El encuentro mundial del movimiento juvenil salesiano




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Quinto sueño misionero de Don Bosco. Barcelona, 9-10 aprile 1886don bosco.png

Entonces descendió de aquel montículo y, después de caminar un rato, llegó a otro desde cuya altura descubrió una selva, pero cultivada y atravesada por caminos y senderos.

Desde allí dirigió su mirada alrededor, proyectándola hasta el horizonte, pero, antes que la retina, quedó impresionado su oído por el alboroto que hacía una turba incontable de niños. A pesar de cuanto hacía por descubrir de dónde procedía aquel ruido, no veía nada; después, a aquel rumor sucedió un griterío como el que estalla al producirse una catástrofe. Finalmente vio una inmensa cantidad de jovencitos, los cuales, corriendo a su alrededor, le decían: “¡Te hemos esperado, te hemos esperado mucho tiempo, pero finalmente estás aquí; ahora estás entre nosotros y no te dejaremos escapar!”.
Don Bosco no comprendía nada y pensaba qué querrían de él aquellos niños; pero mientras permanecía como atónito en medio de ellos, vio un inmenso rebaño de corderos conducidos por una pastorcilla, la cual, una vez que hubo separado los jóvenes y las ovejas y colocado a los unos en una parte y a las ovejas en otra, se detuvo junto a él y le dijo: “Ves todo lo que tienes delante?”. “Sí que lo veo”, replicó el siervo de Dios. “Pues bien, te acuerdas del sueño que tuviste a la edad de diez años?” “¡Oh, es muy difícil recordarlo! Tengo la mente cansada, no lo recuerdo bien ahora”. “Bien, bien; reflexiona y lo recordarás”.
Después, haciendo que los muchachos se acercasen a Don Bosco, le dijo: “Mira ahora hacia esa parte, dirige allá tu mirada; haced vosotros lo mismo y leed lo que veáis escrito... Y bien, qué veis?

“Veo, contestó el siervo de Dios, montañas, colinas, y más allá más montañas y mares”. Un niño dijo: “Yo leo: Valparaíso”. “Yo, Santiago, dijo otro”. “Yo”, añadió un tercero, “leo las dos cosas. “Pues bien”, continuó la pastorcilla, “parte ahora desde aquel punto y sabrás la norma que han de seguir los Salesianos en el porvenir. Vuélvete ahora hacia esta parte, tira una línea visual y mira”. “Veo montañas, colinas, mares...” Y los jóvenes afinaban la vista exclamando a coro: “Leemos Pekín”. Don Bosco vio entonces una gran ciudad. Estaba atravesada por un río muy ancho sobre el cual había construidos algunos puentes muy grandes. “Bien”, dijo la doncella que parecía su Maestra,” ahora tira una línea desde una extremidad a la otra, desde Pekín a Santiago, haz centro en el corazón de África y tendrás una idea exacta de cuanto deben hacer los Salesianos”.
“Pero cómo hacer todo esto?”, exclamó don Bosco “Las distancias son inmensas, los lugares difíciles y los Salesianos pocos”. “No te preocupes. No ves allá cincuenta misioneros preparados? Y más allá no ves más y muchos más aún? Traza una línea desde Santiago al África Central. Qué ves?” “Diez centros de misión”. “Bien; estos centros que ves serán casas de estudio y de noviciado que se dedicarán a la formación de los misioneros que han de trabajar en estas regiones. Y ahora vuélvete hacia esta parte. Aquí verás otros diez centros desde el corazón del África a Pekín. También estas casas proporcionarán misioneros a todas estas otras regiones. Allá está Hong - Kong, allí Calcuta, más allá Madagascar. En todas estas ciudades y en otras más habrá numerosas casas, colegios y noviciados”
Don Bosco escuchaba mientras observaba detenidamente todo aquello, después dijo: “ Y dónde encontrar tanta gente y cómo enviar misioneros a esos lugares? En esos países existen salvajes que se alimentan de carne humana; hay herejes y perseguidores de la Iglesia: cómo hacer?” “Mira”, replicó la pastorcilla, “es menester

que emplees toda tu buena voluntad. Sólo tienes que hacer una cosa: recomendar que mis hijos cultiven constantemente la virtud de María”. “Bien, sí; me parece haber entendido. Repetiré a todos tus palabras”. “Y guárdate del error actual, o sea el de mezclar a los que estudian las artes humanas con los que se dedican al estudio de las artes divinas, pues la ciencia del cielo no quiere estar unida a las cosas de la tierra”. Don Bosco quería continuar hablando, pero la visión desapareció; el sueño había terminado

