Desde abajito. Plástica social y Ejes de Rearticulación Transcivilizatoria




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que muestre las tendencias del debate, pero también las evidencias del proceso. 81

II. 3. Plástica social y Patrimonio Cultural Comunitario.

Ahora presentamos nuestra visión de cómo redimensionamos el concepto de patrimonio cultural comunitario desde la Plástica social.

Como dijimos antes, siendo muy importante el trabajo realizado de quienes hoy participan en el CNS-DS, creemos que las distintas formas de trabajar en las comunidades por parte de grupos que realizan investigación en el área de la sustentabilidad o el propio desarrollo comunitario, lo han hecho a partir de una caracterización operativa limitada del concepto de comunidad. Esta visión define a la comunidad a partir de los elementos tangibles inmediatos: población, lengua y territorio. Los enfoques más avanzados y comprometidos han incorporado para su trabajo el aspecto fundamental de los saberes comunitarios y sus implicaciones. Esto permitió generar una experiencia muy rica de trabajo en los ámbitos de la salud, la alimentación, el medio ambiente, la organización social y la educación. Sin embargo, pensamos que no ha podido superar ciertos barreras que permitan que el trabajo sustentable enraíce con mayor fuerza y trascendencia en las nuevas generaciones y que, por otra parte, incorpore otros aspectos psicosociales que refuercen a la comunidad y potencien la capacidad de prospectiva comunitaria en pos de la construcción de escenarios de futuro propios y adecuados a sus necesidades y aprovechando mejor las condiciones en las que se encuentran hoy.

Estos enfoques contemplan a su vez la organización social y los sistemas de creencias. Un lugar especial guarda también el reconocimiento de la resistencia cultural, misma que se reconoce asociada a la identidad cultural comunitaria y a su patrimonio cultural comunitario.

Cuando se aborda la perspectiva de trabajo desde este último aspecto es importante considerar para qué hacerlo. Los enfoques posmodenistas neoliberales pretenden hacer pasar por natural la visión que observa los procesos y las construcciones sociales como objetos susceptibles de ser convertidos en mercancías –incluido aspectos del patrimonio cultural–, administradas por las empresas culturales y que en los hechos dan pie –jurídico– para su privatización pasando por encima de los derechos comunitarios de sus creadores. Recordemos que con la modernidad es posible concebir a la cultura como patrimonio con fases de codificación, institucionalización y mercantilización.82

Sin embargo existe también la visión de que esos procesos y las construcciones culturales son partes orgánicas de las comunidades que las hicieron posibles y representan un bien colectivo inalienable. Desde este segundo punto de vista, me limito a hacer referencia a cuatro características del patrimonio cultural: 1) es algo que no existía sino que ha sido creado; 2) proviene directa o indirectamente de la comunidad, de su matriz onírica, de los procesos mitopoyéticos de las mismas. Constituyen y se articulan orgánicamente como parte del cosmos-corpus-praxis de la comunidad; 3) y su valor normalmente esta asociado a cualidades culturales de tipo estéticas y/o epistemológicas, ya sea históricas y/o contemporáneas.

De apreciar estas características se deriva a su vez, una visión estratégica con respecto al mismo: el privilegio de crear patrimonio cultural no es un hecho que aconteció en el pasado como testimonio del esplendor aristocrático antiguo. En la modernidad sirvió también para expresar las individualidades geniales y su obra artística personal que fortalecieron el sentido idetitario social individualista–competitivo que legitima jerarquías elitistas excluyentes. Cuando se concibe como una creación en el presente, se le asocia a las iniciativas trasnacionales que buscan imponer un sentido hegemonista y de identidad homogenizable de la mercadotecnia mediática. En estos enfoques se deja de lado que el patrimonio cultural es principalmente un derecho inalienable de las comunidades, ya que es una de las manifestaciones de su forma vital de ser un ente orgánico.

