Resumen de competiciones, juegos, concursos y galardones del xxiiº Encuentro




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títuloResumen de competiciones, juegos, concursos y galardones del xxiiº Encuentro
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PLATA:

Don José García Saavedra, de Trabada, con 79 años de edad

A N D U L Í A S:

ORO: Desierta PLATA: Desierta.

YUNQUE DE ORO:

Otorgado en esta su primera edición, según veredicto del jurado emitido en sesión celebrada el 18 de Julio de 2010, de la cual reproducimos íntegramente el acta correspondiente en este número de la revista, al

GRUPO DE EMPRESAS JESUS MARTINEZ, galardón que ha sido recogido personalmente por su fundador, don Jesús Martínez Álvarez, recibido de manos del Presidente de esta asociación.
OTRAS DISTINCIONES:

Se han entregado sendas placas en reconocimiento a la labor altruista desarrollada por varias personas bien en tareas de construcción del área o bien por colaboración activa intensa y continuada a favor de la asociación a lo largo de su existencia. La entrega ha sido realizada por el Presidente de esta institución, y las personas agasajadas son las siguientes: Domingo López López, de Poxos; Valentín López López, de Poxos; José Antonio López, de Poxos; Avelino Suárez Suárez de Valdedo; José Manuel García García, de Trabada; Manuel Suárez Gómez, de Carrio y José Manuel Rodríguez Rodríguez, de Solares.

YUNQUE DE ORO 2010

COPIA LITERAL DEL ACTA DE LA SESIÓN DEL JURADO PARA EMITIR EL FALLO DEL GALARDON “YUNQUE DE ORO 2010”, CREADO Y PROMOVIDO POR LA SOCIACION CULTURAL VIRGEN DE LAS VIRTUDES.
En Las Virtudes, -Villayón- (Asturias), siendo las once horas y treinta minutos del día dieciocho de julio de dos mil diez, se reúne el Jurado para emitir fallo de concesión del galardón “YUNQUE DE ORO” correspondiente al presente año dos mil diez, en su primera edición. Dicho jurado est´compuesto por los siguientes miembros: Don Ramón Rodríguez González, Alcalde-Presidente del Ayuntamiento de Villayón, como miembro honorífico y con facultad de voz y voto en el presente acto, así como de los componentes de la Junta de Gobierno de la Asociación Cultural Virgen de las Virtudes, institución creadora y promotora de dicha distinción, y que son los siguientes:

Don Benito Rodríguez Rodríguez, Presidente de dicha asociación y a su vez de este Jurado. Don José Ramón Menendez Bernardo, vicepresidente., así como los siguientes vocales: Don Ceferino García López; don Valentín López López; doña Alicia Real Suárez; doña Josefa Fernández Suárez; don Aurelio Fernández López, actuando como secretario don José Antonio García Gómez, que lo es a su vez de la Asociación Cultural Virgen de las Virtudes.

Por parte del señor secretario se d cuenta de las candidaturas presentadas en legal forma en la secretaría de su competencia y que son las siguientes: Una de la Asociación de Mujeres “Virgen de los Dolores”, de este concejo de Villayón, y con ámbito de actuación dentro del mismo, cuya candidatura se presenta de forma personal por la propia institución, y otra presentada por la Asociación Cultural Virgen de las Virtudes, a tenor de lo establecido en los estatutos probados para regir el funcionamiento de esta distinción, y que se refiere al Grupo de Empresas Jesús Martínez, con raíces fundacionales en este concejo y ámbito de actuación regional e interregional.

Vistas las dos propuestas presentadas, comienza la deliberación del jurado, que concluye con la concesión del “YUNQUE DE ORO 2010” al GRUPO DE EMPRESAS JESUS MARTINEZ, por ocho votos a favor y la abstención del señor vicepresidente don José Ramón Menéndez Bernardo, considerando muy especialmente como méritos para ello, la capacidad demostrada para la dinamización del empleo en el concejo al exterior que ha dado del mismo, en la persona de su fundador, durante la etapa como Presidente de la Federación Asturiana de Empresarios.

