Desde abajito. Plástica social y Ejes de Rearticulación Transcivilizatoria




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Crisis ambiental y economía. La ignorancia de la ignorancia.

Por otra parte y pese a los intentos corporativos trasnacionales de promover confusión en el tema, no hay dudas que existe una crisis ambiental -de origen antropogénico- sin precedentes y con impactos a largo plazo que se desplegaran, cada vez de manera más aguda, durante este siglo, esto se desprende de lo que el propio IPCC ha publicado después de 20 años de investigación sistemática mundial. En el 2006, James Lovelock señaló el riesgo incluso, de un colapso civilizatorio, al marcar que hoy “somos peligrosamente ignorantes de nuestra propia ignorancia y pocas veces conseguimos tener una perspectiva verdaderamente global de las cosas, debido a que estamos atrapados en un circulo vicioso de repercusiones instantáneas donde los problemas son verdaderamente globales”.

Hay que ponderar que esta reflexión la hace Lovelock desde el Primer mundo y –sobre todo– para el mismo, en tanto que responsable de ello. Y aún señala que la crisis ambiental coexiste con una crisis energética, alimentaria y económico-financiera global en detrimento de la humanidad misma. Sin ser experto en el tema, pero representando una visión cada vez mas generalizada, así como la lucidez y experiencia de un gran investigador activo de 80 años; del campo de la economía dice: “las fantasías de moda sobre la supremacía de las fuerzas del mercado están profundamente incrustadas, y muchas veces se ignora que el gobierno tiene la responsabilidad de proteger el interés general”.15

Frente a la crisis financiera sistémica, recientemente, Alejandro Nadal dice: “La situación económica y financiera está virando hacia aguas cada vez más peligrosas. Nadie espera que la recesión sea de corta duración. Y muchos analistas piensan que no hay que descartar la posibilidad de una depresión con enormes desajustes estructurales.”16

El efecto de retroalimentación sinérgica de este cúmulo de crisis multiplicará las consecuencias. Es por ello que “la actual recesión económica puede servir de excusa para los países desarrollados en no reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que provocan el cambio climático y, si esto ocurre, la temperatura se elevará y ocurrirá una “catástrofe ecológica mundial”, advirtió Walden Bello17 y agrega que los pobres pagarán las consecuencias de esta crisis mundial. “La ambición ha causado la crisis del capitalismo global, hay un crac de sobreproducción y poca capacidad de consumo, debido a la pobreza”. 18

Bello consideró que se trata de “la crisis de un paradigma económico” y sostuvo que las posibles soluciones para los países son crear una economía desglobalizada, producción local y mercado nacional, “no dar espacio a la exportación, dar equidad en la distribución, ir hacia una transformación ecológica que pase de la dependencia de combustibles fósiles a energéticos alternativos. Se debe evitar el crecimiento vinculado al consumo”.19

Agregando un nivel mas amplio al análisis, la tesis wallersteniana tipifica a estos últimos (cuarenta) años vividos como la clara etapa de la entrada del sistema-mundo a una nueva fase de su existencia o vida histórica del largo periplo que ha debido recorrer dicho sistema-mundo capitalista. Etapa en el cual habría ya comenzado su proceso de desestructuración y desconfiguración como sistema histórico, su proceso de irreversible caducidad histórica determinado por su ingreso dentro de lo que la perspectiva del World-System Analysis llama una clara situación de bifurcación histórica, que sólo se presenta una sola vez en la vida de los sistemas históricos, siendo su etapa definitivamente conclusiva o terminal. Etapa en la que se han superpuesto a la vez las manifestaciones de cuatro procesos relevantes, empalmándose y potenciándose mutuamente. En primer lugar, el de la clara decadencia de la hegemonía fuerte estadounidense, que se desplegó en el planeta entre 1945 y 1968-73. En segundo lugar, la etapa final del más largo ciclo global experimentado por la economía-mundo, desde aproximadamente 1870 y hasta hoy, que fue definido a favor de EU en la larga (1ra y 2da) guerra mundial que corre desde 1914 hasta 1945. En tercer lugar, es también la etapa terminal del ciclo de vida del liberalismo como geocultura dominante del sistema-mundo, ciclo comenzado en 1789 y que se deslegitima y desestructura frente a nosotros desde 1968, desmoronándose en sus premisas esenciales cada vez más, sustituyendo la supuesta armonía de la competencia económica librecambista por la depredación económica del nuevo capitalismo salvaje neoliberal. Finalmente, y en cuarto lugar, lo es porque constituye también el final del largo ciclo secular de la vida histórica del sistema-mundo, que comenzó hacia finales del siglo XV y que se prolongó hasta el momento actual. Situación de bifurcación o de verdadera crisis sistémica de la economía-mundo y del sistema-mundo capitalistas, que es también y paralelamente una crisis cultural y del sistema de los saberes, de largo alcance y de gran profundidad.20

