ColeccióN «teohia y realidad»




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La distinción entre Ciencia Normal y Ciencia revolucionaria ¿resiste un examen?

Sthephen Toulmin

UniverSity of Michigan


La contribución del profesor T. S. Kuhn a este Symposium puede asumirse desde dos ángulos: bien como una crítica del modo que Sir Karl tiene de tratar la filosofía de la ciencia, a la luz de las diferencias con las propias opiniones del profesor Kulin, bien como un paso más en la evolución del análisis d proceso dci cambio científico de Kuhn. Voy a tratar aquí del segundo de estos aspectos. Dírigi mi atención hacía determinados ct significativos en la que parece ser la po sición actual de Kuhn con respecto a la que adoptó primeramente en

su trabajo «la fundación del dogma en la investigación científica», leído en el Worcester College, Oxford, en 1961,’ y después en su libro I Estructura de las Revoluciones CientílicaS, publicado en 1962. Y a la luz de estos cambios, indicará cómo podríamos conseguir sobrepasar la teoría de la “revolución científica” de Kuhn para llegar a una teoría mas adecuada del cambio científico.

El gran mérito de la insistencia del profesor Kuhn en el carácter revolucionario” que algunos cambios tienen en la teoría científica es que ha obligado a mucha gente a enfrentarse por primera vez con la total profundidad de las transformacj0 conceptU que de vez en cuando han marcado el desarrollo histórico de las ideas científicas. Sin embargo, desde el principo estuvo claro para muchos observadores que la manera que tuvo Kulan de manifestar originalmente Su posíciófl era, al menos en dos aspectos, provisionaL Algunos de nosotros hemos estado esperando con interés ver en qué dirección le llevaba su propio

Li BROS CiTA12O

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1. Lakatos & A. Musgr

desarrollo intelectual. En primer lugar, aunque su elección de la paja bco “dogma” sirvió bastante bien como título de un sugerente artícuj en la reunión del Worcester College, no hacía falta más que un examea un poco más cuidadoso para revelar que su verdadera efectividad br taba de cierta exageración retórica o juego con las palabras. (Decir que “toda la ciencia normal descansa sobre un dogma” era como decir “todos nosotros en realidad estarnos locos”; lo cual puede ser punto de interós en una ocasión particular, pero...)

La naturaleza de este juego con las palabras se hace evidente si com. paramos la aplicación del análisis de Kuhn a los Principia de Newton, considerados como el documento que crea la mecánica clásica, con su aplicación a la Optica de Newton, que tanta influencia tuvo en la física del siglo xviii. Considerando en primer lugar los Principia podemos establecer la siguiente observación de caracter filosóficoc7’Ia función intelectual de un esquema conceptual establecido es determinar los modelos teóricos, las preguntas significativas, las interpretaciones le gítimas, etc., que delimiten el campo dentro del cual se realice la espe culación teórica, en tanto que ese esquema conceptual específico con serve la autoridad intelectual dentro de la ciencia natural a que se refiere. 1 es —repito— una observación de carácter filosófico, que indica algo de lo que está implícito al decir que los —procedimientos científicos, tanto en el área teórica como en el área práctica, son “me tódicos”, y están marcados por el simple buen sentido. Sin embargo, esta observación de ninguna manera establece que el “dogma” tome par te alguna en la teoría científica. Por el contrario, para los físicos entre 1700 y 1880 era totalmente razonable —y nada dogmático— aceptar la dinámica de Newton como su punto de partida provisional. Y siem pre queda abierto a los científicos desafiar la autoridad intelectual del esquema fundamental de conceptos dentro del cual están trabajando de manera provisional; y este permanente derecho a desafiar la autoridad es una de las cosas que (como Sir Karl ha dicho con insistencia) ca racterizan a un procedimiento intelectual como “científico”. Dicho sea de paso, este aspecto filosófico fue expresado de manera más clara y menos ambigua hace unos veinticinco años por R. G. Collingwood en su An Essay on Metaphysics, función intelectual de los “paradig mas” de Kuhn es precisamente la de las “presuposiciones absolutas” de Collingwood.

