Programa I jornadas de sexología de castilla y leóN




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VIABILIDAD DE USO DEL PRESERVATIVO FEMENINO EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS/AS. UN ESTUDIO CUALITATIVO


Lameiras, María

El preservativo femenino (aprobado por la FDA en mayo de 1993) constituye una alternativa viable y/o complementaria del preservativo masculino para la consecución de una actividad heterosexual más segura, lo que es especialmente positivo ya que el colectivo de heterosexuales es el más afectado por la pandemia del Sida. Pero a pesar de todas las ventajas asociadas a su uso a nivel teórico, todavía existe una escasa documentación científica encaminada a evaluar la aceptabilidad y viabilidad de uso y los escasos estudios disponibles se han desarrollado especialmente en países en desarrollo y con altas tasas de infección heterosexual como es el África Sub-Sahariana. De los datos disponibles se concluye que existe una disposición positiva al uso que mejoran con éste. En los países occidentales el preservativo femenino es un método escasamente conocido y poco utilizado, del que todavía desconocemos mucho sobre los condicionantes que posibilitan o inhiben su uso.

Es por tanto el objetivo de este trabajo llevar a cabo la evaluación de la viabilidad de uso del preservativo femenino en jóvenes universitarios utilizando una metodología cualitativa. Teniendo en cuenta que la metodología cualitativa posibilita la indagación y profundización en las cuestiones que pueden condicionando el uso del preservativo femenino y aportarnos información muy útil ya que son todavía muy escasos los conocimientos que tenemos, información que podrá permitir además la proyección hacia metodologías más cuantitativas. Para alcanzar este objetivo se constituyen cuatro grupos de discusión (16 sujetos) con edades comprendidas entre 18 y 24 años. Dos de los grupos estaban formados solo por chicas, un grupo por chicos y un cuarto grupo era mixto. Los bloques temáticos fueron: imagen, conocimiento, acceso y disponibilidad del preservativo femenino. Los resultados muestran que el genero y el tipo de pareja con el que se mantienen las relaciones sexuales (afectiva versus casual) condicionan el uso del preservativo femenino. Las chicas manifiestan una mayor disposición al uso amparadas en la capacidad de control asociado, además ven más ventajas asociadas al uso dentro de la relación de pareja casual y los chicos dentro de las relaciones afectivas. Los costes y la escasa difusión del preservativo femenino en los medios de comunicación son considerados determinantes de su escaso uso. En conclusión las intervenciones para incrementar el uso del preservativo femenino han de ser desarrolladas en función del sexo y paralelamente llevar a cabo intervenciones más estructurales como es su difusión en los mas media.

EVALUACIÓN ANDROLÓGICA DE LA DISFUNCIÓN ERÉCTIL


Gallo, Francisco Javier *

La erección es un proceso complejo en el que están implicados factores psicológicos, vasculares, neurológicos, hormonales y anatómicos.

La implicación de una causa orgánica en el 80% de los casos de disfunción eréctil, hace necesario conocer aspectos anatómicos y funcionales de la erección, que permitan entender la alteración funcional y los métodos diagnósticos que nos demuestran el origen orgánico de la misma para su correcto tratamiento

DEL JUEGO SOCIAL A LA ORIENTACIÓN DEL DESEO SEXUAL


Valdivieso, Juan Donoso

Niños y niñas manifiestan un interés por los problemas relativos al sexo tan grande como el de los adultos. La norma, empero, ha sido no darles explicaciones realistas e inventar fábulas estableciendo representaciones durante años acerca de cómo se produce el nacimiento, por ejemplo.

La “inocencia” de la infancia es mucho más corta de lo que todo el mundo cree; mientras la adolescencia, una de las etapas más conflictivas del individuo, se prolonga más. Un estudio (Matey, P. en El Mundo, 1998, tomado de un artículo publicado en Psichological Science por los investigadores de la Universidad de Chicago, la biopsicóloga M. K. McClintock y el antropólogo G. Herdt) ha revelado que la pubertad empieza alrededor de los seis años. La actividad hormonal que marca el inicio de la pubertad no se desencadena en los ovarios o en los testículos, sino en las glándulas suprarrenales. Y esta actividad hormonal temprana es, precisamente, la que marca el comportamiento característico de la pubertad. De hecho, en el trabajo aludido se establece que el proceso hormonal conduce a varias etapas en el comportamiento sexual. Atracción (suele producirse a los 9 años en los hombres y a los 10 en las mujeres), deseo (a los 11 y 12 años, respectivamente) y, finalmente, la necesidad de satisfacer dicho deseo (los hombres suelen tener sus primeras relaciones sexuales a los 13,1 años y las mujeres las inician a los 15,2 años).

