Hacia una conceptualizacion del diseño basada en el pensamiento complejo




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c.-los procesos políticos. En diversos niveles y con diversas intensidades se vinculan los procesos políticos con los de diseño. El problema cognoscitivo es saber con precisión las formas e intensidades en las cuales se dan. Otra cuestión es desentrañar el rol que juegan los diversos actores y la ponderación de su escala de intervención, y no sólo para determinar como influyen las políticas públicas en el diseño sino también como retroactúan los procesos de diseño en aquéllas. Un buen número de estudiosos, filósofos, sociólogos, etc., reconocen que una problemática determinada adquiere contenido político cuando rebasa la esfera “inter” de individuos o grupos muy acotados socialmente (aunque también la política se interioriza) y se vuelve de interés publico, a grado tal que se produce un gran espectro de intereses y acciones publicas , se generen leyes, reglas, normas etc. La “esfera” de la política no se constriñe al estado sino a la que alguna vez fue llamada sociedad civil (Gramsci), a las organizaciones de la sociedad, a la ciudadanía, a la comunidad, en fin a toda una complejidad de relaciones sociales, que rebasan las concepciones tradicionales y que también ahora se encuentra en una vastísima transformación. Baste con mencionar a Boaventura de Sousa cuando afirma, en un reciente texto: “Las presuposiciones de este proyecto (se refiere a la investigación que se realizó con un equipo de trabajo y que da origen a la publicación de referencia. Paréntesis nuestro) son fundamentalmente dos: una epistemológica y otra política. La preocupación epistemológica es la de que la ciencia en general y las ciencias sociales en particular, atraviesan hoy por una profunda crisis de confianza epistemológica. Las

descentralización del poder federalismo de gran importancia en el mundo

(Fig 11)
El poder, las instituciones y los procesos políticos: cienciadelapolotica.wordpress.com/
d.-Los procesos ecosistémicos o medio ambientales. Si bien la puesta en escena de estos procesos en el ámbito de los diseños, y en general de las ciencias sociales e incluso de la política, se da, como un detonador, entre la segunda mitad de los ochenta y de los noventa del siglo XX, la realidad mas general: la relación hombre-sociedad- naturaleza, tiene un origen milenario.

En efecto, una condición inherente a la existencia del hombre y la sociedad, ha sido su necesaria vinculación con la naturaleza. Lo que se ha dado en llamar la antropización de la naturaleza, puede connotar un paradigma de simplicidad: aquel que piensa que el hombre interviene y modifica la naturaleza, como si ambos fuesen cosas diferentes. Ciertamente, la historia de esa interrelación de las sociedades con la naturaleza, es la historia de las civilizaciones unida a la historia de la naturaleza. Planteado así, se podría afirmar que la factura de objetos y la erección de las ciudades así como la transformación de las regiones han sido procesos implicados en esa interrelación con la naturaleza. (Naturalmente nuestro objetivo no es quedarnos con esta afirmación, sino ahondar en la complejidad de esa problemática, fundamentalmente en relación con los objetivos planteados)

Pero ahora, terminemos con la discronía esbozada en el primer párrafo: si bien tiene un origen milenario la relación hombre-sociedad-naturaleza, y ésta se manifiesta en un inmenso conjunto abierto, flexible, y complejo de formas, lo que nos interesa plantear es que el conjunto de las ideas, mitos, explicaciones y teorías acerca de esa relación ha tenido un trascendental recorrido en esta última etapa de la modernidad. Y, naturalmente, es el pensamiento complejo el que nos ofrece la clave de una nueva manera de ver esa relación.

Tenemos entonces aquí, algunas preguntas fundamentales: ¿Cómo concibe el pensamiento complejo la intervinculación hombre – sociedad - naturaleza? ¿Cómo concebir, en términos del pensamiento complejo la intervinculación sociedad-cultura- naturaleza-procesos de diseño?

