El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano




descargar 363.82 Kb.
títuloEl encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano
página2/7
fecha de publicación07.02.2016
tamaño363.82 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Documentos > Documentos
1   2   3   4   5   6   7

De la Introducción de

El Joven Cristiano Instruido”don bosco.png

EL JOVEN CRISTIANO INSTRUIDO

Prólogo
Dos son los ardides principales de que se vale el demonio para alejar a los jóvenes de lavirtud. El primero consiste en persuadirles de que el servicio del Señor exige una vida melan-cólica y exenta de toda diversión y placer. No es así, queridos jóvenes. Voy a indicaros un plande vida cristiana que pueda manteneros alegres y contentos, haciéndoos conocer al mismotiempo cuáles son las verdaderas diversiones y los verdaderos placeres, para que podáisexclamar con el santo profeta David: “Sirvamos al Señor con alegría”: Servite Domino inlaetitia. Tal es el objeto de este devocionario; esto es, deciros cómo habéis de servir al Señor sin perder la alegría.El otro ardid de que se vale el demonio para engañaros es haceros concebir una falsaesperanza de vida larga, persuadiéndoos de que tendréis tiempo de convertiros en la vejez o a lahora de la muerte. ¡Sabedlo, hijos míos, que así se han perdido infinidad de jóvenes! ¿Quién osasegura larga vida? ¿Podéis acaso hacer un pacto con la muerte para que os espere hasta unaedad avanzada? Acordaos de que la vida y la muerte están en manos de Dios, quien puededisponer de ellas como le plazca.Aun cuando quisiese el Señor concederos muchos años de vida, escuchad, no obstante,la advertencia que os dirige: “El hombre sigue en la vejez, y hasta la muerte, el mismo caminoque ha emprendido en su adolescencia”:  Adolescens iuxta viam suam etiam cum senuerit, nonrecedet ab ea.

Esto significa que si empezamos temprano una vida cristiana, la continuaremoshasta la vejez y tendremos una muerte santa, que será el principio de nuestra bienaventuranzaeterna. Si, por el contrario, nos conducimos mal en nuestra juventud, es muy probable quecontinuemos así hasta la muerte, momento terrible que decidirá nuestra eterna condenación.Para prevenir una desgracia tan irreparable, os ofrezco un método de vida corto y fácil, perosuficiente, para que podáis ser el consuelo de vuestros padres, buenos ciudadanos en la tierra ydespués felices poseedores del cielo.

Queridos jóvenes: os amo con todo mi corazón, y me basta que seáis aún de tierna edad para amaros con ardor. Hallaréis escritores mucho más virtuosos y doctos que yo, perodifícilmente encontraréis quien os ame en Jesucristo más que yo y que desee más vuestra verdadera felicidad.

Y os amo particularmente porque en vuestros corazones conserváis aún el inapreciable tesoro de la virtud, con el cual tenéis todo, y cuia pérdida os haría los más infelices desventurados del mundo.

Que el Señor sea siempre con vosotros y os conceda la gracia de poner en práctica misconsejos para poder salvar vuestras almas y aumentar así la gloria de Dios, único fin que me he propuesto al escribir este librito.Que el cielo os dé largos años de vida feliz, y el santo temor de Dios sea siempre el grantesoro que os colme de celestiales favores en el tiempo y en la eternidad.

Afmo. in C. J.,

JUAN Bosco,, PBRO.

De la Exhortación Apostólica de Papa Francisco Evangelii Gaudiumsanta-sede_stemma.gif




La alegría del Evangelio 

1. La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años.

I. Alegría que se renueva y se comunica

2. El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado.

3. Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor»[1]. Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores». ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Aquel que nos invitó a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!

  1. Una misión específica

La actualización ‘salesiana’ de la misión evangelizadora de Jesucristo, en cuyo centro se encuentra la revelación de Dios Amor, privilegia como destinatarios “los jóvenes, especialmente los más pobres” y como vía de realización el sistema preventivo. Las palabras de Jesús, expresión de su programa de vida, hacen saber, escribe Don Bosco, la que “fue la misión del Hijo” y “se pueden aplicar literalmente a la juventud de nuestros días”.volto di gesù nella sacra sindone.jpg
«... para conseguir la unión de todos los hijos de Dios

que estaban dispersos.»

