Desde abajito. Plástica social y Ejes de Rearticulación Transcivilizatoria




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Después de innumerables investigaciones desde distintos campos de estudio a lo largo del siglo XX, hoy sabemos que la violencia tiene una construcción social. En La Declaración sobre la violencia, de Sevilla en 1986 dice: “El doctor Genovés se reunió con 14 personas de diversas partes del mundo, cercanos a la violencia: neurólogos, fisiólogos, sociólogos, antropólogos, psicólogos, psiquiatras, historiadores y hasta bioquímicos, para dar al mundo la primera declaración sobre la violencia en 5 puntos. Esta ha sido adoptada por más de 100 sociedades científicas nacionales e internacionales, así como la UNESCO. Estos 5 puntos, son: 1. La violencia no está genéticamente determinada; 2. La violencia no está inscrita en nuestro cerebro; 3. La violencia no viene de nuestro pasado animal; 4. En el proceso de la evolución no ha habido una selección mayor hacia el comportamiento agresivo o violento, que hacia otros tipos de comportamiento, y 5. La violencia no es hereditaria.55 Con la participación de: J. Groebel psicología social–, Hinde –conducta animal–, Ginsburg –genética de la conducta–, S. Genovés –antropología de género, racismo, conflicto y violencia– y R. Leakey –arqueólogo y antropólogo–, entre otros.

Si bien, en algunos campos de la crítica la polémica persiste, al permanecer inscrita aún en el contexto del propio paradigma civilizatorio y Boff cita “un pensamiento de René Girard, estudioso de la violencia, cuando estuvo entre nosotros en 1990 dialogando con teólogos de la liberación: ‘Todo parece probar que las fuerzas generadoras de la violencia en este mundo, por razones misteriosas que intento comprender, a cierto nivel son más poderosas que la armonía y la unidad. Este es el aspecto siempre presente del pecado original, en cuanto que, más allá de cualquier concepción mítica, representa un nombre para la violencia en la historia’.”56

Sin embargo, H. Maturana –biología del amor y biología–cultural–, R. Eisler –socióloga, antropóloga, historiadora, abogada y educadora– son algunos de los que han reforzado la perspectiva conceptual de la construcción social de la violencia. “Queremos contribuir a crear, como un frente de onda colectivo, las condiciones para un cambio cultural ético que nos desentrampe de la convivencia cultural actual centrada en relaciones de desconfianza y control, dominación y competencia propias de la cultura patriarcal-matriarcal que realizamos en prácticamente todo el planeta.”57.

No detener esta construcción “expone el fracaso de la sociedad, de la política, de los modelos económicos y de la cultura”58 en una época. Con ello, en realidad permanece en lo profundo la idea hobbessiana–kantiana (y en última instancia judeo–cristiana) acerca de que el mal (pecado original) esta determinado ontogénicamente en la condición humana.


Pudiéndose anotar mucho al respecto, por lo pronto baste mencionar como se conjuga en los niños y niñas el impacto psicosocial de la naturalización de la violencia que la modernidad occidental ha promovido y legitimado mediáticamente como “esencia” de la condición humana, y que junto con los escenarios escolares de competencia e individualismo y de “’adoctrinamiento de los jóvenes’... para apoyar los intereses del sector social dominante, la gente de mayor riqueza y bienestar, prestar respaldo a las estructuras de poder, sobre todo a las grandes empresas, a los hombres de negocios –así como–, deformar o suprimir las ideas y la información no deseadas”59 Chomsky comenta además que el término de “adoctrinamiento de los jóvenes” es utilizado por la propia Comisión Trilateral para hablar de las escuelas públicas y privadas. Hay que tener en cuenta, como agravante peligrosa, que La Comisión Trilateral es una organización internacional privada fundada en 1973 por iniciativa de David Rockefeller, establecida para fomentar una mayor cooperación entre Norteamérica, Europa, y Japón y está vinculada –ó incluso forma parte de– el Grupo Bilderberg y el Council on Foreign Relations. Ambas organizaciones de amplia reputación elitista y conspirativa oligárquica.

También la incapacidad psicosocial de reconocer y fomentar vivencialmente la importancia y riqueza de la diferencia y diversidad ante lo común y la consiguiente discriminación y violentación al otro –que ejercitan y fortalecen la fragmentación de la conciencia y la precariedad anímica al inhibir y atrofiar nuestra capacidad neurológica innata de emocionalidad empática y de sociabilidad–.