Y en virtud de nuestros objetivos, se plantea otra pregunta acerca de la historicidad de la preocupación de la vinculación entre naturaleza y los procesos de diseño:
¿Bajo cuales condiciones sociohistóricas (en un sentido amplio) aparece como preocupación y problema la incorporación de los procesos medioambientales en los estudios sobre el diseño, y en que condiciones surge la polémica acerca del Desarrollo Sustentable en las investigaciones sobre estos procesos? ¿Cuáles han sido sus “actores sociales” o protagonistas? ¿En qué sentido podemos hablar de antecedentes de la vinculación buscada, y cuales han sido los más significativos? En relación con esta pregunta, subrayamos que no se trata de procesos unívocos y lineales en el sentido positivista y que por lo tanto no es ya válido conformarnos con postular que “a cada época corresponde invariablemente y de manera contundente, un conjunto de situaciones”, lo cual nos llevaría a una caracterización “precisa” de la época y de las “situaciones” en cuestión, cosa que se aleja de la riqueza y complejidad de los procesos involucrados. Asimismo, tampoco son lineales en términos de que a cada situación antecede necesariamente otra por lo general la supera y así sucesivamente, y que por lo tanto no podemos establecer líneas o fronteras duras entre una y otra, y más ante la gran variedad de los diseños.
En primer lugar, en este apartado, nos ocuparemos de esbozar algunas de las cuestiones problemáticas que plantea Morin con respecto a la vinculación sociedad-cultura-naturaleza y trataremos de abordar la cuestión de los diseños en ese sentido.
Cuando Edgar Morin plantea que “la ciencia antropo - social necesita articularse a la ciencia de la naturaleza” (y advertimos que en esa ciencia antroposocial se encuentran, en principio, los procesos socioculturales y los procesos de diseño) y añade que esa articulación requiere de una reorganización de la estructura misma del saber, está dando la clave del pensamiento complejo y al mismo tiempo del conocimiento de la vinculación sociedad-cultura-diseño con la naturaleza.

Evidentemente, Morin emprende el conocimiento de esa vinculación sociedad-naturaleza con una organización cognoscitiva vinculatoria entre ambos procesos (que son al mismo tiempo procesos de procesos). Y con una visión radical, se va al origen de la naturaleza, que es en rigor el del hombre mismo como ser natural. Pero asimismo lo vincula con las teorías acerca de la naturaleza, es decir lo vincula con la naturaleza del conocimiento.
De manera contundente, este eminente investigador francés, afirma que todo lo que habla de la naturaleza habla de la sociedad y para la sociedad, y de ese modo la “conquista de la naturaleza”, la “vuelta a la naturaleza” son las más sociales de las ideas sociales. . . . Asimismo, afirma que la eco-naturaleza ha retroactuado no sólo sobre nuestras ideas y creencias, sino también sobre los procesos económicos, sociales y políticos. (Morin, 1983, 2000) (Fig 12)
Tapete de flores en comunidad indigena
Sin embargo, como más arriba lo asentamos, tal aserto puede llevarnos a la idea de que hombre-sociedad-naturaleza son lo mismo y en consecuencia a que la cultura, la sociedad, las ciudades, incluidos los procesos de diseño, son también procesos naturales. Y, siguiendo con este paradigma de simplicidad, que los productos denominados artificiales son en rigor, naturales.

Otra posición que es emanada de un paradigma de simplicidad propondría que sociedad, cultura, y decimos nosotros los procesos de diseño, son disyuntivos, en fin son procesos cerrados. En este caso –en referencia al planteamiento de Morin- este criterio determinaría qué es de específico en los procesos de diseño, con exclusión de lo específico de los procesos naturales. Estos dos paradigmas, nos llevan a impedir la idea de la relación a la vez de implicación y separación entre el hombre-la sociedad-la cultura- los procesos de diseño y la naturaleza.

¿Cómo plantear entonces, en términos epistemológicos complejos, la vinculación sociedad-diseño con la naturaleza? Utilizando el lenguaje moriniano diríamos que hace falta un paradigma complejo dialógico de

implicación/dis y unción/conjunción para lograr ese objetivo. O sea: los procesos de diseño están implicados en los procesos naturales o ecosistémicos, al mismo tiempo tienen disyunciones pero también, funcionan de manera conjunta. El problema es analizar de que manera, en cuales situaciones, se producen estos procesos, y para ello no olvidar que “Como todo conocimiento científico el conocimiento de la naturaleza se sitúa en un enraizamiento cultural, social, histórico, La naturaleza no es solamente el sustrato “objetivo” de la realidad antroposocial: es también un producto antroposocial.
“La cultura produce la naturaleza dándole rostro. La naturaleza existe con anterioridad a nosotros, fuera de nosotros, pero no sin nosotros.” (Morin 1983, 2000)
Para Morin, tenemos que ir construyendo un “pensamiento ecologizado” para entender la realidad compleja del “bucle productivo”, o sea, “la aptitud para considerar a la naturaleza en su complejidad (lo cual) permitiría desarrollar el pensamiento complejo para la comprensión de la cultura misma”.

