La “Union” (Europea) que no quiere ser “Jack”: “British go home” (and God save the Queen) ¿Es imaginable una Unión Europea sin el Reino Unido? El Reino Unido y la Unión Europea




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títuloLa “Union” (Europea) que no quiere ser “Jack”: “British go home” (and God save the Queen) ¿Es imaginable una Unión Europea sin el Reino Unido? El Reino Unido y la Unión Europea
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(Por Paul Majendie)
Londres.- El primer ministro británico, Gordon Brown, cuya popularidad está cayendo y cuya capacidad para gestionar la economía está siendo cuestionada, se enfrenta el jueves con su primera prueba electoral desde que sustituyó en el cargo a Tony Blair en junio pasado. (El subrayado es mío)
Las elecciones municipales en Inglaterra y Gales, junto con el reto de alto nivel para designar al próximo alcalde de Londres, se celebraron por última vez en 2004, cuando primaba el descontento de la opinión pública por la guerra de Irak.
El Partido Laborista, que metió a Reino Unido en el conflicto apoyando a Estados Unidos, tuvo entonces malos resultados. Si Brown pierde más terreno en esta ocasión, sería un revés para su prestigio y reforzaría las especulaciones sobre un posible desafío a su liderazgo en el partido.
Los gobiernos sufren habitualmente reveses en las elecciones a mitad de mandado y Brown no tiene que convocar comicios parlamentarios hasta 2010, momento para el que espera que la crisis crediticia mundial haya remitido. Brown atisbó el jueves buenas noticias cuando el Banco de Inglaterra dijo que lo peor de la crisis podría haber pasado e indicó que los bancos estaban siendo demasiado cautos con los préstamos.
Su prestigio creció cuando sustituyó a Blair tras 10 años como ministro de Economía, periodo durante el que Reino Unido experimentó un crecimiento económico sostenido. Pero los medios y la oposición le acusaron de vacilar sobre una posible convocatoria anticipada de elecciones en octubre y también se ha visto acosado por las luchas internas de su partido, las dificultades económicas y la intranquilidad industrial. El miércoles reconoció que ha cometido errores sobre una reforma blanda. Una revuelta en el partido le forzó a hacer concesiones para evitar que la gente con menores ingresos pudiera verse dañada por los cambios.
En las elecciones de hoy están en juego unos 4.000 escaños en 160 consejos municipales de Inglaterra y Gales. La disputa más importante se da en Londres, donde el ex editor y parlamentario conservador Boris Johnson y el actual alcalde, el disidente laborista Ken Livingstone, sostienen una dura pugna. La victoria de Johnson sería un empujón importante para el líder conservador David Cameron, que en las próximas elecciones parlamentarias tratará de poner fin a los tres triunfos consecutivos laboristas. En juego en las elecciones londinenses está la responsabilidad de un presupuesto de 11.000 millones de libras y la gestión de uno de los centros económicos más importantes del mundo ante los próximos Juegos Olímpicos de 2012.
- Brown lleva al laborismo británico a la peor derrota en cuatro décadas (El Mundo -2/5/08)
Londres.- Se fue Blair, llegó Brown y se atenuó la influencia de Irak en la arena política, pero poco ha importado. El laborismo británico cosechó en las municipales del jueves la peor debacle electoral de su historia reciente. Peor que las de la “era Thatcher” y muy similar a que los conservadores sufrieron en 1995, dos años antes de que Tony Blair barriera del poder al primer ministro John Major. (El subrayado es mío)
A la espera que se complete el recuento y que se inicie el escrutinio en la capital, los conservadores ganan 147 ediles más y rondan el 44%. Los laboristas, sin embargo, pierden 162 y se desploman hasta un porcentaje de voto del 24%, que les coloca como tercer partido, por detrás incluso de los liberal-demócratas, que obtienen un 25%. Se espera que al final del día de hoy los “tories” hayan ganado más de 200 ediles y quizá también la Alcaldía de Londres.
Se trata del escenario de pesadilla para el primer ministro, Gordon Brown, cuyo liderazgo estaba de alguna manera a prueba en estos comicios. Lo es aún más si se tiene en cuenta que la última vez que estuvieron en juego estas concejalías fue en los comicios de 2004, con el Partido Laborista en plena resaca de la Guerra de Irak. Brown ha logrado pues lo que parecía imposible: superar la ignominia del resultado de entonces. Y ni siquiera puede achacarlo a un conflicto bélico impopular o al desgaste en el poder de su antecesor.
Los comicios se interpretan pues como un duro voto de castigo a Brown y la prueba de que el líder conservador, David Cameron, empieza a ser visto como una alternativa creíble a sucederle en las próximas generales, que tendrán lugar entre mayo de 2009 y junio de 2010. Brown ha perdido más en sus feudos, lo que indica que hay una conexión entre la derrota y la subida de impuestos a las clases más bajas, que el primer ministro anunció y luego tuvo que retirar a regañadientes ante la perspectiva de una revuelta parlamentaria. Se trata de un asunto que ha ido directo a los intereses de los votantes más fieles al laborismo, a los que no ha terminado de convencer la marcha atrás del primer ministro.
