Tema el lugar de la filosofía en el conjunto del saber introducción




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TEMA 1. EL LUGAR DE LA FILOSOFÍA EN EL CONJUNTO DEL SABER


 

1. Introducción


  La filosofía se define etimológicamente como “amor al saber” o “deseo de saber” (philos: amor; sophía: saber, sabiduría). Sin embargo, hay que ir más allá del mero significado etimológico. No solo el filósofo es amante del saber, sino que también lo son el biólogo, el físico o el humanista (cada uno “ama” su parcela de saber). Además, la filosofía no es solo un anhelo de saber, sino un saber que se alcanza en cierto grado.

¿Qué entendemos por saber? Por lo pronto, podemos decir que saber y conocimiento se oponen a ignorancia. Quien sale de la ignorancia alcanza algún grado de conocimiento y algún tipo de saber. Sin embargo, no todo conocimiento o saber es por sí mismo siempre verdadero. Hay saberes verdaderos y saberes falsos. Además, los saberes, independientemente de su valor de verdad, se constituyen para cumplir alguna función social, como la cohesión del grupo, el establecimiento de ritos de paso o la determinación de los roles sociales. Debido a esta complejidad, será muy clarificador abordar qué son los saberes y qué es la filosofía como saber, identificando primero el momento histórico en el que surgen, clasificando los principales tipos de saber, definiendo cada uno de ellos y estableciendo sus relaciones mutuas.

 

Conocimientos naturales y culturales

La primera diferencia que cabe establecer es entre aquellos conocimientos que se poseen de modo “natural” y los que vienen dados a través de la “cultura”. Los conocimientos naturales son conocimientos instintivos o innatos, como las invariantes conductuales y los universales lingüísticos. Estos conocimientos se han desarrollado en función de nuestra evolución como especie.

Por su parte, los conocimientos culturales son adquiridos por aprendizaje social en el seno de un grupo determinado y, en esa medida, son artificiales (artificial, aquí, significa que no derivan de la evolución de la especie, sino de las tradiciones de un grupo social determinado).

 

 Culturas bárbaras y culturas civilizadas

Los conocimientos culturales pueden graduarse desde los más primitivos y simples hasta los más evolucionados y complejos. Los orígenes de la escritura marcan un punto de inflexión en la historia del desarrollo de los conocimientos: 1) La escritura permite el almacenamiento de gran cantidad de información; 2) esta información puede ser transportada físicamente de un lugar a otro; 3) al mismo tiempo, la escritura posibilita la conservación puntual y precisa de conocimientos de nuestros antepasados y el registro de los acontecimientos pretéritos; 4) por último, hace posible la “objetivación” del conocimiento.

Siguiendo el materialismo filosófico de Gustavo Bueno, llamaremos “culturas bárbaras” a las culturas sin escritura (ágrafas). Las culturas con escritura (y, por tanto, con historia) las denominaremos “culturas civilizadas”. Las culturas civilizadas, habiendo desarrollado un procedimiento de registro de la información hablada (la escritura), han acumulado una ingente cantidad de conocimientos propios y extraños. Las sociedades bárbaras, por el contrario, disponen de mucha menos información, como consecuencia de los límites impuestos por la transmisión oral. Las sociedades ágrafas son, además, sociedades aisladas, autárquicas, cerradas. Por el contrario, las sociedades civilizadas son abiertas y cosmopolitas, sus economías están basadas en el comercio y en el intercambio generalizado y, a partir de ellas, ha surgido la sociedad universal en la que actualmente vivimos. Las culturas bárbaras se identifican con las sociedades tribales prehistóricas y las de nuestros contemporáneos primitivos, tradicionalmente estudiadas por la antropología cultural. Se trata de sociedades preestatales que no tienen historia. Las culturas civilizadas, por su parte, florecen en sociedades estatales, donde una ciudad está en relación con otras muchas, distantes geográficamente, a través del comercio. La historia, como disciplina distinta del mito, surge en estas sociedades con escritura.

