Resumen La extraordinaria dinámica de cambio en los usos del suelo que ha tenido lugar en Andalucía en las últimas décadas ha generado una gran degradación paisajística,




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3. Elementos identitarios a considerar para una mejor comprensión de la Vega de Granada.
En este trabajo presentamos un avance de los resultados obtenidos para el caso del laboratorio territorial de los valles y vegas: la Vega de Granada. Una descripción breve de este “laboratorio” indica que la Vega de Granada está constituida por las agriculturas regadas que forman un corredor vinculado al río Génil y sus distintos afluentes. La localización de la Aglomeración Urbana de Granada en este territorio implica la existencia de procesos de expansión urbana y construcción de infraestructuras propios del modelo metropolitano contemporáneo. La existencia de cuatro embalses cercanos (Canales, Quéntar, Cubillas y Bermejales), la construcción de la segunda circunvalación de la capital, la llegada del AVE a Granada, y la construcción de áreas logísticas constituyen grandes hitos representativos de la dinámica infraestructural de los valles y las vegas de Andalucía. Por último, el mantenimiento del carácter agrario de una parte importante de la Vega de Granada incrementa la relevancia y la representatividad de los paisajes agrarios existentes en este espacio.

Una vez elegido el territorio en cuestión, la tarea ahora será la de definir quiénes constituyen lo que se ha denominado como ciudadanía activa, pues serán éstas personas (individualmente o agrupadas) las que permitan un punto de partida para describir con éxito los conflictos. Para este proceso, se ha optado por aplicar criterios de muestreo cualitativo que sirviéndose de la propia experiencia de quienes constituyen el equipo de investigación de Planpais, de la técnica de muestreo conocida como “bola de nieve” en la que las personas entrevistadas actúan a su vez de informantes de otras experiencias que consideran parte de la ciudadanía activa y, por último, de los principales criterios de muestreo cualitativo como los de heterogeneidad, accesibilidad y representación estratégica (Valles, 2002) nos han permitido diseñar un casillero tipológico que contiene el universo potencial de contextos y casos a considerar.

Se plantea una primera fase basada en la observación participante. Para comenzar es necesario tener un primer contacto que permita conocer cuáles son las opiniones y los saberes de las personas que mantienen vivo el territorio, y que permita al mismo tiempo dar a conocer la existencia del equipo de investigación e iniciar una relación basada en la confianza mutua. Concretamente, como forma de dar este primer paso, se están acompañando actividades de las diferentes asociaciones o colectivos de la Vega considerados y también se están manteniendo entrevistas semiestructuradas a sujetos concretos. La segunda devolución está constituida por un informe en el que se pretende describir los discursos que se han detectado en las entrevistas. El análisis de las mismas se ha estructurado en base a tres categorías centrales: el espacio, los actores y los procesos de cambio (transformaciones). De esta forma se concretan los contenidos de los discursos sobre la Vega de Granada, se trata del conjunto de relaciones simbólicas y materiales que definen estructuras y se pueden identificar en términos espacio-temporales.

  1. Miradas de la Vega de Granada.

Un primer aspecto a tener en cuenta será la construcción de la “Vega de Granada” en el imaginario colectivo. En este sentido, lo más destacable será comprobar que la Vega no existe como unidad en dicho imaginario, todo lo contrario, existen diferentes significados de la misma. Esta constatación habrá de permitirnos determinar las estrategias y acciones para identificar lo compartido y visualizar lo colectivo de la Vega de Granada como son las acequias, los ríos, los acuíferos, en suma, el agua, que se manifiesta como el elemento vertebrador e identificativo de la misma. El elemento “agua” aparece en los discursos con una fuerza identificativa mucho mayor que el elemento con el que hasta ahora, como a priori, identificábamos a la Vega, que no es otro que el elemento “tierra” y, por supuesto, la agricultura como paisaje, forma de producción y estilo de vida inherente a la misma.

El descubrimiento anterior nos permite tratar la Vega como una realidad plural cuya esencia dependerá de la experiencia vivida que cada sujeto tiene. En este sentido, el dato “el problema es que la gente ignora lo que ve” contenido en la cita 19:37 unido a lo anterior, ha orientado la indagación del análisis de discurso y nos ha permitido distinguir cuatro “miradas” de la Vega de Granada a las que hemos denominado y descrito brevemente como:

  • Moderna: mirada urbanita que ve ciudad, suelo, no-tierra y agua para consumo humano y urbano.

