Semiótica bajtiniana y “giro hermenéutico” en las ciencias sociales: espacios de interseccióN




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fecha de publicación04.08.2016
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SEMIÓTICA BAJTINIANA Y “GIRO HERMENÉUTICO” EN LAS CIENCIAS SOCIALES: ESPACIOS DE INTERSECCIÓN
Rubén Biselli
El propósito del siguiente trabajo es intentar poner en correlación, de manera general, algunas cuestiones debatidas en el marco del denominado “giro hermenéutico” en las ciencias sociales con ciertas conceptualizaciones centrales de la teoría bajtiniana del lenguaje, que fueron desarrolladas de manera básica en la Unión Soviética por el denominado grupo Bajtín desde fines de los años ´20 hasta mediados de los ’30, y profundizadas y sofistificadas a lo largo de la solitaria, prolífica y deslumbrante obra que Bajtín fue elaborando hasta su muerte en 1975.

¿Por qué hacerlo?. En primer lugar, porque el grupo Bajtín, a contrapelo de toda la lingüística de su tiempo y adelantándose muchas décadas a intentos de teorizaciones en ese sentido dentro del campo de dicha disciplina o por fuera de ella, intentó pensar al lenguaje fundamentalmente como un dispositivo indisociable de los también indisociables procesos de subjetivización y de socialización; y porque lo teorizó a partir de pensar su ejercicio como una práctica social plena, como una variante de interacción social. En segundo lugar, porque el hecho de que Bajtín se considerara en realidad un filósofo llevó a que, a diferencia de lo que sucedía con la semiología y la lingüística que le eran contemporáneas, su teoría del lenguaje se fuera constituyendo en diálogo y en debate con aquellas obras filosóficas que de alguna manera, en parte, también son centrales a los autores adscriptos al “giro hermenéutico”: la de Dilthey, la de Husserl, la de Bergson, descontando, por supuesto, la trama marxista que fue, digamos, contexto obligado de gré ou de force. Por último, porque resulta enigmático, al menos para quien escribe estas páginas, que cuando la teoría social se vuelva a partir de los´60 hacia las teorías del lenguaje por el reconocimiento del rol del mismo en los procesos de socialización y subjetivización, o para encontrar herramientas teóricas que ayudasen a reconceptualizar la acción social, y a pesar de que los textos del grupo Bajtin son traducidos a las lenguas de mayor penetración académica desde fines de los ´60, se los ignorará - en la bibliografía de origen sociológico a la que hemos tenido acceso- casi de manera unánime (contrastando con lo sucedió desde muy temprano en el campo de los “estudios culturales”) , aun cuando sus presupuestos, sus preocupaciones y el dispositivo conceptual que generaron, resultaran quizás más cercanos a las nuevas teorías que aquellas con las decidieron dialogar.
A pesar de que los ámbitos de interés de la teoría bajtiniana se interpenetran unos con otros a lo largo de los libros y de las épocas, por cuestiones de claridad abordaremos por separado tres problemáticas teóricas de la misma para ver de qué manera intersectan conceptualizaciones propias de las teorías del “giro hermenéutico”. En primer lugar, nos ocuparemos de la teoría bajtiniana del lenguaje como interacción social, la primera pragmática europea del lenguaje; luego, nos detendremos en su conceptualización del lenguaje como dispositivo de subjetivización y socialización y, para finalizar, trataremos las implicancias del, quizás, concepto clave de su teoría: la noción de dialogismo .Antes de ello, deberemos llevar a cabo un breve recorrido por la génesis de la obra bajtiniana, para entender por qué hablar, sobre todo en los primeros años de la misma, de “grupo Bajtín”.