Las culturas bárbaras poseen unos conocimientos propios que se transmiten oralmente: los mitos, la magia y la religión. Las culturas bárbaras también poseen conocimientos técnicos: fabricación de hachas, canoas y utensilios, cerámica, metalúrgica, navegación de cabotaje, técnicas curativas mezcladas con rituales mágicos, etc.

Con el paso de las culturas bárbaras a las civilizadas, en el contexto helénico, surge un nuevo tipo de saber esencialmente diferente a todos los anteriores: la ciencia. En contra de lo que a veces se dice,  las ciencias no surgen de un saber reflexivo abstracto desligado de los problemas prácticos. No son hijas de la filosofía. Por el contrario, las ciencias se han constituido siempre a partir de saberes técnicos anteriores. Las ciencias surgen de las técnicas. De la agrimensura, la geometría; del comercio y del intercambio, la aritmética; de la navegación, la astronomía; de la selección de plantas curativas, la medicina, etc.

En el contexto de estos primeros saberes racionales críticos, las ciencias, se producirá el despliegue de otro saber racional crítico, la filosofía, distinto de las ciencias. La filosofía se desarrolla al entrar en contacto con las ciencias y las técnicas, pero su reflexión no se centra únicamente en los resultados de éstas, porque también se hace cargo críticamente de los saberes bárbaros coetáneos: los saberes mitológicos, mágicos y religiosos que, como supervivencias del periodo bárbaro, siguen existiendo incrustados en la civilización. La filosofía supone el constante esfuerzo de dibujar el mapa de los conocimientos humanos, en cada momento histórico, y el continuo intento de ubicarse racionalmente en ese mapa.

 

 2. Saberes bárbaros: mitos, magia, religión y técnica

En las culturas civilizadas, el mito, la magia y la religión conseguirán sobrevivir en territorios marginales o aislados del poder de la racionalidad crítica representada por la ciencia y la filosofía. No obstante, como consecuencia del influjo de dicha racionalidad, estos saberes se verán obligados, en gran medida, a remodelarse o transformarse en otros distintos. En el lugar que los mitos ocupaban, vendrán a desarrollarse las ideologías; en el de la magia, las pseudociencias; y en el de la religión, o añadida a ella, la teología. Por su parte, cuando el desarrollo de la ciencia adquiere la capacidad de intervenir sobre las técnicas y remodelarlas a escala del saber científico, se desplegarán lo que conocemos como tecnologías. Entre la técnica de construcción de medios de transporte de tracción animal o de fuerza natural (molinos de viento, de agua, etc.) y la máquina de vapor o el vehículo de motor de explosión, puede medirse la distancia que hay entre la técnica y la tecnología; ésta es técnica a la que se le ha aplicado un conocimiento científico (termodinámica, química, etc.).

Veamos ahora en qué consiste cada uno de los saberes bárbaros.

 

Mitos

Los mitos se presentan en la forma de relatos poéticos o legendarios, transmitidos fundamentalmente por vía oral, cuya aceptación descansa en la tradición. Explican el origen, organización y destino de la comunidad cuya identidad intentan preservar (su surgimiento, su lengua, sus técnicas más importantes, etc.), así como la totalidad de los fenómenos naturales relevantes en la existencia cotidiana de la misma (el ciclo de las estaciones, la relación con los animales, las cosechas, las amenazas del medio, la enfermedad, la muerte, etc.). Dan sentido, en definitiva, a la vida de los miembros de la comunidad.
Ejemplo: Mito de Perséfone.

Perséfone es hija de Zeus y Deméter (hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus, y diosa de la fertilidad y el trigo). Su tío Hades (hermano de Zeus y dios de los Infiernos), se enamoró de ella y un día la raptó.

La joven se encontraba recogiendo flores en compañía de sus amigas las ninfas y hermanas de padre, Atenea y Artemisa, y en el momento en que va a tomar un lirio, (según otras versiones un narciso), la tierra se abre y por la grieta Hades la toma y se la lleva.

