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IV. EL PROBLEMA ANALITICO.


Durante años y como fenómeno mundial, han prevalecido dudas sobre la credibilidad del “producto de información”, principalmente porque muchos analistas han hecho prevalecer su calidad de expertos por sobre su rol de procesadores. Esto es básico para entender que la máxima “Poco, bueno y a tiempo” de los años 40 no es suficiente y que debe ser complementada con el término “útil”. También se han ido diversificando los tipos de producto de información procesada, que consideraban tradicionalmente dos opciones: trabajos específicos sobre un tema y/o, informes periódicos sobre temas generales por áreas de interés; este último tipo de producto requiere que el usuario sea un excelente lector y un mejor correlacionador entre informes, para permitirle la mantención de un hilo conductor entre períodos o lapsos de información. La tendencia actual se orienta al usuario, es decir, al verdadero tipo de información que un decisor requiere, mas allá de formatos o hábitos de procesamiento; lo que algunos llaman “Estimaciones de Situación”. Este ambiguo término, para los no conocedores, debe contener dos elementos: hechos y contexto, lo que implica la necesidad de asociar ambos y desde allí, establecer rangos de posibilidad, tales como: “probable, dudoso, altamente improbable, riesgoso, etc.”. Esta modalidad es estadísticamente imprecisa y proviene de la subjetividad humana de apreciación, en base a lo disponible, en la imposibilidad de adivinación del futuro.

No obstante lo anterior, en la medida que el decisor es de mayor nivel y puede disponer de varias fuentes de información, la modalidad descrita adquiere valor en cuanto representa una opción y una visión interpretativa de lo conocido, respecto de lo esperado. Ello no es tan válido, por ejemplo, para el campo de defensa donde un pequeño error puede significar la diferencia entre la vida o la muerte de un grupo de combatientes. En mucho influye la capacidad y acertividad de los organismos de búsqueda y,como ya se ha visto, la relación con ellos debe ser de mutua y estrecha confianza, porque la visión no puede ser ni horizontal ni vertical, sino central o periférica, en una serie de anillos imaginarios que se acercan progresivamente al eje o meollo de un asunto, con el mínimo de manipulación posible. Los “viejos” analistas imaginaban, a principios del siglo XX, que la confiabilidad de la información tenía forma de pirámide y mientras mas amplia era su base, mejor comprobada estaba una información. Eso pudo ser cierto en algunas oportunidades, pero en la actualidad, cuando las fuentes se multiplican y el flujo de datos se hace inmanejable, es obvio que el procesamiento debe cambiar su modalidad porque las condiciones prácticas y el tiempo disponible han instaurado dos requisitos insoslayables: tiempo real y precisión de objetivos.
Lo concreto es que, un método no va desplazando a los otros sino que se va construyendo un escalonamiento progresivamente complejo, que se abre como un abanico de posibilidades para que el analista escoja, de acuerdo a la situación planteada; es el caso de utilizar o no hipótesis de trabajo o solamente ordenación mecánica y clasificación tradicional. Si se acepta este tipo de operatoria, se debe tener una base racional frente al objetivo o problema en estudio, donde la extrapolación y la interconexión de hechos y actitudes sean los mejores indicadores del rumbo que debe tomar el procesamiento, el nivel de sensibilidad del trabajo y las necesidades de saber del usuario. En síntesis, cuando se exploran opciones de futuro, las variables internas y externas al problema son infinitas y, por lo tanto, se debe aceptar que el “factor imponderable” (también conocido como el “factor X”) puede surgir donde y cuando menos se lo espera; de allí la necesidad de estudiar la visión prospectiva como una disciplina separada, de valor científico, seria y profunda, que privilegie lo conceptual y la esencia, mas allá de analogías y relevancias temporales.