(Jn 11,52)

La cita es un comentario ‘teológico’ del evangelista (Jn 11, 52) a la condena a muerte de Jesús (Jn 11, 53), decidida durante una sesión del sanderín, reunido de urgencia para reaccionar frente a las conversiones que la resurrección de Lázaro estaba provocando en el pueblo (Jn 11, 45). El cronista ‘lee’ como profética la postura de Caifás, sumo sacerdote aquel año (Jn 11, 50-51): interpreta y explica las palabras de Caifás ampliando los beneficiarios de la muerte por él anunciada. En él habla la comunidad cristiana que confiesa que la pena capital, clara decisión ‘políticamente apropiada’, ha hecho posible, en realidad, una salvación universal.

45 Al ver lo que Jesús había hecho, muchos de los judíos, que habían ido a visitar a María, creyeron en él. 46 Otros, en cambio, fueron a contar a los fariseos lo que había hecho. 47 Entonces, los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron una reunión del sanderín. Se decían:

¿Qué hacemos? Este hombre está realizando muchos signos. 48 Si dejamos que siga actuando así, toda la gente creerá en él. Entonces las autoridades romanas tendrán qeu intervenir y destruirán nuestro templo y nuestra nación”.

49 Uno de ellos, llamado Caifás, que era el sumo sacerdote aquel año, les dijo:

Estáis completamente equivocados. 50 ¿No os dais cuenta de que es preferible que muera un solo hombre por el pueblo, a que toda la nación sea destruida?”

[51 Caifás no hizo esta propuesta por su cuenta, sino que, como desempeñaba el oficio de sumo sacerdote aquel año, anunció bajo la inspiración de Dios que Jesús iba a morir por toda la nación; 52 y no solamente por la nación judía, sino para conseguir la unión de todos los hijos de Dios que estaban dispersos].

  1. A partir de este momento tomaron la decisión de dar muerte a Jesús.



  1. Entender el texto, releyéndololectio_divina.gif


La escena, crónica de una reunión del sanedrín (Jn 11, 45-53), sucede inmediatamente al relato de la resurrección de Lázaro, el último de los signos realizados por Jesús y el punto culminante de su obra de revelación (Jn 2, 1-12; 4, 46-54; 5, 1-9; 6, 1-5.16-21; 9, 1-7): su victoria sobre la muerte consumada (Jn 11, 14.39), y de un amigo suyo muy querido (Jn 11, 35-36.38), prueba que Jesús no es un sanador más, sino “la resurrección y la vida”, como él mismo se presenta ante Marta (Jn 11, 25). La afirmación de Jesús va más allá del hecho realizado: dar vida a otros, si bien fuera de lo común, no significa de hecho que él sea la vida. Por esto mismo, la resurrección de Lázaro es sólo un signo.

Un solo signo, sin embargo, que basta para preocupar a las autoridades de Israel; se preguntan qué hacer ante tantos signos realizados por Jesús (Jn 11, 47) y a la fe en él de muchos judíos (Jn 11, 45). Es significativo que prevean que la fe en Jesús de todos, si lo dejan hacer, pueda provocar la ruina del templo y del pueblo (Jn 11, 48). Son los líderes, sacerdotes y fariseos, quienes ponen en relación directa el creer en Jesús con la muerte de Israel, la antítesis de cuando Jesús había declarado: “el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá” (Jn 11, 25). Creer es cuestión de vida o muerte; depende de en quién —no en qué— se crea.

Una clara intervención del sumo sacerdote, llena de lógica, establece la ‘solución’: uno debe morir por todos. Condenar a Jesús salvará al pueblo (Jn 11, 53): quien podía dar vida a los demás, tuvo que dar su propia vida por todos. Lázaro devuelto a la vida fue sólo eso, un signo, el último, de una próxima y definitiva resurrección: “todo el que esté vivo y crea en mí, jamás morirá” (Jn 11, 26). Pero para que Jesús resucite y se convierta en garantía de vida para todos, debe morir: y “a partir de este momento tomaron la decisión de dar muerte a Jesús” (Jn 11, 53).

