Atti del Convegno storico internazionale




descargar 1.75 Mb.
títuloAtti del Convegno storico internazionale
página7/31
fecha de publicación26.06.2016
tamaño1.75 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Economía > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   31

Alessandro Geraldini e la difesa degli “Indios”

1. EL DESCUBRIMIENTO EPOPEYA EVANGELIZADORA


Lo fué ciertamente por sus ideólogos y responsables: Los Reyes Católicos Femando e Isabel: Colón, el «hombre de Li­guria», así llamado por otro italiano al servicio de los mon­arcas, Pedro Mártir de Anglería; Alejandro VI el Papa de las famosas Bulas, y en buena parte por cuantos realizaron esa evangelización a lo largo de tres siglos: frailes, obispos, sa­cerdotes seculares y hasta laicos.

Precisamente a esa calidad religiosa del descubrimiento, se debe el que se esté conmemorando a escala universal la apertura de nuevas tierras, de un nuevo continente a la fe ca­tólica, y que ese continente constituya en la actualidad la mitad de la feligresía católica en todo el universo.

De las calidades cristianas de Colón no cabe dudar. Bien se que se ha pretendido que fuera un converso judío, hasta por su misma afición al oro. Pero quién a lo largo de los sig­los no ha ambicionado el áureo metal, al menos para vivir en la aurea mediocritas del poeta Horacio? Con mayor razón los guerreros y conquistadores de todas las edades, no solo los hispanos, han sido impelidos una y otra vez por esa áurea sed que parece consumir por igual a toda la humanidad.

Pero también lo impelía la fe de nuevo cruzado que años adelante, casi a los finales de su vida, lo hacían pensar en la conquista de Jerusalén como sucesor de los cruzados de los siglos Xl al XIII, que con una fe y un ardor dignos de todo elogio y toda laude, pretendieron recobrar de las manos de los hijos de Mahoma los lugares santos de la redención humana.

Siempre he pensado que no se compadece el pretendido y al menos no probado judaísmo colombino, con la fe católica de que siempre hizo gala en toda su existencia.

Bien es sabido el apego y persistencia del pueblo judío a sus creencias, y las raras conversiones a la fe católica de los descendientes de Abraham. Por algo 5 a n Pablo habla de su conversión como de una de las señales de fin de la huma­nidad.

Y si siendo judío o de ascendencia judaica hubiese actua­do como ferviente católico, se daría el caso de la más insigne simulación. No obstante todo esto, no podría descartarse tal posibilidad, conocidas las lagunas de la vida de Colón, máxi­me en sus primeros años.

Amplia y dilatada obra ha dedicado Alain Milbou al geno­vés, bajo el título: COLON Y SU MENTALIDAD MESIANICA en el am­biente franciscanista español219.

Divide su obra en dos partes: Franciscanismo y mesianis­mo de Colón.

Se refiere en la primera al seglar piadoso, al terciario franciscano, a sus devociones y al misterio de las siglas de su firma, uno más en la vida del Almirante; a su devoción a 5. Juan Bautista y a San Francisco, a la Inmaculada y a la Tri­nidad. Como puede verse, un conjunto religioso poco común en gentes de su clase, en marineros y navegantes, creyentes sí pero poco practicantes e ilustrados.

Válese Milhou para comprobar sus afirmaciones de testimonios y del ambiente de la época, documentos que quizá olvidan con frecuencia los investigadores e historiadores. Porque la tradición religiosa y sus manifestaciones en trata­dos teológicos, devocionarios, prácticas religiosas, iconogra­fia, etc., permitten «comprender la religiosidad de Colón y de los círculos españoles con los cuales estuvo en contacto: acudir a comparaciones frecuentes con la historia de otros países europeos. Como veremos el mesianismo hispánico, le­jos de relacionarse de manera privilegiada con la herencia ju­día, no fué más que una variante, aunque poderosa y relati­vamente tardía, del mesianismo europeo. En lo que a mesia­nismo colombino se refiere, veremos que los rasgos político religiosos atribuidos por Salvador de Madariaga al supuesto origen judío de Cristóbal Colón se dan de manera casi idénti­ca en otros videntes europeos o españoles que no tienen na­da que ver con el judaísmo» 220.

Cumbre y final de su espírito religioso y de su quehacer descubridor, será su mesianismo, causado quizá por la con­quista de Granada a la que estuvo presente, y que empata perfectamente con el de los Reyes Católicos. «Cuando Colón dejó a Portugal para pasar a España, escribe Milhou, llegó a un país en el que el signo de la guerra de Granada empezaba a cambiar: los malos resultados y hasta los fracasos de los años 1481-1484 quedaban postergados con la toma de Abra el 18 de junio de 1484, la de Setenil el 21 de septiembre, y sobre todo la de Ronda el 22 de mayo de 1485, la cual tuvo honda repercusión en toda la Cristianidad. Los Reyes Católi­cos aprovecharon la alegría provocada por la toma de Se­tenil, con ser un suceso relativamente secundario, para con­ferir a su empresa vuelos mesiánicos; un romance, instru­mentado en la capilla real, expresa el deseo de que los Reyes, después de reconquistado el reino de Granada, aniquilen «de cabo a cabo » toda la «seta de Mahoma »,
«Y ganen la Casa Santa

según es profetizado,

y pongan al Santo Sepulcro

su real pendón cruzado »221
Existían, añade nuestro autor, profecías relativas a la re-conquista de Jerusalén por un Rey de España, lo cual lo hu­biera puesto a la cabeza de la cristianidad, y Colón recuerda una de ellas en tres ocasiones.

