Encuentros con Humanoides




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hizo, no dijo nada a nadie sobre la existencia de la caja, y la escondió en un cobertizo, bajo un montón de carbón.

Poco tiempo después de su declaración a las autoridades (que precedió a la visita de varios investigadores oficiales, así como la del doctor Hynek, que vino especialmente de Estados Unidos y se desplazó a Ouarouble en un helicóptero militar desde el aeródromo de Lille), recibió de nuevo la visita de

los miembros del Servicio de Información del Ejército del Aire, que lo sometieron a un detallado interrogatorio, invitándolo después a acompañarlos a otro centro oficial, donde volvieron a bombardeado a preguntas.

Y no solamente fue interrogado, sino que lo sometieron a hipnosis y a la acción del pentotal sódico, o «suero de la verdad». Terminadas estas pruebas y exámenes del testigo, éste es devuelto a su casa en un vehículo oficial y uno de los investigadores le pide entonces que le entregue la famosa caja. Marius Dewilde «se hizo el loco», pretendiendo ignorar su existencia, y entonces dijo: «Puesto que ustedes pretenden que tengo una caja escondida, búsquenla uste des mismos."

Uno de los oficiales fue entonces en derechura al montón de carbón y extrajo la caja oculta, ante el asombro de Marius Dewilde..., quien sin duda había revelado la existencia de la misma bajo hipnosis, no recordando después haberlo dicho.

Tras esto, se pierde totalmente la pista de este extraordinario objeto. "prueba" incuestionable de la visita de los «extraterrestres». No sabemos qué hicieron con ella las autoridades, ni si consiguieron abrirla.
La extraordinaria aventura de Marius Dewilde, comenta Delval, no le valió

honores ni riquezas. Vive actualmente en la Turena, en casa de su hijo, casado y

padre de familia, y rodeado por algunos amigos. En cuanto al ramal ferroviario

P.N. 79, que fue teatro de estos fantásticos acontecimientos, fue suprimido, y

ya no queda nada de la vía férrea ni de la casita que se levantaba a su vera,

donde vivía Dewilde en 1954. Con un brazo amputado por accidente laboral, Marius

Dewilde no puede considerarse como uno de los «contactados» más afortunados. A

esta mutilación se añaden ciertas dificultades de expresión que, sin embargo, no

le impiden pensar con claridad. La extraña experiencia que vivió en 1954 lo

marcó para toda su vida, como ocurre en tantos casos de «encuentro» con «ellos».

Este encuentro con otra realidad (¿que acaso una «realidad paralela»?) marca de

manera indeleble a los que lo sufren. Para bien, o para mal.

Quizás en lugares como esta modesta vía férrea próxima a la frontera

franco-belga sea donde se está escribiendo la historia de nuestra época. Una

historia que todo nos hace presumir que es «cósmica».


6. EXTRAÑAS COMPAÑIAS

En la casuística mundial de los «encuentros cercanos del tercer tipo", tenemos algunos casos en que los humanoides observados por el testigo o los testigos no iban solos, sino que estaban acompañados por otros seres humanoides, pero de características distintas. Generalmente, la mayor diferencia residía en la talla. Por lo común se ha observado a los pequeños humanoides macrocéfalos (el tipo clásico por excelencia) deambulando en parejas, como la guardia civil. Así, en parejas, se les ha visto innúmeras veces dedicados principalmente a hacer misteriosos estudios del suelo, o recogiendo muestras de minerales o vegetación, invirtiendo por pasiva la oración de nuestros astronautas en la Luna (cuando aún iban astronautas a la Luna).

Vamos a pasar revista a algunos de estos casos de «extraños compañeros». Principiaremos por uno verdadera mente desconcertante.

