Encuentros con Humanoides




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no podían verse. Por último, incluso el ser del rayo de luz dejó de ser visible. Para entonces, calculan que lo estuvieron viendo durante unos 15 o 20 segundos.

«Súbitamente —sigue relatando Esko Viljo—, el círculo sobre la nieve se fue encogiendo y el rayo luminoso ascendió, flotando como una llama temblorosa, hasta desaparecer en el interior del tubo que el objeto tenía en su parte

inferior. Entonces pareció como si algo “apartase” la niebla, y sobre nuestras cabezas vimos el cielo estrellado y vacío.»

Ambos continuaron-allí, sin moverse, quizá durante tres minutos más. «No teníamos miedo —dijo Heinonen— y permanecimos allí, sin hablar y sin hacer nada.» Pero unos dos minutos después de haberse disipado la niebla, Aarno

Heinonen notó que su costado derecho estaba insensible, y cuando trató de dar un paso adelante con sus esquís, cayó al suelo.

«Había tenido el lado derecho de mi cuerpo —dijo— vuelto hacia la luz: me dolía la pierna derecha y la tenía completamente insensible desde el pie hacia arriba. No conseguí levantarme por mí mismo, aunque lo intenté varias veces.»

Tuvo que dejar sus esquís en el lugar; Viljo le ayudó a levantarse y a recorrer los 2 km que los separaban del poblado: Invirtieron aproximadamente una hora en recorrer esta distancia Cuando finalmente llegaron a casa de los

padres de Heinonen, éste no se encontraba nada bien. Le dolía la espalda y tenía las extremidades entumecidas y doloridas. Por si fuese poco, sufría una fuerte jaqueca y no tardó en sentir vómitos. Cuando más tarde fue al lavabo, observó que tenía la orina negra como café. (Este síntoma se mantuvo durante cosa de un mes.) También le costaba respirar.

A las ocho de aquella misma tarde fue a ver al doctor Pauli Kajanoja, de Heinola. El médico le tomó la presión arterial y la encontró mucho más baja de lo normal, lo cual era indicio de shock. Recetó a Heinonen un somnífero. El día 8 de enero volvió a visitar al mismo facultativo, quien esta vez le prescribió un sedante. Los síntomas no remitían, le dolían brazos y piernas y a veces sentía vértigos. Tenía frío, pero no mostraba temperatura elevada.

El 14 de enero fue por tercera vez al médico; éste le

administró un medicamento destinado a regular la circulación. Pero su cuadro clínico continuaba y le impedía trabajar. A mediados de mayo escribió a Fredrikson lo siguiente: «Aún sigo enfermo. Tengo jaqueca y dolores en la

nuca, así como en el estómago y la espalda. Me siento la mano derecha pesadísima. No puedo trabajar. Mi estado apenas ha experimentado mejoría desde el invierno. Los médicos de Heinola ya no saben qué recetarme. ¿Es tan pobre el Gobierno que no puede ayudarnos? He tratado de obtener algún subsidio de las autoridades, pero no he conseguido nada. Creo que tendrían que pagarme, pues yo no sé por que estoy enfermo. Estuve en el sitio donde vimos el objeto y después mi estado ha empeorado.»

Heinonen sufría también una amnesia parcial. Tardó algún tiempo en recordar plenamente el incidente. A principios de junio aún seguía muy débil. Apenas probó bocado desde enero. Antes del 7 de enero se hallaba en -una espléndida forma física, pero después del incidente el menor trabajo le dejaba exhausto.

En cuanto a su compañero Esko Viljo, éste no notó nada anormal inmediatamente después del encuentro, pero una hora después se le puso la cara hinchada y rojiza, y su andar se hizo titubeante. El doctor Kajanoja le recetó dos píldoras somníferas. A la mañana siguiente, a Viljó le costaba mantener el equilibrio y notaba como una falta de peso, especialmente en las piernas. Las manos y el pecho también se le enrojecieron. El 9 de-enero de. 1970, el médico le prescribió un sedante; Durante un par de días tuvo dolor de, cabeza.

El 12 de enero visitó un oftalmólogo de Lahtis, porque le dolían los ojos, que tenía hinchados y enrojecidos. El facultativo le recetó un colirio. Dos días después, un médico de Heinola le aconsejó que tomase un producto para la circulación. El 17 volvió al mismo médico, quien lo encontró normal. Pero en la sauna, su cuerpo adquirió una rojez desacostumbrada.

