Diagnóstico genético preimplantacióN (pgd) y selección de sexo




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DIAGNÓSTICO GENÉTICO PREIMPLANTACIÓN (PGD) Y SELECCIÓN DE SEXO.

Autor: Jorge Alberto Álvarez-Díaz, Docente de Bioética, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Instituto de Reproducción Asistida y Embarazo de Alto Riesgo.
Tomado de la revista: Gaceta Médica de México, Marzo-Abril 2002 Volumen 138 Nº 2
http://www.medigraphic.com/pdfs/gaceta/gm-2002/gm022m.pdf
El deseo científico de conocer el sexo en un producto de

la concepción antes de su nacimiento, nos lleva en la

historia hasta la medicina griega. Podemos leer en el

Corpus Hipocraticum que "Todas las mujeres que se

quedan embarazadas y tienen pecas en la cara, dan a luz

una niña, y las que conservan su buen color, dan a luz un

varón en la mayoría de los casos. Cuando los pechos se

les vuelven hacia arriba, dan a luz un varón, y si es hacia

abajo, una hembra. Coger leche de la mujer, mezclarla

con harina y hacer un panecillo cociéndolo a fuego lento:

si se quema por completo, parirá un varón, y si se

entreabre, una niña. Poner esa misma leche en hojas y

asarlas: si ésta se coagula, dará a luz un varón, y si se

disuelve, una niña". Como podemos ver, es un texto

eminentemente diagnóstico, y aún no habla de la posibilidad

de selección.

Para el siglo V a. C., la medicina en Grecia manejaba

que los niños se formaban del lado derecho del útero, y las

niñas del lado izquierdo. Se inicia entonces la era terapéutica,

y el tratamiento para la elección del sexo era recostarse

sobre el lado del sexo deseado durante las relaciones.

También se afirmaba que el semen del testículo

derecho producía varones, y el izquierdo hembras.

Aristóteles pensaba que la determinación del sexo estaba

dada por el cónyuge que actuara con más vigor durante

el acto sexual. En la Edad Media se creía que para tener

un varón, la madre podía tomar, antes de tener relaciones,

una bebida hecha con vino y sangre de león.

En el caso de nuestro país, y ya en nuestro siglo,

tenemos como muestra del interés científico de la época

a las tesis de la Facultad de Medicina de la UNAM, antes

de instituirse el servicio social, las cuales se realizaron

hasta 1936. Entre ellas existen dos muy interesantes en

torno a factores predictivos del sexo del producto. La

primera intitulada: "Predeterminación del sexo basándose

en el número de latidos fetales", del doctor Andrés

González Bujanos, data de 1933, con 29 páginas; la

segunda data tan solo de un año después, redactada por

el doctor José Manuel Velasco Arce, intitulada “La prueba

de Dorn y Sugarman, un método biológico para la

determinación del sexo del feto”, con 59 páginas.

A nivel experimental, es en 1968 cuando Gardner &

Edwards biopsian blastocistos e identifican embriones

femeninos en conejos. Comienza entonces el deseo de

aplicar esta técnica en seres humanos.

El avance asombroso que han tenido la ciencia y la

tecnología en nuestro siglo, nos deja ver que el diagnóstico

prenatal puede ir más allá de la amniocentesis y de

la biopsia de vellosidades coriónicas. En la era del

Proyecto Genoma Humano, nos hemos asomado a un

mundo de diagnóstico genético, que ahora se tiene

disponible desde antes del evento de la implantación. El

diagnóstico genético preimplantación (PGD) se puede

realizar de varias maneras: biopsiando los cuerpos polares

(con la ventaja de utilizar dos células no necesarias

para el desarrollo embrionario, y la desventaja de no

poder valorar aneuploidía paterna, haploidía, poliploidía,

o mosaicismo) o biopsiando al embrión. La biopsia

embrionaria se puede tomar en la fase de ocho células

(tercer día), o del trofoectodermo en la fase de blastocisto

(quinto día). En seres humanos, la eliminación de la

blastómera en un embrión de seis a ocho células es

técnicamente factible y aparentemente compatible con

la implantación normal y el embarazo, sin ningún daño

aparente reportado hasta la fecha.