Esta vez será casi imposible vender la debacle como una victoria. Los conservadores han ganado inesperadamente Southampton. También Bury -en el Norte- y Vale de Glamorgan -en Gales- y se espera que tomen también los feudos laboristas de Reading y North Tyneside. La debacle de Brown podría matizarse dependiendo de lo que ocurra hoy en la Alcaldía de Londres, cuyo voto no se escrutará hasta esta tarde. Brown pone sus últimas esperanzas en un triunfo del incombustible Ken Livingstone, pero hay signos que podrían indicar que la capital se dirige también a una victoria del pretendiente conservador, Boris Johnson. Hay un acuerdo tácito que dice, por ejemplo, que una participación alta favorece a Livingstone. Hay otro que asegura que la lluvia favorece las opciones de su Boris Johnson, cuyo electorado -adultos, gente mayor- es más fiel a la cita con las urnas.
En Londres hubo este jueves chaparrones intermitentes y según los primeros indicios la participación podría rondar el 50%, un dato altísimo a la luz de la registrada en los dos comicios anteriores (33% en 2000 y 26% en 2004). Los dos son a priori datos favorables a la continuidad de Livingstone, pero nadie se atreve aquí a dar un duro por ella. La participación, por ejemplo, fue altísima en distritos tradicionalmente conservadores.


Las encuestas dan Londres a los conservadores
En cuanto a las encuestas, la última arrojó dos titulares. El primero, que ganaría Johnson por un porcentaje de entre un 6% y un 7%. El segundo, que su ventaja se ha reducido a la mitad en apenas dos días. La debacle se medirá por lo que ocurra sobre todo en lugares como Reading, nudo ferroviario al oeste de Londres aún pendiente de escrutinio
La encuesta hay que cogerla con pinzas por dos motivos. El primero, que la empresa que la firma -YouGov- ha dado siempre resultados abultados en favor de Johnson. El segundo, que el diario que la publica -el “Standard”- ha sido el gran valedor del candidato “tory” durante la campaña. ¿Será el sondeo un síntoma de la victoria de Boris? ¿O el preludio de un vuelco -con voto oculto incluido- que dará la victoria al actual alcalde?
Si el laborismo pierde Londres, ni siquiera le queda el consuelo de convertir Liverpool en un premio de consolación: los laboristas han acabado allí con la mayoría absoluta de los liberal-demócratas pero no han avanzado tanto como estaba previsto. La debacle se medirá por lo que ocurra sobre todo en lugares como Reading, nudo ferroviario al oeste de Londres aún pendiente de escrutinio donde los laboristas gobiernan en el filo de la navaja. Reading es importante porque si cae en manos de los conservadores, quedará en entredicho la capacidad del escocés Brown de ganar votos en el Sur de Inglaterra.
Una incapacidad que para su desgracia no se reproduce simétricamente en el otro bando. Los conservadores podrían tomar el control de su primera autoridad local en el Noreste inglés, un territorio castigado por la bancarrota del banco Northern Rock que es a los laboristas lo que Andalucía a los socialistas españoles.
- Los laboristas sufren su peor derrota en 40 años (Reuters - 2/5/08)

(Por Michael Holden y Paul Majendie)
El Partido Laborista ha sufrido su peor derrota en unas elecciones municipales en 40 años, un duro revés para el primer ministro Gordon Brown en su primera prueba en las urnas desde que asumió el poder de manos de Tony Blair. (El subrayado es mío)
Golpeado por la situación económica mundial y exasperado por las diferencias intestinas en el partido, tiene por delante un camino difícil frente al resurgir conservador de cara a las elecciones parlamentarias previstas para 2010.
“Si la crisis económica continúa hasta 2010, Brown se va a pique”, dijo el realizador de sondeos de MORI Robert Worcester a Reuters. Con dos tercios de los votos escrutados en Inglaterra y Gales, la BBC predice que los conservadores ganarán el 44 por ciento y los laboristas un humillante 24 por ciento, un punto por detrás de los liberales demócratas.
Los resultados fueron un duro veredicto para el primer año de Brown en el poder, y el pobre resultado podría cuestionar su liderazgo, según los analistas. Pero los ministros del Gobierno dijeron que las elecciones reflejaban la depresión económica causada por la crisis crediticia mundial y que Brown remontaría hasta ganar las próximas elecciones generales.
La segunda de los laboristas, Harriet Harman, dijo: “Son resultados decepcionantes y reconocemos el difícil contexto económico, la gente está notando los apuros”.Citando un nuevo mantra del partido, dijo a BBC News: “Estamos decididos a escuchar”.