De esta manera, Perséfone se convirtió en la diosa de los Infiernos. Aparentemente, el rapto se realizó con la cómplice ayuda de Zeus, pero en la ausencia de Deméter, por lo que ésta inició unos largos y tristes viajes en busca de su adorada hija, durante los cuales la tierra se volvió estéril.

Al tiempo, Zeus se arrepintió y ordenó a Hades que devolviera a Perséfone, pero esto ya no era posible pues la muchacha había comido un grano de granada, mientras estuvo en el Infierno, no se sabe si por voluntad propia o tentada por Hades. El problema era que un bocado de cualquier producto del Tártaro implicaba quedar encadenado a él para siempre.

Para suavizar la situación, Zeus dispuso que Perséfone pasara parte del año en los confines de la Tierra, junto a Hades, y la otra parte sobre la tierra con su madre, mientras Deméter prometiera cumplir su función germinadora y volviera al Olimpo.

Perséfone es conocida como Proserpina por los latinos.

La leyenda cuenta que el origen de la Primavera radica precisamente en este rapto, pues cuando Perséfone es llevada a los Infiernos, las flores se entristecieron y murieron, pero cuando regresa, las flores renacen por la alegría que les causa el retorno de la joven. Como la presencia de Perséfone en la tierra se vuelve cíclica, así el nacimiento de las flores también lo hace.

Por otra parte, durante el tiempo en que Perséfone se mantiene alejada de su madre, Deméter y confinada al Tártaro, o mundo subterráneo, como la esposa de Hades, la tierra se vuelve estéril y sobreviene la triste estación del Invierno.
En el relato mítico entran en juego hazañas de héroes, designios de dioses (en un contexto politeísta) y fuerzas naturales dotadas de caracteres antropomórficos y animistas. Estos “personajes” no pertenecen al mundo cotidiano (al tiempo ni al espacio profanos), sino al mundo de lo sagrado y, generalmente, se asocian a ritos de rememoración de los acontecimientos míticos situados en el “tiempo originario”, de importancia fundamental para las sociedades arcaicas. Mientras el hombre actual se concibe a sí mismo como el fruto o resultado de la historia, el hombre de las sociedades arcaicas se concibe a sí mismo como el resultado de los acontecimientos míticos ocurridos en los tiempos primordiales y, por ello, se ve obligado a reactualizar ritualmente estos hechos míticos o, por lo menos, a rememorarlos mediante sus prácticas rituales.

Sin embargo, la finalidad principal del mito no estriba en la rememoración de un pasado originario y fundacional, sino en la capacidad que tiene el relato de influir en el presente, ordenándolo, como una causa importantísima de cohesión social. Las narraciones míticas tienen carácter simbólico: establecen, a través de los acontecimientos puntuales que narran, pautas de comportamiento que deben seguirse como normas y mandatos. Por eso, en las culturas bárbaras, los mitos, una vez aparecidos, no son prescindibles, sino necesarios (hasta que son sustituidos por un saber más complejo en una cultura civilizada), para garantizar la estabilidad y continuidad de la comunidad, señalando lo que está prohibido (tabúes alimenticios o sexuales, etc.) y prescribiendo lo que ha de hacerse (ritos de paso, ceremonias religiosas, jerarquía social a respetar, etc.).
Cuando analicemos el proceso de surgimiento de la filosofía, hablaremos del “paso del mito al logos”, siguiendo la célebre fórmula de W. Nestlé. Dicha expresión tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Entre las primeras, que permite captar la esencia del proceso que dio lugar al surgimiento de la filosofía en torno al siglo VI a. C. en Grecia. Entre las segundas, que puede dar a entender que el mito es una forma de saber que permanece completamente al margen del logos. Para evitar esta interpretación, es necesario aclarar, desde el principio, que el mito no es enteramente irracional o pre-lógico. El mito tiene una racionalidad o lógica interna, solo que distinta de la científico-filosófica, pero capaz de ordenar el sistema de la vida social de la comunidad primitiva. En este sentido, el helenista G. S. Kirk ha llamado la atención sobre la posibilidad de que la “racionalidad mitológica” hubiera transmitido a la razón científico-filosófica algunos de sus modelos de pensamiento y, en especial, la importancia de la búsqueda del principio en las relaciones causa-efecto. En este sentido, los mitos habrían descubierto el modelo de explicación genealógico. Dicho modelo sería abandonado por la ciencia y la filosofía, pero la búsqueda del principio permanecería, sobre todo en la primera fase del despliegue de la racionalidad filosófica representada por los presocráticos.
Ejemplo: Teogonia de Hesiodo.

