La propuesta de una fonoaudiología psicodinámica




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9.- La puntada

la sucesión de significantes, que en un orden lineal aparecen en el habla, otorgan sentido al oyente retroactivamente. Esos significantes, varían su significación hasta que la comprensión del mensaje los precisa por comprensión retrospectiva: tal “la puntada” o ”punto de almohadillado” o “capitoné” La puntada es la operación de segmentación que sostiene la función de valor del signo puesto en práctica por el proceso de significar.
Pongámoslo aprueba con estos ejemplos:
Ay/ [Ay]

Juan/ [Ay, Juan]

así/ [Ay, Juan, así]

no/ [Ay. Juan, así no]

se/ [Ay, Juan, así no se]

puede/ [Ay, Juan, así no se puede]
Un hombre

Un hombre bien

Un hombre bien parecido

Un hombre bien parecido al mono
Observamos que cada término se anticipa a la construcción de los otros, y el último término de la secuencia hablada es el que otorga significado al primero.

Ingenuamente uno pensaría que esos botones de tapicería a los que alude la puntada, han sido cocidos uno a uno, análogamente a los signos saussureanos. En verdad el capitoné no se hace así, sino que se trata de un entrecruzamiento de hilos que por tensión produce las depresiones en la superficie. También llamadas puntos de almohadillado. Lo que hay que retener es que todos estos puntos se producen simultáneamente al tirar de los hilos y no uno a uno. La puntuación de una frase es análoga a la tensión de los hilos; tiene por resultado el abrochamiento del sentido que resulta retroactivo y que se presenta como una unidad.
Otro ejemplo de sanción del mensaje muestra como el Otro puede trastocar lo literal de mismo

"Un dulce lamentar de dos pastores. " (Garcilaso)”
Puede ser entendido como: “Un dulce lamen tarde dos pastores.”
El locutor quiere decir la primera frase de Garcilaso y el que escucha sanciona la segunda. La dirección opuesta de los segmentos MC y CM marca en el grafo el efecto retroactivo Esto ocurre porque se trata del significante y no del signo.
En conclusión:

Δ: Sujeto mítico de la necesidad, que busca la satisfacción a partir de su estado no formulado, emprende su camino a través del desfiladero de la palabra (DS), intentando llegar en el otro extremo (I) de la cadena intencional ΔI, a la realización de un ideal (I), punto de la identificación más primaria del sujeto como una primera marca (seing) de lo que recibió en su relación con el otro. Este punto de llegada, I, ilustra la huella dejada por la demanda sobre la necesidad, da prueba de la aprehensión arcaica del lenguaje por parte del sujeto.

El sujeto mítico ha sido anulado en su intencionalidad por la sanción del otro, por lo que será necesario sustituir lo que se marca como ideal (I) por el sujeto barrado S

En verdad, no existe el sujeto mítico desde el vamos, sino que aparece formulado por un efecto retroactivo. Incluso antes de que hable está barrado porque el lenguaje lo preexiste. Esta es la razón porque en otros gráficos podremos reemplazarlo por el sujeto ya barrado.
10.- El Ciudadano Kane

El cuento “La carta robada” de Edgar Allan Poe” ha sido objeto de una clásica exposición de Lacan para ejemplificar la función del significante. Quién quiera ahondar sobre esto puede remitirse al escrito correspondiente.

Para este Curso emplearemos para ejemplificar aquellos conocimientos el film de Orson Welles “El Ciudadano”.

El Ciudadano está construido como un rompecabezas. La vida de Kane es rearmada a través de las indagaciones de un periodista, abriéndose y cerrándose con un enigma no resuelto. Su última palabra al morir fue "Rosebud" he aquí el significante de conduce a la investigación periodística. El significado convencional de esta palabra es "pimpollo" "niño o niña que se distingue por su belleza". Vemos aquí como una palabra que implica convencionalmente significante y significado es en realidad un significante cuyo significado se desconoce.

