Resumen Con el propósito de intentar acercar al lector a una posible explicación de alguna razón, mediante la cual una persona decide acabar con la vida de otras masivamente de manera meditada o impulsiva en un arrebato que puede estar signado por la furia,




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Me llamo Seung-Hui Cho y vivo en los Estados Unidos de Norteamérica, el país de las oportunidades. Estudio en la Universidad Politécnica de Virginia, en Blacksburg, y voy a hacer algo grande con mi vida, todos me conocerán y seré portada en los diarios del mundo entero. Ya estoy preparado para lo que tengo que hacer.

En la universidad siento que todos me miran raro, por esta cara oriental que tengo, por ser diferente a ellos. Yo, la verdad, tampoco me gusto así, me hubiera gustado ser de otra manera, sobretodo para que las chicas me hicieran caso.

Cuando me miro en el espejo veo en mis ojos el reflejo de lo que soy, porque no soy nada para mí ni para nadie; aun así les voy a demostrar que se equivocan y que puedo decidir sobre sus destinos. Yo, a fin de cuentas, a pesar de esta cara oriental, soy igual que ellos, pues estoy pasado por el tamiz de su cultura occidental. He visto cada una de sus películas violentas y tengo adoración, como ellos, por las armas de fuego, pero en el fondo de mis sentimientos los aborrezco porque cada día me acorralan en un rincón.

Me hubiera gustado, como a muchos, ir a matar árabes a la guerra Irak, aunque sea para olvidarme de mis despreciables compañeros de clase, pero no puedo porque soy surcoreano. De todas formas, no daría mi vida por esta mierda de nación, a no ser que me dejaran hacer prácticas de tiro con seres humanos; aunque, de todas formas, ya me da lo mismo, porque aquí también puedo demostrar mis habilidades con un arma de fuego.

Ellos, mis compañeros y todos los habitantes de este país, no saben lo que es ser humillado y crucificado a diario, aguantar sus miradas despectivas mientras compruebas lo engreídos que son, ambicionando una existencia dedicada únicamente a satisfacer los sentidos, con sus cadenas de oro y sus estupendos coches, cuando nada es suficiente y tienen que divertirse a costa de mi cara oriental.

Yo soy como Jesucristo, al que crucificaron por ser distinto, por no pensar como ellos, y ésa es la pena que cargo a diario: esa cruz que son todos ellos. Pero ya me cansé de soportar este peso que me agota y seré un mártir de su propia religión, la religión de la violencia que reside en las entrañas de su sociedad. Haré la guerra igual que ellos y les demostraré que están equivocados.

No aguantaré más sus burlas e insultos y esta mañana me levanté decidido a vengarme de una vez por todas, porque esta vida, mi vida, no me gusta y no la soporto más. Tengo dos pistolas automáticas último modelo y mucha munición; suficientes balas para matar.

Las pistolas las compré en una armería del centro de la ciudad y estoy deseando usarlas. Es lo único bueno que tiene este país, que cualquier desquiciado como yo puede hacerse con un par de armas de fuego y vengarse del mundo. Fue fácil, como comprar una bolsa de pan y espero que sea igual de fácil acabar con unos cuantos compañeros de Universidad.

He visto disparar en las películas; lo he practicado en juegos de computadora y sé que acabaré con más o menos, no sé, unos veinte desgraciados. Empezaré con los que me insultaron, con los que me miraron feo y continuaré tal vez con los que me despreciaron y ya después iré disparando metódico y sin parar, apuntando a todo lo que se mueva.

Espero ser definitivo pues lo tengo todo bien planeado y los agarraré por sorpresa porque soy buen estratega. Cerraré las puertas del edificio con cadenas para acorralarlos como ellos lo hicieron conmigo, así ya no tendrán escapatoria; entonces entraré en cada uno de los dormitorios y los mataré con tranquilidad, saboreando el momento de mi venganza.

Al resto, a los que traten de huir, los pondré en fila y les preguntaré por mi novia, la que siempre me negaron y luego, les volaré la tapa de los sesos. Han tenido millones de oportunidades y maneras de evitar lo que voy a hacer pero sólo me dejaron esta salida y la decisión es suya, pues yo no soy de los que huye; lo enfrentaré, porque soy un hombre; violentaron mi corazón, violaron mi alma y mi conciencia.