Los conservadores mantenían un ánimo boyante tras una década de reveses políticos. “Los asuntos de Estado se dirigen contra las rocas”, dijo el portavoz gubernamental conservador Eric Pickles.
Nick Clegg, nuevo líder de los liberal-demócratas que podrían tener el equilibrio de poder si las próximas elecciones dan un resultado ajustado, dijo: “Es la segunda vez en nuestra historia del período de posguerra que superamos a los laboristas en porcentaje de votos”.
Unos 4.000 escaños en 160 municipios de toda Inglaterra y Glaes estaban en juego en las elecciones del jueves. John Curtice, profesor de política en la universidad de Strathclyde, dijo que los conservadores tuvieron mejor resultado del esperado y los laboristas peor del de las peores predicciones.
“El peor resultado en 40 años”
Los periódicos dijeron que Brown había sido castigado por los votantes por su decisión de abolir la banda fiscal para los ingresos más bajos. La reforma se produjo tras una revuelta en el partido. “Brown es golpeado en las elecciones locales”, dijo el Daily Telegraph. The Guardian indicó que había sido “maltratado”. The Times informó de que los laboristas sufrieron su “peor revés en 40 años”.
El ex ministro de Economía había disfrutado de una breve luna de miel con los votantes tras sustituir a Blair en junio pasado, pero los medios y la oposición le acusaron de vacilar sobre una convocatoria anticipada de elecciones en octubre y también ha sido atacado por los motines de su partido, las dificultades económicas y el descontento empresarial.
La atención se vuelve ahora hacia Londres, donde dos disidentes luchan por el puesto de alcalde en las elecciones más disputadas desde que se creó la oficina hace ocho años. La victoria del conservador Boris Johnson sería un impulso importante para el líder del partido, David Cameron, mientras que un triunfo del alcalde en funciones, Ken Livingstone, sería un alivio para Brown.
- Laborismo: de la pesadilla a la estrategia (BBCMundo.com - 2/5/08)

(Por Javier Farje)

“Mi trabajo es escuchar y liderar” fue lo que dijo el primer ministro Gordon Brown, en su primera aparición pública luego de unas elecciones que definió con el adjetivo tibio de “decepcionantes”. (El subrayado es mío)
En su breve comparecencia ante la prensa, Brown usó un lenguaje de contrición. Habló de aprender lecciones y de caminar hacia adelante. El problema es que el término “decepcionante” no alcanza para definir lo que ha sido una noche desastrosa para el partido de Brown, la peor derrota municipal en 40 años.
Quedar tercero en unas elecciones cuando se es partido de gobierno no augura nada bueno, sobre todo si la oposición logró su objetivo de convertir unos comicios municipales en una especie de consulta popular sobre el gobierno central.
Antecedente
Pero los laboristas ya han perdido antes elecciones municipales para luego ganar las generales. Esto ocurrió en 2004, cuando obtuvieron apenas 26% de los votos en las elecciones municipales parciales de ese año, y terminaron ganando los comicios generales del año siguiente. Pero en esa ocasión, los laboristas obtuvieron 26% de los votos y no quedaron terceros en las preferencias del electorado.
“Las elecciones realizadas en la mitad de un período de gobierno suelen dar resultados como este” dice David Hill, asesor del ex-primer ministro Tony Blair. “Es el bolsillo de la gente lo que ha influido, la falta de confianza en la forma en que el gobierno maneja la economía” subraya Hill.
“Tories” optimistas
En sus primeras declaraciones luego de conocerse el triunfo de los conservadores, su líder David Cameron dijo que era su partido el que estaba definiendo la agenda política en todo el país. A pesar de que, en efecto, Cameron transformó estas elecciones en un referendo sobre el gobierno, él es consciente de que sus sueños de llegar a ser primer ministro aún están lejos de convertirse en realidad. El gran desafío de los “tories” es ahora transformar este voto de protesta en un voto por ellos donde cuenta: en las elecciones generales.
“Tenemos que convencer a la gente de que podemos introducir los cambios que pide la gente, en las escuelas, los hospitales, en el control del crimen callejero” dijo Cameron en Gales, que ha sido un bastión del laborismo, pero que en los últimos años ha estado coqueteando con los conservadores. “La gente está preocupada por los precios de los alimentos y el aumento de los pecios de los combustibles y la inestabilidad financiera. Tenemos que reconocer estas preocupaciones y hacer todo lo posible para proteger a la gente de los problemas que se presentan” dijo Harriet Harman, la segunda en el liderazgo del partido de gobierno. Y es precisamente ahí donde radica la estrategia de salvataje de los laboristas.
Futuro
Los laboristas esperan que el electorado vuelva al redil cuando se trata de elecciones generales, que vuelva a confiar en un primer ministro que, como guardián de las arcas de estado, mantuvo en crecimiento a la economía británica. Los laboristas quieren reconstruir esa alianza informal de intelectuales citadinos, minorías étnicas y obreros, que llevó al poder a Tony Blair en tres elecciones consecutivas, convirtiéndolo en el dirigente más exitoso en la historia de su partido.