Desde el enfoque de la Plástica social, queda claro que las mismas bellas artes –en cualquiera de sus disciplinas y épocas–, en tanto que autenticas obras originales y poderosas realizadas por artistas, no dejan de reconocer sus fuertes vínculos con el arte vernáculo, con la vida, saberes y tradiciones de los pueblos y con lo que nosotros denominamos la matriz onírica de la comunidad o de una nación.

De tal manera que cuando Rocker dice: “Lo que aparece en primer término en la obra de un gran artista, que sabe incorporar a su plástica los problemas espirituales de su época, no es lo fortuito de su nacionalidad, sino lo profundamente humano de todos los tiempos, que nos enseña a comprender el lenguaje de todos los pueblos”.83 Es evidente que existe un espacio abierto para la ubicación de estos aspectos en un diálogo que incluya más aspectos a considerar en otro momento.

Desde el ángulo programático, es lamentable la incapacidad histórica institucional de una nación para concebir y articular un programa de política cultural nacional trascendente. Esto evidencia dolo por ignorancia y precariedad. Lo que nos lleva a su vez, a una visión crítica frente al escenario de la modernidad y sus procesos lógicos de aculturación social y homogenización consumista; que requieren, a su vez, de la instrumentación sistemática de procesos de desmantelamiento social comunitario: desarraigo y pérdida de territorios y de identidad comunitaria, correlativos a la racionalidad económica subyacente y que se exacerban de manera brutal con la implementación de las políticas neoliberales a escala global en los últimos 30 años que han impactado dramáticamente sobre la sociedad, las naciones del Sur y el medio ambiente.

Observar esto no tiene intenciones meramente intelectuales o de proselitismo político, tiene implicaciones programáticas e institucionales, sobre las cuales tendríamos un déficit y desfase de ese mismo periodo cuando menos, que es éticamente imperativo reconocer y enmendar: Al reivindicar como un derecho comunitario inalienable el patrimonio cultural comunitario, obliga al respaldado institucionalmente (jurídica, programática y presupuestalmente) tanto a nivel de organismos internacionales y nacionales (federales y locales) para que sea posible ejercerlo. Es decir, si las sociedades han sufrido un proceso de desmantelamiento cultural, es difícil que puedan reactivar su potencial de creación de patrimonio cultural comunitario, mientras están sometidas a las mismas presiones y su incremento por la convergencia de crisis de distinta índole. Por el contrario se requiere inyectarle recursos y un enfoque metodológico de trabajo muy particular que contemple, respete y potencie los propios procesos culturales comunitarios poniendo el acento, entre otras cosas, en el sentido del arte convivencial para la vida. Lo que a su vez está en correspondencia con la necesidad de desatar y fortalecer la creatividad e identidad comunitaria y su arraigo territorial sustentable, como estrategia fundamental para afrontar el futuro con opciones prioritarias propias y viables.

Lo que nosotros como grupo multidisciplinario hacemos es crear una metodología sui generis que implica investigación, producción, documentación y divulgación para poder crear patrimonio cultural tangible por medio de procesos comunitarios y a través del protagonismo infantil. Con ello articulamos conceptualmente las bases que den fundamento a ese reconocimiento y movilización de recursos económicos, materiales y humanos. Desde el propio sector artísitico y cultural, no podemos seguir validando la destrucción por la negligencia burocrática institucional asociada a vacíos jurídicos e ignorancia autolegitimada en el discurso moderno o posmoderno neocolonizado.

De la misma manera que la carencia de recursos ha dificultado la convergencia de los enfoques de trabajo; en términos prácticos, el problema surge también cuando se intenta mostrar que existen otras áreas de trabajo a comprender y articular. Es lógico que el sólo enunciado de la mitopoyesis, de la matriz onírica de la comunidad y de la utopística no resuelve en nada los problemas concretos a abordar en el trabajo diario.

