Tema 1: delitos contra la vida humana




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4.1 COACCIONES
El delito de coacciones se tipifica en el art 172.
a) Tipo básico
El que sin estar legítimamente autorizado impidiere a otro con violencia hacer lo que la Ley no prohíbe, o le compeliere a efectuar lo que no quiere, sea justo o injusto, será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años o con multa de seis a veinticuatro meses, según la gravedad de la coacción o de los medios empleados.
Tipo objetivo
La acción consiste en impedir con violencia a otra persona hacer lo que la ley no prohíba o compelerle a efectuar lo que no quiere.

El empleo de violencia es fundamental en este delito.

La inclusión de la intimidación en las coacciones hace que sea muchas veces imposible distinguir a éstas de las amenazas y sobre todo de las amenazas condicionales que tienen asignada una pena más grave que las coacciones. En estos casos la problemática se traslada al ámbito del concurso de leyes, solucionándose con la aplicación de la pena del delito más grave.

La inclusión de la fuerza en las cosas en el concepto de violencia es sistemáticamente desacertada, pues sólo en muy pocos casos se equiparan expresamente la una a la otra, sucediendo más bien lo contrario, que cada una tiene un régimen distinto y unas consecuencias jurídicas también distintas también distintas, compárense, por ejemplo, los arts 237, 238 y 242.

Menos dudosa es la inclusión de los casos en que se priva de voluntad a un sujeto con el empleo de narcóticos, porque, aunque en algunos casos el no imputable ni siquiera podrá tener esa capacidad volitiva mínima, por faltarle la capacidad de acción, con lo que no puede ser sujeto pasivo de este delito.

El resultado ha de ser impedir a otro hacer algo que la ley no prohíbe o compelerle a efectuar algo, justo o injusto.

Debe mediar una relación de causalidad adecuada entre la acción de coaccionar y el resultado. Para ello hay que tener en cuenta las circunstancias del hecho, la situación de los sujetos y todos aquellos datos que permitan ofrecer un juicio objetivo ex ante sobre la intensidad de la violencia y su adecuación para conseguir el resultado deseado.
Tipo subjetivo
Es necesario que el dolo abarque no sólo el empleo de la fuerza o violencia que doblegue la voluntad ajena, sino que es preciso también que ésta sea la intención del sujeto activo. El error sobre la licitud del empleo de la violencia debe tratarse como un error de prohibición del art 14.3.

b) Causas de justificación
El ejercicio legítimo de un derecho o el cumplimiento de un deber excluye la antijuricidad de la coacción, siempre que se ejerza dentro de los límites y principios que informan esta causa de justificación.

Pero el problema consiste en saber cuándo existe ese derecho a utilizar violencia para impedir a otro hacer algo que la ley no prohíbe u obligarle a hacer lo que no quiere, sea justo o injusto.

Ni siquiera en los casos en los que se impide con violencia a alguien que realice algo prohibido, pero no sancionado con una pena, es decir, un ilícito civil o administrativo, la coacción está siempre justificada. Los casos más discutibles son los siguientes:

  • Impedir el suicidio. El suicidio no es un acto prohibido por la ley e impedir con violencia que otro se suicide constituye, en principio, un acto típico de coacciones

  • . Pero en casos límite en los que un tercero consigue en última instancia impedir que el suicida se arroje por la ventana, agarrándolo para que no lo haga o poniendo una red para que caiga en ella o cerrando la espita de gas, o quitándole bruscamente de un manotazo la pistola, creo que podría aplicarse el estado de necesidad. Pero, sin embargo, Díez Ripollés considera, que en condiciones de pleno ejercicio de la voluntad el deber de respetar la libertad personal posee la primacía.