De la Exhortación Apostólica de Papa Francisco Evangelii Gaudiumsanta-sede_stemma.gif

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CAPÍTULO QUINTO
EVANGELIZADORES CON ESPÍRITU


I. Motivaciones para un renovado impulso misionero

El encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva

264. La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Pero ¿qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial. Puestos ante Él con el corazón abierto, dejando que Él nos contemple, reconocemos esa mirada de amor que descubrió Natanael el día que Jesús se hizo presente y le dijo: «Cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1,48). ¡Qué dulce es estar frente a un crucifijo, o de rodillas delante del Santísimo, y simplemente ser ante sus ojos! ¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva! Entonces, lo que ocurre es que, en definitiva, «lo que hemos visto y oído es lo que anunciamos» (1 Jn 1,3). La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra, vuelve a cautivarnos una y otra vez. Para eso urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás.

265. Toda la vida de Jesús, su forma de tratar a los pobres, sus gestos, su coherencia, su generosidad cotidiana y sencilla, y finalmente su entrega total, todo es precioso y le habla a la propia vida. Cada vez que uno vuelve a descubrirlo, se convence de que eso mismo es lo que los demás necesitan, aunque no lo reconozcan: «Lo que vosotros adoráis sin conocer es lo que os vengo a anunciar» (Hch 17,23). A veces perdemos el entusiasmo por la misión al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas, porque todos hemos sido creados para lo que el Evangelio nos propone: la amistad con Jesús y el amor fraterno. Cuando se logra expresar adecuadamente y con belleza el contenido esencial del Evangelio, seguramente ese mensaje hablará a las búsquedas más hondas de los corazones: «El misionero está convencido de que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre el camino que lleva a la liberación del pecado y de la muerte. El entusiasmo por anunciar a Cristo deriva de la convicción de responder a esta esperanza».

El entusiasmo evangelizador se fundamenta en esta convicción. Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita sólo se cura con un infinito amor.


Oraciones

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Para cada etapa en preparación hacia SYM Don Bosco 2015 proponemos de hacer referencia a estas oraciones,

respectivamente a Maria Auxiliadora y San Juan Bosco.

Oración a Maria Auxiliadora

¡Oh María Virgen poderosa! Tú, la grande e ilustre defensora de la Iglesia; Tú, Auxiliadora del pueblo cristiano; Tú, terrible como un ejército en orden de batalla; Tú, que sola destruyes los errores del mundo, defiéndenos en nuestras angustias, auxílianos en nuestras luchas, socórrenos en nuestras necesidades, y en la hora de la muerte, recíbenos en el eterno gozo.

Amén

Oración a San Juan Bosco
Padre y Maestro de la juventud, san Juan Bosco,
que, dócil a los dones del Espíritu Santo
y abierto a las realidades de tu tiempo,
fuiste para los jóvenes,
especialmente para los pequeños y los pobres,
signo de la predilección amorosa de Dios.

Enséñanos a ser amigos del Señor,
para que descubramos,
en él y en su Evangelio,
el sentido de la vida
y la fuente de la verdadera felicidad.

Ayúdanos a responder con generosidad
a la vocación recibida de Dios,
para ser, en nuestra vida diaria,
Constructores de comunión
y, unidos a toda la Iglesia,
colaborar con entusiasmo
en la edificación de la cultura del amor.

Concédenos la gracia de perseverar
en la vivencia intensa de la vida cristiana,
según el espíritu de las Bienaventuranzas,
y haz que, guiados por María Auxiliadora,
nos encontremos un día contigo
en la gran familia del cielo.

Amén.


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Dado el carácter global tanto de la misión salesiana cuanto del encuentro del Movimiento Juvenil Salesiano en agosto,

nos proponemos además orar a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo,

en las primeras cinco etapas o en los cinco primeros encuentros,

por los jóvenes de cada uno de los cinco continentes, dando gracias continuamente por los dones que ofrece a los jóvenes de cada diferente continente, y pidiendo que les ayude en los desafíos más difíciles que enfrentan.
Por último, en la sexta etapa o sexto encuentro,

por los jóvenes que el Señor confía a cada uno de nosotros en nuestro contexto particular de vida y de misión.

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Confiamos a la creatividad y sensibilidad de cada uno,

la elección de las canciones y signos

a escoger para estas propuestas de oración y reflexión.

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http://symdonbosco2015.com/







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