  • Tradicional: mirada superficial que ve tierra, suelo, agricultura, ecosistema, biodiversidad.

  • Posmoderna: mirada subterránea que ve al agua como recurso económico, ecológico, humano, social y cultural.

  • Sostenible: se trata de una mirada integrada que incluye los elementos de las tres miradas anteriores e incorpora el microclima (atmósfera, aire) y los valores sociales asociados al paisaje.

La Vega de Granada se nos muestra en el discurso de los entrevistados como una realidad, no sólo plural sino sobre todo compleja, que se desenvuelve en la dicotomía clásica de la modernidad rural/urbano, en la que la Vega representa la comunidad y las relaciones cooperativas frente a la Ciudad Moderna como forma de destrucción de la comunidad y degradación del paisaje, un conflicto en suma que parafraseando a Castells (2005), supone una lucha de poder entre lo local y los ciudadanos con lo global y los mercados.

  1. Principales factores de transformación territorial.

Se identifica la existencia de diferentes agriculturas y agricultores, cada uno con su problemática, obstáculos y expectativas que hacen frente “como pueden” a las diversas transformaciones que están teniendo lugar en la Vega y les sitúan ante el dilema extremo de permanecer o desaparecer. La concentración metropolitana, que se expresa en el discurso de los entrevistados como “hoy todos los pueblos son ciudad”, supone un proceso que se manifiesta en cuatro fases que podemos denominar de: ocupación, invasión, eliminación (legal y/o ilegal), y desaparición de la vega. Todas ellas están ocurriendo hoy en la Vega de Granada. Concretar su localización, los sujetos a los que afecta de manera más directa y sus posibles consecuencias, así como consensuar acciones que permitan hacerles frente ocupa nuestra labor analítica y nuestro trabajo con la ciudadanía, valorando posibilidades para el diseño de espacios de encuentro y deliberación que intente resolver, además, el problema de la desunión existente, y que se refleja de manera significativa en la cita, “el conocimiento no se suele compartir”.

Esta primera fase que está en proceso de cierre, constituye el punto de partida para una nueva apertura que consiste en generar un diseño participativo de una segunda fase (en la que ya se está trabajando) que deberá ser compartido no sólo por el equipo de investigación sino también por las personas del territorio con las que se trabaja. Se plantea en este caso la generación de espacios de encuentro con la ciudadanía que permitan acordar los trabajos futuros de manera colectiva.

La Vega de Granada designa un espacio vertebrado por el río Genil que supera el entorno periurbano de la ciudad de Granada y su área metropolitana. Se correspondería con terrenos encharcables en superficie y por el acuífero (hasta el estrechamiento de Lachar) en el subsuelo. Desde un punto de vista idealista se la identifica con un vergel por su capacidad productiva y valor agrario. La estructura agrícola es mayoritariamente minifundista lo que viene a caracterizar las relaciones sociales por servilismos establecidos en torno al agua y la agricultura. Otros atributos de la Vega de Granada mencionados por los entrevistados son: es vida, salud, pulmón y biodiversidad, parque, paisaje, reducto agrícola, patrimonio granadino, riqueza, una comarca. El análisis de cada uno de ellos y de su conjunto nos permite encontrar un nexo común que subyace en todos ellos, el agua. La Vega es todo lo que tiene riego, el río Genil, el acuífero, las acequias, etc. En suma, el sistema hidráulico –de riego-. La Vega, por tanto, en el discurso mayoritario se configura como tierra y agua o lo que es lo mismo, minifundio y acequias.

Otro aspecto clave para comprender La Vega de Granada será que no aparece en los discursos ningún elemento identitario específico de la Vega compartido por todos. Este hecho nos lleva a plantear que la Vega no es considerada una unidad sino todo lo contrario, una realidad diversa, plural y heterogénea a pesar de que se la quiera considerar homogénea y se busque su concepción unitaria utilizando para ello la noción de comarca desde lo urbano. Si se profundiza en este hecho comprobamos que frente a la diversidad agrícola y heterogeneidad de comunidades locales si intenta primar e imponer la homogeneidad urbana de la mancomunidad y la globalidad del mercado.

