Psicoterapia experiencial y focusing: la aportación de eugene t. Gendlin




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títuloPsicoterapia experiencial y focusing: la aportación de eugene t. Gendlin
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Especialmente con pacientes silenciosos y que no responden, si el terapeuta dice algo y no obtiene respuesta puede pensar diez razones por las que

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puede haber sido estúpido o erróneo decirlo. Estas sensaciones suelen atosigarnos como terapeutas pero también se han convertido en una fuente de reacciones. A continuación describiré mis pensamientos en una intervención para mostrar como esa secuencia de pensamientos me lleva a sacar algo más que decir al paciente.

Supóngase que he dicho (como acabo de describir), -Sencillamente me sentaré contigo un rato. No pasa nada si permaneces en silencio."

Ahora podría descubrirme a mi mismo pensando: El silencio no está mal para mi pero esta persona necesita ayuda. Qué pasará si al haberle dicho que "no está mal- el entiende que no me interesa ayudarle, que no se ni siquiera que hay algo mal, que no comprendo que el silencio es terrible, horrible y nada de nada de ese "no está mal---. Quizás desearía poder decir algo pero no puede. Ahora hay muchas cosas que quiero decirle. Pero no hay prisa ninguna. Sólo han pasado unos segundos. Lo rumio por un momento. De alguna forma voy a decirle que sé que está sufriendo y que quiero ayudarle aunque no necesito que me hable de forma inmediata. Sé por su forma de sentarse ahí, con la cabeza echada hacia delante mirando a los pies, que está sufriendo, sin esperanza o algo de ese tipo. Pero no sé nada sobre él, y no quiero que piense que lo sé todo sobre él, que he leído su informe o que estoy en contacto con alguien que le conoce. También tendré que decirle que realmente no sé nada de él. Ahora siento que sé lo que quiero decirle, algo así como: ---La mayoría de la gente aquí realmente lo está pasando muy mal. Me gustaría ayudarte. Puede que a veces pueda hacerlo."

Pero él no sabe lo que quiero decir con ayudarle a través de que me hable. Quizás piensa que podría ayudarle en algún momento; ahora no lo estoy haciendo porque no siento que es el momento. Tendré que decirle que quiero oírle decir qué es lo que va mal, algo con lo que pueda ayudarle. Después de un rato, podría decir, "Espero que alguna vez me dirás algo sobre cómo fue que acabaste en este hospital." Luego pienso, ¿qué pasa si piensa que quiero una explicación o una defensa? Después de todo quiero conocer sus sentimientos y no los hechos en sí. Podría decirle ---Me apuesto cualquier cosa a que pasaste momentos realmente malos. No se nada de ti, quiero decir que sólo se trata de una suposicion.-

Entonces puedo pensar, "quizás se lo va a tomar como curiosidad al querer saber los trapos sucios o los hechos que le avergüenzan. Por lo que Podría decir después de un rato, ---Sea lo que sea que te hace daño dentro y que te hace sentirte mal, eso es sobre lo que me gustaría que me hablaras. Eso que te ha hecho tan silencioso y tan triste."

En estas descripciones se puede ver la secuencia de pensamientos que me lleva a responder. Se trata de la secuencia familiar en que el terapeuta tiene sus dudas sobre si lo que acaba de decir es lo apropiado y se pregunta si no fue lo correcto, etc. Todos tenemos estos pensamientos y en ellos se incluYe las razones de porque dudamos de la valía de lo que acabamos de decir. Es. necesario que éstos no se queden sólo como sensaciones incómodas. Con pacientes de comportamiento silencioso y sin respuestas podemos usar estas secuencia como fuente a la que acudir en busca de posibles intervenciones.