La oposición conservadora considera -y confía- en que ya sea demasiado tarde para eso.

Las encuestas de opinión de los últimos meses sugieren que el electorado confía más en Cameron que en Brown en el manejo de la economía. Esto, a pesar de que el hoy líder conservador trabajaba en el Tesoro en 1993, cuando la libra esterlina fue retirada del Sistema Monetario Europeo debido a que la divisa británica colapsó en los mercados de cambios.
De confirmarse el optimismo del Banco de Inglaterra, que dice que la crisis de los créditos ya ha pasado y que en su peor momento fue exagerada, esto podría ayudar al laborismo. Pero si una buena noticia en la economía no está acompañada por un liderazgo político firme, que contradiga a quienes opinan que Gordon Brown no tiene estatura de estadista, los resultados del 1 de mayo podrían repetirse en elecciones generales. Y muchos se preguntan si el primer ministro deberá cambiar por completo su estilo de gobierno para evitar una nueva debacle.
- Los laboristas pierden Londres (BBCMundo.com - 3/5/08)
El conservador Boris Johnson ganó las elecciones a la alcaldía de Londres, dando fin a ocho años de reinado del laborista Ken Livingstone. (El subrayado es mío)
El candidato del Partido Conservador triunfó con 1.168.738 votos, comparados con los 1.028.966 obtenidos por Livingstone. Johnson pagó tributo a Livingstone por darle forma a la alcaldía y por hablar a nombre de Londres luego de los ataques terroristas del 7 de julio de 2005, señalando que el alcalde saliente tenía “el agradecimiento y la admiración de millones e londinenses”.
Estocada
La victoria de Johnson corona los logros alcanzados por el Partido Conservador en los comicios municipales de Inglaterra y Gales. El Primer Ministro británico calificó el día como “decepcionante”, luego de obtener los resultados en comicios municipales más pobres que el partido haya tenidos en 40 años.
Livingstone agradeció a los londinenses que votaron por él y asumió total responsabilidad de la derrota. Dijo que lamentaba no haber obtenido los pocos puntos porcentuales que lo separaban de la victoria, pero señaló que la falla es “solamente mía”.
Triunfo conservador
La alcaldía de Londres es la única que se elige por voto directo y los resultados de esta contienda política son interpretados como un signo de popularidad de los partidos a nivel nacional. El líder del Partido Conservador, David Cameron, elogió a Johnson por una “campaña seria y energética” y dijo que su partido estaba “ganando la batalla de las ideas”.
En los comicios municipales se disputaron 4.102 puestos de concejales en 159 municipios de Inglaterra y Gales. El laborismo quedó en tercer lugar. La investigación hecha por la BBC la noche del viernes indicaba que el partido gobernante obtuvo el 24% de los votos, detrás de los conservadores, con el 44% y del Partido Liberal Demócrata, con 25%. La victoria conservadora es interpretada como un gran avance del partido que lidera las encuestas de intención de voto con miras a las elecciones que deberían efectuarse a más tardar en 2010.
- Johnson, de director de una revista minoritaria a alcalde de Londres (La Vanguardia -3/5/08)
Londres. (EFE).- El conservador Boris Johnson, elegido hoy nuevo alcalde de Londres, ha protagonizado una de las carreras más meteóricas de la política británica, al pasar en pocos años de dirigir una revista minoritaria a gestionar una de las capitales más importantes, ricas y diversas del mundo. (El subrayado es mío)
Diputado por Henley (sureste inglés) desde el 2001, tuvo un breve paso por la primera línea de la política nacional al ser portavoz de educación superior del Partido Conservador de diciembre del 2005 a julio del 2007, antes de ser designado candidato a la alcaldía.
Previamente, fue cesado de otros dos cargos en la formación -portavoz de cultura y vicepresidente de los “tories”- por mentir al entonces líder, Michael Howard, sobre una aventura fuera del matrimonio con una periodista de su revista, “The Spectator”.
Pese a su limitada experiencia política y a que apenas ha vivido en Londres, Boris Johnson, conocido por su labia y por sus meteduras de pata, conquistó la alcaldía capitalina, uno de los trofeos políticos más preciados del país.
Nacido en Nueva York en 1964, Alexander Boris de Pfeffel Johnson, típico inglés de clase alta que estudió Humanidades en Oxford, con fama de bufón e impredecible, parecía en principio el candidato más inverosímil para administrar una ciudad de la magnitud y complejidad de Londres.
Aun reconociendo su carisma, los críticos dudaban de la capacidad para gestionar la capital de alguien cuya máxima responsabilidad había sido dirigir un pequeño semanario y que, además, se había ganado la enemistad de las minorías étnicas del país por sus comentarios extemporáneos y despectivos.
