Resumen Desde un punto de vista existencial, la motivación involucra esencialmente a la persona (con su habilidad específica de tomar decisiones) en su mundo.




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Längle, Alfried (2003) “The Art of Involving the Person” (in: European Psychotherapy, vol 4, nº 1, p. 47-58, München: CIP Medien)




El arte de involucrar a la Persona – Las Motivaciones Fundamentales de la Existencia como estructura del Proceso Motivacional 1

Alfried Längle


Dr. en Medicina y Dr. en Filosofía

Sociedad Internacional de Análisis

Existencial y Logoterapia, Viena





Resumen

Desde un punto de vista existencial, la motivación involucra esencialmente a la persona (con su habilidad específica de tomar decisiones) en su mundo. Por ello, ésta puede ser definida como un proceso en movimiento dialógico desde la realidad presente y dada, hacia las intenciones y las metas de una persona. Desde esta perspectiva, la motivación es una expresión (muchas veces inconsciente) de la intención humana de llegar a ser, de situarse en la existencia. Este proceso se despliega de acuerdo a los temas fundamentales de la existencia. Por ello, la motivación está fundamentalmente vinculada a la estructura de la existencia, la cual moldea la sustancia de la motivación. Operacionalmente, la motivación conecta con el poder de la persona (espiritual o noético), como se describe en el Análisis Existencial Personal (AEP).
La intención de este trabajo es mostrar la relación entre la estructura de la existencia y los procesos motivacionales. De acuerdo con las “cuatro piedras angulares de la existencia” una persona debe, en primer lugar, aceptar su estar en el mundo, luego su propia vida y, finalmente, su identidad. Posteriormente a estas tareas, la persona está abierta y dispuesta a entrar en relaciones en un contexto (horizonte) más amplio, desde el cual deriva el sentido personal. Este proceso ha sido documentado a lo largo de 20 años de investigación empírica fenomenológica.

Además, estos cuatro aspectos fundamentales de la existencia forman una matriz para la comprensión psicopatológica de los desórdenes psicológicos y proveen un trasfondo para las intervenciones clínicas. Ellos representan el modelo estructural (o el contenido básico) de la Psicoterapia Analítico-Existencial actual.
Palabras claves: Motivación, Psicología Existencial, Análisis Existencial, Motivaciones Fundamentales de la Existencia.



  1. ¿Qué origina a la motivación?



La discusión acerca de la motivación está siempre presente en las ciencias sociales, incluyendo la psicología, psicoterapia, pedagogía, sociología y política, como también, en marketing y economía. Parece obvio que necesitamos de suficiente motivación para lograr las tareas de nuestras vidas, para la creatividad, el crecimiento, para funcionar socialmente y en la realización personal. Sin embargo, la pregunta substancial, surge inevitablemente, sobre la naturaleza de la motivación: ¿necesitamos realmente motivarnos por fuentes externas o estamos intrínsecamente y originariamente motivados debido a nuestra propia naturaleza? ¿Es la esencia de lo que llamamos el “proceso motivacional” un acto de recibir algo? ¿O es que el proceso motivacional consiste, simplemente, en dar forma a este primordial, omnipresente proceso? Si esto último fuera cierto, entonces, motivar a alguien requeriría simplemente suministrar una dirección para aquella energía preestablecida. Esto podría implicar que nosotros no ayudamos a que la gente se motive, sino más bien los ayudamos a encontrar el camino más apropiado para implementar la fuerza motivacional existente en sus vidas. El proceso motivacional podría entonces proveer un tema, una dirección para la intencionalidad, una razón para la decisión y podría revelar el valor de una acción particular para la propia vida. En otras palabras, motivar a alguien implicaría ayudarlo a encontrar las posibilidades, los valores, la autenticidad y el sentido por lo que hace.


Alfred Adler o George Kelly (cf. Brunner et al. 1985, 290) opinan que el ser humano está originariamente motivado por su naturaleza y no requiere ninguna fuente externa de estimulación. Este punto de vista fue compartido por Viktor Frankl, uno de los discípulos de Adler y seguidor de su corriente. Esta posición también fue sostenida por los “potencialistas” del movimiento de psicología humanista, como Carl Rogers (1961) quien argumentó que si las circunstancias son favorables para la actividad, los humanos desarrollan todas sus actividades y potenciales por sí mismos.