Hacia 1920, durante la guerra civil, Bajtín, nacido en 1895, se instala en Nevel, una pequeña ciudad rusa, huyendo de la hambruna de Petrogrado. Allí se integra a un grupo intelectual: el “Seminario kantiano” que, entre el ´21 y el ´24 se reencuentra en Vitebsk y se agregan nuevos miembros. Finalmente, hacia fin de ese año el grupo se constituye en Petrogrado con especialistas de áreas diversas y Bajtín deviene de alguna manera el líder. Sus discusiones y trabajos van desde las relaciones entre lenguaje y sociedad hasta el lugar de la iglesia ortodoxa en la Revolución. Un par de libros y artículos publicados bajo el nombre de dos miembros del grupo, Valerian Voloshinov y Pavel Medvedev suelen atribuirse, desde los años ’60, en parte o en su totalidad, a Bajtín, quien no los habría publicado con su nombre o por cuestiones de seguridad (por esos años es puesto bajo arresto domiciliario), o por no acordar con ciertas supuestas concesiones terminológicas y conceptuales de raíz marxista aparentemente necesarias para habilitar la publicación. Esto ha dado para una larga discusión sobre la autoría real, sobre todo por la temprana muerte de Voloshinov (por muerte natural) y de Medvedev (desaparecido en un campo de concentración stalineano). Para saldar la cuestión , que tratamos acá porque dos de los textos a los que haremos referencia “son” de Voloshinov y de Medvedev, y por su coherencia teórica con los textos firmados por Bajtín, diremos que esos libros y artículos pertenecen al “Grupo Bajtín” (Cf. VOLOSHINOV, 1981, págs, 9/19; DRUCAROFF, 1996, págs. 8/24) y que es el grupo, en realidad, el que da cuerpo a la primera semiótica pragmática europea.
EL LENGUAJE EN TANTO INTERACCIÓN SOCIAL
En un artículo de 1929, “La construcción de la enunciación”, Voloshinov escribe: “la esencia efectiva del lenguaje está representada por el hecho social de la interacción verbal, que es realizado por una o más enunciaciones”. La frase revela la distancia absoluta entre la postura que asume el grupo Bajtín (tanto en este artículo como en el libro Marxismo y filosofía del lenguaje, publicado también en 1929 bajo autoría de Voloshinov) respecto a la caracterización del lenguaje y la que desde unos años atrás

se va tornando dominante con el estructuralismo naciente. Lo “esencial” del lenguaje ya no pasa por el código -sistema o estructura- sino por una interacción concreta entre individuos concretos y en un contexto específico, que genera un hecho significativo que excede en mucho la significación derivada de las leyes del código. En este sentido la crítica al estructuralismo adquiere una doble perspectiva: se lo acusa de plantear un modelo teórico defectuoso para explicar el sentido real de un enunciado -por confundirlo con una significación derivada de estructuras morfo-sintácticas (VOLOSHINOV, 1981; BAJTÍN, 1982) pero, sobre todo, de hacerlo a través de la presuposición de un modelo del intercambio lingüístico falaz, una “ficción teórica” (BAJTÍN, 1982). “Ficción teórica” (el término no posee en Bajtín ninguna de las connotaciones positivas que adquirirá en ciertos planteamientos epistemológicos del siglo XX) porque se plantea como una “abstracción” (término que adquiere en la teorización del grupo una connotación negativa evidente) , una relación hablante / oyente basada en el proceso de codificación / decodificación, independiente de los contextos en los que el intercambio lingüístico se realiza en tanto acción social y que deviene lo esencial: “En la realidad, el locutor utiliza la lengua para sus necesidades enunciativas concretas (….)Trátase para él de utilizar las formas normativas (aún admitiendo su legitimidad) en contexto concreto dado. Para él, el centro de gravedad de la lengua no reside en la conformidad a la norma de la forma utilizada, sino a la nueva significación que esa forma adquiere en el contexto” (VOLOSHINOV, 1981, pág. 92). Este contexto será siempre un contexto experiencial y social (el acento estará puesto más en un polo que en el otro si el texto en cuestión del grupo Bajtin dialoga más con la Lebens philosophie o con el marxismo) y la intención de caracterizarlo con precisión recorrerá los escritos del grupo primero y de Bajtín después desde 1927 hasta 1975. El esfuerzo tiene que ver con el cambio radical de perspectiva: si el ser acción social pasa a ser lo esencial del lenguaje, lo central de su estudio va a ser su caracterización en tanto acción. Y la respuesta bajtiniana es que toda acción social, comenzando por el “intercambio” lingüístico, sólo podrá ser entendida, en tanto que acción significativa, a partir de la especificación de su contexto, siendo en su contexto. Pero además, si el lingüista debe ocuparse de producir una caracterización teórica sofisticada de la noción de contexto no es sólo para explicar mejor “desde fuera”, como observador, el hecho lingüístico: es porque los hablantes no cesan de plantear constantemente “contextos” de “adecuarse” a ellos y de “conceptualizarlos” de hecho a la hora de producir enunciados (Cfr.: BAJTIN, 1982). Es interesante ver de qué manera, en este punto esencial, Bajtín coincidiría, de manera sustancial, con la posición de las diferentes corrientes de las “sociologías significativas” (Giddens) que no encuentran diferencias “cualitativas” entre los recursos utilizados por los legos y por los científicos para comprender la acción social (Cfr. GIDDENS, 1993, pág.52).