La cuestión anterior es trascendental, pone de manifiesto lo erróneo de la concepción mayoritariamente extendida y el desconocimiento existente sobre la Vega de Granada. Este hecho nos lleva a afirmar que la Vega es observada pero no vivida por la mayoría. Se desconoce su contenido (desde Lorca hasta las acequias -sistema hidráulico- pasando por los productos propios, ej. tomates “huevos de toro”) y su riqueza (pasada, presente y potencialidades de futuro). Encontramos en los discursos referencias constantes a la riqueza agrícola de la Vega en el pasado que ha ido cediendo paso a la especulación urbanística y la pérdida de prestigio de la agricultura en el presente, sin duda, lo más significativo lo encontramos en la afirmación de las potencialidades de futuro, la existencia de recursos que exigen de imaginación, creatividad e innovación para ser puestos en valor. Aquí se señalan como los más evidentes: el turismo rural, la biodiversidad, la educación ambiental, la salud, la agricultura ecológica en sus diversas manifestaciones y el patrimonio cultural.

Otro fenómeno característico será la existencia simbólica de “el muro” que toma forma en la autovía de circunvalación y se refiere a la lejanía entre los agricultores (concepción tradicional de la Vega) y los urbanitas (tanto de la ciudad de Granada como del resto de municipios del área metropolitana). Esta distancia permite plantear que la Vega supone un reducto, en primer lugar, agrícola y forestal y, en segundo lugar, social por las relaciones comunitarias de cooperación y apoyo (familia, amigos) derivadas de la estructura de propiedad minifundista y los servilismos (cooperación, trueque de productos y trabajo) que establece las pautas de las relaciones sociales y una estructura social más homogénea entre iguales al no existir grandes terratenientes. Sin duda, el carácter de “reducto valioso” será el argumento que justifique la necesidad de su conservación y por tanto la demanda de su protección utilizando las diversas figuras existentes para ello desde distintos ámbitos (cultural, agrícola, ecológico, etc.). Otra alternativa que se formula para que la Vega “reducto agrícola y social” pueda sobrevivir distinta al enfoque anterior de la protección conservacionista viene a plantear la necesidad de conseguir “ser aprovechables” para los urbanitas superando la mera especulación urbanística que convierte la tierra en suelo. Sin duda, aquí es donde mayores dosis de imaginación y creatividad se requieren para convertir las potencialidades que se mencionaban antes en realidades. Identificar y crear en los urbanitas necesidades que la Vega pueda satisfacer sin que para ello se requiera de grandes transformaciones que exijan costes ecológicos, económicos, personales y sociales inasumibles por insostenibles.

En este contexto, la preeminencia agraria imprime carácter ligada a la tradicional autonomía del agricultor y la identidad local que trasciende a los municipios y se reafirma a nivel político administrativo en los ayuntamientos con una planificación localista sin una visión integrada y global de la Vega al no existir ésta como unidad ni en el imaginario colectivo ni en las estructuras político administrativas. De nuevo emerge el agua y el sistema hidráulico como sistema unitario de La Vega de Granada que supera los localismos tanto municipales como individuales de los agricultores. El sistema de acequias supone una red supramunicipal y supraindividual, se trataría de un sistema de estratificación de base hidráulica donde cada acequia tiene su pauta, sus normas y su órgano rector, la Comunidad de Regantes. En este sentido, conocer el universo general de este sistema y el particular de cada acequia-comunidad de regantes nos ayudaría a la mejor comprensión de La Vega de Granada y sus conflictos actuales y futuros. Son previsibles “guerras por el agua”, de hecho, ya aparecen en los discursos referencias concretas a Cetursa y la estación de esquí de Sierra Nevada y su lucha por el agua. También, aunque de manera velada, a la Agencia Andaluza del Agua y los intentos de modernización de los sistemas del regadío con el fin de una mayor eficiencia del uso del agua para incremento de la producción agrícola sin tener en cuenta los efectos que sobre el acuífero pueden tener sistemas como el riego por goteo frente al tradicional riego a manta. En síntesis, entendemos que una de las cuestiones clave será conocer el “universo hídrico” en la Vega de Granada.