Por su culpa moriré como Jesucristo, para inspirar a generaciones de gente agredida e indefensa, a todas las víctimas de la xenofobia y cuando llegue el momento lo haré, cuando no quedé escapatoria pues terminaré con mi vida pegándome un tiro en esta cara fea. Después espero que no me guarden rencor, porque soy igual que el presidente de su país; un asesino, y sólo sigo su ejemplo”. – Carta de Seung-Hui Cho –
Otro caso que estremece a todo el mundo, nuevamente vuelve a suscitarse en Estados Unidos, más precisamente en el estado de Virginia, donde un joven surcoreano de veintitrés años de edad abre fuego contra sus compañeros y maestros, dejando como saldo numerosos muertos, quitándose su vida posteriormente mediante un disparo en su cabeza, cuando se ve acorralado por la policía.

Este episodio ocurrió en la mañana del lunes 16 de Abril de 2007, cuando Cho ingresó con vestimenta militar, portando dos armas de fuego, las cuales dispara en diferentes salones de clase de la universidad a la que asistía.

La pregunta ante este hecho parece repetirse eternamente: ¿por qué? Es necesario entender por qué Cho se vio compelido a cometer este atroz crimen, abriendo fuego indiscriminadamente contra toda persona que tuviese la nula fortuna de toparse en su camino. ¿Qué es lo que tuvo que pasar en la vida de este joven que llegó a tal extremo que explotó violentamente y cobró varias vidas antes de quitarse la suya?

Este joven nació en 1984 en Corea del sur, emigrando a los Estados Unidos cuando tenía ocho años de edad, radicándose en Michigan junto a su familia. Sus padres eran dueños de una tintorería y eran vistos por los vecinos como gente tranquila. Cho también tenía una hermana, graduada universitaria.

Cho era descrito como un chico frío, distante, muy tranquilo, tímido, aislado, de difícil socialización y se llegó a pensar que era autista. Presentaba características esquizoides, y mutismo selectivo, eligiendo él con quién hablar. No padeció una psicosis, en tanto no presenta alteración en la percepción de la realidad.

Se hacía referencia a él en la Universidad como alguien que se mostraba taciturno y solitario. Académicamente era brillante tanto para el estudio de matemáticas como del idioma Inglés, si bien en esta asignatura tenía dificultades para la pronunciación, y esto era tomado como objeto de burlas por parte de sus compañeros de estudios, ante lo cual Cho optaba por quedarse callado, haciendo caso omiso a las mismas, sabiendo igualmente que se estaba exponiendo y por ello era agredido desde su interpretación.

Ya en la universidad de Virginia Tech, existieron varios reportes de conductas violentas por parte de Cho, relativas a agresiones verbales hacia compañeros y profesores.

En este joven aparecían situaciones predisponentes que conllevaron a que llegara a cometer la masacre que perpetró, tales como el hecho de ser extranjero (surcoreano), padecer resentimiento social, víctima de xenofobia apreciable en la burla de sus compañeros por su forma de hablar “rara” y su aspecto. También era un sujeto muy inteligente, lo cual le permitió planificar su gran crimen.

En 2005, es sometido a pericia psiquiátrica por orden del condado de Montgomery, al ser considerado un peligro inminente para sí mismo y sus compañeros, ante lo cual también se le sugiere tratamiento con antidepresivos, pero la ayuda no se concreta por largo tiempo, si bien fue internado.

En su cabeza fue entretejiendo historias basadas en sed de venganza que cada vez se incrementaron más. Quizás hubiese sido necesario que en la internación le diesen además antipsicóticos, para interrumpir ideas de índole delirante en las que se vio sumergido y arrastrado por el resentimiento. Su pensamiento se vio contaminado por la necesidad de ser reconocido y querido, en tanto se sentía una persona muy insignificante.

De hecho Cho refirió que tuvo una novia la cual dice que lo dejó por otro chico y eso le generó gran resentimiento; esa novia sólo habría estado presente en sus deseos, en sus pensamientos, en sus fantasías, pero nunca en los hechos. Dentro del plano de la fantasía, para Cho habría oficiado como precipitante de la masacre, el hecho afectivo de que pudo haber visto a esta chica como alguien que lo rechazó, y a partir de allí, el detonante fue activado para comenzar la matanza; esa chica que a Cho le gustaba, también fue víctima del asesinato perpetrado por él.