Ahora bien, la crítica a la “ficción científica” estructuralista del intercambio lingüístico fundado en el código compartido plantea otro punto de ataque aún más decisivo: es sobre todo “ficción científica” porque no se plantea como interacción. También desde fines de los ’20 Bajtín se niega a pensar al receptor como un mero decodificador pasivo o como un “convidado de piedra” en la acción de producción de un enunciado. Y correlativamente se niega a admitir la posibilidad de postular a un hablante independiente de su receptor. Por un lado “el oyente, al percibir y comprender el significado (lingüístico) del discurso, simultáneamente toma con respecto a éste una activa postura de respuesta (…)que está en formación a lo largo de todo el proceso de audición y comprensión desde el principio, a veces, desde las primeras palabras del hablante” (BAJTIN, 1982, pág.257). Por otro, “al hablar, siempre tomo en cuenta el fondo aperceptivo de mi discurso que posee mi destinatario: hasta qué punto conoce la situación, si posee o no conocimientos específicos de la esfera de la comunicación cultural, cuáles son sus opiniones y convicciones, cuáles son sus prejuicios (desde mi punto de vista), cuáles son sus simpatías y antipatías; todo esto terminará la activa comprensión-respuesta con que él reaccionará a mi enunciado. Este tanteo determinará también el género del enunciado, la selección de procedimientos de estructuración y finalmente, la selección de recursos lingüísticos, es decir, el estilo del enunciado” (Idem, pág. 286). Este punto de la teorización bajtiniana (que lo lleva a reivindicar la tradición retórica y a sustentar su teoría de los géneros discursivos) también reencuentra un postulado central de las teorías del “giro hermenéutico”. ¿Cómo no leer en lo que acabamos de citar lo planteado por Schutz al afirmar que la “Verstehen no es primordialmente un método empleado por el científico social, sino la particular forma experiencial en que el pensamiento del sentido común toma conocimiento del mundo social cultural” (SCHUTZ, 2003, pág. 77)? ¿Y por qué no ir un poco más allá y pensar el ejercicio del lenguaje, en el sentido bajtiniano, como la interacción privilegiada para el desarrollo y el afianzamiento de esta “experiencia”?: el concepto clave de dialogismo, en el que nos detendremos más adelante, quizás vaya en esa dirección.

EL LENGUAJE COMO DISPOSITIVO DE SUBJETIVIZACIÓN Y SOCIALIZACIÓN

Como sucedía en la problemática tratada en el apartado anterior, también la teoría bajtiniana del lenguaje trabaja desde su propia perspectiva un aspecto de lo social que las corrientes propias del giro lingüístico-hermenéutico han puesto de relieve: el rol del lenguaje en los procesos de subjetivización y de socialización. Dos cuestiones centrales de esta problemática recorren insistentemente la obra de Bajtín y de su grupo en evidente ligazón con el contexto de descubrimiento de la teoría: por un lado la idea de que el lenguaje actúa como dispositivo de sostén de la experiencia subjetiva en tanto que, al mismo tiempo, opera como principal vehículo de los procesos de socialización, haciéndose imposible disociar autonomía de heteronomía; por otro lado, obviamente en relación con lo anterior, la idea de que el lenguaje no es un código neutro de expresión o representación sino una gran máquina simbólica por la que circulan representaciones del mundo y perspectivas sociales y culturales definidas.

