Encuentros con Humanoides




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su «nave», y algunos otros.


Varios casos mundiales

El fenómeno ovni es mundial. En todas sus manifestaciones: objetos en el cielo, aterrizajes y abducciones. Jacques Vallée, en su catálogo Magonia, recoge tres preciosos casos, anteriores a la Primera Guerra Mundial, la «gran guerra» por antonomasia, como los anteriores situados en plena Belle époque. Y el primero de ellos proviene nada menos que de... INueva Zelanda!

A las once de la noche de un día de enero de 1910, varios moradores de la población de Invercargili (entre ellos el vicario, el alcalde y un policía) vieron un objeto inmóvil a unos 30 m de altura. Un «hombre" se asomó por una puerta lateral y le oyeron gritar unas palabras en un idioma desconocido. La abertura se cerró y el objeto aceleró, perdiéndose de vista en un santiamén.

(Marte había estado en oposición perihélica —recordémoslo— en setiembre del año anterior.) El siguiente caso procede de Hamburgo, en Alemania.
Fecha: un día de junio de 1914, a las cuatro de la madrugada. Herr Gustav Herwagen abrió la puerta de su casa y, en el campo, vio un objeto fusiforme y brillante, con ventanillas iluminadas. Al lado del mismo estaban cuatro o cinco «enanos» de 1,20 m, vestidos con ropas claras. Se aproximó a ellos, pero así que parecieron darse cuenta de su presencia, subieron a bordo del objeto. Se cerró una puerta y el aparato despegó sin ruido, para ascender verticalmente.

El tercer caso lleva fecha de agosto de 1914: fecha fatídica, pues señala el comienzo de la «gran guerra». Ocurrió en Georgian Bay (Canadá). William 1. Kiehl y otras siete personas vieron un aparato esférico sobre la superficie del agua de la bahía. En su cubierta estaban dos pequeños seres que vestían ropas verde violáceas. Parecían estar muy atareados con una manguera, cuyo extremo hundían en el agua. En el lado opuesto había tres «hombres» (el entrecomillado es nuestro) vestidos con ropas marrón claro y máscaras cuadradas que les bajaban hasta los hombros. Al ver a los testigos, volvieron a entrar en el aparato, a excepción de un enano, que calzaba unos zapatos de extremo curvo y puntiagudo, que se quedó fuera, mientras el aparato se elevaba a 3 m sobre el agua, para, después, salir disparado hacia arriba, dejando una breve estela.
En la literatura mundial hay unos cuantos casos más, parecidísimos al que hemos relatado, y que no vamos a ex poner aquí para no aburrir al lector. Estos casos parecen indicar un «vivo interés» de los humanoides por el agua. Imaginemos —sólo imaginemos— que éstos proceden de un planeta donde el agua escasea o es muy rara. En tal caso, su superabundancia en nuestro mundo debe de resultarles embriagadora: sin duda cogerán verdaderas borracheras de agua.

La asociación ovnis-extensiones líquidas es frecuente: los lagos y los embalses

son zonas abundante mente visitadas por ellos. Aquí hay algo más que mera curiosidad o coincidencia.

De Vallee a Méheust: curiosas comprobaciones
Aunque e! propio Jacques Vallée recoge catorce casos en su catálogo Magonia, entre los años 1915 y 1945 (ambos incluidos), ello no le impide afirmar que dicho período es un período «muerto» para la actividad ovni. En cambio

—son sus palabras—, «ha sido uno de los más ricos en relatos de ciencia-ficción de todo tipo», y también «ha presenciado el creciente interés de la industria cinematográfica por las historias fantásticas y de “terror”, que pudieran haber resultado en un número cada vez mayor de fraudes y alucinaciones, e incluso en oleadas ovni, si la teoría “psicológica” de los ovnis resultase correcta».

