Encuentros con Humanoides




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portuguesa de Evora, y que, de la mano de Raul Berenguel, constituyó la sensación del I Congreso Ibérico de Ovnilogía, celebrado en Oporto; venía presuntamente de pasajero en un «hilo de la Virgen». Y, por ultimo: «Cuando la visión empezó a alejarse, se oyó como la explosión lejana de un cohete, o como otros se expresan en el proceso, un trueno subterráneo, venido de la encina, y se vio levantarse en el espacio una nubecilla blanca.»
Y conviene no olvidar tampoco que la Señora contestó a Lúcia, cuando ésta le preguntó «Donde é que é Vossemecé ¿(De dónde es Vuestra Merced?), «Sou do Céu» (Soy del Cielo). Del cielo espiritual, o del cielo = espacio cósmico?

Naturalmente, la sencilla Lúcia sólo podia hacer la primera interpretación..., lo mismo que los «padres» (curas) que después analizaron estos curiosos diálogos entre unos niños terrestres y un «ser» luminoso extraterrestre.

Entre la «Señora» y los tres niños -principalmente Lúcia— se entabló una especie de diálogo, probablemente telepático. Evidentemente, este diálogo era sumamente religioso en esencia, pero debemos recordar de nuevo cuál era la mentalidad y los antecedentes de los tres pastorcillos y de su país en la época. Sencillamente, si el ser se les hubiese dirigido en términos «científicos», no lo hubieran entendido. Recordemos también al explorador europeo que en el siglo pasado se presentaba a los «salvajes» como el Gran Dios Blanco, para conseguir que lo reverenciasen, pero al mismo tiempo para impartirles algunas ideas y verdades muy simples. Por otra parte, nada nos permite descartar cierto vínculo misterioso entre los ovnis y las creencias religiosas; no sólo la Biblia, sino otros libros de la Antigüedad, contienen alusiones que, hoy día, se pueden interpretar perfectamente a través de la ufología y los «extraterrestres».
El segundo «contacto» tuvo lugar el 13 de junio, y fue muy similar al primero. En está ocasión, la «Señora» dijo que le gustaría que los niños aprendiesen a leer.

El tercer «contacto» o «aparición», según la terminología de la Iglesia católica, tuvo lugar exactamente un mes después. Muchos sacerdotes, entre ellos el párroco de Fátima, el reverendo Manuel Marques Ferreira, se mostraron escépticos, o abiertamente hostiles, ante las apariciones. El digno señor párroco incluso llegó a pensar que podía ser el demonio en persona quien estaba tentando a los niños. Tal era el fanatismo de la época, que las tres pobres criaturas incluso llegaron a ser encarceladas por varios días. Durante el tercer contacto, el Ser anunció por primera vez a Lúcia que en octubre realizaría un gran milagro para que todos creyesen (para que todos crean).

La cuarta aparición debía haber tenido lugar el 13 de agosto, pero los niños se retrasaron, por haber sido llevados a Vila Moya de Ourem, en automóvil, por Arturo dOliveira Santos, alcalde de Vila Nova, francmasón y ateo, que sometió a los pastorcillos a un interrogatorio acompañado de amenazas, antes de secuestrarlos. Esto dará al lector una idea de la atmósfera que rodeó al caso. Tras un nuevo «Lavado de cerebro» a cargo del señor Santos, se permitió a los niños ir nuevamente a Coya da Iria el 19, pero esta vez encontraron al Ser luminoso en un lugar inesperado: en los Valinhos (los Vallecitos).

El 13 de setiembre, los testigos fueron muy numerosos, e inclusive se vio la «nave» en que el Ser acudía al lugar de la cita. Según el reverendísimo vicario general de Leiria, que fue uno de los testigos, la Virgen vino en «un

aeroplano de luz» (sic), «un globo inmenso, que se mueve hacia Occidente, desplazándose lento y majestuoso a través del espacio». Otros testigos vieron salir del globo a «un Ser blanco» El globo partió hacia el este, a los pocos mi-

nutos, desapareciendo en dirección al Sol. Por su parte, los tres pastorcillos volvieron a ver a la «Señora»; quien esta vez les dijo de nuevo que en octubre realizaría un milagro para que lo viesen todos. Esta vez el fenómeno estuvo

acompañado por un hecho clásico en ufología: la caída de fils de la Vierge, descrita así por L. G. da Fonseca: «Del cielo llovían como flores blancas o copos de nieve que desaparecían antes de llegar al suelo, y cuando querían re-

cogerlos con los sombreros o tomarlos con la mano» (op. cit. p. 75). Entre los testigos de esta caída de filamentos, blancos se hallaba el obispo de Leiria, quien así lo atestiguó.


