ColeccióN «teohia y realidad»




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LA CRITICA Y EL DESARROLLO CON INDICE

INDICE


INDICE 1

1975 3

Introducción 3

La teoría de las revoluciones científicas 3

¿Lógica del descubrimiento o psicología de la ivestígación? (1) 55

THOMAS S KUHN. 55

Universidad de Prineeton 55

Contra “la Ciencia Normal” 79

Jo H N WATKINs 79

London School of Economics 79

La distinción entre Ciencia Normal y Ciencia revolucionaria ¿resiste un examen? 93

Sthephen Toulmin 93

UniverSity of Michigan 93

La Ciencia Normal y sus peligros 104

KARL P0PPEIr 104

London School of Economics 104

La naturaleza de los paradigmas 113

MARGARET MASTERMAN 113

Cambridge Language Research Unit 113

La falsación y la metodología de los programas de investigación científica (1) 147

IMRE LAKAT0S 147

London School of Economics 147

Consuelos para el especialista 266

PAUL FEYERABEND 266

Consideración en torno a mis críticos’ 302

THOMAS S, . KHUN 302

La Historia de la Cieiicia y sus reconstrucciones racionales * 351

IMRE LAKATOS 351

Notas sobre Lakatos 396

THOMAS S. KUHN 396

IMRE LAKATOS y ALAN MUSGRAVE (eds.)

COLECCIÓN

«TEOHIA Y REALIDAD»

Estudios críticos de filosofía y ciencias sociales Dirigida por Jacobo Muñoz

1. LA DISPUTA DEL POSITIVISMO EN LA SOCIOLOGÍA ALEMANA, por Theodor W. Adorno y otros

2. SOCIEDAD ANTAGÓNICA Y DEMOCRACIA POLÍTICA,

por Wolfgang Abendroth

3. GEORG LUKACS. El hombre, su obra, sus ideas, por G. H. R. Parkinson

4. EL COMUNISMO DE BUJARIN, por A. G. L5wy

5. LA ESTRUCTURA LÓGICA DE «EL CAPITAL», DE MARX, por J. Zeleny

6. HISTORIA Y DIALÉCTICA EN LA ECONOMÍA POLÍTICA,

por Otto Morf

7. MARX EN LA SOCIOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO,

por Hans Lenk

8. LA CRÍTICA Y EL DESARROLLO DEL CONOCIMIENTO, por J. Lakatos y A. Musgrave (eds.)

9. MARXISMO Y REVISIONISMO, por Bo Gusta fsson

10. CORRIENTES ACTUALES DE LA FILOSOFÍA DE LA CIENCIA, por Gerard Radnitzky

11. EL MARXISMO ITALIANO DE LOS AÑOS SESENTA, por el Instituto Gramsci (ed.)

12. SOCIOLOGÍA Y LINGÜÍSTICA, por Frithjof Hager, Hortmut Haberland y Rainer Paris

13. EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE GRAMSCI, por F. Fernández Buey (ed.)

14. IDEOLOGÍA Y CIENCIAS SOCIALES, por Robin Blackburn (ed.)

LA CRITICA

Y EL DESARROLLO

DEL CONOCIMIENTO

Actas del Coloquio Internacional (le Filosofía de la Ciencia ceh n Londres eii 1965

Tradu castellaua de

FRANCISCO HERNÁN

Introducción por

JAVIER MUGUERZA

COLECCIÓN TEORÍA Y REALIDAD

8

EDICIONES GRIJALBO, S. A.

BARCELONA - BUENOS AIRES - 1ÉX1CO, D. F.