Su tendencia a los deslices verbales se evidenció incluso durante la campaña electoral, cuando prometió a bombo y platillo que iba a recuperar los viejos autobuses de dos pisos y sin puertas, retirados por Ken Livingstone por inseguros, para después retractarse y admitir que sería demasiado caro.
Como director del “Spectator” sancionó opiniones racistas, como que los negros tienen un menor coeficiente intelectual, y tuvo que disculparse ante Papúa Guinea por asociar a los habitantes de la isla con el canibalismo.
Como columnista en “The Daily Telegraph” describió en términos derogatorios a los niños africanos que recibían a los líderes británicos en las ex colonias.
Para congraciarse con las minorías, durante la campaña electoral Johnson echó mano de sus antepasados turcos: su bisabuelo fue un periodista llamado Ali Kemal que sirvió en el gobierno de Ahmed Tevfik Pasha, gran visir del imperio otomano.
Sus abuelos llegaron a Inglaterra en 1909 y se establecieron en el barrio londinense de Wimbledon, para, después de la primera Guerra Mundial, conseguir la ciudadanía británica.

Tras pasar por Eton, el colegio donde se educa la realeza, estudió en el prestigioso Balliol College de la Universidad de Oxford, donde llegó a presidir la asociación de estudiantes.
Convertido en reportero, fue despedido de “The Times” por inventarse una cita, aunque luego fue corresponsal en Bruselas y editorialista para el más derechista “The Daily Telegraph”, del que pasó en 1999 a “The Spectator” como columnista y luego director.
Admirador del imperio romano, Boris Johnson, reconocible por su desordenada melena color paja, ha ganado estas elecciones como el César, “veni, vidi, vincit”, aunque contara con el nada desdeñable apoyo del periódico londinense “Evening Standard”, que ha visto así culminada su campaña de años para derrocar a Livingstone.
- Perfil de Boris Jonson, nuevo Alcalde de Londres (Un bufón en la corte de David) (El Mundo - 3/5/08)

(Por Eduardo Suárez - Corresponsal)
Londres.- Aquí es simplemente Boris. Nadie se refiere a él por el apellido. Quizá por la familiaridad que da la televisión, donde ganó fama en programas de humor a base de un ingenio afilado y pegadizo. O quizá por su fanfarronería inofensiva, tan celebrada en este país de shakespearianos Falstaffs y gamberros.
Irónico, culto e inteligente, Boris no es exactamente el bufón que pintan sus enemigos aunque a lo largo de su carrera política se ha empleado a conciencia en disimularlo. Su imagen pública es la de un político frívolo e irrelevante, ideal para un ejercicio de telegenia, pero incapaz de ejercer con seriedad ningún cometido político. La Alcaldía de Londres pondrá a prueba las acusaciones de sus críticos y le convertirá en una figura de visibilidad pública ilimitada. (El subrayado es mío)
Una visibilidad que tendrá en vilo a muchos conservadores, temerosos de que Boris haga una de las suyas en los meses que quedan hasta las generales. No sería de extrañar, a la luz de la hoja de servicios del personaje, que incluye todo tipo de pifias y meteduras de pata. Algunas tan ominosas como cuando dijo que los negros tenían “sonrisas de sandía” o cuando proclamó que el canibalismo era una práctica común en Papúa-Nueva Guinea.
Simples minucias para el hombre que robó una pitillera de entre las ruinas de la casa del ministro de Exteriores de Saddam Hussein, Tarek Aziz, o que viajó por su cuenta a Bagdad sin avisar al jefe de su grupo parlamentario. Una anécdota que da una idea aproximada del personaje fue el diálogo que entonces mantuvo desde la capital iraquí con uno de sus asesores: “Hola, viejo guisante, aquí Boris. Qué, ya ves, lo hice. Muy interesante. Fascinante. Aquí estoy, en el destrozado hotel Palestina. ¿Que hay una votación mañana? Que le den. Ya volveré el miércoles”. Vamos, lo que se dice un profesional.
Alumno de las aulas elitistas de Eton y Oxford, Boris hizo también sus pinitos en el periodismo. Le echaron del diario “The Times” porque adornó un reportaje con las citas falsas de un profesor de Historia. El Telegraph le hizo corresponsal en Bruselas y las páginas del diario enseguida se llenaron de historias espeluznantes -algunas infladas, la mayoría falsas- sobre la burocracia europea. Sus colegas le odiaban pero le querían. Al fin y al cabo, les hacía reír.
Después llegó su elección como diputado y su nombramiento como director de “The Spectator”, el semanario de pensamiento de la derecha británica. Allí recuerdan el día que llegó a la redacción con un agujero en los pantalones y, mientras se los remendaba un redactor solícito, trabajó toda la mañana en calzoncillos. O la explosión del escándalo que le apartó de la primera línea política: su lío de faldas con la exuberante periodista Petronella Wyatt. Se descubrió el pastel porque llegó un día un taxista a la sede de “The Spectator” con una cinta de “La Boheme”. Los amantes se la habían olvidado en el taxi. Se la habían dado al chofer porque les ponía meterse mano entre los acordes de Puccini.
