Facultad de arquitectura y urbanismo – universidad nacional de la plata




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FACULTAD DE ARQUITECTURA Y URBANISMO – UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA

PROPUESTA PEDAGOGICA TALLER VERTICAL DE ARQUITECTURA Nº 6

GANDOLFI-OTTAVIANELLI-GENTILE

ÍNDICE


1. FUNDAMENTACION Y ENCUADRE DE LA PROPUESTA

1.1. LOS ESTUDIANTES Y LA UNIVERSIDAD

La Facultad de Arquitectura de La Plata recibe anualmente un significativo número de estudiantes1 provenientes de distintos puntos del país y la región, con formaciones y orientaciones disímiles. A pesar de que naturalmente poseen diferentes visiones y expectativas respecto a “la Arquitectura” y a ser “Arquitecto” mayoritariamente comparten la idea de aprender a proyectar adquiriendo conocimientos útiles a la sociedad y desarrollando su creatividad.

Al margen del breve Curso Introductorio que, desde la reinstauración democrática, se viene implementando2, el conjunto de talleres que, de una u otra forma, interactúan en los primeros años de la Carrera enfrentan el múltiple compromiso de introducir mujeres y hombres en la vida universitaria, formar arquitectos y prepararlos para enfrentar una realidad –social y disciplinar- diversa, compleja y dinámica.

1.2. LA SITUACIÓN PRESENTE Y LA ARQUITECTURA

Un diagnóstico somero de esta realidad evidencia demandas o problemas que se presentan en el país, la región, la ciudad y la propia universidad: la obsolescencia de la infraestructura y el parque urbano edilicio; el uso irracional de los recursos energéticos, materiales y naturales; el déficit habitacional; la desigualdad social en el acceso a los bienes y servicios; la vulnerabilidad del legado histórico frente a las transformaciones que el capital produce en la ciudad y el territorio; los desequilibrios entre demandas y recursos y entre regiones; la dis-funcionalidad en la organización urbano territorial; la crisis de identidad espacial; etc.. Estos problemas podrían parecer de corte macroestructural y por fuera del alcance de los arquitectos, pero los condicionan exigiéndoles un compromiso para su reversión.

La Arquitectura junto al planeamiento se habían constituido en el ciclo moderno en la Argentina como aliados del modelo que, no exento de contradicciones y limitaciones, aspiraba a un desarrollo equilibrado en el territorio y en la sociedad.

La última dictadura militar quebró traumáticamente esta tendencia, imaginando en su lugar un modelo de exclusión y represión en el que la sociedad debía “merecer la ciudad”. En este contexto, la disciplina como promesa de futuro socialmente inclusivo ingresó por fuerza en un estado de hibernación. Emergieron entonces corrientes que habían tenido escaso desarrollo o al menos difusión durante el ciclo de modernización “hacia delante”. La reflexión al interior de la disciplina, su historia y sus instrumentos: la conciencia ambiental, la concepción de un planeamiento no tecnocrático, la valoración del patrimonio de bienes culturales; las intervenciones sobre edificios y lugares históricos; la aceptación de las más diversas expresiones culturales; el desarrollo de tecnologías blandas y el diseño sustentable, son algunas de las tendencias que se instalaron con fuerza en aquellos años, estimuladas por un clima internacional que las ponía como alternativas post al “viejo” paradigma de la Arquitectura Moderna.

Recuperada la democracia, estas tendencias que se habían desarrollado al margen de los ámbitos académicos, se integraron al trabajo de taller y a la temática de investigación en varias de nuestras universidades. Pero, antes de consolidarse como referentes disciplinares e ingresar al imaginario que la sociedad construye de respecto a los arquitectos, experimentaron la devaluación simbólica a que las sometió la larga década de modernización neoliberal. De la mano del clima “fin de las ideologías” se consolidó una visión negativa de estas tendencias (aprovechando cínicamente los frutos de ellas), a la par que se celebraba un profesionalismo exitista (y elitista) que, de la mano de la era de las nuevas tecnologías de la comunicación y la economía global, prometió arrasar con todas las diferencias culturales y la condición periférica, de cara a una sospechoso ingreso al “Primer Mundo”.

La situación actual -en la que tras la crisis de 2001 este desigualador modelo abrió expectativas de inclusividad- estimula el desarrollo de visiones alternativas al hegemónico profesionalismo aliado al modelo neoliberal y, en tal sentido, resulta propicio que la Universidad sea el ámbito para que se aquellas visiones alternativas se potencien en un medio cada vez más incierto.

1.3. NUESTRO COMPROMISO CON LA FORMACIÓN

En estas dos últimas décadas se ha promovido desde las Universidades nacionales la investigación científico-tecnológica y en este marco se han creado espacios específicos para su desarrollo, que tienen en el caso de nuestra Facultad sede en los Institutos, Centros y Laboratorios de Investigación. Nuestro equipo, que viene desarrollando actividades de investigación en el HiTePAC de la FAU y docencia en el campo de la historia de la arquitectura y de la ciudad, entiende que la reflexión teórica y crítica inherente a la investigación debe vincularse directamente con los problemas de formación profesional/disciplinar.