y otros

1975

Introducción

La teoría de las revoluciones científicas


(Una revolución en la teoría contemporánea de la ciencia)

por JAVIER MUGUERZA

1

Pocas obras dentro del panorama de la teoría contemporánea de la ciencia han conquistado una tan vasta audiencia y promovido discusio nes tan enconadas como The Structure of Scientific Revolutions (1962) de Thomas S. Kuhn,’ profesor hoy de historia de la ciencia en la Uni versidad de Princeton tras de haberlo sido durante algunos años en la de Berkeley, California. Originariamente programada como parte de la serie Foundations of the Unity of Science, que en su conjunto integra los dos primeros volúmenes de la International Encyclopedia of Unified Science, la aparición del libro de Kuhn surtió el efecto de un estrepi toso zambombazo en el contexto —últimamente más tranquilo y apa c:ble de lo que cabría desear para un contexto filosófico— de la tradi cion epistemológica del positivismo bajo cuyos auspicios se iniciara en su día aquella serie. E incluso, cosa no muy frecuente dentro de se mejante género literario, la onda de la detonación rebasaría ampliamen te los confines de la ciudadela positivista, o cualquier otra ciudadela academica, hasta hacer llegar su eco a los suburbios de la crítica con tracultural de la imagen establecida de la ciencia en las modernas so ciedades tecnocráticas como lo muestra la mención aprobatoria de la que son objeto algunas de las tesis de Kuhn en la bien conocida crónica de Theodore Roszak The Making of a Counter Culture.

La obra de Kuhn era, en efecto, una de esas obras que «estaban

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1. Lakatos & A. Musgrave Crítica y conocimiento

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haciéndose esperar» y «venían a llenar un hueco», de suerte que el don de la oportunidad nadie se a/reverá a negárselo actualmente, cua les quiera que hayan podido ser sus dudas al respecto hace ahora diez años. Quienes ya por aquellas lechas apostaron a su favor —entre los que modestamente uno se cuenta— no tendrían, en cualquier caso, grandes motivos para sentirse halagados en su vanidad como augures, pues el pronóstico, a decir verdad, no resultaba demasiado difícil. Con sus virtudes y defectos estilísticos, desde la concisión de un texto clásico al esquematismo de un manifiesto, la pequeña obra maestra de Kuhn tocaba aunque no fuera a veces más que de pasada los tres o cuatro puntos claves sobre los que se había tornado urgente abrir debate en la materia; y lo hacía, en algunos casos sin que el autor diese la sensación de ser consciente de ello, desde unas perspectivas que por su apertu ra de horizontes contrastaban de modo ventajoso con el estrecho parro quialismo de la epistemología positivista imperante.

He aquí algunas ilustraciones de lo que trato de decir.

Como historiador de la ciencia, Kuhn ha reconocido en más de una ocasión su deuda con el historiador francés Alexandre Koyré, de quien parece proceder en buena parte su desconfianza hacia la concepción acumulativa del progreso científico. Quienes en nuestro país se hallan familiarizados con la epistemología anglosajona de los últimos años no lo suelen estar, en medida pareja por lo menos, con la epistemología francesa coetánea. Y ni siquiera cabe decir que viceversa, pues quienes se hallan familiarizados con esta última acreditan por lo común una ignorancia sin fisuras acerca de la primera. Pero quienes en uno u otro caso constituyan la excepción que confirma la regla general no habrán dejado a buen seguro de reparar en la aparente analogía entre las «re voluciones» o los «cambios de paradigma» de Kuhn y las «rupturas», «cortes» o «discontinuidades» en la historia de la ciencia de que hablan nuestros vecinos, desde Gaston Bachelard a Michel Foucault, pasando por algunos discípulos de Louis Althusser tales como, entre otros, Mi che! Fichant y Michel Pe’cheux. Dejando aparte la probable comunidad de su origen, todavía es más probable, sin embargo, que la analogía de esas nociones no pase de superficial. Entre los althusserianos, para citar tan sólo ese botó;z de muestra, un corte epistemológico acostumbra a ser concebido a la manera del corte de una cinta que inaugura entre charangas la flamante pista asfaltada de una ciencia donde antes no hubo más que un mísero camino de herradura precientífico. No es pre ciso advertir que de tamaña simplificación no se encuentra el menor