Pocas veces se oye, en el relato de Juan, la propia voz del narrador. Aquí aparece para hacer entender (intus-legere) el sentido profundo de la sentencia del sumo sacerdote. La da por buena (Jn 11, 51: “Jesús iba a morir por toda la nación”), pero la corrige enseguida (Jn 11, 53: “y no solamente por la nación judía”). Surge así una confesión central y primordial de la fe cristiana: con la muerte de Jesús ha llegado la salvación para todos. El cronista narra aquello en lo que cree su comunidad.

La muerte de Jesús, tantas veces anunciada en el evangelio (Jn 5, 8.16-18; 7, 1.32.45; 8, 40.59; 10, 31.33.39), se ha decidido finalmente (Jn 11, 53). Condenado en su ausencia, Jesús no se deja ver más y se retira al desierto, “y se quedó allí con sus discípulos” (Jn 11, 54). Se aproxima la pascua y los peregrinos se dirigen a Jerusalén (Jn 11, 54) donde las autoridades le esperan para poderlo detener (Jn 11, 57).


  1. Aplicar el sentido, apropiándose de él


La ironía, característica típica de Juan, está patente en el breve episodio de la condena a muerte de Jesús. Quien puede dar la vida a un muerto ha sido condenado a muerte. Quien cree que él es la vida no morirá para siempre. En realidad, Jesús no muere por haber dado la vida a su amigo sino por los muchos signos que realiza..., porque, advierte Caifás, existe el peligro de que todos crean en él. Es la fe, no los signos realizados, lo que amenaza la seguridad de los no creyentes.

El signo, aun siendo extraordinario, divide al pueblo. Muchos, viendo lo sucedido, creen (Jn 11, 45); otros conspiran y advierten a las autoridades (Jn 11, 45-46), que deciden matarlo (Jn 11, 47-53). Nadie niega el hecho ni lo interpretan de manera distinta. Se preguntan: “¿Qué hacemos?... Toda la gente creerá en él” (Jn 11, 47-48). ¡Creer en Jesús es más desestabilizante, más provocativo que resucitar a un muerto! Quien no cree no niega la realidad, un Lázaro redivivo, sino que se niega a acepta la persona de Jesús, el dador de vida.

La fe de muchos —no la vida de Lázaro— es, pues, el motivo real de la pena de muerte: ¡que se crea en él resulta una amenaza para él mismo! Jesús ha pagado un gran precio por tener creyentes. La fe es un don precioso, porque ha sido altísimo el precio desembolsado. Debe, pues, cuidarse muy bien y protegerse mucho. Ningún esfuerzo es excesivo, cuando ha costado tanto conseguirla.

Quien cree en Jesús acepta su muerte como el inicio y el fundamento de la propia vida: la cruz no es una tragedia personal ni un mero veredicto injusto; es el camino, la posibilidad de llegar a la fe. Cuando el evangelista comenta que la condena a muerte es una ‘profecía’, refleja la convicción de la comunidad cristiana, que confiesa saberse salvada en aquella muerte obligada. Ha llegado la hora en la que aquellos que escuchen su voz vivirán (Jn 5, 24-25) y quienes se han alimentado de él, de su Palabra, resucitarán (Jn 6, 39-40.54-55). Es cristiano quien se siente salvado en Jesús crucificado, quien puede, pues, ver su condena a muerte como liberación de la propia muerte: “el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá” (Jn 11, 25).