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La secuencia "imaginada del paciente": Otra secuencia de pensamientos que puede ser una fuente de respuestas o reacciones tiene que ver con el paciente. Cuando la terapia va progresando (aunque quizás el paciente todavía sigue en silencio) y me encuentro activo de muchas otras formas. Entre otras cosas, hablo más de él. Hasta ahora sólo he usado ejemplos de los primeros encuentros con pacientes que están en silencio y que no reaccionan. Los siguientes son ejemplos de lo que puedo decir una semana o dos después: -Oh Dios, sigues sentado en el mismo sitio en el que te dejé el viernes pasado. Parece horroroso que puedas estar sentado así tanto tiempo." o, "Yo no lo sé, por supuesto, pero me da la impresión de que estás muy triste. Me pregunto si te estarás sintiendo desesperado, como si todo esto no sirviera para nada.-

Al decir estas cosas en mi surge toda una secuencia de pensamientos sobre alguien que se haya desesperado y que nada podrá evitarlo. Por supuesto yo desconozco si él se siente de esa forma ( y así se lo hago saber), pero el tipo de interacción que tenemos según hablo ayuda incluso aunque el contenido de mis palabras no se le ajusten. Podría decir después de un rato: ---A veces una persona puede sentir que no vale para nada y que no es buena intentando renunciar a sí misina.-

Sopesaría eso durante un rato y luego diría: "Pero, sabes, realmente no funciona eso de tirar la toalla. Quizás intentas una y otra vez renunciar pero eso sólo te hiere."

Y luego, añadiría, ---Quizás sea doloroso incluso pensar en volver a retomar las cosas. A veces una persona siente que intentar las cosas de nuevo es como decir a la gente que no pasa nada si intentan herirte."

Y luego, mientras lo sopeso, podría decir, "Y si te hirieran, eso por supuesto nunca es igual." Y eso me llevaría algo después a otra cosa, quizas: ---En ocasiones las personas que te hieren son precisamente las personas que más deseas que te amen. Eso es lo más duro de encajar, eso creo."

Algunas de estas secuencias se ajustarían a cualquiera, pero con la misma frecuencia las secuencia no se ajustará ni siquiera al paciente. Estas son reacciones ante una persona que yo imagino, una persona triste, silenciosa, rota, desesperanzada, herida por aquellos a quien amaba, en un hospital estatal, sin los cuidados necesarios, y que no es comprendida. Según respondo a una persona así sin saber como se siente realmente, pero él me experimenta reaccionando ante él de la misma forma en que él lo haría si pudiera o quisiera hablar. El experimenta (sin necesidad de tener que entenderlo) mi intención que es centrarine en sus sentimientos, en sus heridas como si fuera él ya que es el marco de referencia de las cosas que digo. Sus sentimientos pueden moverse, volverse un poco más vivos y quizás una sombra menos insoportable y desorganizadora de lo que lo fue antes de que él pudiera mirarlas.

Entonces quizás yo mismo también cambio. Me sorprende que ser herido por aquellos por los que uno se preocupa y por tanto no queriendo intentarlo de nuevo es demasiado específico, y probablemente erróneo. Quizás lo que ocurre es que está demasiado confuso como para sentir nada oyendo mis palabras como si fuera una música distante o un ruido procedente de alguien

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que inspira demasiado miedo como para oírlo. Empiezo a responder a su posible confusión global. Puedo decir: ---Puede que lo que te ocurriera y lo que sientes sea todo una gran confusión que te hiere. Puede que no sepas de qué va todo esto.- Y así inicio otra secuencia quizás sin pensar específicamente que se trata de otra secuencia. Se me ocurre que toda esta confusión global podría estar repleta de un montón de cosas sin sentido. Le digo: ---Cuando una persona queda demasiado herida, en ocasiones muchas cosas extrañas tienen lugar dentro de él. Yo no se nada sobre ti pero conozco ese tipo de cosas.-

Incluso unos pocos minutos ayudan: Al menos que determinemos horas de cincuenta y cinco minutos con un paciente, éste no se lo espera. En un hospital voy a mi aire. Acudo cuando puedo. Sólo cuando realmente sé con certeza que podré ir el martes así se lo comunico al paciente. Con frecuencia no digo cuánto tiempo voy a estar. Pero no me voy bruscamente. Cuando quiero irme normalmente le digo que me iré y luego me quedo un rato más. Pero pueden pasar diez minutos más. Especialmente si estoy tenso o si el paciente ha estado rechazándome con demasiada violencia (a veces los pacientes permanecen en completo silencio excepto para decir verbalmente, ---Vete, no vuelvas nunca más, ¿puedes entender eso?-), puedo imponerle mi presencia pero sólo brevemente, tanto por él como por mi. Le digo, ---Ya se que dices que no quieres que vuelva nunca más. No estaré mucho tiempo. --- Y luego me voy pronto.