  • Tratamiento médico coactivo. El tratamiento médico en contra de la voluntad del paciente sólo puede estar justificado por imperativo de la ley para preservar la salud pública o por estado de necesidad, siempre que se den los requisitos de necesidad y proporcionalidad antes aludidos y se trate de supuestos límites en los que el paciente a punto de morir tiene alteraciones en su capacidad de decidir debidas a su propia patología. El tratamiento coactivo no estará justificado en los casos en que el rechazo del tratamiento entre dentro del ámbito de elección del paciente y éste esté en condiciones de disponer libremente sobre su salud, eligiendo el tratamiento que considere más conveniente para preservarla o rechazando el tratamiento. Sólo excepcionalmente se puede prescindir del consentimiento en los casos en que éste no puede ser recabado por incapacidad del paciente y en los que sea urgente la intervención.

  • Huelgas de hambre reivindicativas. Las huelgas de hambre en el ámbito penitenciario por razones políticas o como forma de conseguir alguna reivindicación deben tener la misma solución que la que se da a los casos de tratamiento médico, es decir, en principio hay que respetar la voluntad del huelguista, salvo que éste haya perdido ya de forma permanente la conciencia o su capacidad de decisión esté a gravemente alterada. La dificultad de valorar estas circunstancias en la última fase de la huelga, en la que el huelguista se encuentra semiinconsciente y en peligro inminente de muerte, y la posibilidad de manipulación política hacen que, en casos de duda sobre la capacidad del huelguista para decidir de forma consciente y responsable la continuación de la huelga, se adopte, con todas las garantías médicas y judiciales, la decisión de la alimentación intravenosa, que estaría desde ese momento justificada.


c) Tentativa
Si, a pesar del empleo de la violencia, no se consigue que el sujeto pasivo omita o haga algo, el delito no se consuma, pero cabe el castigo por la tentativa.
d) Diferencias con otros delitos y con la falta del art 620.2
Dada la amplitud del tipo de coacciones pueden ser subsumidas en él muchas conductas que atacan también a la libertad, pero que están recogidas en otros tipos: detenciones ilegales y allanamiento de morada, en este caso se aplicarán sólo los preceptos referentes a estos últimos delitos.

En el párrafo 2º del art 620 se tipifica como falta el hecho de causar a otro una coacción o vejación injusta de carácter leve.

La diferencia entre el delito y la falta radica en la gravedad, gravedad que ha de consistir más en la importancia de lo que se obliga a hacer u omitir que en el acto intrínseco de la coacción, aunque también haya que estar a otras circunstancias que evidencien la levedad de la coacción, como es el caso de las bromas pesadas, las coacciones realizadas por ebrios, etc.
Tipo cualificado
El apartado 2 del art 172 obliga a imponer las penas del apartado 1 en su mitad superior, salvo que el hecho tuviera señalada mayor pena en otro precepto de este Código, cuando la coacción ejercida tuviera como objeto impedir el ejercicio de un derecho fundamental. La cláusula de salvedad tiene sentido por cuanto la obstaculización del ejercicio de algunos derechos fundamentales está tipificada expresamente en otros lugares del Código, con lo que la aplicación de esta cualificación viene limitada a los casos en que este supuesto no esté previsto expresamente. Por lo demás, los requisitos exigidos para la aplicación de la cualificación son los mismos que los del tipo básico.
4.2 AMENAZAS
Amenazar significa dar a entender a otro con actos o palabras que se le quiere hacer algún mal. Se puede definir como la exteriorización hecha por una persona a otra del propósito de causarle a él, a su familia o persona allegada un mal, dependiendo luego del respectivo tipo delictivo la determinación de la naturaleza de dicho mal.
Tipo objetivo
La acción consiste en exteriorizar un propósito. Tal propósito ha de consistir en un mal, es decir, en la privación de un bien presente o futuro. El mal ha de ser en principio ilícito, delictivo o no. Sólo en las amenazas condicionales puede también el mal ser lícito.