El niño Kane hereda una fabulosa fortuna a serle entregada a sus 25 años a condición de que el Banco se haga cargo de su educación. Para ello es obligado a dejar su hogar, del cual el film nuestra un paisaje nevado, juegos en la nieve, un padre inestable, una madre afectuosa que rechaza y descalifica a su cónyuge. El deseo del niño es permanecer junto a su madre en aquel lugar y la actitud hacia el emisario o tutor es violenta.

El espectador sabrá al final del film que Rosebud es la palabra escrita sobre el trineo con el cual jugaba en la infancia y que en la última escena aparece como un objeto de desecho perdido en un abarrotamiento de esculturas, cajas, embalajes, que bien puede metaforizar la cadena de significantes que han alienado al protagonista del goce infantil, que es al fin, el significado profundo, evasivo e inhallable para los que investigaron a Kane.

Que el protagonista aparezca como adulto joven reclamando la dirección de un periódico puede interpretarse como el acceso de lo imaginario a lo simbólico y opaco de las palabras.

Reforzando la idea de una alienación en el lenguaje lo expresamos en el impulso que da el protagonista al periódico Inquirer a base de la adulteración de la noticia.

La reducción del signo lingüístico a la categoría de significante está relacionada con la actividad de un yo (moi) inconsciente que tiende a regular y moderar las pulsiones instintivas que no serán reconocidas por la conciencia. En términos freudianos se trata de los mecanismos de defensa propios del yo. Si no alcanzara una normalización de satisfacción aceptable y una regulación de la angustia conforme a la vez a las funciones del inconsciente y a las exigencias de la realidad, se vería precisado a encontrar mecanismos transaccionales o derivados que protegiesen al sujeto de mayor dolor psíquico. Tal la formación de síntomas y signos enigmáticos reveladores del conflicto. El deseo del sujeto accede al lenguaje enajenando su expresión en la misma cadena de recursos encubridores perdiéndose la claridad de sus demandas en las relaciones lingüísticas entre sus contenidos y la expresión resultante. Relaciones verbales siempre. Aún la memoria, que a través de recuerdos encubridores, conduce a lo profundo del deseo humano que yace en el inconsciente.

11.- El goce y su caída

El niño entra al mundo por el deseo de la madre… o para su sorpresa.

Esta última afirmación no pretende alterar el concepto de la omnipresencia del deseo.

En el primer caso, una madre se satisface en el secreto de dar vida; en el segundo,

la vida la asombra inesperadamente.

De una manera u otra el embrión ya está allí, aunque para el amor no es lo mismo. El ser-amado depende del goce del otro.

El útero es un espacio de apropiación donde la vida arraiga e intenta imponer lo suyo: continuidad, persistencia, pertinencia, perennidad. Las vellosidades coroideas tienen un gran poder de penetración, tanto que, si el cuerpo de la madre no le opone biológicamente un freno, el embrión degenera en el exceso de una mola hidatiforme.

Con el aborto hay todavía una oposición más feroz contra la vida.

Es indudable que con la aparición del ser humano se introduce entre las especies la posibilidad de una actitud contradictoria, precio de la delegación que la evolución ha concedido al libre albedrío de un poderoso psiquismo para la regulación de los mecanismos adaptativos.

De la armónica conjunción con este desarrollo mental emancipado, puede la vida continuar su programa.

Impone entonces el aporte filo-ontogenético y nutricio para el feto el cual, en la creencia omnipotente de recibir absolutamente cuanto desea, cumple un tiempo de nirvana hasta emerger al fin a otras fuentes sostenedoras de existencia, que no serán ya tan incondicionales.

La embarazada ha cumplido su período de conmociones y expectativas, brindando su ser a la instrumentación del organismo que lleva en sus entrañas.

Su suministro es continuo, sin demoras a las necesidades del feto, el cual desconoce los esfuerzos maternales, que cumplen la función de adaptación a los objetos reales.

El corte del cordón y el trauma del parto interrumpirán la placidez y el equilibrio del psiquismo fetal. La monada deberá integrarse en una relación diádica con la existencia real de la madre; los ritmos circadianos y la gravitación terrestre introducirán la perspectiva temporal.

