La sostenibilidad, el reto del siglo XXI




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Dos años de medidas agroambientales en el Delta
Rafel Balada
El éxito en la aplicación de las medidas agroambientales ha dado un nuevo instrumento de gestión que armoniza dos actividades hasta ahora antagónicas: la producción agraria y la protección del medio ambiente.
El Real Decreto 928/1995 (BOE 170 de 18 de julio de 1995) desarrollaba el reglamento (CEE) 2078/92 sobre métodos de producción agraria compatibles con la protección del medio ambiente y la conservación del espacio natural, estableciendo un régimen de ayudas para fomentar estos métodos de producción. En Cataluña estas medidas se aplicaron a consecuencia de la Orden de 3 de febrero de 1998 (DOGC núm. 2580 de 17 de febrero de 1998), tema que se trató en los informativos del Parque núm. 10 (inverno-primavera 1998) y 13 (verano-otoño 1999). En el primer caso, se hizo una exposición de las medidas, que han tenido un seguimiento masivo; y en el segundo, se hacía un pequeño balance del primer año de aplicación, remarcando que la invernada ornitológica, seguramente en gran parte a causa de las medidas agroambientales, había sido espectacular: más de 100.000 patos, 40.000 limícolas, 8.200 flamencos, que son las cifras más altas que se conocen del Delta.

Aunque la población de patos se mantuvo normal durante la primavera, a partir de julio volvió a batir récords, hasta el punto que a finales de agosto, cuando la población normalmente oscila entre los 20.000 y los 30.000 ejemplares, se llegó a 50.000 individus. Un ejemplo de este proceso lo encontramos en la Encanyissada donde había 13.000 patos, entre ánades reales y patos colorados, los últimos días de julio; mientras que a finales de agosto, había 45.000. Durante el otoño este proceso se ha confirmado y se han superado las 30.000 fochas: sólo en la Encanyissada se ha llegado a las 23.000; y a 8.000, en el Canal Vell! Parece confirmarse que la disponibilidad trófica de otoño-invierno comporta un aumento de poblaciones ornitológicas durante este período.

Por otro lado, el gran respeto a las medidas agroambientales por parte de los payeses resulta ejemplar y las últimas semanas nos han visitado diversos ayuntamientos de otras zonas europeas para ver cómo se aplican aquí, a causa de los problemas que tienen en sus zonas por una aplicación poco correcta y que llegan a originar graves problemas en los hospitales, como los casos de asma. El éxito de estas medidas tanto para los payeses como para los objetivos de conservación ha dado un nuevo instrumento de gestión que armoniza dos actividades hasta ahora antagónicas y que ahora resultan complementarias.

LA INVESTIGACIÓN EN EL PARQUE
Las aves marinas y las barcas de pesca
José Manuel Arcos

Departamento de Biología Animal – Universidad de Barcelona
El delta del Ebro está rodeado por una amplia plataforma continental, de aguas poco profundas y muy ricas en nutrientes. Estas condiciones dan pie a una importante actividad pesquera, que también beneficia a las aves marinas que aprovechan los descartes de las barcas. Con el fin de conocer la relación de estas aves con las pesquerías locales, la iniciativa Life promovió un estudio entre 1997 y 1998.
La pesca es una actividad económica que está muy arraigada en los pueblos costeros de la zona del delta del Ebro: l’Ametlla de Mar, l’Ampolla, Sant Carles de la Ràpita, las Cases d’Alcanar y Vinaroz. Hasta mediados del siglo XX esta pesca era básicamente de tipo artesanal, sobre todo especializada en el “tresmall”, pero durante los años 60 y 70 se experimentó un espectacular incremento de los “bous” o barcas de arrastre y de las “teranyines”, artes de pesca que hoy en día podemos considerar de tipo semi-industrial.

