El arte de no amargarse la vida, rafael santandreu




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títuloEl arte de no amargarse la vida, rafael santandreu
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fecha de publicación27.02.2016
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Ahí está la madre del cordero: una persona madura es aquella que no exige, sino que prefiere. Se da cuenta de que la vida y los demás no están ahí para satisfacer fantasiosas demandas. Pero lo que es más importante: ¡no necesita nada de eso para ser feliz!

Cuando somos vulnerables a nivel emocional, estamos llenos de exigencias. Cuando no se cumplen, nos enfadamos, nos deprimimos o nos llenamos de ansiedad, le echamos la culpa a los demás o al mundo o, lo que es peor, a nosotros mismos.
Cuando uno es demasiado exigente con la realidad es un iluso desilusionado. El neurótico imagina que la realidad debería ser de una forma determinada (sin tráfico, sin impuestos, sin dificultades para aparcar…) y se enfurece (o entristece) cuando no es así. En ese sentido, es muy poco realista, se comporta como un niño egocéntrico. Parece que dice: «¡El universo debería girar en la dirección que yo dicto!».

Cuando estamos neuróticos nos conviene aprender que todas esas exigencias no son necesarias para ser feliz. Nadie necesita que no existan atascos de tráfico, que no existan impuestos, etc. Lo mejor es olvidarse de esos «debería», renunciar a esas ideas estúpidas y aprovechar de una vez lo que sí se posee, lo que la realidad pone a nuestro servicio.

Si limpiamos nuestra mente de exigencias irracionales, nos daremos cuenta de lo mucho que ofrece la vida para disfrutar.

Por todo ello, la enfermedad que origina la ansiedad y la depresión, la «terribilitis», también podría denominarse «necesititis», la tendencia a creer que «necesito, necesito y necesito para ser feliz». El hombre -o mujer- maduro es aquel que sabe que no necesita casi nada para ser feliz.
En una ocasión, vino a verme un joven paciente que estaba deprimido porque le había abandonado su novia. Le pregunté:

- ¿Cuál crees tú que es la idea irracional que te hace estar deprimido en estos momentos?

- No lo sé, estoy mal porque ella me ha dejado. Es normal, ¿no? -respondió.

- No, lo normal sería estar disgustado, triste, pero no deprimido como tú lo estás -le dije en el tono directo que suelo emplear en mi consulta.

- Pues no sé cuál es esa idea irracional que tú me dices -dijo el paciente un poco confuso.

- Tú te dices a ti mismo: «Necesito que ella esté conmigo para ser feliz» o, dicho de otro modo, «Es terrible estar solo, no lo puedo soportar» -le dije.

- Vale, pero es que yo la quiero, la amo. ¿No es normal estar mal cuando no puedes tener al amor de tu vida? -replicó con tono quejumbroso.

- ¡No! Eso es una idea hiperromántica fruto de tu absurda necesititis. Es normal estar disgustado, moderadamente triste, pero no deprimido. Tu novia te ha dejado. Ésa es la realidad. Te «gustaría» estar con ella, pero no «necesitas» estar con ella para ser feliz. Así es para todo el mundo, así que no te digas lo contrario. -E hice una pausa para dejarle pensar.

Luego continué:

- Te voy a explicar una historia para que lo entiendas. Imagina que un día yo te digo: «Estoy deprimido porque el cielo no es de color fucsia. Todo empezó hace unos días; imaginé que si el cielo fuera fucsia, la vida sería mucho más alegre, porque el fucsia es un color muy festivalero. Y, claro, ahora, cuando salgo a la calle y veo que sigue siendo azul, me entristezco hasta deprimirme». ¿Qué pensarías de mí si te dijese esto?

- ¡Pues que mi terapeuta está loco de atar! -dijo riendo.

- Y tendrías razón porque, para empezar, el cielo no puede ser fucsia, es una pretensión estúpida. Además, el cielo ya está bien de color azul: es muy hermoso. Millones de personas viven suficientemente bien con el cielo de color azul y esto me indica que el fucsia no es una necesidad… ¿Lo ves? A ti te pasa lo mismo: piensas que es «absolutamente necesario» que tu ex novia esté contigo para ser feliz y… la realidad no es así ni tampoco necesitas que sea así -le dije.

- ¿Se trata sólo de una idea que me he metido en la mente? -preguntó.

- ¡Exacto! Simplemente, abandona esa idea: ¡es estúpida! La vida te depara miles de posibilidades positivas si abres tu mente a ello.



En resumen:

Existen infinidad de creencias irracionales, tantas como la imaginación humana pueda inventar, pero que pueden agruparse en tres categorías:

1) Debo hacer las cosas bien.

2) La gente me debe tratar bien.

3) Las cosas me deben ser favorables.