La primera cuestión se teoriza en Marxismo y filosofía del lenguaje a partir de la noción de signo ideológico y la propuesta se piensa al mismo tiempo como una toma de partido al interior del marxismo en torno a la noción de “ideología” y como una alternativa a las teorías psicologistas referidas a los procesos de subjetivización. El problema se resuelve en términos claros: “La conciencia individual en un hecho socio-ideológico” (VOLOSHINOV, 1981, pág. 35) y esto es así porque no habría conciencia sin “palabra interior” y la palabra es siempre un signo-ideológico, pero, al mismo tiempo, tampoco habría “ideología” por fuera del lenguaje. Así, “la conciencia adquiere forma y existencia en los signos creados por un grupo organizado en el curso de sus relaciones sociales. Los signos son el alimento de la conciencia individual, la materia de su desarrollo, y ella refleja su lógica y sus leyes. La lógica de la conciencia es la lógica de la comunicación ideológica, de la interacción semiótica de un grupo social. Si privamos a la conciencia de su contenido semiótico e ideológico, no queda nada” (Idem, págs35/36), pero al mismo tiempo “la palabra funciona como elemento esencial que acompaña toda creación ideológica, sea ella cual fuere. La palabra acompaña y comenta todo acto ideológico (…) Todas las manifestaciones de la creación ideológica -todos los signos no verbales- están recubiertas por el discurso (verbal) y no pueden ser ni totalmente aisladas ni totalmente separadas de él” (Idem, págs.37/38).

La perspectiva marxista explícita desaparece de los textos posteriores firmados por Bajtín y es a su vez la noción de dialogismo o relación dialógica la que se hará cargo de abordar teóricamente el problema. Fiel a la idea de la esencia discursiva de la conciencia individual , la dialéctica entre subjetivización y socialización se resolverá sin embargo ahora a partir de las interacciones entre palabra propia y palabra ajena. Abordaremos más en detalle esto en el próximo apartado, al ocuparnos, precisamente, de la noción de dialogismo.

La segunda cuestión, la crítica a la concepción del lenguaje como código “neutro”, también transita por los escritos del grupo Bajtín desde los primeros libros y va delineando una posición que al mismo tiempo radicaliza y refuta cierta concepción del lenguaje como “forma de ver el mundo” que tiene sus bases en Humboldt e inclusive en Herder y de la que obviamente también se hará cargo la tradición hermenéutica, sobre todo en la versión gadameriana (Cfr.. por ejemplo, MARÍ, 2002). Para Bajtín si el lenguaje actúa como configurador de experiencia, si de alguna manera dota de sentido al mundo social y cultural, no es, porque en tanto lengua materna compartida por una comunidad pre-evalúe para ésta su trama experiencial, sino porque el lenguaje es indisociable de las tensiones sociales y culturales que atraviesan a una sociedad.

Las modalidades en que esto fue pensado variaron a lo largo de las casi cinco décadas de producción teórica bajtiniana. Nos parece interesante detenernos en algunas de ellas, en algunas de las conceptualizaciones claves a las que dieron lugar. Por ejemplo, en los textos del Grupo Bajtín de los años veinte (VOLOSHINOV, 1981; MEDVEDEV, 1978)

la diferencial socializadora del lenguaje fue pensada a partir de una intrínsica capacidad para transmitir, en el tejido mismo de sus palabras, sus enunciados, sus frases hechas, lo que denominaron los “ideolegemas en formación” los esbozos “ideológicos” (recordemos que son los años en que el marxismo provee un léxico obligatorio) que no han terminado de consolidarse en constructos ideológicos reconocibles, que posiblemente jamás lo hagan, pero sin los cuales ninguna sociedad puede funcionar: “Las palabras son tejidas a partir de una multitud de hilos ideológicos y sirven de trama a todas las relaciones sociales en todos los dominios. Está claro, en ese sentido, que una palabra será siempre el indicador más sensible de todas las transformaciones sociales, inclusive de aquellas que apenas despuntan, que todavía no tomaron forma, que aún no se han abierto camino hacia los sistemas ideológicos estructurados y bien formados” (VOLOSHINOV, 1981, pág. 41).