El «milagro del Sol»
Pero la «observación» más importante aún había de tener lugar. Tal como había prometido el Ser celestial, ocurrió el 13 de octubre y fue presenciada por millares de testigos, pues por todo Portugal se había esparcido la noticia de que algo «gordo» iba a suceder aquel día.

Las características de esta observación aún recuerdan más, si cabe, la fenomenología «platillística» actual. Desde primeras horas de la mañana, todas las carreteras y veredas que conducían a Fátima estaban abarrotadas de «peregri-nos», que iban desde grupos de fanáticos hasta simples curiosos e incluso ateos (había muchos entonces —sin duda por reacción— en países católicos oficialmente como Portugal, España e Italia), muchos de los cuales acudían allí con claros propósitos de mofarse del «milagro» y de los que creían en él. Desdichadamente, el día amaneció nublado y lluvioso. A las once y media de la mañana, se calcula

que se habían congregado en el gran anfiteatro natural de Coya da Iria entre cincuenta mil y setenta mil personas.

Entre ellas se encontraban numerosos informadores de prensa, enviados por periódicos de Lisboa y Oporto. A las doce y media, aproximadamente, se inició el llamado prodigio -solar: el Sol brilló entre las nubes (llovía torrencialmente en aquellos momentos) e inició su danza.

Pero dejemos que el prodigio nos sea relatado por un testigo calificado: el profesor Almeida Garrett, distinguido hombre de ciencia, catedrático en la Universidad de Coimbra, que se encontraba entre la multitud: «Llegué a mediodía. La lluvia, que desde la madrugada caía lenta y persistente, sacudida por un fuerte vendaval, continuaba y amenazaba inundarlo todo. Me detuve en el camino..., dominando el lugar que decían ser el de las apariciones. Me hallaba distante un centenar de metros.

»La lluvia caía copiosa sobre las cabezas y, bajando a regueros, empapaba los vestidos. Eran como las dos de la tarde (poco después de mediodía). Pocos instantes antes, el Sol había rasgado el denso nubarrón que lo ocultaba y apateció radiante: todas las miradas se dirigieron a él como atraídas por un imán. »También yo lo miré fijamente y lo vi semejante a un disco de contornos definidos, resplandeciente, pero sin deslumbrar.

»No me pareció exacta la comparación que allí mismo, en Fátima, oí, de un disco de plata empañado. No; su aspecto era de una claridad nítida y cambiante, que se asemejaba a los cambiantes o irisaciones de una perla. No se parecía en nada a la luna en noche serena, pues no tenía ni su color ni los claroscuros. Parecía una rueda bruñida, sacada de una concha nacarada. Esto no es poesía: mis

ojos lo han visto así..: Por otra parte, aquel disco solar no parecía difuso ni de modo alguno cubierto; antes se destacaba nítido en su fondo y en su circunferencia.

»Este disco, tan rápidamente cambiado y tan esplendoroso, parecía haber tomado el vértigo del movimiento. No era el centelleo de luz viva de una estrella. Giraba sobre sí mismo con una velocidad arrolladora.

»De repente, de la muchedumbre brota un clamoreo, cual grito de angustia. El Sol, conservando la velocidad de su rotación, se desprende del firmamento y, sanguinolento, avanza hacia la tierra, amenazando aplastarnos bajo el peso

de su ingente mole de fuego

»Son momentos de impresión terrorífica... (L. G. da Fonseca, op. cit., pp. 97 y 98.) .

La cursiva, naturalmente: es mía, y se propone resaltar el parecido de estas extrañas evoluciones del Sol con las evoluciones de un “platillo volante” Otros testigos hablan también de la caída del astro en «hoja muerta» (movimiento característico de los ovnis), y el barón de Alvaiazere dice que descendió y luego subió «en espiral». Paul Misraki presenta en su obra (véase Bibliografía) un detallado cuadro comparativo del fenómeno solar de Fátima con diversos

eventos ufológicos.