Antes que nada nació Caos (el vientre, la matriz de la que surge todo), después Gea (la Tierra) de ancho seno, asiento firme de todas las cosas para siempre, Tártaro (el Infierno) nebuloso en un rincón de la tierra de anchos caminos y Eros (Amor y Deseo), que es el más hermoso entre los dioses inmortales, relajador de los miembros y que domeña, dentro de su pecho, la mente y el prudente consejo de todos los dioses y todos los hombre. De Caos nacieron Erebo (la Oscuridad) y la negra Noche; de la Noche, a su vez, nacieron

Éter (la Luz) y Día, a los que concibió y dio a luz, tras unirse en amor con Erebo. Gea (Tierra) primeramente engendró, igual a sí misma, a Urano (el Cielo) brillante para que la cubriera en derredor por todas partes y fuera un asiento seguro para los dioses felices por siempre. Alumbró a las grandes Montañas, moradas graciosas de las divinas ninfas, que habitan en los sinuosos montes. Ella también, sin el deseado amor, dio a luz al mar estéril, al Ponto (fértiles tierras del nordeste de Asia Menor), hirviente con su oleaje; y después, tras haber yacido con Urano, alumbró a Océano de profundo vórtice, a Ceo, Crío, Hiperión y Japeto...

Teogonía 116 (en Kirk, G.S. y Raven, J.E., Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid 1969, p. 43-44)
Actividades:

1.- Busca información sobre el mito de la Creación contenido en el libro del Génesis de la Biblia. ¿Qué crees que intenta explicar dicho relato? ¿Qué aspectos evidencian su carácter mítico?

2.- Busca información sobre el mito de Adán y Eva contenido en el libro del Génesis de la Biblia. ¿Qué crees que intenta explicar dicho relato? ¿Qué aspectos evidencian su carácter mítico?

3.- Explica qué es un tabú.

4.- Busca ejemplos de tabúes alimenticios asociados a relatos míticos. ¿Cuál es su función social?

5.- Busca ejemplos de otros tabúes no alimenticios asociados a relatos míticos. ¿Cuál es su función social?

6.- ¿Qué son los ritos de paso?

7.- Busca ejemplos de ritos de paso asociados a relatos míticos. ¿Cuál es su función social? ¿Siguen existiendo ritos de paso en las sociedades avanzadas? Pon algún ejemplo.

8.- Busca ejemplos de mitos y ritos que sigan ordenando la vida de la gente en las sociedades avanzadas.

Magia

Mientras que los mitos están dirigidos a la totalidad de la población, los conocimientos mágicos son propios de una casta especializada que oculta celosamente sus secretos y no permite que los resultados insatisfactorios invaliden la supuesta eficacia de sus ceremonias: los brujos o chamanes. Estos “sabios”, llenos de prestigio y de poder, pretenden poseer un dominio sobre los fenómenos naturales. De esta forma, aunque su saber sea esencialmente falso, arrastran en su actividad conocimientos que resultan útiles para la tribu o el clan: plantas curativas, preocupación por los fenómenos meteorológicos y la agricultura, manipulación de objetos para conseguir resultados físicos o psíquicos, etc. Por eso, destacan como figuras revestidas de una autoridad especial cuya opinión es siempre respetada.