Nada raro todo lo anterior, pues el mismo Nostradamus parece aludir en sus conocidas profecías al rey hispano que, ante la final invasión europea por nuevos bárbaros, salva ab continente preparando así la venida del Rey inmortal de los siglos.

«La primera apertura hacia la Jerusalén de las cruzadas, añade Milhou, la recibiría Colón en su Génova natal y en sus primeros viajes por el Mediterráneo... Profundamente marca­do por el espíritu mercantil de su ciudad natal, pudo Colón conciliar perfectamente su patriotismo genovés, su sentido de la ganancia, del ahorro y de la familia con su sueño de cru­zada, quizás originado en el Mediterráneo, pero seguramente plasmado en su contacto prolongado con el mesianismo mo­nárquico-nacional hispánico: es lo que aparece a las claras en la Institución del mayorazgo de 1498 y en el Codicilode 1505... Varios especialistas de Colón: Salvador de Madariaga, el P. Pedro de Leturia y Juan Manzano, han visto el punto de partida de la obsesión colombina por el rescate de Jerusalén en su probable encuentro en 1489, bajo los muros de Baeza, con dos franciscanos del convento del Santo Sepulcro, porta­dores de un mensaje amenzador del Sultán de Egipto dirigi­do a los Reyes Católicos. Ahora bien, fué a la llegada de esos frailes cuando Juan Anchieta compuso uno de los romances mesiánicos del Cancionero Musical de Palacio»222.

Pero será a los finales de su vida, exento quizá de otras preocupaciones mayores, cuando se manifieste de modo es­pecial su mesianismo y sus deseos de cruzada para ganar la «Santa Casa ». En carta de 1501 a los Reyes les decía: « Yo dije que diría la razón que tengo de la restitución de la Casa Santa a la Santa Iglesia... » Y se pierde enseguida en citas evangélicas que quizá no vengan a cuento 223.

Y en su carta a Alejandro VI de febrero de 1502: « Esta empresa se tomó con fin de gastar lo que de ella se hubiese en presidio de la Casa Sancta a la Sancta Iglesia »224.

Nada raro que se sintiera poco menos que llamado a res­catar la Santa Casa de Jerusalén, si no le había faltado la idea, como tampoco a otros, de que las tierras descubiertas eran poco menos que las del antiguo paraíso terrenal. «Con esas modificaciones a los esquemas que aparecían en Mende­ville y en Dante, entraba Colón, a pesar de sus especulacio­nes típicamente medioevales, en el terreno de la modernidad: el Nuevo Mundo nacía, en la Relación del tercer viaje, car­gado de tanta dignidad simbólica y sagrada como Jerusalén. Tal dignidad se veía confirmada dos años después, por el ex­traordinario calificativo de «nuevo cielo y tierra», presente en la carta al ama del príncipe don Juan». Por tanto, el Nue­vo Mundo, Nueva Tierra Santa, Tierra prometida, cuya con­quista resultaba más importante para le mundo que la recu­peración de los Santos Lugares. Nueva Tierra Santa sede de una nueva cristiandad que podía igualar y superar a la anti­gua. Y a fe que no se equivocaba: la mitad de los católicos corresponde al continente de Colón. Por ello concluye así Milhou su densa obra: «Hombre de devociones medioevales, heredero del mesianismo medioeval y del sentido medioeval de Jerusalén, llegó sin embargo el Almirante a conferior a Nuevo Mundo la dignidad de la tierra prometida de las Cru­zadas y de las esperanzas milenaristas.

Con él el «nuevo cielo y tierra» que muchos habían si­tuado en la Palestina, se situaría en América, objeto en ade­lante de la codicia, pero también de las ilusiones de los colo­nizadores. Con los anhelos medioevales del Descubridor se aceleraba la llegada de la Modernidad, descentrada de la Je­rusalén mediterránea»225.

Por todo lo anterior, bien se ha dicho que Colón era un iluminado, un místico, casi un profeta de su misión descubri­dora y evangelizadora, que abarcaba no solamente el conti­nente desconocido más allá de la mar océana, sino también y muy posiblemente los santos lugares de la humana redenci­ón. Y por ello pensó en constituírse nuevo cruzado para lle­var a ellas la libertad material y espiritual que nos ganara Cristo con su sangre.

