La metamorfosis del texto




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GENET: POMPAS FÚNEBRES

O

LA METAMORFOSIS DEL TEXTO.
Federico García Morales


Prólogo

En el análisis de los fenómenos lingüísticos se llega a tratar de la metamorfosis, de la transformación, de la variación, del re-envío, del proceso del significado, de su producción, queriendo indicar nuestra rendición ante la evidencia de la riqueza de la función poética, Pero aún así, si de la partida no adoptamos una aproximación dialéctica, de duda ante la apariencia, estos conceptos pueden llegar a coagular una fuerte estática ideologizante y aparecer en el discurso de una ontología inconmovible. Y entonces, bajo la moderna vocación por los sistemas, la apoteósis de un logos automático lleva a un pensamiento empobrecido y cerradamente tautológico, como un significado circular. La aventura cultural se robotiza y se convierte en una enorme variación (¿?) sobre un mismo tema…

Muchos rasgos de nuestra sociedad homologan esta vocación concentracionaria. Afortunadamente, al menos en el terreno de la crítica, hemos llegado al momento de los textos abiertos. Cuando el texto no sólo se recoge o “establece” sino que se da por re-orientado en cada lectura; cuando el tema de las transformaciones pudo deslizarse desde el planteamiento de la gramática abstracta, al terreno de las continuidades y modificaciones concretas, erosiones y mutaciones del sentido en el entramado contradictorio del proceso histórico. Diacronía que ha ido cobrando mayor espesor como resultado de estos estudios. El primer paso se dio tras un acto de homogenización de la diversidad cultural.



