Los Efectos de la Ingeniería en el Aspecto Humano Carlos Osorio M.(1)




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4. Los efectos de la ingeniería en la sociedad del conocimiento


Con el advenimiento de las nuevas tecnologías, la sensación de mutación y cambio tecnológico se ha hecho más palpable y con ello la importancia de la ingeniería en las decisiones de la sociedad. Las nuevas tecnologías están en la base de una economía global o “economía informacional”, caracterizada porque la productividad y la competitividad se basan de forma creciente en la generación de nuevos conocimientos y en el acceso a la información adecuada, bajo nuevas formas organizativas que atienden una demanda mundial cambiante y unos valores culturales versátiles.

En contraposición a la pluralidad de las sociedades del pasado, para algunos autores hoy se asiste a un único sistema de sociedad propiciado por la tecnociencia. La tecnociencia es un concepto que no hace grandes distinciones entre la ciencia y la tecnología, pues su espacio de contextualización está definido por la Investigación y el Desarrollo I+D de las empresas y agencias tecnocientíficas; a diferencia de la ciencia y la tecnología, que eran promovidas ante todo por comunidades de científicos e ingenieros. Las nuevas tecnologías de información y comunicación conforman un sistema tecnocientífico, entre otros, el cual está posibilitando el nuevo paradigma tecnoeconómico y con ello la emergencia y el desarrollo de una nueva modalidad de sociedad, la sociedad del conocimiento(7).

Este nuevo sistema tecnocientífico que implica un nuevo paradigma tecnoeconómico, se caracteriza por una nueva forma de sobrenaturaleza que depende en gran medida de una serie de innovaciones tecnológicas. Según el filósofo español Javier Echeverría (1999), se trata de una sociedad de tercer entorno, posibilitada por una serie de tecnologías, entre las cuales mencionaremos siete: el teléfono, la radio, la televisión, el dinero electrónico, las redes telemáticas, los multimedia y el hipertexto. La construcción y el funcionamiento de cada uno de esos artefactos presuponen numerosos conocimientos científicos y tecnológicos (electricidad, electrónica, informática, transistorización, digitalización, óptica, compresión, criptología, etc.), motivo por el cual conviene subrayar que la construcción de este tipo de sociedad, sólo ha comenzado a ser posible para los seres humanos tras numerosos avances científicos y técnicos. Esta sociedad es uno de los resultados de los sistemas tecnocientífcos y por ello ha emergido con más fuerza en aquellos países que han logrado un mayor avance tecnocientífico.

Estamos ante una transformación de mayor entidad basada en un nuevo espacio de interacción entre los seres humanos, en el que surgen nuevas formas sociales y se modifican muchas de las formas anteriores. Se está modificando profundamente la vida social, tanto en los ámbitos públicos como en los privados, el sistema tecnocientífico incide sobre la producción, el trabajo, el comercio, el dinero, la escritura, la identidad personal, la noción de territorio, memoria y también sobre la política, la ciencia, la información y las comunicaciones y la educación; los trabajos de Manuel Castells, entre otros, apuntan a aclarar este tipo de implicaciones.

Es esta sociedad, llámese E3, sociedad mundial, "aldea global", "tercera ola", "ciberespacio", "sociedad de la información", "frontera electrónica", "realidad virtual", etc. en donde la ingeniería y los ingenieros han tenido un papel como en ninguna otra sociedad del pasado. Han sido en gran parte los constructores del nuevo sistema tecnológico, en una multiplicidad de espacios de acción que van desde los niveles micro, nano, genético, molecular, atómico e incluso subatómico; pero también social, cultural, económico, etc. Nadie ha vivido más profundamente en este mundo de artefactos vivientes que los ingenieros y es precisamente este mundo el que todos los demás estamos viviendo, pero este mundo no es igual para todos. Y es aquí donde quisiéramos introducir un comentario final.

A manera de cierre


Hemos visto cómo los sistemas tecnológicos, y en particular con el ejemplo de las nuevas tecnologías, son sistemas de tipo intersocial, es decir, sistemas que producen importantes cambios sociales, afectan a varias sociedades a la vez, en períodos diferentes de tiempo y a ritmos diferentes. Se construyen en procesos de economías transnacionales, sujetas igualmente a contextos políticos internacionales, en donde sabemos muy bien que algunos países se benefician más que otros, en la medida en que son productores y reguladores a la vez del acceso al conocimiento científico-tecnológico.

Pero en su acepción original, la ciencia, la tecnología y la ingeniería, y por extensión, los sistemas tecnológicos, son bienes públicos; la definición que dábamos al comienzo acerca de la ingeniería, muestra el sentido profundamente humano de dichas prácticas. Un bien público es aquel que una vez producido, puede ser consumido por más de una persona al mismo tiempo. Sin embargo, que un bien como el conocimiento sea (o pueda ser) de libre acceso no significa que beneficie o esté en condiciones de beneficiar a todo el mundo, es decir, que todos puedan acceder a él. El mantenimiento de bienes (realmente públicos) exige un esfuerzo considerable para asegurar que todo el mundo tenga un acceso potencial a esos bienes (López, 2000). En otras palabras, hay que hacer un esfuerzo para que todo el mundo y en particular los miembros más desfavorecidos de una sociedad tengan acceso a las tecnologías y se beneficien de ellas (según Rawls citado por López y Luján, 2002).