Por otra parte, existe un crecimiento no bien dimensionado de las futuras tareas y espectativas que se proyectan para el analista del futuro. Es evidente que todo apunta a un incremento de su rol y una redefinición de los productos que se le solicitarán; es decir, por una parte se le obligará a ser un prospectador de redes de fuentes abiertas, a partir de lo cual dirigirá la colección y la producción de inteligencia y por otra, ocurrirá un segundo cambio, paralelo al anterior, que perfilará al analista como un administrador de recursos de información, que no lo sabe todo, pero maneja derroteros para encontrar “materia prima” destinada a la producción de información útil. Al mismo tiempo, tendrá un mayor control sobre proyectos de investigación y desarrollo, en temas cada vez mas específicos, tal como sucede en el mundo académico.
De igual modo, el nuevo analista será un administrador de relaciones de consumo de información, desarrollando tres (3) tareas primordiales:


  1. Mantener, si es necesario, la confidencialidad de su producción, lo cual es cada día más difícil de lograr.




  1. Asegurar al usuario la confiabilidad del material enviado(información procesada), en especial para sostener decisiones de corto plazo.




  1. Explorar y explotar toda fuente abierta posible, para enriquecer sus bases de datos y sus modelos de correlación de informaciones.


Lo anterior significa que el analista, - mas allá de una relación creciente con el usuario -, aumentará su importancia efectiva y se transformará, de hecho, en una autoridad en su campo, sobrepasando con creces el nivel de experto en un tema o área, como sucede en la actualidad.

Por consiguiente, la profesión de analista, a diferencia de otras profesiones, requerirá cada vez más de una formación científica, un soporte intelectual ,junto a un manejo metodológico y cultural de la mayor excelencia imaginable, incluso considerando capacidades innatas, todo lo cual le permita ser competitivo frente a la vorágine que significa la “explosión de la información”, que se desplaza como una avalancha de nieve en crecimiento y desconcierta a los decisores por su volumen y complejidad.(VER FIG. 4):


























Finalmente, la responsabilidad última de este nuevo modelo de analista será la de administrar “capacidades de clasificación”, donde se reúnan tecnologías de punta, procedimientos únicos de su profesión y el desarrollo de habilidades individuales para separar lo primordial de lo prescindible en tiempo real y no en tiempo absoluto, como se piensa hasta hoy. Eso significa que algo considerado pivote puede llegar a ser accesorio o “para archivo”, de un día para otro, sin que dicho dato pierda su validez en sí o su capacidad de explicar una situación del pasado. Por conclusión, será la circunstancia la que determinará al usuario y éste solicitará del analista las respuestas y bases argumentales para reaccionar con acierto. Muchas Instituciones y empresas aún no aceptan que este proceso ya está en marcha, pero los fríos hechos y los próximos estruendosos fracasos dirán, por sí mismos, quien tenía razón.

Desde el punto de vista de su trabajo práctico y específico, el nuevo modelo de analista deberá ser capaz de: flexibilizar y re-posicionar los “centros de gravedad”, -preocupándose especialmente de la literatura “gris”-, las publicaciones especializadas periódicas, las oportunidades de posicionar ventajas, y validar prioridades, trabajando en contra del escaso tiempo disponible para descifrar planes e intenciones. El desafío es, por tanto, aumentar la certeza y la oportunidad de la producción, evitando el desfase de la obsolescencia, pensando que casi siempre el destinatario es un generalista, de cultura alta o media, (pero de tipo) y no necesariamente un especialista o erudito en todos los temas, lo que le obligará a manejar el idioma con particular precisión y sencillez.

Una vez recibida la información de las diversas fuentes y de los asistentes de búsqueda, la clasificación tradicional consideraba: medio, ubicación, tema, lenguaje y nivel de clasificación. Las nuevas condiciones de trabajo ya descritas, obligan a desarrollar una segunda línea de criterios para clasificar el conocimiento: conectividad, contenido, ámbito de cultura, recursos involucrados, así como nivel de sensibilidad y pertinencia respecto de los factores C4I, entre otros. Este nuevo “tamiz” es indispensable para satisfacer las nuevas “reglas de juego”, que se han generado, en la medida que la información se convierte cada día mas en una fuente de poder fundamental, que determina el curso de los acontecimientos y cuya abundancia es amplia, en forma de datos, pero muy escasa como producto terminado de información procesada, aún cuando el 80% proviene de fuentes abiertas, como ya se ha dicho.