La ansiedad y agresión defensiva del recién nacido está relacionada con instintos de muerte innatos y será neutralizada por el pecho de la madre y su olor reconquistado. Olfato y alimento conforman un nuevo espacio compartido y confieren núcleos de identidad e identificación.

La agresión es un componente fundamental para vivir; vivimos de lo que matamos; todo lo que matamos es sustancia viva, sólo algunos minerales y el agua no lo son. La madre es el único ser vivo que puede dejarse comer sin ser destruido: el Ave Fénix que resucita tras cada mamada e implanta ritmos racionales de satisfacción.

Es a su vez la que introduce, en las experiencias del niño, la percepción de la tercera dimensión espacial, que ha de sumarse junto con la temporal a la bidimensionalidad del inconsciente.

El comienzo de toda cópula es el pezón en la boca, la percepción de la tridimensionalidad, esencial para la función amorosa.

Del otro primordial materno depende la inscripción del recién llegado en el registro del goce.

La madre, inscribe al niño mediante su envoltura libidinal en el goce de ser-amado. Depara ella un tiempo esencial de sentirse completo.

Justo es afirmar que de la relación materno-infantil depende lo afectivo social de la persona humana.

Pero sobrevendrá la necesidad de un corte y desasimiento, percibido en la deriva de la madre hacia algo que el niño no es. Se producirá entonces una pérdida de goce, pérdida por la cual operarán todas las demás faltas que se sufrirá después.

Donde hay una sustracción de la libido, allí aparece la decepción:
-Nunca me diste lo que quería de me dieras.

-Nunca pude darte lo que vos quería que te diera.
En este momento de insatisfacción sobre la demanda de amor surge el enojo. Puede que no haya habido tiempo suficiente para consolidar al ser amado, ahora evasivo e inconstante. Que por defecto del amor materno no haya registrado el hijo el placer de existir. O que pese a la congénita e inagotable disposición de amar, surja por carencia del regazo la depresión anaclítica, así como la soledad autística.

Por este abandono ocurre el no saber: ¿qué pasa?

Primera desventura del amor al borde de la aniquilación.

Un no saber qué es estar vivo cuando el cuerpo ya no goza o no ha gozado. Pues si el cuerpo vivo es la condición del goce, sin ese goce, el cuerpo pierde sentido.

No hay goce sino del cuerpo.

Hasta que el lenguaje intenta su remedio alienando al sujeto del cuerpo e inscribiéndolo por el lenguaje en la cultura.

Un cuerpo que habla es un sujeto. Sujeto del goce perdido, rescatada su existencia por la palabra.

Por defecto de amor, palabra de resentimiento.

Existencia y palabra que serán breves en el mundo para glorificar el milagro del amor y de su esencia. O parecerán inacabables para manifestar el rencor.
12.- El sujeto inconsciente del deseo

Desde el momento en que el deseo está en el inconsciente, hay una anterioridad lógica de la emergencia del lenguaje, en cadena significante que determina la constitución y desarrollo del sujeto parlante.
S S
S --------------------------------------------------------------------------------- S`
El lenguaje será lugar favorable a las posibilidades de operación de metáforas y metonimias elaboradas por la sustitución de significantes. Por lo tanto, lo que se dice, el sentido de lo que se habla, representa una contingencia del sentido. Sólo hay sentido metafórico consistente en la demanda del deseo.

Esta razón lógica en la necesidad de la palabra determina su constitución y desarrollo. El sujeto se constituye entonces como objeto de la cadena significante, pero sólo fuera de la cadena, en sus deslizamientos, en sus intersticios, se manifiesta el sujeto del deseo. Por ello hay verdad en la cadena del significante, que lleva y conlleva verdad

Intentemos comprender este aparente trabalenguas:

Es cierto que cuando hablo me constituyo en mi enunciado ante la escucha de otro que toma al sujeto de mi discurso como mi propio yo. Pero mi yo está alienado en la cadena de significantes de mi discurso, con el que intento constituirme mediante la enunciación.

