Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas




descargar 0.94 Mb.
títuloPara que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas
página27/31
fecha de publicación12.03.2016
tamaño0.94 Mb.
tipoExamen
b.se-todo.com > Historia > Examen
1   ...   23   24   25   26   27   28   29   30   31
Principia de Newton en el desarrollo de la mecánica del siglo XVIII, de las pp. 62-65. Los otros se refieren a las respuestas a la crisis, en la pp. 138.

3 Otras indicaciones podrán encontrarse en dos de mis recientes ensayos: "Reflections on My Critics", editado por Irme Lakatos y Alan Musgrave, Criticism and the Growth of Knowledge (Cambridge, 1970); y "Second Thoughts on Paradigms", editado por Frederick Suppe, The Structure of Scientific Theories (Urbana, III, 1970 o 1971). Más adelante citaré el primero de estos ensayos como "Re-268

POSDATA: 1969 269

Algunas de las principales dificultades de mi texto original se centran en el concepto de un paradigma, y mi análisis empieza con ellas.4 En la subsección que sigue, haré ver lo deseable de aislar tal concepto apartándolo de la noción de una comunidad científica, indico cómo puede hacerse esto y elucido algunas consecuencias con­siderables de la resultante separación analítica. Después considero lo que ocurre cuando se bus­can paradigmas examinando el comportamiento de los miembros de una comunidad científica pre­viamente determinada. Ese procedimiento revela, al punto, que en gran parte del libro me he va­lido del término "paradigma" en dos sentidos distintos. Por una parte, significa toda la cons­telación de creencias, valores, técnicas, etc., que comparten los miembros de una comunidad dada. Por otra parte, denota una especie de elemento de tal constelación, las concretas soluciones de problemas que, empleadas como modelos o ejem­plos, pueden remplazar reglas explícitas como base de la solución de los restantes problemas de la ciencia normal. El primer sentido del tér­mino, al que podremos llamar sociológico, es el tema de la Subsección 2, más adelante; la Sub­sección 3 está dedicada a los paradigmas como ejemplares logros del pasado.

Al menos en el aspecto filosófico este segundo sentido de "paradigma" es el más profundo de los dos, y las afirmaciones que he hecho en su

flections" y al volumen en que aparece como Growth of Knowledge; el segundo ensayo será mencionado como "Second Thoughts".

4 Para una crítica particularmente convincente de mi presentación inicial de los paradigmas véase: "The Na­ture of a Paradigm" en Growth of Knowledge, de Mar­garet Masterman; y "The Structure of Scientific Revolu­tions", de Dudley Shapere, en Philosophical Review, LXXIII (1964), 383-94.

270 POSDATA: 1969

nombre son las principales causas de las contro­versias y equívocos que ha producido el libro, particularmente la acusación de que yo he hecho de la ciencia una empresa subjetiva e irracional. Estos temas se consideran en las Subsecciones 4 y 5. En la primera se sostiene que términos como "subjetivo" e "intuitivo" no pueden aplicarse con propiedad a los componentes del conocimiento que, según mi decisión, están tácitamente empo­trados en ejemplos compartidos. Aunque tal co­nocimiento no está sujeto a la paráfrasis —sin cambios esenciales— por lo que respecta a reglas y cánones, sin embargo resulta sistemático, ha resistido el paso del tiempo, y en cierto sentido es corregible. La Subsección 5 aplica tal argu­mento al problema de elección entre dos teorías incompatibles, y pide, en breve conclusión, que quienes sostienen puntos de vista inconmensura­bles sean considerados como miembros de dife­rentes comunidades lingüísticas, y que sus pro­blemas de comunicación sean analizados como problemas de traducción. Los asuntos restantes se analizan en las siguientes Subsecciones 6 y 7. La primera considera la acusación de que el con­cepto de ciencia desarrollado en este libro es in­tegralmente relativista. La segunda comienza pre­guntando si mi argumento realmente adolece, como se ha dicho, de una confusión entre los mo­dos descriptivo y normativo; concluye con unas breves observaciones sobre un tema que merece un ensayo aparte: el grado en que las principales tesis del libro pueden aplicarse legítimamente a otros campos, aparte de la ciencia.

1. Paradigmas y estructura comunitaria

El término "paradigma" aparece pronto en las páginas anteriores, y es, intrínsecamente, circular.