Cuando el supuesto disco solar, que no cesaba de girar sobre su eje, descendió hacia la multitud, fueron muchas las personas que sintieron una sensación de hormigueo y calor. A algunos se les secaron completamente los vestidos, que tenían empapados. A otros, no. Desde lugares situados en un radio de varios kilómetros en torno a Fátima, se observó también la "danza del Sol". Pero los observatorios astronómicos del hemisferio iluminado no observaron aquel

día nada anormal, ni en los cielos ni en el Sol. Esto significa que se trató de «un fenómeno local»; un fenómeno que se desarrolló a muy baja altura (probablemente a unos cientos de metros), y que estaba dirigido únicamente a «la

gente reunida en Cova da Iria», con objeto de impresionarla. Quizá fuese uno de los últimos intentos realizado por ellas para establecer contacto con la humanidad a gran escala; una de las mayores demostraciones cósmicas que han realizado en nuestra planeta. Sea por lo que fuere, no parece haber conseguido el resultado propuesto.


1 En una antigua obra sánscrita, el Samarangana Sutradhara, se describe así el método de propulsión de las vimanas, o naves aéreas que aparecen en el Mahabarata: «Cuatro sólidos recipientes de mercurio deben instalarse en la

estructura interior. Una vez calentados por el fuego.., la vimana adquiere la

fuerza del trueno gracias al mercurio. E inmediatamente se convierte en una perla en el cielo» (la cursiva es mía). Es preciso señalar que en sánscrito

se distinguía entre obras místicas (Daiva) y reales (Manusa). El Samarangana

Sutradhara tiene la consideración de obra Manusa.

Volvemós a encontrar el símil de perla en el cielo en un caso muy

reciente, acaecido en Turis (Valencia) el 25 de julio de 1979 y recogido por Vicente-Juan Ballester Olmos y Miguel Guasp en su última obra (véase Bibliografía). El testigo, un agricultor de cincuenta y cuatro años llamado Federico Ibáñez, dice que, tras despegar, el objeto por él visto se convirtió en una perla en el cielo. Estas perlas son verdaderas «perlas, para el investigador que practica el me todo comparativo, como uno de los caminos para llegar a la verdad..

3. EL OVNI «MILAGROSO»
El humanoide de Imjarvi
Dos rudos esquiadores finlandeses tuvieron un encuentro, en un bosque nevado de su país, que de haber ocurrido en otro Jugar, época y a cuenta de otras personas más crédulas y sencillas (niños, tal vez), hubiera originado una “aparición mariana” más que añadir al catálogo donde figuran La Salette, Lourdes, Fátima, Garabandal, La ,Codosera e incluso, El Palmar de Troya. Pero el encuentro de los finlandeses con un extraño ser «que descendió del cielo en un rayo de luz» es interesante, porque nos permite ver lo que pasó en Fátima desde una nueva óptica y comparar ambos casos.

Vamos a relatarlo sucintamente. El extraño incidente saltó. por primera vez a la luz pública en la sección «World round-up» (De todo el mundo) de la revista inglesa Flying Saucer Review, en su número de mayo-junio de 1970. Se trataba de un informe enviado a la FSR por el investigador sueco Sven-Olof Fredrikson, miembro de un grupo llamado GICOFF, de Gotenburgo.

Por aquel entonces, el señor Frédrikson era un estudiante de física en aquella universidad.

El informe Fredrikson
El incidente tuvo lugar el miércoles 7 de enero de 1970, a las 4.45 de la tarde, hora local, en un bosque de las afueras de Imjarvi, poblado situado 16 km al nornordeste de la ciudad de Heinola, en la Finlandia meridional. A su vez,

Heinola se encuentra a 130 km al nordeste de Helsinki. Los dos testigos, el guardabosques Aarno Heinonen, de treinta y seis años, y Esko Viljo, labrador, de treinta y ocho, según queda dicho, habían salido a esquiar. Ambos eran es-

quiadores de fondo, habiendo tomado parte en muchas carreras; también practicaban el atletismo, participando en, competiciones locales. Los dos son abstemios y no fuman.

Ambos descendían por la ladera de una pequeña colina, cuando se detuvieron en un calvero para hacer una breve pausa. El Sol iba a la puesta y empezaban a verse algunas estrellas. Hacía mucho frío: 17 grados C bajo cero, y no soplaba

un hálito de viento.