En una carta que escribió a Fredrikson, a mediados de mayo, comenta: «Algunas personas que visitaron el lugar de los hechos, se sintieron mal un par de días después.

¿Podría esto ser algún tipo de infección?»

El doctor Kajanoja, tras un detenido reconocimiento de ambos, declaró: «Creo que estos dos hombres han experimentado un tremendo shock. La cara de Esko Viljo, estaba muy colorada y presentaba cierta tumefacción. Ambos parecían como ausentes, distraídos. Hablaban muy aprisa y de modo incoherente. No encontré nada anormal, clínicamente, en Heinonen. No se sentía -bien, pero podía ser una

reacción de su estómago ante la impresión sufrida. Los síntomas que me describió son iguales a los que presentan las personas sometidas a una dosis de radiactividad. Por desgracia, yo no disponía de instrumental para medirla.

En cuanto a la orina negra, me parece algo inexplicable. Posiblemente debía de contener una elevada proporción de sangre, pero una situación así no puede prolongarse durante meses,. (Solamente le duró un mes.) En consecuencia, no puedo prescribir ninguna medicación determinada.» Sin embargo, en las muestras de tierra analizadas no había radiactividad.

Cuando Bo Ahlqvist, reportero enviado por la revista sueca Fib-Aktuellt, visitó él lugar de la aparición, con un fotógrafo, a comienzos de junio y en compañía de Viljo y Heinonen, ocurrió el siguiente fenómeno: al cabo de un

rato de permanecer en el sitio, las manos de Viljo, Heinonen y un intérprete que los acompañaba, enrojecieron. Heinonen se vio obligado a abandonar el, lugar a causa de un repentino dolor de cabeza.

Hechos corroborativos
En primer lugar señalemos que tanto Viljo como Heinonen gozaban de una excelente

reputación en la comunidad, donde se los consideraba personas serias e incapaces de urdir una historia tan extraña. Por otra parte, varias personas vieron una luz inexplicable en el cielo, el día 7 de enero, coincidiendo con el supuesto encuentro de los dos esquiadores, y no sólo desde Imjárvi, sino también desde

Paaso, localidad situada a 10 km al norte de Imjárvi. Pero hay más: un año antes, un muchacho de dieciséis años, llamado Matti Kontulainen, había visto una luz extraña, en un lugar a sólo cien metros del calvero donde Viljo y Heinonen vieron el ovni.

Diez años después
En setiembre de 1980, la FSR publicó lo que pudiéramos llamar un posz-scriptum al caso de Imjarvi Su autor era Anders Liljegren, director de la publicación ufológica sueca AFUs Uyhetsblad, de Sodertalje En realidad, el artículo de la FSR era la traducción al inglés del publicado por Liljegren en el número 18 (enero-marzo de 1980) de la publicación citada. A su vez, el artículo sueco se basaba en una serie de artículos aparecidos en la revista finesa Ufoaika, en 1972 y 1973, por una parte, y por otra en la correspondencia sostenida -entre Aarno Heinonen y un investigador colega de Liljegren, llamado, curiosamente, Jorma Heinonen. Según aclara Liljegren, esta coincidencia de apellidos es puramente casual. Asimismo, Liljegren mantuvo estrecha relación con Sven-OIof Fredrikson, de Góteborg (Gotenburgo) y con el periodista Bo-Ahlqvist, que se mantenía asiduamente en contacto con los testigos.

La información recogida a través de estas diversas fuentes por Liljegren es desconcertante y nos ofrece un cuadro muy complejo. En efecto: además de un encuentro con un humanoide y su nave, seguida de efectos fisiológicos, la cosa se complica y tenemos un contacto de tipo mesiánico de Heinonen, e incluso una posible abducción del mismo. Aparecen en escena más humanoides —uno de ellos femenino y que recuerda extrañamente a la «Señora» de Fátima—; por todo ello, este caso adquiere unas dimensiones mayores y se coloca a caballo de un simple C III, un contacto mesiánico y una abducción. Por desgracia, estas noticias, que se remontan a 1973, es lo último que sabemos sobre el caso y sus extrañas secuelas. Después de esa fecha, Heinonen y Viljo parecen esfumarse Liljegren

afirma que ha rebuscado en vano en la literatura ufológica mundial, pero no ha hallado más información sobre el caso Imjarvi con posterioridad a 1973.