La idea del doble pilotaje es clave para comprender la vinculación sociedad-naturaleza con un criterio de sustentabilidad: se trata de crear un bucle recursivo hombre-sociedad-naturaleza en el cual el hombre y la sociedad actúan sobre y en la naturaleza, la “guían”, pero a su vez la naturaleza le impone sus condiciones a la sociedad, de tal modo que ésta es “guiada” por aquella. Si esto no se cumple, se producen desfases o patologías en ambos sentidos, o en otros términos, insustentabilidades
En lo que respecta a los procesos de diseño, se consideran cuatro etapas, también dialógicas.

1.-la prefiguración conceptual o paradigmática, 2.- los procesos de su construcción material, 3.-los “efectos” o “impactos” ambientales o sociales del objeto construido 4.-el proceso de mantenimiento del o los objetos.

Asimismo, se consideran los procesos culturales implicados


e.- Procesos tecnológicos
A pesar de que en el ámbito de las reflexiones epistemológicas acerca de los procesos de diseño es aún –con tratamientos dispares- de los menos tratados, no cabe duda que el campo de la tecnología es inmenso y absolutamente indispensable en la producción de los diseños, y que ese campo se encuentra estrechamente vinculado a los procesos de modernización. Esa situación, que parece disyuntiva, se ha debido a que el tratamiento de los procesos tecnológicos también se han manejado con paradigmas de simplicidad: a.- “ la tecnología es neutra, no se determina por razones ideológicas o de líneas conceptuales sino por requerimientos tecno-científicos, estrictamente racionales”; en correspondencia a esta aseveración, b.- “de los procesos tecnológicos en el diseño, se ocupan las ciencias “duras” en tanto que las ciencias “blandas” se ocupan de los demás procesos: sociales, ambientales, etc.”.
Empero, la problemática socioambiental advertida como particularmente aguda desde la segunda mitad del siglo pasado, sobre todo en las grandes ciudades, pero que afecta también a las regiones, ha sido uno de los principales detonadores de nuevas maneras de entender a las tecnologías (en términos de acción-intervención-transformación sobre el medio natural y social, como copartícipes y cocausantes de un alto número de patologías, al producirse retroacciones que recorren todas las intensidades y que en ocasiones han sido devastadoras. Va surgiendo así, la llamada conciencia tecnológica.
El conocimiento del objeto más físico no se puede disociar del sujeto cognoscente enraizado en una cultura, en una sociedad, en una historia. Es tan necesario estudiar todo conocimiento físico en su enraizamiento ántropo-social, como estudiar toda realidad social en su enraizamiento físico. Y así se puede esbozar ya el método de la complejidad.” (E. Morin)

Ya que se han manejan dos “imprintings” o paradigmas de simplicidad al intentar responder a una pregunta que se ha considerado no sólo crucial, sino indispensable y sobre todo previa a cualquier referencia. Empecemos con la pregunta ¿Qué es la tecnología?
En su concepción convencional, la tecnología es considerada como un conjunto de sistemas, herramientas, instrumentos, estrategias, normativas, que intervienen en la transformación del medioambiente natural y artificial.
Es obvio que los procesos de diseño no se pueden concebir sin los tecnológicos. En una concepción más avanzada, que ahora se acepta en diversas instancias la tecnología incluye a sus efectos sociales y ambientales, a grado tal que ya es común hablar de ecotecnologías.
La tecnología, pues, es fundamental para la transformación del entorno. Hasta ahora, sin embargo, subsiste la idea, en muchos ámbitos de que la adopción de una tecnología es una cuestión meramente instrumental, sin tomar en cuenta a fondo sus consecuencias socioambientales. Asimismo, subsiste la polémica entre el uso de las tecnologías “duras” y las tecnologías “blandas”, ante la presencia de una gran diversidad de problemas. Y frente a la problemática ambiental, centrada en la emisión de contaminantes, surge la selección tecnológica de “tecnologías limpias” frente a las usuales “tecnologías sucias”. (Morin 1977, 2001).

Dada su importancia en la superación de la concepción convencional de los procesos tecnológicos en nuestros países latinoamericanos, creemos conveniente recordar que a principios de los años ochenta, estudiosos como Fernando Tudela, ya trabajaba en ese sentido. Y así, en 1983, en el primer número de la revista diseño UAM, se publica un artículo de este estudioso que significa a nuestro juicio un viraje de las concepciones acerca de los procesos tecnológicos. Y así, bajo la denominación “Hacia una Reconceptualización de la Tecnología para los Asentamientos Humanos” hace la afirmación clave: el concepto de tecnología ha experimentado una formidable expansión, para acabar abarcando no sólo las condiciones técnicas de producción sino también sus determinaciones y consecuencias, tanto en el orden social como en el ambiente.” Más adelante pugna por el establecimiento de una nueva racionalización y de un proceso de selección tecnológica basado en las consecuencias sociales y ambientales.