Todo ello, a su vez, relacionado y condicionado con la presencia de los circuitos de las neuronas espejo (G. Rizzolatti, L. Fogassi y V. Gallese) situadas en el área pre motora de la corteza y en las partes inferiores parietales, asociadas al movimiento y a la percepción, así como al lóbulo parietal posterior, el temporal superior y a las regiones que corresponden con nuestras habilidades para comprender los sentimientos de otra persona, entender las intenciones y el uso del lenguaje -área de Broca-. Las células espejo, juegan un papel esencial en la dinámica biológica que está en la base de nuestro entendimiento de las otras personas –evolución del lenguaje–, en el desarrollo de las habilidades sociales, las redes sociales. V. S. Ramachandran piensa que a un nivel más profundo, condiciona el intercambio complejo de ideas que llamamos cultura, así como las disfunciones psicosociales, que pueden ir desde la falta de empatía y la violencia, hasta el autismo.60

Hablamos de circunstancias que terminan reflejándose en patologías psicosociales en niños y niñas, quienes introyectan todo ello hasta convertirlo en un fenómeno estudiable, analizable, clasificable, diagnosticable y atendible: el bullying infantil, esa violencia infantil hacia el otro por parte de grupos homogéneos, ampliamente extendido en escuelas privadas y públicas, aunque con formas externas diferentes de violencia psicosocial, y psicoemocional: amenazas, insultos, apodos, rechazo, indiferencia, etc., que ahora se realiza también como ciber bullying de manera mas fuerte aún y con mas daño.

Esta otra currícula oculta ilichiana se refuerza como introyección vivencial infantil de larga duración en las niñas y niños de las clases sociales oligárquicas –económica, política y mediática–, experimentando en ellos el abandono y la falta de interés por su persona, de parte de sus propios padres enfocados a las actividades de poder –y vistos por el resto de la sociedad como dinero–. Su status económico permite continuar esta construcción de la personalidad en universidades ad oc a su posición y “destino”, para reiniciar el ciclo generacional con nuevas familias del mismo tipo de linaje. Esta es una situación heredable y que determina, a la vuelta de varias generaciones inmersas a esta dinámica dinástica, un particular linaje relacional-emocional –recordando esta dinámicas señalada por Maturana–, de matriz específica que nos ayuda a explicar el nivel de patología psicosocial de quienes terminan decidiendo los destinos de las naciones como la nuestra y explican su incondicionalidad al poder trasnacional, así como su carencia de empatía por la población de la nación propia (Salinas, Cedillo, Fox, Calderón, ¿y el que sigue?; así como la pléyade de empresarios oligárquicos y políticos incondicionales). No es extraño el hecho de que sea muy precario el estudio de este tema psicosocial existiendo tanta tela de donde cortar y teniendo repercusiones históricas tan drásticas en la vida de una nación.

I. 5. Otros elementos de la nueva mirada.

Con aspectos de este tipo, queda claro que retomar ahora el tema de la crisis civilizatoria no significa abordarla sólo desde los elementos contemplados en esa época, ni sólo desde Occidente. Los nuevos elementos a tomar en cuenta, provienen de los nuevos sujetos sociales –que se han abierto paso por si mismos– y los nuevos escenarios del cuestionamiento humano y ambiental que arrojan las circunstancias mundiales.

A lo largo del medio milenio que abarca la historia de la modernidad capitalista ha existido, acompañando a esta modernidad y como verdadera estructura de larga duración de nuestra civilización latinoamericana, este posicionamiento social de fuertes núcleos de las poblaciones indígenas de nuestro subcontinente, en una actitud permanente de rebeldía, oposición y confrontación frente a las estructuras sociales dominantes que se han ido creando y afirmando en América Latina en estos cinco siglos de la mencionada curva de la modernidad. Lo que quiere decir que, desde la conquista española y hasta hoy, y a diferencia de otras zonas de América Latina donde predominan las poblaciones de origen "blanco", "mestizo", o "negro", existe todo un mapa de la América Latina aún fuertemente indígena, que ha resistido con tenacidad y consistencia a la imposición jerárquica, desigual y siempre discriminatoria del deformado y periférico proyecto de la "modernidad" latinoamericana.”61