POSDATA: 1969 271

Un paradigma es lo que comparten los miembros de una comunidad científica y, a la inversa una counidad científica consiste en unas personas que comparten un paradigma. No todas las circulari-dades son viciosas (defenderé más adelante, en este escrito, un argumento de estructura similar), pero ésta es causa de verdaderas dificultades. Las comunidades científicas pueden aislarse sin recu­rrir previamente a paradigmas; éstos pueden ser descubiertos, entonces, analizando el comporta­miento de los miembros de una comunidad dada. Si estuviera reescribiendo este libro, por lo tanto, empezaría con un análisis de la estructura comu­nitaria de la ciencia, tema que recientemente se ha convertido en importante objeto de la investi­gación sociológica, y que también empiezan a to­mar en serio los historiadores de la ciencia. Los resultados preliminares, muchos de ellos aún iné­ditos, indican que las técnicas empíricas necesa­rias para su exploración son no-triviales, pero al­gunas están en embrión y otros seguramente se desarrollarán.5 La mayoría de los científicos en funciones responden inmediatamente a las pre­guntas acerca de sus afiliaciones comunitarias, dando por sentado que la responsabilidad por las varias especialidades actuales está distribuida en­tre grupos de un número de miembros al menos generalmente determinado. Por tanto, supondré

5 The Scientific Community, de W. O. Hagstrom (Nueva York 1965), caps. IV y V; "Collaboration in an Invisible College", de D. J. Price y D. de B. Beaver, American Psychologist, XXI (1966), 1011-18; "Social Structure in a Group of Scientists: A Test of the 'Invisible' College Hypothesis" de Diana Crane. American Sociological Re­view, XXXIV (1969), 335-52; Social Networks among Bio­logical Scientists de N. C. Mullins (Ph. D. Diss Harvard University, 1966) y "The Micro-Structure of an Invisible College: The Phage Group" (artículo presentado en la reunión anual de la American Sociological Association, Boston, 1968).

272 POSDATA: 1969

aquí que ya se encontrarán medios más sistemáti­cos para su identificación. En lugar de presentar los resultados de la investigación preliminar, per­mítaseme explicar brevemente la noción intuitiva de comunidad, subyacente en gran parte de los capítulos anteriores de este libro. Es una idea que comparten extensamente científicos, sociólo­gos y numerosos historiadores de la ciencia.

Según esta opinión, una comunidad científica consiste en quienes practican una especialidad científica. Hasta un grado no igualado en la ma­yoría de los otros ámbitos, han tenido una edu­cación y una iniciación profesional similares. En el proceso, han absorbido la misma bibliografía técnica y sacado muchas lecciones idénticas de ella. Habitualmente los límites de esa bibliografía general constituyen las fronteras de un tema cien­tífico, y cada unidad habitualmente tiene un tema propio. En las ciencias hay escuelas, es decir, comunidades que enfocan el mismo tema desde puntos de vista incompatibles. Pero aquí son mu­cho más escasas que en otros campos. Siempre están en competencia, y su competencia por lo general termina pronto; como resultado, los miembros de una comunidad científica se ven a sí mismos, y son considerados por otros como los hombres exclusivamente responsables de la investigación de todo un conjunto de objetivos comunes, que incluyen la preparación de sus pro­pios sucesores. Dentro de tales grupos, la comu­nicación es casi plena, y el juicio profesional es, relativamente, unánime. Como, por otra parte, la atención de diferentes comunidades científicas enfoca diferentes problemas, la comunicación pro­fesional entre los límites de los grupos a veces es ardua, a menudo resulta en equívocos, y de seguir adelante, puede conducir a un considera­ble y antes insospechado desacuerdo.

POSDATA: 1969 273

En ese sentido, las comunidades, desde luego, existen en muchos niveles. La más global es la comunidad de todos los científicos naturalistas. A un nivel apenas inferior, los principales grupos de científicos profesionales son comunidades: mé­dicos, químicos, astrónomos, zoólogos y similares. Para estos grandes grupos, la pertenencia a una comunidad queda inmediatamente establecida, excepto en sus límites. Temas de la mayor difi­cultad, afiliación a las sociedades profesionales y publicaciones leídas son, por lo general, más que suficientes. Las técnicas similares también pue­den aislar a los principales subgrupos: químicos orgánicos, quizás los químicos de las proteínas entre ellos, físicos especializados en transistores, radio astrónomos, etc. Sólo es en el siguiente nivel inferior donde surgen problemas empíricos. Para tomar un ejemplo contemporáneo, ¿cómo se habría podido aislar el grupo "fago", antes de ser aclamado por el público? Con este fin se debe asistir a conferencias especiales, se debe recurrir a la distribución de manuscritos o galeras antes de su publicación y ante todo, a las redes oficia­les o extraoficiales de comunicación, incluso las que hayan sido descubiertas en la corresponden­cia y en los nexos establecidos entre las refe­rencias.6 Yo sostengo que esa labor puede y debe hacerse, al menos en el escenario contemporáneo, y en las partes más recientes del escenario histó­rico. Lo característico es que ofrezca comunida­des hasta, quizá, de cien miembros, ocasionalmen­te bastante menos. Por lo general los científicos

6 The Use of Citation Data in Writing the History of Science, de Eugene Garfield (Filadelfia: Institute of Scien­tific Information, 1964); "Comparison of the Results of Bibliographic Coupling and Analytic Subjetc Indexing", de M. M. Kessler, American Documentation, XVI (1965) 223-33; "Networks of Scientific Papers", de D. J. Price, Science, CIL (1965), 510-15.