La extraordinaria aventura de Marius Dewilde, comenta Delval, no le valió honores ni riquezas. Vive actualmente en la Turena, en casa de su hijo, casado y padre de familia, y rodeado por algunos amigos. En cuanto al ramal

ferroviario P.N. 79, que fue teatro de estos fantásticos acontecimientos, fue suprimido, y ya no queda nada de la vía férrea ni de la casita que se levantaba a su vera, donde vivía Dewilde en 1954. Con un brazo amputado por accidente laboral, Marius Dewilde no puede cónsiderarse como uno de los ¿contactados?» más afortunados. A esta mutilación se añaden ciertas dificultades de expresión que, sin embargo, no le impiden pensar con claridad. La extraña experiencia que vivió en 1954 lo marcó para toda su vida, como ocurre en tantos casos de «encuentro» con «ellos». Este encuentro con otra realidad (¿acaso una «realidad paralela»?) marca de manera indeleble a los que lo sufren. Para bien, o para mal.

Quizás en lugares como esta modesta vía férrea próxima a la frontera franco-belga sea dónde se está escribiendo la historia de nuestra época. Una historia que todo nos hace presumir que es «cósmica».

Encuentro nocturno en Le Vézenay

Éste es un caso por todos conceptos singular. En él, los pequeños humanoides, iban acompañados de... un señor con gabardina! Pero pasemos al relato de los hechos. Vaya por delante que el caso se sitúa en el contexto de la oleada francesa de 1954. En realidad, es casi contemporáneo del encuentro de Marius Dewilde que hemos reseñado antes. Ocurrio una semana despues del segundo encuentro de Dewilde: el 18 de octubre. El primer encuentro de Dewilde inaguró

brillantemente la serie de rencontres rap prochées du troisieme type, que es como los franceses llaman a los CE III. Diremos también, antes de empezar

el relato, que para ese día, 18 de octubre Figuet y Ruchon recogen en su libro-catálogo otros nueve casos de aterrizaje o de presencia de seres. La información

que sigue está sacada de LDLN, número 97, de diciembre de 1968, que publica

la encuesta de M. Tyrode. Aimé Michel también se ocupa con cierta extensión

de este caso en su obra funda mental A propos des Soucoupes Volantes, editada

por Pla néte en 1966. El 18 de octubre de 1954, la señorita Marie-Louise Bou rriot, actualmente casada, regresaba en su velomotor de Málbuisson, donde tenía su empleo, a su casa de Mont perreux. A las 22.45, a la altura del orfanato de Malbuisson, mientras circulaba por la R. N. 437 en dirección a la aldea de Le Vézenay, distinguió una viva luminosidad rojiza que iluminabá la carretera y las primeras casas de la aldea. Ella continuó su camino, pensando que se trataba de los faros de un coche. La luz se extinguió cuando Marie-Louise Ile jaba al pie de la cuesta que lleva a la aldea. La joven atravesó Le Vézenay sin observar nada anormal.

A un centenar de metros de la última casa del poblado, fue testigo de un hecho bien curioso. En aquella época, un camino departamental bordeaba la carretera, en el lado derecho de la misma según el sentido en que circulaba Marie-Louise.

A esta altura, cerca de una encrucijada de pequeños caminos, a la derecha se

encontraba una marquesina, que protegía la parada del autobús. En el lado opuesto de la carretera, sobre el firme y a unos 60 cm del arcén, estaba un hombre, de pie y en absoluta inmovilidad. La testigo cree que era de talla media, más bien baja. La señorita Bourriot lo vio perfectamente a la luz del faro de su velomotor. Desde luego era un hombre, pero de baja estatura, según queda indicado: no me diría más de 1,50 o 1,60 m. Llevaba una gabardina o impermeable más bien oscuro. Miraba en dirección a la parada del autobús. Aunque encontrarse allí y a aquella hora con un hombre fuese algo más bien insólito, Marie-Lóuise no tuvo miedo, pues el desconocido no la miraba. Cuando iba a cruzar frente a él, distinguió de pronto, al lado del hombre, a «dos pequeños seres completamente negros», inmóviles también. Cuando la motocicleta se aproximó a ellos, los dos pequeños seres se pusieron a cruzar la carretera, andando tranquilamente, sin apresurarse. Pasaron a menos de diez metros por delante de la estupefacta joven y se dirigieron hacia la parada cubierta. El! hombre no se había movido; continuaba en la más absoluta inmovilidad, sin que pareciese haberse dado cuenta en ningún momento de la presencia de los dos pequeños seres, ni del paso del velomotor. Ante hechos tan extraños, Marie Lóuise sintió miedo y dio más gas a la máquina.