2. LA EVANGELIZACIÓN HISPANOAMERICANA

Tema es éste siempre antiguo y siempre nuevo, sobre el que mucho se ha escrito y resta todavía por escribir. Porque se trata de algo verdaderamente único e insólito en la histo­ria eclesiástica, y porque vendrá a ser el máximo e inespera­do complemento de la predicación apostólica inicial, con más de un milenio de anterioridad.

Predicación y evangelización únicas en todo y por todo:

ocasión, ideólogos, ejecutores, tierras, métodos, éxitos... Nun­ca antes había sucedido cosa tal, y ante su comparación y en conjunto, palidecen las llevadas a cabo en otros continentes.

Podemos afirmar que fué ella continuación de la cruzada político-religiosa contra el invasor musulmán de la península ibérica a partir del siglo VIII, providencialmente detenido en Poitiers por Carlos Martel en el 782. El 1 de enero de 1492 concluía tan tenaz, larga y porfiada contienda con la recon­quista de Granada. Cruzada fué esta lucha, y así lo recono­cieron los Pontífices Romanos. Sixto IV (1471-1484) será su abanderado, y ya el 13 de noviembre de 1479 firma la prime­ra Bula de Cruzada en favor de !a guerra contra los agarenos en !a provincia de Granada. Por ella concedía indulgencia plenaria a cuantos en ella participasen: se volvía, por ende, a los siglos de las cruzadas. E! 3 de junio de 1482 el represen­tante pontificio ante los Reyes Católicos, Domingo Centurión, firma el acuerdo con ellos por el que el Papa atacaría a los turcos y los reyes a los moros. Para los gastos de !a cruzada se concedía a los soberanos la décima sobre los frutos y ren­tas de un año del estado eclesiástico en Castilla, Aragón y Si­ci!ia.Representantes de los reyes on Fr. Hernando de Talavera (1428-1507) posterior arzobispo de Granada y de tanta significación en la historia colombina, y Pedro Martí­nez de Préxamo doctor en teología y posterior obispo de Ba­dajoz (1486) y Soria (1493), muerto en 1495.

Miles de voluntarios extranjeros participaron en esta últi­ma cruzada; franceses, ingleses, alemanes, irlandeses, polacos y suizos. Famosos fueron estos últimos, «hombres belicosos y pelean a pie y tienen propósito de no volver las espaldas a los enemigos», como escribe Hernando de! Pulgar secretario y cronista real. Según Brackman, poseían las mejores tropas de su género en aquel tiempo y fueron los maestros de Espa­ña en el arte militar 226. Años adelante Alejandro VI (1492-1503) concederá indulgencia plenaria a favor de cuantos emi­grasen a América con licencia del Rey de España (1493)227 .

Inocencio VIII (1494-1492) seguirá la línea trazada por su predecesor y renovará año tras año la Bula de Cruzada y las gracias y privilegios a ella atañentes, espirituales y monetari­os, para llevar a buen término la reconquista de Granada, úl­timo bastión agareno en la antigua Hispania. Morirá el 25 de julio de 1492, días antes de embarcar Colón en Palos rumbo a lo desconocido, a la inmortal aventura y hazaña del descu­brimiento. De manera que del 25 de julio al 26 de agosto en que fué elegido Alejandro VI, no hubo Pontífice en la cristia­nidad. Este será el pontífice del descubrimiento y de las fa­mosas Bulas alejandrinas por las que se adjudicaban a Espa­ña las tierras descubiertas con algunas limitaciones respecto de los derechos de Portugal, a la vez que se imponía a los reyes hispanos la obligación de predicar en ellas la fe verda­dera.

Se llega así al llamado PATRONATO REGIO de la corona hispana respecto de la Iglesia hispanoamericana para el asen­tamiento de la fe y la organización eclesiástica y su financia­ción. 44 serán las diócesis erigidas en los años 1511-1815 a cargo, como queda dicho, de los reyes hispanos. Providencial fué el Patronato Regio a no dudarlo, a pesar de los problemas de jurisdicción que inevitablemente habían de surgir. Pero el Pontificado no podía realizar esa evangelización, ni invertir en ella las grandes cantidades de dinero que no tenía. Alegre­mente el escritor colombiano Germán Arciniegas, basado en obra de Ruggero Marino, ha afirmado que fué Inocencio VIII, genovés como el descubridor, el que financiò la obra colombina. En artículo de EL CATOLICISMO de Santa Fe de Bo­gotá, antes de conocer la posición contraria de nuestro cole­ga el ilustre investigador e historiador Paolo Emilio Taviani, afirmamos que habían sido los dineros de la Santa Herman­dad, administrados por Luis de Santángel, los financiadores principales del viaje inmortal. Mal podía financiarlo Inocen­cio VIII con sus arcas casi vacías, y obligado como recuerda Ludovico Pastor, a vender empleos para sus gastos y empresas 228.