El impacto de este crecimiento en la explotación del medio marino ha sido muy importante y ha afectado a los diferentes organismos de maneras muy diversas. En el caso de las aves marinas, si bien se puede pensar que a la larga saldrán perdiendo por el empobrecimiento de sus recursos naturales, hasta ahora han sabido sacar de la actividad pesquera un gran provecho, especialmente de los “bous”. Estas embarcaciones son muy poco selectivas y generan cantidades importantes de descartes constituidos por especies de peces y otros organismos sin interés comercial, por individuos aplastados por la red o bien muy pequeños para ser comercializados, y que son devueltos al mar y convertidos en una fuente de alimento abundante y de fácil acceso para los pájaros. Así, gracias en buena parte a este alimento "extra", el número de parejas reproductoras de algunas especies de aves marinas ha crecido de manera espectacular en los últimos años en el delta del Ebro, como la gaviota de Audouin, que concentra cerca del 70 % de su población reproductora en la punta de la Banya. Debido a la importancia de los descartes en la biología reproductora de esta gaviota tan emblemática para el delta del Ebro, el proyecto LIFE "Conservación de especies prioritarias en zonas húmedas mediterráneas" promovió, entre 1997 y 1998, el estudio detallado de la relación de esta gaviota con las pesquerías locales. Asimismo, este estudio permitió obtener datos para otras aves marinas, así como de las interacciones que se dan entre las diferentes especies a la hora de aprovechar los descartes.

Durante el seguimiento se observó que la mayor parte de las especies de aves marinas que se reproducen en el delta del Ebro, así como en zonas más alejadas como las islas Columbretas, siguieron a los bous en gran número. Las especies más habituales durante la época reproductora fueron la gaviota de Audouin Larus audouinii, la gaviota argéntea Larus cachinnans y la pardela mediterránea Puffinus mauretanicus, especie endémica de las islas Baleares. En invierno predominó la gaviota argéntea, mientras que la gaviota de Audouin se volvió muy rara tras los “bous”. La gaviota de Audouin, de hábitos bastante nocturnos, también se asoció con las “teranyines”, que pescan de noche. A pesar de que estas barcas producen pocos descartes, las gaviotas pueden capturar con facilidad el pez atraído a la superficie por la luz del bote. Durante las vedas de arrastre, que se imponen durante dos meses cada primavera, el número de gaviotas de Audouin asociadas con las “teranyines” se incrementó notablemente, por la falta de descartes durante el día. Asimismo, el número de gaviotas de Audouin asociadas a las “teranyines” fue bastante elevado en invierno, probablemente porque así evitan competir con las entonces muy numerosas gaviotas argénteas que siguen a los “bous”.

A pesar de la abundancia del recurso, parece haber una fuerte competencia entre los pájaros para conseguir los descartes. La gaviota de Audouin es un pájaro bastante especializado en la captura de peces y se mostró más ágil y eficiente que otras gaviotas a la hora de coger los descartes. De otro lado, la gaviota argéntea, más oportunista, obtuvo mucho provecho de los descartes gracias a su agresividad, que le permitía desplazar a otros pájaros en los momentos más ventajosos, así como robar el alimento a otras especies. Las pardelas también resultaron muy eficientes, gracias a su capacidad de buceo que les permite coger peces medio hundidos, ya fuera del alcance de otras especies. El resto de gaviotas, como la reidora Larus ridibundus y la picofina Larus genei, y los charranes patinegro Sterna sandvicensis y común Sterna hirundo fueron poco eficientes capturando los descartes, por lo que a menudo se veían desplazados por las especies de mayor tamaño y más agresivas. Estas especies serían las primeras afectadas en el caso que los descartes se redujesen, ya sea por el empobrecimiento de la zona o por cambios en la política de pesca que regulan este fenómeno.