Antes de la pubertad, por tanto, las niñas y los niños sienten una gran curiosidad por diferentes aspectos sexuales y expresan o manifiestan esa curiosidad e interés a través de distintas conductas, como la estimulación genital o el juego sexual con otros niños y/o niñas (López y Fuertes, 1989; Servin y Sprafkin, 1987). Además de los cambios vividos en relación con la imagen corporal, otro aspecto clave es la mayor especificidad del deseo sexual y de su orientación. Generalmente, la mayor especificidad del deseo va a ir acompañada o seguida de un importante incremento de comportamientos y manifestaciones sexuales, que permitirán al chico y a la chica adolescente ahondar y explorar un nuevo mundo de sensaciones, necesidades, posibilidades, etc. ligadas a su sexualidad.

En la investigación sobre el apego, muy pronto se empezó a plantear la existencia de patrones de apego diferentes (Ainsworth y colaboradores, 1978 y Maccoby, 1984). A los datos que indican la influencia de la calidad de las relaciones familiares en el desarrollo afectivo de los niños, se unen aquellos que indican una influencia del patrón de relaciones familiares en el desarrollo social. Dekovic y Janssens (1992) han realizado hace algunos años un excelente estudio sobre el tema. De él se deduce cómo estilos de interacción diferentes producen efectos diferenciales en el desarrollo posterior de los niños, en este caso en el ámbito del desarrollo social (Gómez Pereira, 1995: Nuevas perspectivas en psicología del desarrollo).

Un importante aspecto del desarrollo social consiste en adquirir las conductas que se consideran específicas de las mujeres o los hombres, y que en todas las sociedades están diferenciadas. Esto es lo que se denomina (Delval, J. 1995: El desarrollo humano) la adopción del sexo o la tipificación sexual, que se basa en el sexo biológico, pero que es diferente de él.

Observamos que los papeles del niño y la niña están bastante definidos a una edad muy temprana. A los tres o cuatro años los niños ya tienen claro qué cosas son las que deben hacer los de un sexo y las que deben hacer los del otro, y las normas sociales extendidas se imponen incluso sobre la realidad inmediata que rodea al niño o la niña. Son los estereotipos sociales más extendidos, de los que muy pronto participa el niño, los que determinan sus creencias. En los animales las cosas son más sencillas porque los papeles están mucho más determinados por causas biológicas, pero en los humanos los aspectos sociales son muy importantes y la cultura tiene un influjo decisivo en las pautas de conducta que se terminan adoptando.

Es cierto que el sexo biológico aparece determinado desde las primeras semanas de la concepción. Si un espermatozoide con un cromosoma de tipo Y fecunda el óvulo el resultado será un varón, y si es un espermatozoide con un cromosoma de tipo X será una mujer. Es el efecto de las hormonas masculinas las que convierten a algunos en machos, aunque el embrión está programado para desarrollarse como una hembra. Precisamente las hormonas tienen una segunda función durante la pubertad, en que desencadenan los cambios que se producen en esa edad. Así pues, lo masculino y lo femenino pueden considerarse conjuntos difusos que tienen un núcleo más preciso, pero cuyos límites se entremezclan.

