La propuesta de una fonoaudiología psicodinámica




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DESARROLLOS PSICOANALÍTICOS

SOBRE LA CUESTIÓN DEL LENGUAJE12

1.- Desarrollos psicoanalíticos

El objeto del psicoanálisis es lo que Freud descubrió: el inconsciente.

El método apropiado para su estudio: el material de los sueños y las asociaciones libres.

El instrumento de abordaje para analizar este material: la palabra.
Para el estudio del inconsciente, Freud tomó en cuenta las asociaciones libres, juegos de palabras, chistes, lapsus de la lengua, etc. poniendo de manifiesto que el análisis de lo que el paciente decía era el método apropiado. En la época de su descubrimiento la moderna lingüística no había sido inventada. Las lecciones de Saussure fueron publicadas en 1916, dieciséis años después de “La interpretación de los sueños”. Creó sus propias categorías y terminología para describir lo que había descubierto.

Lacan, en su vuelta a Freud, lo traduce en términos de la lingüística estructural. Le resulta a su vez fundamental la vinculación entre lo concerniente al inconsciente y las construcciones lingüísticas, hasta el punto de afirmar
La estructura del inconsciente es la estructura del lenguaje”.
2.- Cuando un cuerpo habla…

Cuando un cuerpo habla podemos decir que allí hay un sujeto. Lo representamos con la letra

S

Por esta condición de hablar, el concepto de “sujeto” es jerarquizado como tal y separado del mero cuerpo. Surge luego si la palabra del ser hablante es una palabra plena de expresión y significado; de no ser así, su condición de sujeto hablante adolece de una falta de ser, por lo que debiera ser más adecuadamente representado atravesado por una barra: como “sujeto barrado” S

El psicoanálisis lacaniano cuestiona la plenitud significativa del lenguaje, y denomina a este sujeto barrado mediante un neologismo: parlètre, palabra francesa de la cual no pretende traducción.

Pudiera insistirse que el ser hablante es una instancia anclada al cuerpo, ya que es el cuerpo el que hace posible la voz mediante:


  1. la vibración de las cuerdas vocales

  2. el aire espirado,

  3. la articulación oral de la palabra,

  4. la resonancia en los senos nasales y paranasales,

  5. la competencia lingüística cerebral,

  6. la intervención de la mente o el psiquismo, columnas de la cognición y el afecto.

  7. la retroalimentación auditiva,

  8. el carácter dado al género y la edad por la conjunción hormonal evolutiva,


Agentes armados por el cuerpo desde su génesis, objetos fundamentales del estudio de la fonoaudiología.

Con todo, desanclándonos del cuerpo, podemos ocuparnos de otros objetivos coincidentes con los del psicoanálisis, de interés esencial para nuestra materia. Nos referimos al campo de la lingüística: significantes y significación, metáfora y metonimia, los tropos del discurso; en fin, la cuestión del lenguaje, del habla, la palabra, la enunciación, el enunciado, el enunciante y del otro vocativo de la escucha. Más allá del cuerpo, estamos en la región del “tesoro del lenguaje”, externo y previo a la existencia corporal del recién nacido: la lengua de la madre, que lo aguarda y lo recibe.

Entra el niño en la existencia por el deseo de su madre (cuando no como sorpresa no deseada). Aquel deseo, o no deseo, lo incorpora al mundo como cuerpo del deseo de la madre, o de su sorpresa. (La concepción psicoanalítica se apuntala en el deseo).

A este cuerpo deseado se le da nombre de pila y apellido, otorgándosele, al incorporarlo al lenguaje, categoría de sujeto. Con mayor o menor intención y comprensión de aproximación a un significado, se le concede al niño un nombre que es un significante.
3.- El Signo lingüístico

Sabido es que la lingüística tradicional reducía la lengua a una nomenclatura subsumiendo la palabra a la sustancialidad de la cosa que nombra. La lingüística moderna a partir de Ferdinand de Saussure introdujo una concepción netamente psicológica tanto para el significante como para el significado, al presentar al primero como una imagen acústica y al segundo como un concepto. La palabra desde entonces elude reducirse a ser un sonido material, una sustancia gráfica, o un registro del diccionario, siendo fundamentalmente una huella psíquica que involucra a una forma del pensamiento. Según Saussure el signo lingüístico era una entidad psíquica de dos caras en las que ambas se implicaban en una relación de asociación y que podía representarse de la siguiente manera:
s concepto significado

S imagen acústica significante
He aquí su signo lingüístico





Repasemos este esquema bien conocido:

  • La elipse representa la unidad del signo; lo cerrado del signo, la unión indisoluble del significado y el significante, como si fueran las dos caras de un papel

  • Su oposición terminológica

  • Las dos flechas aluden a la implicación recíproca entre ambas. La búsqueda de la una por la otra.

  • La línea horizontal adquiere valor de vínculo.


Hasta aquí podríamos seguir suponiendo la significación interna al signo de una manera precisa: a tal imagen, tal concepto. Pero Saussure nos dice que la significación depende del “valor” relacional entre los signos. Es necesario comparar el signo lingüístico con los otros signos de la lengua. El signo, según Saussure, forma parte de un sistema; no sólo contiene una relación positiva en sí mismo entre el significante y el significado, sino también, una relación negativa y diferencial con los otros signos.