Otros pacientes, más verbales, puede que me paren en el pasillo. Hablo con ellos intensamente durante unos pocos minutos. Ellos saben que no puedo estar mucho tiempo. Aceptan que me vaya bastante pronto, pero escucho intensamente y les respondo lo mejor que puedo durante el tiempo que paso allí. De esta forma puedo mantener un buen número de relaciones que de otra manera no podría.

Es un error pensar que no deberíamos responder terapéuticamente a los pacientes si no nos podemos comprometer con ellos totalmente por un buen número de horas. Esta opinión no viene de los pacientes sino de las agencias terapéuticas y clínicas. Es cierto que si ayudas a alguien a abrir sus sentimientos puede sentirse de forma más problemática que si no se le atiende en absoluto, pero también es verdad que pudiera, como resultado, aliviar en algo su dolencia. Nos estamos protegiendo a nosotros mismos y no a los pacientes cuando decimos: "Si no puedes comprometer ciertas horas y meses, no respondas en absoluto.- Para el paciente unos pocos minutos pueden resultar una ayuda fundamental. La experiencia de tener sentido para otra persona y vivir menos autísticamente incluso durante unos pocos minutos Puede Proveerles de algo que el paciente puede mantener y con lo que puede trabajar por semanas. Menciono ésto aquí porque una de las formas en las que unos Pocos minutos pueden ayudar conlleva un principio que es importante a la hora de trabajar con pacientes silenciosos y que no reaccionan. El Principio es el siguiente:

La interacción continuada: El paciente puede vivir en interacción conrnigo incluso cuando no estoy con él. Digamos por ejemplo que he pasado

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unos pocos minutos -cincuenta, veinte o cinco- con mi paciente silencioso. Luego me voy. El tiene ahora más vida y se halla más alterado, quizás como si tuviera más de su ---self- dentro que lo que tenía antes. El me odia (por ejemplo) porque hago que espere y no puede soportar el dolor que surge cuando espera, por lo que lucha para aplacarlo. Ahora vuelve a estar completamente quieto, vacío por dentro. Va a comer, espera en la línea, en silencio, pensando para sí mismo, ---Puede que la próxima vez que venga le de una paliza." Visualiza todo eso, lo ve y lo siente, luego decide no hacerlo. "Puede que le diga que le voy a pegar." Experimenta todo esto, con imágenes y decide que no me va a decir nada, nunca. Come, Piensa que quizás me va a decir que el no es nada de lo que yo digo, sencillamente está rabioso por lo que le hicieron (puede que para sus adentros los llame ---el jurado- o "la máquina"), decide no decírmelo porque eso sonaría a locos. Decide no decir nada nunca. Se descubre a sí mismo hablando conmigo, diciéndome esto y aquello, vuelve a decidir no decirme nada nunca. Vuelve a la sala y se sienta en su rincón, como de costumbre, mirando al suelo. Eso es lo que le ha quedado tras haberme sentado a su lado. Da un fuerte puntapié a la silla. Su corazón palpita, está lleno de vida, rabioso. El personal se le acerca. Se apacigua. No piensa en nada o al menos lo intenta. Se anuncia una visita para otro paciente por los altavoces. Parece que se le van a derramar las lágrimas. Las retiene y se descubre a sí mismo diciéndome mentalmente lo ocupado que están sus padres y porqué no pueden acudir a visitarle. Se imagina que está llorando junto a mi, se pone furioso, decide no contarme nada, nunca, piensa que quizás me dirá que nadie le sirve para nada. Sólo ha pasado una hora desde que le dejé.

Cuando vuelvo a la semana siguiente él continua completamente en silencio como si nada hubiera pasado. Pero han pasado muchas cosas, algunas de ellas en el contexto de hablar conmigo, sentir conmigo y sentirme a mi.

Por esta razón, el tipo de interacción que tengo con un paciente me parece mucho más importante que aquello que exactamente le estoy diciendo. Incluso si no dice nada e incluso si todo lo que yo digo es estúpido y no se le ajusta en nada, creo que este tipo de interacción y señalamiento de sentimientos le provee a él de un contexto en el que vivir, imaginar y relacionarse durante muchas horas, tanto en las que estoy como en las que no estoy.