Hay por lo tanto un efecto de mi acción como sujeto en lo que digo; pero en verdad, cuando pongo en palabras implico mi corte con el goce, que es la sustancia cierta de mi yo en cuanto anhelo.

El goce ha caído y allí me pongo a hablar, a enunciar significantes que son metáforas y metónimos de mi deseo. Es posible que, al dirigir mi discurso al otro, busco en realidad al Otro Primordial, significarlo para mí en función de mi deseo. Sólo hay demanda en mi discurso. Ya no tengo el objeto de mi satisfacción ni soy para el otro objeto de goce.

El otro también adolece de una caída, de una falta, y sin embargo hacia él conduzco mi demanda. Disimulo tal vez o disfrazo inconscientemente un deseo que pese a todo se manifiesta en los tropos de mi discurso sin que yo lo sepa o pueda evitarlo.

Soy para el otro el significante o los significantes en que me he construido, al menos que alcance la palabra plena. ¿Existe la demanda transparente y efectiva por el goce?

En general la cosa queda frustrada como expresión. No he logrado ser más que un significante para el otro, el cual, a su vez, por estar alienado en el lenguaje, es también un significante para mí. Cadenas que de pronto se quiebran, muestran su falla. Y en esa falla aparece el sujeto del inconsciente, lo que transforma al discurso en verdad, pero un tipo de verdad eludida que por sí sola acusa su presencia.

El deseo que fue barrado y soterrado por los significantes que le salieron al paso al intentar la enunciación

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El individuo ha emergido a la cultura y a la expresión simbólica. El deseo se convierte en palabras; más adecuado es decir: significantes. El deseo insatisfecho vuelto inconsciente no encuentra o no le es posible la palabra que lo exprese plenamente, no puede nombrar su objeto.

Siempre hay una más acá o un más allá de la demanda. No cabe ya la ilusión de una “acción específica” que conforme en su plenitud al deseo, que resuelva la dimensión de la falta. No hay ya para el deseo armonía establecida
13.- Algo más sobre la cuestión del goce y lo imaginario

Conviene momentáneamente volver al cuerpo, aquél del cual nos habíamos desanclado cuando quisimos hablar del sujeto del lenguaje.

La biología freudiana es ante todo una energética, no es una biología a pesar de la esperanza que Freud puso en ella, primero como investigador neurólogo y más tarde en los descubrimientos que certifican o completan sus doctrinas.

La vida se nos presenta bajo la forma del cuerpo individual. El cuerpo en tanto Uno.

Uno en la continuidad de la materia, desde lo inanimado a lo vivo. Monismo de la materia que incluye a la vida.

Hay un diálogo entre Dàlambert y Diderot por le cual podría especularse sobre lo que va de una sensibilidad inerte a otra activa.
-Pero,¿no me dirá que la piedra es sensible?

-Claro, por qué no. Ella grita, salvo que no la escuchamos.

No hay punto en la naturaleza que no sufra o que no goce.
No sabemos que es “ser vivo” salvo solamente que un cuerpo se goza. El cuerpo vivo es la condición del goce.

No hay goce sino del cuerpo, pero acordamos que ese cuerpo recibe el baño del lenguaje y de la cultura, cultura que pre-existe al sujeto. Por ese baño de la cultura produce una división, una alineación del cuerpo y del goce.

La noción de goce ha sido abordada por Freud en términos dispares, gira en torno a la noción de satisfacción, por ejemplo: el acto sexual, las satisfacciones pulsionales; etc. Plantea también un placer que consiste en mantener el equilibrio entre las tensiones, sin desconocer que el goce puede ser proporcionado por el dolor y el sufrimiento o por experiencias traumáticas en el masoquismo.

No hemos hablado todavía de lo que supuestamente empuja el deseo de la madre al embarazarse y concebir el cuerpo del hijo. Lo indudable es que ese cuerpo del bebé la completará, será el objeto de completud que largamente ha señalado Freud como “el pene”, en función del complejo de castración materno.