En relación al medio empleado para matar – sus dos pistolas automáticas –, las mismas representan desde el plano simbólico un poder desde lo fálico, y el hecho de que fueran dos, tiene que ver con la sobrecompensación de lo devaluado que podía sentirse, no sólo en el aspecto racial, sino también y quizás fundamentalmente en el área sexual, siendo que como expresa en su carta, siente resentimiento por el hecho de no haber tenido novias, y apelando a la proyección, culpa a los demás por ello, por no ser atractivo (“terminaré pegándome un tiro en esta cara fea”) y además ser poco varonil.

Su hermana, tras la masacre, emitió un comunicado de prensa en el que se disculpó por los incidentes, y en el mismo comunicado refirió que desconoció a su hermano por lo que hizo; este elemento no es de menor importancia considerando que quizás la familia no pudo prever – o no tomó en cuenta – los indicadores que Cho pudiese estar manifestando previo al desenlace de los acontecimientos, ya que por sus características de personalidad, su agresividad estaba muy reprimida, como una olla a presión, hasta que terminó estallando de la manera en que lo hizo, sacando su rencor hacia el mundo externo.

Según revela el diario Los Angeles Times, Cho planificó su ataque por un lapso de dos semanas y en ese tiempo compró sus armas.

La necesidad de dar a conocer al mundo su accionar no es un hecho menor en Cho, puesto que entre otros aspectos a considerar de su necesidad de reconocimiento, es de remarcarse que en las dos horas existentes entre un tiroteo y otro que perpetró en Virginia Tech, aprovechó para hacer envío de una encomienda postal conteniendo fotos de Cho apuntando un arma a sí mismo y a la cámara. En la misma entrega iba un dvd conteniendo videos a las oficinas en la ciudad de Nueva York al noticiero de la cadena televisiva NBC y en esas fotos y videos expresaba su rechazo hacia la sociedad en general; dicha encomienda se retrasó en su entrega debido a que estaba mal redactada la dirección de la emisora, lo cual quizás dio tiempo a que pudiese llevar adelante su segunda matanza.

Entre lo expresado por este joven surcoreano en los videos, cabe hacer mención a referencias tales como “Habéis tenido 100 billones de oportunidades y formas para evitar (lo de) hoy. Pero habéis decidido derramar mi sangre” o “No tenía que hacer esto. Pude haberme ido. Pude haber desaparecido. Pero no, no escaparé más. No es propio de mí. Por mis niños, por mis hermanos y hermanas que vosotros jodisteis, lo hice por ellos... Cuando llegó el momento, lo hice. Tuve que hacerlo.

Wellington Menezes

El 7 de Abril de 2011, una tragedia de características similares vuelve a acontecer, esta vez tomando como escenario una escuela de la zona de Realengo, al oeste de la ciudad de Río de Janeiro, dejando como saldo un número total de once víctimas fatales y dieciocho heridos, tras la balacera que abrió un joven de 23 años de edad que había asistido a dicho centro de estudios y que también falleció luego del crimen; su nombre era Wellington Menezes.

El pretexto del asesino para ingresar al centro educativo, era el de brindar una conferencia ante alumnos de la institución a la que él también asistió, por lo cual recurrió al engaño para concretar su finalidad; el lugar le era conocido para actuar y desplazarse con comodidad y seguridad. Una vez adentro, comenzó su accionar, y abrió fuego contra chicos de entre 9 y 12 años en un aula con 40 alumnos.

El armamento que utilizó fueron dos revólveres calibre 38, y según la crónica, habría efectuado más de cien disparos, impactando algunos de ellos contra un niño y diez niñas, dejando asimismo un saldo de dieciocho alumnos heridos. Posteriormente al hecho, el asesino quiso quitarse su vida, pero no lo logró, puesto que antes fue abatido por la policía. Antes de ejecutar los disparos contras los otros chicos, les ordenó que se pusieran de cara a la pared para posteriormente disparar contra la cabeza y pies de los mismos.

Cabe destacar que Menezes no contaba con antecedentes delictivos al momento de la masacre y se destacaba entre sus amistades, por ser un joven que vivía solo y no salía a la calle, de apariencia inofensiva, tímido, reservado y aislado en reuniones sociales, sin demasiada participación, pasando la mayor parte de su tiempo frente al computador; algunos denominadores comunes en cuanto a características se refiere, que suelen presentarse en este tipo de criminales.