  1. La Voluntad de Sentido” de Frankl


Para Frankl, nosotros estamos verdaderamente motivados2 por tendencias biológicas y sociales, pero en primer término y más profundamente por nuestra “voluntad de sentido” personal. Esto significa que cada persona se mueve, fundamentalmente, por una búsqueda espiritual para lograr una comprensión más profunda de las experiencias y actividades personales. A esta fuerza motivacional se la considera el resultado directo de la esencia de la “naturaleza” humana. La búsqueda espiritual así como la voluntad de sentido se observan y originan en la dimensión espiritual (= dimensión noética o personal) de la persona.

De acuerdo con la teoría de Frankl de la logoterapia (1973, XVIII ff.; 1959, 672) esta dimensión espiritual está marcada por los tres potenciales humanos básicos3: “espiritualidad psicológica”4, libertad y responsabilidad. La pregunta por el sentido y el proceso de la motivación primaria, pueden ser, por lo tanto, entendidos como necesidades concomitantes en esta dimensión. Básicamente ellas constituyen el desafío creado por nuestra libertad.

Paradójicamente, la libertad trae consigo una compulsión por elegir- ser libres significa que estamos forzados a elegir-. Un prerrequisito para hacer cualquier elección real es la comprensión de ambos aspectos: el contenido y el contexto en el cual la decisión se va a hacer. El objetivo intencional de la voluntad surge desde este horizonte, y si es adoptado por el individuo, se vuelve un valor, probablemente el valor más alto, en dicha situación. Estos son los elementos constitutivos del sentido existencial: El valor más grande (el más elevado o el más profundo) en la situación dada que el individuo puede visualizar y comprender para ser la forma de alcanzar sus habilidades. Así, la motivación primaria de Frankl resulta ser una consecuencia inmediata de la realización de la voluntad personal, la expresión humana de la libertad.

Frankl desarrolló su concepto logoterapéutico de motivación en una época dominada por el determinismo, reduccionismo, subjetivismo y monadologismo, todos temas que él combatía fervientemente.

A pesar de que estas ideas imperaban durante su educación, sus logros personales y científicos en la logoterapia constituyen una evidencia de que Frankl pudo trascender estas tendencias. Él alcanzó esta integración, especialmente, con respecto a los conceptos de sentido y auto-trascendencia –ambas piedras angulares de su antropología. Sin embargo, desde el punto de vista motivacional de su teoría, Frankl pudo haber adoptado un pensamiento individualista, retrotrayendo y reduciendo el concepto de motivación existencial al concepto de voluntad. Incluso reforzó su concepto motivacional llamándolo “voluntad” de sentido. El mismo Frankl explicó esta decisión de llamarlo “voluntad” de sentido por su intención de hacerle contrapeso al concepto de Nietzsche de la “voluntad del poder”. Haciendo esto, Frankl reemplazó el valor instrumental del “poder” por el valor más espiritual del “sentido”. Más adelante, en el punto 4, llevaremos esta observación crítica a su conclusión por medio de la descripción de un concepto, el cual hemos formulado en el contexto existencial.

  1. La pregunta actual por el sentido


En esta época, los argumentos acerca de la libertad no dominan las discusiones de los problemas sociales, de la psicopatología y el discurso científico. El debate neo-darwiniano que surge como consecuencia de los descubrimientos genéticos de los ’60 y ’70 - y que generaron la polaridad de “libertad y necesidad” y el furor de considerar la voluntad libre contra la represión en 1968 - hoy ya no es pertinente.

