Bibliografía básica recomendada 134




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La cuestión de la calidad ambiental y los modelos de crecimiento económico


Cuando nos referimos a las condiciones de habitabilidad del mundo estamos haciendo una reflexión sobre el concepto de calidad ambiental. La calidad ambiental es un concepto complejo, aunque puede contemplarse desde el punto de vista de la integridad de los ecosistemas, y siguiendo a Garmendia et al. (2005) “la calidad ambiental se puede asimilar al mantenimiento de una estructura y función similar a la que se encuentra en los ecosistemas naturales equivalentes. Es decir, que la composición de especies, la diversidad y los ciclos de materia y flujos de energía que se producen, mantengan una estructura equilibrada. Para realizar estas valoraciones es muy importante la conservación de cada uno de los ecosistemas, al menos en una muestra suficientemente amplia, para utilizarlos como puntos de referencia libres de las interferencias humanas”. Este planteamiento, desprovisto del carácter antropocéntrico del medio ambiente, tiene sus ventajas puesto que permite desarrollar índices objetivos de calidad ambiental que surgen de la comparación entre los sistemas naturales y los alterados. De esta forma se introduce el concepto de integridad, donde las áreas naturales46 tendrán una integridad mayor y por tanto una mejor calidad ambiental. Sin embargo, este planteamiento tiene difícil encaje y grandes limitaciones para medir la calidad ambiental de espacios considerados no naturales, como los urbanos, los industriales o los agrícolas.

La acepción más común de la calidad ambiental tiene que ver con el estado relativo de las variables fundamentales del medio biofísico, unas variables que se definen a partir de indicadores de calidad ambiental. El nivel de calidad ambiental puede estar relacionado con las exigencias de salud y seguridad de los seres humanos, de los ecosistemas, y de los bienes. La calidad ambiental está vinculada con dos fenómenos que representan, en escala micro y en escala macro, los problemas que estamos analizando.



Figura 1.1. Relación entre calidad ambiental e impacto

Fuente: elaboración propia a partir de Gómez (2002)
En escala micro, la variación de la calidad ambiental entre antes y después de realizar una acción, permite cuantificar el impacto de esa acción. Esto puede observarse en la figura 1.1.

Por otra parte, en una escala macro, también ha llegado a definirse una relación básica entre la calidad ambiental (o su inverso, la degradación ambiental) y el desarrollo económico, conocida como la Curva de Kuznets Ambiental (CKA), como puede observarse en la figura 1.2 adjunta. Una aproximación que, como veremos más adelante, es objeto de cierta controversia.



Figura 1.2. Curva de Kuznets Ambiental (CKA)
Una vez que la sociedad va adquiriendo conciencia del proceso de degradación y de lo que supone la pérdida de calidad ambiental, este elemento se convierte en una referencia básica dentro del esquema conceptual del medio ambiente. Así la calidad ambiental tiene un vínculo estrecho con el problema de los impactos ambientales y por tanto, como veremos, con todo el proceso de generación de políticas ambientales preventivas destinadas a anticipar ocasiones para evitar la degradación y pérdida de la calidad ambiental. Pero además se iniciará todo una corriente de investigación para valorar económicamente los impactos como forma de conocer la manera en que afectan las decisiones al medio ambiente.

En este contexto de preocupación emergente por el concepto de la calidad ambiental, y ante todo como respuesta a los problemas ambientales derivados del enfoque de economía de frontera, comienza a cobrar relevancia durante la década de los años sesenta el enfoque de ‘protección ambiental’. Así, en los años sesenta del siglo XX, la preocupación de los investigadores económicos del desarrollo empieza a tener más en consideración la problemática del proceso de desarrollo económico en su contexto físico ambiental. Se asume que el desarrollo económico y social debe ser considerado en su contexto ambiental. Boulding (1966) describe nítidamente la dicotomía que existe entre la ‘economía de la cantidad de materias primas’ (throughput economy) y la ‘economía de nave espacial’ (spaceship economy) (véase figura 1.3). De acuerdo con este autor, el objetivo económico de incrementar el producto interior bruto (PIB) usando más recursos para producir más bienes y servicios, contiene la semilla de su propia destrucción.





Figura 1.3. El proceso de desarrollo económico en su contexto ambiental

Fuente : elaboración propia a partir de Boulding (1966) in Glasson et al. (2005)
El incremento del uso de recursos produce no solamente el incremento de bienes y servicios, sino también la producción de más residuos. El incremento de inputs demanda más recursos. De esta manera el medio ambiente se convierte en el almacén para los residuos y la fuente de suministro para los recursos. La contaminación ambiental y el agotamiento de los recursos son invariablemente la herencia del desarrollo económico. El enfoque de protección ambiental que, de forma representativa, tiene la actividad económica en esta década se refleja, en cuanto a las tecnologías predominantes y a las estrategias de gestión ambiental, en el uso de tecnologías de fase final (de final de tubo) que pretenden controlar la contaminación una vez que ésta se ha producido; además de abogar por el uso preferente de mecanismos administrativos o regulaciones legales para enfrentar el deterioro del entorno.