Cuando no se cumplen estas exigencias infantiles y supersticiosas, nuestra mente neurótica evalúa lo que sucede como «terrible» y genera pensamientos del tipo:

1) Es «terrible» que no haya hecho las cosas bien.

2) No puedo soportar que la gente no me trate adecuadamente.

3) ¡La vida es un asco! ¡Qué desgracia que me haya sucedido esto!


EL MÉTODO


El objetivo de la terapia cognitiva es convertirnos en personas más sanas y fuertes. Transformarnos a nosotros mismos en ese tipo de personas que disfrutan de la vida ¡pase lo que pase! No es tan difícil como podría parecer. Sabemos que todo está en el «coco». Si se trabaja bien, no hay nadie que no lo pueda conseguir. Este capítulo trata de «el trabajo», de lo que hay que hacer y cómo hacerlo. Vamos a ver en qué consiste esta disciplina: el método.

En mi consulta suelo decirles a los pacientes que aprender terapia cognitiva es muy parecido a aprender otro idioma. Es similar en el sentido de que se trata de comprender y luego practicar. Es gradual. Y, al final, resulta algo natural.

También suelo aclarar que es más fácil aprender terapia cognitiva que un idioma. ¡No es tan difícil! …

Podemos decir que el sistema cognitivo consiste en transformar nuestra forma de pensar, nuestro diálogo personal, nuestra manera de evaluar lo que nos sucede… para dejar de quejarse y empezar a disfrutar de lo que está a nuestro alcance. Y llegar a hacerlo de una forma tan automática, que ésa sea nuestra primera opción mental. Una de las vías clásicas para convertir en un hábito la nueva forma racional de pensar -y sentir- consiste en detectar las creencias irracionales y reemplazarlas por creencias racionales. Hay que hacerlo todos los días, con perseverancia e intensidad, en una práctica de tres pasos. Es lo que yo llamo la «rutina del debate».

PASO 1. DESCUBRIR LAS CREENCIAS IRRACIONALES

El primer paso de la rutina del debate consiste, entonces, en analizar el malestar emocional diario y detectar qué creencias irracionales lo provocan. Por ejemplo: «Me he enfurecido porque me he dicho a mí mismo que es terrible que mi jefe me haya reprendido en público sin razón». O «Me he puesto muy triste al pasar solo el fin de semana porque me he dicho a mí mismo que necesito tener amigos para estar bien».

PASO 2. COMBATIR LAS CREENCIAS IRRACIONALES

Una vez descubiertas las ideas irracionales, el siguiente paso consiste en combatirlas para demostrarnos a nosotros mismos su falsedad. Existen multitud de argumentos para hacerlo y todos nos demuestran que esas ideas son exageradas. ¡Cuantos más argumentos en contra hallemos, mejor! El objetivo final (en el tercer paso) será generar una nueva creencia más funcional y equilibrada.

Para combatir las creencias irracionales, podemos emplear diferentes estrategias:

 El argumento comparativo: «¿Existen otras personas que son felices en la misma situación?»

Cada una de las personas que comparten nuestra adversidad y están anímicamente bien son la evidencia de que nuestro problema no es tan grave. Con este argumento, podremos convencernos de que nuestra situación no tiene por qué impedirnos ser felices.

Asimismo, podemos compararnos con personas que tienen incluso impedimentos mucho mayores y que, sin embargo, son felices porque realizan tareas que les llenan. Por ejemplo, personas ciegas o minusválidas.

El argumento de las posibilidades: «Aun con esta adversidad, ¿podría llevar a cabo objetivos interesantes por mí y por los demás?»

Casi siempre tenemos a nuestro alcance multitud de posibilidades para disfrutar de la vida; eso sí, si no perdemos el tiempo quejándonos amargamente. De hecho, yo creo que hay muy pocas situaciones en la vida en las que ya no podamos hacer nada valioso.

Eduardo, el joven desesperado por el abandono de su novia, podría recurrir al argumento de las posibilidades y preguntarse: «A pesar de la adversidad que he sufrido, ¿podría hacer cosas valiosas por mí y por los demás?».

En la terapia cognitiva, solemos revisar con la persona los ámbitos de su vida en los que podría desarrollarse pese a la adversidad que sufre. Normalmente, revisamos ocho áreas vitales: el trabajo, la amistad, aprender, el arte, la ayuda a los demás, el amor sentimental o familiar, la espiritualidad y el ocio.

A Eduardo le diríamos: «Aunque ahora mismo no tienes novia: ¿podrías trabajar alguna de esas áreas vitales? Si mejorases esos ámbitos y llevases a cabo proyectos maravillosos en ellos, ¿te sentirías bien?».

O aún más provocadoramente: «¿Qué te diría Stephen Hawking acerca de tu problema?; ¿podrías ser feliz a pesar de que te haya abandonado tu novia?».
 El argumento existencial

El argumento existencial es el definitivo para dejar de preocuparse por las adversidades. Y, aunque a veces nos cueste aceptarlo, es real como la vida misma.