Llevaban unos cinco minutos de pie en el calvero, cuan do oyeron un zumbido. Distinguieron entonces una luz que se movía por el cielo; La luz se aproximaba a ellos desde el norte, describiendo una amplia curva, lo que dio por

resultado que se acercase entonces desde el sur. Al mismo tiempo descendió, mientras el zumbido, débil al principio, se hacía más fuerte: La luz era muy intensa cuando se detuvo. Ambos vieron entonces que una nube luminosa giraba

a su alrededor. Era cómo una niebla, entre gris y rojiza, que pulsaba con una luminosidad, fantasmal. Al mismo tiempo, de la parte superior de la nube salían vaharadas de humo Los dos hombres permanecían inmóviles, mirando hacia lo alto y sin pronunciar palabra.

La nube descendió hasta unos 15 metros de altura, y fue entonces cuando; en su interior, pudieron ver un objeto redondo, plano por abajo y de aspecto metálico. Les pareció que medía unos tres metros de diámetro. En su parte inferior se observaban tres hemisferios y, en el centro, un tubo de unos 25 cm de diámetro, que salía unos 20 centímetros.

El objeto permaneció suspendido en el aire unos momentos, mientras seguía oyéndose el zumbido. Éste fue aumentando de -intensidad, paulatinamente, mientras el objeto descendía con lentitud. Simultáneamente, la niebla gris

rojiza comenzó a esfumarse. El objeto detuvo su descenso cuando se encontraba a tres o cuatro metros del suelo; al mismo tiempo cesó el zumbido. Heinonen manifestó que lo tenía tan cerca que podría haberlo tocado con su bastón de esquiar.

De pronto, del tubo inferior brotó un brillante rayo de luz que describió un par de círculos antes de detenerse, creando un círculo, brillantemente iluminado, sobre la nieve. Éste medía cosa de un metro de diámetro y estaba

rodeado por un borde negro, de varios cm de ancho. Los dos hombres seguían muy quietos, mientras una niebla rojo grisácea empezó a descender sobre el lugar.

Cedamos la palabra a Heinonen: "De pronto sentí como si alguien me hubiese agarrado por la cintura y tirase de mí hacia atrás. Creo que di un paso hacia atrás y en aquel mismo instante vi al ser. Estaba de pie, dentro del –rayo de luz, con una caja negra en las manos. Por una abertura redonda de la caja surgía una luz amarillenta y pulsante El ser medía unos 90 cm de alto; sus brazos y piernas eran muy delgados. Su rostro era pálido, cerúleo. No reparé en sus ojos, pero sí en la nariz, que era muy extraña. Más que una nariz parecía un pico ganchudo. Las orejas eran muy pequeñas y se estrechaban hacia la parte superipr. Aquel ser llevaba una especie de mono de un material verde claro. Calzaba unas botas de un color verde más oscuro, que le llegaban hasta más arriba de las rodillas. Vi también que llevaba unos guanteletes blancos que le subían hasta

los codos, y los dedos con que sostenía la caja negra parecían unas garras curvas.»

Veamos cómo Esko Viljo, por su parte, describe a esta extraña criatura: «Yo también lo vi. -El ser estaba en el centro de la luz brillante y despedía una luminosidad fosforescente, pero su cara era muy pálida. Tenía los hombros

muy delgados y caídos, con unos brazos finos como los de un niño. No pensé en sus ropas) sólo observé que tenían una coloración verdosa. Sobre la cabeza llevaba un casco cónico que brillaba como si fuese de metal. El ser medía

menos de un metro y era muy delgado.»

Mientras los dos esquiadores permanecían de pie, contemplando al humanoide, éste se volvió ligeramente y, con la abertura de la caja, apuntó hacia Heinonen. La luz pulsante era muy brillante, casi cegadora. Mientras el pequeño ser permanecía en el interior del rayo luminoso, una espesa niebla, entre gris y rojiza, descendió del ovni, y del círculo luminoso trazado sobre la nieve brotaron enormes chispas. Las chispas eran muy grandes, pues medían casi 10 cm de longitud. Su coloración era roja, verde y lila. Surgieron flotando en amplias curvas; para alcanzar a los dos hombres, pero éstos no notaron nada. La niebla se fue espesando cada vez más, hasta el punto que Heinonen y Viljo
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