Víctor Manuel Toledo señala que nuestra perspectiva se amplia también cuando se redimensiona, por una parte, la interacción medio ambiente–producción donde: “Los tres siglos de industrialización capitalista, fincada en el mercado y en la innovación científico-tecnológica, que crearon el mundo moderno, lograron avances espectaculares y llevaron alivio, progreso y seguridad a una parte de la especie, pero no han podido integrar a la mayor parte de la humanidad, y sus efectos sobre el balance ecológico del planeta han alcanzado un nivel de riesgo global sin precedente”. Y por otra, se hace énfasis en que “el mundo social se entiende mejor cuando lo vemos como una batalla permanente entre tres poderes: el político (partidos y estados), el económico (empresas, corporaciones y mercados) y el social (comunidades, cooperativas, sindicatos, gremios).” Y señala la importancia estratégica de fortalecer el poder social: “Este nuevo panorama, revelado por la ecología política, introduce un nuevo elemento al dilema... de ¿cómo se puede luchar por el poder? (la izquierda ortodoxa dice que solamente existen dos vías: la lucha armada o la vía electoral) y da nuevo aliento a la resistencia: ya no se trata de buscar solamente la toma del poder político sino, al mismo tiempo, de construir el poder social. Y este juego de dos pistas que se complementan eleva la potencia política en varios órdenes, y hace de los tiempos no electorales tiempos vivos y llenos de creación.” 62 Como se ve, este punto de vista es determinante para nuestra accionar desde nuestras formas de trabajo estético-pedagogiárico comunitario.

En una de las mejores venas de la educación popular libertaria, el matemático, filósofo, maestro y luchador social colombiano Germán Zavala (correligionario guerrillero del padre Camilo Torres y compañero de investigación de Ivan Ilich) distingue con el nombre de Pedagogiar, el proceso recíproco de enseñanza-aprendizaje multidireccional simultáneo desplegado entre los participantes del mismo proceso, al establecer una relación horizontal de diálogo que intercambia saberes, experiencias y percepciones particulares entre todos los participantes y desde sus intereses y sus propias necesidades y referencias vivenciales. Antes de conocer este concepto, nosotros nos referíamos al proceso de enseñar aprendiendo.

Es por ello importante observar también que a nivel nacional: Aunque incipiente y con pocos resultados, el movimiento social tiene dos vertientes, la que esta enfocada a la creación de espacios propios de resistencia y construcción de alternativas propias en las comunidades en lucha organizada y vinculadas a la producción económica y reconfiguración socio-cultural de las mismas y, por otro lado -aunque no excluyente-, las de resistencia pacífica que se encamina abiertamente a su tercera fase: luego de la denuncia del fraude electoral y el rechazo a la privatización petrolera, las movilizaciones populares se encaminarán a la defensa de la economía popular, mientras se sigue desacreditando y debilitando el gobierno de Felipe Calderón, conforme se dan a conocer los vínculos de las esferas de las oligarquías del poder gubernamental, empresarial-financiero y mediático con los núcleos de corrupción, tráfico de influencias, negocios ilegales, de narcotráfico y del crimen organizado, como en parte documenta valientemente la periodista Anabel Hernández 63

También es patente que el modelo de deterioro cultural a la que esta siendo sometida la sociedad mexicana que le impide tener una acción real sobre el contexto mismo de la sociedad y sobre el contexto del estado en ese sentido y que permite a su vez la erosión a que está sometida la naturaleza, “esta llegando a limites que obligan a pensar seriamente en un proyecto programático de reconstrucción del estado y del país para evitar que se nos caiga a pedazos”, señala Del Val en el mismo SCDS-PUMA. Sin embargo, esta erosión no ha podido acabar con la memoria biocultural de las comunidades, como lo documenta y reflexiona Toledo en ese mismo evento desde la etnoecología en relación a la resistencia biocultural y todas las lecciones que encierra a través de las vivencias y los logros de las comunidades étnico-campesinas en nuestro país y en otros lugares de América Latina y del mundo.

I. 6. Doctrina de shock y Fundamentalismo bursátil.

Por otra parte, es necesario contemplar en el escenario mundial el peso de las políticas internacionales dictadas desde los centros de poder financiero. Para ello es necesario integrar en esta reflexión la investigación de Naomi Kleim y su libro acerca de la Doctrina de Shock. "Un sistema económico que requiere constante crecimiento, al tiempo que elude cualquier serio intento de regulación ambiental, genera una constante corriente de desastres, sean militares, ecológicos o financieros"64, escribe.