Pronto empiezan a funcionar Patronato y evangelización. Es bien sabido cómo ningún eclesiástico viajó en el viaje es­cubridor, pero sí en el segundo en la persona de Fr. Bernar­do Boyl y sus compañeros Fr. Juan Pérez OFM., Fr. Jorge, Fr. Juan de la Deule, Fr. Juan Tisín, Fr. Juan Pané y Fr. Juan Solórzano. Poco durará su actuación evangelizadora, y será Pané el más insigne de esta primera expedición religio­sa, el primero en aprender dialectos indígenas — se le llamó Fray Lengua... — y el que primero escribió sobre temas ameri­canos, exactamente su obrita: De la antigüedad de los indios.

Para 1495 se piden nuevos operarios evangélicos, mas no se sabe si llegaron a La Española. Con el Gobernador Fran­cisco de Bobadilla (1500) llegarán otros frailes, gracias al in­terés del Cardenal Arzobispo de Toledo Fr. Francisco Jimé­nez de Cisneros (1437-1517), y en 1502 con el Gobernador Frey Nicolás de Ovando, una expedición de 17 franciscanos encabezada por Fr. Alonso de Espinal. Una docena más de frailes se embarcará en 1509 rumbo a las Indias. En 1510 hacen acto de presencia los iniciales dominicos presididos por Fr. Pedro de Córdoba (1482-1521) y Fr. Antonio Montesi­nos, los futuros y primeros defensores de los derechos huma­nos en América. En 1511 parten hacia Puerto Rico 22 fran­ciscanos más y en 1514 con la suntuosa expedición de Pedra­rias Dávila, llegan a tierra firme sus primeros evangelizado­res: Fr. Juan de Quevedo OFM. designado obispo de la pri­mera sede en tierra firme: Santa María la Antigua del Darién en la actual Colombia, y sus 17 acompañantes entre francis­canos y clérigos seculares.

Lasdiócesis hasta entonces existentes eran las de 5. Do­mingo, Concepción de la Vega y Puerto Rico. Primeros obis­pos designados fueron García de Padilla OFM. para la prime­ra, Pedro Suárez para la segunda y Alfonso Manso para la tercera. Este arribará a su sede a finales de 1512 y será el primer obispo llegado a las Indias. Quinta diócesis será la de Cuba en 1517, confiada a Fray Juan de Ubite.

No parece que fuera muy adelante la evangelización durante este Primer cuarto de siglo (1493-1518). Y se confirma por lo que hallaron los frailes herónimos y por sus informes a Cis­neros y a Carlos V. A ellos nos referiremos a continuación.

3. LOS FRAILES JERÓNIMOS EN LA ESPAÑOLA

Serán ellos los primeros eclesiásticos investidos de autori­dad civil en las Indias Occidentales. Solamente a un hombre de las calidades de Cisneros — humanas, intelectuales y de gobierno — se le pudo ocurrir enviar tres frailes, desconoce­dores del mundo y del continente nuevo, a tratar de orga­nizar las iniciales tierras descubiertas, inicio y germen de la civilización y cultura, organización y religión en todo el con­tinente colombino. Fueron ellos: Fr. Bernardo de Manzanedo antiguo Prior del Convento de Monta Marta cercano a Zamo­ra; Fr. Luis de Figueroa Prior del Convento de Mejorada de Olmedo (Burgos), y Fr. Alonso de 5. Domingo Prior del Con­vento de San Jerónimo de Buenavista en los extramuros de Sevilla.

Obedientes — frailes, al fin — encamínanse a cumplir el mandato del Regente, arzobispo de Toledo, aunque las dióce­sis indianas pertenecían o estaban sujetas al arzobispado de Sevilla. Arriban a 5. Domingo el 20 de diciemebre de 1516 y se hospedan durante tres días con los franciscanos, pasando luego a una de las casas reales. En carta del 20 de enero de 1517, informaban a Cisneros sobre el viaje y primeras impre­siones. He aquí los apartes que nos interesan: «Muchos da­ños reciben los moradores destas partes de la ausencia de los obispos; porque algunos eclesiásticós viven como gente sin pastor, con harto escándalo de los que los ven, e de los seglares mueren muchos, especialmente indios, sin recibir los Sacramentos, ni hay quien vele sobre ello. Hay muchos de los indios que bautizar, e si son bautizados no lo saben de­cir, por no haberlos instruido e declarado qué cosa es aquel sacramento. Hay tan pocos clérigos, especialmente en San Juan, que según fuimos informados de los indios, pocos o ningunos se confiesan, e así mueren muchos sin confesar. El sacramento de las órdenes, e el de la Confirmación no se ejercen ni se dan, e el Santo óleo no se consagra por no ha­ber obispo presente que lo haga; ni hay quien tenga cuidado de la salvación de estas miserables ovejas. Provea Vuestra Reverendísima Señoría en esto, pues tanto servicio es de Dios...