Las experiencias en la enseñanza de arquitectura en el grado por parte de cada uno de los integrantes de este equipo nos indujo a proponer una instancia de formación alternativa.

La participación en la formación de posgrado primero en la Carrera de Conservación del Patrimonio Urbano-Arquitectónico y Artístico y a partir del año 2010 en la Maestría en Conservación y Restauración del Patrimonio nos permite detectar la necesidad de incorporar desde el grado una orientación que contemple la instalación de esta problemática.

1.4. LA ARQUITECTURA COMO DISCIPLINA

La Arquitectura entendida como disciplina implica una actividad que comprende un conjunto de valores, principios y conocimientos específicos desarrollados a través de la práctica. Esta práctica (proyectual, constructiva, reflexiva) deviene en testimonios materiales y simbólicos que cada generación aporta al desarrollo de su sociedad y su cultura3, proyectándose potencialmente como herencia para las generaciones venideras.

En este marco se define el máximo alcance de la Arquitectura, que se ha venido constituyendo desde la Antigüedad como una de las disciplinas que, a la par de brindar soporte material a las más diversas actividades sociales, busca respuesta para las grandes cuestiones de la condición humana, para sus grandes interrogantes, anhelos y deseos. Por cierto, la fuente etimológica del término Arquitectura aúna dos vocablos griegos, arché -que se puede entender como orden, principio, regla, origen- y tektónicos, que designa al oficio de hacedor, constructor o carpintero. Se ha señalado que, en su sentido original la arquitectura podría haber sido una actividad (la tektónica) que colocó sobre el mundo visible una serie de principios que reconstruyen materialmente el orden inicial perdido (el arché)4.

La Arquitectura aparece ante la mirada de cada generación entre quienes se acercan a practicarla, como un denso e inmenso horizonte de posibilidades, compromiso, acción y realizaciones, no exento de incertidumbres.

Incertidumbres que tienen su base en la propia dinámica interna de la disciplina, la cual comparte las condiciones de la producción cultural. En ambos casos hay una producción emergente, otra dominante y una tercera residual. Es decir “ningún modo de producción y por lo tanto ningún orden social dominante y por lo tanto ninguna cultura dominante, verdaderamente incluye o agota toda la práctica humana, toda la energía humana y toda la intención humana”5. Lo residual se define como una corriente del pasado que se halla todavía en actividad dentro del proceso cultural, lo emergente alude a los nuevos significados y valores, nuevas prácticas, nuevas relaciones y tipos de relaciones que se crean continuamente.

Esta dinámica constitutiva del ciclo de la Arquitectura Moderna se aceleró en las últimas décadas, generando un clima de inestabilidad e incertidumbre cultural en la llamada posmodernidad, en el cual los valores afirmativos de un grupo dominante pasaron pronto a constituir anatemas, en medio de conflictivas transiciones.

La descalificación intelectual y el no reconocimiento del otro aparecen como los emergentes más indeseados de esta batalla cultural, en la cual los nuevos medios de comunicación juegan un rol de catalizadores y aceleradores del proceso.

1.5. MEMORIA, COMPROMISO Y TRANSFORMACION

Se podría entender que los valores, principios y conocimientos propios de la disciplina están tensados en tres direcciones que los mantienen en un equilibrio dinámico: hacia el compromiso presente con la sociedad y su cultura, hacia la transformación futura y hacia la memoria.

1. En tanto existe un compromiso entre los actores involucrados en la disciplina (aquellos que encargan, gestionan, producen, intercambian, habitan o al menos incorporan a sus imaginarios la producción de la misma) y el conjunto de la sociedad y la cultura de su tiempo; el resultado material y simbólico de ese compromiso perdura como bien cultural.

2. A lo largo de su historia la disciplina ha estado atraída en diverso grado por un afán de transformación, una voluntad de cambio que teñido de vocación utópica aparece a menudo como fuga hacia el futuro.

3. Pero subyacente o explícitamente, la disciplina se halla también en variable tensión tanto por la herencia material y simbólica de su pasado como por un sentido social –amplio y diverso- de la memoria.

Es por ello, la disciplina un campo dinámico, tenso y mutable.

En efecto, las tensiones asimétricas entre estas tres direcciones producen desequilibrios en la disciplina.

Así, cuando la disciplina elude la memoria deviene fuga hacia el futuro imaginando ciudades sin memoria, creando escenarios de tabula rasa en los cuales se deben construir los significados desde un grado cero.

Cuando se pierden las expectativas de transformación se cae en un difuso “no hay futuro” que da lugar a un profesionalismo incapaz de generar innovaciones o bien a recreaciones historicistas.