Hasta la década de los años 70, las fases de ordenamiento, clasificación y pertinencia, previas al análisis, eran realizadas por personal especializado en archivos, bibliotecas y centros de documentación, pero en el hecho, lo realizaban analistas básicos que sintetizaban los textos o documentos de gran volumen para incorporarlos en bases de datos no siempre explotables en plenitud. El analista temático procedía entonces a tomar estos resúmenes y compararlos con un flujograma metodológico lineal que lo llevaba hasta una síntesis definitoria del problema en estudio, a partir de lo cual era posible deducir conclusiones, conjeturas, posibilidades y recomendaciones al usuario. Ese modelo de análisis presenta básicamente dos inconvenientes; por una parte, el analista debe confiar en la acertada labor del sintetizador previo y por otra, no es evidente ni sencillo aplicar esquemas de refutación, auto-cuestionamiento y diseño creativo de hipótesis, ya que, los antecedentes están orientados en un solo sentido de pensamiento. Hasta esa década existía la convicción entre muchos analistas, de diversos países, que la tecnología no era ni sería capaz de intervenir de modo decisivo en su trabajo; es objetivamente cierto que las máquinas no piensan, pero, adecuadamente programadas, pueden acelerar el proceso de disponibilidad y acceso a datos o asuntos específicos con un considerable ahorro de tiempo. Del mismo modo, el centro o eje del proceso era cualitativamente llevado por el analista y sus capacidades profesionales, dejando a su experiencia y buen juicio la apreciación y valoración de los elementos y factores intervinientes en un problema.


Durante la década de los años 80 y posteriores el avance informático, tanto en equipos tecnológicos como programas, se perfeccionó y comenzó a ofrecer aportes concretos para los procesadores de información, en sus diversas facetas de trabajo, aún cuando lo obtenido debía ser igualmente interpretado por personas,con mayor acuciosidad que antes, dada la complejidad del producto, su volúmen y el incremento exponencial de las variables consideradas.

A partir de ese tiempo, el problema continúa siendo entregar el mejor producto de información posible a un decisor apremiado por su circunstancia particular, quien debe ser acertivo y ganador para cumplir cabalmente con su rol. Por su parte, el analista continúaenfrentado a grandes y crecientes volúmenes de datos e informaciones que deben ser contrastadas para determinar su pertinencia respecto de determinado asunto en estudio, pero ningún cerebro humano normal es capaz de procesar con rapidez y total acierto esos enormes volúmenes, en especial para cumplir las siguientes tareas:

-Determinación del significado de un texto, en forma concisa.

-Capacidad efectiva de realizar síntesis, sin perder los contenidos esenciales.

-Capacidad efectiva de acceso rápido a grandes bases de datos.

-Comprensión cabal de distintos tipos de lenguaje, según el problema que se trate, considerando aspectos semánticos, figuras lingüísticas y estructuras morfológicas.