Hacia fines de los treinta, cuando Bajtín profundiza su teoría de la novela, pensándola como “orquestación de “lenguajes sociales””, el concepto clave que aparece es el de “plurilingüismo social”. La idea de un “lenguaje único” común a todo un país, que se fue imponiendo en Europa desde el siglo XVI no es para Bajtín más que una falacia o una pura “abstracción” que en realidad, a partir de un gran dispositivo de poder que le es propio, oculta una innumerable pluralidad de lenguajes (de clases o formaciones sociales, regionales, de género, profesionales), generalmente en lucha o competencia entre ellos, que se constituyen como verdaderas cosmovisiones, “visiones del mundo socialmente significantes”, a partir de los cuales los hablantes interpretarían sus entornos vitales: “todos los lenguajes del plurilingüismo , sea como fuere que se los individualice, son puntos de vista específicos sobre el mundo, formas de su interpretación verbal, perspectivas objetales semánticas y axiológicas. En tanto que tales, todos pueden confrontarse, servir de complemento mutuo, entran en relaciones dialógicas; como tales, se reencuentran y coexisten en la conciencia de los hombres, y, ante todo, en la conciencia creadora del novelista; como tales, por último, viven verdaderamente, luchan y evolucionan en el plurilingüismo social” (BAJTIN, 1978, pág. 111).

Por los mismos años, finalmente, cuando Bajtín da forma a su teoría del “carnaval” como práctica social al estudiar al obra de François Rabelais, el lenguaje es conceptualizado a partir de esa trama de poder y resistencia que deviene el carnaval en dicho texto. En tanto lugar privilegiado de la encarnación y el ejercicio del poder, las palabras serán uno de los territorios esenciales del ejercicio de “resistencia” que deviene el carnaval: palabras sacras injuriadas, palabras de dominio dadas vueltas como un guante, palabras prohibidas que ocupan el centro de la plaza pública, palabras públicas trastocadas en los enunciados privados, palabras privadas que resuenan por unos días con el tono ensordecedor de lo público: “La ausencia de palabras neutras caracteriza a este lenguaje (el de la plaza pública)(…)Cuanto más oficial es el lenguaje, más se distinguen estos tonos, elogios e injurias, puesto que el lenguaje refleja la jerarquía social instaurada, la jerarquía oficial de las apreciaciones (…) y las fronteras estáticas entre las cosas, los fenómenos, instituidas por la concepción del mundo oficial.

Pero cuanto menos oficial y más familiar sea el lenguaje, más frecuente y sustancialmente se unirán estos tonos, más débil será la frontera entre el elogio y la injuria(…)Las fronteras oficiales firmes entre las cosas, los fenómenos y los valores, comienzan a mezclarse y a desaparecer (..) El aspecto no oficial del mundo en vía de devenir, y del cuerpo grotesco, se revela. Y esta vieja ambivalencia se reanuda en una forma licenciosa y alegre” (BAJTÍN, 1974, pág. 379).
La enumeración de conceptos y los ejemplos textuales podrían seguir, pero creemos que son suficientes para demostrar que la profundización en el estudio de las potencialidades subjetivantes y socializantes del lenguaje, no lleva a Bajtín a ninguna “cárcel del lenguaje” ni a una negación del lugar central de la problemática del poder a la hora de pensar lo social. En este punto la distancia con las “sociologías significativas”, aparece, precisamente, como significativa (Ver por ejemplo al respecto, en cuanto a una crítica de lo que él denomina “sociologías significativas”: GIDDENS, 1993, pág.53).

LA NOCIÓN DE DIALOGISMO

Para terminar, por la importancia que el concepto de “dialogismo” (y sus “máscaras”: “palabra bivocal”, “polifonía textual”, “relaciones dialógicas”) tiene en la obra de Mijail Bajtín y en la trama conceptual que el mismo generó en la semiótica y la teoría del discurso del siglo XX (“intertexto”, “intertextualidad”, “interdiscursividad”, etc.), nos interesa detenernos brevemente - para concluir este trabajo - en las implicancias del mismo para la problemática que venimos tratando, a pesar que la mayoría de ellas ya han sido abordadas en relación a aspectos conexos de la teoría de Bajtín.

