El borrador ya no es la preparación del texto, sino el otro del texto




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fecha de publicación06.02.2016
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Traducción de las citas incluidas por Élida Lois en “Marco teórico”

Traducción para uso interno de la cátedra de Filología Hispánica, UNLP.

p. 4 (Bourdieu)

El análisis de las versiones sucesivas de un texto, no revelará toda su fuerza explicativa a menos que se reconstruya (un poco artificialmente sin duda) la lógica del trabajo de escritura entendido como la investigación realizada teniendo en cuenta la dificultad estructural del campo y del espacio de posibles que propone. Se comprenderán mejor las dudas, los arrepentimientos, las vueltas, si se sabe que la escritura, navegación arriesgada en un universo de amenazas y de peligros, también está guiada, en su dimensión negativa, por un conocimiento anticipado de la recepción probable, inscripta en el estado de potencialidad del campo; que similar al peirate, peiratès, el que intenta un golpe, que ensaya (peirao), el escritor, tal como lo entiende Flaubert, es aquel que se aventura más allá del camino señalizado del uso ordinario y el que es experto en el arte de encontrar el pasaje entre los peligros que constituyen los lugares comunes, las ideas recibidas, las formas convencionales.
p. 18 (Levaillant)

La génesis no es lineal, sino que tiene dimensiones múltiples y variables [...]. El borrador no cuenta la “buena” historia de la génesis, la historia correctamente orientada hacia el final feliz: el texto. El borrador no cuenta sino que muestra: la violencia de los conflictos, el corte de las opciones, las terminaciones imposibles, el límite, la censura, la pérdida, la emergencia de intensidades, todo lo que está escrito –y todo lo que no lo está. El borrador ya no es la preparación del texto, sino el otro del texto.
p. 19 (Debray-Genette)

Richard atribuye a los obsesivos de la estructura, a los especialistas de la abstracción, la preocupación constante de la “coordinación de los antagonismos esenciales”; creo sin embargo, o precisamente por esa misma razón, que ese es el interés de la unión de la poética con la genética, establecer esa coordinación, sin borrar los antagonismos.
p. 20 (Debray-Genette)

Particularmente en Flaubert, la lectura, la elección y la reescritura insistente de documentos en la búsqueda inmediata de estructuras y de giros estilísticos propios conforman un raro ejemplo de lo que he convenido en llamar exogénesis. Este término no se refiere al mero estudio de las fuentes, sino a la forma en que los elementos preparatorios exteriores a la obra (en particular libresca) se inscriben en los manuscritos y los informan, en toda la extensión del término, de una primera manera [...] Página a página se imbrican los elementos de su discurso, se construye una suerte de sinfonía documental donde cada detalle es repensado, desplazado, narrativizado. Flaubert no está como pretendía un poco superficialmente Valéry, embriagado por los detalles a expensas de lo principal: todo elemento de la exogénesis, lentamente fagocitado, se convierte en un elemento específico de la endogénesis –entendiendo por este término la agrupación, interferencia y estructuración de únicamente los constituyentes de la escritura.
p. 21 (Mitterand)

Resulta deseable [...] destacar que se trata aquí de una distinción entre una genética “escenárica” [prerredaccional] y una genética “de la inscripción” [redaccional], o, si se prefiere, entre una genética de bosquejos y una genética de variantes –incluso si frecuentemente una resulta parasitaria de la otra. Los estudios [...] me parece que privilegian todavía los fenómenos propiamente escriturarios, incluso dentro de los estudios de “escenarios” [esquemas prerredaccionales]; dicho de otro modo, aquello que concierne a las pequeñas unidades de producción textual –corrección de nombres, agregados de frases, desaparición y reaparición de morfemas, superposiciones metatextuales, comentarios marginales, expansiones, reducciones o sustituciones de frases, génesis de la metáfora, trabajo del Verbo y de la Huella, construcción-desconstrucción-reconstrucción de la escritura, retórica de la línea a línea o de la página a página. De allí la predilección –cuasi imposición– del genetista por la delimitación de campos textuales fragmentarios [...] Es la vía de una genética estilística o de una estilística genética.
p. 21-22 (Debray-Genette)