Boris dejó a Petronella y se quedó con su esposa, la izquierdista Marina, y sus cuatro hijos. Corre por las mañanas y va en bici al trabajo. Ha acabado sobre el asfalto al menos tres veces en los últimos tres años. La última contra un grupo de turistas franceses, a los que acusó a gritos de no saber por dónde iba el tráfico. Los periódicos le han retratado en incontables ocasiones hablando por el móvil y sacándose los mocos al volante del coche. He aquí el nuevo alcalde de Londres. Los periodistas nos frotamos las manos.
- Historias de Boris (I): Las mujeres (El Mundo - 3/5/08)

(Por Eduardo Suárez desde Londres)
No es un político. Es un personaje de cómic. Una especie de mezcla entre Don Pantuflo y Pedro Picapiedra. Fanfarrón, excéntrico, hiperbólico, es imposible constreñir en un solo post la personalidad inasible de Boris Johnson. Por eso, se inicia aquí una serie con el fin altruista de ir descubriéndole al lector quién es y de dónde viene el flamante alcalde de Londres. (El subrayado es mío)
Repasemos, para empezar, su relación con las mujeres. Uno diría que no ha evolucionado demasiado desde Eton, cuando escribió de su puño y letra en un cuaderno que su objetivo en la vida era “hacer más muescas en mi falo falocrático”.
Es cierto. Desde entonces se ha casado dos veces y ha tenido cuatro hijos. Todos con su segunda esposa, Marina Wheeler, una amiga de la infancia de ideología izquierdista que, sin embargo, cayó rendida a los improbables encantos de nuestro héroe. Antes, Boris se había llevado al altar a Allegra, la mujer más bella de Oxford, con frases como “la vida sin ti es como un vaso frío de orín”. No tardó demasiado en bebérselo y divorciarse. No por maldad, entiéndase, sino porque Boris -pobrecito- no está hecho para el matrimonio.
Lo demostró con creces cuando dejó embarazada a una de las periodistas de “The Spectator”, el semanario que dirigió a finales de los 90. Lo de Boris y Petronella era un secreto a voces en los mentideros de Londres. Entre otras cosas, porque los tórtolos pasaban muchas horas juntos y se hacían arrumacos en los taxis a la vista de los curiosos. Se descubrió el pastel y Boris lo desmintió acuñando una de sus frases más célebres: “Es una pirámide invertida de tonterías”. Pero era cierto y Boris fue despedido de la ejecutiva conservadora, no por adúltero sino por mentiroso.
Lo sorprendente no es que no se divorciara de Marina, sino que ella no se deshiciera de él. Pero debe ser muy complicado sacar de tu vida a Boris, uno de esos jetas simpáticos y encantadores que siempre saben cómo purgar sus faltas.
Un jeta y un inglés especial capaz de contravenir la tendencia de sus compatriotas a no hablar de sexo o hacerlo en voz baja o de tapadillo. Vean si no cómo pedía el voto hace unos años en la revista GQ: “Si votas “tory”, tu coche irá más rápido y tu novia tendrá una talla más de sujetador. Es un hecho probado que bajo gobiernos conservadores, la calidad de vida de los británicos ha mejorado sin medida, algo que ha redundado en mejores dentistas, más consumo de calcio e inexorablemente un desarrollo superior de las glándulas mamarias”.
Boris no es lo que se dice un sentimental. Lo demostró en su célebre polémica con James Blunt. En concreto, su exégesis del empalagoso himno “You're beautiful”, del que dijo: “Pero venga, tío, no seas tan quejica. Si ella es tan bella como dices, deja de estar ahí parado con tu camiseta, tu asqueroso flequillo y tu canturreo en falsete. ¡Sal ahí fuera y lígatela! Ese es mi consejo”.
Un consejo que entronca con el testimonio de una mujer que atrajo la atención de Boris en la sección de congelados del súper. Tenía en la mano una bolsa de guisantes cuando notó que alguien la observaba. Miró de reojo y allí estaba Boris, mirándola con lascivia, del brazo de su mujer y con sus cuatro hijos en el carrito. Si ella se dirigía a la estantería de lácteos, allí iba él detrás. Si le daba esquinazo en la frutería, Boris no tardaba más que unos segundos en aparecer. Durante unos minutos, estuviera donde estuviese, al fondo del pasillo aparecía Boris. La cosa evidentemente no fue a mayores, pero da idea del ímpetu cinegético del personaje y de su extraña relación con el sexo opuesto. Que tiemblen las secretarias del City Hall.