En su párrafo conclusorio, Tudela aboga por sacar a luz la “cara oculta de la tecnología”, (es decir, sus inter-vinculaciones con procesos que tradicionalmente no se conjugan con la tecnología). Postula entonces un principio, “tan frecuentemente invocado por la teoría y burladoen la práctica: el principio de la interdisciplina” (Tudela, 1983).

Sus retroacciones sobre la sociedad. Lo que significa desarrollar tecnologías y acciones abarcadoras, de gran alcance, al mismo tiempo, y combinadas, en los casos que así lo requieran, pequeñas y localizadas, en fin, modificadoras incluso de nuestra vida cotidiana, implicando en todo esto a las transformaciones culturales.
f.-Los procesos culturales. En nuestros países, por una herencia de la tradición funcionalista, el interés por la mal llamada dimensión cultural del diseño, era muy bajo. La historia o historias de los diseños muestran esta aseveración, aunque en algunas etapas y en algunos ámbitos se presentaba, aunque en rigor y en el trasfondo no se negaba la existencia de una cultura del diseño, aunque en la mayoría de las instituciones modernas, parecía que se hallaba en la clandestinidad. La causa: en su origen, el combate a los principios beaux arts, la prioridad de la función y de su cauda de categorías subsidiarias: la economía, la eficacia, la simplicidad, etc., las nuevas frases o los paradigmas emergentes: menos es mas, la forma sigue a la función, que llegaron a representar el grado cero de la arquitectura, en los albores de la semiótica. Aunque también, el propio desarrollo de la concepción de la cultura, propiciaba esa despriorización, hasta que el “peso de la realidad”, las demandas sociales e incluso estéticas y de búsqueda de identidad y la inevitable presencia de los imaginarios y los requerimientos del mercado, entre otras cosas no menos importantes. Así, mediante un complejo proceso, la idea de cultura reaparece, en el ámbito de los diseños, adjetivada primero como cultura industrial, y luego, bajo la influencia de la antropología, como cultura material. Y quizá lo más significativo es que al menos en nuestro país –y posiblemente en el resto de los paises latinoamericanos ese proceso se llevó a cabo entre los años treinta y principios de los setenta. Ahora –desde fines de los ochenta y en un proceso que no es lineal sino pleno de dialógicas y retroacciones- la cultura, los imaginarios y la memoria colectiva aparecen como parte de los “nuevos temas” y forman parte del conjunto de los paradigmas emergentes
La reconstrucción teórica-histórica-epistemológica de este proceso, es, sin duda una tarea a emprender, aquí sólo destacaremos algunas cuestiones que nos parecen fundamentales.

En primer lugar, partimos de un reconocimiento generalizado entre los estudiosos: la polivalencia del término, su carácter multisema. O sea, la falta de una “definición” cerrada y única: universal (G.Giménez, 2005, Tena, 2005, Kroeber, 1965, Beneton, 1975, Sewell, 1999, entre otros). Tal hecho se debe a su potencialidad y amplitud, que “transversalisa” una gran cantidad de procesos y disciplinas (entre éstas se encuentran ahora las abocadas a los procesos de diseño y al conocimiento de los procesos de la producción de objetos)

Entre otros, y con una perspectiva eco-antropológica avanzada y de historiador de las ideas, Gilberto Giménez hace un brillante recorrido de las principales transformaciones del concepto de cultura, de sus orígenes a nuestros días (Giménez, 2005).