Desde un punto de vista crítico, la escritura, constitutiva de ella misma, no tiene origen ni fin asignables. El escritor se constituye a sí mismo no por otra cosa que por el hecho de que escribe, y que se lee a sí mismo. Desde que otro lo lee, o desde que él se lee por otro (y, ciertamente, su lectura es siempre y desde ya informada por aquella de los otros), busca disponer esta escritura en un texto. Es por esto que, desde el punto de vista genético, y contrariamente a lo que dice Barthes, parece útil distinguir los fenómenos de escritura de los fenómenos de textualización, y considerar el texto como producto histórico de la escritura, organizado en comienzo y fin, incluso finalidad. Es justamente entre la escritura y el texto que existe el juego y el hecho del que los métodos críticos dan cuenta [...] La genética no destruye los principios de una poética narrativa. En cambio socava la seguridad que puede dar el texto final, sobre todo porque no la confirma. Hace perceptible, no solamente la variación, sino sobre todo, y es en esto que puede existir una poética específicamente genética, el(los) sistema(s) de variación.
p. 22 (Mitterand)

Lo que complica los estudios de génesis, y puede volverlos caducos o imposibles, o ingenuos en su principio, es la puesta en consideración del lenguaje dentro de su funcionamiento real: jamás congelado, jamás detenido, siempre con múltiples fondos y múltiples voces, siempre en otro lugar que allí donde se lo creía asir.
p. 23 (Grésillon)

Dados los trazos que nos interesa relevar del lenguaje, en tanto sistema organizado de signos lingüísticos, ¿son las ciencias del lenguaje, en la medida que proporcionan un análisis razonable, capaces de describir el proceso de “ejecución” por el cual Hegel tradujo el pasaje del pensamiento a la mano? Para decirlo en pocas palabras: en el estado actual de las investigaciones, no existe todavía un modelo lingüístico que pueda servir de marco a tal proyecto?
p. 30 (Perrie-Marc de Biasi)

Por motivos que tienen los presupuestos mismos de la crítica genética de inspiración psicoanalítica, el problema metodológico planteado por la génesis (cómo construir una relación entre la dinámica temporal de la escritura en los manuscritos y la estructura significante del texto en la obra) se encuentra resuelto desde el punto de partida. Porque el inconsciente es “no temporal”, la temporalidad causal de los borradores y de la génesis no tiene mayor importancia que la temporalidad biográfica de la vida del propio escritor. Este punto de vista, de acuerdo a la teoría freudiana, consiste en desplazar toda la productividad y toda la temporalidad dentro de este espacio del inconsciente que es a la vez “no temporal”, y, si se quiere, “hipertemporal”, porque todo se conserva y queda a disposición. Es porque el psicoanálisis, con las nociones de represión, censura, trauma, etc,. hace del tempo la sustancia misma de lso procesos, que no tiene necesidad de buscar en los trazos objetivos de la génesis, Desde una perspectiva así, los borradores, los manuscritos, no serían concebidos como objetos, sino como una extensión útil de ese tema problemático que es el texto.

p. 30-31 (Grésillon sobre Bellemin-Noël)

Por seductor que sea en su forma de asir el pre-texto en su “fecundo desorden” y de dejarnos entrever los universos insospechados de la palabra latente, ¿no hay riesgo de asociar libremente a partir de cualquier cosa, no basta muy poco para decir que la pluma se ha bifurcado? Por otra parte, el principio, propio del inconsciente, de ser “no temporal”, ¿no corre el riesgo, en definitiva, de pasar al lado de la realidad temporal de la escritura que, a pesar de su imagen espacial, no se puede inscribir más que bajo la ley del tiempo? Y finalmente, cómo un marco teórico que niega extrañadamente, ferozmente, toda existencia de un sujeto escritor —Bellemin Noël sólo admite el inconsciente del texto y el inconsciente del lector—, cómo tal teoría puede dar cuenta de una dinámica de escritura que es imposible de concebir sin una instancia escritural?. Posiblemente estas sean razones por las cuales Bellemin Noël abandonó finalmente el terreno del pre-texto, siendo uno de los primeros en construirlo como campo de investigación.
p. 31 (Phillipe Willemart, noción de inconsciente genético)