El concepto aparece desarrollado en profundidad por primera vez en el libro de Bajtín sobre Dostoievski de 1929 del cual es un sostén conceptual ineludible (Cfr.: BAJTÍN, 1970), más allá de algún papel de “figurante” menor en los libros de Voloshinov y de Medvedev contemporáneos a los cuales hemos hecho referencia. En este texto Bajtín opone palabra o discurso (las traducciones del ruso de este término han sido problemáticas y variadas) bi-vocal o dialógico a palabra o discurso monológico como dos modalidades semióticas esenciales del funcionamiento discursivo: o la palabra da cuenta de manera directa de su referente, o lo hace de manera indirecta a través de una palabra otra que resuena al interior de la palabra propia (leyéndosela o escuchándosela “literalmente” en la misma o generándola de manera indubitable “desde fuera”) y cuyo punto de vista sobre el referente o continúa o contradice abiertamente (estilización en un caso, parodia, en el otro). Para entender esto hay que comprender que para el Grupo Bajtín , palabra, discurso o enunciado (prefiramos la traducción que prefiramos) significa siempre un punto de vista valorativo sobre su objeto: y de lo que se trata entonces es de valoraciones que se superponen, se solapan o dialogan entre sí en el discurso dialógico, o de un discurso que ignora radicalmente otro tipo de valoraciones de su objeto, el monológico. Bajtín utiliza su marco conceptual para múltiples propósitos que, por un lado, interconectan su texto con los libros del Grupo que le son contemporáneos y las problemáticas tratadas en ellos y que, por otro, lo abren al futuro de la obra bajtiniana y a su recepción occidental. Así, el concepto le sirve a Bajtín para captar la intrínseca novedad de la prosa de Dostoievski; para sustentar una teoría genealógica inédita del género “novela”; para postular una ciencia nueva que se ocuparía de las relaciones dialógicas (frente a una lingüística atrapada epistemológicamente en una concepción monológica del lenguaje) y que provisoriamente denomina “translingüística”; para articular, finalmente, una tipología de los discursos sociales bastante singular en torno a la problemática del poder: por una parte, discursos monológicos autoritarios -la religión, la ciencia o la poesía- que se niegan al diálogo social de los discursos; por otro, discursividades dialógicas que se abren al mismo _la novela apareciendo, en ese contexto, como el género “democrático” por excelencia.