En la antigüedad grecorromana el falo era la representación figurada del órgano masculino. Sólo en pocos de los escritos de Freud se encuentra el término falo. En su forma adjetiva sí, como por ejemplo: etapa fálica.15

Modernamente se prefiere emplear el término falo y no pene, para subrayar el hecho de que lo que le interesa a la teoría psicoanalítica no es órgano genital masculino, en su realidad biológica, sino el papel que este órgano desempeña como objeto de completud, haciendo resaltar la función simbólica representando tanto el pene como su falta simultáneamente. El falo es uno de los tres elementos del triángulo imaginario que constituye la fase preedípica. Es un objeto imaginario que circula entre los otros dos elementos, la madre y el niño. La madre desea este objeto y el niño trata de satisfacer el deseo de ella identificándose con él.

Pero afirmaba Lacan introduciéndonos en nuevos desarrollos:
La paternidad al igual que la maternidad tiene una esencia problemática; son términos que no se sitúan pura y simplemente a nivel de la experiencia.”16.
En este aspecto, nuestro aporte de una etapa nasal17 consiste en una reconstrucción del goce en la burbuja primigenia.

La relación primera del niño con su madre es una relación dual, inmediata, especular, indistinta, alienante, narcisista. Coincidente en esto con los rasgos del orden imaginario.

La identificación imaginaria anula toda incisión entre el niño y la madre, con ello toda falta. Es una ilusión de completud que satisface la necesidad de completamiento de cada ser por la posesión del otro. Madre y niño se complementan, ocupan mutuamente el lugar de lo que al otro le falta. El niño no goza solamente de ser acariciado, amamantado, cuidado por la madre. Goza en ser su todo, ser lo que a la madre le faltaba, identificados ambos en un solo aroma.

Desde la perspectiva psicoanalítica su nacimiento, tiene sentido fálico. Por lo tanto, puede comprenderse que al convertirse el niño en deseo del deseo de la madre, se vuelve su falo al costo de su sumisión a ella. En ese encuentro con el Otro primordial se hace objeto fálico del deseo del Otro, siendo su cuerpo soporte de este objeto; de esa operación queda un resto real que escapa a la captura del Significante y es irreducible.

El goce concierne a lo más íntimo del ser y escapa a la subjetivación, es decir: lo experimentado en el cuerpo, no necesariamente consciente, no es simbolizable totalmente. No hay goce sino del cuerpo. El goce se presenta como oculto, inaccesible en relación con la satisfacción de la pulsión.

Por otra parte vimos que el goce va a caer por deriva de la madre hacia el padre.

Si la pulsión rodea al objeto y no lo encuentra entra en la insistencia de la repetición. Allí tenemos dos cosas: un goce inalcanzable por un objeto siempre perdido – “el objeto a”- y una satisfacción siempre errada marcada por la repetición. A eso se le llama lo real del goce de la repetición. También determina al sujeto por ser repetición significante articulada con la marca de lo perdido para siempre por estructura.

Se ha visto que el cuerpo recibe el baño del lenguaje y de la cultura que pre-existen al sujeto; entonces, con la caída del goce y por efecto de la cultura hay división, alineación del cuerpo y del goce con la aparición del significante.
14.- ajó ajó, el significante de la fonación” .Fragmentos de un texto de Eduardo Said 18
“Hay una forma de posicionarse frente a los tiempos tempranos de la constitución subjetiva que supone resolver las cuestiones abiertas en esos límites con una referencia a la imposibilidad de discernir el origen, a la evicción del origen. Suele estar en consonancia con la postulación de una noción de estructura que elidiendo la diacronía de constitución parece soportarse de un automatismo inmanente e inexplorado.”

Recalar en las primeras “experiencias” de vida del infans, desagregarlas, describirlas y colegir coordenadas estructurales es un recurso válido y aún necesario para enlazar estructura y fenómeno. En eso entendemos que el psicoanálisis lacaniano, por la dominancia de sus parámetros formalizados, está en deuda con la tramitación de los fenómenos, acontecimientos si queremos volver a recurrir a un significante que venido del campo de la filosofía cobra su alcance en psicoanálisis en el plano del decir”.