Al respecto afirma:
"El contenido de una palabra no está verdaderamente determinado más que por el concurso de lo que existe fuera de ella".

"En la lengua sólo hay diferencias”
Se entiende: diferencias que permiten establecer relaciones. Las relaciones se despliegan en el orden sintagmático y sincrónico [en la extensión, lineal, en presencia] y además en el eje paradigmático o asociativo [en ausencia: alude al tesoro interior de la lengua que nos permite hacer conmutaciones].

Sin embargo, en contraposición, Saussure reflexiona sobre el hecho simple y verificable de que cuando la gente habla se entiende.

Mas en realidad -y esta es una observación ajena a Saussure- ese entendimiento dado por el uso del lenguaje, mediante el cual se supone que alguien habla y se le entiende, se limita al uso de semantemas.13

En rigor, llevando la complejidad aún más lejos, los significantes no tienen correspondencia unívoca con cosa alguna. Para el psicoanálisis el cuestionamiento de la plenitud significativa del lenguaje es aún más radical.

En el nivel de los semantemas de nuestra comunicación el sentido ya está dado y por eso mismo no se produce en ella más creación de sentido. El circuito del discurso corriente es el de la palabra vacía, la del remolino de palabras, donde aparentemente todo se reduce a la intención lingüística y hasta puede tenerse la ilusión de estar diciéndolo todo mientras que la sanción del mensaje por el otro consiste en simple reconocimiento de términos.

De allí la postulación de la opacidad del significante, con significados reducidos a un mutuo decir generadores de malentendidos. Nos introduciremos aquí en un tema álgido en las ideas psicoanalíticas modernas: la subversión y destrucción del signo saussuriano.

Pero antes de elucidarlo en una subversión detengámonos respetuosamente y valoremos las elaboraciones sutiles mediante las cuales compuso Saussure su signo lingüístico.14

Leemos:
"El papel característico de la lengua frente al pensamiento no es el de crear un medio fónico material para la expresión de las ideas, sino el de servir de intermediario entre el pensamiento y el sonido, en condiciones tales que su unión llevará necesariamente a deslindamientos recíprocos de unidades. El pensamiento, caótico por naturaleza, se ve forzado a precisarse al descomponerse. No hay, pues, ni materialización de los pensamientos, ni espiritualización de los sonidos, sino que se trata de ese hecho en cierta manera misterioso: que el "pensamiento-sonido" implica divisiones y que la lengua elabora sus unidades al constituirse entre dos masas amorfas."
Imagina entonces una analogía basada en el contacto del aire con una capa de agua, donde al cambiar la presión atmosférica la superficie del agua se descompone en ondulaciones ensambladas con la columna de aire que le es relativa, ejemplificando de esta manera la conexión del pensamiento con la materia fónica. El pensamiento sería como una nebulosa donde nada está delimitado; no hay ideas establecidas y nada es distinto antes de la aparición de la lengua.

Frente a este reino flotante, los sonidos tampoco ofrecerían por sí mismos nada circunscrito de antemano. La sustancia fónica no es un molde a cuya forma más o menos fija o rígida el pensamiento deberá acomodarse. Sería, en cambio, una materia plástica que se va dividiendo en partes distintas al suministrar los significantes que el pensamiento necesita a medida que va constituyéndose. La lengua elabora sus unidades al constituirse entre estas dos masas amorfas; los signos suponen cortes que afectan tanto a la masa de las ideas como a la del sonido.

Este modo de relacionar el lenguaje al pensamiento no podía escapar a la observación del psicoanálisis preocupado, como lo estaba, por articular su concepción del "aparato psíquico" al fenómeno del lenguaje y a la constitución del inconsciente reprimido.
4.- Subversión del signo lingüístico. Preeminencia del significante

Estamos acostumbrados desde la teoría del conocimiento postular; "sujeto", "objeto" y "representación".

Es decir, si hay un sujeto cognoscente que habla de algo a alguien, la representación suya del objeto en cuestión, más allá de todo fingimiento, depende de la mayor o menor transparencia de la representación en cuanto al referente, y de hasta qué punto las propiedades del objeto han sido asimiladas por el sujeto.

Esto nos conduce a la cuestión de la verdad, de la verificación o falsación.

Las teorías del lenguaje pueden diferenciarse según el acento caiga sobre el sujeto o el objeto: en el primer caso serán "nominalistas" y en el segundo "realistas".

No parece importar mucho esta distinción desde que Ferdinand de Saussure suspendió el problema de la representación, privilegiando la cuestión semiológica mediante la cual “los que hablan se entienden”, y estableciendo su concepción del signo lingüístico.

Ahora bien; en su pasaje al psicoanálisis la representación del signo lingüístico, por su opacidad, invirtió la terminología, pasando el significante arriba y el significado abajo de la barra. Señaló que el significante en lo cotidiano de nuestra experiencia, se desliga de la operación de dominio que sobre él ejerce la lingüística. Más precisamente, es indominable.
S Significante

s significado
De esta manera se expresa la importancia que el psicoanálisis asigna al significante en el discurso, hasta el punto de suponer que el conjunto del significante con su significado constituye en verdad otro significante cuyo real significado es más profundo.