- Historias de Boris (II): Los clásicos (El Mundo - 4/5/08)

(Por Eduardo Suárez desde Londres)
Espoleados por la impresión de haber dado una imagen injustamente frívola de Boris, acometemos esta segunda parte de su serie con cierta voluntad de desagravio. Y qué mejor para ello que abordar en ella el profundo amor que el nuevo alcalde de Londres siente por los clásicos. (El subrayado es mío)
Lo recordó su padre, Stanley Johnson, que estos días se pasea jubiloso por las televisiones: “Boris es un hombre muy inteligente. Sabe latín y griego”. Es cierto: de niño Boris no sólo leía los editoriales de “The Economist” desde los 10 años. También interpretaba tragedias griegas en un perfecto griego clásico.
Así las cosas, no es de extrañar que Boris sea un enamorado de Grecia y Roma, y que haya prometido hacer de Londres una nueva Atenas. No en vano tiene un busto de Pericles en su despacho.
De todas formas, su idea de la democracia no es exactamente la del ateniense. “Lo único que necesitas para ganar unas elecciones”, dijo en una ocasión, “es una colección disciplinada y engañada de borregos que voten por ti”. La frase data de cuando pugnaba por hacerse con la presidencia de la Oxford Union, el prestigioso club de debate de la universidad. Pero no necesariamente quiere decir que siga en su ánimo ahora. Y si sigue ahí no es con espíritu avieso, sino por mero afán de jugar. No lo olvidemos nunca: Boris es un niño grande.
Su gusto por la antigüedad clásica se refleja también en los nombres de sus hijos. Nada menos que Lara Leticia, Milo Arturo, Casia y Teodoro Apolo. También en sus prioridades como responsable “tory” de Cultura: “Les daremos a los griegos una copia indistinguible de las esculturas del Partenón, esculpida en el más precioso polvo de mármol, para acabar por fin con esta amarga disputa entre nuestras dos grandes naciones”.
Ni que decir tiene que la propuesta nunca se llevó a cabo. Tampoco la instauración de una olimpiada nacional poética –“habrá vino para el ganador”- o la cumbre con el artista contemporáneo “Damien Hirst y el resto de la banda para que expliquen de una vez a la nación qué narices significan sus obras”.
Pero sin duda, donde más patente está el amor por los clásicos de Boris es en una inofensiva pero culpable anécdota de su adolescencia. Sucedió en Eton, donde un profesor le encargó traducir del inglés al latín un fragmento de Plutarco. “Como todo el mundo sabe, Plutarco escribió en griego, así que estaba seguro de que en alguna parte había una traducción de Plutarco del griego al latín. Por eso entré en una biblioteca desierta, llena de volúmenes encuadernados en piel de becerro y de prodigiosa antigüedad. Y allí estaba: Plutarco en latín. En una fiebre de excitación, empecé a fantasear sobre aquel maravilloso ejercicio de escolástica. Era un latín tan conciso, tan punzante, tan eufónico... ¡Y era mío! Así que después del rugby, entré en la biblioteca con un amigo y lo copié”.
Como tantas otras veces, a Boris le pillaron: el profesor le señaló el fragmento que había falsificado. Y como tantas otras veces, deslumbró con el ingenio de su respuesta: “Lo siento, lo siento mucho. He estado tan ocupado que no he tenido tiempo de añadirle los errores”.
- Historias de Boris (III): El deporte (El Mundo - 5/5/08)

(Por Eduardo Suárez desde Londres)
Hay una incógnita en torno a Boris que tiene en vilo desde hace años a todos los británicos. ¿Cómo puede estar el tío tan gordo si sale a correr todas las mañanas? Se trata de una pregunta compleja y cuya respuesta nos llevaría por los vericuetos de la genética y el metabolismo. Tranquilos. No vamos a hacerlo. Nos detendremos, eso sí, en el espíritu deportivo del nuevo alcalde de Londres, que sin duda le ayudará a sobrellevar sus nuevas fatigas y ocupaciones. (El subrayado es mío)
Tanto o más que sus meteduras de pata o sus líos de faldas, a Boris le ha hecho célebre su “footing” matutino, siempre con el mismo forro polar de color parduzco y siempre con sus deportivas blancas y sus calcetines negros. El “footing” de Boris debería incluirse a partir de ahora en las guías de Londres junto al cambio de guardia de Buckingham o al carnaval jamaicano de Notting Hill.
Pero Boris no es sólo un atleta. Es un deportista múltiple. Hace unos años fanfarroneó sobre su pasión por el tenis: “Reté en una ocasión a un partido a Boris Becker y me dijo que estaba preparado pero nunca me volvió a llamar. Apuesto a que le habría dejado con la lengua fuera...”.
De niño, Boris le daba sobre todo al rugby y algo ha debido de quedarle de aquellos años. Echen si no un vistazo a la siguiente escena (video de YouTube). Boris embiste con la cabeza en un partido de fútbol benéfico a un incauto centrocampista alemán como si la pelota tuviera forma de pepino y no de esfera.