Cuando elude el compromiso social con el presente, la disciplina se vacía de contenido y se torna frivola6.

Exacerbando el camino en una única dirección, la disciplina experimenta los límites de su disolución: en la sumisión a la expresión del poder, en el culto al marketing, en la política, en el pragmatismo de la división del trabajo, la vacuidad del gusto por la forma o la visión elitista del legado histórico.

Entendemos por tanto agotado el paradigma de la renovación taxativa, a-crítica y constante, que implica una dirección tecnocrática y sin mediaciones hacia el futuro. Por el contrario es deseable establecer desde un compromiso social con el presente una relación dialéctica entre renovación y conservación; cambio y permanencia; memoria y futuro; posibilidades y expectativas.

1.6. LA ARQUITECTURA COMO PROFESIÓN

El ejercicio de la profesión se podría definir como el tránsito entre la disciplina concebida como horizonte y el trabajo de los actores involucrados en su práctica concreta, en un tiempo, condiciones y lugar determinados.

Profesión se entiende como el conjunto de habilidades inherentes a la disciplina que le permite a quienes la ejercen realizar las tareas propias de la misma con un adecuado nivel de rigor y calidad.

La profesión de arquitecto comparte con otras de fuerte inserción social el carácter de tratarse de un servicio a las personas. Por ello entendemos que la profesión debe incluir los principios, valores y conocimientos necesarios para interactuar con la sociedad. Ser un buen profesional implica poseer las dos dimensiones aristotélicas, poíesis y praxis (producir y actuar). La determinación del producir correcto pertenece a la técnica, mientras que el actuar honesto tiene razones éticas. En efecto, la rectitud del producir se mide por el producto; estriba en un resultado objetivo y en la nueva disposición de las cosas que sobreviene como consecuencia del producir, la rectitud del actuar es de índole estrictamente ética: radica en el actuar mismo, en su adecuación a una situación, en su inserción dentro del conjunto de las relaciones morales.

La concepción de la profesión desde nuestro punto de vista, necesariamente está inscripta en el campo disciplinar y no constituye un término aislado e incluso antitético. Téngase en cuenta que la disciplina se constituye –entre otros actores -por el aporte de los profesionales.

En tal sentido la educación debe siempre incentivar a que se el saber profesional se expanda hacia las fronteras más amplias de la disciplina.

1.7. ORIENTACION DEL PROFESIONAL A FORMAR

Aun con limitaciones, las condiciones de nuestro medio determinan un abanico de posibilidades presentes y potencialidades futuras para el ejercicio profesional de las distintas incumbencias.

La formación de grado deberá responder a estas demandas, fortaleciendo los contenidos que aporten a las incumbencias profesionales vigentes y tendiendo a promover su expansión.

Si bien, en las incertidumbres del mundo moderno los conocimientos técnicos tienden a desactualizarse, el desarrollo de la propia creatividad ofrece un amplio campo de aplicaciones para sostener el ejercicio de las distintas actividades inherentes a la profesión.

En tal sentido la orientación propuesta para la formación profesional, derivada de la visión de la disciplina que hemos expuesto, implica el desarrollo de habilidades y la integración de conocimientos para intervenir con solvencia en un medio con preexistencias ambientales y arquitectónicas significativas. En efecto entendemos que la intervención sobre estructuras arquitectónicas y urbanas preexistentes es una orientación antes que una especialidad. Orientación que implica el desarrollo de habilidades específicas, adquiridas en el grado, que pueden expandirse en la formación cuaternaria o de posgrado y en la docencia e investigación.

Aun cuando en nuestro medio el concepto de “centro histórico” no se manifieste con la claridad con que puede presentarse en otros países de América Latina (como el caso de Quito, Cuzco, La Habana), cada vez es más habitual que los problemas que se plantean a los arquitectos estén relacionados con estructuras preexistentes en un medio ya consolidado, poblado de referencias (y condicionamientos)7.

Asimismo se han convertido en un problema habitual para los arquitectos las acciones de reciclaje, refuncionalización y restauración de obras de arquitectura que cumplieron –en términos programáticos, funcionales o materiales- un primer ciclo de vida. Esta inclusividad no sólo responde a un punto de vista patrimonialista “a secas”, sino que se hace necesaria a partir de perspectivas inherentes al aprovechamiento y a la racionalización de los recursos –tanto públicos como privados- y a la responsabilidad social de la Arquitectura.

Finalmente, estamos convencidos de la necesidad de formar arquitectos preparados para enfrentar la diversidad de actividades que, además, pueden tener cierto grado de simultaneidad; actividades ejercidas desde los estamentos técnicos del Estado, el campo académico y científico, el ejercicio liberal de la profesión o la gestión política y social.

En el contexto de esta facultad que ofrece la posibilidad de funcionamiento simultáneo (en tres bandas horarias) de 12 Talleres de Arquitectura, se vuelve necesario ofrecer alternativas de orientación formativa con clara identidad.
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