Debemos manejarnos con la hipótesis simple y por cierto dilematizable, que el infans distingue, diferencia entre el amor y las distintas formas del rechazo, el desprecio, la agresividad y aún la indiferencia; posición ésta álgida, riesgosa y de graves consecuencias en que la oferta amorosa brilla por su ausencia.”



El Otro del bebé, la madre parlante, capta la mirada errante de infans de pocos días. Para que esa captura primera se produzca juega un lugar determinante lo que llamaremos expresividad, el valor cualificable de la expresión del rostro; propiamente, el gesto del otro... No es solo la confrontación con las facciones de otro de la especie. No es tan claro, ni generalizable que un bebé sonría frente a cualquier rostro.

La experiencia se acompaña de una fonación del adulto. Su forma social reconocida es el “ajó – ajó”. Fonación, no solo emisión sonora. Ya para el adulto opera como fonema, como partícula diferenciada de su lengua, para el caso impregnado de un uso expresivo en que juega sus formas el amor.

Ajó”, combina dos vocales y una consonante no oclusiva, que se emiten en forma de canto, con un alto valor melódico. Formas expresivas que reproducen el arrullo “materno” y su modulación como continuo musical, pero que se interrumpe en corte, silencio convocante a la repetición.

Difícil sería una emisión sonora con dos consonantes oclusivas, en tanto no deslizaría la musicalidad, condición de la experiencia. El acento está en el continuo musical de las vocales, más que en el discontinuo de las consonantes y el significante.19

La madre está muy atenta a pesquisar la más mínima emisión sonora del bebé. Esa posición de escuchar es decisiva. No se trata solo de canturrearle, cosa por demás estimulante. Es posible que tome una partícula sonora y devuelva al infans; con alguna transformación o elaboración melódica acompañada de una gestalt, tono, gesto, signo de amor; una emisión ya fonémica que acota los sonidos y va instalando los fonemas de la lengua materna.

La donación amorosa es consustancial a la experiencia y asienta la hipótesis sobre el valor anudante, estructurante al que el amor confluye.

Un punto princeps de la experiencia es aquel en que la madre interrumpe su fonación para donar un silencio estimulante, nos permitimos llamarlo así, para que el bebé “conteste”.



Es el aparato fonatorio pero en tanto afectado de un nuevo goce que tiene como condición el agujereamiento del tubo de aire que allí se produce por las vías de la emisión fonemática articulada al deseo del O/otro. La respuesta que insinúa un campo de iniciativas para el sujeto en ciernes, está impregnada de erogenidad, de libidinización ... Hay captura y embeleso libidinal.

Es localizable allí la emisión por el niño de un primer significante, definible como significante de la función fonatoria, significante de la fonación. Forma “pura”, nos permitimos el exceso; que podría ser leída como significante primero del goce. Redunda por lo patente, explicitar que se trata de un significante sin sentido. Lo que no excluye la postulación del amor como condición de direccionalidad de su potencial emergencia.

Emergencia fulgurante de una partícula discernible de goce de lalengua del sujeto a advenir que se asienta en su cuerpo, goce en la laringe, goce de la fonación, en que la emisión sonora es primer sombra de lugar de enunciación, como respuesta al deseo-amor del O/otro.

Hay un goce de la fonación, que preludia y aún sucederá al goce del canto, de la musicalidad. Corresponde a un acento anterior a la dominancia acentuada del corte, del “ataque a la cadena significante” y la apropiación reproductora del intervalo por el sujeto.

Ese goce, el acceso a ese goce de la emisión fonemática ligada al rostro cualificado del Otro en la dimensión del amor, soporta un movimiento de anudamiento en que se prefigura el goce ampliado de la habitación en lalengua. Dice Lacan: “es lo propio de la fonación el resonar inmediatamente en la propia oreja del sujeto a medida que se va emitiendo”20. La resonancia acentúa la incrustación en la estructura fonemática, imbrica, entrama localizaciones pulsionales.