Los indios se tratan muy bien en esta Isla Española, a lo menos mejor que nunca fueron en tiempo pasado; porque to­dos están sobre aviso, que aunque algunos defectos e muchos comenten cerca de su buen tratamiento, piensan que habien­do de quedar debajo de encomienda, como ahora lo están, que no se han de dejar, salvo a aquellos que los hubieren bi­en tratado... ».229

Como puede advertirse, un buen informe inicial sobre la situación de los indios y no tan favorable sobre la parte reli­giosa. Harta razón asistía a los frailes sobre los daños espiri­tuales por la ausencia de obispos: será precisamente la dióce­sis de S. Domingo con un 34,5%, la tercera de las seis dióce­sis hasta 1620, cón más meses de sede vacante.

Respecto de las encomiendas, esto es, merced o renta vita­licia que se daba sobre un lugar o territorio durante el régi­men colonial español, dos fueron las posiciones halladas y confirmadas: la de los encomenderos y la de los dominicos, protectores acérrimos de los indígenas y totalmente adversos a aquéllas, por las injusticias de quen eran víctimas los amerindios así supeditados a los hispanos. Algunos pedían absoluta libertad para los naturales americanos, lo cual no resultaba fácil y podría venir a ser en detrimento del erario real y de los conquistadores galardonados con las econo­miendas. Fr. Bernardo Manzanedo al informar a la corte, aseguraba que los indígenas eran incapaces de regirse y gobernarse como los españoles, cosa muy natural y obvia por otra parte, ya que se trataba de muy diversas personas y civi­lizaciones, pero que tampoco se podían entregar a los enco­menderos para que los estrujasen y maltratasen. Por ello in­sinuaba tres soluciones: su absoluta libertad pero en pobla­dos, donde pudiese actuar la autoridad hispana y la gente de iglesia para su conversión; hacer encomiendas controladas para lograr el buen tratamiento de los indios; y finalmente que los repartimientos — indios de una localidad que se entregaban a un conquistador para obtener de ellos servicios prsonales — deberí­an ser de solo 80 indios, perpetuos y adjudicados a hombres casados. Se privaría de ellos a los jueces y oficinales reales, se­guramente para evitar abusos de autoridad.

Otra petición fué la de reducir los indígenas a poblacio­nes, cosa nada fácil en América por regla general.

En mayo de 1620 se decreta en La Coruña la libertad de los indios y se encarga al Licenciado Figueroa el ensayo de aldeas libres indígenas que fracasaron por la oposición al en­cargado de hacerlas realidad, por parte de los colonos, y por el modo de ser y vivir de los indígenas.

A juzgar por los informes de los jerónimos muy poco se había delantado, como se recordó anteriormente, y en conse­cuencia no era muy halagüeño el panorama evangelizador que iba a recibir el primer obispo residencial de la isla, nue­stro Geraldini.

Los frailes seguirán informado al César Carlos V: «Tene­mos ordenado que en cada uno destos pueblos, le informan el 18 de eneró de 1518, esté un clérigo para que los instruya en las cosas de la fe, les diga sus misas e administre los san­tos sacramentos... Es menester para la ayuda de salario que les habrá de dar a cada uno destos clérigos, que Vuestra Al­teza mande poner su parte hasta que las haciendas de dichos indios crezcan tanto que la parte de los diezmos baste para pagar los tales salarios» 230.

Inicios, o mejor prosecución la anterior petición del Pa­tronato Regio, y alusión a cuanto los encomenderos debían realizar en favor de los indígenas y sus catequizadores. A aquéllos se los protegía, además, de ser aprehendidos, toma­dos o llevados presos por el interés de cuatro reales, y «en el pregón se ha de salvar que los días de fiesta ni domingos por poder los indios andar a holgar, no se prenda ninguno»231.

Desafortundamente los frailes no recibían respuesta a sus inTormes como lo dicen expresamente al Secretario de sus Altezas Francisco de Cobos, en comunicación del 17 de julio de 1518. Y así lo repiten en carta al Rey del 10 de enero de 1519, en la que le informan que han organizado 30 pueblos « donde se recogiesen los pocos indios que habían quedado, en los cuales dichos pueblos se había puesto mucha yuca, que es el pan de los indios, más de ochocientos mil monto­nes, provisión para más de siete mil personas en un año; e que habíamos hecho traer ornamentos para los Iglesias de los lugares de los dichos indios» 232.

Para colmo de males, la conquista, los malos tratos y las pestes habían empezado a hacer su agosto en la isla, y así lo denunciaba Benito de Prado, Procurador del Concejo de San­to Domingo en información de 16 de abril de 1520, por lo que pide que «de todas partes e naciones pudiesen venir e vengan a poblar en esta dicha Isla Española, sin que para el­lo se necesitara licencia ni otra diligencia ninguna». A la pe­ste que se llevó una tercera parte de los indios, se referían los jerónimos en la citada carta del 10 de enero de 1519 233.

