Las mariposas del señor gris




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títuloLas mariposas del señor gris
fecha de publicación28.01.2016
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LAS MARIPOSAS DEL SEÑOR GRIS

Siempre el mismo camino. Todas las mañanas, tempranito, a las 6.00, un beso a Leticia y dale que te dale por la senda que cruza el bosque.

¡A las 7.30 fichar tarjeta y a laburar!

A las 16:00 vuelta a casa, el mismo bosque,la misma huella, beso a Leticia y a mirar un poco de T.V. hasta la hora de cenar. Será por eso que dejaron de llamarme Ernesto y ahora me llaman Gris.

Muchos me dicen por qué no me mudo al pueblo. Que queda más cerca del laburo, que el cine está a la vuelta, bla… bla… bla… ¡el pueblo! Yo nací en “las afueras”.en esta misma casita y me acostumbré al gallinero, a sembrar maíz y todo eso.

Correteaba tanto por el bosque que llegué a conocerlo mejor que a la palma de mi mano. ¡No! ¡A mí nadie me mueve de acá!

Claro, después me casé, vinieron los chicos, la chacrita ya no daba ni para morfar y tuve que ir a laburar a la fábrica.

Me acuerdo como si fuera hoy. La fábrica, nuevecita, recién pintada, con sus altas chimeneas que eran de ladrillo rojo y ahora… ¡mírenla! toda gris y herrumbrada…como yo.

A mí me gusta caminar por el bosque. Y más en esta época del año, porque se llena de mariposas.

No son como las de antes pero, ¡mariposas al fin!

Porque las de antes era… que se yo, más blancas, hasta parecían más grandes. Hablo de la época en que me llamaban Ernesto. Y no había fábricas, ni tampoco existía la gran usina, con sus altas chimeneas que día y noche lanzan columnas de humo a un cielo cada más vez más pálido.

Saben, tengo una colección de hermosas mariposas. Todas muy bien guardadas desde hace ya casi 50 años.

Empecé a coleccionarlas a los 10 u 11 años. Las cazábamos con redes muy finas que hacíamos con las medias de seda de mi vieja. Poníamos tanto cuidado para no estropear sus alas que parecía que estábamos agarrando pompas de jabón.

Todavía los fines de semana voy con mi nietita, Lucía, a cazarlas. Es como una tradición familiar. ¿Qué curioso no? En estos 50 años las mariposas fueron cambiando poco a poco. Es como si el humo las fuera manchando. ¡Bah! Eso digo yo aunque Ricardito, mi hijo mayor, me dio una larga explicación.

¡Es un bocho este Ricardito! Ya no vive con nosotros. Trabaja en la Universidad. ¡Quien lo diría!

Investiga sobre genética el pibe. Yo no sé de qué se trata pero parece que es muy importante. Pero ¿Saben porqué les cuento todo esto a ustedes? Porque Ricardo me pidió la colección de mariposas para estudiarlas en la facultad. Y a mí me entristece un poco desprenderme de ella.

No puedo negársela, por supuesto. ¡ Mi inocente colección de mariposas tiene valor científico! Aunque ustedes no me crean.

Él, Ricardo digo, tiene toda una teoría sobre este asunto de los cambios en las mariposas.

Dice que cuando yo era Ernesto las mariposas de este bosque eran blancas como la nieve. ¡Mi colección lo demuestra!

A veces, una que otra salía pardita y ¡zas! Un pajarito daba cuenta de ella fácilmente o nosotros las cazábamos como a un bicho raro. Ahora lo recuerdo, era como tener la figurita más difícil.

Su hermoso cuerpo marrón se distinguía perfectamente sobre la clara corteza de los árboles. En cambio a las blancas era jodido verlas. Sí, había que tener vista de águila para darse cuenta que estaban quietecitas sobre el tronco. Modestamente, eran mi especialidad. Pero parditas había pocas por aquí, y así fue por mucho tiempo. Hasta que las industrias fueron poniendo todo gris, hasta a los hombres. Los árboles se fueron oscureciendo con el hollín que se pegaba a sus troncos. Eso dice el Ricardo, porque lo que es yo, ni cuenta que me di. Año tras año había más parditas. Ya eran figurita repetida.

Si se fijan con atención en mi colección se ve claramente todo esto. Y bueno, pasaron los años y cada vez era más fácil venir con la red llena de mariposas oscuras y de vez en cuando alguna blanquita que para mí traían en sus alas recuerdos de juventud.

¡Adivinaron! Ahora la vista de águila había que tenerla para cazar a las pardas, tanto se confundían con la corteza sucia de los árboles. Mi nieta es especial para eso. Yo ya veo poco. Soy especialista en cazar blancas, como antes.

Parece que con los años me hice un poco pájaro.

Pero mejor voy embalando la colección porque ahí llegó Ricardito y no quiero que me vea tan bajoneado por una simple colección de mariposas.

_¡Viejooo!, ya llegué, ¿está lista la colección?

_Sí Ricardo, todo está listo. Hijo, si sacás el Oscar acordate de cuanto ayudó la manía de tu viejo.

_ El Nobel papá, el Nobel. Si hasta tengo pensada la dedicatoria. Ya la estoy viendo en letras de molde:

A MI PADRE: ERNESTO GRIS

POR SU ABNEGADO TRABAJO DE CAMPO.

SU HIJO,

DOCTOR RICARDO GRIS

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