Desde ese ‘entonces’ discurrimos junto a Freud, a Jung o a Propp. Con este último, los cuentos maravillosos apuntaron hacia un solo cuento. Mayores iniciativas proporcionó la advertencia de que los mitos mantenían una relación interna que se manifiesta parejamente en sus numerosas transformaciones. Al respecto, Lévi-Strauss pudo construir una serialidad genial del mito indo-americano.
Por otra parte, entre el cuento y el mito se fueron cerrando las diferencias genéricas –y lo propio ha ido ocurriendo con otros tipos de narración, y de expresión.
En nuestros trabajos hemos tratado de demostrar cómo la novela “transporta mitos”; cómo sus diferentes textos terminan siempre engranados en alguna línea de transformaciones mitológicas. O cómo el proceso de des-montaje se detiene en encuentros rituales. Estas situaciones interrumpen el control del significado por la inercia de la obra y su emisor lejano, que pasa a ser parte del texto, y una función en la producción del significado. Un mediador.
Surge entonces la actualidad del significado, en cuyo modelado podemos distinguir la operación de dos fenómenos: la transformación y la metamorfosis—tema al que consagramos este artículo.
En la transformación –que obviamente se cumple en la obra literaria, como en todo discurso—‘todo lo que se dice es nuevo, y sin embargo se comprende’. En tanto, en las metamorfosis ‘todo lo que se está diciendo es nuevo y se entiende con alguna diferencia’. La metamorfosis puede originar la modificación o transporte de un texto hacia un género de discursos de funciones diferentes. En la transformación, las palabras se reordenan, mientras en las metamorfosis se alinean temas que cumplen una diversidad de funciones. Propp en “El árbol mágico sobre la tumba” (*), indicó el cambio de función que sigue a la vida de los temas –como mitos, como sagas, como cuentos.
Pueden multiplicarse los ejercicios sobre la gran literatura occidental contemporánea: la obra hessiana nos mostrará la nueva operatividad de los mitos de la madre y de los héroes salvadores, y lo mismo ocurre en las obras de Mann, de Camus, de Malraux o de Kafka. En la literatura latinoamericana, nos encontramos frecuentemente con la expresión de la mitología paterna y una frondosa excursión en los temas del incesto (García Márquez, Carlos Fuentes), junto a cosmogonías que se ejercitan en una temporalidad cíclica (religiosa) que parodia modelos aparentemente acaecidos. Hay que entender que este nuevo momento del significado de esas novelas, no viene a ser ni glosa ni interpretación: es un acrecimiento del texto, es una operación al nivel del significado interno, como texto vivo, leído.
El trabajo que presentamos ahora, nos introduce en el manejo de algunas metamorfosis que originan las connotaciones mitológicas de unos textos de Jean Genet. Connotaciones que surgen de lecturas verticales u horizontales, por relaciones inclusión, de contigüidad o de asociación, o por el puro trabajo histórico de sus frases. Por último, de homologías situacionales que reformulan los elementos mínimos de algún mito. La construcción de estas relaciones, es claro, no surge de inmediato del texto mismo (puesto ahí), ese blanco-negro inerte. El texto vivo es el que nos interesa, el que como construcción mental surge en el acto de la lectura. Este es un acto complejo, y el sentido puede surgir de inferencias del mito mismo –otra construcción--, de donde la interpretación resulta de la aproximación de dos contextos que vienen a explicarse mutuamente.
Un estudio de mayor profundidad de otros elementos transformistas en estos textos (ejemplo, las metonimias muy frecuentes), podrían haber dado más esplendor a esta pequeña aventura ensayística. Dejemos eso para otra ocasión. Aquí nos limitamos a mostrar lo que surge de una lectura donde estuvo presente un número limitado de preocupaciones teóricas, que se las espió desde una sensibilidad más abierta al goce de la obra misma. Los problemas del sentido miraban más que nada a encontrar algunos aspectos de la visión del mundo que trabajaba en el interior de la novela. Nada más. La sorpresa fue encontrar no un mito único—jamás nos detuvimos a pensar eso—sino esta cadena de modificaciones ad infinitud: el postulado mismo de la posibilidad del lenguaje, donde cada momento de la comunicación queda puesto como una consumación histórica donde el hombre se detiene a repasar su experiencia. Y así, cada momento del discurso, se nos aparece como una situación (esto es, situación social) con todas sus estructuras y raíces.,
Aquí está la tensión utópica de nuestra literatura que reenvía siempre a elaboraciones comunes, que acumulan trabajos a veces lejanos, y que nos devuelve entre voces y silencios el entrecortado respirar de vigilias y sueños de nuestro pasado, titubeante, asombrado quizás de este lugar por donde vamos pasando y que nunca antes pudimos imaginar.
Las situaciones a que aludimos más arriba, y estros elementos de reenvío, comportan siempre un paquete novedoso. Y es la relación de la novedad y de la continuidad, la que expresa el sentido.
Ese sentido se viene a dar en parte en esta narración que puede presentarse como resumen de la obra. Ejemplo: “Pompas Fúnebres trata de la muerte y funerales de Jean D., un amante de Genet”. Y los resúmenes pueden multiplicarse, pero con este valor interpretativo: “la Bomba es el resumen de Hiroshima”… La mayor parte del sentido queda entre los distintos textos del discurso, perdido a veces en sus inflexiones mínimas, en el engranamiento de los episodios, en las expresiones que se usan, en las que se silencian, en sus variaciones semánticas…y, por fin, en “los otros textos” que asocia—todos de emergencia siempre ordenada por necesidades contextuales y por homologías de más difícil atribución.
Los otros textos”, cuando se presentan (se da aquí una competencia evocadora), tienen una energía desigual, en lucha con la inteligibilidad actual (de algún modo la del sistema). Su encuentro conduce por senderos dantescos, y como en la obra del ilustre florentino, se deja organizar en círculos donde se mueven “las otras articulaciones del sentido”. Los contextos pueden reclamar entonces una explicación –en este ambiente oracular—y las respuestas hablarán del autor, del lector, de los tiempos, y de tantos héroes que fueron…
Escribí el primer borrador de este trabajo para llenar los requisitos en un curso de Harvey Cox y Kenneth Cartens en Harvard, hace ya muchos años. Aunque le he introducido posteriormente pequeñas variaciones de detalle, en homenaje a la historia bastante trágica de aquellos años, no he querido alterar en nada su formulación original. Responde también a un tiempo en que me preocupaba por las series míticas y el planteamiento de una teoría sobre “el orden de los objetos”—el problema de la fuerza del sistema social—proyectado sobre la obra literaria.
Subyacentes hay preguntas sobre el lenguaje literario: ¿por qué bajo su apariencia normal y “cotidiana”, nos conduce hacia los espacios del mito y de las constelaciones simbólicas? ¿Qué ordenamientos se producen aquí, que no son los ordenamientos de la confrontación real, pero que sin embargo “otorgan sentido”?
Pero esta era una lectura. Muy lejos estaba de mi ánimo rebajar Pompas Fúnebres a una discusión teórica. Pompas Fúnebres es una elegía, y leyéndola uno cae en el vertiginoso mundo que gobierna la Gran Transformadora. Y uno, como Inanna en su descenso a los infiernos, debe resignarse a dejar las joyas en el umbral. Es inevitable en esta lectura el recuerdo de nuestros propios muertos. Yo escribí las páginas que siguen, recordando a un “desaparecido”: de esos que se van en el gran Holocausto silencioso de la historia americana. A uno de esos hombres que nunca más se volverán a encontrar.