Dejando de lado las vedas de pesca, las barcas de arrastre devuelven anualmente al mar casi 3.000 toneladas de descartes entre marzo y julio, es decir, durante el período reproductor. De estos descartes, cerca del 60% son consumidos por los pájaros. Así, conociendo la energía que necesitan para la reproducción las diferentes especies de aves marinas de la zona, el número de aves que podrían nidificar aprovechando sólo esta fuente de alimento podría ser más del doble de la actual. Con todo, el establecimiento de vedas para la flota de arrastre, que dejan a los pájaros sin descartes durante los dos meses cruciales de la reproducción, así como la limitación de los lugares de cría, hacen pensar que la población de aves se mantendrá estable en el mejor de los casos.

Un último aspecto a considerar es el posible perjuicio que las aves marinas causan al medio al aprovechar los descartes. Muchos pescadores se quejan de que esta manera los descartes no pueden volver al medio, donde serían reutilizados generando un mayor rendimiento de la pesca. Se debería profundizar más en este aspecto, pero previsiblemente los descartes son aprovechados por los organismos detritívoros del fondo, como ermitaños, estrellas de mar, etc., que a menudo carecen de interés comercial al mismo tiempo que tienen pocos depredadores que los reintegren a las cadenas trófica marinas en una forma aprovechable para el hombre.
El autor desea agradecer la colaboración de mucha gente en este estudio, pero desea destacar la ayuda desinteresada e imprescindible de los patrones de pesca Agustí Cruelles (Montserrat), Josep Llambrich (Na Marinada), Javier Fábrega (Germans Fàbrega) y Joan Pere Llambrich (Pepito la Lula), así como de las respectivas tripulaciones. Asimismo, las cofradías de pesca de Vinaroz, Sant Carles de la Ràpita y l’Ametlla de Marpermitieron la consulta sus archivos desinteresadamente.

La isla de Buda: conocer para gestionar, gestionar para conocer
Vicente Fouces

Departamento de Biología Animal – Universidad de Barcelona
Gestionar un espacio natural como la Isla de Buda supone una gran responsabilidad. Asumirlo comporta lograr el conocimiento necesario como para garantizar su conservación y, allá donde haga falta, su restauración.
La isla de Buda es, sin duda, uno de los lugares más emblemáticos y singulares del Parque Natural del delta de l’Ebre. Muchos son los aspectos que se podrían enumerar para respaldar esta afirmación y su conjunto explicaría la especial atención que en los últimos años ha generado su gestión.

Desde que, en 1992, el departament de Medi Ambient de la Generalitat de Catalunya de hizo cargo de la gestión de la mayor parte de la isla, se llevó a cabo, con carácter prioritario, la redacción de un plan de gestión. Este documento definía el modelo que se pretendía implantar a largo plazo y establecía una programación de las acciones a poner en práctica en los siguientes cinco años (1995-99). Un peso importante recaía en la constitución de un amplio fondo de información actualizada sobre los sistemas naturales y antrópicos de Buda. La gestión de un espacio natural es una tarea muy compleja, ya que, al margen de la multiplicidad de aspectos implicados -sociales, económicos, administrativos- cualquier acción sobre el medio puede tener una cantidad de repercusiones ecológicas insospechada. Esto se debe a la complicada red de interrelaciones que hay entre los elementos de un sistema natural y explica por qué resulta tan importante disponer de la mayor cantidad de datos posible antes de actuar.

El medio físic. Una de las primeras y fundamentales acciones de la gestión de Buda fue conocer en profundidad una de sus esencias principales: las aguas superficiales. La mayor parte de los ambientes naturales -lagunas, cañizales, salicornales- y artificiales arrozales, canales- de la isla dependen directamente de la cantidad y características del agua presente en ellos. Así, los dos primeros estudios realizados describieron el sistema hidrológico de Buda y las características físico-químicas de sus aguas. Estos trabajos hicieron patentes algunas deficiencias en el diseño y gestión del antiguo parque de infraestructuras hidráulicas, adecuados para la producción en los arrozales; pero poco efectivos para evitar la entrada de productos tóxicos en las masas de vegetación natural o reducir el riesgo de eutrofización en las lagunas.