Otro declarante, Juan Fraile, aludirá al despoblamiento de varios pueblos antes poblados de indios, y también al de los campos «e que caciques había muchos cristianos, que la ve ahora toda tan despoblada, que ya no hay caminos abiertos ni quien pase por ellos».

El testigo Hernando Gorjon insiste en el tema y en el abandono de la isla por parte de vecinos y trabajadores, « e por la gran pestilencia que ha habido de las viruelas e sa­rampión e romadizo e otras enfermedades que han dado a los indios desta isla ».

Otro de los declarantes, Juan de Villoria, vecino y regidor de la ciudad de Concepción, afirma respecto de los poblados que «agora los más de los están de tal manera despoblados, que no hay la décima parte de lo que solía» 234.

Coinciden siete declarantes en el despoblamiento, la dis­minución de los indios y en la necesidad de que vengan pob­ladores de otras partes.

Tal, en breve síntesis, el panorama social y religioso de la Española al arribar a ella nuestro Geraldini. Conocería esta nada favorable situación?

Acostumbrado a la vieja Europa, a la corte hispana, a las embajadas a las que lo enviara nada menos que León X, po­demos adivinar su confusión, preocupación y desconcierto al encontrar tal serie de problemas en su diócesis, de la que iba a ser primer obispo residencial. Habiéndola aceptado por amor a Dios y a las almas, y quizá también por personal desánimo al no haberse visto recompensado en sus trabajos en pro de la Iglesia, según pensamos, laborará según sus me­dios y capacidades, atenuadas éstas en lo fisico por los fuer­tes climas tropicales. Circunstancias son éstas que debe tener presente el historiógrafo para juzgar y entender una labor que quizá pudo ser no muy fructiífera, pero que no podía ser ciertamente excepcional, debido a estas circunstancias, a las que cabe añadir los pocos años de su obispado.

4. GERALDINI EN LA ESPAÑOLA

Adivinamos la admiración y casi estupor de Geraldini al arribar al nuevo mundo de Colón. Poco más de 25 años ha­cía que habían llegado los primeros evangelizadores: Fr. Boyl y sus iniciales compañeros. Y a fe que muy poca diferencia existía entre uno y otro en lo relativo a lo socio-religioso, con el agravante de los problemas que surgían diariamente.

Preconizado en 1517 para la sede de Santo Domingo, casi coincidirá su tardanza en llegar a ella con la actuación de los jerónimos, que, valga la verdad, fué más administrativa que evangelizadora. No fué falta suya dicha tardanza en arribar a su sede, sino por culpa de sus compromisos en Europa y las misiones diplomáticas que León X le confiara. Además, el mismo año de su traslado a Indias, asistirá al Concilio La­teranense V.

En 1518 escribirá al Cabildo Eclesiástico de 5. Domingo: «He sabido con cuánto amor habéis recibido a Onofre y Die­go Geraldini mis Vicarios en ese lugar, y con qué benevolen­cia los habéis admitido a las canongías... Por eso yo que por mandato oficial de nuestro Santísimo Señor León X recorrí todas las naciones del septentrión, ahora me apresuraré con ánimo más alegre a llegar a vosotros mis hermanos, situados en las tierras australes... Desde Londres, a los 15 de septiem­bre de 1518»235 .

Pero su viaje tendrá lugar en 1519. Hácese a la mar en Sevilla el 4 de agosto — un 3 de agosto, — 27 años antes — lo había verificado su amigo « el hombre de Liguria ».

A las Canarias arriba después de 8 a 12 días de navegaci­ón, y luego largo navegar de unos 20 días hasta la isla antil­lana. No faltará una tormenta de tres días que les impedirá aportar en Puerto Rico. Pasada ella, logran arribar al puerto «de la nobilísima ciudad de Santo Domingo. Aquí fuí recibi­do con la mayor solemnidad por el pueblo, la nobleza y la magistratura, por ser el primer obispo llegado a esta ciudad, de la cual quedé admirado por haber sido fundada en el bre­ve espacio de 25 años. Los mismos edificios son altos y her­mosos como los de Italia; el puerto capaz para todas las na­ves de Europa; las mismas calles largas y rectas de manera que ni las de Florencia pueden en algún modo compararse a ellas: cierta grandeza de los siglos pasados vi resurgir en nu­estros tiempos. Por lo cual me atrevo a afirmar que si mi pu­eblo abandonase las facciones que en mala hora comenzó, esta ciudad, dejada su menor edad, llegará a tener un gran predominio en la región occidental» 236.

Afortunadamente nuestro biografiado nos ha dejado el texto de su primer discurso, alocución o sermón, ciertamente una bella página pastoral que hace honor a su autor.