De igual manera que en E. U. en la década de los 40 la terapia de shock eléctricos fue utilizada en los pacientes psiquiátricos y “se fuerza a la gente a ser obediente", en los 50 la CIA utiliza esta experiencia para la tortura en sus interrogatorios incorporándola en sus manuales, como forma de “desesquematización” de los detenidos o internados, para reducir a los adultos a la condición infantil, vulnerando su conciencia para “abrir una ventana de condicionamiento”; "Milton Friedman entendió que la atmósfera creada por una crisis de gran escala proveía el necesario pretexto como para invalidar los deseos expresos de los votantes y entregarles la economía del país a los «tecnócratas»", escribe Klein. Con ello se observa nuevamente –al igual que con las neurosis como sociopatología moderna- un patrón que va desde lo psicológico individual a lo psicosocial.

Naomi razona que "si bien el modelo económico de Friedman puede ser impuesto parcialmente en una democracia, requiere condiciones autoritarias para instrumentar su auténtica visión".

"Para que la terapia de shock pueda ser aplicada sin reservas -como lo fue en Chile en los 70, en China en los 80, en Rusia en los 90 y en los Estados Unidos después del 11 de Septiembre, o el tipo de cambio radical que Paul Bremer trató de imponer en Iraq después de la invasión-, es preciso que exista una suerte de trauma colectivo, uno que permita o bien suspender temporalmente la práctica democrática, o bien bloquearla completamente".

"El apetito por ganancias rápidas y de corto término, resultantes de inversiones puramente especulativas, ha transformado a los mercados de valores, de divisas y de inmuebles en máquinas creadoras de crisis, como la crisis financiera asiática, la crisis del peso mexicano y el colapso de las puntocom lo demuestran." Kleim menciona que existen más de 100 crisis de este tipo documentadas en el siglo XX. Y en la actualidad, el siglo XXI se estrena con la mayor de todas.

En entrevista la investigadora comenta: “La idea es que esas crisis, esos desastres, esos choques ablandan a sociedades enteras. Las dislocan. La gente se desorienta. Y se abre una ventana, exactamente como la ventana en la cámara de interrogatorio. Y en esa ventana, se puede introducir lo que los economistas llaman la “terapia de choque económico.” 65

Mas brutal aún es saber gracias al trabajo de Klein, que “todos los propugnadores a muy alto nivel de la economía de libre mercado, desde Milton Friedman a John Williamson, quien es el hombre que acuñó la frase “el Consenso de Washington,” admiten entre ellos, no en público, sino entre ellos, en algo como documentos tecnocráticos, que nunca han podido imponer una cirugía radical de libre mercado si no hay una crisis en gran escala, es decir que la misma gente que propugna que el mito central de nuestra época, que la democracia y el capitalismo van mano en mano, sabe que se trata de una mentira, y lo admite por escrito”66.

“Esta forma fundamentalista de capitalismo ha sido consistentemente traída a la vida por las formas más brutales de coerción, infligidas al cuerpo político colectivo así como a innumerables cuerpos individuales.”67

No hay dudas que los escenarios se recrudecerán de aquí al año 2050, debido a las estrategias diseñadas desde el 1er. Mundo, mediante la Doctrina de Shock en la era del cambio climático. Katrina es el evento inaugural paradigmático de esta nueva era, donde queda muy claro que el debilitado Estado frágil se entrecruza con un clima cada vez más extremoso y con el frenesí ideológico en busca de beneficios y crecimiento a corto plazo. Cabe aclarar que en el caso particular de Katrina, el mal tiempo ni siquiera llegó a ser tan malo, el huracán de categoría Cinco no llegó realmente al lugar. De igual manera, no fue un desastre natural, “la gran ironía del caso es que realmente fue un desastre de esta misma ideología de la que estamos hablando, el abandono sistemático de la esfera pública.” “Primero se debilita la ideología, crea el desastre, y luego éste es utilizado como excusa para terminar la tarea, para imponer -con una renovada fuerza ideológica- una privatización radical de todo, y es lo que sucedió en Nueva Orleans.”68

II.
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