Esto a su vez, nos remite a ampliar la propuesta de Wallerstein, de una perspectiva de observación de larga duración histórica en la investigación, para comprender todo ello como parte de “la crisis de la racionalidad económica del proceso de modernización, que a su vez implica una crisis civilizatoria y no sólo un cambio de paradigma” -señala en el CNS-DS Enrique Leff desde la perspectiva de una filosofía política-, y que paradójicamente, “tiene como origen y raíz el conocimiento, que a su vez nos obliga a reconocer como problema fundamental el desconocimiento de aquello que nos a traído a este punto de esta crisis civilizatoria. De cómo las formas de pensar y de conocer el mundo son formas culturales sustentadas en estrategias de poder que han ido codificando formas de comprensión y han ido constriñendo al pensamiento mismo, y con las cuales hemos ido construyendo la civilización moderna y en esa forma de construir el pensamiento, hemos destruido, la naturaleza y hemos subyugado los saberes que se han construido en esta otra lógica de coevolución de las culturas con sus territorios naturales”.21

I. 3. Crisis y paradigma civilizatorio. Barbarie y civilización

Iba tan de prisa

que corría y corría

sin saber a donde iba”

Canción.

Desde Argentina, Feinmann en un ensayo titulado: Barbarie y Civilización recuerda que Heidegger nunca utilizó estos conceptos. “Sin embargo, es transparente que en su filosofar, Alemania representa la potencia espiritual (que es, siempre, la civilización) y los restantes pueblos la decadencia espiritual, es decir, la barbarie.” En 1935, Heidegger al impartir un curso de Introducción a la metafísica, “en la Universidad de Friburgo, en la Alemania ya absolutamente sometida al poder de Hitler y el nacionalsocialismo”, dice que Europa, se encuentra en ‘atroz ceguera’, se encuentra ‘a punto de apuñalarse a sí misma’. Feinmann considera que “la descripción que hace Heidegger de esa Europa de mediados de la década del treinta se aplica en gran medida a lo que se entiende hoy por posmodernidad histórica”22:

“Cuando el más apartado rincón del globo haya sido técnicamente conquistado y económicamente explotado; cuando un suceso cualquiera sea rápidamente accesible en un lugar cualquiera y en un tiempo cualquiera; cuando se puedan 'experimentar', simultáneamente, el atentado a un rey en Francia, y un concierto sinfónico en Tokio; cuando el tiempo sólo sea rapidez, instantaneidad y simultaneidad, mientras que lo temporal, entendido como acontecer histórico, haya desaparecido de la existencia de todos los pueblos; cuando el boxeador rija como el gran hombre de una nación; cuando en número de millones triunfen las masas reunidas en asambleas populares, entonces, justamente, entonces, volverán a atravesar todo este aquelarre, como fantasmas, las preguntas: ¿para qué? - ¿hacia dónde? - ¿y después qué?”23

Esta fue una de las venas de reflexión que Europa hizo de si misma en ese periodo. Independientemente de hacerla un filósofo brillante, no es, desde luego la más autocrítica. Todo lo contrario apunta hacia un destino manifiesto. No es el que abordaremos en esta ocasión. Sin embargo, las preguntas prevalecen y es allí donde demuestra su calidad filosófica. Preguntas similares estuvieron presentes también en otros pensadores y en la conciencia de naciones enteras de Europa. Como ahora recorren fantasmales y vigorosas de nuevo el mundo –ampliado–

Previo a esto, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX e inmerso aún en la idea-fuerza del desarrollo y el progreso (modernidad), Occidente realiza la crítica social de la economía, la política, la cultura, la religión, la filosofía, etc. (Marx, Comte, Weber, Freud, Durkheim, etc.) sin cuestionar sus bases civilizatorias y confirmados en su fe en que el crecimiento científico-tecnológico conduciría a la humanidad ineluctablemente al “reino de la libertad”, para dejar el reino de la necesidad. De igual forma a fines del siglo XIX se ignora la relevancia de la guerra como amenaza futura. Freud perteneciendo intelectualmente a este grupo de alguna manera, tiene oportunidad de cuestionar la civilización después de la Primera Guerra Mundial. Y lo hace desde una visión occidentalocentrista lucida. De igual forma, en El malestar en la cultura subraya el sometimiento de la civilización a las necesidades económicas, que imponen un pesado tributo tanto a la sexualidad como a la agresividad -pulsión de destrucción-, a cambio de un poco de seguridad. Y donde además

“Acaso haya perjudicado el edificio del ensayo, pero ello responde enteramente al propósito de situar al sentimiento de culpa como el problema más importante del desarrollo cultural, y mostrar que el precio del progreso cultural debe pagarse con el déficit de dicha provocado por la elevación del sentimiento de culpa.”24

Por nuestra parte, la característica acentuada de la crisis general, así como la propia convergencia de las diferentes crisis, su profundización, agudización sinérgica, así como la irreversibilidad de muchas de ellas, -“con lo cual se hace posible entender la excepcional densidad histórica de los procesos que hemos vivido desde 1968 hasta hoy”25-, obliga a retomar y poner en la mesa de debate el tema de la crisis civilizatoria, señalada desde la primera mitad del siglo XX por grandes pensadores como C. G. Jung, M. Eliade, H. Read, A. Toybee, T. Burrow, G. Bateson, W. Benjamín, C. Levi-Strauss, E. Canneti, K. Polanyi, J. Ortega y Gasset, M Horkheimer, T. Adorno, H. Marcuse, etc. En el arte esta crítica también se inició. Aquí lo abordaremos brevemente y lo continuaremos en otro ensayo.