El prestigio y el poder de los magos los convierte en un factor fundamental de cohesión social. Con sus “encantamientos” y sus “maldiciones”, velan porque se cumplan las normas de comportamiento contenidas en el acervo mitológico compartido por la comunidad, con sus prescripciones y prohibiciones, y castigan a quienes las incumplen. De este modo, los magos se presentan, no solo como los antecedentes de los médicos, y quizá incluso de los científicos, sino también con funciones parecidas a las que hoy desempeñan policías, jueces y fiscales.

El antropólogo James Frazer atribuye dos principios fundamentales a lo que él denominó “magia simpática”:
1) Ley de semejanza: “lo semejante produce lo semejante”.

2) Ley de contacto o contagio: “las cosas que una vez estuvieron en contacto siguen influyéndose a distancia”.
Así, el mago, con técnicas de imitación adecuadas, llegaría a poder producir lo que busca (por semejanza o por magia homeopática); y, operando sobre un objeto seleccionado, podría producir un mal o un bien a la persona con que hubiera estado en contacto aquel objeto (por contagio o magia contaminante).

 

Actividades:

1.- Busca información sobre el vudú. ¿A qué tipo de magia pertenece? Razona tu respuesta.

2.- Busca otros ejemplos de magia e intenta decir a qué tipo pertenecen.

3.- Busca información sobre los experimentos con palomas del psicólogo conductista B. F. Skinner y su explicación de la conducta supersticiosa. ¿Puede decirse que la conducta del mago es supersticiosa? Razona tu respuesta.

4.- Pon otros ejemplos de conducta supersticiosa.

5.- Se ha dicho muchas veces que la magia es el precedente histórico de la ciencia. ¿Estás de acuerdo con esta idea? Razona tu respuesta.
Religión

La religión es una institución que ha estado presente, bajo una forma u otra, en todas las culturas humanas por lo menos desde el Paleolítico Superior. Con independencia de que uno sea creyente, agnóstico o ateo, hay que reconocer la enorme importancia histórica de la religión y hay que intentar explicar qué es, cómo se origina y cómo evoluciona. Existe una enorme variedad de teorías que se lo proponen. No todas tienen el mismo valor.

Algunas teorías se mueven dentro de la propia creencia religiosa. Por ejemplo, desde el punto de vista del cristianismo, la religión existe, en primer lugar, porque Dios existe; en segundo lugar, porque Dios se ha revelado a los hombres; y, en tercer lugar, porque los hombres han respondido a la revelación con el culto a ese Dios revelado. Los pueblos primitivos han “olvidado” a Dios por obra del diablo y, por eso, adoran a otras deidades o entidades espirituales distintas. Esta explicación del origen de la religión tiene el problema de que presupone la existencia de entidades como Dios y el diablo cuya realidad, a día de hoy, no ha sido probada.

Otras teorías, desde fuera de la propia creencia religiosa, apelan a mecanismos psicológicos o sociales para explicar la religión. Afirman que la religión tiene que ver con el miedo a la muerte, la angustia, que es producto de la imaginación, la fantasía o el delirio, o que es un invento de los gobernantes para dominar a los gobernados (“la religión es el opio del pueblo”; “un cura me ahorra cien gendarmes”; “el pueblo, cuando no tiene miedo, es temible”). Estas teorías tienen el problema de que no reconocen ningún fundamento de realidad a las religiones, no admiten un fondo de verdad que permita explicar por qué han estado presentes en todas las culturas a lo largo de toda la historia, y tampoco pueden dar cuenta de las fases por las que la religión ha atravesado en su evolución a lo largo del tiempo.

Para entender la teoría que aquí vamos a adoptar, la del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, tenemos que aclarar primero su idea de espacio antropológico. El Hombre no está solo en el Universo. Los hombres no solo se relacionan entre sí, sino que también se relacionan con otras entidades que no son humanas. El espacio antropológico es el espacio en el que se desenvuelve la existencia de los hombres y que contiene todas esas relaciones humanas: las de los hombres entre sí y las de los hombres con las cosas no humanas. El espacio antropológico tiene tres ejes:


  • El eje circular contiene las relaciones entre los hombres.