Esta problemática de inclusión, se agudiza cuando mostramos que en realidad la forma de lograr que este tipo de elementos puedan ser incorporados implica, a su vez la introducción de otras herramientas conceptual-metodológicas que sirven de soporte a la intervención estética. Diferenciamos la intervención estética de las intervenciones de investigación académicas antropológicas y psicosociales, en cuanto a que la primera lo hace desde un ámbito eminentemente lúdico-creativo en tanto que intervención plástico-social, mediante el protagonismo infantil en comunidad. También implica el sentido permanente de procesos de co-creación realizados por sujetos participantes.

Es aquí donde aparecen conceptos como la biología del amor, la nosótrica y los implicados propiamente en el programa EEPC-I, como la impronta estética, la cosecha de grillos, la sabiduría infantil, etc. La explicación de esta articulación operativa esta expuesta en el Programa EEPC-I., donde se establecen las bases conceptual-metodológicas que hacen posible crear patrimonio cultural tangible a través del protagonismo infantil mediante un enfoque especial de cómo trabajar con el arte. No nos detendremos en ello, dado que el objetivo de ahora es mostrar que este tipo de articulación de aspectos tangibles e intangibles de operación comunitaria, redimensiona el sentido mismo de aspectos nodulares como es el propio patrimonio cultural comunitario, al incrementarlo y enriquecerlo, no sólo limitandose a preservarlo o aprovecharlo. Más aún, este tipo de trabajo al incidir desde la propia matriz onírica de la comunidad, que podemos concebir como un intangible que provee intangibles más específicos y directos a la comunidad, permite a su vez acrisolar desde la comunidad elementos que se incorporen al patrimonio onírico de la humanidad. Al hablar del Patrimonio Onírico de la Humanidad (Hdez., 2004) como un fenómeno calidoscópico, hago referencia a la multiplicidad étnico-cultural de México en particular y de América Latina en general. Donde la mitopoyesis ha sido tan rica y diversa y la utopística ha permeado toda la Resistencia Cultural de estos pueblos por mas de 500 años.

Para cerrar este capítulo presento el diagrama que ilustra las principales influencias en una vertiente transdisciplinaria de investigación con la que hemos articulado a la plástica social (su exposición se dará en otro momento).

II. 4. Enfoque transcivilizatorio y Dialogo de saberes ampliado.

El corazón fractal de la humanidad es la comunidad”.

FHZ

Ahora se requiere contextualizar la falta de una alternativa transcivilizatoria, en función de ella comprender como se articulan entre sí estos potenciales y de que forma realizar un mejor trabajo. Aquí es donde tendrán que converger todas las experiencias exitosas mencionadas en el diálogo de saberes pero articulado a objetivos utopísticos específicos a construir, brindando cada una de ellas su riqueza.

Enrique Leff al participar en el CNS-DS, ha señalado que se requiere asomarse al futuro y desde ahí realizar propuestas estratégicas de mayor alcance. Por la respuesta obtenida, queda claro que no basta con señalar esto, se requiere empezar a indicar cuales son los ejes de reflexión-construcción para ello, de ahí que lamentemos la falta de espacios y tiempos en los programas de este tipo de reuniones para atender específicamente la construcción de esta nueva agenda de diálogo. Por nuestra parte, lo que observamos en todo esto es que falta reconocer específicamente a la nosótrica y a la plástica social, junto con los saberes locales y comunitarios, la convivencialidad, la racionalidad ambiental y la sustentabilidad, así como el propio diálogo de saberes, como los Ejes Utopísticos de Rearticulación de un enfoque Transcivilizatorio (EU-Ra-Tc). Con ello esperamos contribuir a fomentar el interés y crear las condiciones para ampliar el diálogo de saberes.