Sin embargo, desde el nacimiento se empiezan a señalar diferencias entre niños y niñas: parece que las niñas prestan más atención al contacto social, a las caras, a las voces, a las personas y también suelen hablar antes. Algunos estudios muestran que la actitud de los padres, e incluso las descripciones que hacen de los niños antes de haber tenido el primer contacto con el recién nacido, varían ya según que se trate de un niño o de una niña. A partir de ahí se establecen diferencias de trato que pueden ser las responsables de los resultados: por una parte, reforzando determinadas conductas que se consideran valiosas y estimulando a los sujetos a que las hagan; por otra, se reprueban y desvalorizan las conductas no deseables y se les dice a las niñas, pongamos por caso, que jugar a ciertos juegos es cosa de niños. Asimismo, padres y madres tienen interacciones diferentes con los hijos: se sabe que los varones juegan más con los hijos y realizan juegos más bruscos con los niños que con las niñas, ya desde los primeros meses de vida; pero también el tipo de juego que los padres practican depende del sexo del hijo. Los juegos constituyen uno de los terrenos en que mejor se pueden distinguir las actividades de niños y niñas, según veremos más adelante.

¿Tienen los niños de hoy un desarrollo más precoz que sus ascendientes, sus padres y abuelos? La mejora en la nutrición puede ser, en parte, responsable. También en que, actualmente, es mucho mayor la proporción de niños que crecen en un medio urbano, donde suelen darse más estímulos de todas las clases y características. Añádase la escolarización general y obligatoria y la educación infantil, que supone proporcionar en edad muy temprana un entorno de estimulación enriquecido y planificado. Por último, se especula con la posibilidad de que la creciente complejidad visual del mundo actual, las imágenes de televisión, la publicidad, los ordenadores, etc. han podido desarrollar los activadores de la sensibilidad y con ello se facilitan respuestas de toda índole, incluso de naturaleza sexual. La televisión, probablemente, ha modificado de modo significativo la mentalidad infantil, alterando el atributo que siempre se había adjudicado a la infancia: la inocencia. Antes, los adultos suministraban, según su criterio, lo que los niños debían y no debían enterarse; hoy, la televisión lo muestra todo desde el principio sin ninguna clase de disimulo, reserva o desfiguración.

Niños y niñas manifiestan un interés por los problemas relativos al sexo tan grande como el de los adultos. La norma, empero, ha sido no darles explicaciones realistas e inventar fábulas estableciendo representaciones durante años inadecuadas acerca de cómo se produce el nacimiento, por ejemplo.

Antes de la pubertad, por tanto, las niñas y los niños sienten una gran curiosidad por diferentes aspectos sexuales y expresan o manifiestan esa curiosidad e interés a través de distintas conductas, como la estimulación genital o el juego sexual con otros niños y/o niñas (López y Fuertes, 1989; Servin y Sprafkin, 1987). Además de los cambios vividos en relación con la imagen corporal, otro aspecto clave es la mayor especificidad del deseo sexual y de su orientación. Generalmente, la mayor especificidad del deseo va a ir acompañada o seguida de un importante incremento de comportamientos y manifestaciones sexuales, que permitirán al chico y a la chica adolescente ahondar y explorar un nuevo mundo de sensaciones, necesidades, posibilidades, etc. ligadas a su sexualidad.

La orientación del deseo se refiere al tipo de objetos por los que sentimos atracción sexual y, en consecuencia, hacia los que dirigimos nuestro deseo sexual. Consiste en las tendencias sexuales de cada persona, tiene que ver con la afectividad y la emotividad. La orientación sexual no la puede elegir la persona a su antojo, ni cambiarla cuando desee. Lo percibimos como sentimiento de necesidad, más o menos explícito, –dependiendo de la educación– de realizar actividades sexuales. Fantasías sexuales, deseos explícitos, sentimientos de tensión o necesidad de entrar en contacto corporal son las manifestaciones más frecuentes.

En la orientación del deseo sexual el objeto de satisfacción no está necesariamente definido y puede incluso no existir. Más bien se trata del fin que se persigue, como es vivir la sexualidad conforme a unos deseos y apetencias. Puede ser excitado por estímulos externos e influido por los afectos, dependiendo de las tendencias de cada persona.

Hombres y mujeres somos distintos y, también, somos iguales. En este caso, la naturaleza nos hizo diferentes pero la sociedad nos quiere iguales, todo gracias al amor. ¿Qué nos hace entonces ser tan diferentes?

En esta ponencia tratamos de reflexionar sobre las funciones y mecanismos que están influyendo en la condición sexuada de mujeres y varones, y cómo ésta se llega a potenciar o disminuir en el proceso de la socialización.
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