Hágamonos una pregunta: en una vida que dura tan poco y que no tiene mucho sentido (o tiene un sentido metafísico desconocido para los seres humanos), ¿es tan importante esta desgracia que me está ocurriendo?

En un universo infinito de planetas y estrellas que nacen y mueren sin cesar, ¿existe algo realmente dramático?

Enseguida llegamos a la conclusión existencial de que no hay nada terrible en un universo como el nuestro. Esta lógica -que es apabullantemente real- nos permite distanciarnos de nosotros mismos.

El argumento existencial también puede plantearse en torno a la finitud de nuestra existencia. En ese sentido, podemos preguntarnos: «¿Qué será de mí y del problema que me preocupa dentro de cien años?». La respuesta es clara: nada; estaré muerto y esta adversidad habrá dejado de tener ninguna importancia.

PASO 3. ESTABLECER LA CREENCIA RACIONAL

Por último, en esta tercera fase estableceremos la creencia racional que sustituirá a la idea irracional. Nuestro objetivo será creer en ella tan profundamente como podamos. Para ello, hemos buscado todos los argumentos a nuestro alcance en el paso 2.

La creencia racional es una frase constructiva y que produce sosiego. Esta creencia es antiterribilizadora. Es la creencia de una persona madura y fuerte.

Las creencias racionales suelen ser del tipo: «Me gustaría tener novia, pero si finalmente no la tengo, aún podré llevar a cabo muchas cosas valiosas por mí y por los demás, y aun así podré ser feliz. Si nunca llego a tener pareja, me perderé algo interesante, pero la vida ofrece muchas más oportunidades de tener una existencia feliz».

Si llegamos a creer -profundamente- estas ideas racionales, las emociones nos acompañarán inmediatamente. Eso significa que dejaremos atrás la ansiedad y la depresión, suceda lo que suceda en nuestra vida. Eso no significa, claro está, que no suframos de nervios o de tristeza cuando nos sucedan hechos negativos. Eliminar las emociones por completo sería imposible y desaconsejable. Es totalmente natural tener cierto nivel de emociones negativas.

Pero tener una mente racional sí nos permitirá decir adiós -prácticamente para siempre- al malestar emocional desbordante e invalidante.
TODOS LOS DÍAS


Resumiendo, este método de practicar la terapia cognitiva, la «rutina del debate», consiste en:

a) Detectar todos los días qué creencias irracionales hemos sostenido a lo largo de la jornada. Se trata de ideas que me han producido malestar emocional.

b) Combatir esas ideas irracionales mediante la argumentación de la comparación, la argumentación de las posibilidades y la argumentación existencial.

c) Formular finalmente las creencias racionales correspondientes.

El esquema de trabajo podría ser éste:

Momento de malestar

Creencia irracional

Debate

Creencia racional

Hay que insistir en que se trata de «convencerse» de las creencias racionales; no basta con repetirlas como un loro. La terapia cognitiva es una terapia de argumentos, no un ejercicio de pensamiento positivo.

Por otro lado, existen innumerables argumentos lógicos que nos ayudarán a combatir las creencias irracionales, no sólo los que expongo en este libro.

.. La prueba de que hemos realizado bien el ejercicio será que nuestras emociones cambiarán en el acto.




LA CLAVE ESTÁ EN PERSEVERAR
hay que sacar fuerza de voluntad de donde sea y volver a ponerse a revisar las creencias irracionales para reemplazarlas por creencias racionales, cada vez con más fuerza, con mayor profundidad. Se trata de que cada día tengamos menos perturbaciones emocionales.

Nunca me cansaré de decir que este tipo de trabajo personal -en mi experiencia, el que ofrece mejores resultados- requiere perseverancia. Mucha.

Con frecuencia, explico un símil: este trabajo es parecido a ir al gimnasio para hacer culturismo. Todo el mundo puede desarrollar su musculatura, sólo se requiere determinado esfuerzo persistente.

Con nuestro trabajo mental, ocurre algo parecido. Hay que plantearse una rutina de trabajo que suponga cada día un pequeño reto, cambiar esas creencias irracionales más difíciles de cambiar, hacerlo cada vez con mayor intensidad y… dejar pasar el tiempo. Y, sobre todo, digámoslo una vez más: perseverar.



REDUCCIÓN DE NECESIDADES


VISUALIZACIÓN RACIONAL

Imaginarnos sin nada, como un mendigo, pero llevando una vida feliz…

¿A qué podríamos dedicar nuestro esfuerzo, qué nos podría proporcionar satisfacción?:
Las facetas en las cuales uno puede encontrar objetivos valiosos que llevar a cabo, aun careciendo de todo lo material, son muchas, y entre otras podemos destacar las siguientes:
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