Ortega y Gasset pensaba que lo que conocemos como civilización, si quedara “abandonada a sus propios recursos, vería el renacer del primitivismo y la barbarie” (sic).

Al recordar estas palabras, Donaldo Macedo –pedagogo norteamericano y coautor con P. Freire–, le comenta a N. Chomsky en el 2000: “Tus ejemplos sobre la barbarie en Kosovo, en Turquía, en Colombia y en Laos apuntan justamente a la barbarie de la civilización. En muchos casos, el alto grado de complejidad técnica que ha desarrollado esta “civilización” se ha usado de maneras a cuál más bárbara, como atestiguan las cámaras de gas antisemitas y los bombardeos de Laos y Camboya. No me parece que sea una civilización ilustrada la que se complace en devolver a Irak a la época preindustrial, en tanto que asesina a decenas de miles de víctimas inocentes, mujeres y niños inclusive”26.

La primera década del siglo XXI enfatiza drásticamente esto. Raúl Zibechi comenta el caso de Somalia: “Desde que el capital se volcó al robo, la especulación y el pillaje de la naturaleza, de los pueblos, de naciones enteras y de otros capitales, en lo que se ha dado en llamar acumulación por desposesión, la diferencia entre dineros legítimos o legales y los ilegítimos e ilegales se ha difuminado rápidamente. Los ejemplos abundan. El Grupo de Trabajo de Alta Mar (High Seas Task Force) denunció que en 2005 había 800 barcos pesqueros que realizan pesca irregular en aguas de Somalia, país que no puede controlar la depredación de sus costas. Los pesqueros españoles capturan 200 mil toneladas anuales de atún de modo ilegal en Somalia, aportando 40 por cientro del consumo doméstico.” Mientras que en sus aguas, toda la Unión Europea regula rigurosamente sus temporadas, sus veda y sus cuotas restringidas de pesca.

“Cuando el tsunami de 2004, aparecieron en costas de Somalia contenedores de basura tóxica que habían sido arrojados en secreto al mar. Europa, a través de la mafia italiana, se deshace de residuos tóxicos en aguas somalíes, señala un informe de Ecologistas en Acción. En el viejo continente cada tonelada de residuos tóxicos que se procesa cuesta entre dos y tres mil euros, pero verterlos en Somalia vale apenas dos euros y medio.

“Por no hablar de Barrick Gold, multinacional minera dedicada a la extracción de oro más grande del mundo. Sus negocios en Sudamérica ya representan 47 por ciento de sus reservas probadas y probables. Diversos estudios sostienen que Adnan Khashoggi fue fundador de Barrick Gold y quien realizó la inversión mayoritaria junto con amigos que “organizaban el trueque de armas y drogas entre Irán, Israel y Nicaragua, que condujo en 1986 al escándalo de Irán y los contras”. Khashoggi tiene estrechos vínculos con Peter Munk, presidente de Barrick, y éste con George H. W. Bush. Barrick, junto con otras multinacionales mineras, fue responsable de la guerra de Zaire en 1997 que se saldó con 3 millones de muertos para apoderarse de las mayores reservas mundiales de coltan, mineral clave en el mundo de la electrónica”. Por supuesto que quienes han denunciado esto han recibido amenazas de muerte y han sufrido restricciones y han sido desplazados de sus trabajos.

“Esta semana la prensa británica informó que el director de la Oficina contra las Drogas y el Delito de Naciones Unidas, Antonio María Costa, aseguró que el capital proveniente de la delincuencia organizada fue la única inversión de capital líquido en el segundo semestre de 2008, que estuvo a disposición de los bancos al borde del colapso. Se trata de 352 mil millones de dólares de las ganancias del negocio de las drogas que contribuyeron a salvar la situación en plena crisis de liquidez del sistema financiero. El dinero de las drogas, dijo Costa, se convirtió en un factor importante para muchos bancos, lo que permite pensar que el capital financiero es cada vez más capital mafioso”27.

Somalia es un caso. No es el único, aunque si uno de los más vergonzantes para todo el mundo y uno de los más infamemente omitido por lo que Macedo define como parte de una “ética selectiva”. En ella se encuentra “el fundamento lógico” para justificar la complicidad mediática y de intelectuales que fungen como comisarios culturales, “con lo que Theodor Adorno denominó ‘un seco negarse a ver’”28. De tal forma que lo que se preconfiguraba en la primera mitad del siglo veinte, se cumple sobradamente con las consecuencias ahora visibles, que no tienen para cuando –ni por qué– detenerse por si mismas.