274 POSDATA: 1969

individuales, particularmente los más capaces, pertenecerán a varios de tales grupos, sea simul­táneamente, sea en sucesión.

Las comunidades de esta índole son las unida­des que este libro ha presentado como producto­ras y validadoras del conocimiento científico. A veces los paradigmas son compartidos por miem­bros de tales grupos. Si no se hace referencia a la naturaleza de estos elementos compartidos, muchos aspectos de la ciencia descritos en las páginas anteriores difícilmente se podrán enten­der. Pero otros aspectos sí, aunque no hayan sido presentados independientemente en mi texto ori­ginal. Por tanto, vale la pena notar, antes de vol­verse directamente a los paradigmas, una serie de asuntos que requieren su referencia a la es­tructura de la comunidad, exclusivamente.

Probablemente el más notable de éstos es lo que antes he llamado la transición del periodo pre-paradigma al post-paradigma en el desarrollo de un campo científico. Tal transición es la que fue esbozada antes, en la Sección II. Antes de que ocurra, un buen número de escuelas estarán com­pitiendo por el dominio de un ámbito dado. Des­pués, en la secuela de algún notable logro cien­tífico, el número de escuelas se reduce grande­mente, ordinariamente a una, y comienza enton­ces un modo más eficiente de práctica científica. Este último generalmente es esotérico, orientado hacia la solución de enigmas, como el trabajo de un grupo puede ser cuando sus miembros dan por sentadas las bases de su estudio.

La naturaleza de esa transición a la madurez merece un análisis más completo del que ha re­cibido en este libro, particularmente de aquellos interesados en el avance de las ciencias sociales contemporáneas. Con ese fin puede ser útil in­dicar que la transición no tiene que estar aso-

POSDATA: 1969 275

ciada (ahora creo que no debe estarlo) con la primera adquisición de un paradigma. Los miem­bros de todas las comunidades científicas, incluso de las escuelas del periodo "preparadigma" com­parten las clases de elementos que, colectivamen­te, he llamado un "paradigma". Lo que cambia con la transición a la madurez no es la presencia de un paradigma, sino, antes bien, su naturaleza. Sólo después del cambio es posible una investiga­ción normal de la solución de enigmas. Muchos de los atributos de una ciencia desarrollada, que antes he asociado con la adquisición de un para­digma, serán considerados, por tanto, como con­secuencias de la adquisición de la clase de para­digmas que identifica los enigmas más intrigan­tes, que aporta claves para su solución y que garantiza el triunfo del practicante verdadera­mente capaz. Sólo quienes han cobrado ánimo observando que su propio campo (o escuela) tie­ne paradigmas sentirán, probablemente, que el cambio sacrifica algo importante.

Un segundo asunto, más importante al menos para los historiadores, implica la identificación hecha en este libro, de las comunidades científi­cas, una a una, con las materias científicas. Es decir, repetidamente he actuado como si, por ejemplo, la "óptica física", la "electricidad" y el "calor" debieran señalar comunidades científicas porque designan materias de investigación. La única alternativa que mi texto ha parecido dejar consiste en que todos estos temas han perteneci­do a la comunidad científica. Sin embargo, las identificaciones de tal índole no resisten un exa­men, como repetidas veces lo han señalado mis colegas en materia de historia. Por ejemplo, no hubo una comunidad de físicos antes de media­dos del siglo XIX, y entonces fue formada por una amalgamación de partes de dos comunidades an-

276 POSDATA: 1969

tes separadas: las matemáticas y la filosofía natu­ral (physique experiméntale). Lo que hoy es ma­teria para una sola extensa comunidad ha estado distribuido de varios modos, en el pasado, entre diversas comunidades. Otros temas de estudio más reducidos, por ejemplo el calor y la teoría de la materia, han existido durante largos periodos sin llegar a convertirse en campo exclusivo de ninguna comunidad científica en especial. Sin em­bargo, tanto la ciencia normal como las revolu­ciones son actividades basadas en comunidades. Para descubrirlas y analizarlas es preciso desen­trañar la cambiante estructura de las ciencias con el paso del tiempo. En primer lugar, un paradig­ma no gobierna un tema de estudio, sino, antes bien, un grupo de practicantes. Todo estudio de una investigación dirigida a los paradigmas o a destruir paradigmas debe comenzar por localizar al grupo o los grupos responsables.