Recorrió así rápidamente unos tres kilómetros, atravesando la Source Bleue y Chaudron, donde dejó la it N. 437 para tomar la departamental 204 en dirección de Mont perreux.(Antes de continuar, es preciso observar que Michel, en su obra citada, dice que los humanoides salieron «del lado opuesto de la carretera», donde había un prado, y se dirigieron hacia el hombre inmóvil.

No queda claro si éste llevaba sombrero o no, pero tanto Figuet y Ruchon como

la contraencuesta de M. Tyrode afirman que los pequeños se res estaban al lado

del hombre y " desde allí» cruzaron la carretera. Sigamos. Al ascender la suave pendiente, de un desnivel de unos 50 m sobre un recorrido de 2 km, Marie-Louise miró hacia atrás para ver si algo anormal -se producía a sus espaldas. Fue entonces cuando «vio elevarse un objeto rojo», que ascendió hacia el cielo. El objeto parecía de forma oval y le pareció que se encontraba en la vertical de la aldea de Le Vézenay. Subía en derechura y con bastante rapidez.

Marie-Louise no guardó silencio sobre su extraño encuentro, pero la gente del pueblo se resistía a creer tan singular aventura. Fueron muchos —entre ellos

su propio hermano, que vino expresamente de Pontarlier para «elevarle la moral»—

quienes la tomaron por una visionaria. Pero ella mantuvo su versión de los hechos, contra todo y contra todos. Cuando M. Tyrode fue a entrevistarla, catorce años después del suceso, ella le dijo que -aún veía a los pequeños seres negros, como si los tuviese delante, en el momento de cruzar frente a ella.

Las personas «sensatas» le observaron que tal vez se trataba de jóvenes hoy scouts acompañados de su monitor, y esto a causa del sombrero que al parecer,

llevaban los pequeños humanoides. Ella negó esta hipótesis, afirmando que ningún monitor haría cruzar la carretera a unos muchachos en el moménto en que se aproximaba un vehículo

Al día siguiente, 19 de octubre, algunas personas fueron a curiosear en el

lugar indicado por Marie-Louise y descubrieron huellas muy claras de pies

pequeños, que iban desde la carretera a la parada del autobús, para girar en

ángulo recto detrás de ésta. (Aimé Michel también afirma que lis huellas de

pasos se hallaron en el prado de donde «venían» los pequeños seres, pero Marie-

Louise afirmó que esto era falso;)

Conclusiones
La impresión que se desprende del relato de Marie-Louise Bourriot es de

«realidad». Tanto ella, testigo presencial de los hechos, como Aimé Michel y M.

Tyrode, que la entrevistó catorce años después, se hallan convencidos de que se

trató de un suceso «real». También creen firmemente que el singular caballero de

la gabardina, que durante todo el episodio mantuvo una inmovilidad absoluta, era

«un hombre·. No puede decirse lo mismo de los dos pequeños seres que lo

acompañaban y que, según Tyrode, «lo tenían en su poder» (hipnotizado o

drogado). Hay que asociar también, sin duda, este extraño episodio coñ la

presencia del ovni que vio a continuación Marie-Louise, que acaso vino a recoger

a los tres protagonistas del desconcertante drama. ¿Una abducción? ¿Por qué no?