Se trata pues de considerar que cada miembro de la sociedad posee una inviolabilidad fundamentada en la justicia, que el bienestar de los más favorecidos no puede anular. Hay que reconocer que los individuos más desprotegidos deben acceder a los beneficios de los sistemas tecnológicos, en condiciones de igualdad de oportunidades. Y de otro lado, deben ser reconocidos ciertos derechos políticos y humanos que les permitan participar en las decisiones relacionadas con la orientación del desarrollo científico-tecnológico de la sociedad. Y es en este punto donde también la ingeniería puede jugar un papel fundamental, a diferentes niveles y en particular en los procesos de formación de sus ingenieros.

Si formamos ingenieros más sensibles y mejor preparados acerca de su papel en la sociedad, conscientes de que su actividad no se circunscribe a la esfera técnica, sino que transita de la técnica a lo social, frente a lo cual debe aprender a tomar decisiones que afectan a los colectivos humanos, así como al medio ambiente; muy seguramente podremos contribuir a que la tecnología sea realmente un bien público. La educación puede contribuir a formar ingenieros en la búsqueda y desarrollo de sistemas tecnológicos más participativos, que incorporen los intereses y requerimientos de las personas, incluyendo a las más desfavorecidas; y a la naturaleza en un sentido responsable.

Referencias


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Notas


(1) Profesor de la Escuela de Ingeniería Industrial y Estadística de la Universidad del Valle, en Cali, Colombia.
Miembro de la Red Iberoamericana de Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación, de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura –OEI-.

(2) Para una aproximación a los estudios en Ciencia, Tecnología y Sociedad, véase: González et al. 1996.

(3) Algunos autores hablan de determinismo duro y blando. El determinismo suave o blando, más que concebir la tecnología como agente causal en sí misma, reconoce su importancia pero la ubica respondiendo de forma discriminada a las presiones sociales, económicas, políticas y culturales. Mientras que la visión dura concibe el desarrollo tecnológico como una fuerza autónoma, absolutamente independiente de las restricciones sociales.

(4) Tales enfoques hacen parte de los Estudios en Ciencia, Tecnología y Sociedad, por ejemplo, el llamado enfoque social-constructivista de la tecnología, el cual enfatiza en el papel de los actores sociales relevantes (no las relaciones de clase como sucedería en el determinismo histórico-social) de un determinado proceso de desarrollo tecnológico. En este enfoque el conocimiento tecnológico es tratado de una manera simétrica, imparcial y los hechos son vistos a lo largo de sus transformaciones. Los artefactos tecnológicos son tratados como constructos sociales. La construcción social de la tecnología permite explicar la participación de las personas en los procesos de innovación, desde el juego de las interacciones. Considera que el proceso de innovación de un artefacto es multidireccional, en contraste con un modelo unidireccional, a partir de la alternación de variación y selección del artefacto. Y es allí donde interviene el papel de los grupos sociales relevantes que comparten el bloque de significados respecto de los problemas y expectativas relacionados con los diversos artefactos que compiten en el proceso de selección. Las situaciones socioculturales y políticas de los grupos relevantes involucran normas y valores, las cuales a su vez influencian el significado dado al artefacto (Pinch y Bijker, 1987). De las distintas interacciones de los grupos sociales respecto de los artefactos, se ve crecer y disminuir el grado de estabilización de éstos últimos. Estabilización que no solo se relaciona con la conciencia de los miembros del grupo social respecto del artefacto; también se trata de estabilización económica del artefacto en un determinado mercado, sobre la base de diversos diseños y no del “mejor” diseño, para llegar a una clausura del proceso. La clausura de la tecnología envuelve la estabilización del artefacto seleccionado y la desaparición o redefinición de los problemas del mismo frente a otros.

(5) El marco de referencia del concepto de paradigma técnico–económico podemos encontrarlo en la teoría de las ondas largas del desarrollo económico, postulada por primera vez por Kondatrieff y luego retomada por Schumpeter. Para Schumpeter, la explicación básica del fenómeno de ondas largas consiste en que las diferentes épocas económicas estarían asociadas con racimos (clusters) de tecnologías. Una fase de ascenso se caracteriza por la aparición de un nuevo conjunto de tecnologías e industrias, el cual estimula la inversión y la expansión de la actividad económica. A su vez, el agotamiento de cada fase se vincula con la desaceleración del cambio tecnológico y la disminución de las oportunidades de inversión. La teoría intenta explicar los ciclos de cincuenta a sesenta años que ha experimentado la economía mundial, con veinte o treinta años de prosperidad seguidos de otros veinte o treinta años de crecimiento muy desigual, de recesiones e incluso depresiones económicas. La explicación sería el surgimiento de innovaciones en las revoluciones tecnológicas sucesivas, así como las dificultades de su asimilación.

(6) En La “Belle Epoque”, subyace el poder estructural del acero, las oportunidades de la electricidad y de la química moderna; en el “Boom Keynesiano” de la postguerra, liderado por los Estados Unidos, resultó en infinitos campos de aplicación de la producción en masa y petróleo barato, empezando por los automóviles y los electrodomésticos, el armamento y la petroquímica.

(7) Otros ejemplos de sistemas tecnocientíficos, son: la conquista del espacio, los polímeros, los nuevos materiales, la tecnomedicina, el proyecto genoma, el internet, las nanotecnologías, la biotecnología, etc. (Echeverría, 2004).
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