A la vista de lo acordado, por parte del señor secretario se procederá a dar traslado del presente fallo al galardonado en el plazo y forma que establece el reglamento vigente para este galardón.

Y no habiendo mas temas que tratar, cuando son las doce horas y veinte minutos de la citada fecha, se da por concluida la asamblea a la que se refiere la presente acta, que leída en voz alta por mi el secretario, es hallada conforme en todos sus términos y firman conmigo. Doy fe.


PALABRAS DE D. JESUS MARTINEZ ALVAREZ AL RECIBIR EL GALARDON “YUNQUE DE ORO”, EN SU PRIMERA EDICION.
Señor Alcalde de Villayón, Señor Presidente de la Asociación Cultural Virgen de las Virtudes, miembros del jurado, vecinos de Valle, señoras y señores muy buenas tardes a todos.
Es para mi un gran honor subirme a esta tribuna por segunda vez; a lo largo de mi vida como empresario, he recibido premios muy importantes, COMO SON LA Langosta de Oro; primer premio de la construcción a los 25 años, etc., pero ninguno me ha causado tanta ilusión como este primer premio YUNQUE DE ORO, ya que es muy difícil ser “profeta en su tierra” y de verdad de aquí lo he sido, ya que aquí nacimos tanto yo como la empresa que he fundado.
Este premio que se nos acaba de conceder, no es sólo a la empresa como tal, sino que también y de forma muy importante al personal que la forma, ya que sin ellos, sin su trabajo, su fidelidad y su amor a la empresa no seríamos nada, por lo tanto va dedicado a ellos y de una manera muy especial a los más del centenar de empleados del Concejo de Villayón, algunos de los cuales nos acompañan en este importantísimo acto.
De esta tierra de gente forjada en el duro trabajo, donde hasta épocas recientes no había medios de comunicación, ni apenas escuelas, han salido personajes muy importantes, que han llevado el nombre de Villayón a lugares del mundo muy diversos, como es el caso de Manuel Suárez emigrante a Méjico fundador del instituto que lleva su nombre en Navia, y que en la posguerra enviaba barcos cargados de comida a España. Más recientemente el caso de Ramiro Jaquete premiado con la Langosta de Oro de este año y tantos emprendedores que nos hemos quedado más cerca, en Navia, Coaña, La Caridad, etc, y que no voy a nombrar porque es muy larga la lista. A todos ellos mi más sincera felicitación.
En cuanto a mi empresa, tengo que decir con gran satisfacción por mi parte, que después de más de 40 años de existencia, está en manos de la segunda generación, de la que me siento muy orgulloso. Ellos han cogido la antorcha, la han llevado con gran dignidad y la han aupado a niveles insospechables por mi.
Y como no os quiero dar más la lata, termino dando las más sinceras gracias al jurado de la Asociación Cultural Virgen de las Virtudes por la concesión de este preciado galardón, y a todos los presentes por haberme escuchado con tanta atención.
A todos que se diviertan y disfruten de la fiesta

¡¡HASTA SIEMPRE!!

DEL OCCIDENTE DE ASTURIAS A LA MESETA

- LA ARRIERIA COMO MEDIO DE TRANSPORTE Y COMUNICACIÓN –

Por Juan Suárez Gómez

También están los arrieros,

donjuanes de brava lengua,

que en azarosas jornadas,

bajo el sol de muchas leguas,

se llevaron medio mundo

en los lomos de las recuas”.

(Saúl Aguirre).
Hace unos años, en el número tres de esta revista “A PARPAYEGA” (1992), había sido tratado someramente el tema de la arriería por don Melchor Rodríguez Cosmen, provisor de Leitariegos, en aquella ocasión colaborador literario en esta publicación. Hoy pretendemos hacer una exposición más amplia de lo que ha sido esta actividad hasta enlazarla en el tiempo con otros medios de transporte más modernistas.