Ponerse en contacto: Aparte de estos ejemplos de lo que podría decir, también hay cosas que hago para ponerme en contacto con mi paciente. Puedo tirarme al suelo delante de él y mirarle a la cara un momento. Luego puedo explicárselo: ---A veces me entra un gran deseo de que me mires a la cara.- No lo haré durante mucho tiempo pero si nuestros ojos se encuentran una vez, me daré por contento y así se lo haré saber.

Puedo poner mi mano en su hombro o puedo acariciar su mano. Lo haría en ciertos contextos y en mi esfuerzo por llegar a él de alguna forma. La gente aislada necesita el contacto físico, especialmente los niños. Les toco de modo que no se preste a confusión. Es un mensaje, un contacto, es agarrarle la mano firmemente. 0 sostengo los hombros, manteniendo mis brazos extendidos e inclinados. Es una forma de decir, -Tú. Te estoy buscando."

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Es importante, en ese momento y más adelante, que el paciente no se sienta amenazado o forzado, etc. Los abusos son muy frecuentes en los hospitales e incluso más cuando se trata de pacientes mentales. Agarrar firmemente un hombro no confunde a casi ningún paciente. En muchos contextos es la única forma clara, rápida e impactante de decir, "Estoy aquí, y sé que tú estás también aquí."

Conducta IL Silencioso pero sensible

En esta sección imagínense a un paciente que habla muy poco. Sólo ofrece argumentos resumidos casi ininteligibles y altamente comprimidos como, ---Debe ser alguien tiene una utilidad para una persona,- o, ---Me gustaría cogerlos y agitarlos.- La mayor parte del tiempo permanece en silencio. Sin embargo es muy sensible. A veces mira al terapeuta, rápidamente desvía la mirada hacia el suelo u otro lado y luego vuelve a mirarle. Puede estar sentado, alejarse rápidamente y volver otra vez. Puede saltar para atrás tres pasos si lo que digo le perturba. Puede enfadarse y parecer que anda hacia mi como si fuera a pasar por encima. Su cara dice en cada momento que algo nuevo está ocurriendo, aunque el terapeuta puede que tan solo tenga una vaga idea de lo que es.

El paciente silencioso pero sensible puede ser el mismo sujeto que antes fue silencioso e insensible. Pero también puede ser que el paciente fuera así desde el principio. Cuando permanece quieto durante largos períodos mucho de lo que dije para la conducta 1 sirve también en este caso. El paciente ', silencioso y sensible- es una categoría de comportamiento en terapia y no una categoría de pacientes.

Encajando el rechazo: En lo que a mi respecta está bien, aunque ciertamente no me gusta cuando un paciente me rechaza. Supongamos que cuando estoy sentado intentando mantener al paciente unos pocos minutos en compañía silenciosa él se levanta y se sienta en otro sitio. Yo me vuelvo a acercar y él una vez más se cambia de sitio. Yo llamo a eso ser sensible, comparado con la falta total de reacción. Ahora no es el caso en el que no tenía nada con que trabajar excepto lo que yo mismo ponía. El paciente hace Y expresa muchas cosas. Me da mucho que hacer y soy capaz de tolerarlo.

Si continua alejándose siempre que me acerco me quedo donde estoy y le dejo estar a él donde quiera. Esto es una interacción. El está ahí y sabe que Yo estoy aquí, esperando. El no se reunira conmigo pero sabe que estoy aquí.

Mi punto de partida es que puedo ser rechazado en cualquier momento. Para él no es algo malo si yo lo puedo llevar bien. ¿Cuántas veces ha rechazado repetidamente a alguien que aún así seguía queriendo conocerle? Casi con toda seguridad nunca. Unos minutos así pueden resultar muy imPortantes. Después de un tiempo puedo irme. Antes de hacerlo quiero algún contacto con él. Puedo decirle en voz alta, ---Te veré el viernes," y luego irle voy. 0 si está más cerca puedo decirle, ---Sé que no quieres que esté aquí, pero pienso que puedo ayudarte y volveré.-
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