Cuando se enfoca de este modo el análisis del desarrollo científico, es probable que se desvanez­can algunas dificultades que habían sido focos de la atención de los críticos. Por ejemplo, un gran número de comentadores se han valido de la teo­ría de la materia para indicar que yo exageré radicalmente la unanimidad de los científicos en su fe en un paradigma. Hasta hace poco, señalan, esas teorías habían sido materia de continuo de­sacuerdo y debate. Yo convengo con la descrip­ción, pero no creo que sea un ejemplo de lo con­trario. Al menos hasta 1920, las teorías de la ma­teria no fueron dominio especial ni objeto de estudio de ninguna comunidad científica. En cambio, fueron útiles de un buen número de gru­pos de especialistas. Los miembros de diferentes comunidades científicas a veces escogen útiles dis­tintos y critican la elección hecha por otros. Algo aún más importante: una teoría de la materia no

POSDATA: 1969 277

es la clase de tema en que los miembros siquiera de una sola comunidad necesariamente deben con­venir. La necesidad de un acuerdo depende de lo que hace la comunidad. La química de la prime­ra mitad del siglo XIX resulta un caso oportuno. Aunque varios de los útiles fundamentales de la comunidad —proporción constante, proporción múltiple y pesos combinados— se han vuelto del dominio público como resultado de la teoría ató­mica de Dalton, era absolutamente posible que los químicos, ante el hecho consumado, basaran su labor en aquellos útiles y expresaran su desa­cuerdo, a veces con vehemencia, con respecto a la existencia de los átomos.

Creo que de la misma manera podrán disiparse algunas otras dificultades y equívocos. En parte a causa de los ejemplos que he escogido y en par­te a causa de mi vaguedad con respecto a la na­turaleza y las proporciones de las comunidades en cuestión, unos cuantos lectores de este libro han concluido que mi interés se basa fundamen­tal y exclusivamente en las grandes revoluciones, como las que suelen asociarse a los nombres de Copérnico, Newton, Darwin o Einstein. Sin em­bargo, yo creo que una delineación más clara de la estructura comunitaria ayudaría a iluminar la impresión bastante distinta que yo he querido crear. Para mí, una revolución es una clase espe­cial de cambio, que abarca cierta índole de re­construcción de los compromisos de cada grupo. Pero no tiene que ser un gran cambio, ni siquiera parecer un cambio revolucionario a quienes se hallen fuera de una comunidad determinada, que acaso no consista más que en unas veinticinco personas. Y simplemente porque este tipo de cambio, poco reconocido o analizado en la biblio­grafía de la filosofía de la ciencia, ocurre tan regularmente en esta escala menor, es tan urgente

278 POSDATA: 1969

comprender el cambio revolucionario, en contras­te con el acumulativo.

Una última alteración, íntimamente relacionada con la anterior, puede ayudarnos a hacer más fácil esa comprensión. Un buen número de críti­cos han dudado de que una crisis, la observación común de que algo anda mal, preceda tan invaria­blemente las revoluciones como yo lo he dicho, implícitamente, en mi texto original. Sin embar­go, nada de importancia en mi argumento depen­de de que las crisis sean un requisito absoluto para la revolución. Tan solo necesitan ser el pre­ludio habitual, que aporte, por decirlo así, un mecanismo de auto-corrección que asegure que la rigidez de la ciencia normal no siga indefinida­mente sin ser puesta en duda. También pueden inducirse de otras maneras las revoluciones, aun­que creo que ello ocurra raras veces. Además, deseo señalar ahora lo que ha quedado oscureci­do antes por falta de un adecuado análisis de la estructura comunitaria: las crisis no tienen que ser generadas por la labor de la comunidad que las experimenta y que a veces, como resul­tado, pasa por una revolución. Nuevos instru­mentos como el microscopio electrónico o leyes nuevas como la de Maxwell pueden desarrollarse en una especialidad, y su asimilación puede crear crisis en otras.

2.
1   ...   23   24   25   26   27   28   29   30   31

similar:

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconTodos los datos permanecerían en estricta confidencialidad y serán...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconTodos los datos permanecerían en estricta confidencialidad y serán...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconMujeres en todos los ámbitos de la política, la ciencia, la literatura

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconResumen En la actualidad, la ciencia avanza a pasos agigantados,...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconEl péndulo es un instrumento fascinante que ha hecho vivir unas interesantes...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconLa especie humana se ha visto amenazada por ciertas razas de caninos...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconAnte un examen, un alumno ha estudiado 15 de los 25 temas correspon-dientes...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconSeguramente todos los días pensamos en nuestra vida: nos preguntamos...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconResumen el hombre desde los inicios de la agricultura ha tomado lo...

Para que el cultivo de la historia de la ciencia ad­quiera cabal sentido y rinda todos los frutos que promete, se impone el examen de ciertas coyun­turas iconTrazabilidad es registrar todos los elementos referidos a la historia...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com