Aunque de forma general en este esquema no se aprecian vínculos fuertes entre las políticas del desarrollo y la protección del medio, ya existen líneas precursoras como el procedimiento de evaluación de impacto ambiental. Como se ha visto, el mandato clave47 de la ley originaria de prevención ambiental, la ley NEPA, señalaba la necesidad de estimar los efectos ambientales cuando una acción importante pueda tener un efecto significativo sobre la calidad del medio ambiente humano. El concepto de calidad ambiental se funde así con el concepto de medio ambiente humano en esta fundamental y original disposición normativa. Esto deja claro desde un principio el carácter antropocéntrico que tiene el concepto medio ambiente en el contexto de la evaluación de impacto ambiental.

Como hemos visto anteriormente, a principios de la década de los setenta el primer Informe del Club de Roma sobre los límites al crecimiento plantea un conjunto de medidas correctoras que debían aplicarse, ya en 1975, para remediar la situación prevista en el modelo: reducción de la producción industrial, reorientación de las actividades humanas hacia los servicios educativos y sanitarios, mejora de la producción de alimentos básicos, y fomento de políticas de reciclado de los residuos. El informe “Los límites al crecimiento” plantea desde una perspectiva científica, pero con la simplificación propia de un modelo, la necesidad de un conjunto de cambios y de acciones para evitar el colapso que prevén sus trabajos. Estos resultados ponen en cuestión la viabilidad del crecimiento como un objetivo económico global, quedando según Naredo (1996) “en entredicho las nociones de crecimiento y desarrollo utilizadas en economía”.

En los años setenta y en este contexto, Sachs -consultor de Naciones Unidas para temas del medio ambiente y desarrollo- propone la denominación ‘ecodesarrollo’ como término para representar un compromiso que intentaba conciliar la necesidad de aumentar la producción, como venían reclamando los países del Tercer Mundo, con el respeto a los ecosistemas a fin de mantener las condiciones de habitabilidad en el mundo. Este término comenzó a utilizarse en los circuitos internacionales de gestores y académicos interesados por las cuestiones ambientales y por el desarrollo. No obstante, el término ‘ecodesarrollo’ tuvo un recorrido corto en su primera etapa. En el año 1974 se intenta incorporar este concepto a la agenda política a partir de la declaración de Cocoyoc, que recogía las conclusiones de un seminario de alto nivel promovido por las Naciones Unidas en el que participaba el propio Sachs. Finalmente, un movimiento diplomático48 provocó una revisión del vocabulario de la declaración, y en particular del término ecodesarrollo, que de esta manera vino a quedar vetado49 en estos foros. Pero el término ecodesarrollo acabaría por seguir teniendo presencia las siguientes décadas: Colby y Sagasti (1992) citan al ecodesarrollo como uno de los cinco enfoques en el debate acerca de las relaciones entre medio ambiente y desarrollo; mientras que Pichs (2001) señala que “más recientemente ha comenzado a abrirse paso con mayor vigor el paradigma del ecodesarrollo, presente en el debate internacional de los años 70 y que pretende lograr una integración entre factores y objetivos sociales, económicos y ecológicos, desde una perspectiva de largo plazo”. Este término adquiere importancia hasta el punto de que autores como Naredo (1996) sugieren precisamente que el término ecodesarrollo “lo sustituyó más tarde aquél otro de desarrollo sostenible, que los economistas más convencionales podían aceptar sin recelo, al confundirse con el desarrollo autosostenido (self sustained growth) introducido tiempo atrás por Rostow y barajado profusamente por los economistas que se ocupaban del desarrollo”.

Desde la perspectiva de los modelos de crecimiento económico, en los años setenta podemos encontrar modelos ampliados en los que la función de producción considera el supuesto de que los recursos naturales son agotables50; aunque en este período adquieren más importancia las tendencias que destacan con nuevas aportaciones al modelo de crecimiento que tratan de encontrar una explicación endógena al proceso de crecimiento. Los modelos de crecimiento endógeno se diferencian de los exógenos al ofrecer a los decisores políticos, desde el punto de vista político, la posibilidad de influir sobre el crecimiento. Entre estos modelos puede destacarse el de Krautkraemer (1985) ampliando el de Dasgupta y Heal (1974), donde se introduce el papel de los recursos naturales tanto en la función de producción como en la de utilidad, y se obtiene como resultado que se cuidará el medio ambiente sólo si los agentes económicos tienen en cuenta la calidad ambiental y si hay suficiente sustitución entre el flujo de recursos y el stock de capital, de modo que el incremento de la cantidad de bienes de consumo tiene un coste necesario para la sociedad.

Los modelos endógenos de crecimiento pretenden definir y establecer, de manera interna, la dinámica que permite unos rendimientos no decrecientes para el factor capital en soluciones de equilibrio dinámico con un crecimiento positivo de la renta per cápita. En la década de los años ochenta51 podemos citar también las aportaciones de Romer (1986), Lucas (1988) y Barro (1990), o los trabajos de Grossman y Helpman (1990), que establecen modelos en los que la inversión de recursos en proyectos de investigación y desarrollo genera un progreso tecnológico de forma endógena, de modo que conforme seamos capaces de introducir un número mayor de innovaciones estaremos en disposición de alcanzar un mayor nivel de crecimiento a largo plazo.