A lo largo de los años -y de los libros de Bajtín-, el concepto no cesa de aparecer, aunque mutando en algunos aspectos, y se va transfomando, poco a poco, en el concepto clave de su obra entera, la divisa de su importancia para él mismo y para quienes comienzan leerla y a utilizarla en Occidente, de manera más o menos respetuosa o más o menos salvaje. Así, el dialogismo reaparece como sustento mismo de la experiencia carnavalesca y de cómo la misma deviene matriz genética del género novela; del funcionamiento del plurilingüismo social, tanto en la forma en que el mismo socava el poder y la opresión de las lenguas nacionales, como en la manera en que su articulación vuelve a explicar, desde otro lugar, la esencia de lo novelesco; de la relación que hablante y oyente entablan en la interacción comunicativa; de la articulación entre géneros discursivos “primarios” y “secundarios”; de la manera, finalmente, en que una trama cultural se establece, perdura, se transforma y al interior de la cual los hombres devienen sujetos sociales. En el camino, la distinción monologismo / dialogismo pasa al olvido y las relaciones dialógicas devienen una dimensión ineludible del sentido de cualquier enunciado, dimensión a través de la cual lo cultural y lo social anidarán en el corazón mismo de dicho sentido: “El objeto del discurso de un hablante, cualquiera que sea el objeto, no llega a tal por primera vez en este enunciado, y el hablante no es el primero que lo aborda. El objeto del discurso, por decirlo así, ya se encuentra hablado, discutido, vislumbrado y valorado de las maneras más diferentes; en él se cruzan, convergen y se bifurcan varios puntos de vista, visiones del mundo, tendencias.(…)El hablante no es un Adán, por lo tanto el objeto mismo de su discurso se convierte inevitablemente en un foro donde se encuentran opiniones de los interlocutores directos (en una plática o discusión acerca de cualquier suceso cotidiano) o puntos de vista, visiones del mundo, tendencias, teorías, etc. (en la esfera de la comunicación cultural). Una visión del mundo, una tendencia, un punto de vista, una opinión siempre poseen una expresión verbal. Todos ellos representan discurso ajeno (en su forma personal e impersonal), y éste no puede dejar de reflejarse en el enunciado. El enunciado no está dirigido únicamente a su objeto, sino también a discursos ajenos acerca de este último. (…) Repetimos: un enunciado es un eslabón de la cadena de la comunicación discursiva y no puede ser separado de los eslabones anteriores que lo determinan por dentro y por fuera generando en él reacciones de respuesta y ecos dialógicas” (BAJTÍN, 1982, págs.: 284 / 285).
Como puede verse, casi todos los aspectos que hemos trabajado como espacios de intersección entre los intereses bajtinianos y los de los autores del “giro hermenéutico” son reinterpretados por Bajtín a lo largo de los años como problemáticas explicables desde el concepto de “dialogismo”, o directamente han surgido como corolario de las implicancias últimas del mismo. Así sucedió con la interacción hablante / oyente y el rol central de éste último en la misma según los términos que explicamos, que fue re-pensada como ejemplo clave de un “dialogismo hacia adelante”, hacia el futuro de la cadena comunicativa; con la reformulación de la noción de “contexto” de los veinte tardíos que hacia los cincuenta comienza a incluir como dato central ( y diferencial respecto a otras pragmáticas) la trama dialógica (tanto para pensar la percepción y utilización intuitiva del mismo por el lego como a los fines de conceptualización teórica); con las formas de pensar los procesos de subjetivización y socialización, ahora retrabajados como procesos dialógicos1. Por su parte, la teorización en torno al pluriglingüismo y al carnaval que describimos ya participan plenamente de la expansión explicativa del concepto de “dialogismo”que, en lo referido a la teoría del carnaval, prácticamente se transforma en una noción teórica socio-antropológica.
Dos últimas cuestiones para terminar con el relevamiento de intersecciones bajtinianas con las teorías del “giro hermenéutico” que estamos acometiendo.
Por una parte, es interesante remarcar cómo la idea recurrente en las sociologías de raigambre fenomenológicas de que sólo un entramado fuerte de presuposiciones compartidas permite dotar de sentido las interacciones que los agentes sociales entablan al interior de un “mundo de la vida” específico, reaparece en Bajtín al pensar no sólo la interacción lingüística sino la cultural en general. Lo interesante en Bajtín es que el concepto de “dialogismo”, al permitir traer la “palabra ajena” al corazón mismo de la “palabra propia” con todas las implicancias que hemos señalado, permitiría ligar esas presuposiciones socioculturales, experienciales, a la práctica misma del lenguaje y no recluirlas en el espacio de lo “no-dicho” compartido. O dicho de otra manera, proveería una herramienta teórica para pensar su indisociabilidad. Hay que tener presente, creemos, y ya lo anticipamos, que existe sin embargo un límite para pensar los contactos de Bajtín con la tradición fenomenológica y la hermenéutica: su fuerte conciencia de que las relaciones de poder, los enfrentamientos sociales y culturales, la misma emergencia de lo inédito absoluto, atraviesan todo el tiempo el ejercicio del lenguaje (o de los lenguajes para ser más precisos), y las relaciones dialógicas se harían cargo “teóricamente” de ello, a la misma altura con que lo harían con el espacio de sentido compartido que habilitaría una interacción cultural.