(Y esto dicho, precisamente, por el padre de la teoría de! «sistema de control» de las mentes humanas por los ovninautas.) En efecto, ya en 1916, Otto Ripert rodó su filme Homunculus, sobre la creación de un hombre artificial por un científico loco. (¿Pór qué todos los científicos de ficción tienen que estar locos?) Pero ya antes, en 1914, y luego en 1920, la cinematografía alemana produjo dos películas sobre el tema judío del Golem, a cargo de Paul Wegener

y Henrik Galeen, respectivamente. El filme Las manos de Orlac, inspirado en una novela de Maurice Renard, alcanzó cierta resonancia. En 1926, Fritz Lang (después pasado a Hollywood) rodó Metrópolis; no hay que olvidar que, en 1920, apareció la palabra «robot» (de un verbo ruso que significa «trabajar»), en una obra teatral de Karel Capek: RUR -(iniciales de «Robots Universales de Rossum). En 1928, Fritz Lang realizó para la UFA la inolvidable película “La, mujer en la Luna” (Die Frau im Mond), que contó con el asesoramiento científico del profesor Hermann Oberth, el «padre de la astronáutica» y maestro de Von Braun., Pero el primer «viaje a la Luna» cinematográfico fue realizado en 1902 por el gran pionero francés Georges Méliés (Le voyage dans la Lune); Las célebres series de Frankenstein (sobre todo en la sobrecogedora creación de Boris Karloff) y de John Carter de Marte fueron creadas también durante este período «muerto»

para la actividad ufológica.

Lo mismo que la famosa emisión de Orson Welles de 1938, en que éste lanzó a las

ondas la adaptación de Howard Koch de La guerra de los mundos (The War of

the Worlds) de su casi homónimo H. G. Wells, según la realización de la compañía del Mercury Theater, con el realismo que es de todos conocido y que afectó a más de cinco millones de radioyentes, según el estudio posterior realizado por Hadley Cantril.

Lo que, por su parte, dice e! investigador francés Bertrand Meheust aún es mas intrigante.

Documentos en mano, Méheust demuestra que lo que él llama «toda la panoplia del

fenómeno ovni (platillos volantes, humanoides abducciones, encuentros cercanos, aterrizajes, haces compactos y coherentes, efectos electromagneticos, etc) etc.) se encuentran ya en oscuras obras de ciencia o, escritas hoy estos escritorzuelos norteamericanos y franceses desenterrados por Meheust?¿Se

trata al de Verne o bien alguien introdujo en su subconsciente toda bien de qué se trataba? ¿Premonición o introyección?-¿Tal vez preparación? E! enigma es intrigante, en verdad, y parece evocarnos esa «resaca del futuro» dé que habla Louis Pauwels.
Meheust pudo realizar su trabajo buceando en sus propios archivos, pero principalmente en los del pionero de la ciencia-ficción en Francia, Pierre Versins, que posee una de las bibliotecas más completas del mundo sobre este género literario, mirado «por encima del hombro» por los críticos «serios». En efecto, la ciencia-ficción es un género extraño. Diríase el «eco» de algo que pasa, que pasó o que pasará, y no precisamente en nuestro mundo. Si bien, siempre ha existido una literatura «fantástica», desde Luciano de Samosata hasta Swift, pasando por Cyrano de Bergerac, explosión» de la ciencia-ficción es súbita.

Donde se hace un inciso para hablar de agnóptenos

Cuidado: que no se confunda el lector. No nos vamos a dedicar de pronto a la

entomología. Simplemente ocurre que, iniciado este libro, caigo en la cuenta

de que estoy empleando la anticuada sigla OVNI (Objeto Volante No Identificado),

sustantivada en ovni. Sin embargo, doctores tiene la Iglesia y sabios la ufología, que proponen nombres más eruditos. Por ejemplo, «agnópteno». Oigamos cómo define este nombre —acuñado por Félix Ares de Blas— el Colectivo

LAU, al principio de un artículo publicado en el número 46 de Stendek diciembre de 1981) y titulado, precisamente, «Encuentro con un agnópteno en las proximidades de Jaca»: «Es posible que a muchos lectores les sorprenda la palabra “agnópteno” Simplemente es la traducción al griego clásico (nada menos!) de las siglas OVNI (de agnostos: desconocido, y ptenos: cosa que vuela).»

Pues ya lo sabe el lector. En cuanto a mí, de ahora en adelante me guardaré muy

mucho de acercarme a Jaca, por el temor a encontrarme con un agnópteno (palabreja que evoca irresistiblemente, en mí, el recuerdo del pterodáctilo, el terrible saurio volador del Mesozoico). También me recuerda una deliciosa anécdota que me contó mi buen amigo José Mascaró Pasarius, menorquín ("Pep"

para los íntimos)-, el hombre viviente que más sabe sobre cultura megalítica de las Baleares. Un día, con gran asombro por su parte, dos payeses menorquines

vieron pasar por un campo, cerca de Alayor, a dos sabios alemanes que perseguían a las mariposas (a los lepidópteros) con sendos cazamariposas de tul. «Sabes qué

son éstos? —dijo un payés al otro—. Pues son odontólogos, para que te, enteres» ( ¡Cuánto sabe mi amigo! debió de pensar el otro.)