Por otra parte, si tomamos como ejemplo la Optica de Newton, podemos establecer la siguiente observación sociológica: por parte de

j

fila en la ciencia hay una tendencia a ver horizonte intelectual de la materia con la

y a 5tringir la elección de hipótesis mediante

sus datos, respetando las propuestas que les hace

jinera fila, a quien ellos consideran su maestro y a ,nagistT se somete \Ésta es una observación más so : en este caso, puede decirse que el “dogma”

un papel en la evoluC de las ideas científicas.

de la sabiduría en todo intento que se haga por compren eza de la evolución intelectual en la ciencia debe estar en enue la autoridad intelectual de un esquema conceptual es- la autoridad magistral de un individuo destacado\ Y sólo

r o, la teoría corpuscular de la luz por respeto a la autoridad de t los uaba de segunda fila insisten en retener, pongamos bwici incluso después de que se hayan propuesto otras teorías con

- apoyo experimental como ella, sÓlo entonces la palabra “dogma” ) 1mpottanci pata la ciencia.\

al pasar de su artículo de Oxford a su libro de 1962, abon- ________ central entre “ciencia normal” y “revoluciones científicas” - nsistencia en el término “dogma”, peto intentó mantener una latgo del libro consideró que la idea de “revoluciones” tiene al poder para iluminar y explicar determinadas fases del cambio

idio provisional. Como sabemos por la historia política, el tér También a este respecto su análisis fue en el mejor de los

•ie,olución» puede servir como rótulo descriptivo útil; pero

ya largo tiempo que ha perdido su valor como concepto eXpli Hubo un tiempo en que cuando los historiadores se enfrentaban

d . . .y entonces hubo una revolución”, y nada más: la impli It políticos particularmente drásticos, estaban preparados

- era que, cuando ocurrían cambios tan drásticos, no podía darse

explicación racional del tipo que exigimos cuando se trata de 1os políticos normales. Pero a su debido tiempo se vieron obli 1* reconocer que, de hecho, el cambio político nunca implica una

- ildad tan completa y absoluta. Si se consideran la Revolución ,k R Americana, la Revolución Rusa, en cada una de con en la estructura y la práctica política y adminis son tan importantes como los cambios. (Considérvse r ejem Li legal americano, la práctica rusa de escoltar a los turistas Jgo francés de la herencia: la revolución polítiCa trivo como

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136

1. La

‘ratos &

efecto carnb cada una de estas cosas sólo ms rg 1

dos de cosas correspondientes en cada país antes y los lución en cuestión fueron mucho más similares qu ‘ de y posrevolucionarias en los diferentes países.) las condicj esfera política, los enunciados acerca de la ocurren e n que, son sólo preliminares a las preguntas acerca de 1 de “revo1ud cos implicados en el cambio revolucionario, Como “ mecanismos

en el nivel ezp

tivo, la diferencia entre cambio normal y cambio revolucionario esfera política resultó ser, después de todo, una iferencia so1a de grado.

La posición que el profesor Kuhn adoptó en su íbro siempre me parecido que requería unas especificaciones similar es. Según ese r mento, las diferencias entre las clases de cambio q ue tienen Iuga mute las fases “normal” y ‘revolucionaria” del esarrollo cieni son, a nivel intelectual, absolutas, Como resultado, la descripción por él iba demasiado lejos al implicar la existencia en la teoría ca de discontinuidades mucho iris profundas r me explicables las que de hecho ocurren. En so aboyo artículo, P arece que se t un poco de esta posición suya originaria a una rrI extrema; i embargo (como trataré de demostrar), esto tiene co mo efecto demd completamente su distinción original entre fases “ y lucinarias”. No es ésta su intención evidentemente, pero la conclus en (en mi opinión) inevitable.