Habría sufrido un despido de su trabajo recientemente por baja productividad, lo cual podría indicarse como uno de los posibles factores desencadenantes (sumado a otros) que le habrían llevado a perpetrar la masacre (debido a la acumulación de una serie de frustraciones que atravesó en su vida).

Se indica también que contaba con delirios religiosos y místicos. Este joven se suma a la lista de personas que han sufrido “bullying” durante su etapa escolar, según figura expreso en una misiva que dejó antes de su muerte: Muchas veces, me pasó que fui agredido y todos los que estaban cerca se reían, disfrutaban de las humillaciones que yo sufría, sin dar importancia a mis sentimientos”. Refería en la misma carta que no debía ser “tocado por impuros sin usar guantes” y que era un “fiel seguidor de Dios”.

Refiere entre otros aspectos de la carta, que quería ser enterrado junto a su madre adoptiva cuando muriera, en tanto su madre biológica lo dejó a él desprotegido en su momento. Proclamaba estar en contra del adulterio y que quería donar su casa a una sociedad de animales.

Resulta evidente que Menezes, analizando la misiva que escribió antes de su ataque, planteaba dos motivaciones fundamentales desde el punto de vista psicológico, basadas por un lado en la venganza y por otro en una reivindicación con culpa por el acto a cometer, justificando sus acciones de algún modo, considerándose un mesías que cumpliría una misión sustentada en la pureza.

Asimismo, de alguna forma pretendería expiar su culpa por la masacre que cometería, pretendiendo acceder al “reino de los cielos” mediante el cumplimiento de obras de bien en vida, como por ejemplo, el dejar su casa tras morir como donación para una sociedad de animales.

Esa casa que quizás sirviera de amparo a seres desprotegidos tal como él pudo haberlo estado y haberse sentido, en el marco de un proceso de identificación; cabe recordar que su madre biológica lo dejó desprotegido como se reseñaba anteriormente; sensación que pudo haberlo acompañado durante mucho tiempo, con las consecuentes derivaciones de malestar y bronca que pudo haber acumulado, pero que no pudo (o supo) dirigir contra ella.

Simbólicamente, las víctimas contra las que arremete, en su mayoría, son del sexo femenino, lo cual podría estar indicando que de esta forma, estaba canalizando su ira acumulada contra la figura materna biológica, a quien pretende en su fantasía dar muerte por el daño que le pudo haber ocasionado.

En esa carta que este joven dejó, elogia la “labor” de otros asesinos masivos como es el caso de Seung-Hui Cho y Casey Heynes, este último un australiano que dejó en muletas a un compañero de clases en venganza tras sufrir abuso por parte de este. A ambos además los refiere como “hermanos”.

El fenómeno de identificación con el accionar de otros sujetos que anteriormente han cometido masacres similares a las perpetradas por Menezes, no debiera resultar llamativo atendiendo al hecho de que se erigen como modelos a imitar, sumado a la desesperación de su situación que acumularon durante tanto tiempo y que finalmente explota, encontrando en el asesinato la necesidad de salvedad y reconocimiento que no tuvieron hasta entonces.

Uno de los grandes problemas radica en el incremento por parte de estos jóvenes de adoptar este modelo resolutivo de situaciones como uno de los únicos posibles, cuando no el suicidio, o la matanza masiva primero para luego dar paso al suicidio; caras que parten de una misma realidad, y que cualquiera de sus resultados, de no ser debidamente trabajados a tiempo, desembocan en consecuencias catastróficas que deja muchas víctimas.

Rafael “Junior” Solich

Como se pudo apreciar en el caso anterior, Latinoamérica no se ha visto exenta de asesinatos masivos ocurridos en centros educativos.

Argentina, lamentablemente, tiene el triste lugar en lo alto del podio en cuanto a inicio de este tipo de acontecimientos se refiere en el cono sur.

El 28 de Setiembre de 2004, en el Instituto número 2 llamado “Islas Malvinas”, en Carmen de Patagones, un alumno de dicho centro académico, Rafael Solich, de 15 años de edad, ingresó portando una pistola, dos cargadores y una navaja consigo.