En estos días predominan diferentes problemas: tanto la vida conyugal como la familiar han evolucionado y son aceptadas diversas formas de permanecer soltero; la vida en comunidades, los experimentos sociales y la promiscuidad sexual de los ’70 han sido reemplazados por juegos de fantasía en mundos virtuales, telecompra e internet. La homosexualidad es bastante más aceptada como una versión normal de la sexualidad. La cohesión social en la política y en la economía se ha perdido y es reemplazada por un alto grado de individualismo, competitividad y rivalidad, y un nuevo sentimiento de libertad ha venido utilizando los recursos del individuo hasta su máximo nivel. Este nuevo sentimiento de libertad trae consigo aislamiento, no sólo para las generaciones mayores, sino también para las diferentes culturas.

La naturaleza “esquizofrénica” de nuestros días consiste en que disponemos de las mejores estructuras de comunicación en la historia, viajamos internacionalmente más que cualquier generación que nos ha precedido, pero en el fondo estamos más solos y culturalmente más aislados que en cualquier otra época. El incremento en el contacto entre personas de diferentes culturas lleva al consumo de los aspectos placenteros de esa otra cultura, pero no ha generado un auténtico diálogo. Esta carencia de diálogo profundo, y la consecuente falta de entendimiento mutuo, provoca una ansiedad de aislamiento y una pérdida de identidad. Este fenómeno puede observarse, por ej. en los patrones del turismo e inmigración. El aumento en la velocidad de la vida trae consigo una disminución en el contacto interpersonal, el aumento de la información lleva a una disminución en la comunicación, el incremento en los viajes va en detrimento del encuentro personal. La tragedia del 11 de septiembre es el más claro ejemplo de la enorme y atemorizante falla en la comunicación y encuentro entre culturas diferentes.

4. El paradigma existencial
Considerando los problemas de nuestros días, es imperativo que adaptemos nuestras teorías a las necesidades y sufrimientos de hoy. Para ello, en Análisis Existencial hemos elaborado aún más el concepto motivacional con una aproximación, que no es menos humanista o personal. Nuestro nuevo concepto sigue un paradigma diferente. Como un complemento y un contrapeso al paradigma individualista de libertad y voluntad personal, el cual contiene las bases para el desarrollo en esta era posmoderna, proponemos un paradigma interpersonal.

Ésta es la dirección que adoptamos en el Análisis Existencial moderno. Hemos ampliado nuestro concepto motivacional, basándolo en la actividad más genuina de la persona: nuestro ser esencialmente dialogal, que se dispone y dirige hacia el intercambio con otros. Siendo uno mismo, encontrando las necesidades propias el campo de tensión de lo “inter”, el “entre”, aquello que los japoneses llaman “aida” (Kimura 1982; 1995, 103ff.). Esta necesidad espiritual de comunicación y diálogo ¡también subyace en numerosos trastornos de personalidad relacionados con la pérdida del sí mismo! -No hay “yo” sin un “tú”, como Buber y Frankl lo explicaron-. Ser uno mismo como persona significa estar en comunicación - estar en una continua interacción intra e interpersonal de contenidos y valores-. Significa tener bien sintonizada la realidad interna con la externa y viceversa, coordinándose a uno mismo con el significado objetivo de la situación. La motivación se comprende como enlazada en este continuo fluir que se establece naturalmente entre la persona y su mundo. Ambos están inseparablemente conectados e interrelacionados, en una acción recíproca ininterrumpida. O como Heidegger lo ha definido: ser una persona, “Dasein” significa estar-en-el-mundo, en relación con la “otredad”.



  1. Concepto existencial de Motivación


Desde un punto de vista existencial, el diálogo (o la “comunicación” como dice Jaspers) es un constitutivo esencial en la psicología humana y en la comprensión de la esencia de la existencia humana. Si tomamos la capacidad de dialogar como una característica de ser persona (por ej. un ser con mente y espíritu, y potencial para la toma de decisiones), entonces los humanos están siempre esperando la completitud desde un “compañero” en el sentido más amplio. Como seres dialógicos, esperamos y buscamos a alguien que “hable”, que nos llame, nos necesite, nos busque y nos desafíe. Obtenemos la provocación necesaria a través de todo lo que nos confronta, que nos desafía, que nos compromete. Exactamente en ese momento, el objeto ante nosotros comienza a “hablarnos”. Ser provocado significa ser llamado. Esta provocación es el punto de partida para cualquier motivación. En otras palabras, desde un punto de vista existencial, motivación significa involucramiento de la persona, iniciando el proceso personal por la provocación en una suerte de vis-à-vis (cara a cara). Por supuesto que el mejor de vis-à-vis lo constituye un otro cuando nos habla. Esta capacidad procesual-orientativa de la persona está descrita en la teoría del método del “Análisis Existencial Personal (AEP)” (Längle, 1994c) la cual busca comprometer el potencial personal en un proceso de manejar información y encuentro.