a explicar por qué digo esto con io ayuda o de una analo tomada de la historia de la paleontología desde 1t hasta 1 Durante esos años, uno de los das sistemas Paleont más iL yentes, expuesto primero por George Cuvier en Frars ncia y amplia tc desarrollado por Louis Agasrir en Harvard, se C en tO a la teoría de las “catástrofes, Esta teoría subraya ba las pro discontinuidades que se encontaban en la geología ‘ la paleontol0 Tuvo ci mérito considerable de desafiar la confortabl suposic L constituía un axioma metodológico bósico para los segu de Ja Hutton, incluyendo a Charles Lyril en sus comienzos) de que todos agentes implicados en ci cambio geológico y paleon t inorgánico como orgánico— habian sido cxactamente de los tipos, y habían actuado exactarnonte de los mismos modos en ca fase de la historia de la Tierra. Sir embargo, Cuvier, partiendo de original y real observación de las discontinuídades geo llegó 1 insistir en que estas discontinuidodes mostraban clnran la eXiSta

sUPratut es ducir, ca1LO J repcaoi

r exnlicados cci térnlanos me procesos risicos y

5

las disconti nadades cran muestra evidente de

su ;uIcl 1

éstas (al igual que las revoLuciones originales de los

,olíticos) eran algo intelectualmente inabordable. Cuan decía “.. entonces hubo una cataStrofc , esto significa

: 0 ninguna explicaci racional del cambio en en términos de mecanismos geologicos naturales tales Como

cuenta de la formación de los estratos sedimentarios nor $ r ejemPlo. Esta interpretación teórica de las discontinuidades

y p fue demasiado lejos. En algunos respectos, que se evidenciaban discontinuidades en la corteza terrestre

sn tan profundas como decía Cuvier pero a proscguir la inves resultó que ní eran universales en extensión ni estaban más

¿e toda esperanza de explicación razonable

¿ se resolvió esta oposición entre la teoría uniformista y la de las catástrofes? Éste es el punto significativo para nuestro

pduiw. Dos clases de cosas ocurrieron. Por una parte, los geólogos

y le, paleontólogos uniformistas de la generación de Lyell se vieron

poco a poco, a reconocer que algunos de los cambios que

_________ el tema de sus investigaciones de hecho habían tenido

m drásticamente de lo que hasta entonces ellos habínn supues : Darwin, por ejemplo, observó en la costa de Chile los efec rentes terremotos que habían alterado la posición relativa de

estratos geológicos hasta unos veinte pies en un flfljcO tem de nerra, y este descubrimiento convenció a Lyell de que los te toa pasados podían, después de todo, haber sido más rigurosos

él había supuesto anteriormente. Según esto, del lado uní-

tas las ide . .

as se icieron progresivamente mas catastroficas

tanto en 1

e campo catastrofista las ideas evolucionaron en sen uesto. Lotus Agassiz, en particular, encontró que sus estudios

a multiplicar el número y disminuir el tamaño de las

. Como res ola que invocar para explicar los hechos geológicos

• u tado, lo que en un principio fueron “drásticas e mex catastrofes, al cabo de algún tiempo llegaron a Ser tantas i

vohiéndo an disminuida que empezaron a evidenciar uniformi

Ó. Como t enomenos geológicos y palcofltOlógicoS

mecanjcjss pretenst6n de que no estaban abiertos a la ex-

o naturalista dejó de ser la y se hizo

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1. Lakatos & A. Musgr

1

incontestable —incluso en su caso— la necesidad de dar al Clase de descripción de los mecanismos implicados. En una palabra, lo que en un principio fueron “catástrofes” dejaron de serlo y se volvieron tan uniformes y sujetas a leyes como cualesquiera otros fenómenos geo. lógicos y paleontológicos. Lo que los paleontólogos catastrofistas j apreciaron inmediatamente fue que este cambio aparentemente moceo. te dentro de la estructura de su teoría destruía su criterio para distin. guir entre “cambios normales” (o naturales) y cambios “catastróficos” (o supranaturales) en la corteza terrestre y que iz propia distinción entre lo “normal” y lo “catastrófico” se había venido abajo.