¿Qué hacemos, pues, amigo lector? ¿Y si dejásemos «ovni»? Por mí, de acuerdo. Aun a riesgo de pecar de anticuados.

2. EL OVNI «MILAGROSO» (1)
¿Qué pasó en Fátima? Examen de los hechos bajo un prisma ufológico
Algún día pienso escribir un libro sobre las apariciones marianas en general y sobre Fátima en particular. Hoy me limitaré a exponer sucintamente lo que pasó en Fátima en 1917, visto a través de un prisma ufológico, ovnilógico o agnoptenológico, como se quiera. Muy oportunamente ha llegado a mis manos —¿o debiera decir «providencialmente»?—, en el momento de iniciar este libro, el de la investigadora portuguesa Fina dArmada: Fátima: o que se passou em 1917 (Fátima: lo que pasó en 1917), publicado en 1980. Sin embargo, para la redacción de este estudio me basaré principalmente en un artículo mío, aparecido en el

número de marzo-abril de 1964 de la Flying Saucer Review inglesa, y cuyo título (que parece anticipar el del libro de Fina dArmada) era What happened at Fátima? (Qué pasó en Fátima?)

La aportación de Fina dArmada es importante porque investigó «de primera mano», y sobre todo, en los Archivos Formiglio, dejados por el canónigo José Formigao (más conocido por su seudónimo de Vizconde de Montelo), en los que desenterró documentos inéditos que le permitieron trazar un retrato robot de la «Señora», el «ser» o la «Uraniana» (como ella la llama) que se apareció reiteradamente a los pastorcillos. Pero, como me gusta siempre decir, «vayamos a los hechos».

Pocos años después del comienzo del siglo —-en -1917, para ser exactos— cuando la «gran guerra» —en la que participaban tropas portuguesas— aún se hallaba en su apogeo, ocurrió en Fátima, un lugarejo del distrito de Leiria, a unos cien kilómetros al norte de Lisboa, una serie de extraños eventos que entonces fueron interpretados como «milagros», pero que hoy pueden recibir una interpretación totalmente nueva y altamente significativa.

Hace sesenta y cinco años, Portugal era un país muy atrasado, con un altísimo índice de analfabetismo, y los inexplicables, sucesos que se desarrollaron en una remota zona rural del país, entre campesinos iletrados, era natural que recibiesen una explicación «religiosa», y aún más en aquella época de superstición y de beatería. Las ocurrencias se interpretaron como la aparición de la Virgen María, aunque dos mil años antes hubieran podido interpretarse como el descenso de los dioses a la tierra, y en ambos casos se hubiera tratado de visitas de seres «extraterrestres», completamente reales de hecho y sin nada de «divino» ni «milagroso». Lo que ocurrió en Fátima sería una corroboración más de la ley que podríamos enunciar como sigue: los mismos hechos son susceptibles de recibir distintas interpretaciones o «explicaciones», de acuerdo no sólo con la época en que tuvieron lugar, sino también respecto al trasfondo cultural sobre el cual tuvieron lugar.

«Muy bien —es posible que se diga al llegar aquí, el lector “enteradillo"—En principio, estoy de acuerdo con que el “prodigio solar” de Fátima fuese un “platillo volante”, tal como nos dice Pau1 Misraki. Pero este libro, señor Ribera, es un libro sobre humanoides; sí, sobre humanoides, y ya me dirá usted dónde están los humanoides, en Fátima.»

¡Pero, hombre de Dios!, podría contestarle yo. Tenga usted paciencia, que ya llegaremos a ellos. El «humanoide» no falta, en Fátima. Y es precisamente —o podría ser, seamos prudentes— la "Señora" misma, la «Uraniana» de Fina dArmada. Cuando lleguemos a ella —o a «ello», o a «él»—, creo que el lector de niarras comprenderá que tengo pleno derecho a incluirla en un libro sobre humanoides.

Pero sigamos.

