Desde abajito. Plástica social y Ejes de Rearticulación Transcivilizatoria




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Desde abajito. Plástica social y Ejes de Rearticulación Transcivilizatoria.

Francisco Hernández Zamora

DESDE ABAJITO

-Plástica social y Ejes de Rearticulación Transcivilizatoria-

Francisco Hernández Zamora1

En memoria de Miguel Ángel Pérez Cazales2.

“…los papás tendrán que enseñar a los hijos lo que hacía nuestro pueblo,

donde se coseche la escritura y nuestra sabiduría;

esta fuerza en nuestros hijos será un Sol colectivo".

Consigna de Anáhuac

Presentación

Este documento plantea algunos elementos de la plataforma epistemológica que sustenta la Plástica social con relación a dos aspectos: al hablar del patrimonio cultural comunitario, presentamos algunos elementos de nuestro marco conceptual que permiten observar los problemas de trabajo en las comunidades urbanas y rurales de nuestro país desde una plataforma alterna complementaria que ofrece nuevas valoraciones estratégicas. El segundo aspecto, es el esbozo de un tema: el paradigma transcivilizatorio. Mismo que proponemos para las discusiones de los distintos equipos de investigación que realizan trabajo comunitario.

Nuestro objetivo es señalar la necesidad de articular una discusión más amplia del diálogo de saberes ya existente para continuar la co–configuración de una visión operativa alterna de largo aliento, que permita potenciar este diálogo e incluir para ello nuevas experiencias y nuevos cuerpos conceptual-metodológicos, que en nuestro caso articulamos como Plástica social.

En la exposición, a su vez, realizaremos un ejercicio de diálogo ampliado con voces especializadas de distintas áreas para hacer un recorrido abierto por algunos aspectos que consideramos necesarios a tener en cuenta para establecer lo que hemos denominado: ejes utopísticos de rearticulación transcivilizatoria. Wallertstein le llama utopística a las posibilidades de incidencia conciente, de los individuos y la sociedad, en la creación de alternativas creativas y humanas, en el contexto de la crísis terminal del Sistema-Mundo Capitalista3. Es el equivalente a lo que he denominado las utopías viables y prioritarias (Hdez., Programa GBC, 1995).

Para ello, primero trazaremos el esquema de una visión incrementada de contextos y escenarios de la crisis que desemboca necesariamente en la crítica civilizatoria –realizada desde Occidente mismo–, durante la primera mitad del siglo XX. En esta misma perspectiva, la segunda mitad del siglo XX corresponde al intento de responder a la pregunta de si es posible resolver tal crisis civilizatoria. Lo que a su vez derivó en la profundización de la comprensión de la misma, mediante la creación de nuevas herramientas y la incorporación de otras áreas investigación sobre este denso tema. Todo ello, paralelo al incremento de la complejidad de la(s) crisis por la incorporación de nuevos mecanismos que la(s) exacerban.

Si como señala Calasso, la hybris es "el impulso humano por transgredir los propios límites, aunque sea enfrentándose a las leyes que rigen el cosmos -ya sean divinas, humanas o de la naturaleza-”; entonces, valga la metáfora, este cuestionamiento sobre el porvenir tan incierto implicaba plantearse si la hybris4 civilizatoria actual podría ser tratada como un caso –ampliado– de hipertrofia de ego en el desarrollo de la personalidad moderna de Occidente o, por el contrario, implicaba una metástasis espiritual irreversible. Junto con esto, el escenario de reflexión se amplia a otras miradas que se han venido construyendo poco a poco.

Desde ya subrayamos la perspectiva del título de este ensayo a la hora de pensar en como trabajar a partir de las circunstancias actuales: Desde abajito implica pensar la actividad desde las cosas básicas, de allí que pongamos el acento en la comunidad, sus saberes, la sustentabilidad, la etno–ecología, la racionalidad ambiental, así como la nosótrica, la interculturalidad y el pensamiento analógico; todo ello atravesado por el diálogo horizontal.

Por nuestra parte, de igual forma incluimos a la matriz onírica de la comunidad, a protagonismo de las niñas y niños y su sabiduría infantil y el concepto ampliado de arte –plástica social–.