Los orígenes de la arriería se sitúan hacia el siglo XVI y sus artífices serían los vaqueiros de alzada de la zona centro-occidental de Asturias que, aprovechando la posición estratégica de sus brañas y los animales de carga que poseían, iniciaron esta actividad como complemento a la economía familiar y a la vez forzados por la necesidad de adquirir mediante la compra o el trueque otros productos básicos que la braña no producía. Muchos vaqueiros formaron recuas o alquilaban mulas para este menester.

Más tarde, hacia el siglo XVIII, cuando ya una buena parte de la población del occidente asturiano había emigrado a las grandes urbes castellanas, especialmente a Madrid, enlazaron con esta ciudad mediante un servicio regular de mercancía y viajeros. Para estos últimos existían dos modalidades de viaje: a “media mula” o a “mula entera”, según que hiciesen el viaje completo en caballería o sólo la mitad, aunque también había viajeros por cuenta propia que se juntaban a la recua para viajar en compañía y así estar más protegidos ante asaltantes y malhechores que eran propios de la época, ello daba lugar a la formación de comitivas bastante numerosas lo que aumentaba las incomodidades en ventas y posadas donde se alojaban, -de las que hablaremos luego-. Este enlace desde Cangas de Tineo, – (hoy del Narcea) -, se hacía en nueve etapas, que más adelante trataremos de describir.

En cuanto a las mercancías a transportar hacia la meseta se llevaba salazones de pescado de los puertos asturianos y se traía trigo, vino aceite, lino, sal, etc. Como es obvio, el pescado no se podía portar en fresco sino que tenía que ser sometido a diversos procesos de conservación, de los cuales, sin extendernos en exceso ya que ello podría ser objeto a tratar en otra ocasión, vamos a detallar los más utilizados. Así , se le llamaba “cecial” al que era secado al aire; “curado” el que se salaba y curaba también al aire; “salpresado” o espolvoreado con abundante sal, alternando las capas de sal y de pescado; “arencado”, que es salado, prensado y ahumado; “anchoado”, salado, prensado y fermentado; “escabechado”, esto es, cocinado y encurtido, etc. Pero además, había dos viajes especialmente señalados en el año: el llamado “de la cera” en el que los asturianos de Madrid enviaban los cirios con las inscripciones que se consumirían en las iglesias de sus pueblos en los días de Jueves Santo y Viernes Santo y el del “turrón” en el mes de diciembre, en el que llegaban los turrones, mazapanes y regalos de Navidad. Estos dos viajes aún subsistían en 1927, realizados, naturalmente con otros medios, por descendientes de arrieros del Puerto y desaparecieron del todo con la guerra civil.

En el noroccidente existían dos recuas destacadas: Los Maurines, del Couz (Salas), que venían hasta Luarca y de ahí por Tineo a Cangas. Más tarde, -esta recua derivó en empresa de transporte con diversas denominaciones como “La Montañesa”; “La Luarquesa”, “Maurines, Horga y Cía.” etc, que llegaron a establecer un servicio más o menos regular de viajeros y mercancías utilizando primero diligencias y posteriormente con dos vehículos a motor Dión-Boutón, adquiridos en Galicia, la empresa se lanza al servicio regular de viajeros y mercancías entre Oviedo, Salas y Cangas del Narcea y se hace con la concesión del servicio de Correos entre la capital asturiana y estos concejos-.

La otra recua importante del noroccidente eran los Clavinas de Busmente (Villayón), que desde aquí hacían la ruta a Cangas por Pola de Allande. Tanto una recua como la otra llegaban a la villa canguesa el sábado, día de mercado.

En tierras de Villayón, además de la recua de Clavinas, el Catastro de Ensenada (1753) en su respuesta 32, refiere la existencia de otros arrieros con recuas diversas y propietarios de acémilas de alquiler, todo ello expresado como sigue:

