE LOS SERVICIOS BASICOS

#6

Las mismas observaciones pueden hacerse en cuanto a las inversiones en proyectos de servicios básicos. "¡Hay que alfabetizar!" "¡Hay que mejorar la salud preventiva!" "¡Hay que traer agua potable!" Instituciones públicas y entidades privadas adoptan la consigna y se lanzan a hacer obras y dar capacitación. Pero cualquiera puede encontrar los rastros abandonados de muchos de estos esfuerzos: tanques de agua oxidados porque nadie de la comunidad se preocupó de continuar el primer aporte (regalado por algún organismo internacional cuya sigla aparece vergonzante sobre las ruinas del tanque); letrinas medio desarmadas y sin uso, porque los pobladores las construyeron solamente para no rechazar los materiales nobles que les eran regalados con esa condición, pero sin entender ni sentir la necesidad de tales casetas; gente que explica que "yo no tengo cabeza para esas cosas; fui una vez a unas clases que dieron pero no entendí nada; se fueron porque ya nadie asistía a las clases".

#7 (89)

En todos estos casos la incomunicación es una de las barreras que impide el éxito. A la inversa, los proyectos de servicios básicos que se realizan a través de un proceso de debate entre la misma población y entre ésta y los promotores venidos de fuera corren casi siempre mejor suerte. Una buena comunicación, un diálogo entre ambas partes permiten a las instituciones entender cuáles son las necesidades reales de la gente y las alternativas de solución adecuadas a sus posibilidades. Mientras, los campesinos reflexionan sobre las consecuencias de ciertas costumbres suyas, analizan ciertos elementos o conocimientos que ignoraban y toman su decisión en función de sus propias prioridades; si la decisión es positiva, se puede estar seguro que lo que ha sido aprobado no ha sido la obra como tal sino el servicio que puede prestar. La comunicación es el indispensable soporte de este proceso de reflexión, análisis y toma de decisión, comunicación dentro del grupo campesino y entre éste y las instituciones.

EL EJEMPLO DE LA CAPACITACION

#8

En la educación o la capacitación de los campesinos sucede a menudo lo mismo. Las instituciones vienen con sus programas y sus materiales, elaborados por sus especialistas, y le toca al campesino adaptarse a ellos si es que quiere "aprender". ¡Ni hablar de aquellas fórmulas educativas basadas en textos que tratan de realidades totalmente diferentes a la campesina o que imponen temas que no interesan para nada a la población campesina! El que siga con ellos es porque está muy motivado por las perspectivas de conseguir mejores puestos o ascender socialmente gracias al "cartón", el certificado de estudios o diploma. Pero hasta en instituciones inspiradas por las mejores intenciones se da una alta deserción cuando el campesino constata que se aburre con palabras por cierto muy motivadoras pero que no responden en lo inmediato a su afán de saber escribir su nombre o poder enviar una carta a la novia cuando se va a la zafra azucarera o a la corta del café. Y los cursos más técnicos se frustran cuando se constata que los cinco mejores alumnos de una clase de veinte para formar tractoristas no regresan a sus comunidades y cooperativas sino que se emplean en alguna empresa cercana de construcción de carreteras o viajan a la ciudad a aprovechar sus nuevos conocimientos. En la incomunicación nace el fracaso: unos buscan "educar" y los otros quieren simplemente un "cartón"; unos intentan formar "integralmente" al campesino a través de la alfabetización, cuando éste parte de intereses inmediatos y concretos; unos aspiran a proveer las comunidades y cooperativas de personas con ciertas habilidades cuando sus alumnos sólo desean una oportunidad para escapar hacia mejores horizontes.

LA BUSQUEDA DE SOLUCIONES

#9

No estamos presentando aquí nada nuevo. Hace tiempo que la mayor parte de las instituciones se dieron cuenta de tales problemas. Donde quizás haya habido cierta deficiencia en la toma de conciencia de estas instituciones, es en el diagnóstico. Se empezó por constatar que los eternos errores de concepción, planificación y realización de los programas rurales provienen generalmente del divorcio entre estos y la realidad del campo, sus formas específicas de trabajo y organización, los valores y actitudes de su gente. Desde esta perspectiva, los planificadores y proyectistas decidieron rodearse de sociólogos, antropólogos y especialistas en ciencias sociales. La consigna fue "investigar" para llegar a conocer la realidad y poder actuar mejor sobre ella. Pero, con todos los estudios, por sesudos que fueran, se llegó a esta otra "novedad": era indispensable la participación de la población. Y comenzó la veloz competencia entre diversos modelos de participación, cada cual más original que el anterior o que el del vecino.