La vegetación. A este nivel también se dio una gran prioridad para poder disponer de un conocimiento preciso del conjunto de especies de la flora de Buda, así como también para tener una primera aproximación de la distribución en el espacio de las unidades de vegetación de la isla. Los objetivos eran evaluar la riqueza florística global -de 238 especies-; definir sus singularidades más relevantes, entre otras, el “algueró” (hierba de mar), el taraje alicantino, los limoniums, la morsana blanca y el limoniastrum; y determinar posibles zonas especialmente sensibles a tener en cuenta en cualquier acción que se haya de realizar en Buda. Con los resultados obtenidos se llegó a la conclusión de que era necesario esforzarse para tratar de potenciar el relíctico bosque de ribera autóctono; recuperar las estropeadas praderas de macrófitos subacuáticos; y, finalmente, limitar la presencia de plantas introducidas.

Los invertebrados. Con relación a este poco considerado mundo, cuatro han sido los estudios realizados hasta el momento. Dos se centraron en dar una visión global de la estructura de las comunidades acuáticas y terrestres, imprescindible para entender la dinámica de las poblaciones de muchas especies de vertebrados. Debemos recordar que son muchos los peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos que encuentran en una gran legión de pequeños insectos, crustáceos y gusanos, la despensa necesaria para sobrevivir. Los invertebrados de Buda también han sido objeto de otro tipo de estudios más específicos. Uno de ellos, por ejemplo, ha tratado de evaluar la magnitud y posibles soluciones que presenta uno de los flagelos de los ecosistemas acuáticos catalanes: el cangrejo rojo americano, crustáceo introducido en muchos ríos europeos que no sólo tiene un impacto negativo sobre algunas especies autóctonas, sino que ocasiona estragos en el mantenimiento de infraestructuras hidráulicas. Otro proyecto, con un escenario que comprende otros lugares de Cataluña, utiliza las mariposas como a bioindicadores, es decir como elementos biológicos que sirven para evaluar el estado general de los ecosistemas y la evolución de los factores que pueden incidir, como el clima y la contaminación.

Los vertebrados. Finalmente, y con una atención muy especial, se han hecho estudios sobre la composición y estado de conservación de todos los grandes grupos de vertebrados. En esta línea, se ha prestado la necesaria atención a las aves, grupo emblemático del que se disponía más información previa gracias a los censos regulares realizados por el Parque Natural. Los estudios se han centrado en las especies menos visibles, como las pequeñas aves que viven en los cañizales, y en aquellas con un estado de conservación general más delicado: el avetoro común, al borde de la extinción en el Delta; el calamón común, que desapareció de Catalunya y ahora en clara recuperación; el morito, que cría desde 1996 en Buda, primer lugar constatado en Catalunya; la garceta grande, que nidificó en la isla en 1997, caso único en la Península; la canastera... Comparativamente más valiosos podrían considerarse los trabajos realizados sobre anfibios, reptiles y mamíferos. Estos grupos, por diversas razones, acostumbren ser objeto de una acusada falta de atención. La información previa que se disponía de la realidad actual de estos animales en la isla era realmente muy pobre. Los datos obtenidos han mostrado cómo se han perdido en las últimas décadas los representantes más notables -la lagartija colirroja, el galápago europeos y el leproso, la nutria-, quedando actualmente las especies de carácter más ecléctico y adaptable. Actualmente, se está completando la información relativa al último grupo: los peces.

Con todo este esfuerzo, el Departament de Medi Ambient ha completado una fase importante, en la que profundizar en el conocimiento de un espacio natural como la isla de Buda ha sido utilizado como instrumento principal para poner en marcha su propio modelo de gestión. A partir de este punto, mediante el correspondiente seguimiento, la propia gestión se convertirá en una valiosa fuente de información, ya no sólo para el futuro de Buda y del resto del Delta, sino también para el de muchas otras zonas húmedas.
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