Volviendo a mediados del siglo XX, es conocido el diálogo continuo al respecto de Jung con Eliade y otros investigadores en las reuniones anuales del Círculo de Eranos. Menos conocido es que en ese mismo contexto europeo desde el cual reflexionaron, en una carta de 1960, Jung le comenta a Read al respecto de lo que para ambos era una de las grandes preocupaciones de sus investigaciones respectivas:

“El gran problema de nuestro tiempo es el hecho de que no comprendemos lo que sucede en el mundo. Nos vemos frente a las tenebrosas profundidades de nuestra alma, frente a lo inconsciente. De su interior emergen oscuros e incomprensibles impulsos. Esculpe las formas de nuestra cultura y sus dominantes históricas. Ya no tenemos dominantes, se encuentran en el futuro. Nuestros deseos están mudando, no hay nada seguro, hasta la sanctissima causalitas ha descendido del trono del axioma para convertirse en mero campo de probabilidades. ¿Quién es el imponente visitante que golpea portentosamente a nuestra puerta? El miedo es su heraldo, signo de que los valores supremos van ya hacia él. Los valores en los que hasta ahora creíamos se desmoronan consecuentemente y sólo nos queda una certeza, la de que el mundo nuevo será diferente del que conocimos. Si alguna de sus formas mostrara inclinación a encarnarse en una conocida, el artista creador no confiará en ella. Le dirá: ‘tú no eres lo que dices ser’ y volverá a esculpirla. Éste es el punto en el que nos encontramos actualmente. Todavía no han aprendido a distinguir su propia voluntad de las manifestaciones objetivas de la Psiquis. Todavía no han aprendido a ser objetivos con su propia psiquis, vale decir, a separar lo que hacemos de lo que nos sucede... Si tan sólo el artista de hoy pudiera advertir qué cosa produce espontáneamente su psiquis y qué cosa inventa él como conciencia, comprobaría que el sueño, por ejemplo, o el objeto (a través de su psiquis) le muestra una realidad de la cual no escapará jamás porque nadie podrá nunca trascender la estructura de la psiquis. Debemos limitarnos a escuchar lo que la psiquis nos dice espontáneamente. El sueño, en el que no hay elaboración nuestra, nos dice las cosas tal cual son. Repitámoslas como mejor podamos. Quod Natura relinquit imperfectum, Ars perficit.”29

Al hablar de los significados de la Ilustración implicados en la modernidad, Bolívar Echeverría comenta el trabajo de Horkheimer y de Adorno (H&A): “Se observa el comportamiento desastroso de todos los protagonista de la ‘guerra europea de 1914-1945’ –caudillos y primeros ministros, papas y secretarios generales, aristócratas y sindicalistas, políticos y generales, occidentales lo mismo que soviéticos- y la exclamación del rey Macbeth, hecha ya a comienzos de la época (modernidad) que culmina en esa guerra, resulta más que acertada: life is but a tale told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing (La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa). La convicción de que la historia ‘significa’ o está dotada de un sentido progresista –convicción ilustrada que seculariza la creencia en el sentido salvífico de la Creación divina– se desvanece indeteniblemente: no es un sentido lo que parece tener la historia, sino, a lo mucho, un ‘contrasentido’. Para Horkheimer y Adorno lo ‘digno de pensarse’ es este ‘contrasentido’: ‘¿Por qué el mundo guiado ya totalmente por la Ilustración resplandece bajo el signo de la desgracia triunfante?’ ‘¿Por qué la humanidad, en lugar de entrar en una condición verdaderamente humana, se hunde en un nuevo tipo de barbarie?’” 30

La Dialéctica de la Ilustración es una filosofía de la historia que opera como fundamento de la Teoría Crítica. Horkheimer y Adorno se preguntan por qué la humanidad en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, desembocó en una especie de barbarie. La respuesta a este interrogante se revela en el triunfo de una nueva forma de racionalidad (antes estudiada por Max Weber) que recibirá diferentes denominaciones en Europa: subjetiva, instrumental (Horkheimer); subjetiva o identificadora (Adorno), unidimensional (Marcuse); instrumental o estratégica (Habermas). En America Leff le llamara racionalidad económica englobando muchos de estos significados y señalando sus raices heurísiticas deshumanizantes.

Echeverría continua: “En Dialéctica de la Ilustración, por ‘humanidad’ se entiende el tipo o la versión occidental europea de humanidad; hay en esta obra el fundado convencimiento de que esta humanidad ha sido dotada del poder de subyugar a las otras humanidades por las buenas o por las malas, y de que así lo ha hecho en efecto y lo seguirá haciendo.

“Para H&A, la clave de la humanidad o el proyecto civilizatorio de Occidente –y por tanto de la inteligibilidad del ‘contrasentido’ de su historia- está en la Ilustración, y la Ilustración consiste en la instauración del uso libre o profano de la razón –en oposición al uso hermenéutico, aplicador respetuoso de verdades ya reveladas- como instrumento de la producción de conocimientos y del consiguiente incremento del poder humano en el enfrentamiento a la naturaleza (lo no-humano todopoderoso) y en su pretensión de someterla.