A medio camino entre el escritor y el autor, el escriptor (¿escribiente?), profundamente apegado al cerebro que piensa, a las pulsiones y al deseo del escritor, es más el autor para la mano que se deja mecer por la escritura. De ese movimiento, surge un nuevo saber que se vuelve a colgar sin gran sistematización en el manuscrito, por voluntad de las tachaduras y enmiendas. Asimilable al Ángel evocado en Sainte de Mallarmé, el escritor termina por hacer silencio, escucha su ritmo y se vuelve a introducir en el autor.
p. 33 (Valéry, en sus cuadernos, contra una interpretación de los escritos de Mallarmé)

El vicio, el error fundamental de estos explicadores de poetas, es el de proceder siempre en un solo sentido — buscar una significación como una anterioridad, como una causa de la forma, mientras que en la operación real, hay cambio y concesiones entre rima y cambio de palabra, etc, y la idea informe — la cual debe permanecer informe, a disposición del deseo. La obra sería imposible de hacer con un trabajo de sentido único — es decir de puesta en hacia.
p. 35 (Grésillon)

El acercamiento sociocrítico de los manuscritos consiste en interrogarse sobre el tejido intertextual y discursivo que el pre-texto exhibe entre, por una parte, el texto de autor en proceso de realización y , por otra, las cosas leídas, emanadas, vistas y entendidas por la cultura de una época: doxa literaria, saberes establecidos, impresiones de lectura – en breve, l’air du temps.
p. 35-36 (Henri Miterand)

¿Cómo domesticar el concepto tan seductor como vago de “intertexto”, sin recaer en una suerte de romanticismo crítico en favor de constelaciones culturales, y sin caer en el recuento meticuloso y miope de fuentes autentificadas?
p. 36 (Grésillon)

¿Cómo hacer, entre la polifonía de Bajtín y la arqueología del saber de Foucault, para trazar una ruta —y forjar un método— que permita aislar y describir la transformación y deformación de discursos anteriores sobre los que se construye un nuevo discurso?
p. 36 (Mitterand)

La crítica genética ofrece un resguardo. Tiene en común con la arqueología que actualiza estratos materiales de una historia: la historia de un pensamiento, de un lenguaje, en la materialización de sus palabras y sus configuraciones. Es una garantía contra la incertidumbre y la divagación. Después de todo, si tiene algo de éxito en la actualidad, es en razón de su exigencia filológica de principio, porque todos hemos regresado un poco de grandes generalizaciones geniales e improbables, en todo caso ni verificables y falsables.
p. 38 (Mitterand)

Se comprende bien la tendencia que lleva la crítica genética, porque ubica su objeto más cerca de aquello que nace, incluso de lo que germina de un pensamiento y de una escritura, desea asir, de un mismo golpe, en el primer impulso de un manuscrito, y más allá de un soliloquio individual, los síntomas de una modificación del pensamiento, de las ideas y gustos colectivos, los primeros trazos de una transformación de la cultura de referencia.
Tendencia justificada porque, lo sabemos bien, el discurso individual, sobre todo en sus fases de titubeos, está nutrido de lugares, de imposiciones y de presuposiciones del discurso colectivo; las palabras de uno son necesariamente las palabras de los otros; no hay semántica innata, ni verbo nuevo, sino siempre una semántica hereditaria, heredada de los padres, las madres, los compañeros de clase, en todos los sentidos de la palabra clase.
p. 42 (Pierre-Marc Biassi)

La crítica genética se define, al margen de otros métodos, como aquella aproximación desplazada que no postula una interpretación totalizante, sino la elucidación de procesos dinámicos que asocian y hacen converger en la escritura las diferentes determinaciones, donde los métodos no genéticos aíslan y analizan los resultados textuales bajo formas de sistemas de significación separados.




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