El sujeto activo ha de exteriorizar su propósito de un modo que haga creer al sujeto pasivo que es real, serio y persistente, independientemente de la forma que se use para su exteriorización. No es preciso que el sujeto activo piense realizar ese propósito realmente, basta con que aparentemente pueda considerarse como tal por parte del sujeto pasivo. Es necesario, por tanto, para la consumación que la amenaza llegue a conocimiento del amenazado, aunque sea por vía indirecta, y que éste comprenda el sentido de la amenaza.

La cuestión de la gravedad del mal y su adecuación para intimidar tiene que relacionarse con la persona del amenazado y con las circunstancias que lo rodean, pero no es preciso que la amenaza llegue a intimidar al amenazado, sino que basta con que objetivamente sea adecuada para ello.

El mal puede recaer en el propio amenazado, en su familia o en otras personas con las que esté íntimamente ligado, pero en el caso de que el mal con que se amenaza sea constitutivo de delito, debe recaer sobre los bienes jurídicos citados en el art 169.
Tipo subjetivo
Es necesario el dolo, que en el caso de la amenaza condicional debe referirse también a la consecución de lo que el que amenaza solicita. En los casos de bromas pesadas y de falta de seriedad de la amenaza, podrá aplicarse alguna de las faltas contenidas en el art 620.
a) Tentativa
La doctrina dominante sostiene que las amenazas se consuman cuando llegan a conocimiento del amenazado.

En algún caso cabe que la amenaza no llegue a conocimiento del amenazado sino de un tercero que la denuncia, pudiendo apreciarse tentativa, aunque en la práctica, es el amenazado el que, una vez tenga noticia de la amenaza, decide hasta qué punto la expresión objetivamente amenazante puede tener intensidad suficiente como para perturbar su libertad o sus sentimiento de seguridad, y de esta manera determina si el delito existe y, por tanto, éste está consumado.

En la amenaza condicional se distingue según que el sujeto amenazado haya cumplido con la condición impuesta o no, es decir, según el culpable hubiera conseguido su propósito o no en el primer caso la pena es más grave que en el segundo, pero la consecución del propósito del culpable es una condición objetiva que agrava la punibilidad, y no el resultado consumativo.
b) Tipos legales
Amenaza de un mal que constituye delito
Hay que distinguir entre:

  1. Amenaza condicional de mal que constituya delito

Art 169.1º: si se hubiere hecho la amenaza exigiendo una cantidad o imponiendo cualquier otra condición, aunque no sea ilícita.

La condición que se exige al amenazado, hacer u omitir, puede ser lícita o ilícita, pero el mal que se amenaza causarle ha de ser en este supuesto siempre delito.

La realización del mal depende de que amenazado cumpla la condición exigida o no. La pena varía según el culpable hubiera conseguido su propósito o no.

Se impondrá de todos modos la pena en su mitad superior si las amenazas se hicieren por escrito, por teléfono o por cualquier medio de comunicación o de reproducción, o en nombre de entidades o grupos reales o supuestos.

  1. Amenaza no condicional

Se tipifica en el art 169.2º y sólo cuando el mal amenazado constituye delito. La pena es de prisión de seis meses a dos años.

  1. Amenaza con finalidad terrorista

Según el art 170, si las amenazas de un mal constituye delito fuesen dirigidas a atemorizar a los habitantes de una población, grupo étnico, cultural o religioso, o colectivo social o profesional, o a cualquier otro grupo de personas, tuvieran la gravedad necesaria para conseguirle, se impondrán respectivamente las penas superiores en grado de las previstas en el artículo anterior.

Este precepto se refiere a supuestos de amenazas a colectivos o grupos más o menos homogéneos, calificados por su pertenencia a un determinado pueblo, etnia, religión, etc., y la razón de la agravación de lo que normalmente constituye una amenaza no condicional es que ello conlleva un propósito terrorista.

El tipo objetivo requiere, sin embrago, que las amenazas tengan la gravedad necesaria, es decir, una probabilidad objetiva de poder realizarse.
Amenaza de mal no constitutivo de delito
Tiene una doble regulación en el art 171.