Lo anterior retrotrae entonces el problema a la condición sinérgica de la interacción hombre-máquina y, sólo una adecuada capacitación del personal ejecutivo permitirá el diseño de proyectos de análisis y modelos de procesamiento, capaces de ayudar en la conceptualización definitoria entre: importancia relativa de la información, en sí, e influencia de la misma en el discurrir del análisis según los requerimientos del usuario. Simultáneamente, continúa expandiéndose por el mundo el ambiente computacional “window”, que hizo mas accequible al usuario respecto de complejas bases de datos y redes internacionales como Internet, lo cual permite, hasta hoy, el despliegue exitoso de grandes volúmenes de información, su permanente actualización y, al mismo tiempo, la priorización de aquellos elementos gravitantes en algún asunto específico, debido a la capacidad incremental de establecer relaciones entre tipos de fenómenos, sus causas y sus condicionantes. Por su parte, los nuevos programas computacionales no resuelven el trabajo analítico por sí, pero son capaces de conjugar el aporte tecnológico con las destrezas del analista, a la vez que plantean un desafío profesional a este último, imponiendo necesidades de capacitación técnica y el diseño de nuevas metodologías de procesamiento y producción, que garanticen resultados cada vez mas útiles para la mejor decisión de los usuarios.
Como ejemplo de lo anterior, diversas empresas transnacionales que diseñan, fabrican y comercializan programas computacionales, de nivel científico, han creado los denominados “textoanálisis” que son aplicaciones estandarizadas de estructuras lógicas, organizadas en red, que permiten descomponer un problema u objeto de estudio en, a lo menos, seis aspectos que deben ser estudiados en todo proceso de análisis:

- Evidencia, dentro de un texto, de los términos mas importantes de la estructura semántica, lo que ayuda en la comprensión de la orientación central que éste contiene.

- Resumen de textos extensos , mediante la combinación de estructuras lingüísticas y métodos de investigación, estructurados como redes neurales, lo que permite relacionar o discriminar elementos comunes y estructuras de lenguaje, acortando el lapso de procesamiento básico en la formación del corpus.

- Capacidad de “exploración “ al interior de los textos, mediante el enfoque dual: sujeto-objeto, con la incorporación, en el programa computacional, de diccionarios morfológicos, ideográficos, de lógica formal y de significado, todo lo cual permite “enfocar” con rapidez los “elementos pivote” de un texto o un grupo de textos afines.


- Acceso eficiente al interior de las bases de texto, mediante redes semánticas organizadas para detectar: términos claves, conceptos, frases asociadas y neologismos que, permiten al analista la determinación del grado de amplitud y vinculación entre los elementos y factores identificados.

- Estructuración de “temas-texto”, es decir, el computador es capaz de representar en pantalla un árbol lógico y sus vinculaciones con la estructura semántica del texto analizado, lo que permite entender el sentido de la relación “origen-destino” de la lógica utilizada por el autor del o los textos analizados.

- Recuperación y agregación de informaciones relacionadas; ésto significa que el sistema permite derivar, a partir de palabras claves y un modelo semántico determinado, las frases y los párrafos que se consideran esenciales para entender la esencia y la substancia de una serie de textos, documentos, etc. Además, estos programas están diseñados para relacionar, por derivación lingüística: términos, ideas-fuerza, conceptos y denominaciones, con el propósito de ayudar en la identificación de lo esencial respecto de lo complementario y de lo insustituible respecto del “relleno” textual, que sólo se incluye para ayudar a la mejor comprensión del lector. En consecuencia, el analista está en condiciones de minimizar el tiempo necesario para su trabajo rutinario, dejándose mas tiempo para reflexionar y diseñar la estructura de la fase de producción de información final.


En 1999, surgen los primeros “texto-análisis de lógica y coherencia completa”, destinados no sólo a los analistas tradicionales, sino, a editores de prensa, investigadores de todas las Ciencias, analistas financieros, juristas, politólogos y gestores de capitales en las bolsas de comercio. Desde esa fecha, el consumo de este tipo de programas ha sido exponencialmente incremental, por cuanto, si bien los analistas han comprobado que la máquina no reemplaza al hombre, sin embargo, le permite poner en evidencia: términos lingüísticos de importancia, palabras claves y jerarquización de términos, debido a su presencia recurrente en los documentos estudiados. No obstante, cualquiera sea el área temática o el nivel tecnológico disponible, se está en presencia de procedimientos y apoyos instrumentales, donde el soporte a la gestión es un acicate para superar obstáculos de apariencia irreductible, pero cuyo determinante matriz es la capacidad humana para extraer las conclusiones mas precisas que sean posibles.
V. ANALISIS Y PRODUCCION.