Aarno Heinonen: ¿un predestinado?
Por lo que pudo averiguar Liljegren, el encuentro de 1970 quizá tendría que considerarse como un eslabón más en una continuada cadena de acontecimientos: ¡Heinonen aseguraba que ya en 1964 había visto un ovni! En su número 10 (1972) Ufoaika informaba que hasta el 15 de agosto de 1972, Aarno Heinonen había efectuado nada menos que veintitrés observaciones de ovnis. Y también se había convertido en un contactee. En una carta a Jorma, fechada el 8 de noviembre de 1972, Heinonen afirmaba haber visto unos treinta fenómenos luminosos (discoidales en cuatro ocasiones) y humanoides en cinco ocasiones distintas, el

7 de enero de 1970 inclusive. Y en tres ocasiones se había encontrado con una mujer humanoide, con la que sostuvo una conversación... ¡en finés!

Por su interés documental, voy a transcribir el relato que hizo el -propio Heinonen de su supuesto primer encuentro con-la «mujer»: "El 5 de mayo de 1972 oí tres “señales sonoras” y luego una voz femenina, desconocida, que me pedía que fuese a encontrarme con ella en un lugar situado a las espaldas de un granero rojo, situado cerca de la encrucijada de Jaala y Voikoski. Yo tenía que ir solo, y no debía llevar mi cámara fotográfica ni mi grabadora. La voz era aguda y parecía “cansada”

»Me dirigí al lugar indicado, en mi Vespa. Eran las diez y cuarto de la noche. Cuando llegué a la parte posterior del granero vi a una mujer vestida con un traje y pantalones amarillo vivo y con largos cabellos rubios, de puntas

levantadas, que le caían sobre los hombros. Su traje era muy ajustado y relucía cuándo ella se movía. Vi que calzaba zapatos pateados con rosetas rojas En su mano izquierda sostenía algo que me pareció una bola plateada, conectada a una varilla que empuñaba con la diestra. De la bola saltan tres antenas, de unos -30 cm de largo. Las tres estaban apuntadas hacia mí; »Yo no tenía miedo y me dirigí hacia ella. La mujer vino a mi encuentro y me tendió la mano, diciendo: “Hyvaa Paivaa (Cómo está usted?, en finés.) Yo le estreché la mano, que me pareció suave y fría. Ella dio entonces dos pasos atrás, y entonces reparé en la presencia de otra persona, un hombre, de pie e inmóvil, a unos 70 m de nosotros. El vestido del hombre también era amarillo, algo más claro quizá, y se tocaba con una especie de sombrero. En aquella oscuridad no pude verlo con demasiado detalle.

»Pregunté a la mujer que de dónde venían (la llamé “señorita” porque no vi que llevase ningún anillo en sus dedos) Ella me contestó: “Venimos del otro lado de la galaxia, de un agradable país verde.” Luego me dijo que tres especies distintas de “humanoides” habían visitado Imjarvi. Primeramente seres pequeños, luego gente como ella (medía 1,40 m) y, por último, una especie más alta, de casi dos metros de estatura. Me contó que la visita efectuada por el pequeño humanoide, en 1970, había -durado tres minutos, aunque nosotros creímos que sólo había durado unos segundos. La mujer también me dijo que tenía 180 años, aunque sólo aparentaba veinte.»

Este «contacto» casa en muchos de sus detalles con otros incidentes similares. La «bola luminosa» aparece en numerosos casos de encuentro, desde Carlos Villa Paz a Olavarría (ambos en la Argentina, y que examinaremos

adelante). La conversación en la lengua del testigo también es un detalle clásico: aparece desde el caso de Gary Wilcox (inglés) hasta el de Pere Ribalta Puig (catalán) y Fátima (portugués). -El aspecto de la «mujer», repito, recuerda el de la «Uraniana» de Fátima, con su «traje resplandeciente», su pequeña estatura y sus facciones juveniles, casi aniñadas. Si en vez de un rudo guardabosques finlandés, el testigo hubiese sido un pastorcillo de un país católico del sur de Europa, hubiéramos tenido una «aparición mariana» más.