Voy ahora a explicar esta analogía. Tal como yo veo la actual ex posición de la postura del profesor Kuhn, se ha separado de la dicoto. mía original “normal”/”revolucionaria” en la misma dirección que Agas. siz se separó de la teoría original de Cuvier. Una vez más fue impor. tante y merecía la pena insistir, en un principio, en que la evolución de las ideas científicas implica, a veces, cambios tan drásticos que introducen profundas incongruencias conceptuales en las ideas acepta das por sucesivas generaciones de científicos. Ninguna teoría del desa rrollo y la evolución científicos sería educada si dejase de reconocer y hacer justicia a estas discontinuidades intelectuales. En sus trabajos an tenores —tanto en el libro de 1962 como en e articulo de 1961— caracterizó como absolutas a estas discontinuidades “revolucionarias”. Estas discontinuidades creaban una situación en la que había, inevita blemente, una total incomprensión a nivel teórico entre los defenso res de los viejos sistemas y los de los nuevos sistemas de pensamiento científico; por ejemplo, entre un partidario de la vieja dinámica new toniana y un partídario de la nueva dinámica einsteiniana. Esta incom prensión era inevitable porque, a la hora de organizar su experiencia, los dos hombres no compartían un lenguaje común, ni un punto de Vis ta común, ni siquiera una gestalt común. En consecuencia, ni el lengua je newtoniano ni el einsteiniano bastaban para explicar un punto de vista a los defensores del otro.\El hecho de ocurrir una “revolución científica” (parecía que) ponía los intentos de comunicación tan com pletamente fuera de lugar que la incomprensión estaba garantizada.

Sin embargo, en esta forma de presentar las cosas siempre había una componente de exageración retórica, tanta como en el uso que de O palabra “dogma” hizo Kuhn en un principio. Después de todo, las carreras profesionales de numerosos físicos se extendieron desde

Crítica y onoc1mtehtt0

wtO’ al einsteifli000. Si el colapso de la comunicación I trata como característica esencial de una revolución

c tífica se hubiera manifestado efectivamente durante este período, cie odérselo documentar a partir de la experiencia de los hombres e cuesti ¿Qué es lo que encontramos? Si ci cambio conceptual en implica la transición fuese tan profundo como Kuhn pretende,

stos físicos en todo caso parecieron curiosamente no darse cuenta de ello. Por el contrario, muchos de ellos pudieron decir, después del acontedm por qué habían cambiado ellos su propia postura perso nal de clásica a relativista Y cuando digo “por qué”, quiero decir “cuáles on las razones. .“. Sin embargo, si tomamos a Kuhn al pie de la letra, tal cambio de postura SÓlO podía haberse producido como resultado de una “convets n”— la clase de cambio de opinión que un hombre tendría que describir diciendo: “No puedo seguir vien do a la naturaleza del mismo modo que lo hacía antes , o si no, como resultado de “causas” más bien que de “razones”, “Einstein era verdaderamente tan convincente o “Me encuentro que he cambiado sin saber por qué...” o “Eso significaba dejar mi trabajo...”.

Según esto, puede concederse que la evolución del pensamiento científico lleva consigo importantes discontinuidades conceptuales, y que los sistemas conceptuales que se desplazan uno a otro en el inte rior de una tradición científica pueden con frecuencia estar basados en principios y axiomas muy diferentes e incluso incongruentes; pero debemos guardarnos de seguir todo el tiempo con la originaria hipó tesis “revolucionaria” de Kuhn. Porque el desplazamiento de un siste ma de conceptos por otro es algo que ocurre por razones perfectamente aceptables, aun cuando estas determinadas “razones” no puedan ser formalizadas en conceptos aún más amplios, o axiomas todavía más ge nerales; lo que ambas partes presuponen en tal debate —tanto aquellos que se agarran al viejo punto de vista, como aquellos que enuncian uno nuevo— no es un cuerpo común de principios y axio mas, sino que es más bien un conjunto común de “procedimientos de selección” y “reglas de selección”, y éstos no son tanto “principios clentificos” como “principios StjtUtlVOS de la ciencias (Que pueden cambiar, también, durante el curso de la historia, como Imre Lakatos ha demostrado en el caso de los criterios de demostración matemática, pero que lo hacen más lentamente que las teorías a las que juzgan habitualmente.)