“La peculiaridad de la historia de Occidente está en que la barbarie en que ha desembocado no se debe a una ‘decadencia’ de su principio civilizatorio (como lo pensaba Spengler, al describir el debilitamiento de lo ‘fáustico’) sino precisamente a lo contrario, al despliegue más pleno de ese principio. (En sus Tesis sobre el materialismo histórico, que inspiran en mucho a H&A, Walter Benjamin dejó dicho: la barbarie del fascismo no viene a interrumpir el progreso, sino que es el resultado de su continuación.31) 32 De igual forma hoy podemos decir que la barbarie de la “acumulación por desposesión” mundial no se deriva de un proceso monstruoso abortado, sino de la continuidad lógica de una racionalidad voraz potencializada.

Poco a poco, la crítica civilizatoria a Occidente desde ella misma, exigió volver la mirada al resto del mundo y la evolución de las distintas civilizaciones; también instó trascender la visión positivista y la preponderancia exclusiva de economía y política, hacia la esfera de la cultura y psicosocial.

La modernidad está cimentada en el sustrato civilizatorio occidental continuo judeo-cristiano, que fue desarrollado de manera crucial a partir del siglo XVI en la Europa de la Reforma y la Contrarreforma, del expansionismo colonial del nacimiento del capitalismo y de la propia racionalidad económica consustancial y relacionada con el surgimiento del pensamiento científico moderno que se plantea el conocimiento universal, del saber absoluto hegeliano y general.

Maldita está la tierra por tu culpa; en la aflicción comerás de ella todos los días de tu vida; espinas y también abrojos producirás para ti…

“He aquí pintada la sociedad neurótica” 33, ilustra Tigrant Burrow y señala Read desde la profundidad mítica de occidente.

Sobre esta base preliminar e incómoda de la crítica de su crisis civilizatoria, en la segunda mitad del siglo veinte, Occidente profundizará en sus causas y en las características que la hicieron posible. Cabe mencionar que algunos los participantes en ésta segunda etapa fueron testigos, participantes y/o activistas del Mayo del 68. Para ese momento la pregunta ha cambiado y tiene que ver con la posibilidad de ser modificada o superada esta crisis o no. La observación brindada por esta nueva mirada interna –desde la cultura y los fenómenos psicosociales– ofrece un espectáculo cada vez más complejo e irresoluble desde ella misma que apunta por ejemplo, hacia la Biopolítica.

Para Foucault, “la biopolítica es la gestión política de la vida, la intervención del poder en la vida humana, reduciendo a ésta a nuda vida. Conjunto de saberes, técnicas y tecnologías que convierten la capacidad biológica de los seres humanos en el medio por el cual el Estado alcanza sus objetivos. Es decir, desde el inicio de la edad contemporánea el Estado y los elementos económicos que le apoyan -o que le utilizan- se esfuerzan por potenciar las capacidades físicas e intelectuales que consideran valiosas –y a prescindir de las no convenientes (sic) –, ya que éstas constituyen el instrumento gracias al cual los agentes lograrán sus propósitos. Como muestra la importancia de las disciplinas y las técnicas de gestión de personal para la producción, junto con el uso de la burocracia y el resto de mecanismos de información y gestión que tiene el Estado en sus manos -policía, etc.-“. La Biopolítica “es el lugar en que se encuentra la civilización mundial, y sus dispositivos” sistémicos de control psicosocial implicados (Foucault, Agamben, Deluze, Guattari, etc.). “He dicho que el dispositivo era de naturaleza esencialmente estratégica, lo que supone que se trata de cierta manipulación de relaciones de fuerza, bien para desarrollarlas en una dirección concreta, bien para bloquearlas, o para estabilizarlas, utilizarlas, etc. (...) “El dispositivo se halla pues siempre inscrito en un juego de poder, pero también siempre ligado a uno de los bornes del saber, que nacen de él pero, asimismo lo condicionan.” “Lo que trato de indicar con este nombre es, en primer lugar, un conjunto resueltamente heterogéneo que incluye discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas, brevemente, lo dicho y también lo no dicho, éstos son los elementos del dispositivo. El dispositivo mismo es la red que se establece entre estos elementos".34 Con lo cual se comprende cada vez mejor algunos aspectos del entramado civilizatorio de la modernidad.

Paralelamente se inicia también –por fin– el camino de comprender al Otro. En esta misma vertiente, para E. Levinas la filosofía (occidental) tendría la tendencia de reducir a lo Mismo todo lo que se opone a ella como Otro. El conocimiento representaría así una estrategia de apropiación, de dominación, presente fundamentalmente en la relación del hombre con el hombre. Paul Ricoeur profundiza en el análisis complejo de la realidad cultural al combinar la descripción fenomenológica con la interpretación hermenéutica. Ambos consagraron su obra a la reconstrucción del pensamiento ético después de la Segunda Guerra Mundial. J. Derrida propone la deconstrucción, fundamentalmente en sus análisis etimológicos de la historia de la filosofía, para mostrar cómo se ha construido un concepto cualquiera a partir de procesos históricos y acumulaciones metafóricas, mostrando que lo claro y evidente dista de serlo, puesto que los útiles de la conciencia en que lo verdadero en–sí ha de darse son históricos, relativos y sometidos a las paradojas de las figuras retóricas de la metáfora y la metonimia y por lo tanto inscritos en los discurso del poder.

