Encuentros con Humanoides




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EPILOGO
«Mucha gente se llevará la gran sorpresa al descubrir qué ocurren tales cosas “en el patio de al lado”.» Esto me escribía mi querido amigo Ignacio Darnaude, al acusarme recibo de mi libro Secuestrados por extraterrestres, que como sabe sin duda el lector, trata de abducciones. Sin embargo, la frase es igualmente válida refiriéndose a éste libro sobre encuentros con humanoides.

Cuando me preguntan si «nos invadirán» o «cuándo establecerán contacto», suelo responder que, de hecho, ya nos han «invadido» (de una manera discreta y sigilosa) desde hace años —los casos recopilados en este libro, ínfima parte de los ocurridos, así lo demuestran, y en cuanto al contacto, lo han establecido ya... con quienes ellos han querido (no, desde luego, con los políticos pomposos y vociferantes, ni con los científicos oficiales, de los que nada aprenderían, y mucho menos con los militares, a los que sólo les interesarían las posibilidades bélicas de su maravillosa tecnología). Y quienes ellos han querido han resultado ser, por lo general, hombres y mujeres sencillos, del montón, no especializados.

Una vez quisieron presentar un extraordinario flautista a Plutarco. El autor ilustre de las Vidas paralelas se negó a verlo, arguyendo que «si era tan buen flautista, debía de ser muy mal hombre». Claro, hoy no hilamos tan delgado

como los antiguos griegos, con su sofrosine y su afán humanista, pero... ¡cuánta verdad no encierra asta respuesta plutarquiana! Si hoy volviera a salir Diógenes, con su linterna, en busca de un hombre; quizá tendría que pedir lugar a bordo de un ovni para que sus tripulantes le ayudasen a encontrarlo. Y es posible que lo hiciesen. Los ufólogos "científicos» (qué dos esdrújulos tan mal-

sonantes!) por lo general se limitan a recopilar casos, a hacer listados y catálogos, sin sacar ninguna consecuencia.

No la sacan por dos razones: primera y principal, por miedo; segunda, por una excesiva asepsia intelectual. En una palabra, no quieren mojarse. (Otras veces, empero, no sacan consecuencias por incapacidad absoluta y manifiesta de hacerlo: la ufología es para ellos un juego de fichitas y un ejercicio taxonómico, a lo sumo. Cuando lo que se pretende estudiar son agnóptenos y no posibles naves extraterrestres, es natural que así ocurra.)

Pero yo a) no tengo miedo y b) deseo vivamente sacar conclusiones. Que luego me equivoque o no, esto ya es otro cantar. Pero una vocecita interior ,¿llamémosla intuición?— me dice que no me equivoco. (Los asépticos que estudian agnóptenos no escuchan jamás esta vocecita.)
Primera conclusión: lo que para entendernos llamamos ovni es muy probablemente una supermaquina creada por una tecnología superior. En un próximo libro me propongo examinar todo lo que hoy sabemos sobre estas máquinas del Cosmos.
Segunda: estas supermáquinas no sólo han vencido el espacio, sino que probablemente han vencido también al tiempo y a lo que nosotros llamamos barreras interdimensionales. Así, no sólo es posible que vengan de fuera de la

Tierra. sino también que lo hagan a través de otra dimensión. Las dos teorías principales (la extraterrestre y la pluridimensional) se conjugarían así armónicamente.
Tercera: no creo que se trate de creaciones de la mente. Con creaciones mentales no se impresionan radares ni se dejan huellas de hasta treinta toneladas en el suelo.
Cuarta: estas supermáquinas están tripuladas por seres vivientes y de aspecto humanoide
Quinta: la diversidad morfológica observada entre los tripulantes (llamados también «ocupantes») parece postular una diversidad de orígenes, aunque en nuestro propio planeta —esto no hay que olvidarlo coexisten escandinavos blancos y rubios de 2 m de estatura con pigmeos de piel negra que miden 1,20 m, y ambos son Homo sapiens
Sexta: no se descarta que algunos de los ocupantes vistos sean robots: robots "electrónicos» o robots «biológicos», fruto dé una ingeniería genética avanzadísima.
Séptima: sobre sus «intenciones» no sabemos práctica mente nada Sólo podemos especular, de acuerdo con nuestras preferencias. (Como dije ante los Lores, el ovni es un espejo que refleja la cara de quien lo mira.)
Octava: las denominaciones de «buenos» y «malos» aplicadas a los tripulantes de

los ovnis, constituyen una evidente antropomorfización moral.
Novena: existe la remota posibilidad de que algunas de estas supermáquinas procedan...del futuro. En este caso serían la «máquina del tiempo» que imaginó H. G, Wells, realizada por nuestros lejanos descendientes. De ser así, los viajes que con ellas efectuarían éstos a su pasado (que se ría nuestro presente), acaso fuesen.., viajes turísticos. (Más adelante volveré sobre esta posibilidad «turística».)
Y décima: mientras no sepamos más, debemos practicar la politica tan británica y tan pragmática del Wait and See (esperar y ver). Pero yo creo que el enigma llegará a desvelarse.
Bien: vean ustedes por dónde me ha salido hasta un Decálogo, como a la Sociedade