En cuanto a la matriz onírica de la comunidad (MOC, Hdez., 2007), se requiere antes definir el concepto de mitopoyesis a partir de comprender que “cada ecosistema segrega una específica cultura (una matriz cognoscitiva o mitopoyesis  propiciadora de coherencia social y ecológica), un cuerpo de metáfora (pensamiento analógico) proveniente de ese ecosistema y estructurado en función del mismo (Rodríguez: 2000:6), que constituyen sistemas complejos  y coherentes capaces de nuclear nuevos componentes y generar nuevos procesos ecosistémicos y étnicos. Sobre esta base entendemos que la Naturaleza “pura” es una ficción y que históricamente los universos humanos y naturales han conformado un todo articulado por una variedad de funciones y relaciones que caracterizan etnicidades ecológicas  (Parajuli: 1998).”5

De tal manera que, por su origen, entorno medioambiental e historia común, las comunidades tradicionales –filiogaias6– poseen un tejido psicosocial propio. Cada comunidad posee un inconsciente colectivo (C. G. Jung) milenario particular derivado de ello, en donde se articulan y reconfiguran tres elementos: su propio proceso mitopoyético -que la hace ser lo que son-, su vida cotidiana –incluida la celebración de tradiciones cíclicas- y su visión del futuro. Esto es posible de comprenderse, sólo si se considera la polidimensionalidad atemporal (Hdez., 1995) de la condición multicultural humana. La matriz onírica de la comunidad, se deriva de y posibilita al mismo tiempo, la plasticidad psicosocial comunitaria a la hora de resolver nuevos problemas y ser condicionada por nuevos referentes externos, al mismo tiempo que conserva sus referentes mitopoyéticos propios y mantiene su propio filtro hermenéutico, su «voluntad selectiva» (I. Couliano, 1984) que permite -con autonomía- la puesta en relieve o el rechazo de ciertos contenidos ideológico-culturales nuevos y por consiguiente la posibilidad de realizar adecuaciones semántico-sistémicas a ellos. La MOC se materializa cotidianamente, mediante un fuerte cementante nosótrico -implícito o explícito-, a través de la expresión tradicional-creativa de los saberes comunitarios: sabiduría milenaria de los pueblos, sabiduría infantil, sabiduría de convivencia comunitaria, saberes ambientales, etc.

“Por Sabiduría Infantil (Hdez., 2001), se entiende el cúmulo vivencial y cognitivo, tanto en el ámbito de la capacidad de crear conocimiento (Pensamiento epistémico, H. Zemelman), como del arte de la invención -heurística-, que las niñas y niños tienen intuitivamente como forma de desarrollo individual, en interacción social y en su relación con la naturaleza. Dicho cúmulo se caracteriza por cinco aspectos principales: Entusiasmo, espontaneidad, solidaridad lúdica capacidad de aprender por si mismos y atemporalidad onírica. 7

“El programa EEPC-I plantea que la sabiduría infantil, debe ser reconocida como un eje de reconfiguración de la identidad cultural comunitaria (G. Giménez, Hdez.), como un elemento del Patrimonio Onírico de la Humanidad (Hdez., 2004), como uno de los saberes comunitarios y por lo tanto, como un recurso espiritual insustituible de cambio socio-cultural hacia una forma de sociedad que explore y ejerza en plenitud el potencial convivencial-evolutivo consustancial del ser humano, asociado a la cultura de paz y no violencia.” –Esto tiene repercusiones cruciales en el diseño de políticas sociales–.

,De igual manera tomamos de referencia la biología del amor (H. Maturana), como parte de la matriz biológico-cultural del ser humano, aunque en este ensayo no la abordemos en particular. Es decir, no se trata de inventar nada, pensamos en un enfoque que, más que partir de las necesidades, carencias y limitaciones –esquema mental de la racionalidad económica–, se apoye, articule y aproveche nuestros potenciales y riquezas.

En la IX Tesis sobre Feuerbach, Marx sintetiza su crítica diciendo que: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo (en mi juventud aquello me sonaba bien ya que Marx pensaba en la liberación de las fuerzas productivas –fuerza de trabajo y tecnología–, constreñidas por el capital; así mismo pensaba en la redistribución equitativa de la riqueza). Un siglo y medio después, al observar ideas y resultados, el movimiento altermundista podría parafrasearlo: Hasta ahora la modernidad occidental sólo se ha dedicado a interpretar –cosificando– y transformar –saqueando– al mundo, la naturaleza, pueblos y culturas; de lo que se trata es de co-crear otro mundo convivencial sustentable, dialogando desde abajito.

Ilich dice: “Bajo convivencialidad entiendo lo inverso de la productividad industrial... El paso de la productividad a la convivencialidad es el paso de la repetición de la falta a la espontaneidad del don.” “Una sociedad convivencial es una sociedad que ofrece al hombre la posibilidad de ejercer la acción más autónoma y más creativa, con ayuda de las herramientas menos controlables por los otros”8 Esta visión más allá del paradigma civilizatorio hegemónico, se ha ido co-construyendo mientras tanto, poco a poco en todo el mundo y de esa forma.