«Nobilísimos y queridísimos hermanos e hijos, comenzó diciendo a su auditorio seglar, eclesiástico y religioso: Ha­biendo estado nuestra iglesia tanto tiempo sin verdadero pa­stor, sin verdadero Padre del pueblo, sin obispo instituído por el Dios eterno e inmortal, qué haya podido seguirse de ello, todos vosotros que os distinguís por la notable pruden­cia, claridad de juicio y conocimiento de las cosas, podéis claramente saberlo mejor que ningún otro. Pero yo, obispo de vuestro país... he venido acá para traer al verdadero sen­dero de la Iglesia a aquellos que se apartaron de él...

Prometo en las cosas públicas del país donde pueda ser necesaria la autoridad de la Iglesia, llevar toda la ayuda que pueda a cada uno de vosotros. En lo tocante a los asuntos de nuestra diócesis que pertenecen a la esfera de lo sagrado, es cosa ya vieja la determinación que he tomado, de trabajar con todas mis fuerzas para llevar todo al piadoso, santo y ju­sto camino. Para lo cual yo, indigno Obispo de vuestro país, solicito las oraciones privadas y públicas de todos los religio­sos y de todo el pueblo, pues de esta manera espero que to­das las cosas tendrán el éxito deseado, feliz y dichoso...

Por lo demás, respetabilísimos hermanos e hijos míos, aunque las cosas cosas de la Iglesia deben estar vinculadas principalmente al obispo en cuyas manos está el supremo go­bierno de la fe... teneos por invitados a gobernalas a úna conmigo. Corregidme con amor filial, tened encomendados a todos mis hermanos sacerdotes, a todos los templos de la región, a todos los conventos de religiosos, de manera que si­entan todos haber sido beneficiados con nuestra venida»237.

Nobles y pastorales ideas y afirmaciones las del primer obispo residencial de S. Domingo, que debieron calar muy bondo en los ánimos de todos sus oyentes, que por primera vez veían un Obispo en su ciudad, cuyo programa episcopal no podía ser más sincero, noble y evangélico. La petición que a todos hacía de ayudarle al gobierno de su Iglesia y la filial corrección, debieron producir bonda admiración e impacto en todos sus oyentes.

5. PRIMER OBISPO EVANGELIZADOR

Tendría noticias Geraldini, antes de su arribo a S. Domin­go, sobre la situación de la isla y de su capital diocesana? Tomaría información y actuación ante los no pocos proble­mas que hallara en la isla antillana, crisol inicial de la con­quista y poblamiento del nuevo mundo que nacía a la geo­grafia y la historia universales?

Nada sabríamos responder, aunque bien puede suponerse que no llegará completamente ignaro a su sede de cuanto en ella acaecía. Por desgracia no tenemos noticias concretas sobre el tema, ni nos las dejó él mismo. Cuán bueno y rico para la historia de la evangelización que así hubiese sucedi­do!

Grande problemas y disputas se agitaban ya en la primera ciudad americana, entre ellos la racionabilidad de los indíge­nas sobre la que, aunque parezca extraño, hubo de pronunci­arse oficialmente el Papa Paulo III en 1537. Sobra decir que casi todos los frailes salieron en efensa de aquéllos. Admiraque, al parecer, no se hubiese dudado de la racionalidad de los negros y si de la de los amerindios...

Otro punto debatido fué el de la capacidad de los aboríge­nes para asimilar la cultura europea y el cristianismo, pues muchos informes civiles y eclesiásticos la ponían en duda. Muy pronto se darán cuenta todos de que no eran tan irra­cionales las gentes descubiertas por Colón, y a fe que buena prueba dieron de ello a todo lo largo y ancho del territorio americano.

A Geraldini corresponderá atender los problemas civiles y religiosos, como lo afirmaba en su primer sermón o alocuci­ón. Como los obispos de aquellos tiempos, hará suyos los problemas de los amerindios, y en primer lugar su defensa frente a los encomenderos. Las mismas obras materiales por él iniciadas — la catedral y el asilo — serán nuestras de su de­dicación a otras necesidades fuera de las religiosas.

Muy poco escribirá sobre sus nuevos diocesanos. En el li­bro XVI de su ITINERARIUM aludirá a ellos brevemente. Para él, los habitantes de la Española eran «abiertamente piadosos, según la ley natural. No violentaban a nadie, respetaban el matrimonio. El sumo derecho de lo justo lo tenían grabado en el corazón, no por motivo ninguno de interés, sino por cierta bondad de sentimientos... Creían que las almas son in­mortales y por eso no sentían dolor por los muertos, recibían públicas respuestas de sus dioses que se les aparecían en horribles figuras ». Más adelante afirmará que «vivían en la ley natural (y) se acogen a los templos de Cristo».

En su correspondencia se expresará algo diversamente. En su primera carta a León X, se refiere a los naturales co­mo a «gente falta de razón y consejo, fieros e incultos geni­os humanos», con la doctrina y predicación pacificará «los corazones completamente bárbaros de esos hombres que vi­ven como bestias». Pero escribía de memoria, de oídas, pues su misiva está fechada en Colonia el 30 de junio de 1516. Nos parece leer las afirmaciones de los historiadores latinos sobre los pobladores de Germania, Galia o las Islas Británi­cas...