Segundo encuentro con la entidad
En este segundo encuentro, que paso a transcribir, Aarno vio el «vehículo» de la «señorita» cósmica. (Aquí, en efecto, se trataba de una «señorita»; no de una «Señora» como en Fátima.) Pero continúa la atmósfera de «aparición mariana» en todo el extraño episodio:

«El 18 de junio de 1972, a la misma hora que la primera vez, volví a recibir instrucciones por medio de la voz femenina. Esta vez tenía que ir al cruce de caminos de Antinhaara. De allí sale un sendero, de unos cien metros, que lleva lo alto de un otero. Allí fue donde encontré a la mujer, esta vez sola.

»Hablamos de las mismas cosas que en la primera ocasión. Cuando yo le pregunté cómo había llegado hasta allí; me contestó: “Vuelve a tu casa y verás el hermoso vehículo en que hemos venido.” Así lo hice, y a unos ciento cincuenta metros de mi casa ya distinguí la nave. Estaba a baja altura, quizás a no más de cien metros. Se balanceó y dejó de moverse, para quedarse suspendida sobre mí.

Detuve mi scooter y la observé desde abajo. Aquel objeto, de forma discoidal, no emitía luz alguna, pero vi que su color era plateado. Tampoco vi ventanas ni ojos de buey. Calculé que su diámetro era de cinco a siete metros. Al cabo de un momento se elevó lentamente en el cielo.

»En ambas ocasiones hablé con la mujer durante unos cinco minutos. Ella hablaba muy aprisa, con voz que parecía “tensa”; sus palabras, sin embargo, le salían de la boca. Le pude ver los dientes, que tenían una anchura doble a la de los nuestros. Tenía la cara y las manos muy blancas y era extraordinariamente hermosa. Parecía tener la nariz respingona. Ya he dicho que medía aproximada-

mente un metro cuarenta, y llevaba un traje de dos piezas con un cuello muy alto, tipo cuello de cisne. Sus zapatos no estaban unidos al pantalón. Tenía unos ojos muy grandes, de un azul maravilloso.

»Durante ambos encuentros, ella sostuvo constantemente la bola plateada en sus manos como la uraniana de Fátima). De lado de partida era muy singular parecia irse flotando” hasta qué desaparecía. (También como en Fátima).daba muy

envarada sin doblar las rodillas. Aarno Heinonen contó a los investigadores finlandeses otros detalles más bien de corte «keeliano»: un ser de rostro indiscernible que se materializó un día en la cocina de Viljo; algún fenómeno de tipo poltergeist, un encuentró en Heinola con otro humanoide que medía más de dos metros, y que entregó a Aarno una pluma o bolígrafo rojo etcétera.

Dijo, además, que los "extraterrestres" le habían implantado en la espalda (sic) un pequeño aparato por medio del cual le controlaban y le impartían órdenes. También afirmó que aquellos seres —que nos llevaban un adelanto

técnológico de 5 000 a 7 000 años— estaban entregados a la tarea de «limpiar» la atmósfera de nuestro planeta...y otras cosas igualmente increíbles.

¿Qué debemos pensar del extraño giro que tomó la vida de Aarno Heinonen de su compañero Viljo no se nos dice nada— después del encuentro en la nieve, de 1970? Manifiesta muy a las claras el «síndrome del contactado», puesto de manifiesto en otros casos que conocemos. ¿Hay que tomar sus declaraciones al pie de la letra, o bien con ellas nos adentramos en el terreno de la psicopatología? Nada hace presumir que sea así: Heinonen era un hombre sano, robusto y sin complicaciones, a sus treinta y ocho años, edad en que ocurrió el encuentro con el humanoide. Soltero, vivía con sus padres en una casita sin electricidad. Sus

principales aficiones eran la pesca y el deporte. El tema de los ovnis y los extraterrestres no le interesaba en absoluto; sus conocimientos al respecto eran prácticamente nulos. De ser todo ello una fabulación, ¿por qué la historia presenta tantos puntos de contacto con otros relatos de supuestos contactados, ocurridos en lugares situados a miles de kilómetros de Finlandia? ¿Y qué podemos decir de los rasgos «marianos» de la «mujer extraterrestre»?
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