El arma la consiguió debido a que su padre es subagente de la Prefectura Naval Argentina. Dicha arma no fue debidamente guardada y al vivir en una casa precaria, la cual no cuenta con un lugar indicado para tener el arma, Solich accedió a ella sin inconvenientes.

Tras el inicio de las clases, temprano en la mañana, Solich abrió fuego contra sus compañeros en el aula en que se encontraba, sin mencionar nada.

Posteriormente se dirigió hacia el pasillo, realizando una nueva recarga del arma que había vaciado y comenzó a disparar nuevamente, esta vez contra el kiosquero del lugar, quien no fue herido en el hecho.

Mientras siguió caminando por el pasillo en busca de nuevas víctimas, un compañero suyo se abalanzó sobre él y logró reducirlo, quitándole el arma que portaba. Allí se pudo poner fin a su saga sangrienta, siendo arrestado y trasladado a un centro de internación en Bahía Blanca. Fue declarado inimputable por ser menor de edad y posteriormente internado en un centro neuropsiquiátrico juvenil.

De su historia se supo que tenía problemas con su padre, quien era muy severo y le exigía un rendimiento físico al cual al joven le costaba alcanzar cuando jugaba al fútbol o entrenaba previo al juego, frente a lo cual, si no cumplía era insultado y humillado por su progenitor frente a los demás compañeros.

Entre aspectos de su personalidad, destaca por ser un sujeto tímido, retraído, taciturno, sin problemas de conducta.

Con sus compañeros de estudios, Rafael tenía peleas recurrentes respecto a gustos musicales (punk y heavy metal) y literarios que no eran compartidos. Asimismo, se estipulaba que tenía una conflictiva orientación sexual latente. Sólo se comunicaba con uno de sus compañeros de clase.

Como consecuencia del episodio del año 2004, hubo tres personas fallecidas en el ataque y cinco heridos. Las víctimas tenían entre 15 y 16 años de edad.
Conclusiones

Pareciera evidente que el acoso escolar es un fenómeno cada vez más presente en nuestro medio y aún así, no parece que se hayan detectado las maneras de detenerlo eficazmente, con el fin de prevenirlo.

Quizás uno de los grandes errores en los que se incurra, es minimizar los hechos en sí mismos, o las consecuencias que de ellos puedan derivar y se los tome en consideración como hechos aislados e insignificantes, de menor relevancia, sin apuntar al trabajo con quien es abusado, con quien abusa y con el colectivo grupal en general, en materia de educación y asunción de responsabilidades.

Es un hecho que hay mayor agresión y acoso escolar y en los medios de comunicación se fomentan este tipo de acciones (videos descargados en Internet tras ser grabados en dispositivos móviles conteniendo imágenes de peleas, por citar algún ejemplo, el titulado “La muerte de un Emo”); la difusión es muy grande y hay un reforzamiento social sobre este tipo de conductas, las cuales son consumidas con avidez y parecen aceptables. El fenómeno no es exclusivo de varones, sino de chicas también y las formas de ejercicio de “bullying” parecen cada vez ser menos diferentes entre géneros.

Es indispensable desarrollar la capacidad de poder enfrentar el problema que supone el “bullying” en quienes lo padecen, fomentando los ámbitos necesarios para que las víctimas puedan expresar los sentimientos que albergan en relación a la situación que atraviesan (angustia, rabia, desesperación, vergüenza) y a su vez, se sientan escuchadas y acompañadas, apostando a encontrar en conjunto una solución frente a la problemática que atraviesan, de manera tal que puedan sentirse nuevamente aceptadas en un núcleo específico del cual puedan estarse sintiendo excluidos.

Para ello, deberá trabajarse en el desarrollo e implementación de estrategias preventivas que apunten a que quienes sean víctimas de “bullying” puedan exponer su situación, sin temores, buscando ayuda y en este caso, tal como se señaló, la educación se torna un arma fundamental para evitar que las consecuencias en las víctimas, a futuro, puedan llevarles a desarrollar conductas perjudiciales contra sí mismos o contra otros.

Las víctimas de abuso, deberán ser asistidas respecto a la forma en que puedan mejorar su relacionamiento y habilidades en materia social, así también como resulta importante trabajar en el manejo de sus emociones, de su autoestima y eventualmente, sugerir tratamiento de algún posible trastorno del humor que padezca, recibiendo apoyo psicológico a tales efectos.