  • El eje radial contiene las relaciones de los hombres con las cosas naturales inertes, impersonales.

  • El eje angular contiene las relaciones de los hombres con entidades personales, con voluntad e inteligencia, no humanas. Los animales son esas entidades que forman parte del eje angular. Pero también los númenes (aun cuando no fueran reales, los hombres han creído en ellos durante toda su historia). Los númenes son seres personales dotados de voluntad e inteligencia capaces de interactuar con los hombres de forma envolvente, desde una posición de poder y dominio, ya sea amenazándolos o ayudándolos. Constituyen los contenidos de la experiencia religiosa. Por eso puede afirmarse que la religión es el culto a los númenes.


En el origen de la religión, en el Paleolítico Superior, los númenes tenían un correlato real. Eran los propios animales con los que los hombres interactuaban. Es cierto que los animales se convirtieron en númenes, a ojos de aquello hombres primitivos, cuando sus capacidades intelectuales y su poder fueron sobreestimados. Por eso, desde su origen, la religión ha tenido contenidos de falsa conciencia. Sin embargo, el correlato real de esos númenes sí estaba ahí; eran, como decimos, los animales. Hablamos de religión primaria para referirnos a esta fase de la evolución de la religión.

La religión secundaria, por su parte, eleva lo numinoso a la región celeste de los dioses, antropomorfos o zoomorfos: es el politeísmo.

Por último, la religión terciaria (la del monoteísmo), es la religión que madura al compás de la aparición de la ciencia y la filosofía, y que ha de dotarse ya de un armazón racional para dar credibilidad a sus creencias: la teología. La religión terciaria funciona con una idea de dios tan abstracta y alejada del plano de los hombres que se hace imposible cualquier relación efectiva con dicha entidad. Por eso, esta religión es, aunque parezca paradójico, la antesala del ateísmo.

 

Actividades:

1.- Busca información sobre los cultos cargo. ¿Qué enseña este ejemplo acerca de la relación entre las condiciones sociales y económicas en las que surgen y se desenvuelven los cultos religiosos y el contenido de los mismos?

2.- Busca otros ejemplos de cultos religiosos en los que pueda verse la influencia de las condiciones sociales y económicas en las que surgieron y se desenvolvieron.
Técnica

El desarrollo de la técnica corre en paralelo con la evolución de nuestra especie. El homo sapiens es un homo faber. Su inteligencia pasa no sólo por su cerebro, sino también por sus manos: es un  hombre hábil (Homo habilis), pero esta destreza no es sólo corpórea y manual, sino instrumental, porque reside sobre todo en su capacidad de construir útiles, instrumentos, herramientas y máquinas. Desde las hachas de piedra hasta los satélites artificiales, toda la historia humana es la historia de sus técnicas. Las técnicas fueron cobrando más y más importancia con la progresiva división del trabajo y la diversificación de éste en especialidades y oficios: agricultores, ganaderos, herreros, carpinteros, guerreros, navegantes, etc.; e hicieron posible modos de poblamiento más y más estructurados: desde las cuevas, aldeas y poblados, a la aparición de la ciudad, verdadero potenciador del desarrollo técnico progresivamente acelerado.

La técnica, como la magia, pretende un dominio sobre la naturaleza, pero en su caso este domino llega a ser efectivo e irreversible: cómo prescindir de la rueda, del carro, de la agricultura... Es por ello un saber verdadero y constituye siempre el precedente de cualquier ciencia (de las técnicas de navegación, que incluían el conocimiento de los astros de la bóveda celeste, surgirá la astronomía, por ejemplo). En el lugar de los chamanes encontramos a los artesanos y a los técnicos. La técnica, por influjo de la ciencia, acabará convirtiéndose en tecnología: alimentos transgénicos, vitaminas sintéticas, plásticos, teléfonos móviles, etc.

 
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