Un elemento adicional que complica aún más el intrincado panorama antes descrito es la proliferación exponencial de la denominada “literatura gris”, la cual,al ser procesada por especialistas de alta capacidad, puede ayudar a entender hechos y situaciones, que no son siempre accesibles en el fondo, para todos los analistas. Se entiende por literatura gris toda aquella información o grupo de datos que se exponen sin comentarios ni orientaciones explícitas, respecto de un tema, sea éste académico, estadístico, financiero, de almanaque, directorios telefónicos y de empresas, etc. Lo anterior quiere decir que su interpretación puede ser variada, dada su apariencia amorfa, pero en cuyo interior subyacen señales o claves de información sólo discernibles por expertos y analistas de larga experiencia; su origen puede ser diverso y su intención indefinida en la apariencia, pero una cifra entre miles o una frase entre centenares, pueden dar la motivación de intenciones, dentro de una situación bajo estudio.
Por lo anterior, se insiste en que, para el analista, continúan surgiendo nuevos desafíos: buscar nuevas formas de interpretar lo relevante, identificar él o los expertos más calificados para jerarquizar el valer de los documentos bajo estudio, comprender y valorizar el nivel de las citas bibliográficas de los autores, definir preguntas trascendentales que deberán ser respondidas antes de continuar, etc. Todo ello, ha motivado la aparición de prósperas empresas transnacionales productoras de Información para Inteligencia, tales como JANE’S, OXFORD ANALYTICA, SIPRI, SPOT IMAGE y algunos Centros Universitarios de prestigio internacional.
El producto obtenido del procesamiento de fuentes eruditas tan diversas, contiene dos tipos de elementos: por una parte, la evolución de la capacidad analítica para obtener lo esencial y por otra , la asociación única de datos y hechos que pueden explicar y sostener la veracidad de las conclusiones y proposiciones que se envían al decisor. Es este "valor agregado” lo que le otorga al documento o producto elaborado un determinado nivel de confidencialidad, porque representa la puesta en evidencia de circunstancias que otros no perciben y por lo tanto surge por sí, un valor de uso que otros no disponen, aún cuando inviertan ingentes cantidades de dinero en equipos de análisis mal entrenados, novatos o mal dirigidos.
La mejor manera de obtener la producción de óptimos análisis es disponer de analistas de alta calidad profesional que efectúen el proceso; ésto significa proveer un flujo de recursos humanos que se constituya en una “carrera profesional”, que atraiga a las mejores mentes jóvenes para formarse y desarrollarse en los diferentes niveles y especialidades del análisis.

Una formación académica básica es imprescindible, como también una formación profesional acorde al área o tema que desea ser estudiado. Se trata de un proyecto de largo aliento que conlleva años de preparación y experiencia, indistintamente de los contratistas o de la autoridad política de turno en los gobiernos, puesto que se trata de entregar lo más cercano a la verdad y jamás lo más cercano a la adulación ya que, una cosa es estudiar el desarrollo de un proceso político o estratégico y otra muy distinta es involucrarse en él. Por todo lo anterior, es necesario proteger la profesión encargada del procesamiento de informaciones respecto de situaciones contingentes y recurrentes, tales como el parroquialismo, el clientelismo, la militancia subjetiva y la politización abierta, vicios todos éstos que deforman el acceso a la certeza para acceder a la verdad y transforman el procesamiento de información en simples opiniones respetables, pero de escaso valor para decisiones equilibradas. Ello es especialmente verdadero para situaciones como el manejo de crisis y la alerta temprana, donde un procesamiento frío y de la mayor objetividad posible producirá las mejores alternativas para optar en una situación de emergencia.