rastro en la obra de Koyré ni, desde luego, en la de Kuhn, para quien las revoluciones en las ciencias son por lo pronto hechos de su historia y no de su prehistoria. Eso las hace, en cualquier caso, fenómenos bas tante más complejos de lo que parecen creer cuantos confunden la tarea de distinguir entre ingredientes científicos e ingredientes meta físicos —o, como hoy se diría más bien, ideologías— con el intento maniqueo de separar el grano de la paja dentro de un paradigma dado valiéndose al efecto de burdas mallas y de toscos cedazos epistémicos (en el caso de los althusserianos, ínfinitamente más burdas y más toscos que los tradicionales aparejos positivistas, a su vez fracasados en e! intento). El papel de Koyré, en especial por lo que atañe al reconoci miento de la relevancia heurística detentada por aquellos factores me tafísicos o ideológicos en la génesis de las teorías científicas, lo han venido a desempeñar dentro del mundo cultural de lengua inglesa una serie de historiadores que discurren desde Edwin A. Burtt hasta Gerd Buchdahl. Pero lo cierto es que —salvando muy contadas excepciones, de entre las que acaso Kuhn sea la más sobresaliente— su influjo en la literatura filosófica escrita en ese idioma apenas si logró hacerse notar, debido al aplastante predominio ejercido sobre ella por el posi tivismo, más que a través de alguna que otra cita ornamental a pie de página.

Es muy cierto, por lo demás, que el racionalismo crítico de inspira ción popperiana —que asimismo se sirve del inglés como vehículo ex presivo preferente— ha demostrado desde siempre una despierta sen sibilidad hacia aquella problemática (sensibilidad que incluso se ha agudizado con el tiempo si la hemos de juzgar por el desplazamiento de títulos tales de su bibliografía como, pon gamos por caso, The Nature of Philosophical Problerns and thejr Roots in Science del propio Karl Popper y The Nature of Scientifjc Frobiems and their Roots in Meta physics de su heterodoxo seguidor Joseph Agassi, por no hablar de otros miembros de la escuela todavía menos escolásticos como Imre L o Paul Feyerabejid) Como se habrá de ver más adelante, sin embargo, las divergencias entre el enf oque popperiano de la ciencia y el de Kuhn cuentan bastante más que sus afinidades. Para aludir tan sólo a una cuestión ya mencionada anteriormente, Popper coincidiría con Kuhn en denegar que la ciencia progrese por acumulación de solu ciones a problemas puesto que lo que en su opinión hace la ciencia al pro gresar no es sino suscitar nuevos problemas. Ello no obstante, Popper se muestra con vencido de que hay una acepción en que el progreso de

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1. Lakatos & A. Musgrave

Crítica y conocimiento

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la ciencia podría dejarse caracterizar por la asintótica aproximación a la verdad que da sentido a la confrontación entre teorías científicas rivales, Y si el historiador o el mismo hombre de ciencia le objetasen que, por debajo de su retórica grandilocuencia, dicha caracterización no tiene demasiado que ver con la efectiva práctica científica, Popper res pondería que desde un punto de vista filosófico —cualquier cosa que sea lo que esto último pueda querer decir— no le interesa exactamente cómo proceda de hecho aquella práctica, sino cómo tendría que hacerlo si la ciencia ha de seguir siendo considerada una actividad racional. Aplicada al examen del desarrollo del conocimiento científico, esa acti tud normativista habría de permitirle, entre otras licencias, divorciar a la epistemología de cualquier clase de consideraciones psicológicas y sociológicas acerca de la ciencia. Y, aunque no fuera más que en razón de ese divorcio, lo menos que cabría decir del tratamiento popperia no de la cuestión es que se halla a cien leguas del que Kuhn juzga necesario dispensarle. La psicología y la sociología resultan para Kahn insoslayables en el examen no ya del desarrollo, sino del mismo método científico. Y en sus trabajos, en efecto, Kuhn se refiere a ellas con frecuencia, barajando cuantos posibles resultados de una y otra —desde la psicología evolutiva de Piaget a la investigación de los condiciona mientos psíquicos de la creatividad científica, desde la historia social de la ciencia estilo Bernal al estudio de la organización de las comuni dades científicas en el plano institucional— permitan extraer alguna conclusión interesante tanto a título histórico cuanto metodológico.