En el desglose interno cultural y psicosocial, Pierre Bourdieu define el habitus como las formas de obrar, pensar y sentir que están originadas por la posición que una persona ocupa en la estructura social. El campo, es el espacio social que se crea en torno a la valoración de hechos sociales tales como el arte, la ciencia, la religión, la política... Esos espacios están ocupados por agentes con distintos habitus, y con capitales distintos, que compiten tanto por los recursos materiales como simbólicos del campo. Estos capitales, aparte del capital económico, están formados por el capital cultural, el capital social, y por cualquier tipo de capital que sea percibido como "natural", forma ésta del capital que denomina capital simbólico. Los agentes, con el habitus que es propio dada su posición social, y con los recursos de que disponen, "juegan" en los distintos campos sociales, y en este juego contribuyen a reproducir y transformar la estructura social. 35

Bourdieu articula la relación entre el habitus, el campo y el –concepto ampliado– de capital para realizar la crítica de la cultura, mostrando que la distinción cultural no es más que una forma encubierta de dominación, a la que denominó complicidad ontólogica entre el campo y el habitus. Desde la antropología, Geertz avanza en una visión más amplia de la cultura en una perspectiva semiótica y multicultural, al destacar los marcos simbólicos en los que los pueblos viven sus propias vidas “por medio de las cuales la gente se comunica, perpetúa y desarrolla su conocimiento sobre las actitudes hacia la vida."36 Sloterdijk, avanza también sobre la Crítica de la razón cínica, de 1983, como crítica de la razón instrumental analizada. A su vez, toda esta amplia visión es aprovechada a través de la vena cínica del discurso mediático posmoderno. Sobre esto nos detendremos en otro documento.

Con un concepto genérico de la razón e incorporando algunas relaciones importantes, Leonardo Boff, pensador brasileño proveniente de la Teología de la Liberación dice al respecto: “Cada época histórica necesita un mito que congregue personas, galvanice fuerzas e imprima un nuevo rumbo a la historia. El mito fundador de la modernidad reside en la razón, desde los griegos es el eje estructurador de la sociedad. La razón crea la ciencia, la transforma en técnica de intervención en la naturaleza y se propone dominar todas sus fuerzas. Para esto, según Francis Bacon, el fundador del método científico, se debe torturar a la naturaleza hasta que entregue todos sus secretos. Esta razón cree en el progreso ilimitado y crea una sociedad que se quiere autónoma, de orden y progreso. La razón promovía la pretensión de prever todo, manejar todo, controlar todo, organizar todo y crear todo. Ocupaba todos los espacios. Envió al limbo otras formas de conocimiento.

“Y he aquí que después de más de trescientos años de exaltación de la razón, asistimos a la locura de la razón, pues solo una razón enloquecida organiza una sociedad en la cual el 20% de la población posee el 80% de toda la riqueza de la Tierra. Las tres personas más ricas del mundo poseen activos superiores a toda la riqueza de los 40 países más pobres donde viven 600 millones de personas; 257 individuos acumulan ellos solos más riqueza que 2.800 millones de personas, equivalente al 45% de la humanidad; en Brasil cinco mil familias detentan el 46% de la riqueza nacional. La demencia de la razón productivista y consumista ha generado el calentamiento global que traerá desequilibrios ya visibles y diezmará millares de especies, incluida la humana.”

Lo que lo lleva a concluir: “Ahora, esta cultura, llamada moderna, capitalista, burguesa, occidental y, hoy, globalizada, ha entrado en crisis. Se manifiesta a través de las distintas crisis actuales, que son todas expresión de una única crisis, la de los fundamentos. No se trata de abdicar de la razón, sino de combatir su arrogancia (hybris) y criticar su estrechez de miras. Lo que más necesita la razón en este momento es ser urgentemente completada con la razón sensible (M. Maffesoli), con la inteligencia emocional (D. Goleman), con la razón cordial (A. Cortina), con la educación de los sentidos (J. F. Duarte Jr.), con la ciencia con conciencia (E. Morin), con la inteligencia espiritual (D. Zohar), con el concern (D. R. Winnicott) y con el cuidado como yo personalmente vengo proponiendo desde hace tiempo.” 37

Representante también de esta segunda etapa del siglo XX y heredero directo de la anterior, al ser discípulo de Mirce Eliade, el historiador Ioan Culianu realizó una profunda revisión del quiebre heurístico y espiritual de occidente en el siglo XIV–XVI sustentado en un ejercicio fundamentalista del pensamiento, del poder político y de su propio filtro hermenéutico que lo articula. En ese sentido dice: “La originalidad de una época no se calcula según el contenido de sus sistemas ideológicos, sino más bien según su ‘voluntad selectiva’, es decir según el cuadro interpretativo que interpone entre un contenido preexistente y su resultado ‘moderno’. El paso de un mensaje a través del filtro hermenéutico de una época produce dos efectos de orden semántico: el primero, apuntando a la propia organización de la estructura cultural de la época, y situándose por ello en el exterior de ésta, se define como un mecanismo tan complejo como sutil de puesta en relieve o, por el contrario, de rechazo de ciertos contenidos ideológicos; el segundo, que actúa en el mismo interior de la estructura cultural, se define como una distorsión sistemática –una voluntad deformadora– o incluso una inversión semántica de las ideas que pasan a través del cuadro interpretativo de la época”.38

“La civilización occidental moderna representa, en conjunto, el producto de la Reforma (tanto protestante como católica) –de una reforma que, vaciada de contenido religioso, conservó sin embargo sus formas–.