Una tendencia que se asocia a la especialización creciente es la formación de “grupos pensantes” al interior de las agencias, que son distintos a los “equipos de trabajo” circunstanciales que se forman frente a situaciones críticas. Estos “grupos pensantes” son dirigidos por un analista experimentado a cuyo cargo se integran uno o dos analistas novatos y uno o dos analistas de relativa antigüedad; su modo de trabajar consiste en la mantención de un plan de análisis faseado en corto, mediano y largo plazo que actúa como un rompecabezas, el que jamás se completará, pero cuya mejor descripción y entendimiento es la puesta al día permanente mediante el procesamiento sostenido, junto a la realización de a lo menos dos reuniones diarias de discusión en las que ojalá se contrapongan perspectivas diferenciales que ayuden a encontrar la verdad; en esas reuniones, cada analista debe disponer de períodos máximos de 5 minutos para demostrar su capacidad de síntesis y la precisión de sus mejores conjeturas y puntos de vista. Luego de dos o tres rondas de opinión, el Jefe del grupo ya se ha formado un concepto y puede reorientar o profundizar el proceso de análisis, encargando a uno o dos de sus colaboradores la redacción de conclusiones y proposiciones, si corresponde. No se debe olvidar que se actúa contra el tiempo y que nuevas situaciones o antecedentes siguen aconteciendo, lo las que puede alterar lo concluido hace pocas horas o el día pretérito.

Lo anterior, lleva a reflexionar a cerca de la validez y vigencia de un determinado informe, sobre lo cual se debe tener presente que, para cada situación o problema el tiempo de plena vigencia será distinto, según se aceleren o congelen los acontecimientos; esto es especialmente válido para las operaciones de cualquier campo del acontecer nacional e internacional ,en las cuales la correcta interacción entre gestión y apresto de grupos de tarea para el trabajo analítico, dan la clave del éxito o fracaso de una gestión compleja sea disuasiva o contestataria. Al mismo tiempo, la dosificación pública de las informaciones puede acelerar o frenar una crisis, “ganar la paz” o dar la espalda a un punto de no retorno; en cualquier caso, como se aprecia, son múltiples y variados los modelos posibles de aplicación de la tarea analítica y en cada uno de ellos, el factor CREATIVIDAD es imprescindible para evitar que la situación escape de control, porque en este ámbito, los errores son los más caros e irreversibles que una empresa, institución, país o coalición pueden sufrir.
No obstante lo expuesto, es indispensable insistir en las renovadas modalidades específicas de trabajo que debe emplear el analista en su labor cotidiana. Formalmente, debe planificar, definir y orientar sus objetivos y métodos; posteriormente reunir la información disponible, para luego proceder a su interpretación, extraer conclusiones o definir hipótesis de futuro (según corresponda); a partir de ello será posible proyectar los resultados; dentro de esa labor, es destacable la gravitación de la tarea de INTERPRETACION, donde se exige de este profesional el ejercicio de sus mejores condiciones de juicio metodológico y vocación personal, sobre todo en lo referido al análisis de contenidos y, dentro de ellos, la identificación de los mensajes que allí se incluyen, entendidos éstos como las ideas-fuerza esenciales propuestas en el texto y muchas veces como los signos que denotan los objetivos últimos que se persigue entregar al receptor (lector, espectador, televidente o simple destinatario).
Tanto el análisis de contenidos como el de mensajes, focalizan su estudio y descripción en lo que dicen los textos, definiendo y separando lo complementario de lo principal. Para ello, existen varias perspectivas de acercamiento al problema. Por una parte, el análisis de FORMA, que se centra en COMO se están diciendo los mensajes dentro del contenido y aquello que narran, es decir, como se presentan explícitamente, usando al efecto ciertos signos o claves paralingüísticas. Por otra parte, es interesante conocer los alcances de las informaciones y para ello es preciso entender “QUÉ se dice”, examinando lo expuesto, sin atribuir importancia a los rasgos del continente, sino privilegiando el contenido.
En todo caso, el análisis debe ser verificable, mediante referencias a elementos presentes y ausentes en el texto; de allí la necesidad de enfrentar esta tarea con una bateria de métodos prediseñados, pero adaptativos, según sea el objetivo a cumplir. Algunas personas piensan que hay que comenzar por una síntesis de contenido y la definición de los términos clave; otros piensan que es preciso separar primero el contexto y luego enfrentar el texto, por cuanto no sólo es preciso conocer lo que está dicho y cómo se dice, sino entender sus significantes y profundidad, contenidos en los documentos, de acuerdo a las circunstancias que generaron su redacción (enfoque genético).