FG




A tous ceuls qui cest dit orront

Salut. Sachant tuit qu’ils morront
(Jean Le Fevre ;Le respit de la mort,( 1376 ?)

GENET : POMPAS FÚNEBRES O LAS METAMORFOSIS DEL TEXTO
Je refuse d’être prisionnier d’un automatismo verbal, mais il faut que j’aie recours encore cette foi à une image religieuse… (Genet,Journal du Voleur, p.64)
Un fou peut à ses morts rendre des funerailles insolites. Il peut, il doit inventer les rites. (Id.p.238)

Pompas Fúnebres es un título sugestivo que cubre a una de las creaciones literarias más bien elaboradas del siglo XX. Toda ella está sirviendo al movimiento de los símbolos, a través de una armazón que produce constantemente el milagro de hacer desaparecer al autor y tenerlo allí mismo, a la vez, obsesionadamente presente. Es una obra anunciada en otros textos del propio Genet, pero ella no manifiesta sólo la Anunciación, sino que es de tal modo una apertura de la conciencia, que ésta, en su flujo, irá avanzando otros textos. Enfrentarla con una teoría de los signos, la empobrece. Nunca una novela fue tan ajena a una explicación literal; sin embargo, es una construcción de palabras y situaciones comunes, pero envolviendo un secreto: el misterio de un gran ritual.
Esta obra es religiosa, por la fuerza de lo sagrado en ella, su llamado a lo mítico y a las posibilidades ordenadoras de la identidad y del sacrificio. En su espacio se ordena el rito, se fija el lugar del sacrificio a un Dios que se muestra o se oculta. Pero los críticos, aferrados a los taboos lingüísticos, se sustrajeron a la dificultad de establecer hasta qué punto en este caso, la interacción entre la psique, la vida cultural y las palabras, podía crear significados nuevos, y la condenaron rebajándola a “a más pornográfica de todas las obras de Genet” (1)
En un nivel, la obra “es lo que es”: la extensión de una anécdota del Journal du Voleur, esto es, la muerte súbita del amigo de Genet. Pero aquí nos encontramos de plano ante una de esas extensas elegías que se vienen escribiendo desde el llanto de Gilgamesh sobre el cadáver de su amigo Enkidu. Donde claramente hay sólo un personaje vivo: el que se lamenta, en este caso el propio Genet, Pero con él, empieza a aparecer un universo entero de muerte que cuenta sus recuerdos. El cadáver de Jean D. Provee los materiales para la construcción del relato (el mundo). Ese cadáver llorado, lamentado, recorrido, acariciado, amado, deseado, fornicado, comido, incorporado, existe a lo largo de toda la historia. Tendido desde la eternidad, soñando sus mitos, nos recuerda caracteres parecidos, esos otros cadáveres-proveedores: Tiammat, Purusha, Ymir, Gayōmart...