En su primera alocución al pueblo, religiosos y autorida­des, se había ofrecido a trabajar con todos, y seguramente así lo verificó, máxime a través del diálogo con franciscanos y dominicos sus más inmediatos colaboradores. Organizada y puesta en marcha esa «pastoral evangelizadora», bien pudo dedicarse a otros empeños no menos importantes en materia social que también hacen parte de la evangelización, como dirigida a los seres racionales compuestos de alma y cuerpo.

Fueron ellos: la casa episcopal para la que interesaba a Carlos V, la construcción de un asilo para forasteros e indi­gentes, y la casa de Dios, su catedral, a la que dedicará todos sus pensamientos y empeños.

Así lo declaraba con vigor y elocuencia a León X, al que hablaba del «templo primado» que pensaba levantar en ho­nor de Nuestra Señora de la Anunciación. El nombre del Pontífice, gracias a su benignidad y magnanimidad, iría unido a la construcción catedralicia, primada de América ciertamente por su tamaño y esbeltez.

Italiano, acostumbrado a cortes y a legaciones en Europa, no es raro que se entusiasmase con la contrucción de una bella catedral y así lo refiriese a sus amigos europeos. Des­afortundamente no le fué dado concluir su hazañosa empre­sa. Iniciada en 1523 las obras en piedra, — la primera había sido colocada el 21 de marzo de 1521 — paralízanse los traba­jos al ocurrir su muerte el 8 de. marzo de 1524. Concluída quedará hasta la puerta en noviembre de 1527, en sede va­cante, y siendo Provisor D. Rodrigo de Bastidas posterior obispo de Puerto Rico.

Pero volviendo a la evangelización por Geraldini realiza­da, cual pudo ser ella?

Cuando en historia faltan los documentos, como en el caso presente, debe el historiógrafo adivinar lo que, muy pro­bablemente acaeció, basado en los similares acaeceres de la época..

El catecismo y los catecismos, serán la piedra fundamental de la evangelización en hispanoamérica. Así ocurrirá preci­samente en la Española, en la que el dominico Fr. Pedro de Córdoba escribirá el primer texto para adoctrinar a los indí­genas. Trátase de la DOCTRINA CRISTIANA para instrucción y in­formación de los indios, por manera de historia, escrita en Santo Domingo hacia 1520, que debió de circular manuscrita entre los frailes catequizadores, y que fué finalmente impresa en Méjico en 1544.

Ella será el texto obligado durante muchos años, y de él se valieron seguramente Geraldini y todos sus colaboradores religiosos para llevar a las mentes de los indígenas las verda­des de la fe católica.

Novedad de la primera DOCTRINA CRISTIANA escrita y publi­cada en América, fue estar redactada « por manera de histo­ria », lo cual coincidía con las aficiones y costumbres de los indígenas que a través de sus areitos, (bailes y danzas en los que « dicen sus memorias e historias pasadas »), bien podían ahora aprender las altas nociones religiosas. Nada raro, va­mos a suponer, que se empezase desde entonces a utilizar los gráficos para ayudar a imprimir mejor en aquellas mentes rudas las enseñanzas y misterios de la fe.

Frailes y curas, el obispo y hasta encomenderos piadosos, realizarían esa inicial evangelización de la Española, enco­mendada a Geraldini ya en los últimos años de su vida. Co­mo carecemos de documentos, nada podríamos decir de los progresos y éxitos en labor tan difícil y de tanta trascenden­cia en los inicios evangelizadores.

Geraldini será sucesor de Fr. Pedro de Córdoba en su pu­esto de Inquisidor, encargado de defender la fe católica del contagio de la herejía, lo cual lo obligaba todavía más a luchar por el implantamiento de la fe católica entre los amerindios 238.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   31

similar:

Atti del Convegno storico internazionale iconLeonora. Melodramma in quattro atti, música del Mtro. Mercadante

Atti del Convegno storico internazionale iconRefugio del desdichado, liberación del prisionero, blando regazo...

Atti del Convegno storico internazionale iconEl pollo (gallus del del Gallus del ) es un tipo de las aves domesticadas...

Atti del Convegno storico internazionale iconPanaderia y pasteleria para ser excluidos del iva se requiere de...

Atti del Convegno storico internazionale iconRegulación neuroendocrina del hambre, la saciedad, del peso corporal y del apetito

Atti del Convegno storico internazionale iconManual del Miembro del Programa del Seguro de Salud Infantil chip...

Atti del Convegno storico internazionale iconLa nutrición es principalmente el aprovechamiento de los nutrientes....

Atti del Convegno storico internazionale iconEl síndrome de Asperger (SA) es un trastorno del espectro del autismo...

Atti del Convegno storico internazionale iconEliminación del virus del papiloma humano mediante estimulación eléctrica...

Atti del Convegno storico internazionale iconPresentación a cargo del capacitador de las posibilidades didácticas...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com