En cualquier caso, todo documento contiene potencialmente una cantidad de información que habla básicamente de tres fenómenos: su grupo de pertenencia, los hechos relatados y los efectos buscados.

En cuanto a lo que DICE un mensaje, éste siempre refleja intenciones, propósitos y circunstancias de algún tipo, que explican un entorno. Respecto del AUTOR, éste posee obviamente: valores, cultura profesional, universo semántico, personalidad, tal vez algún nivel de ideología, marco referencial de imágenes, expectativas, conciencia, capacidad de manejo de situaciones, en suma: una particular COSMOVISIÓN. En consecuencia, los resultados más seguros serán los que provengan de aquellos análisis cuyos objetivos se limiten a obtener, a lo menos, información del mensaje fundamental: ¿cuál es y cómo se dice?.

Para el analista, la tarea no es simple; él debe observar y ver lo que los ojos simples sólo miran, dirigiendo la atención sobre ciertas propiedades del texto, que inicialmente sólo pueden ser discernidas o percibidas por especialistas y desde allí descomponer el TODO en tantas partes orgánicas como sea considerado necesario. Por lo tanto, el análisis es antes que nada un procedimiento de descripción, clasificación y transcripción de los contenidos de un texto, siguiendo las normas de un código; ello conlleva la definición de categorías las que, basadas en un esquema metodológico, son utilizadas por el analista para acceder a los mensajes y a las significaciones fundamentales de los contenidos.

En consecuencia, analizar contenidos y mensajes es ponderar, por medio de un método -evaluado como “seguro”-, las informaciones que se encuentran en ellos, registrando lo que contienen y descubriendo su significado profundo tras la forma en que se presentan. Por tanto, se trata de un proceso que asocia descripción, clasificación y transcripción, mediante sucesivas comparaciones y asociaciones, que se ejecutan siguiendo un código prediseñado al efecto (en función del objetivo). Desde el punto de vista de la clasificación general de los contenidos esenciales, existen diversos tipos de objetivos presentes en los mensajes; ellos pueden ser, pragmáticos, ideológicos, instrumentales, circunstanciales, entre otros. En consecuencia, si lo que se desea es conocer cuales son los principales objetivos prácticos recurrentes para efectuar dichos análisis, es posible definir los siguientes:


  1. Descubrir si existe algún marco de ideas originario y subyacente, entendido como el esquema de pensamientos, verdades, supuestos y creencias en que se basa el discurso, cuyas ideas se hacen evidentes al proyectarse en el texto, manifestar concretamente su presencia y definir, en su inspiración conceptual, la intencionalidad de los contenidos y mensajes presentes.


b) Conocer expresiones de la realidad social de pertenencia, para detectar la presencia de situaciones, conceptos, percepciones y testimonios que definen las características mas representativas del orden social existente en un medio, las posibles desigualdades, niveles de satisfacción o insatisfacción de las personas, así como la percepción que ellas tienen de sí mismas.

c) Evidenciar la presencia de recursos manipulativos, de tipo emocionales o sensiblemente apelativos, que actúan por impacto en el lector o receptor, con el objeto de exaltar y exacervar animosidades, sentimientos, fijación de percepciones parciales, distorsiones asociadas o elementos similares que puedan generar opiniones y apreciaciones subjetivas, basadas en la pasión o el sentimiento, por sobre la razón y los hechos.