En este sentido nos muestra como el termino cultura, se refería de manera predominante, desde la antigüedad hasta el Renacimiento, a la acción de cultivar (la tierra). Desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII se va conformando una concepción abarcadora o totalizante de cultural; de tal modo que Herder la define como un ideal de vida colectiva que abarca la totalidad de las acciones humanas y Fichte como un vasto conjunto de rasgos histórico-sociales que caracteriza a una nación y garantiza la identidad colectiva de los pueblos. En esos albores de la modernidad, en el mencionado siglo XVIII, a la cultura se le considera autónoma, independiente de cualquier acción social. La división social del trabajo provocada por la Revolución Industrial induce, en un primer momento a colocar a la cultura en un ámbito especial, de desinterés, ya en unas cuantas décadas como lo mencionaremos luego, surge la tendencia a la mercantilización de la cultura.
Posteriormente, nos recuerda Giménez, se establece la noción de la cultura, de patrimonio científico y artístico, con el criterio de “productos de excepción”, y le crea un nicho privilegiado: las bellas artes. Y aquí expone Giménez las tres fases de la “cultura-patrimonio”: la codificación de la cultura, la institucionalización de la cultura y finalmente, la mencionada mercantilización de la cultura. En esta última fase, que corresponde, en nuestros países, de la segunda mitad del siglo pasado hasta nuestros días, -aunque ya el proceso estaba presente, la cultura tiende a perder su carácter de excepción, para asumir de manera creciente, sobre todo en esta última etapa de la globalización, el papel de bienes productores para el consumo (Giménez, 2005, también Tena, 2005 y algunos agregados nuestros).
En relación con las reflexiones acerca de esta última etapa, creemos conveniente anotar que esa tendencia en la consideración de la cultura se produce implicada en dialógicas y disyunciones, lo cual obliga a considerar las contratendencias, que conservan el interés por la producción de una cultura identitaria, de satisfacción de necesidades genuinas que no sólo corresponden a situaciones “marginales” sino a las colectividades que están en el corazón mismo del huracán de la sociedad de consumo.
En cuanto a las concepciones, teorías e ideas de cultura, resaltamos que a partir de que se va resquebrajando la idea de la cultura como productora de bienes de excepción se desata una pluralidad de enfoques que parecen girar en torno a un conjunto de preocupaciones, de las cuales destacamos las siguientes:¿objeto de una disciplina o campo transdisciplinario de estudios? La transversalidad de la cultura.Cultura de masas/culturas populares. Identidades, semiosis y procesos simbólicos e imaginarios. Cultura y sistemas complejos. Cultura, información comunicación, hermeneútica y el desarrollo tecnológico.Cultura y procesos de globalización.

En realidad, desde el enfoque epistemológico, y con el interés de ubicarnos en el ámbito de los procesos diseño, nos parece que las dos primeras cuestiones son fundamentales, ya que nos ofrecen una clave para distinguir las “definiciones” de cultura que presentaremos a continuación:
Está reconocido por parte de los estudiosos que fue en el ámbito de la antropología en donde se inicia la búsqueda de una concepción total de la cultura, al considerar que dentro de ésta, se encuentra “todo lo que se produce” se trate de una obra egregia como un cuarteto de Beethoven o una catedral gótica, o de un “humilde” cacharro artesanal” (Giménez, 2005). Desde nuestro interés, queda claro que los objetos producidos por los procesos de diseño, salen beneficiados con el calificativo de culturales. De ahí que los antropólogos Claude Levi Strauss, y de manera especial Edward B. Tylor (1871), sean frecuentemente citados e incluso considerados como “padres fundadores” ( a pesar de la distancia en años entre ambos ) de una revolución copernicana en el campo de la cultura (Giménez, 2005). Recordemos la definición omnímoda del antropólogo inglés:
La cultura es “el conjunto complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, la costumbre y cualquier otra capacidad o hábito adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad”
Los actuales desarrollos en la concepción de la cultura, que obedecen a un formidable y conjunto de transformaciones históricas del conocimiento que han desembocado en el pensamiento complejo, nos hacen ver como insuficiente, por indiscriminatoria, esa concepción. En efecto, Fernando Tudela le llama “cajón de sastre” por almacenar “todo” sin criterios de jerarquía y ponderación (F. Tudela, 1980). Y, por su parte Edgar Morin, afirma: “La antropología cultural no había logrado dar la unidad de una organización generativa a la que presentaba como un baratillo de sabores, reglas, prohibiciones, etc. (Morin 1977, 2001)
Salta aquí la problemática ¿es la cultura una disciplina que incluye otras disciplinas? Y de ahí se llega a la idea de la transversalidad de la cultura, misma que casi cien años después aborda con éxito el pensamiento complejo.
Pero antes de eso, toca ahora mencionar una de las líneas mas sugestivas en al ámbito de las ideas sobre la cultura: las llamada concepciones simbólicas, vinculadas con la semiótica y la disciplina de la interpretación: la hermenéutica.

Consideramos por lo tanto, que el desarrollo de los estudios sobre los procesos simbólicos y semióticos, junto con el ulterior de la hermeneútica, nos pueden dar elementos en la construcción de la buscada concepción compleja de los procesos de diseño.
En primer lugar, es conveniente esclarecer para nuestro ámbito, que lo simbólico y lo significativo están estrechamente vinculados. El propio Giménez, declara “Usaré el término ¨formas simbólicas¨ para referirme a un amplio campo de fenómenos significativos, desde las acciones, gestos y rituales, hasta los enunciados, los programas de televisión y las obras de arte.” Acepta enseguida la existencia de distintos tipos de formas simbólicas en la “transmisión cultural” .
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