Las insuficiencias de los informes de los especialistas o las dificultades para aprovecharlos y aplicarlos, lo mismo que los numerosos fracasos de los intentos por lograr la participación de los campesinos, nos llevan ahora a replantear el problema desde el enfoque de la comunicación. ¿Qué son efectivamente las investigaciones sino un intento unilateral de comunicación, de conocer observando y haciendo hablar? ¿No tenemos acaso, en la base de toda participación, un problema de comunicación? ¿Quizás entonces las deficiencias actuales de las investigaciones se deban a las limitaciones de la concepción y la metodología de comunicación que emplean? ¿Quizás las dificultades en alcanzar la participación sean producto de errores de concepción, actitud y metodología en la comunicación que debería alimentarla? Respondiendo a estas cuestiones vamos descubriendo la importancia de la comunicación, no como algo en sí y para sí sino como un pilar fundamental y mal conocido de la mayor parte de las actividades relacionadas al desarrollo y la capacitación rural.

INVESTIGACION ES COMUNICACION

#10 (195, 196)

¿Qué hacen los planificadores y proyectistas de alguna obra de desarrollo rural? Primero encargan grandes estudios para conocer la zona, su población, los recursos, etc. Entran a trabajar los especialistas con sus investigaciones: analizan la documentación existente, aplican cuestionarios, realizan entrevistas, procesan los datos recogidos, los interpretan y presentan sus sabias conclusiones. Es decir que comienzan por recoger información para luego hacer de ella lo que a ellos les parece en función de los intereses de las instituciones que los contrataron. Y la gran deficiencia de este procedimiento es que se basa en una actitud y unos instrumentos de comunicación que son excesivamente limitados y unilaterales. Sus cuestionarios y entrevistas son formas de comunicación pero de una comunicación distorsionada, falseada, restringida. Una comunicación en que el entrevistado se ve obligado a hablar sólo de lo que le interesa al entrevistador y en la forma que quiere éste; sabe también que su participación termina ahí y que será "juzgado" por lo que dice sin posibilidad de volver a intervenir, rectificar, completar; se ve entonces forzado a callar o deformar sus respuestas. Una comunicación en la que apenas si se da al campesino la posibilidad de expresarse oralmente o a veces por escrito, olvidando que existen otras formas de expresión que pueden ser mucho más explícitas y ricas de sentido en algunos casos: el silencio, el dibujo, el gesto, la actitud, etc.

#11

Este mal manejo de la comunicación conduce a estudios incompletos, equivocados, de poca utilidad con respecto al esfuerzo realizado. Muchas respuestas de los campesinos son inducidas por las preguntas de los cuestionarios; muchos campesinos tratan de decir lo que suponen que le gustaría escuchar a la institución; otros aprovechan al contrario para pedir lo que imaginan que "se puede sacar" a la institución, aunque no sea lo prioritario para ellos; otros a su vez se cohiben ante semejante "examen" y dejan de aportar muchas cosas que en otras circunstancias les interesaría dar a conocer.

Por otra parte, esta forma de trabajo no le aporta nada al campesinado. Apenas si sabe vagamente para qué habría de servir tal investigación. De ninguna forma se le ofrece la oportunidad de mejorar el conocimiento de su propia realidad, de discutir los proyectos propuestos, de cohesionarse alrededor de estos proyectos. Más bien sucede a menudo que los "afectados" por cuestionarios y entrevistas empiezan a tener reacciones negativas frente a "esta gente venida de fuera"; y los que no fueron consultados se consideran marginados y, por tanto, predispuestos a criticar y oponerse.

#12

¡Cuánto mejorarían los estudios si los investigadores se dedicaran más bien a analizar y procesar las informaciones que aparecen entre los campesinos cuando se comunican entre sí, a participar ellos mismos de esa comunicación aportando al debate las ideas, intenciones y conocimientos que inspiran los proyectos previstos y observando las reacciones positivas y negativas! ¡Cuánto se ganaría si los primeros resultados de la investigación fueran conocidos y discutidos por la misma población! Los datos serían mucho más ricos y mucho más confiables. Y la población local se motivaría, adoptando actitudes creadoras y positivas frente a los proyectos de desarrollo. La misma dinámica de diálogo así introducida serviría para un vaivén de debates, informaciones y correcciones a lo largo de todas las etapas de planificación, ejecución y aprovechamiento. Vemos entonces que la investigación en gran medida es comunicación, y que es importante volver a plantearla en términos de comunicación.

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