Dicho esto, no podemos dejar de señalar que los contactos del último Bajtín, sobre todo, con la hermenéutica gadameriana casi podrían escudriñarse renglón por renglón, quizás no para encontrar similitudes que en muchos casos serían obvias (Cfr. por ejemplo Lulo, 2002 con lo trabajado aquí), o diferencias que profundizarían en el camino señalado unos renglones atrás, sino, para comparar dos voces estrictamente contemporáneas y en total desconocimiento mutuo, que aparecen muchas veces cantando la misma melodía a través de acordes que las acercan y las alejan incesantemente. Y no caben dudas, que, del lado bajtiniano, serían las modulaciones del concepto de “dialogismo” -que en las notas de los últimos años sirve a Bajtín ,quizás, para intentar retomar ese oficio de filósofo abandonado en su primera juventud y que siempre actuó ,en filigrana, en sus trabajos de lingüista, semiólogo o crítico literario- las que habría que seguir. El trabajo excedería los límites pautados para éste (valga la vieja fórmula retórica) porque el terreno a recorrer sería largo y diverso: las reflexiones en torno al estatuto epistemológico y metodológico de las ciencias del hombre (es el término bajtiniano, para nombrar eso siempre difícil de nombrar); el acceso al pasado y al otro sólo posible a través del lenguaje: desde el lenguaje y hacia el lenguaje; la reivindicación mutua de la tradición retórica por razones y fines al mismo tiempo similares y disímiles, y obviamente, la reflexión sobre lo dialógico en todos los sentidos, pero sobre todo por el valor que le otorgan (ya lo dijimos, a veces en consonancia, a veces en disonancia absoluta) en el hacerse mismo de la cultura y de lo social. Y la lista seguiría… Valga como ejemplo de los contactos, y para cierre definitivo, las últimas frases de las últimas notas escritas por Bajtín, en 1974:
“No existe ni la primera ni la última palabra, y no existen fronteras para un contexto dialógico (ascienden a un pasado infinito y tiende a un futuro igualmente infinito). Incluso los sentidos pasados, es decir generados en el diálogo de los siglos anteriores, nunca pueden ser estables (…); siempre van a cambiar renovándose en el proceso del desarrollo ulterior del diálogo. En cualquier momento del desarrollo del diálogo existen las masas enormes e ilimitadas de sentidos olvidados, pero en los momentos determinados del desarrollo ulterior del diálogo, en el proceso, se recordarán y revivirán en un contexto renovado y en un aspecto nuevo. No existe nada muerto de una manera absoluta: cada sentido tendrá su fiesta de resurrección. Problema del gran tiempo” (BAJTÍN, 1982, págs. 392 / 393)

BIBLIOGRAFÍA CITADA

BAJTÍN, Mijail

1970 La poétique de Dostoïevski. Paris, Du Seuil

1978 “Du discours romanesque” en Esthétique e théorie du roman,

Paris, Gallimard

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Barcelona, Barral Editores

1982 Estética de la creación verbal. México, Siglo XXI

DRUCAROFF, Elsa

1996 Mijail Bajtín. La guerra de las culturas. Buenos Aires, Almagesto

GIDDENS, Anthony

1995 Las nuevas reglas del método sociológico. Buenos Aires, Amorrortu

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2002 La teoría de las ficciones. Buenos Aires, Eudeba

LULO, Jorge

2002 “La vía hermenéutica: las ciencias sociales entre la epistemología y la

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1978 Il metodo formale nella scienza della letteratura. Bari, Dedalo libri

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2003 El problema de la realidad social Escritos I. Buenos Aires, Amorrortu

VOLOSHINOV, V.N. (BAJTÍN)

  1. Marxismo e Filosofia da linguagem. Sâo Paulo, Hucitec


Las traducciones de las citas de los libros en idioma extranjero que figuran en el trabajo son de nuestra autoría. Se han utilizado los mismos por ser los que poseemos en nuestra biblioteca personal y por ser con los que hemos estudiado la obra bajtiniana, pero de todos ellos hay traducciones en español, de diversa procedencia


1 Camino que en cierto sentido llevó también a cabo un sector del posestructuralismo francés (Barthes, Kristeva, los teóricos reunidos en la revista Tel Quel en general) a partir de los textos primigenios bajtinianos, al teorizar de manera uniforme procesos de subjetivización y entramado sociocultural a partir de los conceptos de “intertextualidad” e “interdiscursividad”

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