No es ajena a la experiencia la caricia táctil que la suele acompañar. Es posible que la madre estimule con su dedo acariciante, la apertura de la boca en un intento de motivar la emisión enlazada a la musicalidad que propone. Así acentúa el pasaje de la indiscriminación de los sonidos primeros, al campo de los fonemas de la lengua materna. También la caricia aporta a la imbricación pulsional, señalando una función diferencial al borde oral.

E insistimos en señalar el valor estructurante del amor. La operación de la madre no es sólo captura fagocitante. Cito a Silvia Amigo: “La madre es el único ser que teniendo apetito por el chico que ha hecho venir al mundo, lo convoca como objeto de su goce, y aún queriendo tragarlo, no lo hace, al menos no a perpetuidad”. “La paradoja de la función materna radica en que ella goza y cesa de gozar al chico al mismo tiempo”.21

Discernir la eficacia de operaciones primeras, no es un ejercicio sin consecuencias. Entendemos que se pueden derivar efectos clínicos bastos. Aventuramos la hipótesis, tal vez excesiva, que cualquier niño que haya pasado por el juego del “ajó-ajó”, podría sortear la exclusión autista.
16.- El comienzo del lenguaje según Sigmund Freud

La energía es una hipótesis frecuente del orden biológico que incluye lo psíquico.

El Psicoanálisis involucra al sistema de necesidades e intereses instintivos en la génesis estructurante de las funciones vitales. No cuesta admitir en principio y sin discusión la existencia de una pulsión que engendra la vida, aunque posteriormente tengamos que sostener otras discusiones. Lo real es que vivimos porque vivimos. Del acontecer de la existencia y del comprender que moriremos, admitimos nuestra participación en la continuidad con márgenes de contento y dolor, cumpliendo a sabiendas el designio de reproducir la vida.
Desde lo biológico el joven Freud postuló una serie de argumentos que merecen nuestra atención:


  • Todo organismo tiende a mantener un nivel óptimo de excitación.

  • Ante el incremento de excitación, el organismo tiende a la descarga.

  • La estimulación sigue la vía de la sensibilidad y la descarga la vía de la motricidad. De esta manera, según el modelo del arco reflejo, logra mantener su nivel tensional.

  • Las estimulaciones internas, como la sed y el hambre, no se resuelven con la simple descarga motriz. Requieren una satisfacción específica por la adecuación de un objeto determinado, como la que puede brindar el agua o el alimento para la sed y el hambre.

  • Mediante esta adecuación se logra una descarga de la tensión, lo que corresponde psíquicamente a una experiencia de satisfacción.

  • La necesidad de búsqueda o espera de ese objeto específico obliga al organismo a sostener la carga y soportar su incremento, hasta que se cumpla el encuentro con el objeto que cumpla las condiciones de adecuación a la demanda.


En relación a este diseño existirían:


  1. Vías de estimulación y descarga rápida tipo estímulo-respuesta.

  2. Vías selectivas hacia la acción específica cuyos trayectos se van construyendo según un sistema de facilitaciones e inhibiciones de los contactos sinápticos neuronales.

  3. Áreas de percepción que traducen el aumento o disminución de la cantidad de carga tensional a términos o vivencias cualitativas ligadas a los sentimientos de satisfacción o insatisfacción.


Este esquema se basa en la existencia de elementos neuronales articulados entre sí con una direccionalidad de conducción axón-dendrita, y en la necesidad orgánica de descarga de la estimulación.

Lo motivacional se vincula al fin con el desarrollo total del individuo, que incluye el pensamiento, la conciencia, el lenguaje.

En función de la pulsión logra el desarrollo de capacidades de análisis perceptivo y exploratorio en conjunción de sus descargas instintuales y la motricidad, con las respuestas dadas por otro ser humano. Interacciones que a través de la reproducción de sucesos semejantes posibilita la incipiente reflexión que hará del recién nacido un observante judicativo capaz de manipular datos y huellas mnémicas para la dirección más efectiva de sus demandas. La vinculación del motivo con el pensamiento y la memoria en la estructuración del deseo, es una de las contribuciones fundamentales del psicoanálisis. Tales procesos significan en última instancia un trabajo adaptativo que tiene la particularidad de enlazar la conducta instintiva motriz con la exploración del objeto específico; por lo tanto se puede hablar de una percepción que, cuando se acompaña de satisfacción, inducirá una acción imitativa y simpatética así como en el caso del displacer, un movimiento defensivo y antitético.