De hecho, su célebre distinción entre «ciencia normal» (esto es, la presidida por un determinado paradigma científico) y «ciencia extraor dinaria» (esto es, la caracterizada por la crisis del antiguo paradigma y su sustitución por uno nuevo) no habría sido posible, ni se manten dría en pie, sin el concurso de la psicología y la sociología de la ciencia. Mas Kuhn no se limita a considerar a esa distinción imprescindible para la historia de la ciencia —si prescindirnos de ella, ciertamente, no ¡jabría manera de dar cuenta de lo que pueda ser una revolución cien tífica—, sino que en más de una ocasión ha insinuado (aunque tal vez no haya hecho más que insinuarla) su indudable fecundidad a efectos filosóficos. Pues si se acepta la precedente distinción, cabría al menos pensar en distinguir dos modos diferentes de ejercitar la racionalidad en el dominio de la ciencia, distinción ésta que se ahorran cuantos rechazan como execrable manif estación de historicismo la introducción de cualquier clase de elementos extrínsecos al incontaminado devenir d la

razón científica en nuestro esfuerzo por conseguir hacer inteligible tal proceso. No es lo mismo, por ejemplo, el ejercicio de la razon (lo que se llamar quizá la «racionalidad intraparadigmática») por parte del científico medieval que no discute la vigencia de la astronomía ptolomeica y se afana en multiplicar los epiciclos con el fin de paliar anoma lías que el ejercicio de la razón (lo que quizá cabría llamar la «raciona lidad interparadigmática») por parte del científico renacentista que en un momento crítico— tenia que decidirse por Copcrnico mediante una elección entre diversas teorías contendientes (incluida, además de las dos, la de Tycho Brahe), echando mano para ello de testimonios empíricos y argumentos lógicos... y. si éstos no bastasen, de cualesquiera otros recursos disponibles, desde los aprestados por su propia capaci dad de imaginación hasta los inducidos por la emergencia de una nueva mentalidad en la más amplia dimensión del vocablo. No se trata por tanto solamente, aunque también sin duda haya algo de eso. de hacer justicia por igual a la concepción internalista y a la externalista de la historia de la ciencia, sino de ensanchar el campo de acción de la razón humana más allá del puñado de regias de procedimiento —contrastacion, derivación, etc.— de quienes, como los positivistas, han precedido reducirla a un mero trámite administrativo en los negociados de la lógica y la experiencia. Por silencioso que el positivismo haya per inanecido acerca de semejantes posibilidades y/o necesidades de la razón, son muchas otras las corrientes de la filosofía contemporónea que han sentido la tentación de interrogarse acerca de ellas. Husserl vio en ese interrogante la única salida de lo que dio en llamar «la crisis de las ciencias europeas», y en la misma creencia le han seguido no sólo buen número de fenomenólogos sino asimismo algún que otro repre sentante de orientaciones filosóficas diversas.’ ¿Y cómo no apreciar que una pregunta afín alienta, con todas las variantes que se quieran, bajo la insistencia de no pocos teóricos marxistas de la ciencia en se guir viendo en la «dialéctica» uva instancia complementaria de la epistemologia convencional? 11 En cuanto a la filosofía analítica, por ultimo, la llamada «visión pragmática de la ciencia» de Quine —par ticularmente influyente en el pensamiento de Kuhn, como este último ha cuidado de resaltar más de una vez— parece responder en eran me- ¿ida a análogas demandas.12

Es muy posible, desde luego, que no todas esas inerez can identica atención Más aún, acaso sea dudoso que resulten COln tibies en alguna medida, lo que tan sólo dejaría de ofrecer d’ para

- CRÍTICA Y CONOCIMIENTO

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1. Lakatos & A. Musgrave

quien quiera aglutinar alternativas tan dispares en un brebaje sincre tista de difícil ingestión.’ Pero su coincidencia en el empeño, por lo menos, contribuye a mostrar que el problema —el problema, a saber, de si la actividad de la razón (y, por lo pronto, de la razón científica) se habrá de constreñir invariablemente a la rutina del paradigma de turno o le será por el contrario dado trascenderlo, con virtiéndose así en empresa revolucionaria— es un problema importante al que vale la pena hacerle frente en lugar de orillarlo o pasarlo por alto.
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