Si para quien cree en Jesús su propia muerte no permanecerá invicta, para el Jesús objeto de la fe su vida definitiva pasa —ha pasado— por la propia muerte. No se le ha arrebatado la vida, él la ha entregado (cf. Jn 10, 10.14-18). Los no creyentes —las autoridades judías del relato— se han movilizado en contra: la voluntad de Jesús de dar la vida a cuantos creen en él va acompañada, reforzada diríamos, por la voluntad de los que quieren hacerlo morir porque no creen. ¡Jesús y el no creyente se han encontrado en el procurar la salvación a los creyentes! A veces pensamos que la fe en Jesús es demasiado fácil, sólo porque no nos cuesta mucho... ¡a nosotros! Él la ha pagado con su vida. Y quien no cree en él es ya uno de los que desean matarlo. Él ha muerto, pero no sólo para sí mismo, por su propio beneficio, por su propia gloria: su gloria no es otra que dar la vida por reunir a “otras ovejas que no están en este redil... Por esto... doy mi vida, para tomarla de nuevo” (Jn 10, 16-17).

Otra muestra de la ironía joánica aparece en el uso del verbo reunirse (Jn 11, 47-52): las autoridades se han reunido para condenar a muerte a quien poco antes se había denominado “la vida”. Jesús morirá para reunir a los hijos dispersos. Reunir es la forma que Dios tiene de salvar; de Egipto libera a los esclavos de los que hace una nación santa (Éx 36, 24); de Babilonia hará retornar un resto para conducirlo a su tierra (Ez 36, 24). Como Dios, Jesús salva reuniendo en un solo rebaño (Jn 10, 16) a los hijos de Dios dispersos atrayéndolos a todos hacia sí (Jn 12, 32). Pero a diferencia del Dios de Israel, Jesús no salva a su pueblo — ‘sus’ ovejas, dice Jn 10, 11.14-15— sino a “todos los hijos de Dios dispersos”, es decir las “otras ovejas que no están en este redil” (Jn 10, 16). Donde hay salvación, nace la vida común, la cual no se fundamenta en la voluntad de compartir la vida con los hermanos, sino que brota de la vida entregada por el Señor, buen Pastor. La vida en común de los creyentes en Jesús es, pues, el modo de vivir la salvación que su muerte nos ha obtenido. Una salvación que no produce la vida en común de los hijos dispersos es una salvación fallida. Una salvación que no exige la entrega de la propia vida no es una auténtica salvación cristiana.

icono 2.png


Jesús rezó por sus discípulos y por todos los que creerían en él, en todo tiempo y en todo lugar (cielo estrellado). Rezó entonces también por las personas de nuestra época, también por nuestros jóvenes. Gente cansada en el desierto, que ha caminado bajo el sol, sin orientación, con la cara quemada por la fatiga, el dolor, el cansancio... Gente que lo busca, porque desea escucharlo. Jóvenes que buscan el descanso verdadero, que tienen necesidad de palabras de salvación, palabras eternas, palabras que permanecen... caminan hacia el Señor (el cáliz, entre la tierra y el cielo). Las manos de Dios se estiran para reunir y acariciar a los hijos dispersos. Nos corresponde a nosotros mantener la esperanza, haciendo de manera que puedan experimentar la acción providente de Dios. Él es una brisa de comunión que nos empuja los unos hacia los otros.thumbnailimage.jpg

1   2   3   4   5   6   7

similar:

El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano icon1. Contexto Mundial de la Producción de Energía Eléctrica y el Movimiento contra Represas

El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano iconPRÓlogo
«sociedad del riesgo mundial». Lo que hace veinte años parecía exagerado es hoy el guión de la realidad: «Estamos todos en una zona...

El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano iconColegio salesiano “nuestra señora del águila” alcalá de guadaira (Sevilla)

El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano icon¿Cómo contribuir a la reducción del desempleo juvenil mediante iniciativas lanzadas por jóvenes?

El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano iconBibliografía Tras un tiempo de decadencia llega el punto crucial....

El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano iconDÉcimo encuentro del grupo latinoamericano de liquenólogos

El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano iconResumen de Inteligencias Múltiples herramientas para la enseñanza...

El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano iconFunciones de la percepción del movimiento

El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano iconEncuentro del papa francisco con autoridades civiles de bolivia

El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano iconResumen de competiciones, juegos, concursos y galardones del xxiiº Encuentro




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com