“En el plano teórico, la gran censura del imaginario conduce a la aparición de la ciencia exacta y de la tecnología moderna.

“En el plano práctico, su resultado es la aparición de las instituciones modernas.

“A nivel psicosocial, constituye la aparición de todas nuestras neurosis crónicas, debidas a la orientación demasiado unilateral de la civilización reformada, a su rechazo radical del imaginario.

“Vivimos todavía, por decirlo de algún modo, en un apéndice secularizado de la Reforma y, en realidad, muchos fenómenos de nuestra época de los que nunca hemos buscado una explicación histórica se remontan a los grandes conflictos espirituales y políticos de los siglos XVI y XVII. “39

“A fuerza de buscar, la Reforma encontró, finalmente, al gran culpable de todos los males de la existencia individual y social: la naturaleza pecadora. “40 Culianu señala además que las circunstancias históricas que lo permitieron fueron poco convencionales: “...estos factores no fueron económicos y tampoco procedían de una pretendida «evolución» de nuestra raza. Por el contrario, las fuerzas que los suscitaron eran regresivas, en un plano psicosocial, e incluso «reaccionarias», en un plano sociopolítico.” Y que paradójicamente les debemos “...la aparición del espíritu que paulatinamente llevaría a la expansión de la ciencia moderna” 41.

Para poder explicar esto, la desproporción y complejidad del proceso, obliga a Culianu a pensar un ejemplo que toma de una observación de la biología evolutiva a partir de una observación reportada de las islas Galápagos acerca de un insecto mutante adaptado a un ambiente inhóspito: “Una mosca áptera –sin alas– es, por definición, una mosca ‘enferma’, cuya mutación debería impedirle la facultad de sobrevivir. Sin embargo, en un determinado reducto ecológico, estas mutaciones, estos productos aberrantes de la naturaleza son los únicos que tienen la oportunidad de preservarse”42. Hay que pensar en islas pequeñas azotadas por vientos, donde no volar es una oportunidad de no ser arrastrado hacia el mar y pereceer. “En cierto sentido, se puede decir que las moscas que vuelan tienen una imagen del mundo completamente distinta de la que poseen las moscas que se arrastran por el suelo, por no tener alas. Pero esta comparación parece implicar un juicio de valor del que se quiere absolutamente exenta. El hombre del Renacimiento y el hombre de nuestra época han conservado quizás la misma forma exterior, pero el último es una mutación psicológica del primero, dentro de la misma especie. Aquellos que afirman que el hombre renacentista sentía, pensaba y actuaba como nosotros se equivocan enormemente. Por el contrario, desde entonces, tenemos la costumbre secular de rechazar de nosotros mismos todo lo que constituía la imagen del mundo del hombre del Renacimiento hasta el punto de que éste se confunde con nuestra «sombra», con aquello que hemos aprendido, por educación, a extirpar y a mutilar en nosotros mismos...”43 –el comentario sigue­–.

A la que, por cierto, Culianu considera que “nació como una mosca áptera”44 que, en los grandes torbellinos de la historia del siglo XVI tuvo la oportunidad de pasar desapercibida y no ser eliminada por la dura selección natural. Esta azotó tan fuerte a las ciencias –mágicas– del Renacimiento que las privó de toda oportunidad de enderezarse.”45 Y le dio a la ciencia moderna una matriz de conciencia fragmentada, que legitimó las parcelas del conocimiento hiperespecializado como algo natural, encubriendo la necesidad empresarial científico-tecnológica del capital como fracciones privadas de valoración.

Aún más, al referirse a su sustrato civilizatorio anterior, señala nuevamente el profundo ejercicio fanático que lo hizo posible y apunta a sus consecuencias: “Nuestra civilización nació del encuentro de varias culturas, cuyas interpretaciones acerca de la existencia humana eran tan distintas que, para realizar una síntesis duradera, fue necesario un profundo cambio histórico, acompañado de una creencia fanática. En esta síntesis, materiales de origen diverso experimentaron una reconversión y una reinterpretación que llevan las huellas de la cultura dominante de la época: la cultura de un pueblo vencido, los griegos, reemplazada por un pueblo conquistador, los romanos.”46 Todo esto resalta el carácter de construcción social intencional de las fuerzas de poder y no simple evolución social natural y lineal en pos del desarrollo y el progreso.