Sin embargo, los modelos de crecimiento económico, tanto los exógenos como los endógenos, siguen presentando limitaciones derivadas del papel a largo plazo de los recursos naturales y del sistema ambiental, ya que analizan la dinámica de la actividad económica sin tener en cuenta de forma explícita las interrelaciones existentes entre el sistema económico y el medio ambiente. Pero no puede dejarse de lado que el uso que se haga del medio ambiente puede llegar a afectar a la situación de las generaciones futuras sin que éstas reciban necesariamente una contraprestación. Por esta razón el análisis de la dinámica económica conviene que tenga presente un conjunto de restricciones medioambientales que Siebert (1998) concreta en cinco: (1) el sistema ambiental acumula una serie de contaminantes persistentes en el entorno durante años, décadas o hasta miles de años, que ejercen, por tanto, efectos a largo plazo y pueden afectar a generaciones futuras; (2) existe la posibilidad de que determinados contaminantes provoquen un daño irreversible en el equilibrio ecológico que los agentes económicos sean incapaces de solucionar; (3) si bien algunos sistemas ambientales son capaces de regenerarse a través de procesos naturales delicados, las emisiones de contaminantes pueden afectarles nocivamente y restringir la posibilidad de autorregeneración; (4) el stock de capital se pasa de una generación a otra, sin que exista a corto plazo la posibilidad de que se pueda modificar, ya que la movilidad del capital y del trabajo es insuficiente; (5) cabe señalar lo mismo respecto a la tecnología, ya que se transmite a generaciones futuras y las reglas institucionales existentes establecen los incentivos para introducir nuevas tecnologías, por lo que dichas reglas ejercen un efecto significativo sobre el futuro.

Diversos autores siguen trabajando desde el campo de la economía en nuevos modelos para incorporar efectivamente a los modelos de crecimiento económico las externalidades negativas consecuencias de los problemas y límites prácticos del crecimiento, como es la contaminación del medio ambiente derivada de los procesos productivos. Entre éstos, Escot y Galindo (1999) presentan su propuesta para un modelo de crecimiento económico y medio ambiente, en concreto un modelo de crecimiento económico con externalidades negativas por contaminación. Para ello introducen en la función de producción unas externalidades negativas como consecuencia de la contaminación del medio ambiente. Se intenta de esta manera contemplar el hecho de que una vez que se incorpora el medio ambiente en el proceso de crecimiento, cuanto menor es su capacidad de absorción de la contaminación generada por el proceso productivo, menor será también la capacidad productiva global de la economía. Como siguen explicando Escot y Galindo, esta hipótesis está basada en el doble papel que juega el medio ambiente en el proceso productivo. Por una parte dota de recursos naturales al proceso productivo, y por otra ha de recibir los residuos que genera el propio sistema. Existe una relación negativa entre estos dos papeles, ya que cuanto menos capacidad posea el medio para asimilar la contaminación generada, mayor será el deterioro y menor la cantidad de recursos naturales disponibles para el proceso productivo. Este modelo de crecimiento puede ofrecer una guía de medidas para las políticas económicas medioambientales que tengan como objetivo maximizar la renta per cápita a largo plazo. Esto puede conseguirse mediante el diseño de medidas que tratasen de influir sobre la relación existente entre el stock de capital y la calidad del medio ambiente. Y también con medidas destinadas al fomento de la investigación y desarrollo encaminado a tecnologías más limpias y menor consumo de recursos naturales, subvenciones a proyectos de reciclaje y de reducción de emisiones.

Como puede observarse, existe una preocupación entre los investigadores de los modelos de crecimiento acerca del papel de la variable ambiental en los procesos productivos y en los factores determinantes del crecimiento económico. Sin embargo, a pesar de que la analítica es cada vez más afinada desde el punto de vista de la realidad económica, las vinculaciones de la actividad productiva -y de la actividad humana en general- con el sistema ambiental, no llegan a precisarse con una profundidad equivalente al cuerpo metodológico de la analítica económica convencional.

Por este motivo, mientras que los autores citados anteriormente han trabajado sobre el problema del desarrollo y las relaciones entre el desarrollo y el medio ambiente, otros científicos de las disciplinas económicas se han preocupado por encontrar la forma de integrar el medio ambiente en el campo económico, considerando de forma explícita las relaciones entre el sector productivo y la calidad ambiental. En esta línea los estudios para vincular el sistema socioeconómico y el ambiental tienen una importancia crucial. La cuestión a que nos enfrentamos está relacionada con la posición que ha de tener la economía respecto al medio ambiente, sobre si se ha de ‘economizar el medio ambiente’ como mantiene la comunidad científica de la economía ambiental; o si se ha de ‘ecologizar la economía’ como sostiente la comunidad científica de la economía ecológica.

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