…”en la parroquia de Villayón ay treinta y dos arrieros de lino, bino, pescado y sal a los que regulan de utilidad annual setenta rs. por cada cavallería que con distinzión de los respetibos dueños son los siguientes: Pedro Hazero, Francisco Hazero, Alonso Ganzedo hijo de Francisco Ganzedo, Gregorio de Hazero, Bicente Hazero, Domingo Antonio, Alonso Ganzedo , Manuel Antonio de la Iglesia, Domingo Hazero hijo de Francisco Mayo, Pedro Hazero de la Bobia, y María Hazero, todos vezinos de la Braña de Busmente con una cada uno; Francisco Santiago hijo de Margarita Santiago, Juan Santiago, Christobal Bardo, Cayetano Santiago, Domingo Parrondo, que lo son de la de Masenga con otra; y Alonso López que lo es del Sellón con otra; Domingo Hazero, Juan Hazero, Matheo Redrueyo, Pascual Hacero, Manuel y Juan Hacero, Juan Feito, Francisco Santiago, Roque Rodríguez hijo de Domingo Hazero y Alonso Rodríguez con dos cada uno; Manuel López con tres; Francisco Fernández Feito con quatro, Juan Hazero Clavina con cinco; ay asimismo en dha parroquia de Villayón quatro arrieros de Castilla que son todos vezinos de la Braña de Busmente, uno Juan Parrondo hijo de Andrea Gancedo con ocho cavallerias, otro Pedro Hazero Corral con nuebe, a los quales les regulan de utilidad anual noventa y seis rs. por cada cavalleria; en la parroquia de Sta. María de Honeta anexo de la de Villayón y Braña de Brañuas ay otros doze arrieros de sal y bino por la propia regulazion de cada cavalleria de sesenta rs. y Antonio Parrondo con seis; Bartholomé Rodriguez y Bartholome Redrueyo con quatro cada uno; Domingo Berdasco con tres; Juan Garcia, Lorenzo Garrido y Patricio Bueno con dos cada uno; Domingo Berdasco de los Carbayones, Martín Hazero, Domingo Hazero, Pedro Antonio y Juan Bueno, con una cada uno…”

Los arrieros que hacían la ruta a la Meseta eran generalmente de El Puerto de Leitariegos, como por ejemplo los Cosmen,- (que en la actualidad, descendientes de aquellos arrieros se hallan muy comprometidos en la gestión del transporte de viajeros a través de importantes empresas internacionales)-, pero también los había de otras localidades, como los Castro, de Bodenaya o los Rodríguez, de Laciana. En el último cuarto del siglo XIX había en Leitariegos siete propietarios de recuas, cada una de diez machos y los arrieros se distribuían por mitad los turnos Cangas-Madrid y regreso, empleándose, como ya se ha dicho, en el recorrido hasta la capital, nueve días en etapas de 9 ó 10 leguas (algo más de 50 km.).(*).

Salían de Cangas al anochecer del sábado, durmiendo esa noche: una recua en Carballo, otra en Reguera del Cabo, y las restantes en Bimeda y Villacanes, reuniéndose todos a la mañana siguiente en Brañas. En El Puerto los propios arrieros herraban las caballerías, y la noche del domingo se dormía en la venta de Caboalles, -(de las ventas y posadas hablaremos más adelante)- a cuyo lugar, así como a San Miguel, Villablino y Rioscuro, todos ellos lugares de la comarca de Laciana, acudían en la jornada del lunes los mantequeros de los pueblos cercanos para venderles los productos del país con destino al mercado de Madrid. De aquí es muy popular la siguiente canción:

“Mozoquines de Tsaciana

¿quién vos mantiene?

Los arrieros del Puertu

que van y vienen”

A causa de estas operaciones la etapa del lunes era corta y acababa en Omañón. La del martes era de ocho leguas y terminaba en Carrizo; y la del miércoles, de igual duración, en Toral de la Vega. El jueves se alcanzaba la carretera general de Madrid en Benavente y se llegaba a Villalpando. La etapa del viernes terminaba en la venta de Bercero, después de pasar por Montes de Torozos; Venta de Tiedra y la Mota de Toro, encontrándose en la venta de Becero con los arrieros que venía por Pajares.