4. La Vega de Granada como paisaje.

Entendemos que el análisis del paisaje de la Vega de Granada puede responder a tres interpretaciones. En primer lugar, siguiendo el criterio histórico podemos diferenciar tres tipos básicos de paisaje: el agrícola, el industrial y el urbano. Desde la perspectiva patrimonial se analizan los bienes materiales e inmateriales asociados a los tres tipos anteriores y los procesos de transformación a que se han visto sometidos o lo están siendo en la actualidad. Por último, el paradigma de la sostenibilidad (análisis integrado del paisaje) nos permite una interpretación holística que viene a integrar en el paisaje los elementos ecológico y social más allá del paisaje cultural delimitado por los usos productivos y sus bienes materiales e inmateriales asociados.

El primero de los tipos señalados será el Paisaje Agrícola”, cuyo carácter premoderno se manifiesta en el trazado secular de su parcelación minifundista y en la red de acequias para la distribución del agua de riego. La agricultura y la posesión de la tierra determinan el lugar y prestigio social. Como dato curioso se apunta que “el marjal” como unidad de medida de superficie más utilizada en la Vega proviene de esta época. “Se llama marjal porque el Patio de los Leones mide 528 metros cuadrados y los árabes llamaban a este patio El Marjal” (17:30).

El “Paisaje Industrial”, propio de finales del siglo XIX y principios del XX supone como requisitos la utilización de mucha agua y grandes extensiones de tierra para el cultivo así como necesidades de suelo para la ubicación de sus instalaciones fabriles. Su carácter moderno va ligado a los usos agroindustriales sobre todo de producción de azúcar a partir del cultivo de remolacha, también harineras, cementera y aserraderos de madera. De esa época quedan algunos pocos elementos inmuebles que han sido transformados cuando no destruidos y que requerirían de protección de carácter patrimonial.

En la actualidad podemos hablar de “Paisaje Urbano” para referirnos a la expansión urbana de los distintos municipios de la Vega. Este tipo exige de grandes cantidades de agua y mucho suelo de tal forma que la mayor transformación supone convertir (especular) la tierra agrícola en suelo urbanizable. A pesar de ello, persiste por el momento la preeminencia de lo agrícola a pesar de las amenazas a las que ha de hacer frente, como el entubamiento de las acequias y la mencionada recalificación del suelo.

En cuanto a los bienes materiales e inmateriales asociados a cada uno de los tipos señalados los entrevistados mencionan secaderos, cortijos, albercas, molinos, instalaciones industriales, azucareras, que están destruyéndose o desapareciendo. Otros bienes son los “lugares lorquianos”, determinadas manifestaciones populares de signo religioso o de ocio como baños, pesca de cangrejos en los ríos, etc. Respecto a éstos, encontramos en los discursos un interés por parte de los entrevistados que se manifiesta en la demanda de protección sobre los mismos como forma de puesta en valor utilizando las diversas figuras existentes para este fin (lugar de interés agrario, zona patrimonial, bien de interés cultural, etc.) superando la fórmula recogida en el actual POTAUG que sólo contempla la protección de los elementos arquitectónicos.

El recorrido analítico seguido nos muestra la primacía de lo agrícola en el paisaje de la Vega, si bien hoy día la actividad agrícola adolece de un desprestigio social que requiere de impulsos para una mayor valoración social. El proceso de abandono de la agricultura por su pérdida de rentabilidad va acompañado de la pérdida de saberes y prácticas que le son propias y que van a tener sus efectos sobre la Vega. A lo largo del tiempo la agricultura ha cambiado, tanto en los diversos tipos de cultivos como en los tipos de agricultores, se puede hablar de las moreras del tiempo de los árabes o más recientes como el cultivo del chopo y del tabaco. Estas transformaciones de la agricultura provocan pérdidas de conocimientos técnicos tradicionales asociados a ella como todo lo relativo al mantenimiento de las acequias, ej. la figura del “acequiero”, y supone también la desaparición de redes e instituciones sociales fundamentados en la solidaridad como son el trueque de productos y mano de obra o los modelos de consumo local estacional de carácter autosuficiente, todo ello frente al proceso capitalista de mercantilización de la agricultura industrial orientada a la producción especializada de monocultivo. Este proceso afectaría también al funcionamiento de las Comunidades de Regantes y a la propia existencia de Hermandades de Labradores (ya desaparecidas). Por último y no menos importante, supone también un cambio en el papel que la mujer ha venido desempeñando en la agricultura, indagar sobre este asunto es algo que se apunta en el discurso de los entrevistados. Algunas de las cuestiones a las que habrá que responder son: ¿Cuál ha venido siendo su papel tradicional y qué nuevos roles están adoptando? ¿Cuáles son sus principales obstáculos y necesidades? ¿Cuál es su grado de visibilidad en los mercados y en las organizaciones y redes formales e informales existentes?