Este modelo, que es fundamental para cualquier clase de involucramiento con la persona, ayuda a distinguir tres pasos dentro del proceso motivacional:

  1. Reconocer algo en su valer o valor, desde la distancia en que nos habla. Frecuentemente esto es un desafío exigente que requiere una acción de nuestra parte. Aquello que una situación provoca en nosotros nos indica o señala el sentido implicado en esa situación. Reconocer este movimiento interno nos permite encontrar el sentido personal.

  2. Armonizar. Traer el valor percibido, el desafío o el sentido a una concordancia con nuestra realidad interior (por ej. examinar la congruencia con el resto de nuestros valores, actitudes, habilidades y capacidades y con nuestra conciencia, etc.).

  3. Dar el consentimiento interno a nuestro propio involucramiento activo. Este consentimiento y el acto de armonizar el nuevo valor con la propia realidad personal, conduce a la presencia de la persona interna en sus propias acciones y a la integración del nuevo valor y de la persona dentro de un contexto más amplio (sentido).

De acuerdo a nuestra opinión, al omitir a la persona en el proceso motivacional, se pierde la fuerza principal de la motivación humana. En cambio, se focaliza en el reflejo o reacción, pero no en la acción.

Cualquier acto o acción se define como un acto decidido y es, por ello, voluntario y libre.
Si aceptamos a la motivación como la decisión libre para actuar, entonces también debemos tomar en consideración el concepto de la propia voluntad. Frankl (1970, 37-44; 1987, 101-104) consideró el sentido como el motor de la voluntad libre. Una mirada existencial de la voluntad humana la considera como el eje antropológico de la existencia. Una descripción procesual-orientativa de la voluntad, sin embargo, se basa en los fundamentales de la existencia y, por ello, requiere más que sólo el sentido como la base de la voluntad constitutiva. La voluntad libre y realista se basa en tres elementos más:


  1. En la habilidad real y la capacidad del sujeto;

  2. En la percepción emocional del valor situacional;

  3. En el permiso interno para ese acto, que emerge desde un acuerdo con los conceptos propios de la vida y la moral.


Antes de continuar, concluyamos esta parte de la exposición en que tratamos la estructura de la motivación, agregando una reflexión acerca del problema que planteamos al inicio sobre los dos conceptos básicos de motivación: ¿necesita la gente estar motivada externamente o puede la motivación sólo ser moldeada y canalizada, porque la gente es intrínsecamente motivada? Nuestra teoría es que este concepto existencial hace de puente hacia dos posiciones aparentemente opuestas:


  1. La motivación emerge a través de una interrelación cara a cara. Ser tocado y provocado, así como comprender la situación es semejante a ser llamado por algo o alguien. Esta interpelación activa el estar-en-el-mundo constitucional, a causa de un reconocimiento o comprensión de lo que trata esta situación particular. Este proceso es el equivalente funcional del reconocimiento de la situación o el sentido existencial. Más aún, implica que recibimos un impulso desde el reconocimiento del mensaje esencial desde un cara a cara (del mundo externo, pero también del cuerpo, sentimientos, pensamientos).

  2. La motivación se moldea y constituye por vía de nuestra compresión del contexto y por nuestro acuerdo interno.


Visto desde este punto de vista, la noción de “estar-en-el-mundo” provee el piso sobre el cual se activan las fuerzas personales. Esto sucede por un encuentro perceptivo, con alguna otredad o con uno mismo.
Miremos de más cerca las cuatro motivaciones fundamentales para una existencia plena.


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