Es sábado, al llegar a Rueda, cargaban algunas cántaras de vino si llevaban “vagones” de vacío. (“A estas fuentes subterráneas [las bodegas de Castilla] vienen los arrieros de Asturias a llenar sus cántaras o por mejor decir sus pellejos, comprando el vino al pie mismo de los toneles…).(**) Ese día dormían en Ataquines, punto en el que se cruzaban con los que hacían el trayecto Madrid-Cangas, que llegarían a Cangas el viernes al anochecer. El domingo dormían en Labajos, para salir antes del amanecer, ya que la jornada de ese día era una de las más duras y penosas puesto que habían de pasar Guadarrama; ese día dormían en Villalba y el martes entraban en Madrid por la calle de Segovia hacia la plaza de la Cebada, en donde se alojaban en el parador de la Madera hasta el jueves en que emprendían el regreso a Cangas.

El precio del transporte resultaba caro. La “carga completa de macho” (unos ochenta kilos) venía a salir de doce a catorce reales diarios, es decir, que del norte de Asturias a la capital de España podía llegar a costar hasta unos ciento cincuenta reales, alrededor de unos dos reales por kilo, cantidad muy alta para la economía de la época. Si se trataba de un viajero, el porte venía a salir poco más o menos lo mismo, pero los gastos de alimentación, cama en las posadas, etc eran por cuenta del pasajero. Todos los arrieros disponían de lienzos encerados para proteger de la lluvia a viajeros y mercancías.

Eran los arrieros gentes de reconocida honradez y alto sentido de la responsabilidad a la hora de velar por las personas y mercaderías cuyo transporte les era encomendado, hasta el punto de que algunos como los de Los Argüellos en la comarca de la Tercia leonesa –(zona de Busdongo, Villamanín, Gordón…) - estaban especializados en el transporte de dinero.

La vida en las ventas o posadas era pintoresca, aunque algunas veces pobre e incómoda. Ventero ladino, pero servicial; mozas generosas en lo suyo; mozos de paja y cebada llenos de marullerías, todos pendientes siempre de la propinas. Arrieros y viandantes se amontonaban en las amplias cocinas de inmenso “llar” donde en los escaños y “tayuelos” tenían lugar animadas tertulias. Se dormía generalmente en las cuadras y en las cocinas, entre montones de heno y sacos de paja y muchas comidas se hacían en común, cada uno con su cuchara de palo sacando directamente con ella la vianda de la olla donde había sido guisada.

Sólo algunas posadas de los caminos reales importantes tenían habitaciones con camas completas arregladas; eran para los viajeros que montaban caballo propio y llevaban también criados ecuestres.

En el “llar” barboteaban los grandes calderos colgados de la garamellera o se freían las truchas o las magras en amplias sartenes de asas. En algún rincón, sobre humilde mesa, se podía jugar a las cartas. Unos candiles iluminaban la estancia que a veces se apagaban para facilitar un episodio erótico entre el viajero galán y la moza servicial, como lo confirma el siguiente dicho popular:

En la venta del Camino

el arriero la goza.

porque pellizca el pelleyu

del buen vino y de la moza.

A principios del siglo XIX surgen los carros o carruajes de collera, llamados así porque collera era el nombre que recibía la pareja de mulas o caballos que estaban unidos por un collar o yugo. Existían varios formatos según las distintas aplicaciones. Los más importantes son los carromatos, empleados en el transporte de mercancías; las galeras que eran utilizadas por las clases sociales más bajas, en las que los pasajeros viajaban hacinados como fardos y que transitaban por caminos secundarios y, las diligencias u ómnibus de caballos que recorrían las grandes distancias entre las importantes ciudades usando las nuevas carreteras. Estos tres modelos, aunque con diferencias en cuanto a lujo y comodidades, tenían en común el estar dotados de cuatro ruedas y su motor lo formaban generalmente tres yuntas de mulas o caballos. Para el transporte de viajeros en las ciudades estaban la calesa y el calesín, con solo dos ruedas, dos plazas para viajeros y tiradas por una sola caballería. Con el viaje en diligencia, - que aparece en el año 1816 y se mantiene hasta 1860 -, del centro de Asturias a Madrid, cuya concesión corresponde al Servicio de Correos, la duración del mismo se reduce considerablemente realizándose por postas, esto es, cambiando los animales de tiro ya cansados por otros frescos en puntos determinados del trayecto. Los animales de tiro eran guiados por el mayoral con ayuda del mozo o zagal, que viajaban en un saliente dispuesto en la parte delantera superior denominado pescante. Este tipo de viaje estaba regulado por el Reglamento de 7 de octubre de 1826, que establece, entre otras cosas, que el coste de la posta a la ligera, a caballo, andaba por 15 reales/legua, y el de posta sobre ruedas, en silla alquilada al Servicio de Correos, alrededor de 22 reales/legua, estableciéndose como velocidad máxima la de 32 leguas en veinticuatro horas.