El trabajo con los abusadores, deberá consistir en enseñarle a pensar de manera tal que pueda anticipar las consecuencias de sus actos y lo perjudiciales que pueden resultar los mismos para las personas de quienes abusa; se deberá tender a trabajar el adecuado manejo de las emociones que pueda expresar, fomentando el desarrollo de la empatía con otras personas.

A nivel del colectivo grupal, se torna relevante trabajar en grupo, las causas y consecuencias que el ejercicio del abuso puede llegar a ocasionar, como forma de violencia, para lo cual resulta necesario exponer la importancia de desarrollar una adecuada conciencia frente a temas tan sensibles que no deben ser consentidos bajo ningún concepto.

Claro está, que la intervención debe ser mesurada, apuntando a lograr resultados favorables en la víctima, sin que esta, como producto de la mencionada intervención, se vea más perjudicada al incrementarse el acoso consecuentemente tras intentar frenar una situación de tal magnitud.

Tanto las familias como educadores, así como profesionales de la salud en general y la sociedad en su conjunto, deberán estar atentos a los indicadores que las víctimas puedan manifestar, si bien pueden pasar desapercibidos o ser manejados de manera muy sutil, por el hecho de que la víctima no quiere que los demás sepan su “odisea”.

El prestar atención o el minimizar dichos indicadores, seguramente marcará una diferencia importante que a lo largo del tiempo establecerá una gran diferencia, siempre y cuando, de optar por abordar el tema, se lo haga con el adecuado manejo que tan delicada situación requiere, de modo tal que se puedan evitar la mayor cantidad de daños que puedan llegar a producirse tras intervenir, pero siempre teniendo presente que de no hacer algo, las consecuencias pueden ser muy perjudiciales para los involucrados.

Cabe consignar que el maltrato en el ámbito académico muchas veces pasa inadvertido por parte de maestros, profesores y educadores de las instituciones en general, lo cual repercute en el incremento de la intimidación por parte de los abusadores, quienes siguen actuando libremente en contra de los más indefensos.

No debemos olvidar que en lo que respecta al grupo-clase, también se debe realizar un abordaje con el mismo por parte de los educadores en las aulas, en tanto dicho grupo-clase es una víctima secundaria de los acontecimientos, pudiendo llegar a manifestar síntomas de estrés postraumático. Quienes han presenciado los abusos, deben trabajar la capacidad de reaccionar frente a quien/es acosa/n, siempre denunciando la situación que observan.

Asimismo es no menos importante que se apueste a trabajar dentro del grupo, el fomento de valores de convivencia, y que a quien es víctima primaria de actos de abuso, se lo incluya dentro del grupo-clase de modo tal que no se sienta excluida y pueda llegar a sentirse protegido.

Por otra parte, entre quienes “celebran”, “avalan” o les “divierten” los actos abusivos perpetrados por el abusador, deben ser educados con el propósito de que puedan poder discernir la magnitud del acto que presencian y que directa o indirectamente fomentan, promoviendo también en ellos el desarrollo de sensibilización respecto a la víctima.

Es necesario entender que quienes contemplan el abuso acompañando al abusador, son sujetos que habitualmente admiran al mismo y con quien desean andar, quizás porque ello les haga sentirse también superiores y fuertes al ponerse de su lado, en tanto identificarse con la víctima les haría sentirse débiles. También por temor a sufrir el mismo destino que quien es abusado, no denuncian la situación, con el fin de no ser una víctima más.

Desde el punto de vista dinámico, la observación “pasiva” del abuso remitiría a la necesidad interna de estos espectadores de lastimar a quien está siendo agredido por otra persona; es una suerte de abusar a través de otro, y eso les permite sacar rabia o frustración acumulada. En tal sentido, es importante educar para que estos espectadores de abuso puedan imponerse y detener el acto violento, pero para ello, es necesario como se hacía mención anteriormente, que tomen conciencia de las secuelas que el abuso puede ocasionar en la vida de la víctima.

También debiera hacerse hincapié de manera más acentuada, por lo dificultoso que pueda resultar, en la implementación de herramientas útiles en el trabajo con la familia del chico que comete abuso, en tanto como se mencionó anteriormente, ese chico puede provenir de un entorno familiar el cual esté signado por el ciclo de la violencia; ante ello, deberán desarrollarse estrategias tendientes a la toma de conciencia respecto a las acciones que comete el abusador respecto a otros chicos y la responsabilidad que la familia pueda tener al respecto, fomentando directa o indirectamente, el tipo de conductas abusivas descrito.