I. Comentario preliminar: ¿Dónde está el debate?

En 2008 se realizaron en México dos eventos que están relacionados con las reflexiones que aquí nos traen. Uno fue el Coloquio Nacional Saberes locales y Dialogo de Saberes sobre Medio ambiente, Salud y Alimentación (CNS-DS), efectuado del 27 y 28 de noviembre aquí mismo en el CRIM-UNAM y en la misma semana del 25 al 27 de noviembre se llevo a cabo el Seminario las Ciencias en el Desarrollo Sustentable ¿Siglo XXI, a donde va el país? del Programa Universitario del Medio Ambiente (SCDS-PUMA) de la UNAM. En ambos se plantea la pregunta de ¿en dónde estamos y qué vamos a hacer?

De hecho a lo largo de ese año, se realizaron otros eventos en diferentes espacios académicos. La UACM, en coordinación con la Secretaría del Media Ambiente del D. F. organizó el Foro Universitario Cambio Climático y Sociedad (FU-CCS). Donde se pudo apreciar, por ejemplo, que el equipo mexicano que participa en el IPCC no sólo está ahí por su alta calificación, sino porque además cuenta con una opinión propia respecto a los impactos del cambio climático en nuestros países.

Brevemente hago referencia a ellos, en cuanto a lo que esta planteado y lo que falta por analizar, desde el punto de vista de nuestro enfoque de trabajo. En esos eventos se reflejó la amplia experiencia de los ponentes, su alta calificación y su pasión por la investigación interdisciplinaria. El aspecto común con nuestra reflexión de aquí, esta fincado en nuestra realidad nacional y los escenarios futuros, así como a las experiencias comunitarias de distintas regiones del país.

En el primer evento, CNS-DS, es particularmente impresionante el trabajo de investigación en tres áreas estratégicas (alimentación, salud y medio ambiente), ligado al desarrollo comunitario. Los principales ponentes tienen más de tres décadas de experiencia directa de trabajo comunitario interdisciplinario realizado en distintas partes del país. Con ello se busca tres aspectos: la restauración ecológica, la regeneración del entramado social y la preservación de la cultura. Esto como parte de una resistencia biocultural, es decir, de la resistencia cultural entendida también como la protección del medio ambiente ligadas a las formas de vida cotidiana de muchas comunidades indígenas en doce regiones del país.

Eckart Boege y Víctor Manuel Toledo, quienes han contribuido innovadoramente a la antropología y a la etnoecología, hicieron un recuento de más de 1,000 comunidades campesinas indígenas que realizan un trabajo que impacta directamente de manera positiva en la relación ser humano-naturaleza. Con ello, se resalta la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales principalmente en Oaxaca, Chipas, Michoacán y Veracruz, así como su relevancia productiva sustentable. Se implanta la sustentabilidad mediante el poder popular, las prácticas agro-ecológicas y ecotecnias aplicadas en los hogares en cinco dimensiones: Energía, agua, alimentos, materiales de construcción y reciclado de desechos; mediante la democracia participativa. Eckart enfatiza que México debe ponerse a la altura de ser un país megadiverso, centro de origen y diversificación genética -sui generis-, utilizar su riqueza para enfrentar los retos actuales y futuros y basar su desarrollo en esta riqueza biocultural extraordinaria.

Es decir, frente a los problemas sociales y de cultura, que pudiesen ser abordados solamente desde las áreas socio-políticas, humanísticas o de trabajo social, las áreas de la biología, en particular la etnoecología –con énfasis en la investigación multidisciplinaria regional–, se han enfrentado a la problemática étnico cultural y desde ahí han abordado estos escenarios de realidad, no solamente social (organización y gobierno, alimentación, salud, etc.) o económico-productivos, sino también de medio ambiente, de ecología y de sustentabilidad en su conjunto, incluyendo la dimensión cultural desde su aspecto concreto fincado en las comunidades étnico campesinas. Con ello han contribuido a la investigación multidisciplinaria regional y de diálogo horizontal con los saberes comunitarios.

De ahí que para nuestro equipo de trabajo fuera importante tener conocimiento de estas otras áreas de enfoque de labor e investigación, en donde pocas veces hay retroalimentación con las reflexiones que se presentan en el tipo coloquio –de identidad, cultura y arte– en el que participamos hoy. Cuando uno observa las apretadas agendas de esos otros eventos, se lamenta la ausencia de un momento de reflexión para mostrar que existen otros ámbitos desde los cuales se reflexionan también todo esto al mismo tiempo. Lo que ellos hacen desde sus distintas disciplinas –muy absorbentes–, realmente es brillante. Sus investigaciones son fundamentales también para nuestro quehacer. Sin embargo, es necesario crear un espacio de confluencia –inicialmente puntual–, para empezar estos diálogos. Este documento busca contribuir a ello.