d) Develar la presencia de simple publicidad y/o propaganda encubierta, entendida esta última como expresiones subliminales, a veces difusas, cuyas informaciones buscan ganar voluntades a través de sutiles insinuaciones, pero cuya forma evidente parece informativa e incluso imparcial, subyaciendo la intencionalidad de prodigar o inducir opiniones favorables hacia una determinada persona, causa o situación que se desea apoyar.

e) Reconocer estilos de presentación de contenidos y mensajes, que caracterizan o definen a grupos, personas o tendencias filosóficas los que a su vez, pueden obedecer a determinados intereses o motivaciones. Cada uno de ellos definirá y “marcará” su lenguaje, de acuerdo a su esquema de ideas, su perspectiva de pensar y el discurrir de su método de percibir y entender la realidad.

f) Evidenciar la presencia de patrones culturales, entendidos como expresión de la ostensible presencia de tipologías de ideas, modalidades de uso del lenguaje o, expresiones locales y únicas, que demuestran facetas de la identidad, idiosincracia, usos y costumbres de personas, grupos, empresas o naciones, caracterizando al lenguaje con expresiones y formas originales.
g) Conocer la operatoria del proceso comunicativo en el medio de origen, con el propósito de identificar la metodología de tratamiento de la información que se dio inicialmente a los datos de base que componen esa información, su organización en el texto y la forma en que se suceden para hacer llegar al destinatario los contenidos y mensajes de los cuales consta. A partir de ese conocimiento, entender el discurrir que se otorga al proceso de comunicación, sea éste masivo o personal.

h) Determinar las ideas esenciales y sus motivos, entendiéndolas como aquellas fuentes o parámetros conceptuales desde donde se derivan las consideraciones de los contenidos y mensajes, cuya ausencia haría imposible entender la articulación del cuerpo de opiniones y proposiciones del texto, o haría difícil entender su estructuración orgánica, y menos aún, la proyección de su significado.


Además, de entre las numerosas dificultades que el analista encuentra en su tarea, está el uso intencionado (por parte de los autores) de técnicas subjetivas de empleo de lenguaje, tales como Manipulación y Distorsión, utilizadas con el objetivo de engañar o direccionar al receptor. De esa manera, el cuerpo de conocimientos sobre el tema analizado debe enriquecerse, especialmente cuando el estudio práctico se conecta con alguna teoría o modelo interpretativo, pertinente o afín.

La idea central que se deriva de lo anterior es que todo problema de análisis existe porque el analista percibe dudas acerca del verdadero discurrir lógico, lo que se resolverá examinando los mensajes y la esencia del contenido. Ello se realizará bajo la forma de identificación de una interrogante, que es una incógnita sobre la cual existe interés por conocer su significado, su proyección y las razones fundamentales que explican su ocurrencia.

Desde el punto de vista operacional, el analista busca identificar primeramente el concepto central, que es la propiedad o atributo que se supone está siempre presente tras el mensaje principal; es decir, lo que se pretende determinar con el propósito de descubrir como se manifiesta y actúa en el conjunto del contenido. Es la característica observable principal que interesa examinar, así como su relación con los mensajes asociados (si los hay). Esos parámetros, relacionados, pueden ser considerados metodológicamente por el analista como variables dependientes y pueden ser medidos o comparados en consecuencia.(VER FIG. 5):


























Una vez considerado lo anterior, se sugiere al analista proceda a definir, ya sea el objeto de análisis o el sujeto de la observación, precisando las características que se examinará, la valoración de las mismas (importancia) y el rol del objeto-sujeto en sus expresiones o bien, respecto del modelo de entorno. Por consiguiente, se produce la siguiente secuencia:


FORMULACIÓN  VALORACIÓN  ACONTECIMIENTO ....

......SUJETO  EXPRESIONES  REALIDAD.
Al respecto, no se debe olvidar que toda expresión o término es portador de una diversidad de significados, por ello se requiere delimitarlos en un contexto de estudio, tanto conceptual como temporal.

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