Los medios de comunicación también tienen su gran responsabilidad en lo concerniente a la promoción de pautas de vinculación basadas en el respeto y la tolerancia de las diferencias, y cabe cuestionarse si tienen este rol definido en claros términos, en tanto es bien sabida la sobreexposición a la que se encuentran los menores de edad a un sinfín de transmisiones de violencia, a través de la televisión por ejemplo.

Si se observan comportamientos violentos, los niños principalmente podrán ver sus propios comportamientos influidos por los que vieron a través de la televisión, pudiendo llegar a habituarse a la misma por la denominada sobreexposición a la violencia, con el riesgo de verla como algo normal, natural e inevitable, no mediando reflexión alguna, ante lo cual la labor educativa y el hecho de que los menores de edad cuenten con referentes que les puedan dar herramientas para comprender lo que visualizan, es un factor indispensable.

Si lo único que buscan los medios es generar impacto con cada noticia que surge a partir de casos de abuso escolar, o asesinatos en masa, tienen su cometido logrado; si lo que pretenden es generar conciencia social y no permitir que la noticia quede sólo en noticia, tratando temas de relevancia como estos a fondo, en pro del beneficio de la comunidad, entonces tienen la misión de que la opinión pública no termine mirando hacia otro lado cuando se está de cara frente a este tipo de problemas, haciendo hincapié en la búsqueda de soluciones tomadas de manera conjunta.

Gracias a los medios masivos de comunicación, que ejercen un papel social de marcada relevancia, es que se toma conocimiento de la problemática en las aulas, pero hay que tener en claro que su labor no culmina en dar a conocer esa realidad, sino que el compromiso que tienen con la sociedad es mucho mayor en torno a la difusión de pautas de prevención y acción en contra del maltrato en las instituciones de enseñanza, apostando a fomentar la sensibilización y la importancia de las consecuencias de este tema, como también deben tener suma responsabilidad en el manejo de información referente a casos de asesinatos masivos en centros escolares, puesto que una difusión inadecuada puede llegar a fomentar en otros jóvenes la imitación de este tipo de actos violentos.

Siempre que exista disimulo y no se tomen acciones en contra del maltrato, las víctimas no se verán protegidas y el temor persistente a concurrir a un aula pudiendo ser humillado, golpeado o denigrado será permanente.

Con fines preventivos, es también que en muchos países, sobre todo de Europa (Suecia, Inglaterra, Dinamarca, Irlanda) y Asia (Japón), se han establecido leyes y regulaciones en contra del acoso escolar.

¿Se está del lado del que comete abuso tomado como víctima de las circunstancias sociales, familiares y del entorno, o se está del lado del que es víctima del hostigamiento por parte del abusador? Parece claro que tras lo expuesto, la respuesta no debiera ser el posicionar la balanza hacia uno u otro lado, sino por el contrario, lograr un justo equilibrio social, mediante el fomento de valores tales como la tolerancia, el respeto, y la educación, apostando a erradicar tal tipo de conductas abusivas.

Deben existir buenos cimientos, en los que la institución Familia se erige como un pilar fundamental como patrocinante de dichos valores, debiendo evitar dejar que la crianza de los niños y adolescentes quede a merced de los medios de comunicación masivos, así como tampoco debieran consentir al niño o adolescente llenándole de productos materiales y no de afectos y límites.

En tanto no se termine de discriminar por las características que a cada sujeto lo hacen único, y las denuncias de estos hechos no se hagan patentes, dejando que estas situaciones rebasen todo límite, por miedo a que las consecuencias sean mayores, es probable que el fenómeno del “bullying”, y la escalada de violencia consecuente ejercidas por sus víctimas con el correr de los años, sean cada vez más frecuentes, y la barbarie logre instalarse de tal manera que más tarde se torne difícil de erradicar.

Ante estos episodios que debieran servir de ejemplo, y de no tomarse las medidas del caso para poner un alto a estas situaciones para que no vuelvan a repetirse, la pregunta que deberemos hacernos no será ya ¿por qué pasan estos hechos?, sino ¿cuándo volverá a ocurrir una nueva masacre…?
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