I. 1. Diagnosis transversal preliminar. Escenario multirreferencial de reflexión.

A nivel de diagnóstico también hay muchas coincidencias. En el SCDS-PUMA, José del Val señala que no hay dudas de los efectos de erosión política, económica y cultural que la sociedad mexicana ha tenido en los últimos 30 años. No hay dudas que esto se debe a una estructura social y a un modelo cultural fincado sobre la desigualdad y que, por lo tanto, impide la eliminación de la pobreza, por ser intrínseca al propio modelo económico-político y a la propia estructura social.

Gustavo Esteva recuerda que “hace casi 40 años Paul Streeten documentó rigurosamente, para la OIT, la perversa asociación entre crecimiento económico e injusticia. Demostró que a mayor crecimiento corresponde mayor miseria y que hay una relación de causa a efecto entre uno y otra. Mostró también que el famoso “efecto cascada”, la idea de que la riqueza concentrada se derrama sobre las mayorías hasta generar su bienestar, es una ilusión perversa sin mayor fundamento”9.

En el contexto de la economía neoliberal: “Buena parte de lo que aumenta cuando crece la economía registrada es un cáncer social. Crecen la especulación, la producción irracional o destructiva, la corrupción y el despilfarro, a costa de lo que necesitamos que aumente: la justicia social, el bienestar de las mayorías”10.

No hay duda de que la sociedad es sometida a un diario bombardeo mediático, sobre todo radio y televisión, para producir discriminación, odio y división. Mediante la desinformación del caos informativo y la manipulación psicosocial -en particular el manejo del miedo-. Desde mediados del siglo XX a esto se le denominó elegantemente la sociedad de la comunicación.

Históricamente estamos en la Cuarta Guerra Mundial, de la que nos advirtieron hace tiempo los zapatistas: una guerra sin frente, la primera realmente total, guiada por la codicia sin límite, la rapacidad y la destrucción cínica de la naturaleza, la ética y la dignidad, dice Gustavo Esteva11, aspecto que de igual forma han señalado otros investigadores.

Pero también nos encontramos inmersos en la “guerra de cuarta generación”, que no necesariamente requiere de control territorial (primera generación), ni de los recursos naturales (segunda), ni del conocimiento del idioma y la religión de los países ocupados (tercera). Ninguna de estas modalidades queda excluida, pero la guerra de cuarta generación prioriza el control de las masas a través de los medios masivos de comunicación.

“El especialista venezolano Néstor Aponte estima que este tipo de guerra guarda un componente militar, otro de guerra sicológica, y otro que manejan la diplomacia internacional y la opinión pública internacional. Se trata, en suma, de planificar la propaganda y la acción sicológica, orientada a direccionar la conducta social y la búsqueda de objetivos de control social, político o militar, sin recurrir al uso de las armas. Dicho de otro modo: que las masas asistan al drama político con atención y toma de partido similar a la que experimentan frente a una telenovela o espectáculo de reality-show. Que el poder real, factual o faccioso de un gobierno equis (que puede ser transitorio), radique en los medios de comunicación antes que en las instituciones formales que representan a la sociedad.

“Luego, los equipos de guerra sicológica se complementan con los grupos operativos insertados en la población civil “(…) con la misión de detonar hechos de violencia social: pequeños conflictos localizados, con violencia social extrema, y sin orden aparente de continuidad”12.

Sin ánimo de extendernos demasiado en el tema, Alfredo Jalife dice: “Aunque la cuarta generación de la guerra moderna -conocida como ‘guerra asimétrica’- lleva 18 años de exposición teórica, ha irrumpido la quinta generación a consecuencia de las nuevas tecnologías que incluyen la nanotecnología. Uno de sus grandes teóricos, William S. Lind, la considera como la ‘lucha del Estado para mantener su monopolio sobre la guerra y la organización social, de cara a los desafíos de la cuarta generación’. Michel Serres en su libro Guerre mondiale (Edit. Le Pommier, 2008) indica que sólo en el siglo XX fueron muertas doscientos millones de personas por esta causa. En otra parte dice: “Desde el final de la guerra mundial, se han producido no menos de sesenta conflictos graves y las situaciones de inestabilidad beligerante no cesan de aparecer.”13

“El siglo XXI será cada vez más marcado por las guerras de la quinta generación y su matriz tecnocibernética en todos los ámbitos de las telecomunicaciones... La confrontación en Beirut entre la guerrilla chiíta Hezbolá y sus derrotados contrincantes sunitas podría muy bien ser definida como una guerra de las telecomunicaciones.

“Hoy, una democracia carente de la equidad en la participación y el reparto de las telecomunicaciones representa en realidad el nuevo totalitarismo orwelliano multimediático del siglo XXI, cuyas guerras posmodernas versarán más sobre el control de los medios masivos de comunicación, la nueva tiranía ominosa del siglo XXI. Quien domina los multimedia controla las conciencias de las naciones”14.

I. 2.
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