Freire desde Brasil, Germán Zavala en Colombia, junto con Illich y el grupo que logró reunir en los años 70 desde México, representan la emergencia del pensamiento alternativo de América Latina, al mirar hacia las herramientas y las sociedades convivenciales necesarias a construir. “El Tercer Mundo tiene una responsabilidad crucial en la liberación del mundo de sus ídolos del progreso, la eficiencia, el PNB. Sus masas no son todavía presas del hábito del consumo, y especialmente del consumo de servicios. La mayoría de las gentes aún se curan y se albergan y se enseñan unos a otros y podrían hacerlo de mejor manera si tuvieran herramientas ligeramente mejores. El Tercer Mundo podría abrir el camino en la búsqueda de un estilo de aprender para vivir, un estilo que será la preparación de los hombres para el cumplimiento de las necesidades auténticas en un contexto genuinamente humano. Sin lugar a dudas, estas naciones podrían alumbrar el camino para el mundo tan desarrollado como decadente.”47

En la actualidad y ya desde esa línea alternativa al pensamiento occidentalocentrista, es Enrique Leff quien ha enfatizado que este sustrato civilizatorio metafísico continuo, fragmentó y cosificó la naturaleza, el conocimiento y por consecuencia el propio ser humano. Este sustrato espiritual y gnoseológico pontifica como idea-raíz civilizatoria al individualismo a lo largo de toda su historia, provocando la hipertrofia del ego (el pensar autopático -egocéntrico- de Burrow, que cercena comunicaciones vitales humanas al cercenar las interrelaciones orgánicas de un individuo con su medio y su grupo social48). Esto dará pie a la manifestación de la “ditensión: ese modo de atención que tiende a hacer que, del objeto, el interés se desvíe hacia uno mismo, hacia la imagen de uno mismo y su secreto beneficio”49, con la subsecuente serie de visiones intelectualizadas profundas derivadas de ello (geocentrismo y heliocentrismo, antropocentrismo y androcentrismo, eurocentrismo, occidentalocentrismo y anglosajoncentrismo, etc.) que aún se prevalecen en muchas áreas de los campus universitarios de primer nivel.... “El factor sobresaliente de la sintomatología externa de la neurosis es la separación entre el individuo y su medio”. A lo que Read complementa “Estoy seguro que este factor es la única explicación posible de los caprichos de la “cultura y, sospecho, de la inutilidad de la educación moderna.” 50

I. 4. La Violencia. ¿Ontogenia o construcción?

La naturaleza pecadora del ‘individuo’ que la modernidad reivindica con fervor como trágicamente ineludible, fundamentará, mediante el doble vínculo psicosocial pecado-culpa, la naturaleza legítima de la violencia leviatánica (monstruosa) del Estado (Hobbes) dado que para ella “el hombre es el lobo del hombre” y requiere de ser regulado por un ente superior y el consecuente círculo de la violencia implícito –que ya Walter Benjamín describe– entre la violencia fundatriz de una sociedad y su violencia preservacional puntual del dispositivo policiaco (de seguridad pública y de seguridad nacional) y el dispositivo carcelario; mediada por la violencia latente que es la propia ley regular (sistema y dispositivo jurídico) y la eficiente violencia introyectada, autocoercitiva y alienante de la “sociedad infantilizada –aterroirzada–“. Donde “la estética y el individualismo del terrorismo se propagan por el cuerpo social como un virus recorre un cuerpo humano, enfermándolo”51 por todo esto y junto con el dispositivo mediático. La socialización indiscriminada de la ‘maldad innata’ del ser humano y de las culpas presenta al castigo no sólo como inevitable, sino también deseable. De la misma manera que legitimará la cosificación de la naturaleza y de la propia sociedad en su conjunto, dado que el capital existe como fracciones privadas de valoración, las empresas, que a su vez externalizan hacia la naturaleza y las comunidades los costos reales de la producción: La razón al servicio de la omisión intencional como violencia de la conciencia fragmentada –individualismo, especialización y cosificación– de la condición humana y de la naturaleza.

Todo ello reflejado en la actualidad en las sociedades urbanas, en estructuras de poder y administrativas de la salud, la justicia, la educación y el trabajo. Impactando desde ahí sobre la misma sociedad y finalmente sobre el medio ambiente. Al respecto Read concluye: “Nada ha demostrado tan claramente la psicología moderna como la relación recíproca que existe entre la frustración y la agresividad, tanto en los individuos como en la sociedad.”52 El referente de esos pensadores para tales reflexiones fueron los resultados de las dos guerras mundiales generadas desde el corazón mismo de Occidente. El nivel del impacto contemporáneo de este aspecto psicosocial se ve reflejado en los grupos de poder de la elite gubernamental y responsables de las finanzas, con un poder destructivo a nivel social y ambiental mucho mayor a los que Read y Jung tuvieron frente a sí: “La lógica de un poder insensato sin más sentido que el poder mismo”, dice Gustavo Esteva.53 Y que considera “como un mal necesario la violencia social institucionalizada que provoca la marginación y toda su secuela de miseria en la condición humana”.54 Hannah Arendt señaló en 1961 como esta situación nos lleva a la banalización del mal y de la violencia. Hoy esto tiene un peso específico que se traduce “en el peor de los escenarios -comenta Kraus-: nos hemos acostumbrado a la violencia” y con ella se recrudece y amplía sus horizontes y dimensiones, no sólo su intensidad en un continuo de normalidad de la misma.
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