Todo lo anterior nos conduce a considerar los elementos inmanentes de la Vega de Granada que, como venimos señalando, hacen referencia al agua, incluso en relación con la agricultura a pesar de que en primer lugar se atiende a los cultivos por encima del riego. Este hecho explicaría que las pocas actividades formativas y/o divulgativas que se organizan versen sobre agricultura (cultivos, técnicas, etc.) y poco o nada sobre gestión del agua (conocimientos y saberes, sistemas de organización, dulas, pagos secos, comunidades de regantes, etc.) más allá de la “modernización del regadío” con sistemas de uso eficiente del agua que busca un incremento de la producción agrícola.

En la Vega prima una concepción (mirada) del paisaje superficial mientras que el agua es subterránea (río seco en superficie, acuífero lleno subterráneo). Como se ha puesto de manifiesto el paisaje “superficial” es histórico y varía en función de los cultivos y de los usos agrícola, ganadero, forestal e industrial. Es necesario y conveniente “pensar en una unidad, que las nubes precipitan en Sierra Nevada, allí esta agua se almacena, después discurre por los ríos, luego se infiltra en el acuífero cuando se riega, después hay unas emergencias entre manantiales y canales. Si se altera todo este funcionamiento, surge después algún tipo de problema” (19:31). Para ello “…hay que sentarse para definir qué sistema hidráulico se quiere. No se puede pensar en entubar toda la Vega. Sí hay que ahorrar agua pero no modernizar todo el regadío que sería una pérdida de la historia hidráulica de la Vega de Granada… en el momento que se pierdan los sistemas tradicionales de riego, la Vega desaparecerá como tal y con la imagen que tenemos de ella. Por ello, no se puede aplicar una normativa comunitaria que es restrictiva en ese aspecto obligando a modernizar y que no sólo implica un ahorro del agua sino una canalización por completo, entubando todas las conducciones. Esto implicaría destrozar el acuífero de la Vega, haciendo desaparecer como consecuencia un paisaje” (14:85).

No podemos confiar el ciclo hídrico de la Vega al sistema hídrico de la agricultura, pues algo que debemos empezar a asumir es que no existe una única agricultura sino múltiples agriculturas y agricultores no siendo todas “sostenibles”, sea por los contaminantes que utiliza, por el gran consumo de agua que requiere o por la estructura de propiedad y generación de empleo como forma de cohesión social. La agricultura es uno de los asuntos por los que los entrevistados muestran mayor interés y preocupación (no hay que olvidar que la muestra está mayoritariamente constituida por casos que mantienen una relación directa con la agricultura). Es también uno de los aspectos que más realidades y posiciones discursivas presenta y constatamos que hemos de dejar de referirnos a la agricultura en la Vega de Granada en singular y hacerlo en plural, tanto en el pasado como en la actualidad, pues son muchas las agriculturas presentes en la Vega. Podemos distinguir con matices las siguientes: convencional, ecológica, producción integrada, industrial, intensiva, autoconsumo, química, tradicional, mecanizada.

A pesar de esta realidad, sigue existiendo la creencia (no del todo cierta) que la agricultura significa la preservación del acuífero. Se abre entonces un debate que ha de propiciar una reflexión sobre si pueden otras actividades no agrícolas garantizarla aunque históricamente ha sido la agricultura quien desempeñara esta función. En última instancia, las preguntas a responder podrían formularse del siguiente modo: ¿La Vega ha de ser agrícola?, en caso de respuesta afirmativa, ¿qué tipo de agricultura?
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