Por lo que se refiere al transporte de viajeros en diligencia dentro de Asturias, se estableció una red de itinerarios que duró mucho más tiempo que los servicios interprovinciales que llegaron a desaparecer con la implantación del ferrocarril. Así, en 1890 los servicios de las principales líneas de diligencias obedecían a las siguientes rutas y horarios:

De Avilés a Luarca: salida a las cinco de la tarde y llegada a las cinco menos cuarto de la madrugada. Total diez horas y tres cuartos de viaje. Distancia, setenta y ocho km.

De Oviedo a Castropol: salida a las cinco de la tarde, llegada a la una y media del día siguiente. Total diecinueve horas. Distancia ciento cincuenta y dos km.

De Cangas de Tineo-Tineo-Oviedo: salida de Cangas, a las cinco de la tarde, de Tineo a las siete y media; llegada a la Espina, a las ocho y cuarto. Llegada a Oviedo a las cuatro de la madrugada. Total once horas. Distancia noventa y seis km.

De Gijón a Villaviciosa y Ribadesella: salida de Gijón a las doce de la mañana. Llegada a Villaviciosa a las cuatro y cuarto de la tarde; a Ribadesella a las diez y media. Total, diez horas y media. Distancia, setenta y un km.

De Oviedo a Llanes: salida a las seis de la madrugada. Llegada a las cinco de la madrugada. Total once horas. Distancia, ciento nueve km.

De Oviedo a Pravia: salida de Oviedo a las cuatro de la tarde; llegada a las diez y cuarto de la noche. Total seis horas y cuarto. Distancia, cuarenta y seis km..

De Luarca a Tineo y Cangas de Tineo: salida de Luarca a las cuatro de la tarde; llegada a la espina a las nueve y media de la noche. Espera para el enlace hasta las tres de la madrugada; llegada a Tineo a las cuatro menos cuarto, y a Cangas a las nueve de la mañana. Total, dieciséis horas. Distancia, noventa y ocho km.

Estos viajes en diligencia, que en nuestra época nos parecen de una lentitud e incomodidad insoportables, fueron considerados en su tiempo, a mediados del siglo XIX como un sumum del viajar rápido, cómodo y seguro. Cuando en 1864 se inauguró la línea Oviedo-Luarca, un periodista luarques calificó aquellos coches de “formidables máquinas del progreso”. Y realmente lo eran si se comparaban con las recuas de arrieros de los antiguos caminos de herradura.

Los viajes en diligencia en grandes rutas interprovinciales desaparecerían apenas sobrepasada la mitad del siglo XIX, como consecuencia de la implantación del ferrocarril, como ya hemos dicho, con el que no resultaban competitivas. También la navegación jugó un papel importante en el transporte de mercancías. Productos provenientes del sur y levante español llegaban en barcos a los puertos asturianos con unos costes de porte muy inferiores a los aplicados en el transporte ecuestre. No obstante las diligencias aún se mantendrían, como se ha visto, en itinerarios dentro de la Región. Por otra parte, el transporte en galernas y carromatos continuarían su actividad aunque mermada, por rutas secundarias hasta que la construcción de nuevas carreteras de segundo orden y la aparición de vehículos de tracción mecánica con motores de combustión las obligasen a desaparecer ya bien entrado el siglo XX.

(*).- Una legua equivale a 5,572 metros y 7 decímetros.

(**).- Jovellanos: “Cartas sobre el Principado de Asturias a don Antonio Ponz”. (La Habana 1843).
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