Supongamos, pues, que concedemos a Kuhn que las incoflgrUeflc

1890 a 1930, y estos hombres vivieron el cambio del sistema de pensa

14

IC

1 1

1. Lakatos & 11.

conceptuales entre ideas de la suces\ i generaciones de Científlc sí que introducen discontinuidades reales en el desarrollo del peOsa miento científico. Si esto es lo esencial de sus consideraciones, entonces tendremos que seguirle hasta el fin de su argumentación, que corres. ponde al “catastrofismo modificado” de Agassiz. Porque mientras que en la descripción que Kuhn hizo en un principio indicaba que las re. voluciones científicas eran algo que tendía a ocurrir en una rama específica de la ciencia sólo una vez cada doscientos años aproximada. mente, las “incongruencias conceptuales” de las que ahora se ocupa se hacen visibles con mucha mayor frecuencia. En una escala suficiente. mente pequeña son verdaderamente muy frecuentes, y quizá cada nne. va generación de científicos que tenga ideas originales o “apreciaciones” propias encuentre en ciertos puntos y en ciertos respectos que no se entiende con la generación inmediatamente anteríor. En verdad, uno puede preguntarse si cualquier ciencia natural que tenga una compo nente teórica seria se desarrolla jamás por un proceso de “ acumula ción” únicamente.

En ese caso, sin embargo, ci surgimiento de una “revolución cien tífica” deja ya de dar lugar a una interrupción dramática de la conso lidación continua “normal” de la ciencia: en lugar de ello se transforma en una nueva “unidad de variación” dentro del pr proceso del cam bio científico. Al igual que en la paleontología, el aspecto bíperracional de las discontinuidades desaparece y —en el proceso— se viene abajo la base de la distinción entre cambio “normal” y cambio “revoluciona rio” en la ciencia, distinción que era el meollo de la teoría de Kuhn. Porque el hecho de que la transición implicada en una revolución cien tífica fuese “absoluta” proporcionaba el criterio primario para recono cer que había habido una revolución. Y una vez admitido que ningún cambio conceptual es absoluto en la ciencia, sólo nos queda una suce Sión de modificaciones conceptuales más grandes y más pequeñas entre las que hay diferencias de grado. El elemento distintivo en la teoría de Kuhn es así destruido y sóio nos queda buscar más allá de él un nuevo tipo de teoría del cambio científico. Esta teoría tendría que ir más allá, tanto del concepto de “revoluciones” de Kuhn, como de los puntos de vista uniformistas ingenuos a los que él renunció, del mismo modo que la reinterpretación evolucionista de la paleontología que llevó a cabo Darwin fue más allá tanto del catastrofismo de Cuvier como del uniformismo de Lyeli.

Al igual que el profesor Kuhn, yo creo que esta nueva teona

C y cO/l0ci

d la rengamOs ten que basarse en parte en los resultados neVO5 estudios empíricos de la evolución y el desarrollo reales de

de y CUC como resultado tenderá a aptoxifllar más estrecha

lac1Cl . .1

te la lógica de la ciencia con SU soCiOtOgla y pstcoiOgla. Sin cm mefl seguirá siendo tan importante como siempre (como subraya Sir opper) evitar la idefltificac de los criterios lógicos de valo aciÓn de hipótesis científicas nuevas con las generalizaciones sobre la r real de los cientfficos, tanto si se les toma individualmente com° colectivamente en cuanto grupos profesionales.

¿Qué forma tendría tal teoría? Una vez más la experiencia de otras disciPli puede hacernos alguna sugerencia. Porque una y otra vez la direcciófl fructífera para escapar del punto muerto a que se llega e los puntos de vista revolucionario y uniformista del cambio his tórico ha sido la mítma examinar más dcta1lada1 los mecanismos implicados; en particular; los mecanismos de variación y perpetuación. (Compárese, por ejemPlO, El origen de las especies de Darwin con la Anatomía de la Revo!uCiófl de Grane Brinton.) Voy a seguir esta su gerencia un poco más, al precio de anticipar un argumento que será expuesto amplialTiente en otro lugar.