S

s

s




Como ejemplo puede servirnos los símbolos del sueño o la metáfora; examinemos una metáfora sencilla.

”Las perlas del rocío”

Analicemos de qué manera la vinculación de los significantes “perlas” y “rocío” modifican sus mutuos significados.

Al reemplazar “perlas” por “gotas”, rocío gana en excelencia.
Veamos ahora el efecto de la destrucción del signo saussureano.






por su reemplazo:

S Significante

s significado


  1. Se elimina la elipse que garantizaba la unidad del signo y marcaba la relación positiva que Saussure llamaba significación.

  2. Se trata ahora de dos etapas del algoritmo.

  3. Desaparecen las flechas con lo cual se pierde la biunivocidad de los términos.

  4. Se invierten los términos dándole relevancia al significante (que aparece con mayúscula) sobre el significado, y

  5. se mantiene la barra pero pierde el sentido de vínculo y paralelismo.

  6. La barra, entonces, lejos de indicar relación indica separación de dos órdenes diferentes

  7. Esta nueva notación la llamaremos algoritmo. Un algoritmo es una notación que determina una serie de operaciones ordenadas, un modo de cálculo.


En el esquema de Saussure, si observamos con atención, aún estábamos en el problema de la representación. La destrucción del signo conduce a separarnos de la ilusión de que el significante responde a la función de representar al significado. O digamos mejor que el significante debe responder de su existencia a título de una significación cualquiera.
5.- La enunciación y la escucha

Entonces: ¿De qué se habla cuando se habla? ¿Quién es el que habla?

En relación a ello podemos comenzar estableciendo distinciones entre:

  • La enunciación: acto individual del habla que da por resultado un enunciado.

  • El enunciado: serie acabada de palabras emitidas por un locutor.

  • Sujeto del enunciado: puesta en escena del sujeto en su enunciado.

  • Sujeto de la enunciación: el locutor como lugar y agente de la producción de los enunciados.


La verdad del sujeto, según lo visto hasta lo aquí, sólo puede decirse a medias, porque existe una diferencia entre la representación de esa verdad en el discurso, implícita o explícita, y la intencionalidad de hacerla manifiesta en la enunciación. En realidad la distinción va más lejos, porque para el psicoanálisis no es sólo cuestión de la opacidad significante, sino además de la reticencia consciente, y de la represión inconsciente.

El Otro, del lado de la escucha, el lugar evocado en el recurso de la palabra; se lo conceptualiza como:


  • Quien sanciona el mensaje.

  • Alteridad radical.

  • Alteridad no personal. Sitio.

  • El lugar donde el mensaje es leído y sancionado como mensaje.

  • Tesoro del significante y reglas de su empleo.

  • La lengua materna que la madre encarna.

  • El Otro de la primera dependencia.

  • El lenguaje que siempre viene del otro.

  • Encuentro con el significante de la madre.

  • La ilusión de una relación intersubjetiva.


Hay más con respecto al Otro. En principio veamos, que el sujeto de la enunciación es, gracias a su enunciación y su enunciado, susceptible de interpretación profunda.

Adviene como sujeto por el lenguaje, su advenimiento se produce en el acto mismo de la articulación significante por la enunciación. Pero en cuanto ese sujeto aparece gracias al lenguaje pierde dentro de él la verdad de serlo, puesto que sólo aparece representado.

Sin embargo, es por la misma enunciación que puede atisbarse su verdad, y no solamente en el contenido del discurso, sino curiosamente, en los silencios y puntuaciones, en sus tropos y fallidos. Digámoslo de esta manera: el sujeto del inconsciente puede ser localizado al nivel del sujeto de la enunciación.

Una consecuencia terapéutica: el psicoanalista es un profesional receptivo a los significantes que llegan a través del decir del enunciante, más allá de los significados que se organizan en lo dicho. Se separa de esta manera su intervención de la comprensión material que el paciente aporta o de una construcción a elaborar a partir de ello. El psicoanalista evita la interpretación explicativa. Se limita a puntuar el decir del paciente por medio de una escansión que, en el mismo lugar de la enunciación, liberará la abertura significante que se deja oír cuando se espera que se cierre al llegar a la finalización de un enunciado.

La intervención analítica tiene la categoría de una operación del lenguaje que se produce bajo la forma de un corte significante en el orden de lo dicho para liberar al “lenguaje primero” del significado inconsciente que se articula en el decir.

El trabajo del analista se limita al vacío, al corte, a ese lugar que le deja al sentido que en ese intersticio se sitúa. En el corte está la dimensión del acto fallido que cortando el vínculo con la cosa, conecta las palabras con otras palabras para producir un efecto sobre el sujeto.

Para el analista sujeto del inconsciente es el sujeto del deseo; es decir: el sujeto, en la verdad de su deseo, es considerado como sujeto del inconsciente, y articula en el habla, en el desfiladero de la palabra, permanentemente, sin que él mismo lo sepa, algo de su deseo





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