Podemos decir que existen tres categorías de enfermedades

que se pueden detectar con un PGD: trastornos

ligados al sexo (como distrofia muscular tipo

Duchenne, hemofilia, etc.), defectos monogénicos (como

fibrosis quística, etc.) y anomalías cromosómicas (numéricas

o por rearreglos, como translocaciones, inversiones

o deleciones).1

¿Cuándo sería válido éticamente el hacer una selección

de sexo? Hay quien considera que dos desventajas

del PGD per se, son su costo alto y la baja tasa de

embarazos.2 Un reporte reciente recopila datos desde

1994 con 886 parejas, 1318 ciclos de PGD, 163 embarazos

y 162 bebés nacidos vivos.3 En otras palabras, un

5.46 % de éxito final, traducido como hijo en casa (menor

aún que el 30 a 40 % de éxito de un programa de IVF-ET

regular sin PGD). Las posiciones en torno a esta posibilidad

son controvertibles. Por ejemplo, John Fletcher

(Universidad de Virginia) afirma: "La selección de sexo

es un precedente para la Eugenesia con una E mayúscula,

no la E minúscula"; por otro lado, Laura Purdy

(Universidad de Toronto) opina: "Contrario a muchos

bioeticistas, creo que la intención del PGD puede ser

benéfica, aunque sus beneficios están limitados a un

rango estrecho de casos".

Con todo ello, el Comité de Ética de la Sociedad

Americana de Medicina Reproductiva acepta como procedimiento

ético el PGD, cuando es usado para selección

de sexo en los casos de prevención de enfermedades

genéticas serias. Agrega que si se realiza solamente

por la selección de sexo, tendría los grandes riesgos de

tener una tendencia injustificada a un género determinado,

ser socialmente dañino, y desviar recursos médicos

de las necesidades médicas genuinas en la población.4

Otra postura, en contraste con la anterior, sugiere

que la selección de sexo en el PGD debería de estar

disponible, por lo menos dentro de los fondos privados

para el cuidado de la salud.5

Recientemente, en una postura más abierta, el Comité

de Ética de la Sociedad Americana de Medicina

Reproductiva ha recomendado que la aproximación más

prudente en nuestro tiempo del uso no médico de estas

técnicas, podría ser el utilizarlo sólo por variedad de

género en una familia (por ejemplo, tener un hijo de

género opuesto a el o los hijos preexistentes). Agrega

que si los efectos sociales, psicológicos y demográficos

de este uso para selección de sexo se han encontrado

como aceptables, otros usos no médicos para estas

técnicas pueden ser considerados.6

Finalmente, podemos agregar que el valor ético de un

PGD con selección de sexo, al igual que cualquier acto

humano para ser calificado como ético dentro del marco

de la moral, debe de ser lícito tanto el método como la

finalidad de dicho acto. De esta forma, si se busca el

diagnóstico temprano para prevenir la transmisión de

enfermedades genéticas serias, no parece haber controversia

al respecto. Si se busca el bienestar psicológico

intrafamiliar con la llegada de un hijo de sexo contrario

a los previos, debe ser hecho por razones de equilibrio,

desde el pensar en el equilibrio social de la distribución

de ambos sexos, como en la procreación responsable

para no caer en una búsqueda de un hijo de sexo distinto,

procreando varios de sexo no deseado.

Referencias

1. Flinter FA. Preimplantation genetic diagnosis. Needs to be

tightly regulated. BMJ 2001;322:1008-1009.

2. Fasouliotis SJ, Schenker JG. Preimplantation genetic diagnosis

principles and ethics. Hum Reprod 1998;13: 2238- 2245.

3. ESHRE PGD Consortium Steering Committee. ESHRE

preimplantation genetic diagnosis (PGD) Consortium: data

collection 11 (May 2000). Hum Reprod 2000;15:2673-2683.

4. Ethics Committee of the American Society of Reproductive

Medicine. Preimplantation genetic diagnosis and sex

selection. Fertil Steril 1999;72:595-598

5. Savulescu J, Dahl E. Sex selection and preimplantation

genetic diagnosis. A response to the Ethics Committee of the

American Society of Reproductive Medicine. Hum Reprod

2000;15:1879-1880.

6. Ethics Committee of the American Society of Reproductive

Medicine. Preconceptional gender selection for non medical

reasons. Fertil Steril 2001;75:861-864.

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