Supongamos que dejamos de pensar en las microrrevOIUcio a pequeña escala de Kuhn como unidades de camá io efectivo en la teoría científica, y en lugar de ello las consideramos como unidades de variación. Estaremos entonces frente a un cuadro de la ciencia e el que las teorías comúnmente aceptadas en cada etapa sirven como pun

tos de partida para el gran número de variantes que se sugieren; pero

en el que sólo una pequeña fracción de estas variantes sobrevive y

llega a establecerse dentro del cuerpo de ideas que han de pasar a la

generación siguiente. La pregunta única “¿Cómo ocurren las reVOlUCt0-

oes en la ciencia?” tiene entomices que ser reformulada y da lugar a dos

grupos distintos de preguntas Por una parte debemos preguntar ‘¿Qué

factores determinan el número la naturaleza de las variantes teóricas

propuestas a considcracióla en una ciencia dctetm1fla durante un

período dado?” (la contrapart . en la evolución biológica, a la pre

gunta genética acerca del origen de las formas niutantes). Por otra

parte debemos preguntar “¿Qué factores y qué coi deter

minan cuáles son las variantes intelectuales que logran aceptación para

iegar a establecerse en el cuerpo de ideas que sirven como punto de

partida para la siguiente ronda de variaciones?” (la contrapartida a las

-j preguntas biológicas sobre la selección

1

1-13

142

De acuerdo con esto, lo mismo que en otras disciplinas histórk 1 el problema del cambio histórico puede volverse a enunciar con problema de variación —y— perpetuación selectiva, Las ventajas d nuevo enunciado no pueden exponerse completamente aquí; Pero er todo caso hay una cosa que merece la pena indicar. Y es que no nos ayuda a localizar la ambigüedad que conduce el debate entre y Popper a una incomprensión mutua —la ambigüedad entre filosofía de la ciencia, que trata del problema de qué considaracuones deberían peo piamente determinar la relación entre nuevas variantes, y Psicología o sociología de la ciencia, que trata de Tas consideraciones que de hecho lo hacen.

También puede, creo yo, ayudarnos a resolver algunos de lo viejos interrogantes acerca de la relación entre Tos factores exter nos e internos en el desarrollo de una tradición intelectual. Si se trata el cambio científico como caso especial del fenómeno más general de la “evolución conceptual”, podemos distinguir, al menos, tres as pectos diferentes de esta evolución. El volumen real o cantidad de innovación que tiene lugar en un campo dado en un momento cual quiera puede distinguirse de la dirección en la que esta innovación se dirige predominantemente; y ambas cosas pueden a su vez distinguirse de los criterios de selección que determinan qué variantes son perpe tuadas dentro de la tradición.

Una vez hechas claramente estas definiciones, sería deseable consi derar separadamente en qué medida cada aspecto del cambio científico responde a factores internos o a factores externos, y sería ingenuo suponer que es necesario que haya conflicto entre los dos tipos de ex plicación. Hago esta sugerencia: el volumen de innovación que tiene lugar en una ciencia es presumible que en gran medida dependa de las oportunidades que el contexto social proporciona para hacer trabajo original en la ciencia en cuestión; de aquí que la fase de innovaciófl responda sustancialmente a factores externos a la ciencia. Por oms parte, los criterios de selección para valorar las innovaciones concep tuales en la cíencia serán un asunto ampliamente profesional y por tanto interno: verdaderamente muchos científicos esperarán que esos criterios sean un asunto completamente interno, profesional, aunque puede que en la práctica esto no sea más que un ideal irrealizable Por último, la dirección de innovación en una ciencia determinada depende de una compleja combinación de factores, tanto internos como externos: las fuentes de nuevas hipótesis son altamente variadas

niluencias y a rcmOL afla derivadas de os iO y que se tienen a mano.