Brasilera para o Estudo dos Discos Voadores (SBEDV). Pero el mío no debe tomarse como artículo de fe: constituye diez puntos de meditación, a partir de cada uno de los cuales pueden elaborarse otras hipótesis y barajarse otras posibilidades, casi ad infinitum. Insisto en el punto séptimo: ante el ovni todos nos desnudamos. Cada cual ve en él sus esperanzas, sus anhelos, pero

también sus frustraciones y sus temores. El meteorólogo trata de explicarlo en

términos de meteorología; el físico, en términos de física; la persona

de espíritu religioso, viendo en él a Dios o al diablo; el psicólogo lo considera una fabulación de la mente del observador, y así sucesivamente. Cada una de estas personas no describe al ovni: se describe a sí misma, Cuánto wish ful thinking hay aquí!, señalé también a los Lores. Para añadir: pero el ovni no es más que... un ovni: un «objeto volador no identificado» (cosa que se olvida con demasiada frecuencia). A partir de ahí, una vez «identificado», puede

ser el planeta Venus, Júpiter, un pájaro, un avión, un globo sonda, un meteorito, un fragmento de satélite artificial en reentrada atmosférica y... una nave extraterrestre. Y entonces se convierte en tui ovi, un objeto volante identificado. (O un vehículo extraterrestre dirigido [VED], como gusta de decir Rafael Farriols.)

Un par de ufólogós australianos. R. de Lillo y R. H. Marx, -han propuesto una ingeniosa (y deliciosa) explicación de las motivaciones que pueden tener los ovninautas en nuestro planeta. Con ella voy a terminar este epílogo. Su artículo apareció en la FSR de marzo-abril de 1979. Pero antes diré que mister De Lillo es un físico y mister Marx es escritor profesional. De su colaboración

ha salido lo que vamos a ver acto seguido.

Ya al principio mismo de su artículo, estos dos autores se preguntan por los motivos de los ovninautas. ¿Por qué están aquí? ¿Por qué tan a menudo actúan de manera tan trivial, tan falta de sentido? ¿Qué «ser superior» es éste, que se dedica a perseguir automóviles, a asustar a sus conductores, a examinar árboles, a aterrizar en remotos andurriales, a recoger muestras de las plantas más

-vulgares, a secuestrar perros y terneras, a llenar bandejas con pedruscos y a

realizar otras acciones igualmente absurdas y grotescas?

Precisamente esto, unido a la proliferación de avistamientos y de aterrizajes, ha desacreditado la hipótesis extraterrestre entre muchos investigadores de vanguardia, que han buscado «explicaciones» más sofisticadas y sutiles sobre todo en el terreno de la parapsicología o de la física.

Ahora bien, se preguntan De Lillo y Marx, ¿por qué ellos han de tener un solo motivo? ¿Por qué no cincuenta? En segundo lugar, los investigadores del fenómeno han caído, sin darse cuenta, en un lugar común divulgado por la literatura de ciencia-ficción: el del extraterrestre desprovisto de emociones, frío, cerebral y superracionalista. Porque su inteligencia, enormemente superior a la nuestra, así lo exige; Ellos llaman a esto el «síndrome del señor Spock».

Pero si se trata de hombres (o al menos de humanoides), ¿ qué les impide estar

también dotados de emociones humanas? Y entre estas emociones estarían la cólera, la alegría, el sentido del humor, «las ganas de jugar» Qué hacían si no jugar los humanoides contra los que disparó Inácio de Souza, o los gigantes del Guaporé, o los que asustaron a los dos indios navajos?).

Yo también pienso que este aspecto lúdico del fenómeno es importante. Explicaría muchas bromas pesadas que, a veces, nos han gastado los ufonautas.
El artículo de los dos investigadores australianos es muy largo y resulta imposible reproducirlo en su totalidad. Pero el meollo de su argumentación está ya expuesto. Y de ello se deduce —siempre según De Lillo y Marx— que, si

suponemos una variedad de orígenes y -de motivaciones, una de ellas puede -ser ¡el turismo! En efecto: a nuestro mundo llegarían grupos de turistas cósmicos que, como hacen todos los turistas, se llevarían recuerdos de su visita,

ya fuesen piedras, plantas o incluso animales. Al lado de esto, podría coexistir un programa de investigación. «oficial», organizado por los
es lícito, en efecto, elaborar una teoría —sea ésta cual sea, aunque no pase de ser una mera hipótesis— para luego tratar de encajar los hechos a ella, escamoteando aquellos que la corroboran. Por el contrario, hay que ir de los

hechos a las hipótesis, para explicarlos, y luego a las teorías generales. Pero sin escamotear ninguno.

Sea como fuere, ellos están aquí, entre nosotros. A estas alturas, su realidad no puede cuestionarse, ni tampoco su existencia. Creo que es conveniente que vayamos aprendiendo a convivir con ella, pues toda la historia humana está

ya marcada por el fenómeno ovni y, sobre todo, por sus manifestaciones más dramáticas, como son los encuentros cercanos y las abducciones. Hay que crear un nuevo estado de conciencia: además de aquella conciencia planetaria, de ciudadanos de un solo planeta, que postulaba Louis Pauwels, una conciencia cósmica, -de ciudadanos de una galaxia, que es nuestra gran ciudad de una patria infinitamente más vasta que es el universo. En esta ciudad hay otros barrios, otros habitantes —más afortunados que nosotros, más viejos, más experimentados—, pero que también son hombres. De esta comprobación, de esta aceptación, puede nacer una nueva Historia.
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