Si reducimos los sucesos, supuestamente milagrosos, de Fátima, a la actual terminología ufológica, podríamos decir que las «observaciones» tuvieron lugar del 13 de mayo al 13 de octubre de 1917, todos los días 13 (salvo una excepción). En realidad, fueron cinco CE III (encuentros cercanos del tercer tipo) y un CE II (encuentro cercano del -segundo tipo, con efectos físicos sobre el entorno y los testigos). Los testigos de los CE III fueron tres pastorcillos: Lucia de Jesús, de diez años, y sus primos Jacinta y Francisco Marto, hermanos, de nueve y siete años, respectivamente. La testigo principal (que aún vive en el momento de escribir estas líneas) fue Lúcia (y aquí observo que su nombre es Lúcia, femenino de Lúcio, y no Lucía —Luzía, en portugués—, como siempre se ha supuesto equivocadamente). La quinta observación contó con varios cientos

de testigos. La sexta y última —la famosa "danza del sol"— contó con una cifra que se estima entre cincuenta mil y setenta mil personas. Fue el ovni que más testigos ha tenido hasta el presente!

Pero más que «encuentros cercanos del tercer tipo», hoy consideraríamos el encuentro de los pastorcillos con la «Señora más brillante que el Sol», como la calificó Lúcia, como un caso de «contacto mesiánico» pues, como veremos, la entidad comunicó un «mensaje» a los videntes, tal como ocurrió en otras apariciones marianas anteriores y posteriores. En este caso, los "encuentros" o «contactos» se desarrollaron en Cova da Iría, un amplio valle de forma aproximadamente circular, situado a dos kilómetros y medio de Fátima. Mientras los tres pastorcillos recogían sus ovejas al mediodía, en el lugar mencionado, vieron de pronto un brillante destello en el cielo. Pocos minutos después,

una figurilla blanca y rutilante pareció materializarse sobre una azinheira, una de las muchas encinas o carrascas que poblaban el lugar. El ser era muy pequeño: de las descripciones de los pastorcillos se desprende que medía poco más de un metro de estatura. Ahora bien: de acuerdo con la, ley antes enunciada, ¿cómo tenía que aparecer un ser del espacio a tres niños ignorantes e iletrados de un país de hace mas de sesenta años? Como la Santísima Virgen naturalmente.

(La a parición nunca les dijo que «Ella» fuese la Virgen, esto ha que tenerlo muy en cuenta.

«En las estampas que he visto, Nuestra Señora parece llevar dos mantos. Si yo supiera dibujar (y si supiera, no sería capaz de dibujarla cual ella es, porque se que es imposible no me es posible hacerlo con palabras) pondría solamente una sencilla túnica, blanca cuanto posible fuere y un manto que baje desde la cabeza hasta el borde de la túnica como no podría dibujar su luz y difusa belleza, suprimiría todos los otros adornos menos un hilillo de oro en torno al mano Este hilo resaltaba como si fuera un rayo de sol, que brillaba mas extensamente. La comparación no dice nada de la realidad, pero no sé explicarme méjor.» 1

La cabeza parecía cubierta por un manto transparente (¿casco?); sobre el pecho portaba algo que emitía una luz intensa, comparado ora a un rosario (terco) ora al Sagrado Corazón o el Corazón Inmaculado de María. Ahora bien,

son numerosos los casos catalogados de humanoides con un objeto brillante en el pecho o en el cinto. Su enumeración se haría farragosa, pero van desde el caso de Oskar: Linke hasta el de Valensole, pasando por otros muchos de similares características. Por si aún no fuera bastante, la aparición descendía «por una especie de camino de luz», sin duda un haz compacto y coherente, también abundante en la casuística mundial. Más adelante estableceremos una comparación estremecedora entre el caso de Fátima y un caso ufológico actual.

Y en el repertorio de hechos insólitos, asociados a las apariciones de Fátima, tampoco faltan las lluvias de fils de nombre muy apropiado en este caso), llamados también por los anglosajones Angel hair, cabellos de ángel. La caída de estos filamentos evanescentes, compuestos principalmente de silicio, a lo que parece, acompañan muchos eventos ufológicos. Así, al paso de una escuadrilla de ovnis, en 1952, sobre Oloron y Gaillac, en los Pirineos franceses, se produjo una espectacular lluvia de este material, de vida muy efímera. Y el famoso, «bicho» extraterrestre, al parecer hallado en la localidad
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