blemasdScrjpción complete de las ramificaciones de una teor “evolu te” del cambj0 científico (en contraste con el “catastroísmo” óe

a debe de tse para otra ocasión. Por el mom to, tetn ha- do dos preguntas que ayudarán a hacer patente el caráctes cíe trae ci6n de la postura actual de Kuhn: (1) ¿Qué extensión deben tener las conceptuales entre las ideas de una generazon caen ftca y las de la siguiente si es que la transición entre ellas u a cons tituir uflC “reVOlUc científica” según la actual descripción da Kuhn? (Yo supongo que, de hecho, ninguna tuvo nunca extensión eficiente para satisfac este criterio; de modo que necesitamos ahora ua nuevo c que lo sustituya.) (2) Si cualqaíer cambio conceptualentre las teorías de generaciones sucesivas susceptible de favorecer jicompren Sión entre ellas ha de aceptarse como “revolución”, ¿no podamos en tonces pedir una descripción general del papel de todos estos cambios conceptuales dentro del pensamiento científico? ¿No vamos a estar autorizados, dicho sea en una frase, a tratar estas “micrortevtbciones” como las contrapartidas de las microcatá5t1 de Agasaiz y los geólogos catastrofistas posteriores? Y, si esto es así, ¿no estamos de hecho saliéndonos de las implicaciones originales del término “revo lución”? Los estudiantes de historia política han superado ya toda confianza ingenua en la idea de “revoluciones”. Si estoy en Iccierto, y las microrrevoluciOfles del Kuhn actu son las unidades de tu inno vación científica, entonces la idea de “revolución científica” tendrá que salir, al igual que las “revoluciones políticas” fuera de la categoría de los conceptos explicativos y entrar en la de los simples rótulos des criptivos -

NOTAS

1. Imprcso ea Crúmbie (cd.). 1963l p3gs. 347-369.

2. COLLINGW000 194O], especialmente los caps- iv-vi. En mi t do ute el argumento de Col1ingw0 parolelasnense al de Kuhn.

1. Lska:os &- ji. Musgr

1

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1. La, & Ji. t

3. En j [ L un Jiev att dt ,j e )n1p hará tu !ibto de prdxin an que trata dc e án C’ tual o dol Pr hlem del entendjrn;ejtto humano “. (1 )icho lib Vio u o i97 Coa de FI1r7’ Undca. ta:o Vol. 1. Princctan 3

U3flOS CIL\Dçjs

COLLINÇ700D [ ‘le It m d repIjys;

(RQMBIE (cd.), [ Srieiitjfje C/ 1963.

tOUI,MI [
La Ciencia Normal, las revoluciones

científica y la historia de la ciencia

L. PEARcE WILLIAr Corneli University

Me mistaría comentar muy brevemente el desacuerdo Kuhn-Popper aike la naturaleza esencial de la ciencia y sobre la génesis de las revo ki científicas. Si entiendo bien a Sir Karl Popper, la ciencia está p*acialmente al borde de la revolución de manera básica y constante. U refutación, al menos si es lo bastante grande, constituye una de

Z El profesor Kuhn, por otra parte, da argumentos en cr de que la mayor parte del tiempo que se dedica al trabajo cien-

es lo que él llama ciencia “normal”; esto es, resolución de probie UNCen el sentido de “rompecabezas”), o elaboración de las cadenas de ‘ implícitas en el trabajo hecho con anterioridad.\pe modo e, para Kuhn, una revolución científica es una construcción a largo

pIso y ocurre sólo raramente porque la mayoría de la gente no está Itentancjo refutar las teorías vigentes\j partes han presentado $ posidon con considerable detalle, pero me parece que hay un ijero importante en ambas teorías. Se trata simplemente de ¿cómo emos de qué trata la ciencia? La pregunta puede sonar sorprenden ente ingenua, pero voy a intentar justificarla.

esencialmente dos modos académicamente respetables de tra

de responder a l pregunta.\uno de ellos es sociológico; la co

cientffiC puede ser tratada como cualquier otra comunidad ar sometida a un análisis sociológico. 1 Adviértase que esto puede

Pero que todavía no se ha hecho. Expresado de otro modo, or Parte de la actividad científica puede ser dirigida hecia la re-

Coiuem.\XTar.