Las amenazas de un mal que no constituya delito serán castigadas con pena de prisión de seis meses a dos años o multa de doce a veinticuatro meses, atendidas fuere condicional y la condición no consistiere en una conducta debida.

Si el culpable hubiere conseguido su propósito se le impondrá la pena en su mitad superior.

La estructura es la misma que las amenazas condicionales ya estudiadas, pero aquí el mal con que se amenaza no es delito.

El mal puede consistir en un hecho ilícito, e incluso también en uno lícito, así , por ejemplo, si se conoce que un sujeto ha cometido un delito y se le amenaza con denunciarlo, si no entrega determinada suma de dinero.

Cuando el que amenaza es el propio perjudicado por el delito, por ejemplo, la víctima de un accidente de circulación o sus herederos, que están legitimados para exigir por la vía civil la indemnización correspondiente, el hecho es absolutamente correcto, dado que la condición que se impone es una conducta debida, pero si el sujeto pretende aprovecharse de la situación y exigir una cantidad superior a la debida, entonces se comete el delito previsto en este art 171.1.

Y lo mismo sucede cuando el que amenaza con denunciar no es el perjudicado por el delito, ni su abogado o representante legal, sino un tercero que quiere sacar provecho de la situación, porque para este tercero la condición que impone a cambio de no denunciar no consiste en una conducta debida.

Art 171.2: Si alguien exigiere de otro una cantidad o recompensa bajo la amenaza de revelar o difundir hechos referentes a su vida privada o relaciones familiares que no sean públicamente conocidos y puedan afectar a su fama, crédito o interés, será castigado con la pena de prisión de dos a cuatro años, si ha conseguido la entrega de todo o parte de lo exigido, y con la de seis meses a dos años, si no lo consiguiere.

Este precepto viene a penalizar el llamado chantaje, cuya punibilidad en el anterior Código penal era dudosa o, en todo caso, sólo era posible por la vía indirecta de la amenaza condicional de mal no constitutivo de delito.

En el chantaje nos encontramos siempre con que el sujeto que amenaza o chantajea impone una condición pero los hechos sobre los que recae y la trascendencia que pueden tener no sólo en la libertad del sujeto amenazado, sino en su honor e intimidad, ha llevado al legislador a darle un tratamiento punitivo más grave que el de otras amenazas condicionales de mal no constitutivo de delito.

Muchas veces el hecho con cuya revelación se amenaza puede ser irrelevante desde el punto de vista jurídico, pero en la medida en que social y objetivamente pueda valorarse como algo negativo para la reputación social del amenazado, éste puede verse obligado a cumplir con la condición que le impone el chantajista.

c) Concurso
Si la amenaza se dirige contra determinadas personas son de aplicación los tipos que prevén especialmente estas figuras.

En el caso en el que se realice de forma inmediata el mal que se amenaza y éste fuera constitutivo de algún delito, la amenaza se consume por estos delitos, pero no si existe un lapso de tiempo entre la amenaza del mal y su realización.

Al igual que las coacciones, las amenazas no son más que medios de comisión de otros delitos. En muchos otros lugares del Código se tipifican delitos cuya modalidad ejecutiva típica consiste en la aplicación de violencia o intimidación en las personas constituyendo delitos complejos en una unidad que sólo puede considerarse separadamente en algunos casos como en la tentativa cualificada en el desistimiento voluntario de consumar el delito.

Por lo demás, cabe perfectamente aplicar las reglas del concurso en los casos en que las amenazas o coacciones no sean elementos típicos de otros delitos, como impedir a una persona el ejercicio de los derechos cívicos reconocidos por las leyes.
Amenazas leves
Según el art 620, constituye falta y se castiga, mediante denuncia de la persona agraviada o de su representante legal, con multa de diez a veinte días amenazar con armas u otros instrumentos peligrosos, sacarlas en riña, etc., siempre que sea de modo leve.
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