Es algo natural en Boris, un tipo poco propenso a respetar las normas. En el fútbol, en la política, en el trabajo y en el matrimonio. De ahí la más célebre de sus aficiones -la bicicleta-, que le permite moverse de una manera anárquica y desencorsetada. A Boris le han pillado sobre dos ruedas sacándose los mocos, hablando por el móvil, conduciendo por dirección prohibida y hasta saltándose un semáforo en rojo.
Así las cosas, no es de extrañar que sus lorzas hayan acabado sobre el asfalto tres veces en siete años. La última contra un grupo de turistas franceses. Al día siguiente, lo explicó en “The Guardian”: “La culpa es del peatón catatónicamente descuidado, en concreto del turista foráneo que tiende a pensar que el tráfico viene del otro lado”.
- Del “rojo Ken” a la “bomba rubia” (La Vanguardia - 6/5/08)

Ácido, polémico, con un humor que no siempre controla, Johnson es la antípoda del “tory” clásico

(Por Pilar Róala)
A pesar de que el sobrenombre de blonde bombshell, la bomba rubia, sugiere connotaciones de cárnico contenido, Alexander Boris de Pfeffel Johnson no se lo ha ganado por el erotismo de sus proclamas. Su pelo rubio y sus bromas pesadas, muchas de ellas lanzadas en el programa satírico “Have I got news for you”, le han hecho merecedor de unas cuantas polémicas, algunas expulsiones y, sorprendentemente, la alcaldía de Londres.
Las anécdotas de este graduado con honores en la Universidad de Oxford llenan los corrillos de los clubes londinenses, tanto como alegraron la vida de los corresponsales en la Eurocámara, cuando escribía crónicas desde Bruselas, para The Daily Telegraph. Ácido, polémico, con un humor que no siempre controla y con un sentido grueso de la vida, Johnson es la antípoda del tory clásico. (El subrayado es mío)
Me comentaba un reputado periodista inglés que estas elecciones han sido un duelo entre personajes histriónicos (“Llamen a los payasos”, tituló The Economist, hablando de Ken Livingstone y Boris Johnson) cuyo ring central se ha situado en los programas de televisión satíricos. El viejo Londres “no ha vivido un debate político, sino una pugna entre tipos famosos por su azarosa vida privada y su gusto por armar líos en la televisión”. Es decir, tanto el rojo Ken, como la bomba rubia no sólo no han hecho ascos a la fama mediática, sino que la han usado sin complejos para su provecho político. Y, como era evidente, en la pugna del humor grueso, ha ganado el más excesivo de los dos. El propio Livingstone lo asumía en una entrevista: “Si pierdo ocuparé el lugar que él dejará vacante en la televisión. Lo único que haremos es cambiar de sillas”.
Ciertamente, si Johnson llamó “caníbales” a los habitantes de Papúa Nueva Guinea, Livingstone fue suspendido durante cuatro semanas por comparar a un incisivo periodista judío con un “guardián de un campo de concentración”, y los dos han complicado la vida a sus partidos. Livingstone llegó a ser repudiado por Tony Blair, y Johnson, expulsado de la portavocía de los tories, por un asunto de faldas. Alguien escribió que estas elecciones en Londres han enfrentado a dos viejos conocidos del público cuyas formas nuevas de ganar elecciones -en cierto sentido, cercanas a las de Nicolas Sarkozy- apuntan al fin de la oratoria y al inicio de la política como espectáculo.
Sin embargo, y más allá del estridente fenómeno mediático, la derrota de Ken Livingstone ofrece datos relevantes que la izquierda debería analizar con preocupación. Y no me refiero a sus extrañas amistades con miembros reputados de la izquierda lunática como Hugo Chávez. Más allá de la rojería jurásica de Livingstone, su problema principal ha sido el fracaso en la gestión de los conflictos que más seriamente afectan a los londinenses: paro, radicalismo religioso, inseguridad y medio ambiente.
Londres ha visto cómo aumentaban las muertes de jóvenes en peleas callejeras, cómo se disparaba el fanatismo islamista, cómo subía el paro y cómo pagaban peajes por una política medioambiental que no servía para respirar mejor. Es decir, el rojo Ken ha abordado los grandes problemas de la capital británica, ha lanzado propuestas audaces, ha jugado fuerte con su autoridad, pero ha fracasado en las soluciones. Y la constatación del fracaso en la gestión de la ciudad ha sido la piedra angular de su propio fracaso electoral. Magníficas para los discursos de oposición, sus propuestas se han mostrado ineficaces como motor de gobierno.
Y es en esa herida donde Johnson ha hurgado sin piedad. ¿Significa que lo hará mejor? Esa la gran incógnita, porque de la bomba rubia sólo sabemos que domina el arte de la provocación. Su capacidad política es un misterio y, sin embargo, los ciudadanos han preferido a un histriónico sin experiencia a la experiencia conocida de su alcalde. Es decir, han optado por echar al loco conocido y comprar al loco por conocer. Más fracaso político, difícil.
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