19 pá

1

147

146 1. Lakatos & A. Musgra

futación o hacia la “resolución de problemas”, pero no sabemos si es o no. Puedo intercalar aquí que no me ha causado impresión la observación de la señorita Masterman de que los investigadores de campos como la ciencia de las computadoras y las ciencias sociales se agarran vehementemente a los paradigmas. Después de todo, la figura del hombre ahogándose y la paja es familiar. No creo que el doctor Knhn intentase restringir su análisis a las ciencias en embrión y por mi parte estoy interesado en lo que los practicantes de las ciencias maduras piensan que están haciendo. Repitámoslo, simplemente carece. mos de esta información. Las dificultades para recopilarla son enor mes. ¿Queremos simplemente una muestra cuantitativa? ¿Lo que la mayoría de los científicos hacen es realmente relevante para lo que, a largo plazo, es la ciencía? ¿Damos el mismo peso a la opinión de, di.. gamos, Peter Dcbye que a la de un hombre que mide con exactitud muestras nucleares? Yo no soy sociólogo, pero pienso que tratar el problema a través de la sociología sería recorrer un camino lleno de espinas.

Debería advertirse, sin embargo, que tanto Kuhn como Popper basan sus sistemas sobre (en el caso de Kuhn) lo que los científicos hacen sin ninguna clara evidencia de que lo que ellos hacen la ciencia también lo hace, o (en el caso de Popper) sobre lo i deberían hacer (con muy pocos ejemplos para persuadirnos de que eso es lo correc to). Realmente tanto Kuhn como Popper basan en la historia de la ciencia sus puntos de vista sobre la estructura de la ciencia, y el punto principal de estas anotaciones que estoy haciendo es que la historia de la ciencia no puede en la actualidad llevar esa carga. Simplemente, no sabemos lo bastante como para permitir que una estructura filosó fica sea erigida sobre una fundamentación histórica. Por ejemplo, no podría haber mejor ilustración de lo que es la ciencia “normal” que las investigaciones experimentales que Faraday hizo sobre la electri cidad en la década de los 1830. Empezando por el descubrimiento ac cidental de la inducción electromagnética en 1831, cada nuevo paso parecía seguirse claramente a partir del paso anterior. Aquí estaba la re solución de rompecabezas con la mayor evidencia. Ésta es la opinión tra:

dicional que se tiene de Faraday, maestro de la experimentación que, si se lee a Tyndail o incluso a Thompson, jamás en su vida tuvo un2 idea teórica. Sin embargo, en el momento en que se busca más allá de los artículos publicados, cuando se lee su Diario y sus cartas y notas manuscritas, aparece un extraño Faraday. Desde 1821 en adelante

C conocimiento

yo contrast hipótesis fundamentales acerca de la naturaleza materia y de la fuerza. ¿Cuántos científicos “normales” (tal como

ue recen en Sus trabajos publicados) son en realidad revolucionarios aPa iorme1 Es de esperar que algún día la historia de la ciencia

drá responder a esta pregunta, pero por ahora nadie puede decirlo. Antes de dejar demasiado satisfechos a los seguidores de Popper,

me gustaría presentar ante ellos el fantasma de la historia de la espec troscopia entre 1870 y 1900. Pienso que puede describirse apropia damente este período como un período de representación, de complc taifliento, en el que los espectros de los elementos se fueron describiendo con creciente precisión. Tiene lugar aquí una preciosa pequeña “refu tación”; sería difícil, sin embargo, negar a .ngstrom el título de cientí fico. Tampoco debería olvidarse que uno de los más eficaces “resolvedo res de rompecabezas” de la historia de la ciencia fue Max Planck, que también fue el revolucionario más a su pesar de todos los tiempos.

Como historiador, pues, debo mirar a Popper y a Kuhn con una mira da recelosa. Ambos han suscitado asuntos de fundamental importancia; ambos han hecho profundas observaciones sobre la naturaleza de la ciencia; pero ninguno ha compilado y aducido hechos suficientemente fuertes como para llevarme a creer que la esencia de la investigación cientffica haya sido captada. Seguiré utilizando a ambos como guía en mis investigaciones, teniendo siempre presente la observación de Lord Bolingbroke de que «la historia es filosofía enseñada mediante ejem pios». Necesitamos muchos más ejemplos.
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