Si tomamos en cuenta que todo esto está sucediendo en el comienzo de la vida en interacción con otros seres humanos parlantes (relaciones objetales) y sobre las propias experiencias corporales con ellos, se hace fácil entender el desarrollo del lenguaje. Sobre todo en lo que concierne al valor imitativo y simpatético que implica una tendencia hacia la imitación en el ajuste de los actos a sus logros.

El ser humano ingresa por el nacimiento a un mundo plagado de estímulos. Lo que será realmente nuevo en la vida postnatal se refiere a un sistema de necesidades no reguladas de una manera automática como lo fuera en la época prenatal durante la cual el suministro umbilical aportara en forma inmediata a sus requerimientos.

Escribe S. Freud
Supongamos que el objeto que proporciona la percepción se parezca al sujeto: un congénere humano. Si es así, el interés teórico que se toma en él se explica por el hecho de que es un objeto satisfacedor del sujeto y además su primer objeto hostil, así como la única fuerza que lo ayuda. Por esta razón un ser humano aprende a conocer en relación con un congénere humano”.
Establece entonces la forma en que la relación objetal resuelve la transición da la necesidad al principio de realidad, prefigura el más importante concepto de la psicología interpersonal y la noción del desarrollo anaclítico (de apoyo) del lenguaje.
El organismo humano es, en principio, incapaz de llevar a cabo la acción específica, realizándola por medio de la existencia ajena, al llamar la atención de una persona experimentada sobre el estado en que se encuentra el niño, mediante la conducción de la descarga por la vía de la alteración interna (por ejemplo, mediante el llanto). Esta vía de descarga adquiere así la importantísima función secundaria de la comprensión (comunicación con el prójimo), y la indefensión original del ser humano conviértese así en la fuente primordial de todas las motivaciones morales”.
Resumiendo:

  1. La inervación verbal es originalmente una vía de descarga y seguridad.

  2. Adquiere una función secundaria al atraer la atención de la persona que ayuda.

  3. Sirve para la comunicación incorporándose a la acción específica.

  4. Su desarrollo se relaciona con la comprensión del atributo y actividad de la cosa percibida y la imitación con ella en la producción de sonidos y su significación.

  5. Se trata de la asociación de sonidos intencionales con percepciones

  6. Para que el pensamiento sea consciente debe ir acompañado por indicaciones de realidad, es decir que efectivamente la tensión se alivie por el contacto con el objeto adecuado, incorporándose estas pruebas de realidad a las asociaciones lingüísticas.


Los puntos anteriores coincidentes con el “Proyecto de una psicología científica” redactado por Sigmund Freud en 1895 y publicado postmorten en 1950, encuentran en él las siguientes correspondencias terminológicas:

  • Vías de descarga rápida estímulo-respuesta: neuronas phi: 

  • Trayectos selectivos para la acción específica: neuronas psi:  (sistema del yo)

  • Cualidad de las percepciones: neuronas omega:  (sistema consciente)

  • Tendencia a la descarga de la excitación: principio de inercia o de placer

  • Eficacia o ineficacia de la acción: principio de realidad


17.- Esquema de la hipótesis freudiana según “el proyecto…”:

Necesidad como motivación

(pulsión)

La motricidad como vía de descarga

(acción instintiva)

El hecho objetivo de una

respuesta (prójimo-objeto)

relativa a un cambio

(satisfacción-insatisfacción)



Hecho perceptivo Hecho perceptivo Hecho perceptivo




ANALISIS PERCEPTIVO

(momento exploratorio)






Aspecto desiderativo Aspecto crítico y teórico

(motivo) (pensamiento)
Existencia de huella mnémicas

(memoria)


REPRODUCCION

(reflexión)




Observante judicativo Manipulación de datos Interacciones con el objeto



Efectividad de las operaciones

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