Cuando hablamos de un enfoque utopístico transcivilizatorio lo hacemos para enfatizar la necesidad de abordar el futuro desde el presente, de allí el sentido utopístico (wallersteiniano). Al mismo tiempo, es necesario aclarar en que otro sentido lo decimos: Entendemos por transcivilizatorio al enfoque multifactorial que atraviesa en su estudio las distintas dimensiones civilizatorias humanas de la modernidad occidental misma, en tanto que civilización hegemónica contemporánea –en crisis–, incluida las áreas económico-políticas y psico-socio-culturales. Como señala Wallerstein, consideramos que una de sus áreas más importantes de estudio es precisamente el de los ciclos del sistema-mundo capitalista y el de sus crisis, incluida la crisis terminal que converge en este mismo periodo histórico84.

De igual forma se abarcan las dimensiones civilizatorias alternativas de las distintas culturas, sociedades y naciones coexistentes en condiciones de desigualdad y subordinación con la civilización hegemónica, al mismo tiempo que se comprenden precisamente las dinámicas históricas y los impactos de dicha relación civilizatorias desigual y compleja. En este último punto es muy importante estudiar las grandes lecciones de los casos de verdadera resiliencia civilizatoria inscrita en los procesos de resistencia cultural de los pueblos de América latina, dado que de ellos se desprenden innumerables experiencias y visiones de sabiduría alternativa y guardan en su seno ideas-raíz civilizatorias alternas de gran poder y enriquecimiento humano.

II. 5. Perspectiva de enfoque: Ejes de articulación transcivilizatorios:

Por otra parte, para vincular funcionalmente los ejes utopísticos de rearticulación transcivilizatoria (EU-Ra-Tc), es necesario reconocer el ser activo fundamental en las comunidades con sus territorios y el peso especifico de los movimientos sociales; un contenido heurístico-epistémico emancipatorio que abarca los saberes comunitarios y locales mismos, así como el desarrollo sustentable (de enfoque etnoecológico) y la racionalidad ambiental; reconocer en el diálogo de saberes el fundamento y cementante dinámico de ellos; a la plástica social como un modelador convivencial dinámico multidimensional de la condición humana y a la nosótrica como idea–semilla altercivilizatoria.

La historia misma de su emergencia, desarrollo y vinculación determina la relación de estos ejes de articulación, así como la forma en que deben de participar los sujetos y agentes sociales que en él intervienen, a través de diálogo horizontal platicadito.

Como han señalado innumerables investigadores sociales: En la lucha contra el neoliberalismo emergente, los movimientos sociales de nuevo tipo aparecen desde los 60 con una fuerte crítica a los partidos de izquierda, su teoría dogmática y alineada (incluida la opción binaria de la toma del poder –lucha armada o elecciones–), así como a su práctica sectaria y oportunista. Estos nuevos movimientos se van desenvolviendo en múltiples vertientes en los 70, para adquirir gran fuerza en los 80 y 90 en el contexto de la ecología política y los movimientos etnico-comunitarios campesinos y confluir en las distintas ediciones del Foso Social Mundial.

De la misma manera e inspiradas en estas luchas independientes, los EU-Ra-Tc emergen de las experiencias de trabajo en las comunidades y, al mismo tiempo de la revisión crítica de las teorías emancipatorias, así como del avance científico–tecnológico, incluidos los nuevos enfoques de complejidad. Y la atención de quienes participan en este campo, de convertir dicho conocimiento en herramientas convivenciales y no en dispositivos sistémicos de alienación.

Las nuevas líneas de investigación en ciencias naturales y sociales que dieron paso a los enfoques de sustentabilidad y de racionalidad ambiental, coinciden también con ese periodo y en lo particular adquieren una fuerte orientación hacia el trabajo de investigación de campo y con las comunidades. El diálogo de saberes –entre la ciencia y los saberes comunitarios– empezó a ser una herramienta importante al respecto desde entonces. También uno de los puntos del debate gira entorno al papel de la lucha electoral y/o la instrumentación de la lucha social reivindicativa para la creación de zonas de poder popular. Su relevancia esta supeditada a las posibilidades reales de fortalecer el propio movimiento orgánico social y comunitario.

II. 6.
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