Jean D. Ha muerto en los días de la liberación de Paris. Es un líder comunista querido por la Juventud, y era el amante de Genet. Los ritos fúnebres se extienden desde el lugar de su muerte, cubierto de flores, a la casa de su Madre, al Templo, al Cementerio –pero repentinamente este paso tranquilo del cadáver, se ve turbado por las transferencias que opera Genet. El cadáver que va al cementerio, puede ir en el ataúd o en la caja de fósforos que Genet lleva en el bolsillo –porque allí puede acariciarlo. Pero el relato experimenta un nuevo desplazamiento, y Jean ha sido también el amante desgraciado de la Doncella que también concurre a otro funeral: el de su hija. Un nuevo salto, y esta vez a través de la Madre, Jean es una figura identificada con Eric, un Waffen SS. Eric también es hermoso, y despierta el interés de Genet, que desde un cine persigue su historia posible mirando las escenas finales de un policía colaboracionista cuya muerte es deseada por el pueblo. Ese personaje también caerá en el mundo que va descomponiendo el cadáver de Jean, en la forma de un amante de Eric, a quien a su vez Genet adivina una larga historia de amor con el verdugo de Berlín.
El encuentro de Eric con el verdugo en un bosque, dará origen a la iniciación de Eric ( en realidad: Eric-Jean-Riton...) en los secretos homosexuales, y llenará una obsesiva rondanella que reaparecerá reactuándose en diversas metamorfosis a lo largo del funeral.
En algún momento hay un asesinato.

Desde su ventana, Hitler saluda el paso del cortejo e invita a participar en fiestas envenenadas en su bunker.
El final cobra una intensidad trágica extrema, en la forma de un diálogo de amor y de muerte, apropiado a la absorción de todo este universo en la nada.
¿Esto es lo que cuenta Genet?
Hay que aceptar como muy difícil realizar un resumen de lo que hay de exterior en esta obra, de lo narrado que pueda tener significados eventuales inmediatos. Pero es sobre estos significados que se funda el juicio de la crítica. Leo Versan, del New York Times , escribió: “a brilliantly reductive argumento of the masturbatory, cannibalistic, evil nature of literature”. William C. Woods, del Washington Post: “a Sainthood conferred by Satan...but it takes artistic expression in a man of savage honesty whose sickness is the hallmark of his strength”. Y Charles Duncan, del Atlantic Journal: “a fusion of pederasty and Christian Paradox”.(2)



Los cadáveres-proveedores

Aludíamos al cadáver de Jean D. como cadáver-proveedor. No: eso no está en la novela. En ninguna parte dice Genet que su amigo sea Tiammat. Él dice solamente:
“Il est troublan qu’un thème macabre m’ait eté offert ily’a longtemps,afin que je le traite aujourd’hui et l’incorpore malgré moi à un texte chargé de décomposer le rayon lumineux, fait surtout d’amour et de douleur, que projette mon coeur desolé... » (3)
Y diez líneas más abajo:
“…Vers le calme,l’eau doit éprouver, quand ce calme est atteint, une sorte de frisson qui ne se propage plus dans sa matière, mais dans son âme. Elle connait la plénitude d’être eau. »
Y sigue :
«  Il est mort en luttant...Puisqu’il était impossible que je l’envalisse seul, lors d’une cérémonie intime (j’eusse pu porter son corps et pourquoi les pouvoirs publics ne l’accordent ils pas ? le découper en morceaux dans une cuisine et le manger. Certes, Il restarait beaucoup de dechet : les intestins, le foie, les poumons, sourtout les yeux avec leurs paupières bordées de cils, que je ferais sécher et bruler me réservant d’en mélanger les cendres à mes aliments, mais la chair pourrait s’assimiler à a la mienne),qu’il parte donc... » (4)

« ...Je suis tourmenté. C’est la naisance du souvenir » (5)... un mort qui leur était cher a titre de mort » (6)
« ...Le corps de Jean était un flaçon de Venise. Je ne doutais pas que se vînt un moment que ce language marveilleux tiré de lui, comme le fil d ‘une pelote la réduit, ne déduisît son corps, ne l ‘ûsat jusqu’ à la transparence, jusqu’à un grain de lumière. Il m’apparait le secret de la matière composant l’astre qui l’émettait, et que la merde entassée dans l’intestin de Jean, son sang lourd et lent, son sperme, ses larmes, sa boue n’étaient pas vostre merde, votre sang, votre sperme ». (7)

« Mais Jean vivra par moi. Je lui prêterai mon corps... c’est le mystère de l’Incarnation...J’officiais en même temps à des funérailles et à des noces. » (8)
En el poema incluido en la página 65, se lee:

“…D’os cloués, d’os preces, recit venu d’ailleurs…”
Y en otro lugar :

« ...Ils menait dans une autre obscurité une vie qui était la replique souterraine de sa vie en plein ciel... (9)


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