Después de descartur la hipótesis del jefe scout, Tyrode rechaza también la de

un posible «turista». Ni la hora, ni la época (mediados de octubre) ni el lugar

(a orillas del lago de Saint Póint, en el departamento del Doubs, en el noroeste

de Francia), son apropiados para la presencia de un turista solitario. En

cambio, el lugar tiene evidentes rasgos ufológicos: extensión de agua importante

(el lago citado) y presencia de una falla geológica, con posible aumento del

geomagnetismo local

Los «Humanoides Asociados» de Lagoa Negra
Otro caso sucedido en las inmediaciones de un lago: Lagoa Negra (Laguna Negrá,

no el Lago de la Negra, o «Le Lac de la Négresse», como traduce Phénoménes

Spatiaux), en el Brasil, ahora, y en el estado de Rio Grande do Sul. Lagóa Negra

se encuentra en la proximidad de la Lagoa dos Patos) una inmensa extensión

líquida se extiende paralelamente a la costa brasileña, entre Porto Alegre y

Rio Grande do Sul. En realidad, viene a ser como el estuario del río Jacui, que

se abre en el Atlántico a la altura de Rio Grande do Sul.

Como antes hemos indicado, este detallado informe se publicó en la

excelente revista Phénomenes Spatiaux. de París, que dirigía mi buen amigo René

Fouéré, ayudado por su activa esposa Francine, una marsellesa arraigada entre

las brumas del Norte. El informe, debido al profesor Felipe Machado Carrión,

presidente del GGIOANI brasileño (Grupo Gaucho para a Investigacdo dos Objetos

Aéreos Nao Identificados), fue enviado a Fouéré por el investigador brasileño

Jader U. Pereira, autor de una conocida clasificación tipológica de los

supuestos ocupantes de los ovnis. Fouéré lo publicó con todos los honores —el

caso lo merecía— en el número 20 (junio de 1969) de su revista citada. El informe del profesor Carrión servirá de base para mi exposición del caso. Éste se sitúa a principios de enero de 1958, entre las 20 y las 22 horas, en una noche clara y sin viento. El lugar de autos o habría que decir «de platillos»?) es, como queda señalado, una hacienda a orillas de Lagóa Negra, comuna de Viamáo, en las cercanías de la Lagóa dos Patos. Los testigos fueron cinco, lo cual confiere gran solidez al caso. Estas cinco personas eran el propietario de la fazenda y su familia, compuesta por su esposa, un hijo y una hija. A éstos hay que añadir el capataz. Los adultos habían recibido instrucción primaria, solamente, a diferencia de los menores, que habían, cursado estudios secundarios. Esta familia .—que prefirió conservar el anonimato— gozaba de una excelente reputación en aquella zona.

Ninguno de los testigos sentía el menor interés por los «platillos

volantes» -y los extraterrestres, que quedaban totalmente fuera de sus preocupaciones inmediatas. Este detalle hay que tenerlo muy en cuenta, lo mismo que la fecha del episodio y el lugar: -1958 y un rincón remoto del Brasil. El tema aún estaba virgen y no había sido divulgado masivamente.

-La observación que vamos a reseñar acto seguido duró unos veinte minutos.

Todo comenzó con la observación del objeto por uno de los miembros de la casa, que advirtió a los demás. De forma redondeada y unos 10 m de diámetro por unos 3 metros de alto, estaba rematado por una cúpula redondeada, que daba al conjunto el aspecto de un -sombrero de ala ancha. La parte inferior parecía poseer «algunas protuberancias» (¿ovni tipo Adamski?), pero los testigos no pudieron precisar ni su aspecto ni su situación. De apariencia metálica y brillante, el objeto emitía una intensa luminosidad de un rojo claro. Lo que más impresionó a los testigos fue que el objeto se hallaba «suspendido" a unos dos metros del suelo, como si flotase. Estaba completamente inmóvil, sin movimiento de rotación perceptible: sólo cuando comenzó a alejarse, los testigos creyeron observar que giraba sobre sí mismo, si bien muy pausadamente.

La luminosidad rojiza emitida por el objeto irritó los ojos de los observadores, a los que provocó lagrimeo. Esta luz penetraba por las rendijas de ventanas y puertas y, al difundirse, iluminaba totalmente el interior de la casa. La distancia del objeto a la hacienda, que fue medida inmediatamente después, era exactamente de 390 m en línea recta.

Aparecen los humanoides
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